«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 11: B + T

La familia Kunstmann provenía de una larga tradición de cerveceros, que Herr Klaus,  el actual cabeza de familia se esmeraba por conservar.

Poseían una fabrica familiar en Bremen, y aunque el declive de la cerveza artesanal los afectó —como a muchos del gremio— no perdía el entusiasmo.

El hombre, ya entrado en el medio siglo, poseía una sempiterna sonrisa y siempre se le veía de buen talante. Bill no comprendía cómo tal cosa era posible, si el sujeto se levantaba antes del alba y no paraba de trabajar hasta que se iba a la cama, pasada medianoche.

Cuando Mandy les había mencionado el oficio de su padrino, unos meses atrás, dejaron de buscar destino para sus vacaciones y se autoinvitaron a hospedarse dos semanas en la casa Kunstmann. Hasta Bill, acostumbrado a pasar sus vacaciones en Milan, Paris o Nueva York, accedió a «sacrificarse» y permanecer en Alemania.

Pero la realidad de una fabrica de cerveza distaba mucho de sus fantasías de diversión y embriaguez sin descanso, como lo comprobaron a la mañana siguiente de su arribo. En la casa Kunstmann todo mundo tenía una función que cumplir, incluso los visitantes.

A Bill no le agradaba el trabajo fisico, detestaba cansarse, sudar, levantarse temprano y que se ampollaran sus manos. Pero lo hacía sin quejarse, tan pronto como descubrió que el tener las manos ocupadas no le dejaba tiempo para pensar. Y pensar era lo que menos deseaba en ese momento.

Había pasado casi una semana desde que Tom le confesó los motivos que lo llevaron a involucrarse con «La familia» y que descubrió el mural en su cuarto.

Se había tardado en darse cuenta de que la obsesión de Bob Marley iba mucho mas allá de un repentino y culposo deseo sexual, cómo él se empeñó en creer durante las últimas semanas. 

Las señales eran tan evidentes que Bill se sintió un estúpido de marca mayor por no verlo antes. Tal vez su hermano no era el único negado de la familia.

Y es que nadie se pasa meses pintando al objeto de su calentura en el muro de su habitación para tener material gráfico para sus pajas, a lo sumo se procura fotografias o videos.

El temor que lo rondaba esos días invadió su corazón por completo, si salió de casa esa mañana con la certeza de estar a un pelo de rana calva de enamorarse de Tom, ya no estaba tan seguro de que el «casi» permanciera en su lugar.

Tal vez el mural si acabó por frikearlo, en una manera que no se esperaba.

Cultivar su amistad era una cosa, enamorarse de él era harina de otro costal, aun cuando todo apuntaba a que aquellos sentimientos eran mas que correspondidos. Tom tenía un largo camino que emprender en su autoaceptación, quizá fue sincero con respecto a haber dejado atrás el odio que en algún momento le profesó, pero el pobre chico estaba lejos de dejar de odiarse a sí mismo. 

Bill tenía sus propios problemas con lo que lidiar, como para hacerse cargo también de la crisis de identidad de Tom, no importaba cuanto quisiera mantenerlo cobijado en sus brazos y nunca soltarlo. Ni de que esa fracesita cursi — «Aun bizco, eres hermoso» — sonara a sus oidos como una eufemistica declaración de amor. 

Esa noche ambos durmieron juntos, en la cama de Tom. Fue la primera vez en semanas en que no hubo besos ni caricias entre ellos. 

El Tom que yacía ante él se encontraba en carne viva, desprovisto de cualquier disfraz o impostura, ni cuando se desplomó en el piso de su baño Bill lo vio tan vulnerable. 

Quería abrazarlo muy fuerte, besar mil veces sus rastas y jurarle que de ahí en adelante todo mejoraría para él.

No lo hizo, en su lugar estrujó la sábana entre sus dedos para suprimir el impulso de acariciarlo. Se obligó a mantener una distancia razonable entre ellos, tampoco quería causar el efecto contrario y que Tom pensara que ahora que sabía la verdad le temía.

Fue en ese momento que tomó la decisión.

Mañana viajo a Bremen con los chicos. —anunció, fingiendo un entusiasmo que no sentía— Será la primera vez que vaya de vacaciones sin Val. ¿No es eso genial?

La culpa se asentó amarga en su pecho. Tom no lo dijo, pero su lenguaje corporal reflejaba lo que pasó por su mente en ese momento. Ni siquiera hizo el amago de fingir indiferencia, su ensombrecido semblante fue mas que elocuente, dio media vuelta y se acurrucó mirando hacia la pared.

Te llevaré a casa apenas Nick se marche a la clínica, a eso de las ocho. Buenas noches, Trümper 

Lo había llamado «Trümper». Luego de meses oyendo en todo momento ese insulso y cálido apodo con que lo había bautizado, que Tom se refiriera a él por su apellido dolió un poquito. 

Bill estaba enfadado, pero no sabía muy bien con quién. Si con la actitud ambivalente de Bob Marley o con él mismo, por haber permitido que sus sentimientos escalaran hasta convertirse en eso. 

¡Dios, ni siquiera podía decirlo en voz alta! ¡Se suponía que luego de Markus había aprendido la lección!

Inclinó la cabeza hacia atrás y dio pequeños golpes contra la pared de ladrillos. Ese pequeño descanso fue una mala idea, sus pensamientos recurrentes regresaron apenas se sentó en el suelo. ¡Pero estaba tan cansado de trasladar barriles de un lado a otro!

No habían hablado mucho esos días, apenas compartido unas cuantas trivialidades por WhatsApp. Bob Marley parecía dispuesto a dejar el asunto atrás y él estaba de acuerdo 

No hacía sentido torturarse más pensando en el asunto. Tom aun estaba en las profundidades de Narnia, y no parecía tener intenciones de querer salir algún día. 

Su saliva le supo amarga y algo salada. Se frotó los párpados humedecidos y abrazó sus rodillas, haciéndose bolita. 

¡Cómo envidiaba a su hermano! Aunque por esos días este todavía no conseguía mas que besos torpes y caricias inseguras de parte de su novio —palabras del propio Val—, Nick no se cortaba al momento de declararle su amor a diario.

Tal vez Nick fuera un idiota simplón y sin gracia, pero no cargaba con la mochila de prejuicios y traumas que Tom.

Bill hubiera cambiado diez de los mejores besos de Tom sólo por oírle decir «estoy enamorado de ti», en lugar de «no supe como manejar lo que me hacías sentir, por eso te golpeaba».

No se dio cuenta de lo que hacía hasta que oyó una voz familiar interrogándolo.

—¿Así que el nombre de ese novio misterioso comienza con «T»?

Frunció el ceño, en el polvo que cubría el suelo de roca de la vieja bodega había dibujado un corazón y dentro las letras «B + T». 

Para salir del paso trazó una pequeña raya en la mitad, convirtiendo la T en una F. 

—No seas metiche, Mandy.—gruñó, incorporándose. Ahora lo unico que faltaba era que el rumor se propagara y el resto de los chicos lo jodiera con el asunto.

—De mi boca no saldrá ni media palabra, pero me parece tierno verte tan coladito por alguien.

—¡»Coladito» mis bolas! —espetó fastidiado, borrando el dibujo con el pie, alejándose de regreso al trabajo. 

~*~ 

Bill actuaba extraño, no de la forma hostil en que Tom esperó que lo hiciera tras enterarse de la verdad, sino mas bien errática, como si aun estuviera procesándolo.

En todo ese tiempo Tom no dejó de preguntarse si su Mauschen tarde o temprano decidiría que no valía la pena continuar con su amistad y simplemente se alejaría de él.

Sin comprender cómo, de pronto se vio de bruces en el suelo de la tienda con un punzante chichón en su cabeza.

—Tom, si estás todo el día en las nubes no me eres de utilidad y para colmos debo cuidar de que no te hagas daño.

—Lo siento, señor Hoffmann. ¿Va a despedirme?

—¿Por estar enamorado? —al menos la risa seca del viejo lo tranquilizó, se había salvado por esta vez— Es un motivo en extremo ridículo, ¿no lo crees así?

Tom se sonrojó, le había inventado un pequeño cuento de hadas a su jefe para explicar lo inexplicable y este se lo había tragado completamente.

—¿Solucionaste los problemas con tu novia, chico?

El viejo se sentó en el piso, cerca de él, con un quejido y un crujir de articulaciones.

Iban a tener una de esas charlas. A Tom ya no le molestaban las preguntas del hombre, Tobias se interesaba y escuchaba con atención, a veces daba su opinión, a veces un consejo, a veces simplemente le contaba su propia experiencia.

A Tom le agradaba hablar con el viejo.

—Sí y no.

—¿Cómo es eso posible?

—Resolví uno, pero me metí en otro. —Tom no sabía como poner en palabras todo lo que guardaba en su pecho, ni siquiera estaba seguro de saber que sucedía. 

Hasta unos días atrás su mayor ambición era monopolizar el tiempo de su Mauschen y ser la causa de sus sonrisas, pero el viernes pasado al despedirse de él —a sabiendas de que no lo vería en algún tempo y que, peor aun, lo dejaba marchar para reunirse con Georg y el resto de sus amigos— algo cambió. 

Una idea inverosímil germinó en su cabeza. Tom sabía que aquello no era factible, en la vida de Bill no había cabida para él, no de esa forma al menos. Lo que tenían (los besos, las caricias exploratorias, el sexo a medias) debería bastarle.

Tom quería que su Mauschen fuera efectivamente SU Mauschen. Pero, ¿Cómo reclamarlo para sí, cuando la mera idea de haberse enamorado de otro chico todavía le provocaba conflictos internos?

Envidiaba la calma con que su hermano sobrellevó su enamoramiento por «La Señora Trumper». Simplemente lo aceptó con naturalidad, no se resistió, tomó lo bueno y eso le bastó para ser feliz hasta que su flamante cuñado hizo el movimiento final.

Nick aun no le contaba qué pasó exactamente esa tarde en el bosque, pero Tom conocía a su hermano. Nick nunca había tomado la iniciativa en su vida, ni aunque se estuviera muriendo por dentro. Los nervios siempre le ganaban la partida, paralizándolo.

Tom en cambio era todo lo opuesto. Actuaba, la mayorìa de las veces sin pensar, por ello vivía sempiternamente metido en problemas.

—Usted estuvo casado, como le hizo para que su chica lo escogiera por sobre los demás.

Tom tenïa la delicadeza de un elefante en una cristalería, olvidó que pasados tantos años desde la pérdida de su familia este aun era un tema sensible para el anticuario.

El hombre le dirigió una mueca que difícilmente podía ser confundida con una sonrisa.

—No hay trucos ni recetas mágicas. Sólo debes ser tu mismo.

—¿Y si no soy digno de ella?

El viejo le dio una palmadita en la espalda, cargada de afecto.

—Eres un chico muy talentoso, si no es capaz de valorar eso, es ella quien no te merece.

Continuará…

por Haruxita

Escritora del Fandom

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