Waiting for you 1

CAPÍTULO 1

—Andreas ¿Estás seguro de que es por aquí?

—Sí…casi seguro —respondió Andreas de lo más tranquilo.

—¡Casi! — Tom abrió los ojos descomunalmente.

—Vamos, Tom…¿de qué te preocupas?

—Georg, ya está oscureciendo —el joven de trenzas que conducía el Cadillac, no entendía la pasividad de su amigo.

—Se está oscureciendo y llueve a cántaros —agregó Gustav— ¿te parece poco Georg?

—Bah! ¡son unos miedosos! Yo lo estoy tomando con humor, nos propusimos llegar al lago Königssee, disfrutar de la pesca y desconectarnos del mundo, eso debemos hacer.

—¡Claro! No puede ser que se nos pierda un lago —señaló Andreas, gesticulando con las manos exageradamente.

—OK. De acuerdo, pero puede ser que nosotros nos perdamos del lago.

La lluvia golpeaba intensamente el parabrisas del vehículo todoterreno, y los chicos podían observar a los árboles cómo se inclinaban ante el viento. A Tom esto le preocupaba de verdad.

—Vaya día que se nos ocurre elegir para pescar en un lago que no conocemos ni tampoco la región donde queda.

—Tom, pasaremos la noche en la cabaña junto al lago, y mañana verás el sol.

—Lo malo es que no he visto el letrero de la ruta 156 para llegar a Berchtesgaden.

—Sí, recuerda que debemos tomar la 158 antes.

—Andreas, ¡no he visto que estemos en la maldita ruta que dices! —exclamó con menos paciencia el de trenzas.

El rubio extendió sobre sus piernas el mapa. Georg se asomó por detrás del respaldo del asiento de Andreas, observando como este indicaba con su dedo una línea roja.

—Por aquí…sí, Tom debes doblar a la derecha en el siguiente cruce.

Georg asintió, confirmando la observación hecha por el rubio, y luego agregó, mientras observaba el mapa —Sí, estoy de acuerdo, es por ahí.

—Bien, bien, así lo haremos.

Gustav, sentado detrás de Tom, prefirió cruzarse de brazos y cerrar sus ojos.

—No te hagas el dormido Gustav —el castaño acercó su rostro al de lentes, y con voz muy aguda lo llamó — ¡Gusti! ¡Gusti!— mientras le pasaba un dedo por los labios, que provocó una sonrisa en este último —¡Ahhhh! ¿ves? Te haces el indiferente y no te queda.

—Georg, ¿acaso no es preferible callar antes que decir algo que no tomarán en cuenta?—el castaño lo miró extrañado, frunciendo el ceño.

—¿Sobre qué?

—¡Que estamos perdidos! Eso.

—¡Estás loco! Es imposible —refutó Georg.

—Yo opino lo mismo que Gus —dijo fuerte Tom, para que no quedaran dudas. Mantenía la mirada fija en la carretera, cada vez más oscura. Luego de unos momentos llegaron al cruce y Tom tomó la ruta de la derecha, siguiendo las recomendaciones dadas por Andreas y Georg.
Después de conducir por un lapso relativamente breve de tiempo, el de trenzas negras, con el corazón encogido, debió reconocer lo inevitable.

—¡Chicos! Esta no es la ruta.

—¿Cómo que no? —Andreas extendió una vez más el mapa sobre sus piernas —Pero si aquí dice que esta es… la… ruta… —su voz fue haciéndose cada vez más tenue, terminando en un susurro.

—No me digas Andreas. Te equivocaste al mirar el mapa —Tom lo miró por un instante, queriendo darle un golpe al rubio, pero luego se calmó.

Georg otra vez se reclinó sobre el respaldo del asiento de Andreas, intentando ver algo de lo que miraba Andreas. Mientras Gustav movía su cabeza de lado a lado.

—Yo sabía, lo sabía… ¡estamos perdidos!

Tom miró preocupado hacia el camino.

—Esta ruta es demasiado angosta para ser autopista o carretera, es un camino secundario.

La lluvia y el viento hacían el atardecer más sombrío todavía. Sólo algunos relámpagos daban luz al paisaje. A ambos costados del camino se veían los árboles, y más árboles. No había alumbrado público, así que todo lo que estaba afuera eran sólo siluetas oscuras.

—OK. Estamos en Europa, acá no hay tanto espacio para perdernos. Distinto sería si estuviéramos en la Patagonia o en Alaska —señaló Andreas con aires de ser culto.

—Gracias Andy. ¡Qué ánimos nos das! —Tom hizo una mueca de fastidio.

—Ya, no te desesperes. Ya verás que dentro de un rato encontraremos algo de civilización.

—Estoy de acuerdo con Andreas —declaró el castaño muy serio.

—Ahhh sí, tú últimamente estás de acuerdo en todo con el rubio —Gustav miró al castaño por un momento, volviendo a cerrar los ojos. Georg no sabía si lo de Gustav eran celos, o molestia por la situación. Pero prefería aclararlo más tarde. Continuaron el resto del camino en silencio, poniendo los ojos muy redondos intentando ver algo allá afuera.

Sorpresivamente el camino terminó en un gran portón de fierro forjado, que hacían figuras de hojas entrelazadas con flores de lis. Custodiaban el portón, dos gruesas columnas de piedra tallada que las coronaban dos grandes farolas del mismo fierro decorado de la verja.

—Esto no me gusta —la voz de Tom demostraba que estaban en una situación preocupante.

Un presentimiento lo embargaba desde que decidieron ir a pescar este fin de semana, cuando él jamás había visto un pez completo, apenas enlatado, y muchas veces congelado. Y ahora ¿salir a pescar?, accedió a esa loca idea sólo para alejarse de la rutina. En realidad, sus amigos también necesitaban un cambio de aire, la universidad les estaba consumiendo la vida, sus energías y su tiempo. Pero al parecer este día no había sido una buena elección.

—Ah, pero qué pesimista. Yo dije que encontraríamos algo de civilización, y más allá debe haber alguien que nos pueda orientar…yo tenía razón —Andreas sacó la cabeza por la ventanilla, y al hacerlo permitió que entrara una ráfaga de viento y agua de lluvia. En ese milésimo de segundo que pudo observar, vio que habían llegado a una propiedad. Alcanzó a ver un muro, y el protón que majestuoso se interponía en su camino.

—¡Cierra Andreas! —Georg gritó desesperado pensando en su cabello perfectamente liso —Bueno, ¿y qué hacemos ahora? —el castaño se secaba la cara con las manos que quedó salpicada de gotas. Tom lo miró y se subió de hombros.

—Pues hay dos opciones, devolvernos por donde vinimos o avanzar más allá del portón.

—Siempre y cuando abran ese portón, porque lo otro sería tomar vuelo y saltarlo con vehículo y todo —ironizó Gustav, mientras Georg se volvió a mirarlo con algo de reproche.

—Buena la hora que se te ocurre dar ideas divertidas Gus.

El de gafas iba a replicar cuando el portón comenzó a abrirse de par en par. Los cuatro se miraron entre ellos con la boca abierta, pero sin decir nada, la sorpresa era demasiado grande.
El Escalade avanzó con cierta lentitud por un camino rodeado de pinos. El rubio pensaba que aquello tenía una explicación lógica.

—¿Será que tienen circuito cerrado de televisión y nos vieron?

—Ni idea — respondió Tom al rubio.

Mientras, allá afuera, la lluvia, el viento y los relámpagos no daban tregua.
Al cabo de cinco minutos, el camino se abrió dando a los jóvenes un espectáculo digno de una película de Hollywood. Se mostraba ante sus ojos una enorme mansión de estilo georgiano, sombría, con pocas luces a la vista. Había un pequeño farol junto a la inmensa puerta principal.
El clima tampoco ayudaba a dar una ambientación más amable. Tom se detuvo frente a la puerta, y se dedicaron a observar, inseguros de cuál sería lo más recomendable de hacer bajo esas circunstancias, ¿Sería mejor irse?

Gustav tragó saliva y fue el único que se atrevió a hablar.

—Chicos…¿en qué momento va a aparecer el enmascarado con la sierra?

—¡Gustav, eres un idiota! —Georg le propinó un pequeño golpe en la pierna. Comenzó a temblar y no era de frío.

—¿Qué hacemos Tom? —todos miraron al de trenzas para ver qué respondía al rubio.

—¡¿Y yo qué sé?!

—Bajemos —dijo Andreas, intentando mostrarse seguro de lo que hacía.

—¡Estás loco! —gritó desesperado el castaño — ¿Y si aparece el de la sierra?

—¡Georg! ¡Pareces una niñata! —rió el rubio.

—¡Estoy cagado de miedo y no me da vergüenza admitirlo!

—Está bien ¡Andreas!, ¡Georg! Vamos a ver si alguien en esa casa nos puede orientar…yo no sé por qué no trajimos GPS —Tom comenzó a bajar de su vehículo.
—¡Bah! Yo no confío en esos aparatos. Sólo creo en los mapas, por algo voy a ser un geólogo como los antiguos, esos de verdad.

—¡Cállate Andreas! —a Gustav ya no le quedaba paciencia. Se bajó del Cadillac, y los cuatro corrieron los pocos metros que separaban el todoterreno con el porche de entrada. Andreas tocó el timbre y se quedaron esperando. Georg intentó en vano mantener su cabello en orden, pero a merced del viento, éste se convirtió en una maraña sobre su cara, provocando la risa de Gustav.

—Sí te ríes otra vez, te vas a acordar de mí más rato —A Gustav, esta promesa de Georg, le pareció seria porque dejó de reír al instante.

Andreas volvió a tocar el timbre, y esperaron… nada.
En ese instante, un relámpago y un trueno los hizo saltar del susto.

—¡Mierda! —exclamó Georg provocando las risas nerviosas de sus amigos, risas que se congelaron porque la gran puerta comenzó a abrirse, sola.

—¿Quién abrió? —preguntó Georg temeroso.

—Tal vez cuando dijiste “mierda” se accionó un dispositivo. Puede que sea la palabra clave.

—¡Ya cierra el pico Gustav! —el de anteojos rió.

Tom asomó medio cuerpo por la puerta y llamó.

—¡Hallo! ¿Hay alguien? —silencio

—Esto no me gusta…en serio chicos —Tom sentía que algo le oprimía el pecho, que su corazón iba a salir corriendo por su boca, se iba a montar en el Cadillac y los iba dejar ahí tirado. Con su mano derecha empujó la puerta abriéndola totalmente. Los jóvenes se quedan mirando, sin moverse, hasta que al fin se atrevieron a avanzar, y entraron.

Era un inmenso hall, con una gran lámpara de lágrimas que colgaba del cielo que debía tener unos cinco metros de altura. Al fondo, la amplia escalera, cubierta de una alfombra roja lisa, terminaba en un descanso que tenía un enorme ventanal con un vitral, en el cual se reconocía la figura de un caballero en su caballo.
Abajo en el hall, otra alfombra roja, pero esta vez con flores de lis en dorado cubría parte del piso de mármol. Al centro, una pequeña mesa redonda con tres patas, y sobre ella un hermoso jarrón, que seguramente era de porcelana, y que contenía un arreglo floral, que lucía fresco como si fuera del día.

—Hallo! –repitió Tom el llamado, y otra vez nada.

A ambos costados del hall habían dos puertas, y otras dos más angostas a cada lado de la escalera, hacia el fondo del hall.
Las paredes estaban revestidas con finas láminas de roble, dándole un aspecto acogedor y oscuro al mismo tiempo.

Andreas se atrevió a encaminar sus pasos hacia la primera puerta a la izquierda, todos le siguieron, menos Georg que se distrajo con un pequeño espejo que colgaba en la pared derecha, para arreglarse el cabello, cuando se dio cuenta que estaba solo, se apresuró en alcanzar a sus amigos, justo en el momento que otro trueno lo hizo dar un respingo.

Ingresaron a un gran salón. Habían varios sillones y sofás, por lo menos cuatro mesitas de centro y seis mesas laterales, sobre ellas distintos objetos decorativos de cristal, porcelana, e incluso marfil, figuras de damas o de caballeros, caballos , leones, jarrones con sus arreglos florales, varias lámparas y candelabros con sus respectivas velas. Una mesa redonda con cuatro sillas se destacaba junto al ventanal, y sobre ella un juego de naipes.

—Esta casa está sola, abandonada —habló pensativo Andreas, mientras observaba detenidamente una de las figuras de cristal.

—No creo Andy —respondió el de trenzas —la chimenea está encendida y las flores son frescas.

—Tengo miedo… —susurró el castaño que no había dejado de temblar.
Se acercaron a la chimenea buscando su calor, mientras Andreas encendía las pequeñas farolas que estaban sobre ella. Recién entonces pudieron apreciar el cuadro que colgaba de la pared. El cuadro debía medir aproximadamente un metro y medio de altura y un metro de ancho.

—¿Quién será? —Andreas observó el cuadro, y luego miró a Tom que parecía ensimismado en la figura que aparecía ante sus ojos.

Era la imagen de un joven de más o menos la misma edad que ellos, de cabellos oscuros y muy largos, algo alborotados por la brisa; estaba en cuclillas, sobre una columna o tarima, mostrando sólo su lado izquierdo. Se veía algo triste, como observando o esperando algo a la distancia, muy sombrío, detrás de él un cielo encapotado, oscuro.

Tenía un perfil perfecto, era realmente hermoso.

En el marco, al pie del cuadro se leía con letras góticas “Bill (1864)»

Continuará…

por administrador

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2 comentario en “Waiting for you 1”

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