Waiting for you 18

CAPÍTULO 18

Uno de los vidrios de la ventana se había quebrado, cayendo cientos de diminutos trozos de él encima del cuerpo del mago.

—¡Bill! ¡No me asustes!

—Nene, tengo la cabeza dura, pero no tanto —respondió en un susurro el pelinegro. Tom sonrió aliviado.

—¡Te heriste! —y buscó en el cuero cabelludo de Bill la herida sangrante —es una herida pequeña. —fue por uno de los vidrios rotos.

Gustav y Georg atendían a su amigo que yacía aún en el piso de la ducha. El golpe en la espalda era lo que más le causaba dolor. Habían cortado el agua, cuya cascada les había alcanzado a mojar sus ropas.

—¿Te sientes bien Andy? —el de gafas le tomó de un brazo —intenta ponerte de pie. ¿Estás mareado?

—No, sólo ayúdame a salir de aquí —decía mientras intentaba agarrar la toalla para cubrir su desnudez.

Ambos jóvenes se sentaron en la cama, algo adoloridos. Tom limpiaba de la frente de Bill los restos de sangre con una toalla humedecida. En ese momento aparecieron tres policías junto a Markus.

—¡¿Qué sucedió?!

—Apareció esa cosa en el baño mientras me duchaba. No se si estaba ahí antes y no la vi.

—¿Alguien revisó el baño antes de entrar?

—No señor Frank. No nos imaginamos que podría haber alguien escondido ahí —respondió Tom.

—¿Y dónde está ahora? —preguntó el policía mientras revisaba los restos nauseabundos en el cuarto de baño —¿escapó por la ventana?

—¡Sólo se esfumó! ¡Puff! —el rubio hizo un ademán gracioso con las manos —Se desvaneció cuando se abrió la puerta de golpe. —el policía observó al joven con cara de lástima.

—Creo que necesitan descansar.

—¡¿Nos está llamando locos?! —gritó el de trenzas, exasperado con la actitud del policía.

—¡No, no! Lo extraño es que los restos encontrados son del mismo tipo, al parecer, que los de la escena del crimen —refutó el otro policía —llamaré a los peritos para que tomen muestras. —antes de accionar su radio miró a los jóvenes —es mejor que usen otro baño para ducharse. ¿Alguien necesita atención médica?

Los jóvenes negaron con la cabeza y luego suspiraron resignados. Markus, visiblemente preocupado, los observó.

—Chicos, definitivamente con ustedes aquí, esto ha sido cualquier cosa menos rutinario. Si no hubiese ocurrido un homicidio hasta podría decir que ha sido emocionante —los jóvenes lo miraron extrañados , sin entender la rara actitud del administrador. Markus salió de la habitación dejándolos a perplejos.

—Usemos la habitación que yo ocupé el otro día —dijo el rubio sobándose un brazo adolorido.

—Cualquier lugar, menos la habitación rosa, por favor.

—¡Ay Gustav! No te va pasar nada que no te haya sucedido ya. Aparezca la ricitos de oro o no —comentó el castaño sonriendo, mientras el de gafas se sonrojaba.

Tom sonrió moviendo la cabeza —¡Vamos chicos! —pero el pelinegro tenía otras preocupaciones y su semblante pensativo hizo que el de trenzas se quedará más atrás, esperándolo.

—Bill, ¿te sientes bien?

—Sí amor, es otra cosa lo que me molesta, no el golpe.

—Dime, ¿puedes decirme, verdad?

El mago asintió —“esa cosa” como le llaman ustedes es una especie de emm… , cómo explicarlo, es una especie de zombie.

—¡Zombie!

—¡Shhh! –Bill manoteaba en el aire, intentando hacer callar a Tom desesperadamente —¡Calla! Es un zombie pero no como muestran en las películas, es más bien una especie de fantasma, pero que está siendo usado por alguien que está tan vivo como tú, como si fuera un esclavo.

—¿Es eso posible?

—Tom, yo no te mentiría.

—Lo sé, lo sé. Es que es tan difícil de creer que alguien tuviera ese poder.

—Eso es magia, pero usada para el mal.

—¿Quién querría matar al policía entonces?

—Tal vez no era el policía la víctima deseada. Tal vez eras tú…

—¡¿Yo?! ¡Bill no me digas eso! —y le golpeaba el pecho suavemente —porque capaz que me mates tú del susto.

—Lo siento —abrazó al de trenzas —mira, debo enviarlo al lugar de dónde vino. Y debemos descubrir quién es capaz de hacer algo así… Tom, necesito mi espada.

—¿A quién vas a matar? —lo miró preocupado el de trenzas, y Bill rió —¡No le veo la gracia!

—La espada no es para matar Tom, es para usarla con las energías y contra entes del bajo astral.

—Okay, no intentes explicarme ahora. ¿Dónde tienes tu espada?, ¿en la cabaña? —Bill asintió —¿nos escapamos entonces?

—Vamos.

Salieron en silencio intentado pasar desapercibidos. Tom que ya se había aprendido el truco de la ventana del baño, guió a Bill por ahí, y salieron sin ser vistos. Bill dio un silbido y un alegre caballo apareció galopando suavemente desde el sector de la laguna. Se subieron a él, y sigilosos se escondieron entre la espesura de los árboles. El caballo conocía el camino a la perfección, y Bill relajadamente le conducía por el bosque. Tom disfrutaba de aquello, desde la primera vez que el mago le invitó a irse con él sobre la montura. Sintiéndose feliz se apegaba a su cuerpo, abrazándole por la cintura.

Llegaron a la cabaña. Al frente de ella, la figura impasible y orgullosa de Dark delante de la puerta de entrada, indicaba que alguien por ahí estaba molesto.

—Creo que dejas demasiado abandonada tu cabaña.

—Tiene la protección necesaria Michel.

—Sí, lo sé, pero creo que últimamente pasas demasiado tiempo pendiente de tu princesita —Bill se bajó del caballo y caminó con paso firme hacia Dark. Al mago de barba le temblaron los párpados, sabía que se había sobrepasado con sus palabras. El pelinegro se puso frente a él y con mirada directa y categórica, le aclaró.
—Ten cuidado con lo que dices. Tengo paciencia, pero ésta tiene un límite —lo apartó con el brazo con cierta brusquedad, e ingresó a su cabaña. Dark se quedó masticando con rabia, palabras que no llegó a decir.

Tom, en cambio, se sintió ofendido, tratado una vez más como si fuera una damisela que necesitaba ser defendida por su príncipe azul. Así que disfrazando su coraje con una calma aparente, se bajó del caballo, caminó los pasos que lo separaban de Dark, y cuando estuvo frente a él descargó su puño con furia sobre el mentón, provocando su caída —¡yo no tengo paciencia! —masculló, y entró a la cabaña seguido por la sorprendida mirada de Bill, quien no dijo nada. Se tomó un vaso de agua para calmarse, mientras Dark se ponía de pie, y luego con el orgullo herido se marchó.

—Lo siento —dijo Tom arrepentido.

—Te comprendo. Dark nunca ha sido bueno guardando los límites.

—Lo llamaste de otra manera.

—Michel es su nombre. Pero deja de pensar en él. Ven conmigo —el mago agarró la mano de Tom y lo jaló fuera de la cabaña. Cerraron la puerta, y lo llevó sin soltarlo a través de los árboles.

Llegaron hasta el lugar que el de trenzas había visto a Bill con Marie. Cruzaron el riachuelo y se internaron en el bosque que se hacía más espeso y oscuro. Bill empezó a quitarse la ropa, y Tom no podía creer lo que veía.

—Tom, hacia la derecha hay una pequeña fuente. Vamos allá. Es tan relajante y hermoso —el de trenzas no podía responder ensimismado en la desnudez del pelinegro —¡Vamos Tom! Quítate la ropa —y comenzó a desvestirlo. Recién en ese momento el de trenzas reaccionó y ayudó en la tarea.

Una vez desnudos Bill pareció calmar su frenesí. Recorrió con las yemas de sus dedos el cuerpo de su amado, dibujando sus músculos, llenado sus manos de la piel de Tom. El de trenzas sintió que le subía la temperatura, muriéndose por comerse los labios carnosos del mago.

—Eres tan hermoso Tom —y lo besó por fin.

Sus cuerpos reaccionaron al cálido beso. Y sin sentir pudor, observaron sus erecciones palpitantes.

—Ahora, encuéntrame jajaja —dijo Bill con una burbujeante risa. Y corrió por entre los árboles.

—¿Bill? ¡Espérame! —miró por entre los árboles, y no vio nada.

—Por aquí Tom jijiji —la risita de Bill rebotaba en los árboles. Tom siguió la voz.
—¡Bill! ¿Dónde estás?

—Jijiji —y siguió por donde escuchó su risa —¡Por tu derecha Tom!.

—¡Scheisse Bill! ¿Por qué juegas conmigo?

—¡Sigue! ¡Si es que quieres tu premio! —dijo la voz del mago desde algún lugar —¡No te pierdas! ¡Ven acá!.

—¡Esto es ridículo Bill! Te comportas como un niño pequeño.

—¡Ven Tom! Te puedo asegurar que de pequeño no tengo nada jijiji —Tom rió ante la respuesta, y la voz del pelinegro se escuchaba cada vez más cerca mezclada con el murmullo del agua. La profundidad del bosque daba una penumbra verdosa, y Tom se sentía a gusto ahí —¡Ven por acá! ¡Ven con papi y te daré tu regalo!

Tom se rió otra vez ante las ocurrencias de Bill —¡Ya voy!

Esquivando unas ramas por fin vio el agua, y luego a Bill. Su piel blanca contrastaba con el verde intenso de la hierba bajo su cuerpo. El pelinegro yacía ahí, tentador y tan sensual. El de trenzas suspiró al verlo así. El sexo del mago despierto y extendido, Bill lo tomó con sus dedos, ostentándolo —¿Quieres? —Tom tragó saliva y tembló de ansias.

El de trenzas se aproximó, y se puso de pie con las piernas abiertas sobre él. Luego bajó hasta apoyar sus rodillas en el esponjoso suelo, y Bill se levantó hasta quedar sentado —deja prepararte, hoy no trajimos mantequilla —y se rieron. El pelinegro embadurnó sus dedos con saliva, y buscó entre las nalgas hasta abrir la entrada estrecha de Tom. Jugueteó por unos minutos allí, mientras el de trenzas gemía gustoso, buscando desesperado la boca del mago. Su miembro tieso rozaba el vientre de Bill, dándole placer y permitiendo dilatarse con cierta facilidad. El pelinegro sacó los dedos, y tomando las caderas de Tom, le indicó que las bajara. Tomó su pene, y puso la punta en la entrada. El de trenzas suspiró al sentir el roce en su esfínter. Cerró sus ojos y echó la cabeza hacia atrás. Cuando el miembro de Bill terminó de entrar, Tom soltó un gemido. Abrió sus ojos y miró a su amado. No había otro tiempo o lugar donde quisiera estar, no otro que no fuera tener enfrente de sus ojos la mirada intensa y marrón de su Bill, sintiendo dentro de sus entrañas la hombría de su amado. Eso era amor. No había duda.

Quedándose quietos los dos, se miraron sin hablar, sin emitir sonido alguno. Sólo dejando que sus respiraciones agitadas hablaran por ellos. Tom arqueó sus labios levemente en una suave sonrisa. Bill recorrió con su boca los labios de Tom, sin llegar a besarle. El viento tenue entre los árboles sonaba cantarín, y el agua murmuraba sonidos incomprensibles. Todo era perfecto. Tom no necesitaba nada más en este mundo. Y sin dejar de mirar el hermoso rostro de su mago movió suavemente sus caderas. Un gemido suave y trémulo salió de la boca de Bill. Sus ojos se entrecerraron y sus pupilas se dilataron más aún. El de trenzas se sentía dichoso de ver el placer que le causaba a su pelinegro.

—Tom… Tom… —y el de trenzas no dejó de moverse, suavemente, provocando el roce de su miembro con el vientre de Bill, haciendo que el pene del mago rozara a su vez su punto de máximo placer en su interior.

No dejaba de mirar los gestos que hacía su amado, entregado a las sensaciones placenteras, mientras él mismo sentía el éxtasis del orgasmo contenido, aguardando en la cumbre del gozo.

Lo demoraba a propósito. Aún no quería acabar. No quería dejar de ver a su amor disfrutando del momento, al mismo tiempo que él sentía la dicha de estar así, gimiendo sobre el regazo de Bill, poseído absolutamente por él, y no arrepintiéndose de nada.

La suave brisa refrescaba las sudorosas frentes, dando alivio al calor intenso que les embargaba. Pero no era mucho, porque el calor estaba en el alma, en sus corazones. Se sentían jubilosos y plenos.

El ritmo intenso de sus cuerpos se armonizaba . Eran el uno para el otro. Iguales y tan diferentes. Complementados, necesitados uno del otro.

—Oh Bill… Bill —susurraba el de trenzas casi sin aire.

El temblor del final se cernía sobre ellos. Hasta que el orgasmo explotó en sus cuerpos y en sus almas. Dejando el trazo de una leve melancolía que ocasionaba el abandonar el paraíso, en el que habían estado. Volvieron lentamente a gobernar sus sentidos y estar conscientes de su yo.

Mojados de sudor y llenos de un agradable cansancio, se separaron lentamente. Con el cuerpo temblando todavía, Tom se recostó a un lado del pelinegro.

—Te amo Bill —los ojos marrones del mago se humedecieron y le sonrió.

—Yo te amo, y no sé cómo decirlo sin que las palabras suenen tan breves y cotidianas. Mi amor por ti no cabe en ellas porque te amo más de lo que puedo decir.

Tomó su mano y lo invitó a seguirlo. Se metieron en la fuente hasta que el agua les cubrió la cintura.

—Este es mi regalo para ti —dijo el moreno y cerró sus ojos. Tom lo miró sin comprender. De pronto, de entre los árboles y del agua comenzaron a salir esferas luminosas de distinto tamaño que parecían danzar en el aire. Bill abrió los ojos y sonrió al ver la asombrada mirada en los ojos de Tom. Las contemplaba jubiloso con una sonrisa de felicidad en sus labios. El de trenzas se volvió a su amado.

—Bill esto es… Es tan maravilloso —la luz de las esferas se reflejaba en el agua y en los ojos almendrados de Tom. Se le llenaron de lágrimas mientras veía las luces danzar a su alrededor. La presencia de tan espléndida vista parecía irreal. En medio de ella estaba su amado, tan bello y sereno que con ojos sonrientes no lo dejaba de mirar. El de trenzas se preguntó el motivo de por qué era merecedor de vivir un amor así. ¿Por qué merecía ser amado por alguien como Bill? Era, sin duda, el ser más afortunado sobre la faz de la Tierra por eso. Hacía una semana, no sabía lo que era ser feliz. Ahora sí. Las lágrimas rodaron lentas por sus mejillas, y Bill, con manos húmedas, se las acarició.

—No llores mi amor.

—No quiero que esto termine.

—No lo hará.

—Quiero vivir contigo toda mi vida, todas mis vidas. —Tom acercó sus labios temblorosos, y besó a Bill con ardor. Se separó con desgano, no quería dejar de besarlo, mientras sentía las manos heladas de su pelinegro que rozaban su cabeza y sus mejillas, él le mantenía sujeto por el mentón con suavidad.

—Nunca nos separaremos Tom —el de trenzas acercó sus labios una vez más. Un beso húmedo y tibio era todo lo que podía darle a cambio.

—Tu amor es más de lo que podría desear, de lo que podría soñar, Tom. No te menosprecies —Tom sonrió arrepentido de su pensamiento. Bill levantó las manos y dibujó algo en el aire. Las esferas comenzaron a apagarse —debemos irnos amor —el de trenzas asintió.

Salieron del agua, buscaron sus ropas que dejaron abandonadas en el bosque, y volvieron a la cabaña. Cansados pero felices.

&

En la mansión, las cosas no iban bien. La melancolía y la ansiedad de sus ocupantes se colaba por las paredes, dándole un peso adicional al ambiente.

Gustav y Georg se habían organizado para preparar unas deliciosas pastas con salsa y ensaladas con lo que había en la alacena. El rubio permanecía sentado en un rincón de la cocina con la mirada perdida. Los pasos de alguien llamaron su atención, y sus caras mostraron su sorpresa cuando vieron aparecer a la Dama del Lago. Sonriente miró al rubio —¡Hola! —dijo alegre, pero su expresión cambió apenas vio el semblante sombrío —¿Qué pasó? — dijo y apenas entró, un escalofrío la hizo estremecerse —¿Estuvo ese monstruo aquí verdad?
—Sí —respondieron los jóvenes a coro —¿Cómo lo supiste? —preguntó el rubio a la chica con los ojos llenos de ilusión.

—Se siente Andy, en el aire. Yo no puedo hacerlo desaparecer nene —dijo haciendo un mohín. —pero primero debemos averiguar qué quiere…

—¿Y cómo se puede hacer desaparecer esa cosa?

—Un mago puede. Yo no. Puedo… Más bien no debo.

—¿Por qué no debes?

—Es largo de explicar guapo.

—Entonces, Bill puede —dijo entusiasmado el castaño.

—Pero hace un rato esa cosa lo lanzó lejos.

—Gustav, esa cosa se desvaneció con “eso” que hizo Bill con las manos, lo que sea que haya hecho.

—A ver castañito, explícate que me estoy mareando con tanto trabalengua —pidió la chica.

—Andreas se quedó atrapado en el baño.

—Yo me quedé con ese monstruo ahí, encerrado snif.

Georg asintió y siguió hablando —Andy gritaba y Tom le pidió a Bill que abriera la puerta, nosotros no podíamos. Bill estiró la mano derecha y la puerta se abrió, pero la energía o algo parecido los lanzó a los dos lejos.

—¿Él usó una espada?

—¿Espada? —preguntaron al unísono, y luego negaron con la cabeza.

—Es la única herramienta que puede detener una de esas cosas. De verdad, si lo hizo a mano desnuda, se arriesgó.

—Con razón fue lanzado lejos —murmuró pensativo el de gafas.

—Guapo, quiero quedarme contigo ¿Puedo? Quiero protegerte —el rubio se ruborizó.

—Pues por mí no hay problema. No sé si los demás se opondrán. La policía, Markus Frank…

—Entiendo ¿Y dónde está el mago ahora?

—Pensamos que anda con Tom. —le respondió el rubio.

—Seguramente lo fueron a pasar rico —anunció el castaño, y Gustav le dio un codazo suave.

De pronto los cascos de un caballo les advirtieron que los mencionados estaban llegando.

—Hablando del rey de Roma —señaló el rubio.

Luego de unos momentos, apareció Tom y detrás de él el pelinegro con una espada en su mano. Bill se quedó mirando a la mujer con tanto detenimiento que empezó a inquietar a Tom.

—Chicos ¿dónde andaban? Markus y Anton preguntaron por ustedes, y los hemos encubierto con evasivas.

—Gracias Gustav, gracias amigos. —dijo el de trenzas.

—De acuerdo mago. Sé que te molesta mi presencia en esta casa, pero sólo vine por Andreas, te lo puedo asegurar —todos los jóvenes se tensaron al oír las palabras de la chica. Todos menos Bill que la seguía mirando con cierta dureza.

—Quiero que te quede claro lo siguiente. No aceptaré que te acerques a Tom, bajo ninguna excusa, ni a sus pertenencias. Te estaré vigilando. No lo olvides bruja.

—¡Un momento Bill! No le hables así a la señorita. Ten más respeto.

—¡Tranquilo guapo! —le replicó Alexa —Bill está en su derecho. Él está protegiendo lo que le corresponde y… Y tiene razón, yo soy una bruja —acercó sus labios a los del rubio —pero una buena para ti —y lo besó brevemente. Bill rodó los ojos y movió la cabeza.

—¿Esa es la espada verdad? —le preguntó el castaño

Bill asintió —es lo que necesito para enviar ese ente a donde pertenece —hizo una pausa y se quedó mirando al rubio —pero necesitamos saber qué desea, y quién lo envió, y como al parecer tú le caes muy bien, serías nuestra carnada Andreas.

—¿Otra vez? ¡Pero, pero…! —la mirada de espanto de Andreas se paseaba por los rostros de sus amigos esperando que se unieran a sus protestas, pero todos lo observaban aguardando su respuesta —¡Pero ya ven lo que me pasó la otra vez cuand…! —y se detuvo de golpe, recordando que la autora de aquel episodio sexoso estaba a su lado, y se sintió incómodo, pero no por sus palabras, su incomodidad se debía a que de sólo recordar la escena en el bosque con la bruja sobre su regazo, su pene empezó a ponerse duro. Se puso rojo cual tomate y se odió por eso.

—Pues sería la ocasión perfecta para terminar lo que empezamos aquella vez, ¿no te parece? —le dijo Alexa con voz sensual, y Andreas le pidió a la tierra que se abriera y se lo tragara entero, con erección y todo, pero no sucedió. Así que tragó saliva e intentó responder algo coherente, aparentando normalidad, sabiendo que su miembro duro estaba cubierto por la orilla del mantel de la mesa. Sin embargo, sus amigos lo conocían bastante bien para saber exactamente lo que le estaba pasando, y trataban de disimular sus risas.

—Está bien, sólo les pido que no me dejen solo.

—No te preocupes. Al parecer prefiere la noche, así que quedan varias horas para prepararse. La idea es que usemos a alguien como médium, y la razón de por qué te busca es que debes tener ese don aunque no sepas reconocerlo. Puede que me equivoque.

—¡¿Un médium yo?! Bill estás loco.

—No. Yo sólo estoy loco por Tom, en todos los demás aspectos de mi vida soy muy cuerdo —Bill rió y el de trenzas sonrió ruborizado, bajando la mirada —Andreas, los fantasmas y espectros suelen aparecerse ante aquellos que tienen la facilidad para comunicarse con ellos.

—Mm… Bueno, puede ser, eso explicaría que me busque todas las veces. —suspiró —Pero lo planeamos bien, ¿verdad? No dejemos nada al azar.

—Sí, luego del almuerzo. Así podremos pensar mejor. ¿De acuerdo? —dijo el mago, esperando la aprobación de todos. Los demás asintieron conformes —okay, así será.

El almuerzo transcurrió tranquilo, pero debido al ir y venir de los policías, nunca pudieron relajarse del todo, pues les recordaba a cada instante que un hombre que compartió con ellos estaba muerto.

Aprovecharon las horas siguientes para compartir impresiones, ya que Anton y Markus continuaban con su recorrido diario por la propiedad después de almorzar. Algunos de los jóvenes se reunieron en el patio de servicio para fumar. Tom, Bill, Gustav y Georg. Comentaban distintas ideas y teorías de lo que se le aparecía a Andreas, y de por qué él lo veía y nadie más había tenido la oportunidad.

—Creo que lo mejor es que actuemos como si nada. Con normalidad. Estoy seguro que esa cosa se le va a aparecer a Andy otra vez.

—Tienes razón Tom. Como si no supiéramos nada. Luego a la primera señal de alarma apoyamos a Andreas. Intentamos resolver el enigma y lo expulso con la espada. Sólo me queda una duda.

—¿Cuál? —preguntaron los jóvenes.

—¿Podrá Andreas hacerle las preguntas sin sufrir un colapso? Ustedes lo conocen mejor.

Se quedaron pensando, temiendo que el rubio saliera huyendo como las otras veces.

—No sé si podrá mantener la sangre fría. ¡Oh Dios! Esto es complicado —se lamentó el de trenzas.

—Bueno, lo que nos queda es que como su cabecita anda medio revolucionada con la tal Alexa, pues esperemos que se ponga más valiente jajaja—rió el castaño.

—O más bien que se ponga más caliente y ni se entere de que se le aparece la cosa esa, y el ente se devuelva a buscar a alguien más jajajaja —se rió también el de gafas, pero esta vez los demás no se rieron con él. —¿Qué pasa? —preguntó al ver las caras y el silencio en el que estaban.

—Que acabas de decir algo que olvidamos. —dijo serio el mago.

Gustav dejó de sonreír —¿Qué cosa?

—Que suponemos que busca a Andreas para comunicarse, pero no sabemos si lo busca para matarlo, o bien , es el medio que intenta usar para matar a alguien más.

—¡Auch! No lo había pensado —Gustav aspiró por última vez su cigarrillo, y luego lo lanzó al suelo y lo pisó —¿Y dónde está Andreas ahora?

—¿Estará ocupado?

—No lo demos por sentado Tom —dijo el mago —vamos a buscarlo.

—Yo digo que mejor que no. No es bueno interrumpir a las parejas. Eso bien lo sabemos tú y yo Bill.

—Nosotros también —agregó el castaño —pero en todo caso, si le hubiera pasado algo ya habríamos escuchado sus gritos.

—Yo no me fío. Vamos a buscarle —y todos siguieron al mago. —No lo llamen, sólo busquemos.

Comenzaron por la zona de servicio, abriendo todas las puertas visibles, obviando aquellas camufladas tras los paneles de madera.
Bill hizo señas al de gafas y al castaño de que él y Tom irían arriba a buscarlos. Gustav y Georg siguieron por el pasillo. Pensaron abandonar la búsqueda por ahí, pero luego de unos instantes re aparecieron Bill y Tom, y continuaron sin hablar hasta llegar a la puerta que daba al baño que unas horas antes habían ocupado Georg y el de trenzas. Intentaron no emitir sonidos, pero otros provenientes del baño los alertaron una vez más en el mismo día.

—¡¿Qué es ese ruido?!

—Shhhh Georg —le hizo callar el de gafas.

—¿Qué es ese ruido? —repitió otra vez en un susurro. Los cuatro chicos se quedaron en silencio esperando saber qué pasaba ahí.

Unos gemidos entrecortados se hicieron evidentes.

—Es Andreas —dijo preocupado el castaño. E hizo ademán de abrir la puerta, pero Gustav una vez más lo contuvo… A tiempo.

—¡Ah! Alexa…sigue… —y se oyeron los gemidos de la chica.

—¡Aaahhh! —exclamó el castaño —este se está dando el festín y nosotros preocupados por él —y todos rieron algo incómodos. Se dieron media vuelta para regresar a la cocina.

—¡Yo dije que no había que molestar a las parejas! Pero mi curioso bebé no pudo evitar seguir con la búsqueda —Tom le dio un leve empujón a Bill que se rió con ganas.

—Es que yo pensé que podía estar sufriendo, que podía ser atacado.

—¡Sí! Por eso se quejaba tanto, Bill.

Dejaron de desesperarse por Andreas durante un buen rato. A lo lejos se escuchó el motor del jeep de Anton. Y esperaron a los hombres sirviéndose un café.

—Mamá llamó hace unas horas, estaba algo preocupada porque no sabía nada de mí —musitó, pensativo el castaño.

—Yo le envié un par de mensajes a la mía, y me respondió tranquila —añadió el de trenzas.

—Sí, yo hice lo mismo —el de gafas miró al mago que bebía su café sin levantar su mirada —¿Y tus padres Bill?

—Están muertos — se hizo el silencio. Todos tragaron saliva.

—Lo-lo siento —respondió avergonzado el de gafas.

—No te preocupes, yo era muy pequeño. Sus rostros están algo borrosos en mi memoria. Es extraño, pero recuerdo más nítidamente la vida de Bill Kaulitz que mi propia niñez. —nadie fue capaz de decir nada más.

El denso silencio se vio interrumpido de golpe por los pasos presurosos de dos hombres, que con respiración entrecortada se asomaron a la puerta, pálidos.

—¡Chicos! —habló Markus —necesitamos a la policía… Debemos llamar al teniente.

—¿Qué pasó ahora?

—Algo extraño… Extraño —la cara blanca y desencajada de Anton, no eran suficiente distracción para ignorar su aterrorizada mirada —En la revisión diaria no habíamos notado nada —el hombre se sentó mientras Markus llamaba una vez más al teniente por teléfono —juro que hoy en la mañana estaba todo en orden.

—¡¿Dónde?! ¡¿Qué paso?! —Tom estaba preso de la ansiedad.

—¡Al final todos moriremos de un infarto, ya lo veo venir!

—Georg, Tom, cállense —fue la lacónica orden de Bill.

En la puerta que daba al pasillo aparecieron Andreas y Alexa recién duchados —¿por qué gritan tanto? —preguntó el rubio.

Gustav ignoró a Andreas y preguntó por su parte —Señor Berg, por favor, podría explicarnos con calma para que podamos entender.

Alguien le había dado un vaso de agua a Berg, éste bebió un poco y continuó —Hoy en la mañana revisamos todo, que estuviera en orden, que nada faltara. Después de almuerzo decidimos volver a las caballerizas porque debíamos arreglar una puerta descentrada. Todo era normal. Hasta unos momentos atrás que escuchamos un ruido muy fuerte que provino del mausoleo. Decidimos ir a ver. Y extrañamente estaba cerrado. Entramos y parecía que no había nada distinto a lo de siempre, hasta que llegamos a la zona de las tumbas —un escalofríos recorrió a todo el grupo —No sabemos que pasó pero las urnas de los gemelos Kaulitz estaban abiertas. Las lápidas yacían en el suelo, como si las hubieran colocado con cuidado y en el piso había una especie de puerta que estaba abierta, yo no sabía que existía…

—¿Los cuerpos de los Kaulitz estaban ahí?

—Sí Bill. Alguien quiso profanar sus tumbas. Lo lograron en cierto modo. Lo que sea o quien sea que hizo eso, se fue por ese pasadizo, dejando detrás de él esa cosa nauseabunda por el piso.
—Debemos ir.

—Bill, ya está oscureciendo. Esperemos a la policía.

—Debemos encontrar a ese ente antes de que se esconda otra vez.

—Lo más extraño es que esas lápidas pesan mucho ¡Es mármol! ¿quién tiene la fuerza para quitarlas así como así? Bill esperemos.

De pronto Markus llegó con cara de espanto.

—¿Alguien se había dado cuenta que ya no hay policías en la casa?

—¡¿Qué?! —exclamaron todos.

—Revisé arriba, no hay nadie. Ni cintas, de estas amarillas, ¡nada! ¡Como si nunca hubieran estado!

—¿Ha llamado al teniente Wendt?

—¿Revisó si andan afuera?

—¡Hace un rato había algunos arriba!

—¿Qué será lo que ha pasado?

—¡Quizás hubo una emergencia!

Todos hablaban al mismo tiempo, intentando hacerse oír por sobre el otro.

—¡Silencio! —gritó Markus —por favor, silencio, para entendernos. Ya revisé, y mientras lo hacía intenté llamar al teléfono que nos dejó el teniente Wendt y la compañía de teléfonos me dice que ese número no existe. No entiendo nada —terminó en un susurro.

En ese mismo instante un estruendoso portazo se escuchó hacia el sector del estudio y el salón. Un grito ronco y gutural rompió el aire. El aire se llenó de un desagradable olor a descompuesto.

La voz ronca dejó escapar una risa horrorosa y lúgubre —¡Aandreaas!

Continuará…

por administrador

Publico con autorización del autor

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