Waiting for you 34. Parte 1

CAPÍTULO 34 (Primera Parte)

Bill volvió a besar con fuerza a Tom, y éste no pudo mantener el equilibrio mucho más, y aunque intentó deshacer el beso para advertir a Bill, éste no quiso prestarle atención —como siempre— pensó Tom mientras iba cayendo, y resignado aceptó de antemano el dolor que el golpe le proporcionaría.

Para alivio del de melena, cayeron sobre hierba de cierta altura que amortiguó el golpe, aunque de todos modos dolió bastante. Para cuando ambos cuerpos tocaron el suelo ya se habían separado —¡Bill! ¿Estás loco? ¡Mi cabeza se pudo haber partido en esa piedra que está allá!

Bill rió sonoramente —Tom, la piedra está allá, jamás hubiera llegado tu cabeza hasta donde se encuentra.

El chico de melena se puso de pie, sacudiéndose la ropa, arreglándose los cabellos, intentando mantener la compostura y recuperar el orgullo perdido —¡pero pudo haber una grande acá! —insistió, señalando con su mano extendida el espacio que había ocupado su cuerpo.

—Yo sólo estoy feliz de que hayas vuelto Tom.

El muchacho de melena observó al mago detenidamente entrecerrando el ceño —¿Tu cabello está igual? —Bill miró al chico algo desilusionado.

—Supongo que estás feliz de verme también, aunque mi cabello te decepcione.

Y Tom sonrió por fin, olvidando sus enojos, y se acercó hasta el pelinegro —tal vez te parezca superficial, pero hasta las cosas más estúpidas que digo tienen raíz en ti, en tu recuerdo. De tanto pensarte. No hace mucho que hablé contigo… —y se aproximó más aún hasta sentir el calor del cuerpo del mago —pero a mí me han parecido siglos todas estas horas sin ti —bajó la cabeza y luego subió otra vez la mirada —¿no crees que estoy siendo un poquito cursi?

Bill acarició sus mejillas y su cabello —me encanta que seas como quieres ser. —El mago besó suavemente sus labios, casi en un leve roce y tomó su mano —Cariño hemos encontrado algo.

—Yo no sé si quiera ver nada. Yo… yo sólo quería saber que estabas bien.

—Ahora estoy bien.

—Ejem, ejem —carraspeó el policía —disculpen que interrumpa un momento tan… —y miró al periodista buscando el adjetivo adecuado para definirlo.

—Un momento tan, tan —tartamudeó el periodista —tan…

—Tan romántico —agregó por fin el policía —pero se nos hace tarde. ¿Bill la puerta tenía algún cerrojo que pudieras distinguir?

—Sí, tenía un candado con una cadena que parecía oxidada. Y tiene razón comisario, se nos hace tarde—concluyó Bill, recién notando la presencia de otros dos hombres cerca de ellos —¡Michel, señor Frank! Qué bueno es tenerlos acá. Mi novio ha traído la caballería —Tom se sonrojó.

—Ok, entonces un hacha nos servirá —agregó el policía.

Los hombres se acercaron a saludarse y luego de las presentaciones, el policía sacó su rifle y un hacha del vehículo y decidieron bajar. Debido a lo angosto del sendero iban a paso lento y en fila. En primer lugar iba Bill, luego el policía, Tom, detrás de Tom iba el señor Frank, tras él, el señor Scott, y por último Dark.

—Yo no creo que esto sea buena idea. Tengo un mal presentimiento de esto.

—Tom, sabes que las cosas casi nunca son tan feas. —respondió Bill.

—¿Cómo que no? Aún me dan escalofríos algunos episodios en el cementerio. Y si nos remontamos a algunos días más atrás que eso, tendría que mencionar la noche que llegamos a la mansión, y la tormenta, el viento, la lluvia, los truenos, los relámpagos, y de cómo se cortaba la luz, y luego tú apareciste en la habitación y…

Bill se giró levemente alcanzando a ver el sonrojo de Tom —sigue Tom, sigue ¿Qué pasó después?

—Sí, Tom. ¡Anda! No te reprimas ahora. ¡Sácalo todo!. ¡Echa todo afuera! —le incitaba Dark. El señor Frank y Bill se rieron por lo bajo, y los otros dos hombres ignorantes de la connotación de las palabras de Dark, sintieron mucha curiosidad.

—Sería bueno escuchar tu historia Tom —señaló el periodista —porque así me relajaría y no estaría pensando que me puedo caer por el acantilado. ¡Vamos muchacho sigue hablando!

—No, mejor que no —acotó Tom medio cortado.

—¡Vamos Tom!

—¡Cuéntanos Tom!

—¡No nos dejes con curiosidad! —insistían los hombres.

—Cariño, hablar nos relaja —rió por lo bajo Bill.

—Maldito… —masculló el de melena —ok, ok. La verdad es que era una noche tormentosa de hace como tres semanas atrás. Nos perdimos. Llegamos a la mansión de los Kaulitz, había comida…

—Que yo había dejado preparada —aclaró Markus.

—Y yo aparecí en la habitación.

—No Bill —replicó Tom —primero comimos, recorrimos las habitaciones.

—Y me aparecí yo.

—¡No, esa parte no! Las ventanas se habrían, las luces se cortaban, por el viento ¿saben?, era una situación muy surrealista.

—¡Wow! Me suena a película de Hollywood —y los demás rieron.

—Y mejoró aún más cuando me aparecí yo en la habitación de Tom.

El de melena resopló ya medio mal humorado —¿Qué quieres que cuente? ¿Cómo me sedujiste siendo yo un niño tan puro y casto y después me follaste? —y todos rompieron a reír.

—¡Eso no es verdad! —respondió el pelinegro.

—¡¿Cómo que no es verdad?! ¡Si hasta me hiciste …..!

—¡Esos detalles guárdenselos por favor! —dijo entre risas el policía.

—Cualquiera diría que fuiste violado… y que aún no te recuperas del trauma. —refutó el mago.

—¡Pues claro! Yo estaba siendo obligado por las circunstancias. ¡Fui víctima de la peor tortura!

—¡¿Un pene erecto?! —inquirió Dark.

—¡NO! ¡No! —respondió ya ofuscado el de melena —¡el miedo, el terror! ¡Eso fue un acto de terrorismo! —y todos se rieron.

—¡Ayy no! —exclamó el periodista —hoy ha sido un día de muchas revelaciones, denle un break a este viejo medio chapado a la antigua.

Y sin darse cuenta habían llegado hasta la terraza recortada en el cerro.

—Ok. ¡Aquí es!

—Esto de verdad es extraño. Se nota que fue abierto todo esto dinamitando el cerro, pero luego, sacar los escombros habrá sido una tarea titánica —señaló el policía.

—Pero se nota que esto ya tiene mucho tiempo de haber sido construido —apuntó el señor Scott hacia el portón añoso y las columnas de estilo clásico —y parece todo tan fuera de lugar.

—Avancemos. No sería bueno que nos sorprendiera la oscuridad en este lugar —advirtió el señor Frank —estamos sin implementos de seguridad, sin linternas, sin cuerdas. Hemos sido poco precavidos.

—Apresurémonos —instó Dark, y entraron al lugar, buscando pistas de arcos, dinteles o alguna otra construcción que explicara la existencia o utilidad de las columnas —estas cosas puestas así, me parecen escalofriantes.

—¿Por qué? —preguntó curioso el policía.

—No sabría explicarlo. Es sólo intuición o la sensación de que aquellos que construyeron esto no eran personas sanas…

—¿Un enfermo mental? —preguntó el señor Frank —si es así ojalá haya sido de la mente perturbada de Storm, y como ya está muerto, pues no hay nada de que…

—¡Yo me preocuparía! —y todos miraron a Tom. Sabiendo que los demás esperaban por una respuesta, decidió aclarar su idea —en esta historia a los muertos poco les ha importado estar en el otro mundo. Igual han venido a joder —Markus resopló y algunos de los hombres tragaron saliva.

Bill iba avanzando en primer lugar, hasta que la puerta se hizo visible.

—¡Si tú piensas que te voy a dejar entrar ahí, te has equivocado! —Bill se giró para mirar a Tom complacido.

—Cariño, si no intentaras impedírmelo de algún modo estaría muy desilusionado de ti. Pero alguien debe hacerlo.

—¿Qué les parece si entramos Bill…? —comenzó a decir el comisario Jensen.

—¡YO! —interrumpió el de melena rubia.

—¿…Bill, Tom, y yo? —continuó el policía.

—Estoy de acuerdo —afirmó Tom —de todos modos me relaja el que Bill tenga el cabello largo todavía.

—¿Qué tiene que ver el cabello de Bill con todo esto? —se burló el comisario.

Tom molesto resopló —es que en mi sueño… ¡bah! Usted no entendería —pero el policía ya ni le prestaba atención tratando de soltar el gran candado que tapiaba la puerta cortando la cadena oxidada con su hacha con bastante facilidad mediante un certero golpe que pareció retumbar en el aire. La puerta era pesada y se dieron cuenta que se habría hacia fuera, así que Jensen y Markus comenzaron a halarla hasta que se abrió.

El señor Scott dio un pequeño gritito y se cubrió la boca con sus manos. Los hombres se quedaron allí mirando sin omitir sonido, paralizados.

En el interior, contrario a lo que se habían imaginado, había luz de día. Alguna vez hubo un techo de vidrio como el de los invernaderos, pero algunos se habían quebrado y los trozos estaban dispersos por el suelo. Seguramente el piso era de concreto con cuadrados de ladrillo, pero el césped le había ganado la batalla y pequeñas yerbas erguidas crecían libres. Al fondo, empotradas en una pared de concreto, dos puertas estrechas, pequeñas aunque de diferente altura hacían prever más secretos escondidos. Y frente a los hombres, justo en la puerta de acceso, estaban los huesos amarillos de lo que con seguridad fue un hombre, su mandíbula ya estaba desencajada del cráneo y sus cuencas vacías parecían mirarlos con un horror que traspasaba el tiempo, desde en el suelo con las falanges de la mano extendidas, parecía tener una actitud suplicante, como esperando que alguien le diera libertad. Todos sintieron un escalofrío recorrer sus espaldas.

—¿Alguien dejó morir a este hombre aquí? —preguntó espantado el señor Scott —¿pero cómo es posible tanta barbarie? Creo que tengo ganas de vomitar.

—Por lo visto lo dejaron encerrado para que se muriera de sed, de hambre y de frío —el comisario sacó su radio —lo siento Bill, pero debo llamar a los de Criminalística.

—¡NO! No —suplicó Tom.

—Señor Jensen, si desea, haga el intento de detenernos —el mago enfrentó al policía —puede llamar a sus hombres ahora, hágalo, está en su derecho y es su deber, pero nosotros debemos encontrar a nuestro padre.

—¿Y cómo sabe que este cuerpo no lo es?

Tom se acercó al policía con los ojos brillantes —yo sé que no. Mi padre no es éste. Él debe estar allá adentro —apuntó con su mano temblorosa hacia las puertas.

—Intentaré abrirlas —dijo el pelinegro.

—Yo te ayudo —se le unió Dark.

—Difícilmente lo hagan sin más herramientas que esta hacha —señaló el comisario.

—Déjelos, ellos lo harán a su modo —le interrumpió Markus Frank. El policía y el periodista miraron a los jóvenes con incertidumbre, pero aguardaron en silencio.

Ambos magos se acercaron a las puertas, detrás de ellos estaba Tom. Primero se concentraron en la más grande y oscura —¿listo? —le preguntó Bill a Michel, éste asintió y extendieron sus manos.

El policía activó su radio y llamó a su gente dando las indicaciones de cómo llegar —estarán aquí en una hora —confirmó justo en el instante en que la puerta cedió y se abrió de golpe —¡Santo Cielo! ¿pe-pero cómo pudieron hacer eso? —Nadie le respondió. Los jóvenes ingresaron, el interior estaba muy oscuro —¿se dan cuenta que están contaminando huellas y muestras que pueden ser vitales para la investigación? —silencio, nadie dijo nada otra vez.

Los jóvenes ingresaron a un lugar vacío y oscuro. Parecía fuera de lugar, tanto Dark como Tom alumbraban con sus celulares. Las paredes estaban desnudas y la habitación sin ventanas no parecía tener un uso que pareciera lógico. Lo más extraño de todo era que el cielo de concreto se inclinaba de tal manera que en ciertas partes de la habitación era necesario acuclillarse para poder llegar hasta allí —No entiendo esto —dijo Dark —me da escalofríos, ¿cuál es el fin de construir algo así? En una de las paredes había una puerta que estaba atravesada en la pared, colocada de manera horizontal, era angosta y Bill se acercó para abrirla y lentamente cedió la manija. Para sorpresa de todos, la puerta no tenía otro motivo que la de un bizarro adorno, porque al otro lado sólo había pared.

—Siento que me estoy ahogando —dijo Tom y salió de allí. Los otros jóvenes salieron.

—Y yo creía que lo había visto todo —dijo el señor Frank —esto no tiene sentido.

—¿Por qué alguien querría construir una habitación donde ni siquiera se puede estar de pie? —preguntó algo asustado el señor Scott —yo me convenzo cada vez más que esto es producto de una mente enferma.

—¿Lo intentamos con la otra puerta? —preguntó Dark y Bill asintió —no trajiste tu espada, Phantom.

—Tengo mi athame.

—Con eso basta. —ambos extendieron sus manos una vez más hasta abrir la pequeña puerta que con dificultad podrían pasar cada uno de ellos.

—¿Alguien me explicará cómo hacen eso? —insistió el policía, pero nadie le respondió.

Bill se giró para mirar los ojitos asustados de su Tom, él también tenía miedo. Sabían que sin importar lo que encontraran, sus corazones se iban a estremecer, es posible que el dolor les alcanzara y les traspasara el alma de todas maneras, sin importar lo que hubiera más allá en esa habitación. Dark tomó la iniciativa e ingresó alumbrando con su celular. Era una habitación estrecha, pero que permitía caminar erguido —Yo espero acá afuera con Jensen —dijo el periodista.

—Lo siento, Scott. Es demasiada mi curiosidad. Se quedará sólo.

—Entonces prefiero seguirlo —al ingresar se dieron cuenta que la puerta tenía cerrojo por dentro, así que el pobre hombre que estaba muerto allá afuera se había quedado aprisionado en ese lugar expuesto al calor del día y al frío de la noche, sin poder cobijarse en las habitaciones.

La habitación era relativamente corta y terminaba en una pared dividida por una puerta más grande que la anterior. Dark prefirió usar la fuerza de sus músculos esta vez y giró la manecilla hasta que se abrió hacia afuera. Una corriente de aire hizo que la puerta se abriera de bruces, dejando a Dark al borde del acantilado —¡Michel, cuidado! —gritó Bill. Todos se quedaron en vilo, sin respirar. El cuerpo de Dark casi cayó desequilibrado por la corriente de aire y el cambio de presión. El mago se sostuvo fuerte de la puerta que se azotaba con el viento, Bill le sujetó de su chaqueta, y Tom sujetaba a su vez a Bill y entre los dos lograron estabilizar a Michel, que respiraba entrecortado con el miedo palpitando en su cuerpo todavía.

—¿Quién construye una puerta que da a un acantilado? —preguntó consternado el periodista.

—El mismo que hizo la otra habitación achatada. —respondió el pelinegro, todos se quedaron en silencio, qué más se podía agregar a eso. El mago se dio vuelta y cerró con fuerza la puerta, y luego indicó una puertecilla pequeña y angosta ubicada en el costado derecho de aquel corredor —sólo nos queda aquella puerta.

—Quiero ver —dijo el de melena rubia, avanzando los pocos pasos para abrirla con cierta facilidad.

—¡Tom, espera! —alcanzó a gritar el mago, pero Tom ya ingresaba al lugar iluminado apenas con la luz de su teléfono móvil.

La habitación estaba muy fría, de un negro profundo, la luz de su móvil daba una tenue claridad que no permitía reconocer los elementos que allí habían —acá hay algo —susurró Tom.

—Träumer, quédate allí —musitó Dark más allá.

—¿Träumer? —preguntó el pelinegro intentando comprender. Acercándose hasta Dark.

—Sshhhhh, Bill. —le hizo callar en un susurró Dark —Es increíble que aún no hayas advertido todo el potencial del don de Tom.

—¿Tom? —suspiró el mago, sintiendo que su pecho se apretaba cada vez más.

—¿Sería mucho pedir que alguien me explicara? —inquirió el comisario.

—Sshhh —le hizo callar Markus, mientras agregaba más luz con su celular.

Delante de Tom un bulto amorfo de restos de huesos, de telas y sogas yacía en un rincón. Dejó escapar un sollozo justo cuando todo a su alrededor comenzaba a girar. Esta vez no opuso resistencia y se dejó llevar por la molesta sensación de vértigo. Hasta que de pronto la oscuridad fue reemplazada por un día gris. Había nieve por todos lados. Hacía frío. Tom sólo se concentró en no ser visible esta vez. Y se sintió tranquilo, supo de una forma que no podía explicar, que no sería visto por nadie.

Estaba en el camino de las columnas, y dos hombres traían a un tercero atado. El prisionero tenía cabellos claros, de un hermoso dorado. Su nariz y su boca eran iguales a las de Bill y él mismo. Sangraba. Tenía una herida en su frente. Detrás de ellos reconoció a Wendt y a Storm, éste tenía algo en las manos, un martillo. Junto a ellos iba Antje llorosa, suplicante, también atada. Balbuceaba algo incomprensible para Tom. Ella estaba en shock. Se acercó hasta la mujer para escuchar lo que susurraba y alcanzó a comprender por un instante las palabras que salían de su boca —mis bebés.

Tom quería abrazarla y decirle que estaban allí, que los buscara, pero eso era imposible. Su cuerpo era tan etéreo como el aire o un pensamiento, Antje no podía verlo. Sin embargo, Storm alcanzó a percibirlo y olisqueó el aire como si fuera un perro —siento a alguien aquí —y Tom lo advirtió, así que aunque no era visible su esencia, su energía seguía presente.

—Estás paranoico Storm —le replicó el barrigón de Wendt —tú estás enloqueciendo como ese pobre tipo que viene atrás.

Detrás de ellos venía un hombre de unos setenta años, delgado, canoso, de cuerpo enjuto.

—Ese está loco y él culpa a los viajes por el tiempo, nadie le cree, pero yo sé que lo que dice es verdad.

—¡Qué! ¿lo de viajar en el tiempo? —Wednt se rió —Naaaaaaaa, eso es imposible Storm, sácate ese cuento de la cabeza.

—Recuerda, mi abuelo —le dijo como advertencia indicando con su índice. Storm le miró con la mandíbula apretada. Wendt tragó saliva, y asintió.

Tom siguió a los otros hombres. Ingresaban al patio iluminado con el techo de vidrio, y continuó detrás de ellos mientras lo llevaban a ese cuarto oscuro y frío.

—Déjenlo ahí —ordenó el Gran Maestre, mientras encendían linternas para alumbrar el lugar —Antje ¿Quieres ver lo que le va a ocurrir a tu lindo esposo?

—No, no le hagan daño —dijo ella con un hilo de voz.

Tom comprendió lo que iba a hacer el hombre —Storm, baja eso que tienes en las manos, por favor —suplicó el chico al borde del llanto, sabiendo que su súplica no sería escuchada. El Gran Maestre se detuvo por un breve momento, pero Tom supo que él no estaba ahí para impedir aquello, pues no dependía de sus manos ni de su voluntad.

—Digamos que aún no me aburro de esto —agregó Storm. Y con el grueso martillo que éste traía, golpeó a su padre hasta hacer crujir los huesos de su cabeza. Una, dos, tres veces. Tom gritó pero su voz quedaba aprisionada en su cuerpo etéreo. Un dolor más profundo e intenso del que jamás haya podido imaginar parecía que le iba arrancar el alma, sintiéndose incapaz de soportar tan terrible escena.

—¡Noooooooo! —gritaron Tom y Antje al mismo tiempo. El de coleta rubia se volvió hacia a su madre y le susurró al oído —¡Huye! ¡Corre, abre la puerta del fondo y salta!

Antje lo escuchó y antes de que los hombres pudieran reaccionar, hizo tal cual Tom le dijo. Y luego de abrir la puerta, la mujer saltó al lago congelado.

El barrigón corrió tras ella, pero sólo pudo ver el lago blanco y gris. Tom sabía que ella no moriría.

—¡La muy bruta cree que tiene una oportunidad de sobrevivir! — subió sus hombros Wendt y regresó al cuarto oscuro —¿y qué más hacemos con éste? —indicó a su padre.

—Está casi muerto. En pocos minutos dejará de existir. Vamos —dijo el Gran Maestre y salieron. —Pero ustedes se quedarán aquí —dijo Storm cerrando la puerta por fuera, y dejando prisioneros a los dos hombres que llevaban a Jörg Kaulitz. De nada valieron sus súplicas y las patadas a la puerta. No había forma de abrirla desde allí. Y nadie vendría a abrirles.

Tom se acercó a su padre, ignorando los gritos de los hombres —sé que me oyes —Jörg miró a Tom, estaba agonizando, y quiso hablar, pero de su boca no salió sonido —no intentes decir nada. No puedo ayudarte. He hecho un largo viaje para verte y encontrarte —el chico lloraba quietamente, debía hablar. Tom se concentró en el rostro ensangrentado de su padre —sólo quiero que sepas que nadie se olvidará de ti, estaremos bien, mi madre y nosotros. No dejes que tu alma se quede atrapada en este lugar. No te quedes en las sombras y vuelve a la luz. Te amamos padre. Te amamos —Jörg dio un suspiro, pronto dejaría de respirar. Mientras seguían los gritos de los hombres que aún suplicaban y golpeaban la puerta. Mucho más lejos se alcanzaban a oír las maldiciones del otro hombrecito de figura delgada, el loco. Storm los había dejado a todos allí, así no tendría el peligro de que alguien los delatara ni a él, ni a Wendt.

El desagradable remolino que comenzó a envolverlo le indicaba que ya era hora de volver. Y cuando fue consciente de que había regresado a su tiempo, simplemente se desplomó. Había perdido el conocimiento.

—¡TOM! —gritó Bill, esperando que el chico volviera en sí.

—Vamos Bill, debemos sacarlo de aquí —le habló Markus.

&

Los atardeceres en Frankfurt eran más apacibles de lo que se pudiera pensar, sin embargo a pesar de la quietud del barrio residencial algo mantenía inquieto a dos jóvenes mientras intentaban concentrarse en los quehaceres de su departamento. Durante la mañana, mientras estaban en la universidad, Andy había llamado a Gustav y a Georg señalando que Bill se había perdido y que Tom había partido en su búsqueda.

Los novios estaban ocupados redecorando y reorganizando el pequeño departamento del castaño que ahora compartirían. La conversación definitiva sobre el asunto se había desarrollado el día antes—ni pienses que sólo iré a tu casa de vez en cuando y de visita, yo quiero vivir contigo.

—De acuerdo —le había respondido el de gafas —pero me gusta tu depa… ¿vivamos ahí? Y compartimos la renta y los gastos.

Georg sonrió alegremente poniendo cara de niño. Así que en la misma noche, pocas horas después de regresar de Baviera, habían dado una breve explicación a sus familias y antes de que sus padres pudieran reaccionar, ellos ya habían comenzado la mudanza —tratamiento de choque —dijo Gustav, refiriéndose a cómo habían enfrentado la situación con sus respectivas familias —es la única forma de que nadie se interponga, y acepten las cosas tal y como son.

Ahora, sin quitar de sus cabezas el pensamiento inquietante de si Tom estaría bien o no, o si había encontrado a Bill, seguían ordenando su nuevo hogar de pareja, esperando tener noticias. Todo estaba a un paso del ring del celular. Así que cuando por fin sonó ambos dieron un brinco y se abalanzaron sobre el aparato. Ganó Georg.

—¿Hola? ¿Andy?

—Sí, pon el alta voz, así Gustav se entera también de una vez.

—Listo.

—Ok, miren, hay buenas y malas noticias. Me acaba de llamar el señor Frank y me ha dicho que ahora están en Lindau. Anduvieron por otros lados en el lago Constanza, en un lugar que no recuerdo el nombre, y hay varias cosas que me dijo Markus, pero me las dijo de prisa y no alcancé a captar todo.

Gustav rodó los ojos —entonces dinos lo que tu cerebro de mosca haya captado.

—Gracias Gus, tan dulce. Haciendo un resumen, encontraron los restos del padre de Tom y de Bill, obviamente eso quiere decir que…

—Estaba muerto —agregó Georg.

—Exacto. Tom tuvo uno de esos episodios y fue al pasado y vio los hechos tal cual sucedieron. Y lo que vio fue tan fuerte que se desmayó. Lo llevaron a un médico y éste dijo que estaba en shock, le dio unos calmantes. Y mañana se regresan a Schönau. Pasarán la noche en el hotel. Sin embargo deberán volver a Lindau para disponer de los restos de su padre una vez que termine la autopsia y luego debe continuar la investigación. Esto va a durar mucho tiempo…

—Y si le agregas a eso todo lo que aún está en curso en el mismo Schönau, hasta para nosotros que somos testigos de algunas cosas, así que para ninguno de nosotros esto se va a terminar muy luego.

—Sí. Alexa está aún en Baviera, y voy a aprovechar de ir y así luego me vengo a Berlín con ella. Creo que Tom nos necesita.

—Sí mañana nos vamos temprano.

—Yo partiré de madrugada, los voy a pasar a buscar, así que estaré por allá en las primeras horas de la mañana, para poder llegar a Schönau más o menos a la misma hora que llegarán ellos desde Lindau.

—Hecho —afirmó Gustav —nos vemos.

—Adiós.

&

—No quiero regresar mañana, Bill. Ya estoy bien.

—El médico dijo que debías descansar esta noche y vamos a seguir sus instrucciones porque es lo mejor para ti.

—¡¿Qué a nadie le interesa lo que siento o pienso yo?!

—¡Oh Dios! —se lamentó Bill —ya comenzó.

—¡¿Cómo que ya comencé?!

—¿Podrías calmarte?

—Vaya al parecer para ti es muy fácil pasar de mí. Cuando me fui de Schönau no me diste la oportunidad de hablar, ni de despedirme, ni de… —los labios del mago cerraron la boca de Tom que no se resistió al beso y lo abrazó haciendo desaparecer la distancia entre ambos cuerpos. Los boca húmeda y tibia del mago junto al excitante contraste frío de la bolita del piercing en su lengua le estaban haciendo olvidar el por qué tenía tanta rabia y el dolor de la visión del horrible fin de su padre. Se separaron sin dejar de mirarse. Tom sintiendo la caricia suave de los dedos del mago en su mejilla. Bill disfrutando de la mirada marrón de su amado —no quiero estar aquí, quiero estar en Liz Garten.

—Pero ya es muy tarde Tom. Amor, por favor. Descansemos aquí. El hotel es cómodo. Y mañana partimos temprano.

—Al amanecer.

—Al amanecer —confirmó el pelinegro —te lo prometo.

Luego de cenar y de una larga ducha tibia, llena de besos y de caricias que no tenían el propósito de ir más allá, se fueron a dormir, abrazados, sin dejar de besarse hasta que el sueño los venció —te amo —susurró Tom antes de quedarse dormido. Bill sonrió feliz, sintiendo por fin paz en su corazón luego de tantas horas de extrañarle.

&

—Bill —susurraba el rubio de melena —Bill… Bill… ¡Biiiiiiiilllll! —terminó gritando.

—¡QUÉ! —gritó el mago sobresaltado y sentándose de bruces en la cama —¡Qué- qué pasó! ¡Estás bien?—volvió a preguntar, pero al ver a Tom a su lado también sentado en la cama se tranquilizó.

—¿Yo? Muy bien.

—Entonces, ¿por qué me despiertas a esta hora? —Bill miró el reloj sobre la mesita de noche. Eran pasadas las seis de la mañana.

Y Tom señaló la ventana con su boca, y luego agregó —mira la ventana.

—¿Qué hay ahí?

—¡Que todo tenga que aclararlo yo! — Tom meneó la cabeza fastidiado.

—¡Pero si yo veo que la ventana está estupenda!

—Estupenda, estupenda. Qué muchacho más lento —farfulló el de melena rubia poniéndose una mano en la frente —¿Cómo no te das cuenta? —y Bill negó con la cabeza. De verdad, no tenía idea de qué hablaba Tom ¿acaso estaba sonámbulo y quizás sumido en otro tiempo y espacio?

—Tom, no sé de qué mierdas estás hablando.

Tom agarró con firmeza el mentón de Bill girando su cara hacia la ventana con brusquedad —¡Mira, mira! ¡Bill, YA – A – MA – NE – CIÓ!

—¡Aaaaaaaaaahhhh! ¿y por qué en vez de hacer este tremendo escándalo no me despiertas y me lo dices de manera civilizada?

—Ya lo intenté —respondió Tom mientras se bajaba de la cama y partía al baño.

—¡¿Lo intentaste?! —Bill ya estaba perdiendo su paciencia.

—Sí, llama a Markus y a Dark por si se quieren ir con nosotros —señaló el de melena rubia desde el baño.

—¡¿Y cuándo intentaste despertarme de manera más civilizada si es que se puede saber?!

—Pues cuando estabas durmiendo, obvio. Dios, estás peor cada día. Es lógico que no puedo despertarte si no estás durmiendo, por lo tanto cuando intenté despertarte estabas profundamente dormido y por eso es que no recuerdas porque estabas…

—¡Cállate, cállate! —dijo el mago rodeando a Tom con sus brazos y besando su boca con fuerza. Mientras que con sus manos jaló con fuerza el pene de Tom.

—¡No, no! Se nos hará tarde.

—Claro que quieres.

—No quiero.

—¡Te mueres por un polvo!

—¡Imaginaciones tuyas! —respondió Tom, saliendo del baño.

—¡No te terminaste de duchar! ¡Ven!

—¡No lo necesito! ¡Ya estoy limpiecito!

Bill apoyó su cabeza en la baldosa de la pared de la ducha repitiendo en un murmullo —paciencia, paciencia, paciencia —mientras el agua tibia caía por su espalda y sus caderas.

—¡Apúrate que si no ya no nos iremos de amanecida!

—¿Cuál es la diferencia Tom? —preguntó el mago resignado desde la ducha.

—Que si no hubieses prometido que nos iríamos al amanecer pues no lo estaría recordando, porque si nos vamos cuando el sol esté ya arriba mejor hubiéramos dicho en la mañana, en la mañana, y no al amanecer…

—¡Tom qué te pasa!

—¿A mí? Nada. Sólo que me quiero ir ya.

—No entiendo tu urgencia —dijo Bill mientras se secaba con una toalla.

—¡Oye, dejé todo detenido en Berlín y en Frankfurt por venir por ti!

—¡Yo no te pedí venir! ¡Y si tanto te molesta puedes volver inmediatamente! —y Tom comenzó a hacer pucheros y se le cristalizaron los ojos —lo- lo lamento Tom —y se acercó a Tom y lo abrazó una vez más —perdóname.

—Lo sé, lo sé. Yo soy desagradable también. Yo sólo quiero… quiero… —Bill apartó su rostro y lo miró interrogante instándolo a seguir. Tom se secó los ojos con las palmas de sus manos Bill aún lo abrazaba por la cintura —yo sólo quiero sentir que tú me amas, que me sigues amando, que te importo más que nada. Tengo mi corazón destrozado, mi mente regresa una y otra vez hasta ese momento horrible que presencié. La muerte de nuestro padre…

—Tom, mi vida, primero debes considerar lo siguiente, ¿cómo puedes pensar que después de que me iba a casar contigo, y de que se me desangrara el corazón al verte partir, hoy ya no te iba a amar con la misma desesperación que lo hacía hace tres días? Y luego, está todo lo terrible que hemos vivido…

—Sí, soy un estúpido inseguro —interrumpió Tom —Sólo que ahora al ver tu insistencia por… —hizo una pausa —creí que era sexo, y yo… yo… ya sé que me comporto como una nena. Eso estoy haciendo ahora —refunfuñó y se fue a sentar al borde de la cama.

—Yo también me siento inseguro ¿sabes? Yo también necesito saber que me amas, escucharlo, sentirlo. Y se me hace agua la boca… —acercó su rostro insinuante.

El ring del teléfono les interrumpió. Bill cogió el auricular y respondió —¿Sí? ¡Markus! Sí, estamos casi listos… okey ya estamos bajando.

—¿Nos esperan? —inquirió Tom, Bill asintió —ok, ya no tenemos oportunidad de hacer nada —sonrió resignado.

Bill acarició su rostro —no importa amor, ya habrá algún momento.—rió alegre el mago, pero luego su semblante cambió. Una leve sombra recorrió un gesto que quiso parecer una sonrisa, pero que terminó en mueca —Tom —el muchacho lo miró expectante —Tom, no intentes encubrir el dolor que te causó lo que viste ayer. Ahora parece como si no doliera tanto, pero yo sé que en algún momento azotará tu mente y tu corazón.

—No quiero hablar de eso. —movió su cabeza el de melena rubia bajando la mirada.

—Está bien, está bien. Pero cuando quieras hablar pondré todo mi esfuerzo por escucharte. —y Tom sonrió complacido depositando un breve beso en los labios de Bill.

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El viaje de regreso fue plácido. Sabían ya que lo más probable es que tendrían que regresar a Lindau al día siguiente para recibir los restos de su padre que estaban en la morgue en ese momento. Pero por ahora querían estar lejos de allí, más cerca de su madre, más cerca de lo que les había sido común en su corta historia de amor en el presente.

Tom condujo de regreso y Bill se dedicó a dormir parte del camino. Y aunque casi no conversaron, para Tom fue agradable sentir la respiración pausada de Bill. Sólo veinticuatro horas antes había conducido con el alma en un hilo hacia Schönau, temiendo mil cosas, intentando anticiparse a los hechos. Lamentablemente, él aún no sabía controlar ese don recién descubierto. Pero ahora a pesar de los horribles recuerdos de aquella visión de su padre siendo martirizado, se sentía tranquilo sabiendo que los episodios oscuros de su vida y de su familia estaban saliendo a la luz. Intentó imaginar cómo hubiera sido si en vez de partir hasta Baviera para vacacionar hubiesen ido a alguna isla del mediterráneo como deseaba Georg en un principio, sin embargo, las múltiples obligaciones de todos habían truncado sus planes, cambiándolos por un “agradable” fin semana en el lago Köningsee para pescar. Sonrió y miró a Bill que suspiró y se acomodó en el asiento. Las cosas pasan por algo, pensó el de melena rubia.

Llegaron a media mañana. Se detuvieron cerca de la entrada de servicio, Bill aún dormía. Tom lo observó y acarició suavemente sus cabellos. Me alegro de verte con tu cabello largo todavía, pensó y sonrió. Anton salió vociferando, parecía ama de casa con un delantal de cocina puesto. Se notaba que realmente estaba feliz de verlos. Bill se despertó algo sobresaltado por sus gritos y al extrañar el ronronear del motor y el vaivén del todo terreno. Tom le sonrió y el mago se desperezó estirando sus músculos sin pudor —hemos llegado cariño —le anunció el de melena.

Anton les esperaba con un suculento desayuno. Sentados alrededor de la amplia mesa de la cocina, Anton escuchaba los terribles relatos de Markus y Bill. Tom, lo mismo que Dark, guardó silencio, pero nadie le hizo preguntas, así que no tuvo oportunidad de sentirse incómodo.

El sonido de un motor les llamó la atención. Anton se asomó por la ventana de la cocina —¡Adivinen quiénes llegaron! —el rostro de Tom se iluminó y salió corriendo. Sus amigos habían venido por él.

La algarabía de los cuatro chicos hizo reír a los demás. En cambio para Bill tuvo un extraño efecto dejavú. Junto a los tres chicos universitarios venía Alexa, Andreas había pasado a buscarla.

—¿Desayuno? —preguntó alegre Anton Berg.

—Un café —dijo Georg mirando a los otros que asintieron y casi al unísono repitieron —un café.

Y allí estaban todos en la cocina una vez más. Tom eludiendo el tema de los hallazgos en Schiff, había comenzado a relatar la entrevista con el profesor Frederick. Todos se mostraron entusiasmados con el ofrecimiento, menos Bill —¿y qué vas a responder este viernes? —fue su escueta pregunta.

—No… no lo he pensado todavía.

—No me extraña Tom.

—Bill, no he tenido tiempo. Desde que partí de Berlín mi preocupación fuiste tú, incluso estando en Frankfurt, mientras hablaba con el profesor. Yo…

Bill se puso de pie —permiso.

—¡Bill te estoy hablando! ¡Bill! —el mago ya salía de la cocina rumbo al exterior. —¡Maldita sea! —exclamó fuera de sí el de melena rubia. —¡Bill dime qué ganas con que yo te siga por todos lados!

El pelinegro se dio vuelta y lo miró extrañado —es que no te entiendo, no, no, más bien no me entiendo a mi mismo —se volvió a girar sobre sus talones y retomó su camino hacia los jardines.

—¡¿Qué es lo que no entiendes?! ¡Retrasado mental!

Bill volvió a interrumpir sus pasos, retrocediendo el par de metros que lo separaba de Tom —¿Retrasado mental yo? Y tú ahora te crees muy intelectual porque te convertirás en un académico universitario sin haber obtenido aún tu título profesional, sin haber obtenido los grados que…

—¡¿Y tú qué has hecho?! ¡Sólo manipular mi vida desde que te conocí, te las has arreglado para que yo interrumpa mis planes sólo para partir detrás de ti. Empezando por ese sueño estúpido que tuve ayer, que yo sé bien que tú metiste en mi cabeza de manera misteriosa y desde entonces estoy corriendo tras tuyo una vez más temiendo, temiendo…!

—¡¿De qué sueño me hablas?! Es tu cabecita loca la que se va a meter quizás dónde. Yo de eso no sé nada, y por esta vez no me interesa escuchar tus relatos. ¡Obsesivo!

—¡Retrasado!

—¡Infantil!

—¡Amargado!

—¡Nenaza!

—¡Imbecil! —le replicó Tom abalanzándose sobre Bill con tal fuerza que cayeron los dos de bruces.

El resto del grupo los miraban desde la entrada del patio de servicio —¿Creen que debamos separarlos? —preguntó preocupado Anton.

Y los demás que ya estaban bastantes entretenidos con el forcejeo de los gemelos respondieron al mismo tiempo —¡Nooo!

—Necesitan descargar la tensión acumulada —agregó el administrador, y Anton le devolvió una mirada curiosa.

Mientras los dos se revolcaban en el suelo arenoso. Ambos se habían agarrado del cabello del otro —¡retráctate de tus palabras, maldito! —le gritaba Tom encima de Bill, mientras ambos cuerpos rodaban por el suelo áspero, levantando polvo.

—¡Si me sigues diciendo maldito ni pienses que me voy a retractar! —replicó el mago que hacía intentos por atrapar las piernas de Tom entre las suyas.

—Esta es la pelea de chicos más extraña que he visto —dijo el historiador.

—Anton, no están tratando de matarse —le aclaró Markus —es sólo tensión sexual… ya verás.

—¡¿Aaaahhh?! —exclamó Andreas sin entender de qué hablaba el administrador.

Y efectivamente, Tom no sabía por qué, entre tanto forcejeo había comenzado a sentir que la sangre fluía muy fuertemente en cierta parte del cuerpo, sintiendo el cosquilleo ya tan conocido y eso le provocaba más rabia consigo mismo que con Bill. Cuando la erección se hizo evidente para sí mismo acrecentaba sus fuerzas por mantener separado su cuerpo del de Bill, mientras el mago intentaba acercarlo como fuera, estando a veces arriba y otras abajo. Tom comenzó a sufrir deseando que Bill no se diera cuenta de su erección, pues para el chico berlinés eso significaría una especie de derrota. De pronto, entre voltereta y voltereta, quedó arriba y su pelvis se apegó al muslo derecho de Bill y éste lo sintió —¡te excitaste! —le gritó con voz ronca, sintiéndose sorprendido. Y Tom aprovechó esa instancia para soltarse del mago y comenzar a correr hacia la mansión pasando junto al grupo como si fuera un cohete. Detrás comenzó a correr Bill —¡Espera! —gritó, pasando segundos después junto al grupo para desaparecer dentro de la mansión.

—Se los dije —señaló Markus —ahora van a estar ocupados. Les hará bien.

Continuará…

por administrador

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