Waiting for you 16

CAPÍTULO 16

—¡Esto es inaudito! Usted no puede venir aquí a sembrar la discordia y la sospecha entre nosotros. Se supone que la policía no hace eso. —el policía hace una mueca intentando mantenerse calmado.

—Señor Frank, sólo hemos venido a comunicar algunos hechos que están debidamente comprobados, sólo nos falta saber algunos detalles. Sabemos que podrían ocurrir situaciones delictivas o crímenes, y aún no podemos individualizar el nombre del sospechoso, en realidad hay más de uno. —el teniente se masajea el vientre y no deja de mover la nariz colorada como si le picara —Todo está bajo control… Bueno… Casi, sólo hay una cosa en este momento no podemos controlar, y es el hecho de que no sabemos quién o quiénes de ustedes desean asesinar al señor Trümper… Con certeza.

—Teniente Wendt —interrumpió Tom —¡Qué bien que usted se haya molestado en comunicarnos toda esta información! Pero… ¿No hubiera sido mejor que yo no supiera nada? —el de trenzas hacía esfuerzos por aparentar calma, pero el chico no se caracterizaba por ser muy paciente —Cómo se supone que dormiré hoy, ¿con un ojo abierto? O usted pondrá un policía en mi puerta, o mejor ¿por qué no me lleva a dormir hoy a la estación de policía?

—Tranquilícese Tom — el de trenzas se subió de hombros y abrió sus brazos demostrando su frustración —el o los asesinos en potencia acaban de ser advertidos y si son un poco inteligentes pues no creo que intenten nada.

—Pero supongamos que para el asesino sea más valioso el resultado de su acción, aunque le cueste su encarcelamiento —dijo Bill mientras se acercaba más a Tom intentando reconfortarlo.

El policía miró a Bill extrañado, no entendía el punto de las palabras del pelinegro.

—Explíquese señor Koening.

—Si el asesino pertenece a una organización secreta, si es de una Orden Hermética, entonces poco le importará la cárcel o la muerte. Para ese sujeto es más importante cumplir con su misión, cueste lo que cueste.

—¿Y cómo sabe usted eso? —preguntó el policía con suspicacia. El de melena negra suspiró algo resignado.

—Usted dijo que hay dos organizaciones secretas enfrentadas por algo que el libro contiene. Usted nos acaba de decir que acá hay al menos tres personas que pertenecen a una u otra de estas organizaciones ¿Estoy en lo correcto? —el teniente asintió —entonces es obvio que alguien de una de esas organizaciones es el que quiere matar a Tom. Es lógico. Y como usted sabe bien o tiene alguna pista de quién es esa persona —el policía resopló sintiéndose pillado —por eso mismo usted sabe que yo jamás le haría daño a Tom. Yo soy uno de los descartados de la lista de sospechosos, ¿verdad?

El teniente suspiró.

—Tiene razón. Usted no es uno de los sospechosos.

Entonces el resto del grupo comenzó a protestar. Todos vociferaban al mismo tiempo, sobre todo Anton, alegando no tener motivos para asesinar a Tom.

—¡Esperen! ¡Esperen! —interrumpió Markus a todos los que gritaban al mismo tiempo. —¡Calmémonos! –esperó unos segundos a que todos se tranquilizaran —Si está descartado Bill y obviamente Tom, los que quedamos en esta lista somos: Andreas, Georg, Gustav, Anton y yo. Sólo cinco.

—¿Y Dark? —preguntó Georg

—El asesino en potencia está en esta habitación —dijo tajante el teniente —el señor Dark está descartado de la lista por razones que aún no puedo comunicar. Son datos confidenciales. —volvió a carraspear, y dejó el vaso vacío sobre la mesa —Se quedarán en esta mansión dos policías, más el oficial Hansen. Lo mejor será que el señor Trümper no se quede solo. En la noche, el señor Koening y el señor Trümper dormirán en la misma habitación…

—¿No será mejor que Tom venga a dormir a mi residencia?

—Lo siento Bill, pero no. Necesito que estén bajo protección policial. Sería poco práctico separar al grupo, en caso de emergencia va a ser más difícil de mantener el control. Esto es por la seguridad de todos. —concluyó el teniente Wendt. —Ahora me marcho, se queda con ustedes el oficial, y regresaré a primera hora de la mañana.

El grupo, acongojado y en silencio, vio alejarse al policía.

—Esto es ridículo —Anton Berg pateó la silla que tenía enfrente —ahora todos los demás somos asesinos.

El castaño se sentó con aspecto abatido, y mirando con ojos sombríos le dijo a Tom —Yo creo que aquí hay gato encerrado. ¿Estoy yo en la lista de sospechosos?, ¿cómo alguien sería capaz de decir que Andreas, Gustav o yo, podríamos hacer cualquier cosa que te dañara Tom? —Georg negó con su cabeza —eso es imposible.

—Yo tampoco lo creo, no creo que tú o alguien más de ustedes quisiera mi muerte ¿Para qué? —Bill, tal como lo hizo antes, entrelazó los dedos temblorosos de Tom —¡Además, ustedes son mis amigos!, si no puedo confiar en mis amigos, entonces el mundo está al revés.

—Sí lo vemos así, quedamos como principales sospechosos Anton y yo —dijo Markus cruzando sus brazos, justo en el momento que su esposa entraba a la cocina y se sentaba a su lado.

El oficial Hansen no decía nada como siempre, sólo escuchaba y tomaba notas, llamando con esto la atención de Anton.

—¡Oiga usted, oficial! Deje de tomar notas de lo que hablamos, que aquí no se está interrogando a nadie —indicando la salida agregó —le rogaría que esperara afuera.

El hombre sonrió burlesco y salió, guardando la libreta en un bolsillo de su chaqueta. Bill permaneció en silencio, sabiendo que no podía decir mucho, pero Tom sintió que su pelinegro captaba más cosas que él, y estaba ansioso por conocer sus hipótesis.

—Pero hay otro detalle —agregó Gustav, que estaba sentado cruzado de brazos —Acá hay gente que pertenece a Órdenes Herméticas, sabemos que Bill pertenece a una, y hay otras dos personas, que también pertenecen a una Orden, y si Bill no los ha identificado como pertenecientes a su grupo, es porque los otros son del grupo rival.

—¿Alguien me puede explicar este enredo? ¡No entiendo nada! —reclamaba Rose, que miraba a todos los hombres con cara de pregunta.

—Cariño, luego te explico —le susurró Markus a su esposa y ella bufó. Gustav sin tomar en cuenta a la mujer continuó.

—¡Y hasta pueden ser tres! —todos se quedaron pensando en las palabras del de gafas.

—No me imagino a Andreas o a Gustav como parte de una de esas organizaciones, y yo no pertenezco a ninguna. Lo quise hace un par de años, pero nunca sucedió.

—Es decir, Georg, nos vuelves a dejar como sospechosos. Yo no pertenezco a ninguna organización de esas. —reclamó enojado Markus.

—Un momento. Les pido silencio y algo de calma para pensar fríamente —todos obedecieron al mago, que con serenidad y aplomo continuó —No intentemos descubrir quién es y quién no es. Son energías mal gastadas. No vale la pena. No lo sabremos. La solución está en permanecer juntos la mayor parte del tiempo, y nos acompañaremos hasta para ir al baño. Será incómodo pero es lo mejor.

—De acuerdo —dijeron todos. Pero Bill supo que de esa manera se dificultaba la reunión para ver el libro que habían rescatado. Y necesitaban verlo dentro de la mansión. Tendrían que hacerlo todo a escondidas, en medio de la vigilancia policial.

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Luego de almorzar, algo tarde, decidieron relajarse un poco. Anton y Markus debían ir a revisar el mausoleo, y las otras dependencias de la propiedad. Sin el personal de mantenimiento se volvía agotador cuidar de todo. Los acompañó la esposa de Markus y el oficial Hansen, así que eso dejó tranquilos a los jóvenes que podrían al fin coordinar lo del libro. Los policías se mantenían en el patio de servicio, guardando las distancias.

Dark no podía acercarse a la mansión, lo más cerca que podía estar era la caballeriza, ese había sido su castigo por amenazar a Tom. Así que en la caballeriza él esperaría por Gustav y Georg, que simularían una pelea para poder llegar hasta ese lugar. Luego traerían el libro escondido, envolviéndolo con alguna ropa o bolsa. Durante la noche se reunirían en secreto para intentar dilucidar el misterio de la llave, si alguien les interrumpía, Tom fingiría estar con un ataque de pánico.

Los cinco jóvenes estaban sentados en las camas de la habitación de Tom, y conversaban animadamente pero casi en susurro las distintas opciones que tenían.

—De acuerdo —dijo Tom —ahora falta avisarle a Dark. ¿Pero cómo?

—Yo le avisaré —le respondió el pelinegro lleno de risa.

—¡Pero si no puedes salir!, se supone que me estás cuidando —Bill se rió ante las palabras de su amado. Tom se odió así mismo mientras pensaba —“ y luego me quejo de que parezco princesa cautiva”— pero en un instante entendió y agregó —No me digas, tu YO ASTRAL.

—Sí amor, mi Yo Astral.

—Ahora me vas a responder algo Bill —el de trenzas se sonrojó y bajó la mirada pero se atrevió a preguntar —la primera noche, ¿eras tú o tu Yo Astral?

Bill giró su cuerpo para quedar sentado de frente a Tom, dejando una pierna doblada sobre la cama y la otra estirada apoyada en el suelo, y le sonrió. Los ojos del pelinegro quemaban, quemaban, y el joven de trenzas no era capaz de sostenerle la mirada, como niña enamorada bajaba su rostro sonriendo y sonrojado.

—Era yo.

—Pero al policía le dijiste que….

—¿Acaso a él le iba a decir la verdad sólo porque sí? Sólo bromeaba.

—¿Y no pensaste que podría ser peligroso hacer una broma como esa?

—Lo que pasó esa noche es algo entre tú y yo. Nadie más.

Tom sonrió, mientras sus amigos estaban ahí haciendo como que no escuchaban, pero evidentemente eso era imposible estando al lado de ellos.

—Ahora ya tengo una idea de cómo entraste esa noche con lo que vi hoy día —Bill le miró con cara de pregunta —por esas cosas que hiciste con las puertas. Tú nos abriste las puertas ¿verdad?

—Sí, yo las abrí.

—¿Por qué no te quedaste toda la noche y pasaste la tormenta junto a mí?

—Porque a mi cabaña se le entró el agua, se abrió una ventana y pues… —todos rieron —jajaja, sí, jajaja, no tuvo nada de gracioso jajaja. Luego te fuiste, y tuve que seguirte hasta el parque, y yo maldiciendo por no haberte alcanzado. Me atrasé por culpa del agua que se entró a mi cabaña, por eso no alcancé a volver —seguían riéndose —Pero yo quería amanecer contigo —dijo bajito haciendo un mohín, y a Tom le dieron ganas de lanzarse encima de él, pero se controló.

—Y yo imaginando mil cosas. —dijo el de trenzas con una sonrisa llena de ternura para su amado —creyendo que ya nunca te volvería a ver.

—Tanto amor me va a hacer vomitar —interrumpió el rubio, justo cuando recibía un nuevo codazo —¡Auch! ¡Gustav!

Bill dejó caer su mirada caramelo sobre los dos rubios. No era un reproche ni nada. Era comprensión. Comprendía que para ellos él era algo así como un intruso, y que no creían en su amor por Tom. Pero ignorando su pensamiento, y la insinuación de Andreas, sólo se limitó a dar las últimas instrucciones.

—Los que irán buscar el libro, deben aprovechar cuando empiece a oscurecer. Mientras los demás fingimos estar complicados con Tom.

—Sí, últimamente no me está costando nada aparentar ser una damisela en problemas —dijo el de trenzas mientras cruzaba sus brazos y dejaba escapar un suspiro con una sonrisa mordaz.

El de gafas sonrió ante el comentario de su amigo, y haciéndose partícipe de aquella situación incómoda para Tom respondió —Okay, te avisamos cuando vayamos a empezar el circo.

Bill entró al baño y una vez allí, se concentró. Su imagen atravesó la distancia. Su proyección astral apareció ante Dark.

—Al caer la tarde, debes ir con el libro hasta la caballeriza. No vayas solo.

Dark, acostumbrado a esa forma de comunicarse le respondió tranquilo —Entendido Phantom, me acompañarán Marie y Deva de los Bosques, adiós. —Bill vio que la imagen del otro mago se hacía más difusa, hasta tener frente a sus ojos la pared del baño nuevamente, y salió.

El grupo de jóvenes comenzó a salir del dormitorio, y Tom se quedó mirando a Bill que pensativo observaba la habitación.

—¿Ocurre algo?

—No, no. Baja, te sigo inmediatamente. —cuando Tom cruzó la puerta, el pelinegro hurgó debajo de la mesita de noche y descubrió que ahí había suficiente espacio para el escondite que necesitaba.

Bajaron todos a la cocina con la excusa de servirse un café justo en el momento en que Markus y Anton regresaban de la revisión por la propiedad, seguidos del oficial Hansen, que decidió acompañar a los policías en el vehículo, y apartarse un poco del grupo.

—Todo en calma —dijo Markus

—¿Y todavía no han asesinado a nadie? —todos miraron con cara de pocos amigos a Anton Berg, pero nadie dijo nada.

—¿Y su esposa señor FranK?

—Gracias por preguntar Georg, ella acaba de marcharse, es mejor que se aleje de este lugar, no quiero que se involucre en nada.

—Pues claro —respondió, y luego silencio. Un incómodo silencio. Los jóvenes querían hacer lo que tenían planeado y los hombres notaban algo extraño pero no comentaban nada.

Los policías se mantenían dentro de su radio patrulla. Para ellos había sido un largo día y aún quedaba toda la noche.

Algunos del grupo salieron a fumar al patio de servicio, Tom, Markus y Andreas, mientras les hacían compañía Bill y Anton. Intentaban con algún esfuerzo sacar un tema de conversación neutro, para matar las horas. Ya la tarde comenzaba a ceder a las sombras y la impaciencia comenzaba a causarle dolor de estómago al rubio y al de trenzas. Tom odiaba que Bill aparentara un total dominio de sus emociones. No se veía ni preocupado ni nervioso. Tal vez de verdad, él no sentía nada de eso. Quizás nada le turbaba. Y recordó que algo sí que lo había turbado, su posible lejanía. Sólo Tom podía perturbar su paz y sacarlo de esa aparente tranquilidad.

El de trenzas dejó escapar una sonrisa al pensar en eso, mientras los demás hablaban de algo que nunca se llegó a enterar. El pelinegro lo observó todo el rato, sin que Tom estuviera consciente de eso, y se acercó hasta ubicarse a su lado, pasó un brazo por detrás de su cintura, dejando que una descarga de energía atrapara los dos cuerpos. Tom dio un suspiro y disfrutó de la presencia de su amado tan pegado a él. Se sentía tan pleno, tan feliz.

Dentro de la cocina, los amantes-no amantes, se debatían en cómo hacer el teatro, en cómo fingir la pelea.

—Es que ahora no estoy enojado contigo Gus. —hizo un arrumaco el castaño —no se fingir una pelea.

—Vamos Georg que no se nos puede hacer de noche. Acá está la chaqueta con la cual cubriremos el libro.

—Entonces nos falta sólo la pelea. Y yo no tengo ganas ni de fingir una.

—¿Y desde cuándo tienes ganas de hacer algo tú? ¡Eres un perezoso por vocación!

—¡¿Yo?! ¿yo un perezoso?

—Por eso que no me atraes en lo más mínimo, ¡tienes poca energía para todo! –Gustav tomó aire, se sentía mal por lo que estaba haciendo pero era necesario por la misión que tenían.

—¡Explícate Gustav! ¡Energía para qué!

—¡Poca energía además de tenerlo chico!

—¡¿Chico qué cosa?!

—¡Eso! —le gritó el de gafas apuntando el entrepiernas —chiquito como un fríjol —mostrando con el dedo índice y el pulgar como si sostuviera una pequeña legumbre entre sus dedos.

—¡Un fríjol será tu abuela! ¡Ya verás maldito! —y salió corriendo tras Gustav —¡Cuando te alcance!

El de gafas pasó como un rayo por el patio de servicio y detrás de él iba Georg —¡Ven acá!

—¿Qué pasó ahora? —Markus miraba a los dos que corrían como locos hacia las caballerizas. Tom sabía que debía hacer su parte, le tocaba fingir un ataque de pánico. Pero justo en ese momento, cuando Anton y Markus empezaban a caminar hacia las caballerizas, Andreas vio una sombra oscura que se asomaba a la puerta que daba hacia el sector de servicio.

—¡Hey! ¡¿Quién anda ahí?! —la cara de espanto de Andreas hizo que todos dejaran de pensar en los dos que corrían lejos ya. Los hombres se devolvieron y Bill se les adelantó aproximándose. La cocina estaba a oscuras ya. Detrás de Bill se asomaron los otros hombres. Al dar el primer paso dentro de la cocina, se escucho el leve chapoteo de la planta de su zapato, supo que estaba mojado, un olor desagradable inundó sus fosas nasales, olor a aguas podridas. Anton encendió las luces.

—¡El fantasma! —gritó Andreas al ver los rastros de agua descompuesta, y Bill lamentó no tener su espada ahí.

—¡Vamos a buscar a esa cosa! —dijo Anton. El mago, Markus y Anton, siguieron las gotas y pequeños charcos de agua, a través del pasillo. Bill se dio vuelta y vio que Tom no lo seguía.

—¡Tom! ¡Ven conmigo!

—¡Vamos Andreas! Tenemos que ir con ellos.

—No Tom. No. Yo me quedo aquí, ustedes vayan a ver —la cara pálida del rubio denotaba su terror.

—Bien, quédate aquí y no te muevas, nosotros volvemos luego.

El rubio, temblando observó como Tom desaparecía en el pasillo. El de trenzas alcanzó a los hombres en el descanso de la escalera, lugar donde el rastro de agua desaparecía.

En la cocina Andreas, impaciente y asustado, esperaba que regresaran, de pronto la luz se fue —¿Quién fue? —preguntó con la voz temblorosa de miedo, escuchó que la puerta batiente que daba al comedor se movía suavemente.

Un gemido profundo, gutural surgió de entre las sombras, mientras el clap clap de unos pies mojados se acercaban —por favor, ayúdame —dijo la voz lúgubre, en el mismo instante que el rubio alcanzó a distinguir una sombra más oscura que se abalanzaba hacia él. Aterrorizado dejó escapar un grito desde lo profundo de su alma —¡Toooommm! ¡El fantasmaaaa! —sin saber cómo, se vio así mismo corriendo en cualquier dirección, corrió como alma que se lleva el diablo, salió hacia los jardines y se dirigió hacia el bosque. Se detuvo por un momento para mirar hacia atrás, y con pánico comprobó que esa cosa lo seguía. Pudo distinguir sus garras y su capucha mojada mientras una risa macabra salía de su boca oscura y llena de dientes afilados Otro grito de terror se escapó de la garganta de Andreas, y en medio de la desesperación sólo atinó a meterse al bosque, con la esperanza de perderlo.

Los hombres al escuchar los gritos de Andreas corrieron hacia la cocina. Los policías que habían salido de su patrulla al escuchar los gritos de Andreas, no alcanzaron a distinguir a quien le seguía. Los hombres y los policías se quedaron mirando hacia el bosque pensando en qué era lo que estaba ocurriendo.

—Si entramos al bosque no podremos ayudarlo. Ahí lo perderemos de todos modos —dijo Anton.
—Mientras tanto —dijo el oficial Hansen —nuestra prioridad es proteger al señor Trümper, pues todo esto puede ser una forma de distraernos. Así que lo mejor es que regresen a la mansión conmigo mientras los dos policías lo buscan junto al señor Frank, quien conoce mejor estos parajes.

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A la caballeriza, Gustav había llegado casi con la lengua afuera de tanto correr. El castaño le alcanzó con ganas de matarlo, justo cuando Dark se asomaba y les hacía una seña para que se acercaran. Entraron a la bodega, y casi se desmayaron de la impresión de ver el lugar que antes habían presenciado en el sueño compartido. Gustav se sonrojó al recordar el orgasmo tan vivido que experimentó junto a Georg. El castaño lo miró y se sonrió. Pero ninguno de los dos dijo nada.

El mago no estaba solo. Junto a él había una mujer hermosa que denotaba autoridad, el otro hombre era algo mayor y se quedó en silenció haciendo un breve movimiento con su cabeza a modo de saludo. Sólo Dark habló.

—Acá está el libro, cuídenlo con su vida. La vida de su amigo y de Bill dependen de él.

—Lo haremos —dijo Georg convencido. En ese momento, unos gritos provenientes de la mansión los alertaron. Se escuchó gente correr.

—Deben irse ya —la voz tajante del mago los hizo espabilarse. Los dos jóvenes asintieron. El de gafas envolvió el libro en su chaqueta y salieron, caminando con rapidez.

Mientras iban hacia la mansión, miles de preguntas se hacían sobre lo que estuviera sucediendo allí. Pero luego a Georg le colmó de curiosidad otro asunto.

—¿Entonces no lo decías en serio? –preguntó Georg mientras caminaba al lado de Gustav.

—¿Sobre qué?

—¡Sobre el tamaño de mi cosita, Gus!

—¡Ah! Eso… Pues no sabría decirlo. —a lo lejos en el bosque se oyó la voz de Markus que llamaba a Andreas.

El castaño abrió la boca para decir algo, pero el de gafas le hizo una señal de silencio colocando su dedo índice sobre su boca, la cercanía de la mansión les obligaba a tomar medidas para poder entrar y no ser sorprendidos llevando el preciado libro.

—Yo entro y los distraigo mientras intento luego abrirte la entrada principal para que entres por allá—le indicó el castaño. Gustav asintió y se devolvió hasta allá, lo más rápido que pudo.

Georg ingresó a la cocina con cara expectante, aunque su semblante cambió al ver los rostros preocupados de los que allí estaban. Hansen y Berg investigaban los restos de fango y agua que aun estaban esparcidos por el piso. Tom y Bill estaban sentados uno al lado del otro tomados de la mano.

—¿Y Gustav? —preguntó con ansiedad Tom.

—¡Ah! ¡Sí! Viene más atrás —respondió el castaño mientras intentaba de hacerle señas a Tom para que abriera la puerta principal, Tom arrugaba la frente preguntando ¿qué?, haciendo la mímica, y Georg volvía indicar por lo bajo con mímica otra vez, haciendo como si abriera una cerradura con la mano medio escondida por detrás de su muslo, y con la boca formando la palabra puerta, pero sin sonido, intentando disimular. Bill que miraba la escena sólo sonrió y salvando la situación dijo.

—Voy al baño —salió rápidamente y se dirigió al Hall sigilosamente. El oficial ignoró al pelinegro y continuó concentrado junto a Anton en las pistas encontradas, haciendo conjeturas.

El castaño ansioso preguntó al de trenzas —¿y Andreas? — Tom movió la cabeza. No era buena señal.

El de gafas sintió mucho alivio cuando vio el rostro de Bill en el umbral de la puerta, le pasó el libro y se dio la vuelta por fuera para entrar por la puerta de servicio. Mientras el mago iba hasta el segundo piso para esconder el libro en el lugar que le pareció seguro, debajo de la mesita de noche. Luego retornó a la cocina como si nada hubiese pasado.

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En el bosque en cambio, otra era la realidad.

Andreas había corrido, se había agazapado detrás de los árboles, pero esa cosa parecía tener un olfato casi animal, siempre le seguía los pasos, sin perderle la pista. La voz ronca y rasposa del ente no se cansaba de repetir — por favor, por favor. Peccávi nimis cogitatione, verbo et ópere; mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. — El rubio sentía el corazón a punto de explotar. A cierta distancia escuchó la voz de Markus que le llamaba, pero no quiso responder porque escuchaba el jadeo tétrico de esa cosa. Estaba demasiado cerca. Andreas sentía que las piernas le temblaban y tenía unas ganas casi incontenibles de vomitar a ratos, luego de orinar, sudaba y sollozaba en silencio, intentando contener la respiración.

Sin evitar los temblores, su pie quebró una pequeña rama. El ente comenzó a reírse ronco y burlesco. Andreas salió detrás del árbol y vio de frente a ese ser, la imagen del infierno reflejado en ese montón de carne oscura, de ojos rojos y boca negra, con sus dientes afilados, con los labios formando pliegues de carne curtida, seca, a medio pudrirse. En una mueca horrorosa dejó escapar la risa tenebrosa, alargando su mano llena de garras en vez de uñas, hacia un paralizado Andreas, al borde del colapso, rendido a su suerte.

Un grito llenó el bosque y la escasa luna se reflejó sobre una hoja de metal que cayó fulminante sobre el ente desvaneciéndolo en el aire como si no hubiese estado allí. Andreas alcanzó a ver a la joven de cabellos largos y cuerpo perfecto que con espada en mano le miraba.

—No te iba a dejar solo guapo. Yo voy donde tu vayas —y el rubio se desmayó. La mujer alcanzó a sostenerle la cabeza para que no se golpeara. Se hincó y apoyó la cabeza de Andreas en sus piernas. A lo lejos se escuchaba el llamado de Markus.

—¡Por acá! –gritó la mujer al escuchar nuevamente la voz.

Los policías y Markus llegaron hasta allá.

—¿Qué le pasó? —preguntó uno de los policías.

—Se desmayó, estaba aterrorizado y no lo culpo.

—¿Quién es usted señorita?

—Me dicen la Dama del Lago.

—Eso no es un nombre —refutó el policía.

—Es todo lo que le diré.

—Y ese… Ente o lo que fuera que lo seguía ¿dónde está?

—Por ahora se ha ido, pero creo que volverá. Yo no soy Mago, yo no puedo destruirlo.

Markus comenzó a golpear el rostro de Andreas, mientras un policía le levantaba los pies para que la sangre retornara rápido hacia el cerebro.

El rubio poco a poco volvió en sí. Entonces se dieron cuenta de que la mujer ya no estaba ahí.

—La mujer, la mujer lo destruyó.

—Shh. Andreas.

—Con su espada, ella lo atravesó y se esfumó, se hizo nada —relataba en susurros.

—Está bien, ya todo está bien.

—¿Y ella dónde está?

—Se fue.

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En la cocina los hombres estaban cada vez más nerviosos. Hasta que de pronto Bill habló.

—Andreas está bien. Ya lo encontraron.

—¿Y la cosa esa que lo seguía? —preguntó Tom.

—Alguien lo neutralizó, eso siento. Esperemos.

Sintiéndose algo frustrados, esperaron con litros de café hervido. Hasta que el ruido de personas caminando por el patio de servicio los alertó a todos.

—Tom salió a la puerta y se sorprendió de ver a Andreas demacrado. Se sentó a la mesa, y le sirvieron un agua de manzanilla con bastante azúcar. Nadie le hacía preguntas, sólo Markus relataba lo que ellos sabían.

—Estuvimos llamándolo pero no respondía, de pronto una voz de mujer nos dijo “por acá”, y fuimos, y encontramos a Andreas desmayado sobre el suelo con la cabeza en las piernas de esta mujer que se hizo llamar la Dama del Lago.

Bill arrugó su frente —¿La Dama Del Lago?

—¿La conoce? —preguntó el policía.

—No personalmente, pero sabía de su existencia, a través de otras personas que han hablado con ella. Según sé ella pertenece a un grupo ocultista.

—¿Cómo así?

—Markus, los grupos ocultistas son varios, desde Ordenes Herméticas hasta grupos más ligados al New Age. Por lo que sé, ella es una bruja.

—Las brujas no existen —dijo Hansen

—Sí existen —rebatió Anton —Según la información que tengo, jamás han dejado de existir, a pesar de la persecución y la quema de brujas.

—Ella destruyó a esa cosa —dijo Andreas en un susurro. Markus negó con la cabeza.

—Ella dijo que sólo un Mago puede destruirlo. Que esa cosa volverá.

La cara de espanto de Andreas parecía la de una ánima, sin color y algo desfigurada.

—Me voy entonces, me voy mañana mismo.

—Andreas, aunque te vayas, esa cosa te va a seguir. Algo desea de ti y debemos descubrirlo. —le dijo Bill calmadamente.

—Algo decía en latín, a mí me sonó a latín, algo de “mea culpa”

—Esa frase es usada en una oración, en una plegaria me parece, no estoy seguro —pensativo Anton intentaba recordar —hoy ingresaré a internet para averiguar.

—Gracias —respondió compungido el rubio.

—Debemos dormir. Andreas dormirá en la alcoba azul con el oficial Hansen.

—Bueno, señor Frank, yo no puedo dormir esta noche, pero con gusto le haré compañía al joven.

—Gracias. —dijeron los demás. Bill y Tom supieron que Andreas ya no podría participar de la reunión secreta.

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Dijeron que iban a dormir pero en realidad iban a hacer tiempo hasta la hora del encuentro que sería alrededor de la una de la madrugada.

Tom se recostó sobre el pecho de Bill, mientras éste jugaba con sus trenzas. Estaban así sin hablar sólo disfrutando de la presencia del otro, de sentir el cuerpo del otro, el amor que se tenían.

—Bill, la mujer que estaba contigo en la ceremonia ¿quién es?

—Su nombre es Marie, es una Sacerdotisa, Jefe del Templo, amiga mía, mi maestra en las Antiguas Artes, en la Magia Ceremonial y todo eso.

—Es hermosa —Bill se rió, sabía a dónde quería llegar Tom.

—Sí, es hermosa y lesbiana.

—¿Y la Dama del Lago?

—No sé mucho de ella, pero me parece que estuviera cooperando de algún modo con el grupo adversario.

—¿Qué querrá ella con Andreas?

—Espero que algo placentero —y se rieron.

Tom suspiró y se relajó, dejando que un sopor le inundara. Sin darse cuenta se fue quedando dormido, escuchando el corazón de Bill.

El de trenzas no se dio cuenta cuánto durmió, pero al despertar supo que había pasado su buen rato porque Bill no estaba ahí, seguramente había ido a despertar a los otros para la reunión. Pero un grito le llamó la atención. Se escuchaba a lo lejos, quizás venía de otra ala de la mansión. Aguzó su oído y se quedó atento escuchando.

—¡Dejadme solo! —era la voz de Bill. Asustado se levantó rápido —¡Dejadmeeeeee! —los gritos venían del primer piso, al parecer del Hall. Tom caminó rápido, bajó las escaleras, y sólo calmó el paso en los últimos peldaños —¡Fueraaaaaaaa! —gritaba enloquecido Bill, su voz salía del salón, y en la puerta dos hombres desconocidos miraban hacia dentro intentando comprender —¡Dejadme con él en paz! —los hombres se fueron por la puerta principal. Luego se escucharon los sollozos.

Tom se acercó en silencio, con el paso lento. Muy despacio se asomó a la puerta. Vio a Bill de rodillas con la cabeza hundida en uno de los sillones, lloraba desconsoladamente, junto a él había una urna, rodeada por cuatro cirios. Un hermoso arreglo floral estaba delante del ataúd. Tom tenía el corazón apretado, sus manos habían comenzado a sudar. Una parte de él le decía que no avanzara, que se fuera, pero la otra mitad rogaba que se acercara y que viera.

Silenciosamente caminó por el salón. Hasta llegar a los pies de la urna. Un presentimiento amargo le estaba haciendo sangrar el corazón. Temblando de miedo avanzó por el lado derecho hasta llegar a la altura de la cabecera, cerró los ojos, mientras escuchaba el llanto amargo de Bill. Conteniendo el aire, decidió abrir los ojos. Dentro de la urna estaba él mismo, pero con cabellos rubios. Parecía dormido. Era Tom Kaulitz.

Sintió que un tubo lo aspiró, y el salón comenzó a darles vueltas. Se afirmó como pudo de uno de los sillones haciendo crujir sus patas, arrastradas por el piso al ceder ante su peso.

Bill levantó su cabeza, con los ojos muy abiertos, y una sonrisa sombría se dibujó en su cara.

—¡Tom! ¡Tom! No me dejes solo aquí. Vuelve conmigo, o llévame a donde tu estás. Tomi , mi alma gemela, no pudo haberme dejado sólo. Estas aquí otra vez. —el llanto desgarrador del pelinegro terminó por romper el corazón de Tom. Se quedó en silencio, sintiendo como sus lágrimas se escapaban, intentaba decir algo pero su voz estaba congelada, su garganta estaba paralizada, y su cuerpo se estremecía con ráfagas de dolor y de angustia. Como pudo se afirmó del sillón, mientras la voz desgarradora del pelinegro traspasaba su alma debilitándole —He rogado por volverte a ver, por sentir tu piel una vez más, por ver el brillo de tus ojos mirándome. ¿Qué haré sin tu mirada?, ¿Qué haré sin tu cuerpo, sin tus caricias?, ¿Qué voy a hacer sin tu risa? No me conformo a la idea que tu vida terminó, ni a vivir de recuerdos. Dime , dime ¿Qué puedo hacer si ya no estás aquí?

—Bill, amor mío. No sufras. Estaremos juntos de nuevo algún día. Te lo prometo —sollozaba el de trenzas.

—Pero ahora dime cómo viviré sin ti. La noche ha llegado a mi casa y no quiere irse. Ya nunca brillará el sol, porque sólo tú haces que salga cada mañana. Tú haces que mi día amanezca. Tom, vuelve conmigo, vuelve a mí. —suplicaba Bill de rodillas, Tom se acercó y de rodillas frente a él, acarició su mejilla llena de lágrimas. —¿qué hago Tom con este corazón lleno de amor por ti? Si tú no estás de nada me sirve ¡No lo quiero! Te quiero a ti, sólo a ti junto a mi.

—Bill, Bill —Tom lo abrazó dejando que llorara en su cuello, su propio llanto se escapaba de sus pulmones, y no tenía intenciones de detenerlo.

—Fue asesinado. Las correas de su montura fueron gastadas para que se rompieran cuando fuera cabalgando. Me asesinarán a mí también. Pero de nada les servirá. El karma no olvida nada, y sus actos les perseguirán hasta el fin, y sufrirán el mismo dolor que han causado. —Bill se quedó en silencio sin dejar de sollozar.

—Dime Bill quién asesinó a Tom. —le preguntó ansioso el de trenzas.

De pronto Bill se apartó de él y comenzó a buscar con la mirada.

—¡Tom! ¡Tom! No te vayas, no me dejes en esta inmensa casa tan sola e infinita sin ti. ¡Tom! ¡Tom!

Sintió que alguien le sacudía y la voz de Bill le llamaba.

—¡Tom, despierta amor!

Abrió los ojos, y no podía dejar de llorar. Se abrazó al cuello de Bill, tal cual lo hiciera con el Bill de hace 150 años.

—¿Qué pasó? —escuchó la voz dulce de su amado —¿Fue un sueño?

—Estuve ahí en la noche de la muerte de Tom. Me vi a mi mismo en una urna, y Bill me vio —Tom sollozaba otra vez —y Bill no quería que me fuera, y yo no quería dejarlo solo. Fue tan doloroso.

—Tom mírame, mírame amor —Tom obedeció —estoy aquí, soy el mismo, y estoy aquí. No sufras, ya sufrí bastante por los dos. Ya pasó. La muerte no venció nuestro amor. Hemos triunfado, y sé que nada ni nadie nos va a separar.

Recién en ese momento se dio cuenta que sus amigos estaban allí, incluido Andreas.

—Bill me dijo que Tom fue asesinado, que cortaron las cuerda de su montura, y que él pensaba que también sería asesinado. ¿Fue así?

El pelinegro asintió —fue envenenado.

—Pero ¿por qué?

—Por lo que podamos descubrir hoy.

—Esto me da más miedo cada vez —señaló Andreas —pero tú, Bill, ¿acaso no recuerdas todo?

—No, hay cosas que no he podido recuperar de mis recuerdos. Sólo me quedan sensaciones como corazonadas.

—¡Rayos!

—Debemos descifrar qué es el LIEBE, no creo que sea AMOR, creo que es una sigla de algo —señaló el pelinegro —pero antes debemos encontrar la llave. Debemos hacerlo nosotros, si lo hace alguien más de nada servirá tanto esfuerzo, y nuestras vidas estarán acabadas.

—Veamos el libro entonces —dijo el de trenzas mientras se incorporaba de la cama —¿Cómo lo hiciste Andreas para evadir al policía?

—Jajaja, está durmiendo como un lirón. ¡Es muy buen vigilante! —todos rieron.

De debajo de las ropas de cama, Bill sacó el libro, mientras Tom dormía lo había sacado de su escondite. Todos expectantes esperaron a que Bill lo abriera.

—Bill Kaulitz murió dos días después de su cumpleaños, así que debería haber algo escrito poco antes de esa fecha. —el mago abrió el libro.

—¿Pero acaso no sería muy obvio?

—Gustav tiene razón, sería muy obvio dejar las claves en las que serían sus últimas sesiones de lo que sea que hacía —agregó el rubio y el castaño meneó la cabeza.

—Oráculos Andy, oráculos.

—Cierto, Georg, se llaman oráculos. —el mago se quedó pensando —Tienen razón en todo. Pero leer cada una de estas páginas nos llevaría varios días, si no semanas. Necesitamos una pista. No tenemos tanto tiempo.

—Recuerdo uno de mis sueños. Bill Kaulitz estaba haciendo ruido con algo, me asomé al estudio donde estaba y me dijo que el tío tenía intenciones de quedarse con la mansión. Y que sabían que tal vez lo lograría. Pero que no iban a dejar que encontraran el Liebe. Y que la llave de Lis la esconderían en el libro de los Oráculos. No se extrañó en verme, así que supongo que eso ocurrió antes de la muerte de… Tom.

—Es una buena pista. Se supone que Tom murió en el verano del 1863. Busquemos en esos meses —dijo Bill entusiasmado. Fue pasando las hojas con alguna premura —Mayo, Junio. Busquemos en Junio. —pasaba su dedo lo más rápido que podía por las líneas, mientras Tom asomaba su cabeza por el costado izquierdo del mago. Georg por la derecha, y Gustav junto a Andreas se habían puesto por detrás para poder leer. —Nada… Veamos Julio —y volvió a recorrer las líneas con sus dedos —¡Aquí está! —exclamó.

—¡¿Tom?!, ¡¿Bill?! —la voz de Markus les hizo sobresaltarse. Bill dejó el libro debajo de la cama, mientras Andreas iba a abrir. Tom se sentó con las rodillas en alto apoyando la frente sobre ellas, simulando estar mal. —¿Pasó algo? —preguntó el administrador dirigiéndose al pelinegro.

—No, nada de qué preocuparse, señor Frank, sólo que Tom tuvo una pesadilla y…

—Y hemos venido a ver cómo estaba —dijo a modo de explicación el rubio —bueno todos vinimos.

—Ah, qué bien, entonces me puedo retirar tranquilo —terminó de decir y se asomó el oficial Hansen.

—¿Todo bien?

—Todo bien oficial.

—Okay, los dejo tranquilo. Vuelvo a mi habitación. —Andreas se apresuró a cerrar la puerta asegurándola. Bill sacó el libro mientras todos se apresuraron para tomar las ubicaciones que tenían antes de la interrupción. Y procedieron a leer.

23 de Julio de 1863. Mansión Liz Garten.

“Listen to me.
I speak to you from the past.
Each step, seven from the gate.
Behind the door,
Enveloped, in shadows the K , is.

Last door,
In shadows too.
East no; South no; North no, so find it.
Built as a wall, it is that door.
Ego is inside, my Homeland.»

—No entiendo nada —dijo el castaño —¿hablas inglés Bill?

—Sí, pero miren esto es un “acróstico”. Son dos versos y cada verso, forman la palabra LIEBE. Esperen, traduzco. Está algo confuso.

“Escúchame.
Hablo desde el pasado.
Cada paso, siete desde la entrada.
Detrás de la última puerta
Escondida en las sombras está la K.

La última puerta,
En sombras también.
Este no, Sur no, Norte no, así que encuéntrala.
Construida como la muralla, está esa puerta.
El ego está dentro, mi Tierra.”

—Digamos que no nos aclara demasiado —se quejó Tom —ahora nos toca pensar.

—Sí, lo que más nos cuesta —rió el de gafas, y todos se rieron con él.

—Entonces debemos bajar ¿Están listas las linternas?— todos asintieron, Bill sacó un lápiz de la mesita de noche, mientras Tom hacía lo mismo con un papel cualquiera de su billetera y se lo pasaba a Bill para que anotara. El pelinegro escribió el acróstico en ambos idiomas. Y luego les dijo —Vamos a la zona de servicio. —Todos salieron, primero Gustav y Georg, luego Andreas y Tom, caminando lentamente, tratando de no hacer ruido. Bill escondió el libro bajo la mesita de noche, y luego salió.

Llegaron abajo, sintiéndose confundidos porque no sabían a qué se refería el acróstico.

—Bien dice… —leía Bill — Cada paso, siete desde la entrada. ¿Cuál entrada? ¡Scheisse!

Tom lo miró emocionadamente, siempre se veía tan seguro, tan dueño de sí, que verlo ahora medio perdido, hizo que todas las emociones le embargaran. Tuvo ganas de abrazarlo y colmarlo de besos, pero la situación no estaba para gestos románticos y apasionados. Así que sólo se dedicó a contemplar su perfecto perfil, y de cómo batía sus pestañas pensando en las pistas que nadie entendía.

—Pero digamos que la entrada que nombra sea ésta —Georg apuntó la puerta que da al hall —luego siete pasos… ¿hacia dónde? —miraron hacia la cocina y la despensa, no parecía una opción viable.

—¿Será hacia allá? —Bill indicó hacia el otro lado donde el pasillo continuaba, más allá de la escalera. Había varias puertas —contemos —dijo el pelinegro y comenzaron a caminar contando los siete pasos. Pero llegaron a un punto que sólo había paredes. La puerta más cercana quedaba a dos metros.

—Recuerda que la bodega donde estuvimos hoy, tenía la puerta escondida en la pared, Bill —todos miraron a Tom, recordando la infructuosa búsqueda que debieron hacer en la mañana. Al darse cuenta de eso, Tom sólo se rió bajito. Se acercó hacia el muro que daba a su derecha, contrario al hall, y empezó a buscar alguna ranura, en las uniones de las planchas de madera. De pronto la pared cedió, dejando visible una puerta. La abrieron. Dentro de ella había un pequeño corredor con cuatro puertas, una al Oeste y tres hacia el Este.

—Bien, veamos lo que dice luego —el mago se ayudaba de la linterna para leer el papel —dice que hacia el Este no, y tampoco hacia los otros puntos cardinales, pero no dice nada del Oeste, entonces debe ser esa puerta que da al Oeste. Pero…

—Dice que es la última puerta, y acá no hay más que una sola a este lado. —Tom leía el papel pegando su mejilla al hombro del pelinegro.

—Pero mira, dice que está construida como las murallas, en las sombras, dice en otro lado el acróstico —Bill le pasó la linterna a Tom y comenzó a palpar la pared, más allá de la única puerta visible a ese lado. Seguramente estaba escondida bajo paneles de madera.

El sonido característico de un panel que cede, les hizo sonreír. Todos sentían el corazón en la boca cuando Bill abrió la puerta. Impacientes se asomaron, alumbrando el pequeño cuarto. Había dos estantes llenos de cajas de madera. Entraron sigilosos, cerraron tras ellos, y comenzaron a buscar.

—Esperen, esperen —interrumpió Gustav —¿pero qué dice el acróstico sobre la llave?

—Tienes razón —Bill sacó el papel del bolsilo de su pantalón y volvió a leer —em, acá dice que envueltas en las sombras esta la K. Puede ser K por Kaulitz o por Key, llave en inglés. Lo que queda claro es que no está en un sitio evidente, está en las sombras —Bill bajó el papel, miró a su alrededor. ¿A qué se refería? Todo ahí estaba en las sombras. En ese momento Andreas dio un paso, y el suelo crujió de manera extraña. —Andreas, ¿dónde pisaste? —el rubio se quedó quieto, mientras movía lentamente el pie izquierdo, todos apuntaron sus linternas hacia el suelo. Sacó lentamente el pie, y Tom se agachó para quitar la vieja alfombra llena de polvo que cubría el piso. Debajo de ella, una tabla estaba levemente separada.

—Necesito algo para hacer palanca — dijo Tom alargando su mano.

—Esperemos que el lápiz sirva —le respondió el mago sacando de su bolsillo trasero del pantalón un bolígrafo.

Tom haciendo algún esfuerzo logró quitar la tabla, quedando a la vista el costado de lo que parecía ser una caja de madera. Usando los dedos como tenazas agarró la caja y la sacó. Se puso de pie, y con la mirada expectante miró al mago, que tenía la misma expresión en su cara. El resto también estaba impaciente.

—¡Ábrelo ya! —le gritó el castaño.

Dando un suspiro la abrió. Dentro de ella estaba la llave, y debajo de ella una especie de carpeta de hojas que se notaba muy antigua. Sobre la tapa se leía Testamento .

—¿Un testamento? Creí que sólo se trataba de una llave —la voz de Tom dejaba en evidencia su ansiedad.

Bill tomó el testamento, y leyó.

28 de Agosto de 1864 Mansión de Liz Garten

En el nombre de Dios y en completa capacidad mental, declaro que heredo mi propiedad Liz Garten a Tom Trümper, quién nacerá el 1º de Septiembre de 1989. Este mandato no tiene fecha de revocación. Es perpetuo.

Así sea por la Voluntad Divina.

Bill Kaulitz

—¡¿Qué?! —exclamó Tom, sin entender nada. —¡¿Esta mansión es mía?!

Continuará…

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