VIII: Cuddles & hugs, kisses & fuck III

Y aquí llega un esperado capi, ya descubrirán el porqué.

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 8: Cuddles & hugs, kisses & fuck (P.3)

—Un poco inva… no, “invasivo” no es la palabra. No sé cómo explicarlo, es como si…

—¿Cómo si no respetara tu espacio personal?

El comportamiento reciente de Val venía intrigando a Nick, no sabía qué pensar de ello, ni cómo reaccionar. Desde su regreso de América su amigo era todo miradas coquetas, sonrisitas, carantoñas y manos exploradoras. No que ello antes no sucediera, sin embargo había una sutil diferencia que el veterinario percibía pero no conseguía poner en palabras.

—¿Osado? No, tampoco es eso.

—Cariño, eso tiene un nombre. Tu chico león está intentando seducirte.

Nick rió de buena gana, su amiga tenía cada ocurrencia.

—Y yo soy Ragnar Lothbrok.

—Te perdono que uses en vano el nombre de mi amado vikingo sólo en honor a nuestra amistad —. Nick no se tomó las palabras de su socia a la ligera, tras su divorcio Natalie había renunciado a los hombres y se abocó en cuerpo y alma a su trabajo. La única excepción era su crush televisivo. —Si le dieras un vistazo al espejo de vez en cuando…

—Ya hemos hablado de eso mil veces, Val no está interesado en mí. El me quiere mucho, pero sólo como amigo —Se apresuró a agregar, en cuanto su amiga abrió la boca para proseguir con su “descabellada idea”—. Debe haber otra explicación, tal vez se siente sólo.

—O tal vez deberías revisarte la vista. ¿Qué estás esperando? ¿Un letrero de neón que ponga: “Te amo, Nick Kaulitz”?

Por acto reflejo el aludido se llevó la mano a la reluciente esclava en su mano. 

Aún no conseguía desentrañar el peculiar dibujo en ella, se asemejaba a muchas cosas: las marcas de un polígrafo o un sismógrafo, pero a él le recordaba demasiado a la huella de un monitor cardiaco. A falta de mejor explicación, Nick quería creer que aquel era el trazo dejado por un latido del corazón de Val.

Tanto su socia como su hermano llevaban largo tiempo insistiendo en que sus sentimientos por el maniquí eran correspondidos y, aunque Nick desestimaba sus palabras una y otra vez, en el fondo de su corazón deseaba que tuvieran razón.

La pobre explicación que obtuvo de parte de Val cuando fue interrogado sobre el particular —Es… una… una palabra en sánscrito, significa “larga vida y prosperidad”— le hizo abrigar la esperanza de que el grabado en la esclava guardaba un significado oculto.

Nick permitió que Val creyera que se había tragado su mentira, no se requería ser Trekkie para reconocer a quien pertenecía la famosa cita.

—Aun si así fuera —alegó el hombre, rindiéndose por fin al asedio—, aunque el mundo se hubiera vuelto loco e inexplicablemente Val sintiera algún tipo de atracción por mí, eso no cambiaría nada. Todo seguiría tal como hasta ahora.

—¿A qué le temes, cariño? —le interrogó la mujer, con cierto dejo maternal en su voz, poniendo la diestra en su antebrazo— Tal vez seas más cauto que la media, pero pusilánime no has sido nunca.

—Ya perdí a Val una vez por actuar de forma precipitada. No puedo arriesgarme a que suceda nuevamente.—confidenció con desgano.

—¿Cómo la Paradoja de Schrodinger*?

—¡Exacto! Prefiero quedarme con la duda antes que abrir la caja y averiguar que el gato está muerto.

La mujer le dio un sorbo a su café, moviendo la cabeza negativamente. No veía salida posible a la complicada situación en que se había metido su amigo.

~*~

Aunque se veían a diario, y la comunicación via telefónica entre ellos era fluida, las visitas sorpresivas de Val a la clínica provocaban que Nick se sintiera como un niño la víspera de navidad.

Val era un vendaval que alborotaba su pequeña oficina con su sola presencia.

El modelo siempre era su mejor parte del día, y no se debía a que Nick lo veía con ojos de enamorado…

Tal vez sólo un poquito.

Esa mañana había transcurrido como cualquier otra hasta que, en el lapso de un parpadeo, tuvo al modelo sentado en su escritorio —no «a su escritorio», sino «sobre» este mismo— con un precioso mohín en sus labios que gritaba «tengo planes malvados, y te incluyen».

Nick estuvo tentado de no preguntar y aguantarse la curiosidad, con tal de que el hombre no se bajara de su escritorio.

Pero el modelo bullía de entusiasmo, dejó de lado su coqueto juego de misterio por un momento para revelarle sus siniestras intenciones.

—Vine a llevarte conmigo— aseguró, con un elocuente alzamiento de cejas.

Nick sonrió meneando la cabeza, no le gustaba negarse a los caprichos de su amor secreto, sin embargo eran las nueve de la mañana de un día laboral. 

—Agradezco tu invitación, pero debo trabajar, tengo un par de pacientes agendados para esta mañana.

Ante su negativa Val se mordió el labio, como cavilando su siguiente movimiento. Fueron apenas unos cuantos segundos en los que el veterinario se cuestionó por milésima vez a qué sabrían y carraspeó, en un inútil intento por disimular el rubor que ya sentía calentando sus mejillas.

Pasado el instante de duda, el maniquí se deslizó del escritorio con gracia y lo jaló de la camiseta para levantarlo de su sillón.

—Es un secuestro, no es necesario que estés de acuerdo, solo debes dejarte conducir.

Una llama ardió en el interior del veterinario, no en su corazón exactamente.

Algo tenía la actitud dominante de Val que lo encendía y barría con toda traza de pensamiento racional.

Se quitó la bata y fue con él con mansedumbre, sin siquiera hacer el intento de argumentar.

Aunque la suya era una clínica pequeña, con una clientela acotada, Nick se tomaba su trabajo muy en serio. Las contadas veces que debió ausentarse tuvo motivos de peso para hacerlo, como la emergencia del día de San Valentín.

Sin embargo en esa ocasión se dejó «raptar» ante la mirada de perplejidad de su socia, quién al verlos pasar como una exhalación frente a su oficina, le dirigió un ademán exigiendo explicaciones. El aludido apenas tuvo tiempo de lanzar al aire un apurado: «¡Me tomé el día, te llamo más tarde!».

Nick estaba excitado, pero dicha reacción iba mucho más allá del mero sentido sexual, era la adrenalina de la situación la que puso su corazón a latir descontroladamente. Lo último que pasó por su cabeza fue que su amigo se lo llevaba a un lugar más apropiado para seducirlo.

Siendo Val la excéntrica personalidad que era, el veterinario sabía que de él se podía esperar cualquier cosa y estaba completamente abierto a ser sorprendido.

Y lo fue, aunque no de la manera que pensó en un primer momento.

Algo debió intuir al verlo vestido de una manera tan desusada en él —camisa de leñador, camiseta negra, jeans desgastados y botas de combate a medio abrochar—. Pero, no fue hasta que el modelo abrió la puerta de un Escarabajo nacarado y lo impelió a subir al asiento del acompañante que Nick supo que aquella sería una escapada muy particular.

—¿Qué es aquello tan gracioso? — le interrogó Val al ajustar su cinturón, mientras Nick hacía improbos esfuerzos por disimular la risa.

El aludido miró las largas piernas de su amado, que lo obligaron a deslizar el asiento hacía atrás para conducir, y desvió la mirada hacia la acera buscando una salida improvisada.

—Déjame pensar… ¿Todo? —respondió, respirando profundamente para apagar las carcajadas—. Yo escaqueándome del trabajo como un adolescente. ¿Sabías que nunca me escapé de clases? Ni siquiera en primaria.

—No lo sabía, pero lo contrario me hubiera sorprendido —Afirmó, metiéndose suavemente en el tráfico.

Era la primera vez que veía a Val conducir y debió obligarse a sí mismo a no elogiar su riguroso apego a las normas de tránsito. No necesitaba sonar más ñoño que lo usual.

—¿Es sólo mi paranoia o vas de incógnito?

Val lo miró de soslayo y torció su boca en una sonrisa canalla que le dibujó un hoyuelo en la mejilla izquierda.

—Hoy quiero pasar desapercibido, sin paparazzis, fans impertinentes ni personal de seguridad.

¿Entonces era una salida informal? Eso explicaba la ausencia de guardaespaldas, pero no lo demás. Aun para ir al bosque el modelo iba en su llamativo Porche. Se preguntó a quién perteneceria el vehículo en que viajaban.

—¿Puedo preguntar a mi captor adónde nos dirigimos?

—Lo sabrás cuando lleguemos— fue la críptica respuesta.

También debió anticipar eso. Sin embargo, poco le importaba ir a sólo-Dios-sabe-dónde, Val lo había escogido para acompañarlo y eso era lo único que contaba realmente.

~*~

El «modo encubierto» llegó a su fin en el momento en que alcanzaron su destino, el hangar que albergaba el avión de UM Alemania. Al menos eso se podía colegir del enorme logo pintado en un costado del fuselaje.

Eso iba más acorde a lo que el veterinario esperaba.

Un momento, eso significaba…

—¿V-Val, v-viajaremos en e-eso?

—Es la forma más rápida y cómoda de llegar —aclaró este, caminando con resolución hacia un grupo de personas de largas melenas y camisetas corporativas, sin soltarlo de la mano.

Como Nick dudara, el modelo se detuvo y le dirigió una mirada de comprensión.

—¿Le temes a los aviones?

El tono era en extremo dulce, y el pulgar frotando su mano en suaves círculos debió hacerle sentir confortado.

—N-no, no se t-trata de e-eso exactam-mente —balbuceó, desviando su mirada desde su amigo a los extraños.

No tenía inconvenientes con subirse a un avión, había viajado sin problemas con anterioridad, sin embargo…

La expresión alegre del maniquí decayó, posó la mano libre en su pecho con gentileza y se inclinó hacia él hasta que sus labios rosaron su mejilla en un beso fugaz.

—Lo siento, olvidé que te inquietan los desconocidos. Le pediré a Isabella que te lleve de regreso a la clínica. 

—Val, no es neces…

—No, está bien. De todas maneras debía devolverle las llaves de Pooky.

Se oía tan triste y resignado que se le estrujó el corazón.

—No soy un inadaptado social —replicó el veterinario, rascándose la barbilla. No era una mentira del todo, su diagnóstico especificaba fobia social y estaba bajo control… la mayor parte del tiempo—. E-es sólo que me p-pilló por sorpresa y n-no tuve tiempo para asimilarlo, ni siquiera sé a-adónde vamos.

El brillo de entusiasmo regresó a los hermosos ojos almendrados, Val le acarició la mejilla consiguiendo que su rubor se extendiera por el resto de su rostro.

—Lo siento, es mi culpa, estaba tan empeñado en mantener la sorpresa que pasé por alto que este tipo de situaciones te ponen algo incómodo. ¿Recuerdas el videoclip del Hada y el Fantasma?

~*~

«Son of a Witch» era una banda de metal sinfónico oriunda de Bremen, la última adquisición de Napalm Records y la causa de que Val raptara a Nick de la clínica.

Ese día se realizaría una exhibición privada del aún no estrenado video del segundo single de la agrupación, y del cual Val era uno de los protagonistas.

El primer pensamiento que cruzó por la cabeza del veterinario al conocer a los miembros de la banda fue para su socia y su fijación sexual con los vikingos.

Incluso uno de los músicos llevaba su cuidada y larga barba acomodada en dos perfectas trencitas.

La perplejidad dio paso a una molesta comezón al percatarse de que su amigo miraba en la misma dirección, y respondía el saludo del otro hombre con un guiño

Val era coqueto por naturaleza y estaba completamente soltero, Nick no podía luchar contra eso, ni con los celos que picaban sus entrañas.

Los deseos de dar media vuelta y regresar a su zona de confort le estaban ganando la partida. Se dijo que Val no lo necesitaba para hacer mal tercio, después de todo.

Justo cuando iniciaba la que se suponía sería una discreta huida, el modelo le dio un jaloncito en su mano y lo condujo directo hacia el vikingo de agua dulce

El hombre se llamaba Ulrich, no solo era el baterista de la banda, sino que un gran fanático de «Humanoid».

—¿Ese no es el corto en que encarnabas a un androide que se rebelaba contra las tres leyes?

Val volteó a verlo con una ceja alzada, ante su comentario.

—¿Lo has visto?

Las manos le empezaron a sudar, se limitó a asentir porque dudaba de la firmeza de su voz al responder. No podía confesar que no sólo lo había visto, sino que le encantaba al punto de tenerlo en su IPad y repetirse el plato con frecuencia. Hasta en su cabeza se oía inapropiado

Nick comprendió perfectamente la fascinación del musico con esa cinta. el modelo tenía escasos veinte años cuando encarnó a M-483,  era imposible no caer rendido ante el angelical rostro del androide asesino. 

 Como el hombre le explicara de forma sucinta, gracias a ese corto de ciencia ficción su amigo fue reclutado para el video. El ilustrador del arte de los dos discos del grupo era amigo de este y sirvió de nexo entre ambos.

Para cuando los equipos estuvieron asegurados en el compartimiento de carga el veterinario se sentía un poco mas en confianza. Los músicos y su crew distaban bastante de los snobs modelos y diseñadores que debió soportar en la fiesta de gala que asistió con Val. Aun siendo grandes estrellas tenían gustos mundanos, y al menos hablaban el mismo idioma, «cervezas y rock».

Una voz masculina se oyó por los parlantes, anteponiéndose al barullo de los pasajeros que abordaban: «¡Divas envanecidas y ratas de alcantarilla! ¡En cuanto sus traseros perezosos toquen sus asientos la sobrecargo pasará con una cesta! ¡Quiero cada jodido móvil, cámara y dispositivo electrónico en la jodida cesta, de lo contrario este jodido avión no despegará!»

—¿Quién es ese sujeto tan agradable?—bromeó Nick, bajito.

La guapa rubia platinada que caminaba tras ellos—una de las pocas mujeres que Nick divisó entre los pasajeros — comentó en tono conspirativo: “Es nuestro productor, y tiene sobrados motivos para comportarse de esa forma. El video del primer single se filtró una semana antes del estreno y aún no descubren al topo”.

Val fue el encargado de las presentaciones, la rubia era la otra «Diva envanecida», Ambar Riley, vocalista de la banda y esposa del batero de barba trenzada.

Eso explicaba que vistiera un atuendo medieval en pleno 2015.

El modelo solía mostrar su lado Bitchy con las mujeres que se topaban en sus excursiones, Tom comprendió que aquél era un viaje de trabajo y por ello Val se vio obligado a desplegar todo su encanto con la chica.

Sin embargo, este le cedió su asiento junto a la ventanilla y cortó deliberadamente todo intento de charla entre Nick y la chica.

Pero fue el asunto de la cesta lo que acabó por sacar a flote la peor cara de la Diva.

Val, a diferencia de los demás, que entregaron sus pertenencias de mala gana, manifestó a viva voz su indignación ante «tan flagrante puesta en tela de juicio de mi integridad profesional» y se rehusó a entregar su IPhone. El resto de los pasajeros se dividieron, algunos apoyaban su rebeldía pero la mayoría solo deseaba llegar pronto a destino, era mucho el equipo que debían descargar en mitad del bosque y no querían que les pillara la noche en ello

Ambar, Lars (el vocalista gutural), Isabella y el productor en persona fallaron en hacerlo entrar en razón.

Nick dudaba que pudiera hacer alguna diferencia, pero lo intentó de todas maneras, sin ningún éxito, cabe agregar. Val se mantuvo en sus trece, terco como una mula

Ya quedándose sin ideas, y con la presión que generan medio centenar de metaleros enfadados, Nick recordó que Val le debía una.

—Me debes una.

—¿Disculpa?

—Por el masaje… —agregó bajito, para que el resto de los pasajeros no lo oyera

Val adoptó una expresión de niño regañado y Nick debió vérselas con la brusca voltereta que dio su corazón.

—Pero… Lo invité a mi casa, le abrí las puertas de mi biblioteca.

—Pero no has hablado con él sobre ese tema.

—No me parece el momento ni el lugar para discutirlo, todos nos están mirando.

—Porque el vuelo se retrasó por tu culpa —le recordó, masajeando el puede de su nariz con el indice y el pulgar—. ¿Quieres entregar el móvil para que podamos marcharnos?

—¿Y con eso das mi deuda por saldada?

—En parte.

De mala gana, Val entregó su IPhone, advirtiendo que al menor rasguño exigiría la cabeza del responsable.

—No me mires de esa manera. Soy una diva, después de todo. —repuso, Nick no pudo mas que sonreir ante su descaro.

~*~

Fue un viaje relativamente breve, arribaron a Schwarzwald cerca de las once de la mañana.

Desde el aire el bosque lucía majestuoso, con su espeso follaje y el lago al centro.

Val nuevamente invadía alegremente su espacio personal, indicando lugares que no conocía, pero de los cuales había indagado y contándole los motivos por los que el pre estreno se realizaba en tan remota locación.

La banda tocó en vivo en medio del bosque para el video, ocasión en que también se grabaron los exteriores. La parte de Val era demasiado compleja y peligrosa (incluia volar sobre el bosque y el lago) por ello las tomas se realizaron con pantalla verde en el estudio.

Nick no sabía que pensar. Estaba muy confundido, sin embargo, prefería mil veces que invadiera su espacio a que le coqueteara a cualquier otro hombre. Le gustaba ser el centro de atención de Val, aunque no comprendiera el motivo.

Trasladar los equipos desde la pista de aterrizaje al bosque e instalar todo tomaría al menos una hora, por ello lo primero en habilitarse fue el bufett.

Los músicos se fueron directo a las botellas de vino y champaña, que desaparecieron por arte de magia, provocándole una migraña al productor

Val miraba fijamente a Nick y este se removía como si tuviera pulgas en los pantalones, estaba mas que nervioso.

Cogió una de las galletas «100% orgánicas» que le recomendó Ambar pero no llegó a probarla, Val se la confiscó y mirando con disimulo en todas direcciones lo jaló fuera del claro con un brillo travieso en sus ojos.

—¿Adonde vamos?

—Es un secuestro ¿recuerdas? Nada de preguntas.

—¿Pero y el video, la presentación?

—Estaremos de regreso antes de que noten nuestra ausencia

Val acabó de comerse la galleta, Nick lo siguió con un suspiro de resignación. Sólo esperaba no perderse y acabar devorado por un oso. Sería un fin bastante irónico para un veterinario.

~*~

Val atisbó el interior de la cabaña por cada ventana y pequeño resquicio que encontró entre las maderas mohosas, excitado por lo que creía ver en el. 

En un accidente afortunado —»afortunado» para él, Nick sólo lo veía como un abanico de peligros desplegandose ante ellos— sus vagabundeos sin rumbo por la Selva Negra los llevaron hasta el lago. Justo en medio de la cristalina superficie se erigía lo que en su tiempo debió ser una cabaña de descanso, ahora convertida en habitat de ratones y todo tipo de insectos.

Como no pudiera disuadirlo de explorarla, Nick lo siguió con un suspiro de resignación a través del frágil entablado que conectaba esta con la orilla.

—Lo he decidido—informó, incorporándose, una vez Nick lo convenció de que se perdía una maravillosa vista por cotillear las ruinas

—¿El qué?

Val contuvo a duras penas las ganas de besarlo, Nick lo miraba con esa sonrisa que siempre colocaba cuando lo escuchaba pacientemente, sin importar qué tan descabellada fuera su idea.

—Quiero una casa en medio del lago.

—¿Comprarás este nido de alimañas? Val, ¡es un milagro que se mantenga en pie!

Nick se la estaba poniendo muy difícil resistir, su ingenuidad lo hacía adorable. Un adorable tontorrón: eso era el amor de su vida, y Val cada día estaba más perdido en él.

—No ésta específicamente, aunque el entorno es maravilloso y demolerla no ha de presentar dificultad dado su estado deplorable.

—¡Val!

—Sería el refugio perfecto, alejados de la prensa, stalkers, paparazzis…

—Dudo que Bill esté muy a gusto con la idea.

Val le devolvió la sonrisa —¡Imaginalo! Frijolito es un chico de ciudad, una noche de visita en Magdeburg se produjo un blackout por casi cuatro horas y casi se subía por las paredes porque nada funcionaba.

—No comprendo, hablaste en plural. Dijiste «alejados». Si no pensabas en  Bill… ¿A quien te referías?

El modelo desvió la mirada, traicionado por su entusiasmo y la cercanía del hombre que ponía su mundo de cabeza.

—Soñaba despierto, algún día el señor Trümper y yo nos escaparemos unas semanas al año a nuestra casa en medio del lago.

—¿El señor Trümper?

Las mejillas de Val se colorearon, estaba dejando escapar demasiados secretos de aquella bóveda acorazada en que había convertido su corazón.

—Sonará irrisorio viniendo de un cínico irredento, pero no pierdo las esperanzas de algún día enlazarme con el hombre que amo…

—¿El hombre que amas? ¿Val, hay algo que no me hayas dicho?

El modelo experimentó un mareo, no se sentía del todo bien, ni hablar de la cantidad de tonterías (todas ellas ciertas) que había dicho esa tarde. Temió que estuvieran relacionadas con esas sospechosas galletas «orgánicas» que formaban parte del buffet.

Apoyó sus antebrazos en el barandal, necesitaba descansar su cabeza un momento.

—Yo… Sólo espera… Estaré…

Un crujido fue todo el aviso que tuvo, no alcanzó a reaccionar, en un segundo fue tragado por el agua al desplomarse esa porción de entablado bajo sus pies

Intentó nadar de regreso a la superficie, pero las botas de combate se convirtieron en un lastre, sus pataleos infructuosos solo consiguieron que las algas se enredaran en sus piernas, jalándolo hacia el fondo, hacia la inconciencia. 

~ * ~

Sus oídos zumbaban, como si hubiera una abeja atrapada en su cráneo, pugnando por hallar la salida. Las fosas nasales ardían al igual que su garganta, pero el dolor en su corazón superaba cualquier otro malestar. Desgraciadamente conocía muy bien ese dolor, aunque lo había experimentado sólo dos veces en su vida: el miedo ante la muerte.

Oía un ruido a lo lejos, demasiado para distinguirlo con claridad. El ruido parecía acercarse, conforme la abeja interior agotaba su incesante batir de alas.

Alguien lo llamaba por su nombre, el mismo alguien que golpeaba su pecho.

Quería decirle que se detuviera, que dolía mucho. Pero los gritos y las manos presionando persistían.

Conforme recobraba la consciencia su mente puso un rostro a esa voz. Aun con los ojos cerrados lo vio desesperado, al punto de la histeria. —¡Val, por favor! ¡No es momento de tomar una siesta! ¡Regresa, no me dejes aquí solo! ¡Maldita sea, Val. No me puedes hacer esto! ¡No eres de los que se rinden facilmente!

Una violenta arcada lo obligó a convulsionar, las manos dejaron su pecho y lo voltearon de costado, aun desorientado pudo notar el cuidado con era tratado

Entre toses y mucho ardor escupió gran parte del agua que había tragado, agua cenagosa mezclada con algas.

Lo primero que vio, luego que su vista por fin hiciera foco, fueron un par de preocupados ojos marrones.

Nick no le dio tiempo a abrir la boca siquiera. Besó su frente y acto seguido, le dio un larguísimo sermón sobre irresponsabilidad y riesgos innecesarios.

—… inconcebible en un adulto… Ni mi hermano pequeño… tan imprudente…

A Val no le importó el regaño, todo lo que veía era un hombre aterrado por perderlo.

Con las manos aun entumecidas rodeó el cuello de Nick (no comprendía porqué ya no traía su camiseta) y empujó su cabeza hasta que sus labios hicieron contacto.

Fue un beso torpe, en parte por sus labios estaban lastimados, en parte porque cuando el veterinario reaccionó se apartó asustado.

Sucedió tal como él temía, los balbuceos —C-creo q-que -tuv-viste una c-conmocion cerebral, deb-biste golpearte la cab-beza al c-caer. —su mejillas imposiblemente arreboladas, y fnalmente la negación —N-no sab-bes lo q-que h-haces.

Val suspiró, cansado. Estar a punto de ahogarse le dio una nueva perspectiva.

—Te amo. —confesó, con simpleza.

Nick continuó balbuceando incoherencias.

Repetía muchas veces la palabra «confundido», y un par de veces «agradecimiento». Val no insistió, Nick podía ser muy cabezadura cuando quería, no gastaría sus escasas energías en intentar convencerlo, máxime estando este visiblemente alterado.

—¿Me ayudas a incorporarme? Quiero llegar a tiempo para la presentación.

El veterinario iba a insistir en el asunto de la conmoción cerebral, pero ante su amenaza de recitar íntegro el tercer acto de Enrique V para demostrar su lucidez, acabó por rendirse y acatar.

Esta vez el maniquí no se quejó por ser cargado en volandas, se acurrucó contra su cuello y lo rodeó con ambos brazos, conteniendose de acariciar esos pectorales tan anhelados que por fin pudo apreciar sin ninguna prenda que lo impidiera.

Agradeció la paranoia del director, gracias a a ella su IPhone permanecía a salvo en la cesta, al interior del avión.

Aún tenía un cartucho por quemar antes de regresar a Berlín.

~*~

Tal como Val predijo, nadie se dio cuenta de su desaparición, o casi nadie…

Isabella llegó corriendo como una exhalación en cuanto los vio acercarse al claro. Lucía estresada y no dejaba de despotricar, intercalando el nombre del productor con palabras en italiano que Nick supuso no eran alabanzas.

Ver llegar a su jefe con las ropas hechas un desastre, descalzo y cargado por el veterinario no fue muy alentador.

—Deja las preguntas para después, Isa. —cortó el modelo, con fastidio—¿Hay algún lugar en que pueda adecentarme?

La mujer —notoriamente luchando contra sus nervios— dijo algo sobre el baño del trailer y un cambio de emergencia.

Nick emitió un sonido de alivio.

—¿No esperabas que asistiera a la presentación vistiendo como si fuera al supermercado, o si? —replicó el modelo, con diversión.

Se guardó cualquier comentario, cruzó los dedos mentalmente rogando que no le pusieran muchos reparos a Val para usar el trailer —no quería enfrentar a la Diva enfadada nuevamente—. Lo cargó siguiendo los pasos de la asistente ante las miradas insidiosas de músicos, técnicos y los escasos periodistas escogidos para tener la primicia del video.

Nick tenía una idea mas o menos acertada de lo que debía estar pasando por sus cabezas en ese momento. Parecían dos amantes regresando de una accidentada escapada al bosque. «Nada más alejado de la realidad», se lamentó.

Ambar era la única ocupante del tráiler en ese momento, dejó su maquillaje a medio terminar para darle privacidad a Val y se ofreció con gentileza a conseguirle ropa a Nick.

—Wow, es escalofriante —comentó la chica al cerrar la puerta tras ellos, alzando su antebrazo para que Nick pudiera ver cómo su piel se había puesto de gallina.

Nick no comprendió

—La mirada de odio de Val —aclaró la cantante—. Había oído de ella, pero nunca esperé experimentarla en carne propia.

A cada segundo Nick estaba mas desconcertado. Era como caer en una realidad alterna donde no tenía la menor idea de que estaba sucediendo a su alrededor.

—No tienes que disimular, es bastante evidente que ustedes dos son pareja; Val insistió en que sólo vendría si se te permitía acompañarle —. Nick estuvo a punto de atragantarse con su propia saliva ante esa información—. Pero si desean mantenerlo en secreto, descuida, mis labios están sellados.

Nick estaba estupefacto.

Ya no eran solo Tom y Natalie, ahora una perfecta extraña se había confundido. Algo semejante a lo que sucedió algún tiempo atrás en la cafetería del castillo

—No hay nada que… Val y yo no somos…

Pero aun su persistente negación no era inmune a los labios de Val.

Y ese «Te amo» había sonado tan sincero.

Se aferró con uñas y dientes a la teoría de la conmoción cerebral, pero no estaba ciego, él también se dio cuenta de la mirada que Val le dio a la pobre chica.

—Hay mas de uno aquí que te envidia profundamente —bromeó la cantante, entregándole una camiseta con el logo de la banda y un par de jeans que probablemente le iban algo justos—. Lo siento, no pude conseguir mas que esto, pero esas botas están increíbles. Val tiene un gusto exquisito.

Nick se miró los pies: las botas eran un numero menos y el agua las había apretado aún mas, pero sus cómodas zapatillas quedaron en la casa del lago, junto con su camiseta, donde se las quitó antes de saltar al agua.

—Él insistió en dármelas. Era una larga caminata para realizarla descalzo —se excusó avergonzado sin saber muy bien por qué.

~ * ~

—¿Qué tanto afectaría mi carrera si cometo homicidio, Isa?

La mujer alisó un par de arrugas imaginarias en la blusa del modelo antes de apartarse para ver el efecto completo del outfit que había escogido.

— Diría que el agua fría y el jabón corriente de la prisión harían estragos en tu piel.

—Lo besé —confesó de forma atropellada, por lo visto era la tónica ese día

—¿Que hiciste qué?

—Y le dije que lo amaba.

—¿Eso fue antes o después de que te tragara la tierra? El lago en este caso.

 —No estoy de humor para tus juegos de palabras —espetó, apoyándose contra el tocador—.  Le dije que lo amaba y él sigue actuando como si nada hubiera sucedido. ¡Y luego esa mujercita irritante le coquetea delante de mis narices!

—Val, tu has hecho lo mismo con Ulrich, y él tiene esposa. La «irritante mujercita», por si lo olvidaste.

—¡Eso es diferente!

—¿En qué es diferente?

—Yo no busco tener algo con Ulrich, es sólo un juego.

—¿Cómo esperas que Nick note la diferencia entre tus coqueteos para con él y con el resto?

—Yo… yo… —hizo un gruñidito de frustración acompañado de un golpe de tacón— ¿Crees que por eso él no se toma en serio mis acercamientos?

—Es posible. ¿Por qué habría de hacerlo si lo tratas igual que al resto?

—Pero… pero…

Val nunca, jamás titubeaba. Hacerlo era señal de indecisión y él planificaba cada aspecto de su vida hasta el menor detalle, sin embargo en ese instante se había quedado sin recursos. Como si un metafórico tapete le hubiera sido arrancado debajo de sus pies

—¿Isa, eso me convierte en una…?— el modelo, que nunca empleaba malas palabras musitó al oído de su asistente la palabra que rimaba con «gorra».

La mujer rodó los ojos ante el excesivo dramatismo de su jefe

—¿Estás seguro de que es el hombre de tu vida?

—Más allá de toda duda.

—Entonces actúa como si lo realmente lo fuera.  

~ * ~ 

—¿Cómo lo soportas?

La pregunta tomó desprevenida a la chica, que había volteado de espaldas, a petición de Nick, mientras él se cambiaba tras un abeto.

—¿Perdón, el qué?

—Que tu esposo coquetee con otras personas.

La chica sonrió, «no somos novios, ¡mis pantaletas!»

—Si te refieres a su crush por Val, es sólo un fetiche inofensivo, yo me encargo de que se mantenga así. Tenemos un acuerdo, yo no interfiero en sus fantasías, ni él en las mías, pero la exclusividad no es negociable.  

~*~ 

—Val, debemos irnos, hemos monopolizado el trailer por media hora —Apuró Isabella.

—Un momento, sólo…

Una última mirada al espejo para asegurarse de que su copete luciera impecable y estaría listo para salir.

Aunque…

No se sentía para nada «preparado para salir».

Afuera, en el claro, aguardaba un mas-confundido-que-nunca Nick. No restaba nada más que él pudiera decir para convencerlo de que sus intenciones eran serias. 

Se frotó ambos brazos y suspiró algo desalentado. La mujer estaba en lo cierto, su actitud ambigüa había saboteado inadvertidamente sus pretenciones de que su relación con Nick rompiera la barrera de una simple amistad.

Se irguió con determinación, aún tenía en su poder una carta por jugar.

—Isa, necesito mi móvil.

La mujer se frotó las sienes, murmurando «necesito vacaciones, o una copa con laúdano».

—Lo tendrás, al llegar a Berlín, como el resto de nosotros—masculló, con monotonía.

—Dos semanas de vacaciones, en La Costa Azul, all inclusive.

—¿Qué?

—Consígueme ese bendito IPhone y serán tuyas. 

~*~ 

—Nick, pareces un buen sujeto, así que te daré un consejo— dijo la chica, cuando ambos regresaban al claro—:  Ser gentil no es sinónimo de ser débil o estúpido. Tu pareja te lastimará sólo en la medida que tú se lo permitas.

Por una vez Nick no se detuvo para sacarla del error, sólo respondió la sonrisa de la cantante e intentó darle sentido a todo lo vivido ese extraño día. 

~*~ 

Nick ya había visto a Val con el disfraz puesto, pero verlo en personaje, en un video de cuidada factura y con la magia proveída por los efectos especiales era otro asunto.

No hubiera sido capaz de poner en palabras sus emociones de ser preciso. El video le causó un gran impacto, no sólo por la belleza sobrenatural que Val plasmaba en pantalla, sino también por su desgarradora actuación. Aquella hermosa historia de amor con final trágico lo tocó. Admiró aún más su capacidad interpretativa, el hada enamorada transmitía tanto dolor con su mirada que Nick deseó poder consolarla. 

«Una tontería», se dijo una vez comenzó el making off y el ambiente se volvió más distendido, ¡entristecerse por una obra de ficción! Se esforzó por componer su ánimo, no quería que Val lo viera de esa manera.

—Tienes los ojos vidriosos —le hizo notar este, en un susurro, acariciando con suavidad su mejilla. 

Nick sonrió, avergonzado.

—No te rías, me emocioné un poco.

—Eres el único que no se quedó pegado viendo mis piernas — bromeó, sin alejar la mano de su mejilla.

—Creo que eso me convierte en un sentimentaloide.

Val no agregó palabra alguna y le besó la mejilla.

El veterinario lo apartó, todos sus nervios y temores arremolinados en su vientre. No podía permitirles que continuaran controlando su vida. Necesitaba saber qué estaba sucediendo realmente entre ambos. Tal vez cometía el peor error de su vida, tal vez el gato estaba muerto, tal vez nunca estuvo dentro de la caja. Pero no podía continuar viviendo en esa incertidumbre.

—Tenemos que hablar.

Los preciosos ojos almendrados de Val destellaron; cogió su mano y lo remolcó hacia la espesura mientras el telón empleado en la proyección era retirado, develando los instrumentos que se ocultaban tras él.

Para cuando los músicos tomaron sus posiciones y los primeros acordes de «Doppelganger» comenzaron a sonar Val era acorralado contra un roble. 

Poco le importaron las hormigas, sus esporádicos piquetes eran una minucia comparados con el torbellino de sensaciones que invadía su cuerpo. Nick había apoyado la frente contra la suya y respiraba agitado, a centimetros de su boca.

Su corazón martilleaba enloquecido en su pecho. Dolía, pero este era un dolor placentero.

Rogó a Dior porque ningún curioso se acercara a husmear, o de verdad acabaría cometiendo homicidio esa tarde.

—L-lo qu-que dij-dijiste en e-el lago…

El tartamudeo de Nick empeoraba a ojos vista, mas no halló prudente interrumpirlo no fuera que con ello consiguiera el efecto contrario y en lugar de darle animos, sólo lo desalentara.

—¿E-es ciert-cierto? ¿Tu de v-verdad m-me…?

Val esperó un interminable momento a que su amado concluyera su pregunta, pero el tiempo pasó y nada sucedió.

 Supuso que Nick esperaba que lo hiciera por él.

Empujó suavemente su pecho para alejarlo un poco, jalándolo de la camiseta cuando este, apanicado, hizo ademán de marcharse.

Sin soltarlo, manipuló su móvil con la mano libre, luego de un par de mentadas a Dior consiguió dar con el archivo que buscaba.

—Ponle «play», por favor —pidió, mostrandole la pantalla en que se veía una captura de video.

Nick reconoció el patrón de picudas líneas, no correspondía a un monitor cardíaco como creyó, sino a ondas sonoras.

Meneó la cabeza enérgicamente, todo su arrojo reciente se esfumó por entre los árboles.

Val, con la anticipación burbujeando en su bajo vientre, pulsó la pantalla y la volteó para mostrarle el breve video reproduciendo en bucle. 

~*~ 

El regreso a Berlín fue bastante mas alborotado que el viaje de ida. Con periodistas, musicos y técnicos ebrios por igual.

En medio del viaje Maurice Star anunció por altavoces su retiro de la industria de la música, al grito de «¡Pensé que trabajaba con profesionales! ¡Unos niños de guardería, eso es lo que son!»

Nick se sintió en parte responsable, pero Lars lo calmó asegurando que el productor solía amenazarlos un par de veces por semana, al punto de convertirse en parte de la rutina. Hacía mucho que nadie se tomaba sus pataletas en serio.

Val dormitaba, agotado, sobre su hombro. No se habían soltado las manos entrelazadas desde que Isabella los atrapó besándose contra el roble.

Antes de que el modelo tuviera tiempo de pensar un buen castigo por interrumpirlos, la mujer le había recordado alegremente que se iba de vacaciones «Costa Azul, dos semanas».

Nick le apartó un mechón que se desprendió del copete y le besó la frente.Val se removió entre sueños hasta acurrucarse contra su pecho, murmurando: «Nick, meine liebe».

Su corazón se sobresaltó nuevamente, como la primera vez que vio el video. Aunque llevara las palabras grabadas en su muñeca, era mucho mas placentero oirlo decirselas, nunca se cansaría de ello.

Se sabía imposiblemente sonrojado y con una sonrisa idiota en su cara.  No le importó en lo mas minimo, porque exactamente eso era: un idiota enamorado. Un feliz idiota enamorado.

~Bonus~

Bob Marley llevaba media hora encerrado en el baño. 

Bill no creyó que se lo tomara tan mal, en su experiencia todos los polvos eran diferentes, sin embargo para su amigo ese tipo de cosas eran realmente serias. Como si una tontería como correrse rápido al frotarse vestidos menoscabara su hombría.

Maldijo al señor Kaulitz, no lo conocía pero el sujeto se estaba ganando su odio a pulso.

Golpeó la puerta por enésima vez, finalmente se oyó el «clic» al quitar el seguro, Bill asomó su cabeza con recelo.

Justo como esperaba, el chico de rastas parecía un guiñapo, ni siquiera era capaz de sostenerle la mirada.

—Te lo dije, estoy descompuesto —gruñó, con voz rasposa, indicio irrefutable de que estuvo llorando largo rato.

El menor de los Trümper no sabía si acercarse sería lo mas indicado, pero nunca tuvo demasiado tino para manejar esas situaciones de todas maneras.

—Hey, mírame. —Como el chico no obedeciera, lo tomó de la barbilla y lo obligó a verlo. 

Era descorazonante ver esa carita de niño bueno hinchada, con la nariz enrojecida, los ojos aun vidriosos y las tupidas pestañas empapadas.

«Wow, no había notado que sus pestañas son super curvas. Deben ser naturales, no creo que se las rice».

Se dio una patada mental, no era momento para distraerse, ya había dejado claro que Bob Marley le parecía lindo.

—No gastes saliva, es inútil. Estoy roto, cada vez me cuesta mas… Mierda, ¡soy patético!

Bob Marley se dejó caer al piso, con los brazos alrededor de sus rodillas. Esos bracitos flacos que se veían aun mas frágiles por culpa de esos pantalones de proporciones demesuradas.

Bill se sentó junto a él. Había algo que lo venía molestando, quizá no sería muy inteligente de su parte exteriorizarlo, pero no soportaba ver a su amigo en ese estado.

—Es probable que sea mi culpa—sugirió, tragándose el amargo nudo que se estaba formando en su garganta—. Si yo fuera una chica no tendrías estos problemas.

La respuesta del otro chico heló su sangre.

—Mauschen, si tú fueras una chica ninguno de mis problemas existiría.

Continuará…

*La paradoja de Schrödinger es un experimento propuesto por Erwin Schrödinger en 1935: En él planteaba encerrar un gato en una caja con un átomo radiactivo, un contador Geiger y una ampolla con cianuro. Si el átomo se desintegraba, el contador captaba la radiactividad y rompía el frasco con veneno matando al gato. Si no se desintegraba, el gato seguía vivo. Pero solo cuando abrieran la caja podrían comprobarlo. Por tanto hasta que abrieran la caja el gato se mantendría en una especie de limbo entre vivo y muerto.

*Existe realmente un grupo llamado «Son of a Witch», sin embargo tomé solamente el nombre, el resto de la información que aparece en esta historia es ficción.

*El cortometraje «Humanoid» al que Val hace alusión es el mismo que Nick veía en el capi IV de Basorexia hasta que es descubierto por Natalie.

*Maurice Starr era el manager de NKOTB, es un chiste personal.

*Schwarzwald, tambien conocido como «Black forest» o «Selva negra»es un macizo montañoso con una gran densidad forestal ubicado al suroeste de Alemania, en el estado federado de Baden-Wurtemberg. Por su aspecto lúgubre se han rodado muchas peliculas y series de terror en el lugar. ¿Han probado la tarta de selva de negra? Pues es originaria de esa zona.

por Haruxita

Escritora del Fandom

Un comentario en «VIII: Cuddles & hugs, kisses & fuck III»
  1. Por fin!?!! Val lo dijo y Nick se la creyó y ahora ambos son un par enamorado!!!! ❤️❤️
    Por porte de los más jóvenes, las cosas avanzar pero lento, ojalá Tom logré romper sus muros y se liberé para ser un novio feliz 😀

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