Wünschen. Temporada II

Administración: Y como ustedes lo pidieron, aquí está la temporada 2 de esta increíble historia. Volvemos a reiterar nuestros agradecimientos a PrincessKaulitz quien ha hecho posible este rescate al compartir sus archivos con nosotros. Y ahora los invito a disfrutar la lectura.

«Wünschen». Temporada II

Prólogo

Dos años después…

— ¡Vamos señoritas, hay mucha gente esta noche. —Zira palmeaba apurando a todos en la cocina. Yo solo anotaba todo lo que había en la lista de compras, lo que haría falta la próxima vez.

Ahora él era el gerente de todo esto, la Taberna se había mudado a un espacio más grande, tomó todo un verano refaccionarlo, y en año y medio se volvió popular como cuando solo ocupaba un lugar para treinta personas. Dieter nos dejó a cargo ya que él tuvo que viajar a Suecia a tener a su familia como merecía, yo quedé como una especie de subgerente/secretario, me encargaba de anotar todo lo que hacía falta, lo que se gastaba y administraba las cuentas en la oficina.

—Los sábados son terribles —comentó Ria mientras se acomodaba su cabello ondulado en un desaliñado pero sexy rodete. Además de ser una de las camareras, también resultaba ser mi compañera de piso y una buena amiga.

Habíamos decidido con Andy mudarnos del departamento, aparte de que el alquiler estaba subiendo demasiado, él andaba más por la casa de Blas y yo me la pasaba aquí, en la nueva Taberna. Además, también funcionaba como un lugar para dar conciertos acústicos, pero si había que hacer una opción se podría negociar. La chica proveniente de Filipinas era muy buena en todo lo que se proponía, necesitaba pagar los estudios de sus hermanas y yo la introduje en el trabajo. A cambio de eso, ella ofreció que viviera en su departamento, tenía dos habitaciones y pagaríamos la renta a la mitad, todos salíamos ganando.

—Debes mover ese lindo culito que dios te dio, porque hoy Biersack dará un acústico.

Le dije mientras terminaba de anotar unas cosas. Todos fueron a sus puestos de trabajo, otro día laboral empezaba; yo fui por el pasillo hacia la oficina para buscar mis lentes, comenzaba a tener problemas con la visión, aunque no era nada grave, era necesario llevarlas aunque no me gustaba, solo por un rato para que no se me cansara la vista.

Abrí la puerta, encontrándome con la penumbra de la habitación, el velador del escritorio estaba encendido y yo eché un suspiro de cansancio. Me había levantado temprano para ir a visitar a Shannon y convencerlo de que viniera esta noche para ver el talento de Andrew, merecía una oportunidad. Cerré tras mi paso y caminé hasta dar con la mesa pesada de roble, tiré el cuaderno negro, dejando la lapicera a un lado, pasando de largo al estante de madera que contenía libros y cuadros con fotos.

El personal aparecía en cada uno de ellos, pero más me centré en el que se encontraba en el cuarto estante inferior, atrás de todo, como si se escondiera pero la verdad era que yo lo había hecho, porque no quería que nadie lo encontrara. Lo tomé con cuidado y caminé junto con ella hasta ir al sillón detrás del escritorio. Cada paso era más lento que el anterior, y el alivio llegó al depositar mi anatomía en ese confortante sillón. La luz de la ventana del callejón penetraba el cristal, y podía verse mejor la fotografía.

Dos sonrisas, enamoradas, felices. Sus ojos color miel miraban a quien había tomado la foto al igual que su compañero. Las mejillas estaban juntas y el fondo azul y verde daban el indicio de que había sido tomada en el verano. Recordaba que su barba me hacía cosquillas en ese momento, por eso la mala toma de mi cara a punto de reírse, dejando ver unos dos dientes asomarse entre mis labios. Realmente a veces olvidaba cómo había sido tomada esa foto, y otras era como si lo hubiera vivido ayer; me lamentaba por no tener la suficiente valentía para preguntar por él, aunque suponía que nadie quería decirme alguna cosa.

Georg no mantenía contacto con él, luego de ese suceso se distanciaron, él y yo seguimos siendo amigos pero nada más; se consiguió una novia rubia muy bonita y yo, bueno, yo todavía no había conocido a nadie. No era que no quería, era que tenía tanta mala suerte que no había alguien que me surgiera interés; ya bastante había atravesado con la orden de restricción hacia Alex. Ese maldito estaba obsesionado conmigo, había hecho tantas cosas para tenerme devuelta pero no le di la oportunidad. Por suerte, jamás lo volví a ver.

Levanté la vista al ver que la puerta se cerraba de nuevo, inmediatamente guardé la fotografía en uno de los cajones y me hacía el que estaba mirando las uñas. Zira me observó y encendió la luz, yo entrecerré los ojos por la luminosidad, me acomodé enseguida a la luz y me levanté aparentando normalidad, buscando el estuche donde se encontraba mis lentes.

—No eres bueno fingiendo. —Comentó, le miré y él se desabrochaba el segundo botón de su camisa. —Estabas mirando de nuevo ese cuadro.

—Mentira. —Tomé un libro rojo, allí anotábamos los pedidos. Encontré el estuche al lado del velador y retiré los lentes de su interior; me los puse aparentando armonía. —Solo estaba buscando esto.

—No te creo —habló, se arremangó la camisa y le quedaba realmente bien. —Ah, ya llegó tu amigo el romántico. Te anda buscando.

Asentí mientras me acomodaba las rastas hacia atrás, tomé la lapicera y me presumí en el espejo. Estaba bien, con una camiseta manga larga negra, pantalones del mismo color y botas; unas cadenas adornaban mi pecho y llevaba maquillaje. Los anteojos lo estropeaban todo, pero en serio los necesitaba. Sonreí levemente y miré a Zira, que se paseó la mano por el cabello rebelde acomodándolo para atrás; los dos sabíamos que el trabajo era demasiado bueno, las cosas no podrían ir mejor de las que ya se daban.

Él me abrió la puerta, hicimos contacto visual, ambos asentimos con la cabeza. Era un ritual que quedó pactado, así el día laboral terminaba sin problemas; era como si fuéramos estrellas de rock y nos preparábamos antes de salir a tocar en el escenario. Las voces de las personas, el sonido de platos y el aceite hirviendo se me hizo tan normal que ya no me molestaba; pronto me encontré con la sala medio llena, había un pequeño escenario contra la pared, yendo hacia los baños, allí era donde Biersack nos deleitaba con su música.

—Perdón por hacerte esperar. —le dije mientras nos saludábamos con un abrazo. —Estaba hablando con mi compañero.

—Descuida —sonrió; llevaba una chaqueta de cuero, el cabello barrido de forma atractiva hacia atrás era un toque más que perfecto. Él era de esos chicos que parecían salidos de alguna revista de modelos masculinos, con esos infartantes ojos azules y facciones de un ángel. —Traje la guitarra hoy, quería hacer algo tranquilo.

—Bueno, si cambias de idea y quieres hacernos llorar, tenemos el piano.

Desvié los ojos hacia una de las mesas y me sorprendí de ver a Shannon saludándome animado, había un sujeto con él, se encontraba de espaldas a nosotros.

—Oh, allí está de quien te hablaba —Andrew se puso tenso y yo le golpeé el hombro. —Oye, no te pongas así que no es una buena impresión.

— ¿Realmente crees que estoy listo para esto? —le miré de mala gana, no me gustaba su actitud insegura, él tenía que caminar con el pie derecho, firme y decidido, así obtenías lo que te proponías.

—Sí, así que vienes conmigo. —Enganché mi brazo con el suyo y lo llevé casi a rastras, pasamos por todas las mesas hasta dar con la que estaba ubicada contra la pared, en el medio. Shannon se levantó segundos antes y nos dimos un abrazo cálido, me palmeó la espalda con cuidado y yo sonreí cómodo.

Él me trataba como el hijo que nunca tuvo, y yo como el padre que nunca tuve. Después de que Shiro me dio su número, decidí llamarlo; hicimos una sesión, grabé un demo pero jamás salió a la luz porque yo no di el permiso definitivo, él decía que yo era demasiado testarudo, el mundo tenía que conocer mi angelical voz y yo estaba siendo egoísta. No era eso, sino que temía porque alguien me llamara al darse cuenta que se trataba de mí.

—Siempre tan sonriente —comentó el de ojos color avellana. —Oh, antes que lo olvidé.

Shannon extendió su mano, presentando a quien estaba sentado frente a él. Enfoqué la vista y me encontré con un sujeto que parecía tener su misma edad; tenía el cabello castaño corto, ojos verdes, sus cejas daban la impresión de estar serio todo el tiempo; vestía casual y viró en mi dirección. Sentí algo recorrer mi pecho, como una línea de calor queriendo quemar el pecho, él se puso de pie mientras me regaló una sonrisa, su presencia realmente se llevó todo de mí. Extendió su mano al escuchar su nombre.

—David Jost, mucho gusto. —se presentó, ganándole a Shannon. En este momento solo me concentraba en su mirada, me había dejado llevar por esos intensos ojos verdes.

—Ah, Bill —dije en un susurro, él enarcó una ceja y extendió más la sonrisa, recobré el sentido. —Bill Trümper.

—Jost es un buen compañero de trabajo, tenía que acompañarme esta noche para ver a tu amigo, ¿Andrew, verdad?

—Oh, sí. Lo siento—dije mientras me sentía estúpido. Lo había olvidado completamente. —Él es Andrew Biersack.

Le di el lugar para que se presentaran, ellos hablaron y sentí que mi compañero estaba algo nervioso pero yo más fijaba en dirección a David, que tampoco apartaba la vista de mí, ¿Qué estaba pasando? Él tenía las manos en sus bolsillos, me miraba con una sonrisa divertida y yo me sentía avergonzado porque no le encontraba el sentido a estar mirándonos y que, sin decirnos una palabra, ya andábamos sonriendo como si nada en la vida.

— ¿Así que tú eres como el encargado de este inmenso lugar? —preguntó él, yo asentí. — ¿No eres muy joven?

—Puede ser —dije misterioso, me crucé de brazos sosteniendo el libro rojo sobre el pecho. —Pero trabajo aquí desde hace cuatro años.

Hablamos por escasos minutos, lo que me agradaba era que me fijara mientras conversaba, era de persona educada, yo también hacía lo mismo y supuse que nos llevaríamos bien, si era que volvía a verlo. El tiempo voló y tuve que volver al trabajo, ya había pasado una hora, los clientes ya estaban cenando y otros recién llegaban; una jovencita que frecuentaba el lugar pidió la mesa de siempre ubicada frente al escenario. Mika se llamaba, era de piel casi pálida, de baja estatura, iba siempre bien arreglada y con una pequeña cartera de mano; ya se había vuelto un cliente especial solo por venir casi todos los días.

Le sirvieron lo de siempre, yo la saludé y ella muy animada me dio un abrazo, era muy bonita y provocaba ternura. La verdad de todo esto era que ella estaba fascinada por Andy, le gustaban sus canciones y siempre le obsequiaba un muñequito de la colección de Batman, o algo que tuviera que ver con ese superheroe, yo no tenía idea de que a él le encantaran esas cosas, se volvía un completo infante cuando veía esa capa y máscara de murciélago.

—Bill… Alguien te busca en el baño —La voz de Ria hizo que mirara por el pasillo, ella revoleó los ojos y bufó, regresó a su labor y yo me disculpé con Mika.

Fui por el pasillo e ingresé al baño de caballeros, inclinado sobre el lavatorio, el reflejo de Andy estaba con los ojos bien abiertos, se había mojado la cara y las gotitas descendían con prisa y se perdían en su prenda. Caminé y le toqué la espalda, él se dio la vuelta y tragó saliva.

—Vamos, todo irá bien —intenté tranquilizarlo, estas situaciones le ponían algo nervioso, recordaba cuando quiso enfrentar a un productor al reconocerlo en la vía pública, casi le agarra un colapso.

—No puedo hacerlo solo, siento que voy a vomitar frente a los de primera fila — dijo desquiciado.

—Bueno — me reí para quitarle la tensión. —En todo caso, vomitarías sobre Mika, acaba de venir.

—Demonios… —susurró y se alejó de mí tomándose la cabeza como si hubiera presenciado algo realmente desgarrador. —Esto no terminará bien.

Andy era muy inestable a veces, pero solo en las ocasiones donde la adrenalina se hacía presente. Por momentos parecía llevarlo muy bien, y en otros casos se acobardaba como el mejor; era ahí que yo intervenía, intentaba darle argumentos válidos y buena vibra, al final siempre terminaba saliendo adelante, era parte de mi trabajo lograr que las personas se sintieran bien…

Acababa de tener un Deja Vú.

Fruncí el ceño mientras observaba confundido a Andrew que parecía asesinar el suelo, al parecer estaba meditando, yo solo fijaba lo que hacía. Luego de unos segundos, ambos hicimos contacto visual y me miró amistoso. Su sonrisa compradora se dejó ver y yo, por un instante, temí por él.

—Oh… Oh, no. —le dije antes de que me lo propusiera, ya sabía cómo iba esto. —No, Andrew. No creas que lo haré.

—Por favor. —Me tomó de ambas manos y las besó. —Estaré menos nervioso si solo me acompañas al principio.

— ¡Que no! ¡Estás loco! —dije perplejo, yo no iba a cantar con él, además que no sabía si Zira estaría de acuerdo.

—Si eso es lo que te dará valor, entonces lo acepto. —Dijo Zira cruzado de brazos, le fulminé con la mirada y Andrew le dio un beso en la mejilla. —Hey, hey, esas porquerías no.

Lo apartó con desprecio pero al final ambos se rieron. Qué más da, tenía que hacer esto con Andy. Arreglamos con que solo sería el cover que solíamos practicar cuando nos juntábamos; él preparó todo y las luces se bajaron un poco. Zira tenía el privilegio de presentar el evento de esta noche, yo me había quitado los lentes y los dejé en la oficina, Ria terminaba de entregar bebidas y se puso a mi lado.

— ¿En serio lo harás? —me preguntó con un tono irritante, yo gruñí. —No será malo después de todo, mira, el amigo de Shannon no ha dejado de mirarte desde que entró aquí.

Los dos miramos sin disimular y tenía razón, David me sonrió mientras enarcaba una ceja, yo apreté los labios y asentí una sola vez. Ria me daba codazos y yo conseguí pellizcarla, ella se quejó y me dio un leve golpe en el hombro.

—Y ahora… Nuestro talentoso amigo, Andrew Biersack.

Los aplausos se daban a conocer, claro que los del parte del personal eran más obvios que el resto. El encantador chico de ojos azules subió con una gran sonrisa, la audiencia podría ver a un jovencito seguro de sí, pero yo era el único que veía a un niño queriendo salir corriendo, sin importar hacer el ridículo. Al querer saludar se le trabó la lengua y tuvo que volver a empezar, confesó como se sentía y eso fue realmente bueno, yo tan solo le observaba desde a unos cuantos pasos de distancia.

—… Y como no puedo hacer esto solo, invitaré a una persona muy especial a compartir el escenario conmigo. —Se giró en mi dirección, me sonrió y extendió la mano. —Bill, ¿Puedes subir?

Ahora el berrinche era mucho peor, pero se tranquilizó enseguida. Unas luces iluminaron el pequeño escenario y Andy me puso una silla, él se sentó a mi lado; una sensación rara apareció en mi estómago al ver a esas personas posar sus ojos en mí, fui más allá y Shannon estaba con una sonrisa inmensa en la cara. A su lado, David me contemplaba con ojos vidriosos, eso me hizo sentir incómodo y tomé el micrófono que el de ojos azules me tendió. Estuvimos unos extensos segundos acomodándonos, y cuando Andy se sintió listo, habló.

—Les compartiremos un cover, espero que les guste. —Acomodó sus manos en la guitarra como debía, yo tomé un profunda respiración. Él susurró… —Uno, dos, tres…

&

Tiré el borrador por la cama, me desplomé y miré el techo, eché un suspiro agotador. Me ardían los ojos de tanto leer, me retiré las gafas y masajeé los párpados para encontrar alivio alguno, las novelas policiales no me agradaban mucho pero el saber que David escribía me hizo dar curiosidad. Miré el reloj en el móvil y marcaban las tres y media de la mañana, genial, estuve dos horas seguidas leyendo esto.

Escuché a lo lejos que una puerta se cerraba, luego risas, mi compañera de piso seguramente llegaba borracha y con algún chico. Ria era de esas chicas que le gustaba salir de fiesta en fiesta los fines de semana luego de cerrar la Taberna, pero ella era muy correcta y servicial cuando era la hora del trabajo así que nadie le recriminaba nada. Intenté dormirme pero los gritos de esa muchacha me desconcentraban del sueño, la puta madre, todos los sábados era lo mismo. Pero no la culpaba, me gustaba su personalidad porque no le importaba lo que los demás decían de ella, a pesar de ser diferentes siempre nos entendíamos y ella me trataba como si fuera su hermano y viceversa.

Claro que cada uno tenía su propia habitación, pero sus gritos eran demasiado altos que pasaban las gruesas paredes. Me tapé con la almohada la cabeza, y de algún modo, logré dormirme.

Al día siguiente me desperté temprano, desayuné como un rey, Ria aún no se levantaba pero no la despertaría, temía porque estuviera con ese tipo que desconocía. Mi teléfono vibró en la mesa y lo tomé mientras masticaba unas galletas de agua, se trataba de un mensaje.

«Han pasado dos semanas, ¿Seguro que lo estás leyendo?»

Sonreí mientras tragaba los trocitos, tecleé de forma veloz. Al mismo tiempo, escuché el chirrido de la puerta de la habitación de Ria y me quedé mirando la entrada. Segundos después, apareció un chico rubio de ojos color almendra, estaba con el torso al descubierto y yo, con mi cara de espanto, le observé. Al encontrarse conmigo, me saludó con la mano y preguntó por el baño, se lo indiqué y me agradeció, yo negué con la cabeza. Por dios, ¡Qué abdominales!

Intenté concentrarme con el desayuno, pero otro mensaje de mi amigo llegó.

«Tenemos que hablar sobre tu opinión al respecto, hoy está tranquilo en la discográfica, ¿Quieres salir a dar una vuelta?»

No tenía nada qué hacer, así que acepté. Hice mi rutina de todas las mañanas, el chico rubio y Ria desayunaron juntos luego él se fue. Mi compañera lanzó la típica «Te llamaré luego», yo, en la cocina, me aguantaba la risa porque ambos sabíamos que eso no iba a suceder jamás. La señorita vino en mi búsqueda y saltó sobre mí, abrazándome como si fuera un oso de felpa.

—Me estoy quedando sin aire. —dije en un susurro, ella me soltó y se apoyó en la mesada. — ¿La pasaste bien anoche?

—¿Acaso no viste lo que es ese chico? —dijo pícara, yo asentí. —Dios mío, es tan hermoso pero ya dije que no iba aceptar algo serio con nadie. Al fin y al cabo, solo tengo veinticinco.

—Y debes vivir la vida, jovencita —A pesar de que ella era más grande, la trataba como si yo fuera el adulto a cargo. —Yo saldré con David, te aviso por si querías que cocinara.

—¿Sabes? Yo creo que ustedes tendrían que salir, pero en una cita de verdad. —dijo interesada en nuestra relación, se ató el cabello en un desprolijo rodete y me miró a los ojos. —Él te mete excusas con respecto a esos infernales escritos suyos solo para encontrarse, y tú eres idiota y lo tratas como tu amigo.

—Eh, no digas eso. —me reí. —Solo somos amigos.

Ella revoleó los ojos y me golpeó el pecho; sí era verdad que al principio descubrimos que había algo entre nosotros, era como si estuvieran todos los motivos presentes pero ninguno de los dos se preocupaba por eso, era todo raro. Dejamos todo limpio y ella fue a ponerse al día con sus cosas.

Me duché y alisté para salir. David pasaría a buscarme en cualquier momento y yo debía tener listo el escrito que había tomado tiempo leer, era demasiado lerdo para esas cosas y más si se trataba de un género que no me llamaba mucho la atención. De igual manera lo había terminado y tenía un revoltijo de frases, situaciones, conclusiones y más en mi cabeza; necesitaba que me las respondiera. Realmente tenía ese «no sé qué» que lograba meterte de lleno en el personaje y sentir lo que él a medida que intentaba resolver el asunto.

Me despedí de Ria a los gritos y bajé por el ascensor, esperé al amigo de Shannon en la vereda. Reconocí el mortor del Charger y una sonrisa se me dibujó en la cara, se paró frente a mí y yo me adentré en el asiento del copiloto, automáticamente llevé mis labios a su mejilla y el perfume, más el cigarrillo y shampoo, me despertaron enseguida. Bajó el volumen de su CD y suspiré. Saqué el escrito del bolso y se lo tendí, nos miramos y él lo tomó con una sonrisa triunfante.

—Antes que nada, quisiera saber si en serio murió o es solo parte de la locura de Strauss. —Comenté, él dejó el libro dentro de la guantera y encendió nuevamente el motor.

—Todo es como lo pienses, aunque si te digo la verdad arruinaría tus hipótesis. —Yo asentí, era cierto lo que decía. —Bien, escucho tu crítica, tus dudas y demás.

Comencé a hablarle sobre su escrito, admitiendo ante todo que no me llamaba mucho la atención el género y me costó leerlo; pero a la mitad de la historia las cosas estaban poniéndose interesantes, él me dijo que planteaba el misterio al comienzo y supuse que por eso se me hacía denso. Él solo respondía si o no, o aclaraba mis dudas pero no me contaba lo que él en realidad quería decir con respecto al personaje, le gustaba mantener el misterio hasta en la vida real.

— ¿No lo mandaste a una editorial? —pregunté, no se me había ocurrido antes hacerle esa pregunta.

—Lo hice una vez pero no respondieron. —Redujo la velocidad por el semáforo. —Supongo que desde ese día solo dejé que se le acumulara el polvo.

—Pero… ¡Es genial! —dije emocionado, él me miró con una sonrisa. —En serio, y eso que no me gustan ese tipo de cosas, ¡Pero estuvo muy bueno! Yo creo que tendrías que seguir insistiendo.

Continuamos el viaje hablando de su escrito y de otras cosas más; era una conversación fluida, no necesitabas pensar lo que ibas a decir, las cosas surgían por sí solas. Me dijo que Andrew tendría una reunión con un grupo para hacer una colaboración muy pronto, y así podría tener un poco de reconocimiento antes de lanzarse al mundo de la música. Shannon lo había citado un par de veces, estuvieron componiendo y grabando pero la inseguridad de Biersack de fracasar siempre se asomaba, por lo que, al parecer, arreglaron este acuerdo.

Siempre le decía a Biersack que hiciera lo que debiera, no tenía que importarle si iba a tener éxito o no, lo que valía era que hacía lo que le apasionaba y él siempre me daba un abrazo cuando le retaba, solo porque no quería verme con el ceño fruncido. Pero, viendo que iba a tener una colaboración, temía porque se volviera como esas personas ambiciosas que explotaban su talento solo por dinero.

El teléfono me vibró y lo tomé, era un mensaje.

— ¡Ay, por dios, Mika! —me pegué en la frente. —Lo olvidé por completo.

— ¿Qué sucede?—preguntó David preocupado.

—Tengo que recoger a Mika en la estación de trenes y llevarla al estudio durante el ensayo de Andrew. —Negué con la cabeza. —No puedo creer que se me haya pasado.

—Tranquilo, la iremos a buscar. —me dijo con calma y yo respondí el mensaje.

Mika se volvió como la fan número uno de Andrew, así la bautizó él, desde ese entonces, es ley que ella estuviera presente en todos los eventos habidos y por haber, a mi no me molestaba que yo fuera el que le daba esa posibilidad, de hecho, adoraba a esa chica; pero me preocupaba que jamás nos hablara de su vida privada, era muy reservada en eso. De todas formas, siempre la pasaba de maravilla con ella, hasta se quedaba a dormir en el departamento cuando se hacía tarde para volver.

David habló por teléfono, parecía estar coordinando horarios, lo que pude rescatar fue «En dos semanas estarán en Alemania» y «Biersack haría un buen dúo con ella». Solo esperaba que todo marchara bien para él, ahora más que nada le enviaba muchas energías positivas para su proyecto soñado.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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