Wünschen: Recargado 1

N/A: Al final del capítulo doy mi explicación del contenido. Los capítulos pueden o no ser tan largos. Pertenecen a la temporada III.

«Wünschen» Fic de MissAnunnaki

Especial 1: Por Ese Niño

Era hombre muerto, definitivamente esta vez me iba a dejar. Mi móvil no tenía bateria y Devon dejó el suyo en la mochila de Georg por la mañana, así que ambos estábamos condenados, ya no había marcha atrás; si Reira tenía que regañarnos que así sea.

Ella nos tenía que encontrar en el almacén de la esquina de casa de la abuela de Devon hace como… Una hora. El problema era que hoy tenía un ensayo y él decidió acompañarme, lo que nos distrajo fue que la emoción del ensayo en el estudio fue tan grande, que nos pasamos de la hora acordada y apenas estábamos saliendo del estudio.

—Me va a dejar —le dije a Devon mientras buscaba como una desesperado el paquete de cigarrillos.

—Te va a dejar en serio si seguís fumando como una chimenea —me comentó, él apresuraba el paso y yo iba casi trotando ya que me había quedado atrás para encender el cigarrillo. —Anda, solo nos tomamos un taxi y vamos directo para allá.

Mi novia tenía la costumbre de esperar como máximo media hora, si nadie se presentaba en el lugar entonces ella se iba para su destino, y allí la íbamos a encontrar. Tendría que ponerme de rodillas y explicarle la tardanza. Lo peor de todo es que ya era la cuarta vez que la dejaba plantada y ella me advirtió que si seguía así tendríamos que volver a ser mejores amigos. Eso era absurdo, ella estaba tan locamente enamorada de mí como yo de ella, no había forma de que me dejara.

Encontramos un taxi y le dimos la dirección, yo trataba de encender mi teléfono pero la porquería ya estaba totalmente muerto, como yo. Yo golpeaba el pie contra el suelo de los nervios, Devon iba casi dormitando porque la noche anterior salimos de fiesta con los chicos y mucho descanso no tuvimos. Tampoco podíamos ir solo a casa, Reira me mataría, yo le prometí estar con ella este Año Nuevo Chino, a ella le encanta asistir a estos eventos. A mi también me gusta, de hecho, me encantan estas festividades.

El trayecto se nos hizo corto, Devon pagó el taxi y yo salí apresurado, las calles eran un caos bonito. Muchas personas transitaban sin miedo a que un vehículo los atropellara, habían luces por los cielos y centenares de carpas que deleitaban comidas típicas y cosas artesanales de dicha región.

Y justo dentro de ese tumulto de gente, mirando la pantalla de su móvil con mis otros amigos siendo guardaespaldas de ella se mostraba preocupada. Sonreí de alivio porque pensé que estaría sola, Hagen y Gus estaban con ella y por lo visto no andaban de buen humor, seguramente Reira les estuvo quemando la cabeza.

— ¡Allá está el idiota! —señaló Gustav con el dedo acusador, los ojos de Reira me fulminaron y supe que debía prepararme para lo que sea. Nos acercamos y preparé la mejilla para ser humillado frente a todo el mundo.

— ¡Son dos idiotas! —me pegó en el hombro, estaba molesta y con razón, menos mal que no estuvo media hora parada sola en esa esquina sino ya tendría que matarlos.

—Perdón mi amor —mis amigos se hicieron los tontos y se alejaron de nosotros para que todo cayera en mí. Qué buenos amigos son, la verdad aprecio mucho su amistad. —El ensayo estuvo ¡De puta madre!

Ella se cruzó de brazos y me miró con cara de pocos amigos, bueno, no podía distraerle con nada.

—Te mandé miles de mensajes, Thomas —Ok, sí. Estaba enojada, ella solo me decía así cuando estaba cabreada. —Te llamé y no sé si tenías el celular apagado o qué, ni tampoco Devon contestaba, ¿Por qué carajos no me avisaron que llegarían tarde? Me he perdido el desfile de las ocho.

—Aún podemos llegar al de las nueve, es lo mismo pero… —intervino Georg.

— ¡Pero no es lo mismo! —bufó ella a regañadientes.

—Reira —Devon se acercó y ella le miró. —Fue mi culpa, no calculamos el tiempo y pensé que era temprano todavía.

— ¡Ahhh! —suspiró y revoleó los ojos. Seguramente le estaba por venir porque ella era puro amor, lo juro. —Está bien, vamos a ver el desfile entonces.

No me dirigió más la palabra y se fue adelante con Hagen y Gus. Llevaba puesto un buzo mío y mi gorrito de lana, también su abrigo y el pañuelo rojo que resaltaba en su cuello. Estaba muy bonita, aunque ni haciéndole un halago iba a dejar de estar enojada conmigo. Lo mejor era que se le pase y así recién poder hablar con ella.

—Oye, lo siento —Devon me habló y yo negué con la cabeza, no había nada qué disculpar. —Con razón son hermanas, Erica es más histérica que ella.

—Hey —le di un golpe en el hombro y él se lo frotó, yo me reí —No hables así de mi novia.

Caminamos entre las personas, mi novia ya empezaba a reírse con los otros dos y eso fue señal de que ya había olvidado todo, supongo. Yo iba detrás de ella mirando que nadie se le acercara, había siempre un imbécil que volteaba a verle pero ella seguía de largo sin importarle; ésa era mi chica.

Recuerdo cuando una intentó coquetearme y ella se apareció y lo único que dijo fue «Ay, mi amor, el anillo de compromiso es muy hermoso». Sí, ella era toda una celosa y así la amaba. La cara de la tipa no me la olvido más, y menos cuando Reira la espantó con las manos, eso fue demasiado gracioso.

Ella se detuvo a medio camino mirando hacia un lado, se separó del grupo y eso me alertó, la seguí mientras los chicos venían tras de mí, le llamaba y no me hacía caso. Se detuvo en una de las bancas que había, estaba inclinada frente a un niño que estaba llorando, se secaba las lágrimas.

— ¿Qué pasa pequeño? —Preguntó ella tomándole de su diminuta mano, él niño le miró con timidez mientras se frotaba un ojo. — ¿Te perdiste?

—Mi mamá dijo que espere en el puesto de dulces, pero no la volví a ver, y no conozco a nadie, no soy de aquí —gimoteó y volvió a llorar.

—Deberías llevarlo con policía o a la carpa de sanidad. —Dijo Devon.

El niño era de piel pálida, cabello castaño y de largo hasta los hombros, tenía un buzo gris y unos guantes rotos de esos que estaban a la moda. Daba mucha ternura y algo de pena que estuviera solo, ¿Qué clase de madre dejaba a su hijo así?

—Ven —dijo Reira con una sonrisa, el niño le miró con más atención y sus ojos parecían brillar ante ella. —Te llevaré con alguien que pueda ayudarte a encontrar a tu mamá.

—No quiero —dijo casi en un susurro —Tengo miedo.

—Reira, tenemos que llevarlo —dije sin más, ella me dio una mirada.

—No seas tan seco, míralo, ya hiciste que llore de nuevo. —miré a ese niño y otra vez andaba soltando lágrimas, ¿Pero cuántos años tenía? Parecía de doce.

—Hagamos una cosa —dijo ella con un tono suave y calmo, el niño le miró —Estarás conmigo, te llevaré a la carpa de sanidad y no me iré de allí hasta que encuentres a tu mamá, ¿De acuerdo?

—Bu-Bueno… —soltó con timidez, las mejillas estaban enrojecidas. De pronto me miró y yo desvié la mirada. Genial, ahora teníamos que cuidar de un niño.

—Me llamo Reira, ¿Cuál es tu nombre? —le preguntó cuándo le ayudó a ponerse de pie y le secaba las lágrimas con la manga de mi buzo. Ok, ya tenía lágrimas infantiles incrustadas.

Le tomó de la mano, a Reira le llegaba más o menos por la altura del torso. Le miré, claro, un niño podía cambiarle el ánimo a mi novia pero si yo me ponía de rodillas no lo lograba.

—… Bill —dijo más calmado, ella le secó lo que quedaba y le dio una sonrisa.

—Qué lindo nombre, ¿Cuántos años tienes?

—Voy a cumplir diez en Mayo —le miraba con mucha atención.

—Chicos, si quieren vayan al desfile, los veo en un rato —dijo a mis amigos, ellos asintieron y se marcharon sin protestar —Tú también ve, Tom.

—No, me quedo contigo.

No me dijo nada más y empezamos a caminar, el niño quedó en el medio de los dos. Le miraba de reojo y él también hacia lo mismo, bajaba la vista cuando le pillaba mirándome. Reira le sujetaba la mano y le observaba de vez en cuando, cerciorándose de que ya no estuviera triste.

— ¿Quieres un dulce? —preguntó al detenerse frente al puesto de dulces. El niño asintió, me miró y Reira se dio cuenta —Ah, él es Tom. Estoy enojado con él y todavía me sigue.

— ¿Sigues enojada? —ella me miró con una sonrisa. —Lo siento, me pongo de rodillas si quieres.

—Mejor cómprale un dulce, eso me haría muy feliz ahora.

Miré a ese bodoque con patas y me adelanté para pedir algo, aunque Reira aclaró su garganta, volteé a verle y ella señaló con los ojos al pequeño, genial, encima tenía que preguntar qué era lo que quería. Ella parecía estar disfrutándolo porque se cruzó de brazos y me observó con una sonrisa triunfadora.

— ¿Qué quieres que te compre?… Ah, ¿Bill, cierto? —él me miró con los ojos bien abiertos y asintió, se acercó a mí y Reira quedó unos pasos más atrás, escuché su risa, ya me las pagaría.

Señaló unos dulces, tomé varios, los pagué y me dieron una bolsita de colores con los dulces adentro. Se los di a Bill y él me agradeció, fue casi trotando a Reira, los vi y ella le tomó de la mano otra vez.

— ¿Contenta? —enarqué una ceja, ella se acercó y me dio un beso en la mejilla. — ¿Eso es un sí?

— ¿Tú qué crees? —regresó unos pasos atrás y miró a Bill — ¿Vamos, pequeño?

Él comía tranquilamente los dulces y asintió, sus mejillas estaban infladas por las golosinas. Aún nos quedaba un tramo para llegar al puesto de sanidad, y no soportaría que le dé más atención a él que a mí, aunque supongo que me lo merezco por haberla dejado plantada.

—Tom, hay mucha gente, sujeta la mano de Bill para que esté más seguro. —me ordenó ella.

Bajé la vista, el pequeño me miraba, extendí mi mano y la fijó unos segundos, luego depositó la suya y la sujeté con suavidad. Los tres íbamos caminando con cuidado, Bill de vez en cuando apretaba mi mano cuando veía que la gente se nos arrimaba, le daba una mirada y él hacía lo mismo.

Era un poco delgado y para su edad estaba algo pequeño, tal vez cuando tenga un par de años más va a tener la altura adecuada. Su piel blanca hacia que el color de sus mejillas se asemejara al colorete que le solían poner a esos muñecos que están de moda tener. Hasta Reira quería uno de esos.

—Si llegas a ver a tu madre por algún lado, me avisas —le dije y él asintió, sus mejillas se pusieron más rojas.

Detuvo sus pasos y nos estiró de las manos, ambos retrocedimos y nos dimos una mirada, su expresión inocente se detuvo frente a algo que aún desconocíamos. Postramos la vista en el lugar y era un puesto de juegos que tenía osos de felpas muy llamativos y de diversos tamaños. Tenía los ojos brillosos y la boca casi se le caía por el suelo, Reira me leyó la mente, lo llevamos a ese puesto y pedimos los tres tiros, había que derribar las botellas que formaban un pilar de una sola vez. Reira abrazó a Bill mientras yo me preparaba para derribarlos, tenía solo tres pelotas de colores para tirarlos. En el primer intento solo quedaron las cinco de abajo, en el segundo quedaron seis en total.

— ¡Vamos Tom! —me animó Reira, la miré y con Bill alzaban el brazo con el que sus manos estaban tomadas, él me sonrió también. Ya tenía confianza, sus mejillas no estaban tan rojas y pude notar que estaba más cómodo y sonriente.

Inspiré hondo, concentré el objetivo y lo tiré con fuerza.

—… Hmm, lo siento. Creo que no hubo suerte hoy —me dijo el señor. Este tipo de juegos era una total mentira pero todo quedaba en ilusiones para los pequeños. —Pero hay premio consuelo.

Sacó una caja forrada con papel color violeta plastificado, habían unas pulseras tejidas artesanales de diversos colores; eran muy llamativas. El niño se acercó curioso a mirar soltando la mano de Reira, ella se puso a su lado colocando una mano sobre mi hombro.

—Eres muy lindo —me dijo casi en un susurro.

—Pueden tomar tres —señaló el señor las pulseras. Bill tímido inspeccionó todos y agarró tres. Una azul con negro, otra rojo con negro y la última negro con violeta.

Le agradeció al señor con una sonrisa y él volteó a vernos, nos tendió uno a cada uno y Reira se puso de cuclillas frente a él.

— ¿Te gustan estas pulseras, Bill? —le preguntó mientras tomaba la de él para ponérsela. Él extendió su brazo derecho y ella lo ató una vez que le rodeó la muñeca.

—Ahora sí —fijó fascinado su muñeca y luego la miró a ella con una sonrisa.

Le puse la suya a ella e hizo lo mismo conmigo, parecíamos esa típica pareja de casados con su primer hijo. Joder, no había pensado en eso hasta ver a ese niño.

Por ese niño me estaba dando cuenta de que Reira, en un futuro, sería una estupenda madre. Fue muy noble de su parte ayudarle, seguramente todas esas personas pasaban y le miraban pero ninguno quería hacerse cargo del problema de Bill, y ella siempre era de querer ayudar.

Seguimos el camino que ya nos quedaba poco, aún íbamos los tres tomados de la mano. La música era muy movediza y el típico sonido de la gente acumulada ya no me irritaba tanto.

Mi novia ya no estaba enojada, me hablaba normal y con una sonrisa preciosa.

Cuando llegamos a la carpa de sanidad, una señora gritó el nombre de Bill y él fue corriendo hacia ella, un policía estaba hablando con ella y nosotros nos sentimos aliviados. Nos acercamos, la madre le tocaba las mejillas y la cabeza, le decía cosas y él solo asentía. El pequeño nos señaló y ella se dirigió a nosotros.

— ¡Muchas gracias! —miró a Reira con simpatía, ella solo negó con la cabeza sonriendo de manera humilde. —En verdad, fue un descuido terrible de mi parte.

Bill se acercó a su madre y ella lo abrazó, acariciándole el hombro y con la otra mano le sobaba la mejilla. Él nos miraba con un aire de tranquilidad, en el fondo parecía seguir asustado.

—Son unas buenas personas en serio, les agradezco.

—No fue nada —dijo mi novia. La señora nos sonrió y luego tomó de la mano a Bill.

Pero antes de que ellos siguieran su rumbo, el niño se acercó a nosotros corriendo y fue directo a abrazar a Reira, ella se sorprendió y luego correspondió al gesto. Le frotó la espalda y yo pude ver las pulseras que nos había dado.

—Gracias Reira —le dijo. Sus ojos fueron directo a mí —Y gracias Tom.

—Hey —me incliné, le revolví el cabello con la mano —No hay de qué, fue divertido.

Se separó y fue con su madre. Reira se empezó a reír y yo la abracé por el hombro, salimos de la carpa para ir a buscar a los chicos.

— ¿De qué te ríes? —pregunté curioso.

—Es que… —se cubrió la mitad del rostro y me acerqué a darle un beso en la mejilla —Se notaba a tres metros que estabas celoso de ese niño.

—Claro que no —fingí sentirme ofendido. —Es solo un niño… Que se llevó toda la atención de mi novia, sabiendo que está enojada.

—Ya no estoy enojada —me corrigió y se paró frente a mí, yo mojé mis labios y le miré con expresión divertida —Estoy enamorada de ti y de lo que hiciste hoy por ese pequeño.

—Admite que seré un buen padre —sonreí.

—Serás un padre muy celoso —me besó la mejilla —Pero también uno excelente….

Me removí en la cama y abrí los ojos de repente, todo estaba casi a oscuras. Giré la cabeza y Bill estaba mirando la laptop, la luz de la pantalla me cegó y él se dio cuenta de que desperté.

— ¿Qué haces mirando series sin mi? —dije en voz baja, me acomodé para quedarme sentado y él me pasó el vaso de jugo que tenía en su mano, lo bebí.

—Es que no puedo dormir, igual estoy mirando el mismo capítulo que vimos en la mañana. —dijo concentrado.

— ¿Sabes? Sospecho que antes nos habíamos cruzado —al decir eso él me observó confundido. —Digo, recordé en un sueño que conocí a alguien llamado Bill hace tiempo que se perdió.

— ¿Sigues con lo del Año nuevo chino? —yo asentí. —… Todos se pierden en ese evento, sobre todo si son niños.

Me quedó mirando, yo bebí un poco más y dejé el vaso en la mesita de luz. Pero de pronto sentí que me tomó de la mano y volteé a verle.

—Ahora mismo estoy sintiendo como un deja vú, creo que también conocí a un Tom.

— ¿Te hizo ganar una pulsera? —pregunté sin pensar, él me miró con los ojos bien abiertos y separó sus labios inhalando aire.

— ¿Cómo sabes eso?

No desvié mis ojos de su mirada, aquella se transformó en una grandiosa sonrisa, los ojos se le iluminaron y yo sentí dentro de mi pecho como una energía cálida transitaba por todas mis venas.

¿Acaso era posible encontrarse antes de lo acordado? ¿Acaso el destino ya tenía un plan para nosotros?

…. Lo que son las vueltas de la vida.

Continúa…

En este capítulo quería aclarar sobre esa misteriosa conversación que tuvieron Devon, Tom y Bill sobre el Año nuevo chino. Sí, esto ocurrió en el pasado, no fue un sueño. También quería que notaran como Tom dejó de lado algunas cosas cuando ocurrió el accidente de Reira.

Y con respecto a las pulseras, creo que ya saben por qué a Bill le gustan esas cosas.

Mi objetivo era la de establecer una conexión entre ellos tres, y por más que haya sucedido todo lo que le sigue después, ellos podrían haber sido amigos si se reencontraban.

Ya saben, cualquier duda que tengan o cualquier cosa que me quieran decir pueden dejarla en comentarios.

Nos leemos en el próximo especial!

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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