CAPÍTULO 34 (Segunda Parte)
Y efectivamente, Tom no sabía por qué, entre tanto forcejeo había comenzado a sentir que la sangre fluía muy fuertemente en cierta parte del cuerpo, sintiendo el cosquilleo ya tan conocido y eso le provocaba más rabia consigo mismo que con Bill. Cuando la erección se hizo evidente para sí mismo acrecentaba sus fuerzas por mantener separado su cuerpo del de Bill, mientras el mago intentaba acercarlo como fuera, estando a veces arriba y otras abajo. Tom comenzó a sufrir deseando que Bill no se diera cuenta de su erección, pues para el chico berlinés eso significaría una especie de derrota. De pronto, entre voltereta y voltereta, quedó arriba y su pelvis se apegó al muslo derecho de Bill y éste lo sintió —¡te excitaste! —le gritó con voz ronca, sintiéndose sorprendido. Y Tom aprovechó esa instancia para soltarse del mago y comenzar a correr hacia la mansión pasando junto al grupo como si fuera un cohete. Detrás comenzó a correr Bill —¡Espera! —gritó, pasando segundos después junto al grupo para desaparecer dentro de la mansión.
—Se los dije —señaló Markus —ahora van a estar ocupados. Les hará bien.
Tom corrió repasando mil posibilidades para esconderse, pero Bill le seguía muy de cerca, y el de melena rubia pensando en cómo evadirlo perdía velocidad. Por último entró a un cuarto de la segunda planta y le puso cerrojo. Con el estómago apretado y el corazón a mil vio que el cerrojo comenzaba a ceder. Bill podía abrir las puertas, recordó Tom, y comenzó a retroceder sabiendo que no tenía dónde esconderse. Repentinamente, la puerta se abrió de golpe, y una risita floja se escapó de los labios de Tom. —Bien —dijo Bill aún de pie en el umbral de la puerta —tenemos un asunto pendiente y eso lo vamos a solucionar ahora ¿acaso crees que puedes escaparte de mí?
—Sí —respondió entre risas.
—¿Sí? —repitió el mago caminando lentamente, mientras la puerta se volvía a cerrar suavemente.
—¡No!
—¡No! ¿Sí o no? ¡Decídete Tom! —Tom se reía mientras caminaba en círculos buscando algún escondite, inútil dada las circunstancias, o alguna vía de escape. Pensó en la ventana, pero el mago se le adelantó y alzó la mano cerrándola herméticamente. Sus pasos se acercaban lentamente.
—¡Auxilio! —exclamó a media voz Tom.
—Mmmmmm me parece que eso es un poco iluso ¿no crees? Sobre todo porque todos saben que te gusta y anhelas lo que te va a pasar ahora.
—No —respondió riéndose el universitario.
—¿No? —repitió el mago con voz ronca y melosa.
—¡No sé! ¡Me pones nervioso!
—¿Ahora te pongo nervioso? Pero yo sé que tienes ganas —dijo Bill ya muy cerca de Tom, acorralándolo luego hacia la pared y aprisionándolo con su cuerpo. Tom pudo sentir su erección. Y allí estaba de nuevo, como la primera vez, apegado a la pared y Bill apegado a él.
El mago comenzó a pasarle la lengua por el cuello haciendo estremecer al chico —Bill… —musitó Tom mientras su cuerpo se estremecía al sensual tacto tibio y húmedo de la boca de Bill.
—Vamos, Tom. Dime de qué tienes ganas.
—No te voy a decir —se rió.
—Entonces lo descubriré yo —y lo arrojó sobre la cama con suavidad y sobre él se puso Bill. Comenzó a desnudarlo mientras Tom intentaba colocarse la ropa de nuevo. Pero el mago firmemente sentado sobre las caderas del de melena le impedía moverse con libertad. Con cierta rudeza le pudo sacar el suéter que llevaba puesto, y luego comenzó a soltarle el pantalón mientras lamía con insistencia los pezones de Tom. Y se dejó hacer, se había rendido. Y cuando la lengua cálida recorrió su extensión un gemido quejumbroso salió de su boca.
Bill le terminó de quitar el pantalón mientras se quitaba su propia ropa. No habían ganas de tanto preámbulo. Tom estaba ansioso de sentirlo dentro y sin decirlo Bill lo comprendió. El de melena se hizo hacia atrás apoyando su espalda en el respaldo de la cama, medio sentado y abrió su piernas poniendo sus genitales a la vista de Bill —no tenemos lubricante —dijo el mago buscando con la mirada, de pronto reparó en un aceite de coco para el cabello que había sobre un mueble, y recién en ese momento se dieron cuenta que estaban en la alcoba de Anton, pues él usaba esos productos para fortalecer su cabellera. Bill se rió pero no le dio importancia, la naturaleza llamaba, el resto podía esperar —eso servirá —dijo saltando como gacela y regresando junto a Tom antes de que éste volviera a pestañear.
Bill embadurnó su sexo y lo mismo hizo con el de Tom, luego con sus dedos húmedos con el aceite comenzó a explorar la entrada de su amado, y éste respondía con pequeños gemidos. El miembro de Bill palpitaba de deseo, lo mismo que el de Tom —Bill, Bill —gimoteó Tom —entra… hazlo.
El mago puso su pene en la entrada de Tom y lentamente fue penetrando, permitiéndole al chico acostumbrarse a la intromisión en su cuerpo. Tom se sujetó del respaldo pasando sus manos por sobre sus hombros mientras mantenía su pelvis expuesta, y conservar así la posición a pesar de las embestidas de Bill, que comenzaron a ser cada vez más aceleradas.
Cada roce en su próstata le dejaba sin aliento, y el placer le hacía estremecer y gemir, rindiéndose a la expresión de su cuerpo, dejando libres sus gemidos que escapaban por su boca abierta, sus ojos entrecerrados, rasgados por las placenteras sensaciones que dejaban el rítmico movimiento del pene de Bill dentro de sus entrañas, mientras éste con una de sus manos masturbaba y acariciaba toda la extensión y los testículos de Tom. Bill le decía cosas que Tom no llegaba a comprender extasiado y ahogado en su propio delirio. Sentía la boca cálida y húmeda de Bill como su sexo, recorriendo sus labios y sus mejillas —sigue… sigue… —le gemía en su cara, sobre la boca abierta de su amado —Bill sigue… —y de pronto como una imagen lejana ve a dos personas paradas en el umbral de la puerta con rostros consternados, pero Tom no pudo reaccionar, en ese instante estaba sumergido en el más exquisito placer y no quería salir de allí, como si estuviera en un trance flotando sobre una nube de color rosa donde se sentía pleno, lleno, satisfecho, pero queriendo más y no se iba a detener aunque una parte de su cerebro pudo al fin reconocer que aquellos que estaban de pie mirándolo eran sus padres.
La madre de Tom veía que su retoño tenía las mejillas sonrojadas, y estaba gimoteando como un poseso, mientras otro chico de cabellos oscuros estaba entre sus piernas moviendo su pelvis y sus caderas frenéticamente. Los ojos entrecerrados de Tom se fijaron en los choqueados ojos de sus padres, pero no se detuvo, ni le dijo a su amado que lo hiciera, siguió allí gimiendo y pidiendo más. La madre de Tom alcanzó a distinguir la mano de Bill que no dejaba de masajear el pene de su hijo, y percibió los temblores de su cuerpo propios del orgasmo que estaba viviendo —a- a- a- a mi hijo se lo están montando —susurró la mujer.
—Vamos cariño dejémoslos solos —dijo el padre mientras desde dentro se escuchaban los gritos de los dos jóvenes que llegaban al orgasmo. Y por el contrario de lo que los padres pudieran imaginar, el orgasmo no parecía terminar, pues incluso mientras bajaban la escala aún podían escucharlos como si fuera un castigo.
Cuando llegaron a la cocina todo el grupo estaba pálido —les dije que era mejor que esperaran aquí —les reprochó Markus.
—Pero yo pensé que tal vez mi hijo estaba en problemas —dijo la madre.
—En problemas va a estar cuando llegue hasta aquí —replicó el señor Trümper.
—Bueno, es que yo sabía, pero no pensé que estaría en esas… —agregó la madre.
—La verdad, es que han pasado por mucho y bueno… es mejor que se tranquilicen —les pidió Anton.
—No creo que pueda olvidar la imagen de mi hijo con ese gesto de orgasmo en su cara ¡y no por una chica sino que por un hombre! —replicó el padre de Tom.
Markus comprendió que el padre de Tom no aceptaría aquella situación tan fácilmente —Señor Trümper, le puedo asegurar, que ese es sólo un detalle anecdótico. Cuando se entere de todo lo demás, esto pasará a segundo plano.
—¡¿A segundo plano?! ¡Qué clase de pervertidos cree que somos!, ¿o usted piensa que nosotros criamos a ese niño sin moral y sin principios? —gritó señalando hacia las habitaciones —¡Qué clase de personas son ustedes! —el señor Frank no replicó, era obvio que el padre de Tom estaba fuera de sí. La madre en cambio permanecía con la mirada en algún punto indeterminado y sin decir nada. Un instante de silencio, y luego el hombre hizo esfuerzos para calmar su respiración —Perdón, perdón. Mi hijo es un hombre grande ya. Lo siento. ¿Me podría adelantar algo, qué es, de qué se trata todo esto?
—No señor Trümper. Es mejor que lo que tenga que decirle Tom, lo haga él mismo.
&
Tom no quería bajar, una vez pasado el efecto casi insano del orgasmo, caía en la cuenta y le costaba asumir que debía enfrentar a su padre adoptivo sabiendo que éste no podría quitarse la imagen de su hijo amado gimoteando de gusto con el falo de otro hombre metido en su trasero. ¿A quién le gustaba ser observado en tales trances? A muy pocos y Tom no era uno de ellos… eso pensaba él.
Que su madre ya hubiera sabido la verdad la había librado de una muerte súbita por infarto, pero no la libraba del shock en el que con seguridad estaba. Y una vez duchado, ordenado y re compuesto, se volvía a acomodar su coleta, salió incluso hasta el pasillo, y acobardado al alcanzar a escuchar la voces alteradas desde la cocina cuando iba por la escalera, se había regresado al cuarto donde Bill se le quedó mirando curioso mientras se terminaba de arreglar el cabello que aún lo tenía algo húmedo —¿estás asustado? —preguntó.
—¿Y tú no me vas a acompañar? Mi padre se debe estar figurando que es una calentura y que soy un puto de mierda. Se supone que te vas a casar conmigo y que eres mi sangre ¿cómo has pensado que pueda enfrentar esto solo?
—Bebé, yo ya casi terminaba. Pero tú, contrario a tu costumbre, te has demorado menos que nunca para estar listo. Nunca pensé dejarte solo con todo este problema.
—Yo no soy lento para arreglarme y hoy me he demorado lo mismo de siempre.
—Sí, claro. —dijo Bill rodando los ojos.
—¿Vas a bajar conmigo, sí o no? —y Bill soltando el secador del cabello, se acercó a Tom y le tomó la mano.
—Vamos.
Cada paso por el pasillo, cada escalón que bajaban significaba un progresivo aumento de la frecuencia cardiaca para ambos jóvenes. Tom pensaba que ese era el momento más difícil que le había tocado vivir jamás. Sus padres le eran sagrados, y sentía que de algún modo les había fallado. De pronto ya no era más el hijo perfecto.
Sin soltarse de la mano, la pareja caminó hasta de donde escapaba el sonido de las voces de sus padres y los otros.
Cuando Bill y Tom cruzaron la puerta, un silencio pesado se adueñó de la cocina. Todos enmudecieron y acto seguido se excusaron y fueron saliendo de la habitación hacia el patio de servicio.
—Hola —dijo Tom apenas levantando los ojos un segundo para luego recorrer con su vista las sillas, la mesa, las paredes, cualquier lugar menos los ojos de sus padres —él es Bill, mi novio —agregó un segundo después.
—Tu madre trató de convencerme de no venir, pero yo… yo, terco como soy, insistí porque me parecía extraño que dejaras todo, otra vez y te vinieras hasta el fin de Alemania. Tu madre me dijo que era que estabas preocupado por un amigo. Y yo imaginando que tenías un gran problema… —el señor Trümper apretó los labios incapaz de seguir, sus ojos se humedecieron.
—Querido, por favor…
—Déjame seguir —le suplicó el hombre a su mujer en un susurro lleno de amargura —y yo pensando que estabas en un problema, no dudé en seguirte para ayudarte y protegerte, aunque eres mayor ya, sigues siendo mi pequeño. ¡Y qué me encuentro! ¡¿Ah?! —Tom no quería mirarlo, y sólo la fuerza que le daba el agarre de la mano de Bill impedía que cayera al suelo. No se habían movido y aún seguían cerca de la puerta, tiesos y blancos como dos estatuas de sal. Dos metros más allá las figuras de un hombre de unos cuarenta años, delgado, alto, de cabello castaño, atractivo, y junto a él una mujer un poco más baja, de apariencia dulce, de cabellos rubios y ondulados. Ella no quería mirar a su hijo y se había propuesto intervenir sólo si la discusión se salía de cauce. Siempre lo habían hecho así, cuando ella debía amonestar a Tom, el padre se mantenía al margen, sin intervenir, y les había resultado, pues Tom se había caracterizado por ser un chico responsable, ordenado y bastante tranquilo para el promedio —¡Dime Tom! ¡¿Con qué me encuentro?! ¡¿Que mi hijo se estaba revolcando con otro hombre?!
—¡Eso no es así! —replicó Bill dolido.
—¡No interfiera jovencito! No creo que tenga el derecho de opinar aquí.
—Sí la tiene papá —refutó Tom con voz ronca y bastante calmada.
—¡¿Co-cómo?! ¿Escuché bien?
—Bill y yo nos vamos a casar, no se cuándo, tal vez pronto, tal vez dentro un tiempo. De hecho estuve a punto de hacerlo este sábado que pasó, pero no lo hice por respeto a ustedes…
—¡Vaya! Por lo menos algo de cordura.
—Papá, me voy a casar de todos modos. Con tu venia o sin ella. Pero pensé que sería mejor que lo supieras antes, y no después de que todo estuviera ya consumado…
—¿Dime en qué me equivoqué? —el padre miraba al chico con rabia y dolor, pero también con compasión —porque tú no eras… a ti te gustaban las chicas y…
—Pero las personas cambiamos, o bien descubrimos que…
—¡Tú no has cambiado! Tú sigues siendo mi Tom. ¡Y lo único que puedo pensar es que este degenerado maricón te transformó! —vociferó señalando con el índice a Bill.
El mago se estremeció ante las duras palabras del padre del universitario, pero no se dejó vencer por la rabia. Debía concentrarse en su amor por Tom —yo he amado a su hijo desde mi primer aliento en esta vida, incluso desde antes de nacer, desde antes de morir y antes de volver a nacer. Usted puede pensar lo que quiera, pero no me conoce, y lamentablemente tampoco conoce toda la verdad de su propio hijo. Tom y yo nos pertenecemos. Debería preguntarse qué más hay, por qué estamos aquí, qué es este lugar, y por qué él tuvo que volver.
—Mire usted joven…
—Su nombre es Bill papá.
—¡Me importa un rábano cómo se llame, pero yo no voy a dejar que manipule la mente de mi hijo que…!
—Papá deja de decir sandeces y ven conmigo… ¡vengan todos! —y Tom soltó la mano de Bill y salió raudo de la cocina seguido del mago y de sus padres. Tom no se detuvo hasta que llegó al hall de la mansión-museo. Y abrió los brazos y miró al cielo raso señalando la gran lámpara de lágrimas —¡¿No les parece hermoso todo esto?
—¡Tom, no estamos aquí para un tour! —le reprendió su madre —¡Tú papá estaba hablando de algo serio!
—¡Miren el decorado! ¿No les gusta?
—¡Tom! —le volvió a llamar la atención su padre.
—¡Si les gusta qué bueno, porque todo esto es mío! ¡Míooooo! —gritó el de melena sin dejar de girar con las manos alzadas.
—¿Te volviste loco? —le interrogó ahora su padre más asustado que molesto.
—No. Tom está bien, y ha dicho la verdad —replicó el pelinegro —todo esto es suyo. Es una herencia. —a los padres se les desencajó la cara.
—¿Qué? —dijeron en murmullo, totalmente incrédulos.
—Señor Trümper, es verdad —confirmó el mago.
—Ven papá, mamá. Vengan. Quiero mostrarles algo. Les voy a mostrar lo que me cambió la vida. —y caminó rápidamente hacia el salón, y continuó hasta el fondo, una vez allí se detuvo delante de la chimenea y señaló el gran cuadro que estaba sobre ella —vean, este es un cuadro de 1864, y quien está allí es Bill Kaulitz —los padres se acercaron y sus ojos casi se les salen de las cuencas al ver al que estaba allí en el cuadro. Y luego se dieron vuelta para mirar a Bill.
—No entiendo —dijo la mujer en un susurro —¿no es usted? —le preguntó al mago.
—Sí y no.
—¿Pero qué tiene que ver esto con el espectáculo que nos hiciste presenciar hace un momento Tom?
—Todo, papá, todo. Si quieres entenderme, me vas a escuchar. Él es Bill del 1864 —y señaló al cuadro, y luego se giró y apuntó a su novio —y este es Bill del 2009. Ambos son el mismo, pero diferentes. Vengan acá —y salió del salón, cruzó el hall y se dirigió hasta la biblioteca. Sus padres le siguieron totalmente desconcertados. Se acercó hasta el cuadro y dejó que sus padres palidecieran un poco más, para luego continuar —Sí, ese es el Tom del 1863. Yo… —y señaló su propio pecho con rostro sonriente.
Su madre se giró y lo miró espantada, con los ojos lacrimosos y enrojecidos —pero el parecido es sólo coincidencia… ¿verdad? —y Tom negó con la cabeza —pero… no entiendo… ¿cómo es posible?
—No lo sé, mamá. Pero Bill y yo volvimos a nacer, y también nuestros enemigos. En estas semanas hemos sido atacados de distintas formas sólo por lo que somos, por quienes somos, y por el secreto que guarda esta casa. No te pido que lo entiendas ahora porque para mí ha sido difícil también y no menos traumático. Apenas vi a Bill en esa noche de tormenta renació en esta vida el amor que le tenía hace siglos. Ellos se amaban y Tom fue asesinado, un año más tarde Bill murió envenenado y en soledad. Esta es nuestra oportunidad para poder ser felices, y si debemos quedarnos solos para lograrlo, lo haremos.
—Pero ellos tenían el mismo apellido ¿eran parientes?
—Hermanos gemelos señor Trümper. Ellos eran los gemelos Kaulitz —respondió el pelinegro.
—Tal como lo seguimos siendo en esta vida —agregó Tom. Y luego de eso el muchacho juró que podía escuchar los latidos de los corazones de sus padres —lo siento papá… mamá. Yo sé que esto es duro, pero…
—¿Qué dices? —gimió la madre.
—Mamá, mamá —y la abrazó —ya sé, ya sé —y la mujer soltó un sollozo en el cuello de su hijo.
—No, no, no.
—Shhhh —la calmó Tom —no me duele, por el contrario… —el padre se fue a sentar en uno de los sillones con la cabeza gacha y dejando que las lágrimas corrieran por su rostro. Sentía que perdía a su hijo en más formas de las que había temido jamás. —yo los amo aún, y no quiero que piensen que les he perdido el respeto, valoro infinitamente que me hayan elegido de entre tantos bebés, y que no hicieran intentos por cambiarme el nombre. Agradezco que me hayan colmado de amor, atenciones y cuidados, algo que mi gemelo no tuvo casi. Y no quiero que se les cruce por la mente la tonta idea de que me quiera alejar de ustedes. Pero en estos días —y se separó un poco de su madre para mirarla —mamá tú sabes que me ha costado mucho hacer lo que debo hacer, he sentido mucho miedo de que ustedes no pudieran sufrir, no quería herirlos, y en este intento casi pierdo a Bill. Yo sin él no puedo vivir. Es mi gemelo, mi amante, mi amado, mi novio, y será mi esposo, cueste lo que cueste. Ese ha sido nuestro sueño desde la otra vida. Hace siglos. No pido que lo entiendan y lo acepten en este instante. Pero denme una oportunidad. De otra manera no seré feliz.
El silencio era interrumpido sólo por los sollozos de sus padres y Tom sentía que se le desangraba el corazón.
—Quiero saberlo todo —exigió el señor Trümper.
—Bill les puede explicar, esta es su historia también, y la verdad es que si nuestros enemigos no lo hubieran separado de mí, seguramente ustedes nos habrían adoptado a ambos.
—De acuerdo, Bill explícanos. —dijo la madre que se fue a sentar junto al señor Trümper.
&
Georg se mordía las uñas, una mala costumbre, según él, aprendida y copiada de Gustav. No era lo único que se le había “pegado” de su noviecito, pero en este instante era el único rasgo que podía permitir que los demás vieran que se le “pegó” del de gafas.
Andreas se paseaba de un lado a otro fumando un cigarrillo esperando que eso lo tranquilizara. Los hombres mayores junto a Alexa intentaban en vano de que la ansiedad de los tres jóvenes bajara.
—Ya verán que salen de allí todos amigos y felices —se trataba de convencer Anton.
—La mamá de Tom es una señora más open minded, pero el papá tsssss —dijo Gustav apretando los dientes —es homófobo. Yo creo que se va a morir cuando sepa que los amigos de su hijo cortaron por el mismo camino.
Georg se arregló el cabello, en un gesto nervioso, pasándose un mechón por detrás de la oreja izquierda —eso ya es difícil, pero lo terrible es cuando se enteren de que Tom ya sabe que es adoptado y…
—¡Uff sí! —le interrumpió Andreas —y peor será cuando se enteren de que ya encontraron a su madre, que está viva…
—¡No, no! —exclamó Gustav —¡Cuando sepan que Bill y Tom son gemelos! ¡uff, uff, uff!
—Pobre Tom, no quisiera estar en su pellejo —concluyó Andreas. Georg y Gustav continuaron mordiéndose las uñas.
—¡Vamos! ¡No sean tan pesimistas! —les llamó la atención Markus —existe algo que se llama “amor de padres”.
—Exacto —reafirmó el historiador.
—Bueno, yo no puedo decir que eso existe siempre —agregó la Dama del Lago —pero en este caso siento que es así. Esos padres han debido amar mucho a Tom.
—Para aguantarlo… —cortó el de gafas entre risitas.
—¡Ay Gus! —le palmoteó el brazo el castaño —¡Cómo puedes decir eso!
—¿Cuánto llevan conversando? —inquirió el administrador.
—Llevan ahí como una hora —le respondió Georg.
—Una hora con diez minutos para ser exactos —aclaró Andreas mientras apagaba el resto del cigarrillo.
El señor Frank se rascó la cabeza —Ya es casi la hora del almuerzo y no hemos hecho nada.
Georg sonrió y salivó con la ocurrencia que tuvo —¿Pedimos unas pizzas?
—¡Bien! —respondieron los demás —vegetarianas, carnívoras, de todo —especificó el de gafas.
Y todos regresaron a la cocina. Dentro de la casa había mucho silencio —¿dónde estarán? —preguntó con curiosidad el castaño en un susurro —¿se habrán ido?
—No creo, deben estar adentro, en las recámaras o en los salones —respondió Gustav en otro murmullo.
—¿Por qué susurran? —musitó apenas el rubio.
—Para que no nos escuchen los Trümper, Andy… es obvio —contestó Georg rodando los ojos. Y el otro chico hizo una mueca de no entender nada.
—Pero si están a tantos metros —insistió Andreas.
Los pasos por el pasillo llamaron la atención de los hombres mayores —¡acabo de pedir las pizzas! —dijo alegre Alexa.
—¡Sshhhhh! —le hizo callar el administrador y apuntó hacia la puerta con su mano. De pronto aparecieron Bill, Tom y los padres adoptivos de éste.
La mujer se enjugaba las lágrimas con un pañuelo, el padre estaba pálido como papel, mantenía los labios apretados. Bill y Tom estaban con un semblante circunspecto, no obstante se les veía tranquilos —nosotros iremos al hospital —dijo con voz ronca el de coleta rubia—volveremos más tarde. ¿Sería posible señor Frank acondicionarles un dormitorio a mis padres?
El hombre asintió —no hay problemas. El ingreso de los funcionarios que laboran aquí se ha retrasado hasta mañana. Nos queda tiempo para organizar todo.
—Bien… eemmm nos han llamado de Lindau. Nos confirmaron de que mañana debemos ir… —agregó el de coleta —ya va a ser miércoles, y luego de eso debemos ver todo lo relacionado con la sepultura de mi… —Tom se giró a mirar al señor Trümper —de nuestro padre —dijo después sintiéndose de lo peor por tener que romperle el corazón a su padre adoptivo.
—Más tarde vemos esos detalles Tom, vayan tranquilos —le aclaró el señor Frank y el grupo salió de la mansión para subir a la Escalade.
—¿Me perdonan si les digo que aún tengo hambre y me muero por las pizzas? —preguntó la muchacha algo incómoda. Los demás suspiraron, pero al parecer todos eran de la misma opinión.
&
Antje ya se había despertado. Según el médico era normal que pasara por ciertos periodos con mucha somnolencia, aún tenía una anemia bastante acentuada, y aunque los pulmones estaban mejorando, aún tenía problemas para mantenerse en el presente. Su mente sería la que más se demoraría en mejorar, las heridas emocionales debían ser sanadas con mucho amor, tiempo y paciencia.
La habitación de Antje estaba muy luminosa, y ella parecía estar bastante alerta. Tom sintió una cálida sensación de bienestar.
—Mamá. Tengo que hablar contigo —Laura King sospechando que era algo más bien íntimo se decidió a salir de la habitación. Antje sonrió —¿Crees que podrás …?
—Tom. ¿Aún no te has ido hijo?
—Me fui y volví mamá.
—Oh —suspiró la mujer —pierdo la noción del tiempo y de los días. Eso es molesto. Me hace sentir estúpida.
—Sshhhh. Mamá, has pasado por mucho, yo admiro tu valentía y tu entereza. No seas tan dura contigo misma. Ya lo fueron suficiente tus captores —Antje acarició su rostro y sonrió. Para ella era casi un sueño poder acariciar el rostro de uno de sus hijos. Tom le sonrió a su vez —necesito que conozcas unas personas.
—¿Quiénes?
—Mis padres adoptivos. ¿Deseas verlos?
—Claro —y ella intentó ordenar sus cabellos —pero estoy muy fea.
—Mamá, no digas eso que Bill y yo nos parecemos a ti —Antje rió suavemente y Tom apretó con gentileza una de sus manos —espera, los hago pasar —el de melena rubia se separó y salió brevemente de la habitación. Cuando regresó detrás de él venían sus padres adoptivos, Bill y Laura —aquí los tienes —le dijo a Antje, y luego se volvió hacia la pareja y les dijo en voz baja —ella es Antje Kaulitz, nuestra madre.
La madre de Tom se acercó a Antje con ojos llorosos —no puedo imaginarme por todo lo que has pasado. De sólo pensar en el dolor de ver que arrebataran de tu lado a tus bebés…
—Gracias por amar a mi hijo y cuidarlo.
—Ha sido un privilegio —susurró la señora Trümper con lágrimas en sus mejillas mientras tomaba su mano.
Bill se acercó a Tom y le abrazó por la espalda pegando sus cuerpos. Apoyó el mentón en el hombro del chico de melena rubia. Tom con ojos húmedos giró su cabeza para sonreírle al pelinegro. No sufría, era feliz porque todo lo que más amaba en este mundo y por quienes daría la vida se resumía a ese grupo de personas en aquella habitación.
&
Cuando el grupo regresó a la mansión, Anton los esperaba con pizzas que habían pedido especialmente para ellos.
Todos intentaron que la situación fuera lo más amena posible. Antes que llegaran del hospital Markus había aleccionado muy bien a Georg, Gustav y a Andreas. No quería que metieran la pata y tensionaran el ambiente. Así que se dedicaron a relatar algunas anécdotas de su estadía en Schönau y fueron entregando información en la medida que los padres fueron haciendo las preguntas.
La señora Trümper se ofreció para acompañar a la señora King en su estadía en el hospital para el día siguiente, mientras el papá de Tom acompañaría a los gemelos junto con Anton Berg a Lindau, para retirar el cuerpo de Jörg Kaulitz. Por su lado, Markus Frank junto con los universitarios prepararían el sepelio. Por ahora no le dirían nada a Antje, muchos detalles sólo podría conocerlos una vez que ella estuviera recuperada de sus traumas. La entrega de la información le era dada en la medida que ella lo solicitaba, pero siempre de una manera menos cruda de lo que en realidad era. Así había sido la recomendación del siquiatra, y debía ser cumplida al pie de la letra.
Esa misma tarde Markus junto a Gustav fueron a Schönau a ver los detalles que necesitaban ser preparados con antelación. Tom le había pedido que los restos de su padre fueran sepultados en el mausoleo familiar, y también dio órdenes para que se cancelaran las visitas de los turistas al panteón de manera permanente. Además, aún se debían realizar investigaciones forenses en ese lugar y también arqueológicas en el templo del subterráneo. De pronto Tom se dio cuenta que sería difícil estar lejos de Liz Garten, y eso implicaba un cambio sustancial de sus planes.
Cuando Markus Frank regresó, la noche ya caía. Tom confiaba en él, después de todo no sólo era el administrador del Museo, era el más centrado cuando todos andaban con las neuronas alborotadas por las emociones vividas, sabía que si le pedía un consejo, éste se lo daría de manera desinteresada y sincera. La afinidad entre ambos era fuerte. Dispuesto a conversar con él los temas más complejos, lo había esperado. Y amparado en sus ganas de fumar le pidió al administrador que lo acompañara por el jardín a pesar de que ya estaba oscuro, y sólo un leve tinte azul pintaba el horizonte más allá del bosque.
—Tú quieres decirme algo, y extrañamente no quieres que nadie más lo oiga. Y en ese nadie me refiero específicamente a Bill.
—Sí, a él le puedo ocultar muy pocas cosas, y ahora necesito que él no se entere de lo que me come la cabeza.
—Yo sólo espero no tener que recoger los trozos ensangrentados después de la guerra.
Tom se rió con una sonora carcajada —no, señor Frank. Es más bien algo… —se detuvo le dio una bocanada a su cigarro —verá, usted ya sabe que tengo un ofrecimiento de la universidad. Y me lo he pasado por lo menos dos años soñando con una oportunidad como esa. Y me parece tan, tan extraño que ocurra justo ahora. ¿Por qué la vida no es más simple?
—La vida, mi querido amigo, no es más que una constante elección. Todo lo debes elegir, cada día es una decisión que debes tomar, y dentro de cada decisión se subdividen otras que generan nuevas opciones para elegir —el hombre se subió de hombros —y muchas veces sucede que algunas decisiones determinan el resto de nuestra vida.
El muchacho resopló —yo quiero eso ¿sabe? No lo necesito, ya sé que a los ojos de muchos yo no necesito terminar de estudiar, tengo más dinero del que puedo imaginar, pero mis padres me inculcaron de pequeño que alguien sin educación no puede resolver desafíos fuertes en la vida. Y manejar una riqueza como ésta requiere no sólo habilidad e inteligencia, sino también cultura y conocimiento.
—Y en ese caso ¿en qué te sirve Diseño Gráfico?
—Entre las disciplinas que se adquieren están las que se refieren al marketing y al manejo de empresas.
—¿No existe forma de que termines tu carrera en algún régimen flexible?
Tom negó con la cabeza —no es ese el problema. La cuestión es que yo quería ser ayudante académico.
—Tom, Tom. Piénsalo de esta forma. A veces el bosque no deja ver el árbol. Piensa en… ¿qué vas a sacrificar si aceptas esa propuesta? Y luego piensa ¿qué vas a sacrificar si te niegas a esa propuesta?
—Uff… a ver…
—Nómbralas. Vamos, dilo. Primero lo que sacrificas si aceptas esa propuesta. Haz una lista.
—Ok… Tendría que entregarle todas las llaves a alguien de confianza para que administre todo lo que tiene que ver con mis posesiones, aunque eso podría hacerlo Bill —Markus asintió —no podría ver a Antje tan seguido como quisiera, ni estar cerca durante su proceso de recuperación.
—Ya, vamos bien, estoy de acuerdo con esas. Sigue, hay más.
Tom expulsó aire. No quería llegar al tema que más dolor le causaba —no podría tener… no podría tener un proyecto de vida normal con Bill… como pareja, como él quiere, como yo quiero por lo menos en los próximos dos años —Markus asintió —tampoco podría pedirle a Bill que se alejara de todo esto y se fuera conmigo, primero porque él ama este lugar y segundo porque al no estar yo, debe seguir él aquí para manejar lo que nos pertenece… volvemos así al primer punto… o sea, no hay otra salida si acepto la propuesta.
—Veamos ahora lo que sucedería si rechazas la propuesta. ¿Qué sacrificarías?
—Sacrificaría una de las posibilidades de ser graduado y de recibir mi título con honores.
—¿Una?
Tom suspiró —hay otras formas de graduarme con honores. Podría obtenerlos también si tengo el mismo trato y régimen de estudio que los demás estudiantes tienen… sólo que en mi fantasía yo iba a ser reconocido como fuera de serie estando en la universidad —el chico sonrió —es sólo una cuestión de estatus.
—De ego, diría yo —afirmó Markus y el de melena asintió.
—Sí, ego… ¡Dios!—y aunque ya estaba bastante oscuro en una noche sin luna, Markus pudo ver que Tom levantaba su rostro al cielo —he estado empeñado en ir tras un espejismo sólo por una cuestión de ego ¡EGO! —gritó —¿iba a sacrificar todo lo que me mantiene vivo sólo por ego?
—Medita sobre eso, y cuando tengas una decisión tomada, sopesada, podrás decirlo… podrás comunicarlo sabiendo cuáles serán las consecuencias de ella.
—Gracias Markus.
—De nada muchacho —y los dos hombres se regresaron hacia la mansión.
Bill lo había buscado, pero Gustav le dijo que había ido a fumar con Markus y presintiendo que necesitaban estar solos se había abstenido de ir. Se moría de ganas de saber lo que habían conversado, pero no iba a hacer preguntas esta vez. Esperaría con paciencia de monje budista que Tom le contara.
Esa noche, cuando todo el mundo se fue a dormir, el señor Trümper frunció su ceño, cuando se dio cuenta que Andreas iba a dormir en la misma alcoba que Alexa, que Gustav lo haría con Georg, y que su amado Tom lo haría con Bill —¿y usted compartirá alcoba con Anton, señor Frank?
Y el administrador se rió algo incómodo —sí, pero no somos pareja —y se rió, pero como el padre de Tom lo siguiera mirando con aspecto de no estar muy convencido, Markus carraspeó y trató de explicarse más —yo soy casado, y amo a mi mujer. Anton es divorciado… y bueno… que tengan feliz noche.
El señor Trümper no estaba feliz con aquella situación —esta casa vuelve a todos unos maricas —le dijo luego a su esposa.
—Amor, no ofendas a tu hijo.
—Lo siento. Es que me cuesta aceptarlo. Además Bill y Tom son gemelos, ¡son hermanos por Dios Santo!
—Yo sólo quiero que Tom sea feliz. Y la felicidad no tiene el mismo color ni sabor para todo el mundo. ¡Imagina! Yo te hago feliz.
—Sí, eso sí que es raro ¿cierto? —dijo el hombre riendo por fin y besando a su mujer con intensidad.
Dos habitaciones más allá Tom se aferraba a Bill, recostando su cabeza en su pecho y dejándose acariciar la cabeza, era realmente relajante sentir los dedos del pelinegro en su cuero cabelludo, enredándose entre los cadejos de su pelo. —Te amo —dijo con voz suave y respiración pausada, señal de que el sueño le estaba ganando la batalla.
Bill sonrió y besó su frente —yo también te amo —extendió su mano y apagó la lámpara de la mesita de noche. Debían descansar. Se venían días intensos. Pero mientras tanto Bill y Tom disfrutaban de sentirse tan unidos, de estar juntos. No había nada más que les diera un mayor bienestar.
Al día siguiente, Tom, Bill, Anton y el padre de Tom partieron rumbo a Lindau en el Escalade.
Los hombres mayores se dedicaron a conversar distintos temas relacionados con la historia y los procesos de investigación, que si cualitativa, que si cuantitativa, que la historia no era sólo una recopilación de datos, que eso era propio de una rama de la sociología para explicar los fenómenos sociales… Tom rodó los ojos y miró a Bill quien se rió y puso música suave para no morir de desesperación.
Cuando llegaron a la península, Bill no estaba seguro de sentirse más aliviado, sería una mañana con muchas emociones y estaba preocupado por Tom, aunque se había alegrado al saber que la noche anterior no soñó ni había tenido visiones perturbadoras.
Tomados de la mano ingresaron a la morgue donde los esperaba el comisario Jensen —me alegro de verlo bien, Tom.
—Gracias, éste es el señor Berg, historiador y curador del museo, él —señalando al señor Trümper —es mi padre.
—Mucho gusto. Les presento al doctor Schmitt, el forense —respondió cortésmente el policía, y los hombres asintieron en silencio —les cuento lo que hemos averiguado. Se intentó encontrar la identidad del fallecido en la entrada de aquel lugar mediante los registros dentales, pero no se pudo hallar nada. El forense les explicará.
—En términos generales podemos decir que ese hombre tuvo tratamiento dental, pero la tapadura que tenía en uno de sus molares era de oro, algo que está en desuso ya hace bastante tiempo, a menos que la persona lo pida como parte de una cuestión más bien estética. Como murió en el año 1990, es posible por su edad, que cuando se hizo el tratamiento dental aún existiera esa forma de tratar las caries, sin embargo, esos registros deberían estar en alguna parte, las radiografías, algo, y no hemos podido dar con ellos. Sin embargo hay otros detalles que nos han perturbado grandemente. En sus restos se ha encontrado que en algún momento estuvo expuesto a radiación.
—Pero eso podría ser que fuera por haber estado expuesto a rayos X por radiografías —preguntó el padre de Tom.
—No, no es posible, para que esa radiación estuviera presente en sus huesos debió ser producto de una exposición mucho más intensa, además ocurrió un hecho aún más extraño mientras realizábamos la autopsia. Mi reloj tuvo problemas al estar cerca de los restos, e hicimos pruebas con celulares y otros artefactos electrónicos como linternas o radios pequeñas…. en fin, el asunto es que todos esos aparatos tuvieron problemas. Llamamos a un técnico para descartar una falla previa de aquellos aparatos, y nos dijo que estaban perfectos. Sólo que una perturbación magnética los había imantado, para explicarlo de una manera más fácil. La cuestión es que luego pudimos comprobar mediante el uso de un reloj en buenas condiciones y que luego se alteró al acercarlo a los restos de ese hombre, que de algún modo estuvo expuesto efectivamente a algún tipo de energía electromagnética, pero de una intensidad tal que esta quedó alojada incluso en sus huesos.
Tom y Bill tragaron saliva. Anton recordando el disco en el Jardín Secreto se atrevió a preguntar —¿pero podría ser que esta energía que absorbió no haya sido toda de una sola vez?
—Es lo más probable. Seguramente estaba regularmente expuesto a esta energía, o varias veces de manera seguida en un período de tiempo relativamente corto. Las radiaciones de cualquier tipo son acumulables en el tiempo — Tom recordó la advertencia de Bill y Tom Kaulitz de no usar el disco más que en un sólo viaje. Tenían razón.
—¿Qué hay con los otros dos hombres? —preguntó Bill
—¡Uff triste final! Ellos murieron deshidratados, unido al debilitamiento del organismo por la falta de comida, sus cuerpos no resistieron muchos días sin agua. Sin embargo es probable que no sólo la falta de agua los matara, sino también la hipotermia. Lo dedujimos por la posición de los cuerpos. En posición fetal, abrazados, seguramente intentando darse calor. Lo terrible es que agonizaron muchos días.
Bill tragó saliva y miró a Tom, debían hacer la pregunta y el de melena rubia bajó su mirada. Bill apretó la mano de Tom y habló por fin con voz quebrada —¿y nuestro padre? —se atrevió a preguntar por fin el mago.
—Él no tenía rastros de esa radiación de la que hablamos antes, y murió producto al parecer por un traumatismo encéfalo craneano expuesto, posiblemente ocasionado por varios golpes con un elemento contundente. Probablemente ese golpe fue justo anterior a su fallecimiento. No creo que haya sobrevivido muchos minutos con una lesión como esa, porque la presión ejercida sobre el cerebelo fue muy intensa, y esto por supuesto paralizó su corazón y su sistema respiratorio. Si es que eso puede darles algún consuelo… lo siento.
Tom asintió pálido Y Bill creyó morir de sufrimiento, no sólo por su padre sino que por lo que ahora sabía Tom había visto en aquella visión. Su corazón se encogió de dolor y abrazó a Tom para darle consuelo.
El comisario Jensen se dirigió a Anton —sería bueno que firmaran los documentos que autorizan el retiro de los restos… mientras alguien ve la forma… lo del sarcófago y esas cosas.
—Sí —respondió el señor Berg. —mientras Bill y Tom firman los documentos, yo iré a resolver lo de la urna.
—Yo me quedo con ellos —le dijo en voz baja el señor Trümper.
&
En la mansión estaba todo listo para el sepelio. Y sólo estarían presentes los hombres. Tanto Laura como la señora Trümper y Alexa, habían decidido acompañar a Antje.
La ceremonia fue sobria y emotiva, asistieron algunos de los Fraters de la Orden, quienes acompañaron a los gemelos, a sus amigos y al padre adoptivo de Tom.
El de melena rubia, contrario a lo que pensaba unas horas antes, se sintió mucho más tranquilo al saber que de algún modo el horrible sufrimiento de su padre llegaba a su fin. Tom sentía que podían mirar al futuro sabiendo que no dejaban a nadie abandonado.
Más tarde cuando la noche comenzaba a aparecer por un costado del cielo, casi todos estaban esparcidos por la propiedad. Anton y Markus se habían quedado limpiando y ordenando el mausoleo. Georg y Gustav, en cambio, decidieron salir a cenar con Andreas y Alexa. El matrimonio Trümper junto a Laura, a Tom y a Bill se sentaron a beber una taza de café y compartir impresiones.
—Tal vez sería bueno que ya regresáramos a Berlín mañana —dijo la madre de Tom y a éste se le apretó el estómago.
—¿No… no sería mejor…? —y Tom se atragantó, no sabía cómo hacer la pregunta sin herir a unos o a otros. Pero debía salir de algún modo de ese atolladero. Las miradas de todos estaban sobre él y de pronto tuvo miedo escénico. Debía terminar la pregunta, no tenía otra opción. Lo único que podría hacer es que ésta fuera lo más inocua posible, pareciendo casual e intentando que su ansiedad no fuera tan evidente —¿no sería mejor que regresaran el fin de semana? Así como papá ha pedido permiso en el periódico por estos días, podríamos aprovechar de recorrer los parajes de Baviera. Es hermoso todo acá. Y podrían conocer un poco más a Bill. Ya saben —les dijo a sus padres fijando la vista en ellos, demostrando que estaba seguro de sus palabras —Bill forma parte de mi vida, y será así por siempre…
El padre ignorando las últimas palabras de Tom, le preguntó —Si nos vamos el fin de semana ¿Vas a volver con nosotros a Berlín? —el de melena rubia tragó saliva, ahí estaba la pregunta tan temida.
—Hijo —continuó la madre —recuerda que el viernes, a más tardar, debes darle una respuesta al señor Frederick.
Bill sintiéndose incómodo por Tom, sabiendo que estando a su lado se sentiría en cierta forma obligado a responder de tal manera que no lo hiciera sufrir a él, se levantó y con un lacónico —permiso —tomó sus cigarrillos y salió al patio de servicio.
Tom volvió a tragar saliva. Esta vez el dolor se trasladó hasta su pecho. Regresó la mirada a sus padres y respondió en voz baja, lo suficiente para que sólo le escucharan aquellos que estaban cerca de él —no he olvidado lo del señor Frederick, mamá. No te preocupes. También sé que ya las clases van a comenzar, pero también estoy consciente de todo lo que aún debo hacer aquí…
—¿Por qué no eres honesto Tom y nos dices de una vez que deseas estar aquí para seguir acostándote con ese marica?
A Tom le centellearon los ojos. Sintió el llanto agolparse a su garganta, pero se obligó a permanecer estoico —¿No has entendido nada?, ¿eh, papá? Deja de denigrar mi relación con Bill y rebajarla al nivel de una simple calentura o al de un polvo lleno la lujuria. Yo lo amo, papá. Yo lo amo. Y daría mi vida por él. —acto seguido se puso de pie y se fue tras los pasos de Bill.
El mago permanecía apoyado en el muro que colindaba con el patio de servicio, con los pies cruzados y fumando su cigarrillo, mirando hacia la espesa sombra del bosque. Tom cruzó a toda velocidad la puerta mirando para todos lados, buscando a Bill.
—¡Pssss! —siseó el pelinegro. Tom se giró y sonrió. Aunque estaba bastante oscuro, el brillo de las luces proveniente de las ventanas iluminó el rostro del rubio y a su vez le quitó la tristeza que se había alojado en el corazón del mago.
—¡Hey! —fue el breve saludo del chico que se apegó al cuerpo del pelinegro y lo besó con fuerza y pasión.
Luego sin dejar de mirarse se separaron levemente —Quiero que veas algo. Espera un poco —y Bill silbó hacia la oscuridad. Esperaron unos segundos hasta que el retumbar apagado de los cascos de su caballo anticipó su llegada. Una vez allí se montaron sobre él como lo hicieran antes.
Continuará…