VII: ¿Adivina quién viene a cenar? III

#ItsLimeTime

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 7: ¿Adivina quién viene a cenar? (P.3)

  Bill sorbeteaba su pajilla con aire distraído, totalmente ausente de la animada charla de sus amigos. Pese a que eran la mesa más bulliciosa de la pizzería, él no captaba ni media palabra de la conversación. Su mente perdida en divagaciones, como venía sucediendo desde el sábado pasado.

Por mas que lo intentara —y de verdad le había dado muchas vueltas al asunto— no comprendía que demonios ocurría con Bob Marley. 

Pasó de ser un homófobo de tiempo completo, que rechazaba asqueado todo tipo de contacto físico de su parte, hace apenas unos meses atrás, a disfrutar bastante con los besos y las caricias que habían compartido recientemente.

Como parte de su educación sexual, su hermano le había explicado que no todos los heterosexuales era iguales, como podría parecer a simple vista. Bill tenía catorce cuando oyó los términos «straight» y «bicurious» por primera vez. Bill aun se sorprendía que alguien tan reservado en lo referente a su intimidad le hablara con tanta libertad sobre promiscuidad y tipos de parejas sexuales.

Sin embargo, Val se esmeraba por darle la mejor formación, en todos los aspectos.

A Bill lo que oyó de los bicurious, heteroflexibles o simplemente «heterocuriosos» no le agradó en lo absoluto.

«En otras palabras, es un buga al que le calienta el morbo de hacerlo con un gay, pero sigue siendo buga». 

Su cruda explicación había escandalizado a su hermano, pero eufemismos o no, era una definición bastante acertada.

Bill convino en que los bicurious eran una mierda. No necesitaba que lo trataran como un agujero al que llenar para satisfacer la curiosidad de nadie.

¿Eso significaba que Bob Marley era uno de ellos?

¿El chico sólo experimentaba con él?

Pero, ¿qué necesidad tenía de ello? ¿No le bastaban todas las chicas con las que ligaba?

 Ese pensamiento lo deprimió bastante. No que estuviera albergando algún tipo de fantasía romántica sobre ellos dos en su cabeza, pero no le agradaba ser utilizado.

—¡Esto apesta! —se le escapó, a viva voz, logrando que cinco pares de ojos voltearan a verlo.—Ehm… Mi pizza está fría —improvisó, tratando de salir bien parado, pero no tuvo tanta suerte…

Georg, que anduvo con cara de perros todo el día lo increpó.

—Si no te la hubieras pasado la última media hora suspirando por el idiota de tu novio, la pizza no se estaría fría.

 Bill enrojeció hasta las raíces del cabello, ¿acaso se le había escapado otra cosa mientras estaba distraído? pero Mandy lo tranquilizó.

Lo que en realidad sucedía era que Georg se había enamorado por primera vez, pero por causa de su fama de donjuán incorregible la chica en cuestión no quería verlo ni dibujado.

—Ya sabes lo que dicen —terció Gus, desde el otro extremo de la mesa— cría fama y échate a la cama.

—¿La cama de quien?—inquirió Bill, aun medio distraído.

—Significa que en ocasiones la reputación puede jugarte en contra, Bill. Como le ha sucedido a este idiota.

Bill aun no sacaba nada en claro sobre sus dudas y temores, cuando entró una llamada.

Por supuesto, no era otro que el Rey de Roma.

—¿Estás en casa?

—No, fuera, con los chicos.

—¡Joder! ¿No puedes escaparte un momento? Necesito verte.

Bill no supo que pensar, Bob Marley se oía realmente urgido.

—No, no puedo. —respondió con aspereza.

—Por favoor, Mauschen. No tardaré mucho, es urgente.

¡Mierda! ¿Por qué tenía que sonar tan dulce y necesitado? Probablemente sólo quería fajar un rato, para quitarse las ganas.

Pero, ¿en realidad ello era tan malo? Bill tenía claro que no había sentimientos de por medio —al menos no ESE tipo de sentimientos—, además ya había reconocido que el otro chico besaba bien.

Pese a su aspecto de matón de barrio y soez vocabulario, Bob Marley podía ser amable y cercano cuando se lo permitía, cariñoso inclusive. Eso era mucho más de lo que se podía decir de sus últimos cuatro novios.

 «¡Que se jodan! Después de todo, YOLO!»

Respondió rápido, antes siquiera que tuviera tiempo para arrepentirse. «Voy para allá»

~*~

La adrenalina de estarse lanzando al vacío no lo abandonó en ninguna parte del trayecto a casa, le dio una propina al taxista por todos los semáforos en rojo que se saltó para llegar a tiempo y empleó el truco del ascensor para llegar sin detenciones al piso superior…

Su corazón latía acelerado, todas las inseguridades le bajaron de golpe. Existía la probabilidad de que estuviera cometiendo un gran error. Pero, si tenía presente en todo momento que ello era sólo diversión, no debería ocurrir ningún tipo de…

Bob Marley salió del ascensor y al verlo de pie en el recibidor le dio la mas sincera de sus sonrisas, de esas que le achinaban los ojos y le dibujaban un hoyuelo en la mejilla. ¿Por qué el idiota tenía que ser tan lindo cuando no estaba… Pues, siendo un idiota?

—Gracias por venir, es una emergencia. —explicó atropelladamente, mientras corría en dirección al segundo nivel, dejándolo con una expresión confundida en el rostro.

¿Donde estaban los besos apasionados? ¿Y los mimos?

Siguió al otro chico hasta el estudio de su hermano, merecía una excelente explicación. No había abandonado a sus amigos, cruzado media ciudad y retocado de prisa su maquillaje para que lo ignoraran en su propia casa.

—Bob marley, ¡¿qué demonios…?!

 —¡Ya estás aquí! Fantástico, necesito localizar toda la información disponible sobre Art Nouveau Catalán.

Mientras hablaba, el chico de rastas corría de un lugar a otro, escalando por la escalerilla, recolectando libros. A Bill le recordó a la ardilla de vecinos invasores, con sobredosis de energética.

—¡¿Qué?!

— Modernisme. Mobiliario, específicamente. —Bill lo miró como si le huera crecido otra cabeza—¿No tienen alguna especie de registro, base de datos, o algo por el estilo?

En medio de tanta confusión un rayo de luz penetró a su cerebro.

El chico no estaba en casa para meterle mano, sino para ocupar la biblioteca.

Pero, ¿por qué llamarlo? No lo necesitaba para ello, tenía libre acceso, por órdenes de Val.

—Bob Marley, no era necesario que yo estuviera en casa para que usaras la biblioteca, tienes la autorización de Val para venir cuando quieras.

El chico se acercó, abrazando un libro de grandes dimensiones, lo que acentuó su aspecto de personaje de dibujo animado.

—Lo siento, Trümper. No quise arruinarte la tarde con tus amigos, pero no sabía si el gorila estaría aquí y no me atreví a venir solo.

El estómago se le hizo un doloroso nudo. El chico aun estaba asustado, y no lo culpaba.

Se sintió una mierda por haber pensado mal de sus intenciones. 

—Creo que hay un catálogo en el primer cajón de la derecha,—dijo, caminando hasta el escritorio. Pronto alzó una tablet en su mano con aire triunfal. —Te lo dije, la obsesión de mi hermanito por el orden tiene un lado práctico. Veamos… ¿Que rayos buscas? —preguntó, abriendo el buscador. 

~*~

 Tom tuvo que reconocer que «La señora Trümper» se estaba esmerando con ese soborno.

Al poco rato que se habían encerrado en el estudio Hitomi hizo aparición. —A Tom la mujer le agradaba, era un tanto parca pero simple tuvo un trato afable para con él.—cargaba una charola con los Cuernos de Gacela que el dueño de casa había ordenado comprar «especialmente para él».

Trümper —su Trümper, es decir su Mauschen… Ugh! «El idiota ese»— alzó una ceja ante el despliegue de exóticas delicias.

—Te está consintiendo mucho. ¿Debo ponerme celoso?

El otro chico hizo un gesto de fastidio.

—Puedes quedártelo, no vine por la comida gratis. Y si alguna vez intenta achucharme como a ti…

—Si intenta achucharte como a mi pondré purgante en tus muffins. Yo soy su favorito y así continuará siendo. Bastante tengo con soportar que Nick revolotee en torno a él.

Tom le devolvió una mirada indignada, que inició un pequeño debate sobre cuál de los adultos demostraba de forma más patética su infatuación por el otro.

Quince minutos más tarde —en los que dieron cuenta de las masas dulces casi sin percatarse— declararon un empate.

—Entonces—inquirió Trümper, lamiendo el glaseado de sus dedos, poniéndole a Tom bastante difícil el concentrarse. Si seguía por esa senda no volvería a comer sin empalmarse—, si no viniste por la comida gratis… ¿Para qué necesitas todos esos libros?

—Aunque no lo creas, algunos si aprendimos a leer en la Grundschule.

Bill le dio una larga chupada a su dedo medio antes de sacarlo de su boca y exhibirlo.

 

Debería considerarlo una ofensa, pero estaba húmedo por su saliva, incluso había una diminuta marca de sus dientes a los costados. —los modales de Trümper al comer dejaban bastante que desear—. El gesto era obsceno, pero no por los motivos que el moreno pretendía.

—Yo…—por los nervios, Tom exprimió el vaso con coca cola con demasiada fuerza. El que se rompió en mil pedazos, varios de los cuales se incrustaron en su mano derecha.

—¡Mierda, Bob Marley!

El causante de su distracción presionó una de las servilletas de tela contra la herida sangrante y lo jaló fuera de la habitación. Tom sólo agradecía no haber manchado ninguno de los libros.

—¿Por qué me estás llevando a tu cuarto? —chilló, al identificar el recorrido.

—Es el baño más cercano.

Intentó calmarse, pero ello era imposible con una herida en su mano hábil. Su permanente fatalismo le planteó el peor panorama: que el cristal hubiera roto algún nervio y perdiera la habilidad de dibujar para siempre.

 

: Pese a que se notaba que le dolía mucho, Bob Marley no emitió el menor reclamo mientras el sostenía su mano bajo el chorro de agua, lavando la sangre. Ni cuando retiró los fragmentos con una pinza estéril o desinfectó la herida.

Tensó la mandíbula y apretó el puño sano, incluso sus ojos se tornaron vidriosos —el dolor, supuso—

 En alguien tan quejumbroso como él esa actitud sólo tenía una explicación.

—¿Dónde aprendiste primeros auxilios? — preguntó el chico, con curiosidad. Bill desvió la mirada, Markus lo curaba cuando sus compañeros de la vieja secundaria lo utilizaban de saco de boxeo, fueron tantas veces que aprendió solo observando

—De mamá, nunca fui bueno con los patines—mintió

Afortunadamente el de rastas se tragó la mentira y no indagó más.

: Pasado el caos el panorama no fue tan desastroso, tres pequeños cortes insignificantes y uno algo mas profundo, pero ninguno de cuidado. Al intentar vendarlo el Tom Kaulitz quejica afloró. No oyó razones.

—Estoy bien, no necesito esas porquerías

—¿Quieres que se infecte?

—Solo ponle una bandita!

—no tengo banditas

—entonces la dejo al aire y ya!

A regañadientes Bill sacó la caja de banditas del botiquín. Sabía que el chico se burlaría, «Angry Birds, en serio? Que pasó, se acabaron las de Hello Kitty?» pero ese no era (al menos no el principal) motivo para insistir en la venda

 —Sólo quiero dejar en claro que tu me obligaste y que yo me desligo de cualquier responsabilidad. —sentenció, con la bandita en la mano— De verdad necesitas la venda.

—Mauschen, no entiendes. NO PUEDO LLEGAR A CASA CON UNA VENDA. Nick se volvería loco, me llevaría al hospital, pediría placas. No lo conoces. Es muy paranoico. 

Bill sonrió, con razón ese par congenió tan bien pese a las aparentes diferencias.

—Está bien, pero guarda reposo, al menos hasta que aparezcan las costras.

 Pegó la bandita del cerdo verde con sumo cuidado sobre la herida y le dio un fugaz piquito.

 Tom se sobresaltó, fue tan solo un roce de labios sobre el plástico que cubría su mano, ni siquiera hubo contacto con su piel. Pero el mero gesto causó revuelo en sus hormonas. Retiró la mano, acalorado, mascullando medio en broma «déjate de mariconeos».

El moreno le sonrió y con calma explicó que era una costumbre familiar. —¿Tu mamá nunca te dio un besito para que sanara más rápido?

Los hombros de Tom decayeron, su familia era muy diferente a la de Trümper. Nick, era solo la excepción que confirmaba la regla.

—Mamá obedecía en todo a papá y papa decía que los hombres no lloran, ni sienten dolor. Cuando me lastimaba me escondía hasta que dejara de sangrar. Una vez una herida se infectó, mi bro se dio cuenta y me llevó a urgencias. La bronca con mis padres fue tremenda.

 El siguiente y inesperado piquito fue en su boca, seguido de un cálido abrazo.

—Alguien debe decírtelo, Bob Marley: tus padres son unos imbéciles.

La situación se estaba poniendo demasiado sensiblera, debía escapar de ahí.

—Suéltame, tengo mucho que leer!

—creo que eres tan amargado porque te faltaron mimos cuando niño.

—Mauscheen!! Si quiero que me expriman las costillas tengo a Nick en casa.

—Solo relájate

—no quiero

—eres un idiota.

Tom cerró los ojos y se agarró de la camiseta del otro chico con ambas manos, escondiendo el rostro en su cuello. —y tu un entrometido

Una de las manos del moreno reposaba pacíficamente sobre su espalda, la otra se aventuró bajo sus rastas, llegando hasta la nuca y hundiendo los dedos entre los surcos de su cabello

Tom no fue capaz de resistir el estímulo y por fin logró apartarse

—No vuelvas a hacer eso!!

: Respiraba trabajosamente, no le importó haber asustado al moreno, tenía que salir de ahí en ese momento.

—Bob Marley…

—Tengo que irme, gracias por los libros. Los traeré en cuanto los desocupe.

: —te acompaño al estacionamiento

—no es necesario —chilló, tenso como cuerda de violín

—No debes hacer fuerzas con esa mano. Yo llevaré los libros.

—No me toques!

Bill retiró la mano, los ojitos almendrados que a Tom tanto le gustaban lo miraron dolido.—¿Hice algo malo?

Tom agitó sus rastas.

—Tu no has hecho nada, el que está descompuesto soy yo. —afirmó levantando los bajos de su camiseta. No era muy notoria a causa de sus pantalones holgados, pero del borde que sobresalía de sus boxers alcanzaba a divisarse su pene erecto.

—¿Ahora, puedo irme a casa, por favor?

Bill se ruborizó. A diferencia de otras ocasiones, esa tarde no hubo ningún tipo de roce que pudiera considerarse de tenor sexual. Bill ni siquiera había flirteado en broma, sólo cuidó de él y le proporcionó un poco de afecto, porque pensó que le hacía falta con urgencia.

No comprendía que pudo excitarlo de esa manera, ¿el par de inocentes piquitos, el abrazo torpe?

 Tom estaba sufriendo y Bill no tenia idea… —¿Cómo puedo ayudarte? ¿Quieres tomar una ducha? Puedo dejarte a solas para que masturbes o… 

—sólo aléjate, ¿quieres? Tuve que recurrir a mis reservas de autocontrol para apartarme de ti. No se cuanto mas pueda aguantar.

—¿Por qué?

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué debes aguantar?

—¿Eres tarado o qué? ¡Esto es enfermo! No puedo… NO DEBO… Mierda, soy un puto pervertido.

 Tom no pudo con tanta presión y se desplomó de rodillas al piso. Trumper había visto la silueta de su erección bajo su ropa, ¿que importa ya que lo viera romper en llanto y acabar de perder la dignidad?

 Trümper definitivamente era un tarado. Porque en lugar de dejarlo solo se sentó junto a él en el frío piso del baño.

—¿Quién lo dice? ¿El genio de tu padre? —lo increpó sosteniendo su rostro con ambas manos. —porque déjame decirte que no tiene ni puta idea de lo que es ser un hombre de verdad. Mi hermano es el gay con mas pluma que conozco (y creeme, conozco montones), usa maquillaje, tacones, no tiene inconvenientes en llevar vestido cuando la ocasión lo amerita. Pero él se hizo cargo de mi cuando nuestros padres murieron. ¿Sabes que edad tenía? Diecisiete. Apenas unos meses mayor que nosotros ahora. Val me crió y educó, SOLO. Si eso no es ser un hombre, no se lo que mierda sea.

Y sucedió lo que Tom temía… El enfervorecido discurso de Bill se llevó lo poquito que le quedaba de autocontrol

 Aun con las vergonzosas lágrimas fluyendo se agarró de su camiseta con desesperación y lo besó a trompicones.

Para su decepción, el moreno lo apartó a poco empezar.

: No alcanzó a disculparse por su acto impulsivo, porque el moreno reinició el beso un momento mas tarde, el tiempo que demoró en quitarle la gorra, la bandana y la goma con que mantenía sus rastas a raya.

 La sensación de esos dedos explorando su cabeza por entre las rastras era indescriptible, como micro-orgasmos en cada roce. Nunca permitió que ninguna chica tocara su cabeza, sus rastas eran algo demasiado personal para dejarlas en manos de cualquiera. Las chicas que se follaba eran solo eso. No existía el menor lazo entre Tom y ellas.

No entendía que bicho picó a Trümper para hacerlo, ni porqué se lo permitió. No había mucho espacio en su cerebro para cuestionarse una maldita cosa es ese momento.

El moreno había desatado el caudal de sus deseos reprimidos, ese que sólo liberaba bien entrada la noche, en la oscuridad de su cuarto.

Le faltaban manos para acariciarlo como necesitaba. Deseó tener un par de brazos extra, le serían muy utiles.

No depender del oxígeno, eso también estaría genial, así no tendrían que romper el beso y podría acariciar la esfera de su lengua sin descanso.

Trümper se apartó, en una de esas odiosas pausas forzadas. Lucía salvaje, con su pelo revuelto, los labios maltratados (¿eso lo hicieron sus dientes?) y la mirada turbia de calentura. Se puso de pie y lo jaló de la mano

—¿por qué paramos? ¿No te gustó?

un abrazo descuidado y la cantarina risa en su oído

—Vamos adentro, a menos que quieras continuar en el piso.

Sus múltiples temores acecharon nuevamente. No sabía que pasaba por la mente del moreno y no estaba seguro de querer llegar tan lejos.

—Mauschen… Yo no soy marica—alegó, sin poner resistencia cuando era recostado en la cama.

«Lo sé» fue la respuesta que obtuvo, mientras Bill se quitaba su camisa, dejando su cabello de punta.

—A mi me gustan las tetas… —creyó necesario agregar, porque el otro se le había subido a horcajadas y no quería que sus manos acariciando con gula su trasero se prestara para malos entendidos.

—eso también lo sé

 a Trümper la situación parecía divertirle mucho, Tom no se quejaba. La risa de Bill era hermosa.

—A mi me gustan la chicas, solo las chicas. —repitió y sonó casi como un mantra.

Bill tomó sus manos en las suyas y las llevó a los costados de su cabeza. A Tom no le gustaba esa pose, solo las chicas iban abajo, las chicas y los maricas, y el no era ninguno de los dos.

—lo sé, y no me importa.

—Eres tan hermoso…

bill se ruborizó.

—No hay necesidad de mentir.

—No soy marica, pero tampoco ciego, eres precioso.

—Voy a fingir que te creo.

Tom habría continuado lo que quedaba de tarde enumerando todo lo que le gustaba de Bill. Su pequeña nariz, sus ojos de gato, su cabello igual de rebelde que él, esas manos de largos y delgados dedos, que le gustaban a la par que las envidiaba, se podían hacer cosas geniales con esas manos y no todas implicaban sexo. Pero Bill se tomó su boca y Tom casi se atraganta con todas las palabras no dichas.

Cuando Bill liberó una de sus manos y esta fue directo a su entrepierna temió que el moreno planeara llegar todo lo lejos que dos chicos podían llegar sobre una cama, pero sus temores fueron decepcionantemente aplacados cuando, con la ropa de ambos mas abajo de las caderas, el moreno rodeó ambas erecciones en su mano y las frotó al unísono.

Tom elevó su espalda de forma involuntaria, Trümper acariciando su polla, ambas frotándose, una contra la otra, las caderas del moreno MONTÁNDOLO, era demasiado para un pobre chico en negación, como él

No duraría mucho, era la vergonzosa realidad. Pero no había mucho que pudiera hacer para evitarlo. Los jadeos ahogados de Trümper entremezclados con los suyos se oían tan calientes en sus oídos que la próxima vez que se masturbara los propios sonarían tristemente solitarios

Se lamentó de su pésima perfonmance, él, que se ufanaba de ser el dios del sexo, se limitaba ahota a estrujar la colcha entre sus dedos, en una actitud por completo pasiva y entregada. Mientras Trümper se encargaba del placer de ambos, con esa mano prodigiosa

Efectivamente, se corrió pronto. El espectáculo del moreno cabalgándolo superaba la mejor de sus fantasías, por el solo hecho de ser real. 

~*~

—Debo irme.

—¿Te arrancas de mí, otra vez? Voy a comenzar a pensar que tengo mal aliento, o que te caigo mal.

Tom le arrojó una de las almohadas que había sobre la cama deshecha. (Ni pensar en tocar al ratón de peluche, era sagrado para Trümper).

El aliento del moreno sabía a menta, y sus labios a cereza. Podría besarlos hasta dormirse en sus brazos… nuevamente. Pero era considerablemente tarde y aun tenía mucho por estudiar.

—Me caes fatal, pero que se le hace. Comida gratis es comida gratis. —Bromeó, atando sus rastas con la goma.

—¿No vas a decirme que harás con todos esos libros?

—Leerlos. Dah!

Trümper le arrojó lo que tenía mas a mano, su camiseta.

—Estúpido.

—Me ofrecieron trabajo.

—Tu ya tienes un trabajo, eres un esbirro de Ronald McDonald. 

¡Como amaba esa sonrisa maliciosa! Aun cuando no llevara ni gota de gloss, porque el mismo se lo había quitado.

Tom suspiró, tarde o temprano se enteraría, mejor ahora que estaba de buen humor y no ahondaría mucho en el tema.

—Me despidieron la semana pasada.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Te pillaron escupiendo en las hamburguesas?

Tom rio, eso habría sido épico.

—Nah, mucho mas aburrido que eso. Al parecer «no cumplía con el perfil de la compañía».

—Humm, ya veo. ¿Fue por las rastas?

Tom abrió la boca, planeaba ser sincero, pero no quería entristecer esa mirada traviesa con las desventuras de un terrorista fallido y el fiscal cabrón que sabía muy bien como joderle la vida.

—Yep, por eso mismo. Pero puede que haya sido una bendición disfrazada —deseaba creerlo así— este nuevo trabajo de verdad me entusiasma.

—¿Y de que se trata?

—Te diré si lo consigo.

Bill estiró su boquita en un puchero, que Tom hubiera besado de no haber recobrado la cordura tras el orgasmo.

—¡No es justo! ¡Me vas a dejar con la duda!

—Lo sabré pronto, aunque…

—¿Aunque?

—Si lo consigo, será a tiempo completo, al menos durante las vacaciones. No podremos vernos tan seguido.

El moreno chasqueó la lengua. 

—¿Que tan genial es ese empleo?

—Aprenderé mucho, ¡y lo mejor es que ya no oleré a frituras!

—Ya que— comentó, encogiendose de hombros— pero quiero que me cuentes absolutamente todo cuando lo obtengas.

—Aun debo pasar la prueba.

—Lo harás. Aprobaste con excelentes calificaciones, tienes sólo la cara de idiota.

—Solo por eso, te voy a dejar con la duda si quedo o no.

—¿Qué? ¡No! ¡Bob Marleeeeyyy, no puedes hacer eso! Odio que me dejen con la curiosidad. ¡Hey! ¡Kaulitz!

Continúa…

*Grundschule: primaria

por Haruxita

Escritora del Fandom

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