XIII: I fooled around and fell in love

Para que vean que esta vez no tardé tanto, les traigo un capi de larga duración.

El título hace alusión a los sentimientos de Bill.

Un beso y un abrazo peludo y saltarín a mi adorada Archange por betearme y darme ánimos para no decaer esta semana, y siempre.

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 13: I fooled around and fell in love

Estaba muy nervioso, no en esa forma aterradora en la que esperaba noticias de Tom el día del tiroteo. Estos eran nervios placenteros, como el placer que le provocaba el roce de las uñas de Val sobre su piel.

Se estremeció ante la delicada caricia que ascendía lentamente por uno de sus brazos. Estaban recostados en la cama de Val, compartiendo mimos y observándose con una sonrisa enamorada en los labios.

—Eres tan hermoso que me dejas sin palabras —se atrevió a confesar, a pesar del bochorno que aún le provocaba exteriorizar sus sentimientos—. Es horrible, porque quisiera llenarte de halagos poéticos e ingeniosos, pero no se me ocurre nada. Además, es probable que ya los hayas oído todos.

—Es probable —confirmó, el modelo, delineando uno de los torneados biceps con la punta de su índice—, pero estoy harto de oír paparruchadas que parecen extraídas de un manual de conquistador de cuarta. Sólo me interesa lo que salga de tu boca, Meine Liebe.

—¿Pierdo puntos si confieso que no tengo la menor idea sobre romance, conquista ni nada que se le parezca?

Val soltó una leve risita y acarició su barba con una mano mientras lo besaba. Las manos de Nick lo jalaron por su cintura hasta dejar su cuerpo prácticamente pegado al suyo.

—Eso es lo que tú crees. Eres galante y seductor en tu propio estilo, desde que nos conocimos me has colmado de esos adorables gestos espontáneos que nadie había hecho por mí jamás, enamorándome sin remedio, un poco más cada vez —sonrió al evocar aquellos momentos en su cabeza. Era preciso que su amado se enterara de una buena vez cuán colado estaba por él— ¿Recuerdas cuándo me caí en el bosque y rasgaste tu camisa para improvisar un vendaje? —El veterinario asintió, su preocupación por él lo empujó a actuar rápido, no le dio tiempo a pensar—. El dolor pasó a segundo plano, estabas demasiado atareado encargándote de mi lesión como para darte cuenta que te devoraba con la mirada, ardiendo de ganas de quitarte la camiseta y…

El rostro de Nick se tornó escarlata. La camiseta que traía puesta ese día se parecía mucho a la que usó en Grunewald y esta vez la expresión de depredador de su pareja era demasiado evidente para no notarla.

¿Realmente ese brillo de deseo en los ojos de su novio era por su causa? Se resistía a creerlo, pero esos besos hambrientos que no tardaron en llegar no dejaban asomo de duda, por si sus pupilas dilatadas y la rudeza rozando contra su muslo no fuera suficiente prueba.

¿Cómo pudo pasar todos esos indicios por alto?

La respuesta estaba en su cabeza, en su mal llamada «consciencia» —que tenía voz de mujer, una voz muy concreta—, la cual repetía sin descanso «Eres tan poca cosa. ¿Quién podría interesarse en ti, habiendo cientos de hombres disponibles que sí valen la pena?»

Ya era tiempo de desoír al fantasma que lo atormentaba y enfocarse en el presente, su bello presente llamado Valentino Trümper.

Él no era dado a dar órdenes, por lo que su petición se oyó más bien como una súplica.

—Hazlo.

Mas tardó el veterinario en pedirlo que su novio en obedecer, en un par de ágiles movimientos la oprobiosa camiseta fue arrancada y lanzada al otro extremo del cuarto.

Sin desperdiciar un segundo, Val lo tendió de espaldas y se desplazó por su pecho dejando casi imperceptibles besos a su paso, provocando que su excitación aumentara progresivamente ante cada centímetro que descendía camino a su pantalón.

Los más de dos años sin ningún tipo de acción ajena a las atenciones apresuradas de su mano derecha se hicieron notar. Nick se encontraba sumamente sensible, temía —de iniciar su novio caricias más íntimas— no ser capaz de aguantar mucho tiempo.

Una lamida seguida de un pícaro jaloncito en su pezón derecho le arrancaron un hondo gemido, el nombre de su amado escapó de sus labios con prontitud.

—Repítelo —ordenó Val, incorporándose con sus labios hinchados a causa de los largos besos compartidos, tan hermoso en su descuidada apariencia que Nick se perdió, admirándolo. Incluso le pareció oír una especie de ronco ronroneo proveniente de su garganta, lo que reforzó su impresión de que Val se asemejaba bastante a un felino.

—¿El qué?

El modelo no respondió con palabras, en lugar de ello se aplicó con ahínco a estimular el pezón derecho con su boca, mientras pellizcaba el izquierdo con gentileza, consiguiendo la reacción que buscaba: convertirlo en un bulto excitado y jadeante que no cesaba de repetir «Val, por favor» en medio de ininteligibles balbuceos.

El lado racional del veterinario se desconectó en el preciso instante en que oyó el sonido de una cremallera que no era la suya. Al abrir sus ojos —no se había percatado de que los tenía cerrados— se encontró con una imagen sacada directamente de sus fantasías: Val, de rodillas entre sus piernas, apretaba su erección por sobre sus bóxers con los ojos entrecerrados, gimiendo bajito, evidenciando su estado de necesidad.

Nick no estaba pensando, no había espacio para dudas o temores, sólo obedecía a su instinto, que lo impelió a incorporarse y tomar la erección de su novio en su mano para aliviarlo.

Su recompensea fue un profundo jadeo con su nombre antes de que Val reaccionara y reclamara la soberanía de su boca, junto con reciprocar las caricias.

Se masturbaron mutuamente, ambos de rodillas sobre la cama, con la excitación de la primera vez bullendo en el vientre. Sus besos fueron ávidos, salpicados de gemidos y exclamaciones sin mayor sentido.

Completamente entregado a las caricias de Val, poco y nada importó hacer un papelón por durar tan poco, manchar sus boxers, o que él pensara que era un pobre inexperto. Se corrió pronto, sin mayor trámite, al no poder resistir el estímulo de una manicurada uña recorriendo de ida y vuelta la vena lateral de su hombría.

Val acabó un poco mas tarde, asiéndose firmemente de la espalda de su pareja con la mano libre. Las marcas de sus uñas se borrarían en un par de días, la impresión de su hermoso rostro en medio del orgasmo —su primer orgasmo compartido— Nick la conservaría por siempre. 

~*~ 

Luego de arrojar las toallitas desmaquillantes a la basura —con las que retiró cuidadosamente todo vestigio de semen de la piel de su novio y suya—, Val se recostó en la cama, cigarrera y mechero en mano. Estaba a punto de encender su cigarrillo cuando se dio cuenta del par de ojos que lo miraban sorprendidos.

—¿Te molesta si fumo? —preguntó, sosteniendo el cigarrillo entre sus dedos con elegancia, pensando en que tal vez debió consultarle con antelación. Nunca habían hablado sobre el tema, pero buscando en su memoria no recordaba haber visto a su pareja fumar.

Él le sonrió con calidez, medio incorporado en la cama. —Sólo si no invitas.

Val alzó una ceja,

 ¿Conque su Nick aun tenía un par de sorpresas guardadas?

«Interesante».

Encendió su primer cigarrillo post coital en largo tiempo —para nada sorprendido de que el torpe trabajo manual de Nick resultara más satisfactorio que sus polvos con Andy— y le ofreció su cigarrera a Nick, pero éste fue directo al que sostenía encendido en sus labios.

Ignoraba el porqué, pero ese gesto se le hizo sumamente sexy.

—No sabía que fumabas —comentó, recobrando su cigarrillo luego de una rápida calada de su pareja.

—Comencé en la facultad, durante los exámenes finales de primer año, me ayudaba a manejar la ansiedad. Tuve que dejarlo poco antes de graduarme.

—¿Problemas de salud?

—Salud mental. Mi madre descubrió un paquete de cigarros en la mochila del enano, me acusó de ser una mala influencia para él.

Val frunció el ceño, desconcertado. Incapaz de imaginar a su pareja incitando a su hermanito a fumar u otra actitud que se pudiera considerar reprobable. Su línea de pensamientos fue cortada abruptamente ante la segunda calada de Nick, profunda y evidentemente placentera.

Val tenía la boca entreabierta.; se humedeció el labio inferior con la lengua, sin dejar de observar la forma en que Nick fumaba, descuidada pero varonil, repleta de esa sensualidad casual que el hombre irradiaba por todos sus poros.

—Yo… Me apetece un vaso de jugo — susurró en medio de la quietud que envolvía la habitación. Estimó que «¿Puedo hacerte el amor salvajemente?» sre oiría demasiado desesperado.

Nick apagó el cigarrillo en el cenicero de la mesita de noche, le dio un piquito en la mejilla y se sentó al borde la cama a calzar sus zapatillas.

—¿Adónde vas? —inquirió el modelo, aún bajo los efectos hipnóticos del humo del cigarrillo de Nick.

—Voy a la cocina, por tu jugo — respondió, cogiendo su camiseta de la alfombra.

¿Por qué su novio era tan egoísta? ¿Por qué no podía andar medio desnudo por el piso? ¿O completamente, con su cuerpo cubierto de aceite y…?

«Porque es tímido y lleno de trancas» se recordó con desánimo.

—Nick —llamó, cuando el veterinario estaba a medio camino de la puerta—, quiero crèpes.

—¿Crèpes?

El sentido de audición de Nick funcionaba perfectamente, de lo que carecía por completo era nociones de repostería. Su hermano pequeño era quién poseía todas las habilidades culinarias de la familia. Pero si Val querìa crèpes, crèpes tendría. Aunque tuviera que pedir ayuda a San Google.

—Crèpes de naranja —especificó el más joven— con salsa de arándanos y nuez moscada.

Nick se desinfló por dentro, a él se le quemaban hasta las tostadas. Aun haciendo su mejor esfuerzo no tenía muchas esperanzas de poder preparar algo comestible, ni hablar de un platillo digno del refinado paladar de su pareja

—Crèpes serán entonces —aseveró, luego de aclararse la garganta. En su fuero interno se sabía perdido, pero no se rindiría sin antes pelear esa batalla por su Val.

El modelo disimuló con maestría su sonrisa perversa antes de bajarse de la cama y, en escasas zancadas de sus piernas extra largas, alcanzar a su pareja antes de que éste franqueara la puerta.

Nick era el novio perfecto, su caracter sumiso lo hacía el candidato ideal para convertirse en un dócil perrito faldero.

Pero Val no deseaba un perrito faldero, la agencia estaba llena de ellos: decenas de hombres y mujeres que besaban el suelo que él pisaba y corrían para satisfacer hasta el mas nimio de sus caprichos.

Lo que Val deseaba en realidad era un compañero a su lado, no detrás, a su sombra.

Y para ello él se encargaría de reforzar la frágil autoestima de su amado Nick, empezando en ese preciso instante.

—Regresa a la cama —ordenó, posando sus manos en los hombros de su pareja.

Su voz era dulce, aunque sin perder su tono autoritario tan característico.

—¿Pero… las crépes?

—¿Siquiera sabes cuánta cantidad de levadura usar? —le divirtió la mueca de desconcierto de Nick, tan adorable que no pudo ni quiso evitar darle un piquito.

—Ehm… ¿Una cucharada?

—Las crèpes no llevan levadura, Meine Liebe —un nuevo beso y la orden apremiante—: regresa a la cama, no me hagas repetirlo por tercera vez.

—Puedo pedirle al enano que me enseñe, la próxima vez…

En vista de que su pareja no quitaría el dedo de esa tecla lo condujo de la mano hasta la cama, y sentados en ella le habló pacientemente, como si de un niño pequeño se tratara.

—Olvida las benditas crèpes. Sólo necesitaba averiguar qué tan lejos estás dispuesto a llegar con tal de complacerme. Sé que no sabes cocinar, lo mencionaste con anterioridad.

—Lo siento.

—Ese es el punto, amor. No debes disculparte, no debes hacer nada que no te agrade sólo por mi causa.

—Pero me gusta mimarte.

—Y a mi me encanta que lo hagas, pero no me decepcionaré de ti por una vez que me digas «No». Si algo te incomoda o molesta quiero que me lo digas, ¿de acuerdo?

Nick respondió sonriente «No».

—¿Eh?

—Lo siento, es una… Creo que realmente no se me dan las bromas. ¿Voy por el jugo?

El modelo rodó los ojos.

—YO voy por el jugo —recalcó, recostando a Nick de nueva cuenta en la cama—. Tú descansa y déjate mimar por una vez, para variar. 

~*~*~*~ 

—Tu hermano me dijo que rechazaste la invitación. Debes saber que yo no acepto un “no” como respuesta.

Tom se vio abrumado. Odiaba reconocer que la estrategia del modelo —darle acceso irrestricto a su casa, facilitarle los libros de su valiosa biblioteca, mimarlo con exquisteces gourmet— había menguado paulatinamente su animadversión por ‘La Señora Trümper’. Aunque, sin duda, el hecho decidor en aquel cambio fue nada menos que la expresión de sempiterna felicidad en el rostro de su Bro.

—No es que no me interese la exposición —se apresuró a excusarse, sintiéndose en falta sin saber muy bien por qué—, es sólo que no me gusta la gente estirada que va a esas fiestas. Prefiero ir cualquier otro día, cuando no haya viejos pretenciosos que finjen saber de arte pero que sólo compran cuadros como “inversión”.

El novio de su hermano —mierda, aún no se acostumbraba a cómo sonaba eso— sonrió, mostrando su perfecta dentadura. Algo en esa sonrisa le hizo pensar a Tom que el modelo aún tenía un as bajo la manga, lo que no comprendía era por qué se empeñaba tanto en que fuera a esa condenada inauguración.

—No habrá sólo “viejos estirados”— aseguró, dibujando un par de comillas con sus dedos ante su expresión coloquial—. Estaremos Nick, yo… Y Bibi.

Helo ahí, el as bajo la manga.

¡El jodido Valentino Trümper sabía!

Tom no estaba seguro de qué tanto, pero podía apostar su aerógrafo nuevo a que la forma en que el modelo lo miró cuando dijo “y Bibi” no tenía nada de casual ni inocente.

 

—Si continúas puliendo esa armadura le quitarás la pátina, chico.

El aludido se envaró y dejó caer el fieltro, asustado. Tan abstraido en sus pensamientos que no recordaba cuánto tiempo pasó frotando.

Lanzó un apresurado «Lo siento, señor Hoffmann” al agacharse a recoger el trapo, pero su jefe fue mas rápido y se lo devolvió junto con una afectuosa palmadita en la espalda.

—¿Entonces, hoy es el gran día?

Luego de su errático comportamiento las semanas pasadas, Tom se vio forzado a sincerarse y confesarle a su jefe la verdad sobre su «novia«.

Al menos la parte que podía contar. «Una chica«, un falso noviazgo que derivó en amistad con derecho a roce y posteriormente en…

—¿Hablarás con ella?

El ánimo de Tom decayó, movió su cabeza de forma negativa y explicó que «ella» pasaría tiempo con su familia.

—Nos veremos mañana, pero nos acompañarán su hermano, el mío y mil personas más.

La invitación a la galería le hacía ilusión, pero hubiera preferido que el reencuentro con su Mauschen se realizara a solas y en lugar en donde pudieran tener esa charla pendiente en paz.

—Si de verdad la quieres, ¡ve por ella! —le alentó el anticuario— No desperdicies tiempo valioso  pensando o la perderás a manos de un tipo con mas cojones que tú. 

~*~ 

A su regreso a Berlín Bill acarreaba un humor extraño, a medio camino entre melancolía y enfado. El segundo acabó imponiéndose al llegar a casa y encontrarse con su hermano en el pasillo.

Val iba descalzo, con el labial hecho un desastre, el cabello en no mejores condiciones y una sonrisa boba en el rostro, signos inequívocos de que cierto veterinario al que el adolescente tanto detestaba se encontraba aún en casa.

Al verlo, el adulto lo saludó con un entusiasta —¡Bibi, ya regresaste! ¡Bienven…! — empero fue cortado en seco por el menor.

—Voy a comprarme un auto —lanzó en un arranque temerario, su corazón latiendo dolorosamente rápido.

La sonrisa de ensoñación de Val se estiró hasta convertirse en una mueca irónica.

—Y yo soy la Reina de Saba. Tú no te sentarás al volante mientras YO tenga el poder legal para impedirlo.

En cualquier otro momento, dicha frase —que a fuerza de oírla tantas veces Bill había memorizado— habría dado pie un berrinche, esa tarde en cambio le produjo un inconmensurable alivio.

—Al menos tenía que intentarlo —agregó con un suspiro, encogiéndose de hombros—. Temí que ahora que eres novio de ese idiota, yo ya no te importara y accedieras a cualquier tontería que te pidiera con tal de que no estorbara.

Su intención fue mostrarse enfadado, sin embargo su faceta de niño mimado se coló y remató la frase con un pucherito tan necesitado de consuelo que el consiguiente abrazo sobreprotector de su hermano mayor no fue resistido, al contrario, se acurrucó en él con gusto

—¡Bibi! ¿De dónde sacas esas ideas? Eres mi bebé, siempre lo serás.

—Lo he visto miles de veces; cuando el padre de Sara Heller consiguió novia faltó a su cumpleaños, y en compensación le pagó tetas nuevas.

Val rodó los ojos. Recordaba vagamente a ese hombre, nunca tuvo mucho criterio.

Besó sus labios en un fugaz piquito y estrechó aún más el abrazo. Contra los temores del adolescente, la infatuación permanente de Val por su novio no consiguió que olvidara que aquél era el primer verano que pasaban tanto tiempo separados. Su ausencia dolió, maxime porque Bill se marchó enfadado.

—¡Val! ¡Me agobias! —Se quejó finalmente, retorciéndose en los delgados pero firmes brazos del adulto que lo besaba repetidas veces en el cabello, ahora mas largo.

Abortó su rebelión en breve, le dolían demasiado las extremidades como para presentar pelea por mucho rato y —aunque detestara reconocerlo— los mimos excesivos que su hermano mayor le prodigaba aquietaron sus temores. Tal vez algunas cosas no habían cambiado.

—Te extrañé —confesó finalmente, aspirando el aroma de su hermano. Descubrir el olor a tabaco mezclado con Boise d’Argent se sintió como un repentino aguijonazo en su pecho.

—¿En serio? Parecía que te la estabas pasando en grande, sólo me llamaste dos veces en ese tiempo.

—Terminaba hecho polvo. Viajar a Bremen durante los preparativos del Oktoberfest no es todo lo fabuloso que lo pintan. Regresé más cansado de lo que estaba al irme.

—Mi pobre bebé. Fuiste por lana y saliste trasquilado.

—No te burles, me duelen músculos que ni siquiera sabía que existían.

—¿Te apetecería un baño de bubujas, como cuando eras pequeño? Luego nos meteremos a la cama y me contarás todo sobre tus extenuantes vacaciones.

El menor de los Trümper alzó su cabeza entusiasmado.

—¿No vas a salir con Nick esta noche?

El modelo se mordió el labio fugazmente, gesto que a Bill no le pasó desapercibido.

—¿Qué sucede? ¡Val, no me asustes! ¡¿Son malas noticias?! ¿No has reservado un viaje para mi a los alpes Suizos o sí?

—¿Qué? ¿Bibi, de que estás hablando? Acabas de llegar de vacaciones, ¿por qué te enviaría de regreso?

—Olvídalo, ¿que es eso que me tienes que contar y que no va a agradarme?

Bil era capaz de leer a su hermano como un libro abierto. Para él el mas nimio gesto se presentaba claro y explicito.

—Vinnie está de paso por la ciudad.

—¿De verdad? ¡Eso es fantastico! ¿Por qué pensaste que podría molestarme?

Val respiró profundamente y, sn soltarlo del todo, lo llevó hasta el sillón, instandolo a sentarse.

—Bibi, Vincenzo nos ha invitado a la inauguración de su última exposición. A todos.

—¿A todos? ¿Quienes somos «todos«?

Bill se hacía una idea, pero quería oir que Val le dijera que había convencido a su viejo amigo de invitar al veterinario. ¡Cómo si a ese idiota le interesara en algo el arte!

Lo pensó por un momento, tal vez no fuera del todo una mala idea. Podía jugar un poco con las inseguridades de su «cuñadito«. Despues de todo, Vincenzo —aunque varios años mayor que Val— era un hombre muy atractivo. Pero debía hacerlo con sumo cuidado, no fuera Albert a darse cuenta.

—De acuerdo, será divertido que Nick nos acompañe.

—De hecho, alguien más irá con nosotros. ¿Recuerdas a Tom, el hermanito de Nick?

Bill no comprendía a santo de qué venía la sonrisa radiante de Val. Su hermano desconocía que él y Bob Marley tenían una relación más que cercana.

Aquietó su paranoia. Probablemente Val sólo pretendía congraciarse con él, después de todo ahora Tom era su cuñado.

«Genial —pensó con ironía—, no puedo esperar por la siguiente cena familiar».

—¿Me disculpas si me quedo en casa? Aun estoy muy can…

—Me encantaría que fueras. Tom no está habituado a ese ambiente y no quiero que se sienta fuera de lugar, un rostro familiar le vendría muy bien.

—Tendrá un rostro familiar. ¡El tarado de Nick!

—Necesita alguien de su edad. Me consta que ya no se detestan, los vi conversando civilizadamente durante el cumpleaños de Nick. Por favor, bebé, será sólo por un par de horas.

¡Un par de horas! Incluso cinco minutos junto a él era más de lo que podía soportar.

Había tomado la dura determinación de no volver a verlo. Dolió bastante, pero las dos semanas alejado de él ayudaron a acostumbrarse.

 Infortunadamente, cuando a su hermano se empecinaba en algo no se daba por vencido hasta obtenerlo.

—Está bien —respondió con desánimo —, iré.

Aquella sería una tortura china. 

~*~ 

Su olfato no lo engañó, el detestable veterinario y su hermanito estuvieron jugando al doctor esa tarde.

Lo comprobó por casualidad, una media hora luego de su llegada fue a la cocina por un sandwich y escuchó risas provenientes del recibidor.

Su cuñado llevaba el pelo suelto, como la última vez que lo vio y asía a Val firmemente por la cintura. Los amantes, que se besaban despacio pero sin tregua, se apartaron sólo para despedirse.

Bill golpeó su frente contra la pared —despacio para no hacer ruido— al escuchar a Nick declararle su amor a Val por enésima vez.

Su hermano era muy afortunado.

Odió reconocerlo: «Hay un Kaulitz idiota, pero no es Nick». 

~*~*~*~ 

Su Bro regresó a casa con un chupetón en el cuello, rasguños en la espalda y una sonrisa que no le cabía en el rostro. Tom no quiso indagar que tanto se había adentrado en «maricolandia» esta vez. Nick se veía feliz y a sus ojos era todo cuanto importaba.

Lo envidió profundamente, deseó tener sus cojones para estar con la persona que am… Bueno, «aquello«.

Pero su padre tenía razón, él era sólo una pequeña rata cobarde. Ni siquiera se atrevió a preguntarle si su Mauschen había llegado ya a Berlín.

Hacía cuatro días que Bill dejaba en visto todos sus mensajes, sus llamadas pasaban directamente a buzón de voz.

Temía que la inauguración llegara demasiado tarde, pero no se daría por vencido aún. Tobías le había dado una gran idea, no iba a dar por perdida la guerra sin pelear una última batalla.

Bill caería, cómo que se llamaba Tom Kaulitz. 

~*~*~*~ 

Los Kaulitz y los Trümper pudieron reunirse directamente en la galería, pero Val consideró mas «práctico» juntarse temprano en el pent house.

«Práctico«

Un nuevo eufemismo para «mi novio y yo vamos a fajar un rato en mi habitación».

Bill no podía quitarse de la cabeza la imagen de ambos adultos besándose. Que el estúpido de Bob Marley luciera una sonrisa de millón de doláres y la gorra que él le regaló no hizo sino ponerlo aún de peor humor.

—Deja de mirarme fijamente, es molesto. —ladró, enfurruñado. Subiendo las escaleras que llevaban al estudio, ni pensara que ese tiempo muerto lo ocuparían replicando a los adultos en su cuarto.

Pero la sonrisa del otro chico ni siquiera vaciló. Parecía lleno de una felicidad intrínseca, algo que vislumbró cuando se vieron por última vez, pero en ese entonces no alcanzaba esos extremos exasperantes. Antes de esa tarde de confesiones y descubrimientos se le había agriado la sangre verlo de esa manera, imaginando que su alegría se debía a alguna chica voluptuosa y descerebrada. Ahora sabía que la razón era él, y eso lo enervaba en cierta incomprensible manera.

¿Por qué Tom no expresaba sus sentimientos de la forma en que él lo necesitaba?

Porque era un idiota, lo siguiente que hizo solo lo confirmó.

—Tengo algo para ti.

Él no le trajo nada de su viaje, al menos nada que planeara entregarle. La botella personalizada que ponía «Tomi» la escondió en el fondo del closet, le pareció un lugar apropiado.

Al verlo llegar aferrando esa delgada carpeta, cómo si de un tesoro valioso se tratara, pensó que guardaba algún dibujo para que Vincenzo lo evaluara, pero se equivocó.

Se le cerró la garganta al abrir la carpeta de cuero sintético y encontrarse con su propio rostro, sonriéndole en carboncillo y sepia desde un grueso papel texturado. Era el boceto por el cuál había pagado tiempo atrás, la tarde en que acabaron emborrachándose en la cava.

—El Bond no te hacía justicia, debías ir en Fabriano.

—¿Qué?

Tom no aclaró sus extrañas palabras, sólo se quedó viéndole expectante, como si esperara su veredicto o al menos un agradecimiento de su parte.

Pero el moreno no estaba de humor para amabilidades, el retrato sólo lo enfadó más.

«¿Por qué tiene que ser tan jodidamente adorable? ¿Por qué me tortura de esta manera?”.

Tuvo el impulso infantil de romper el grueso papel en dos y correr al chico de su casa. Pero esa tarde Tom era un invitado de Val y probablemente su hermano lo regañaría por su rudo comportamiento.

En su lugar guardó el dibujo en un cajón del escritorio, como un papel cualquiera y luego se arrellanó en el sillón mas alejado del de rastas.

—Si demoras tanto en entregar una comisión no me sorprende que casi no tengas clientes.

Su comentario borde consiguió apagar en un parpadeo el buen ánimo de Tom. Bill experimentó una malsana satisfacción al verlo entristecer.

¿Qué mejor forma de mostrarle que las cosas habían cambiado entre ellos?

«Seguramente esperaba un agradecimiento mas efusivo, algo que incluyera intercambio de fluidos sobre el sofá. Si sólo quiere follar ¿por qué rayos no se busca una maldita chica, como siempre, y me deja en paz?»

Debió sentir al menos un gramito de culpa. Tom no sólo agachó la cabeza, luciendo miserable, sino que no volvió a abrir la boca hasta que Val los llamó avisando que era tiempo de partir, pero el enfado lacerante había aletargado toda empatía por el otro chico.

Por lo mismo evitaba mirarlo, hacerlo sólo le recordaba lo inútil de sus sentimientos.

¿Por qué no podía enamorarse de alguien que tuviera intenciones de corresponderle por completo, sólo para variar?

Bajó las escaleras de dos en dos, corriendo de prisa al ascensor, dejando a Tom bastante atrás. 

~*~ 

Los adultos se adelantaron en el Porshe de Val mientras que Markus se encargó de trasladar a los adolescentes en la camioneta. Lo que sólo incrementó el nerviosismo de Tom, quien se mantuvo silente y petrificado en su asiento durante todo el trayecto a la galería.

El comportamiento distante de Bill, sin mencionar el desprecio del que su retrato fue objeto, derrumbó toda su valentía. No que tuviera mucha, pero durante los pasados días se había envalentonado a si mismo, recordando lo comprensivo que Bill se había mostrado el día de su confesión, inocentemente creyó que ya lo peor había pasado.

Bill era receptivo a sus caricias y empático con su sufrimiento, mostraba mas preocupación por sus problemas que la mayoría de la gente que conocía (salvo por su hermano y su terapeuta, quizá). Esa tenía que ser una buena señal, ahí debía haber algo, algo más que sólo simpatía.

Sin embargo el Bill que regresó de Bremen no era el mismo que se despidió de él con un beso en la mejilla y un jaloncito juguetón en sus rastas. Ignoraba qué pudo haber sucedido, pero lo que fuera, le robó a su adorado Mauschen.

Tal vez su jefe tenía razón, había desperdiciado demasiado tiempo pensando y lo había perdido.

En el fondo de su cerebro subyacía la pequeña certeza de que esa opresión que sentía en su pecho no era mas que angustia fuera de control, secuelas de su decisión irreflexiva de arrojar su medicación al desagüe. Su libido lentamente daba señales de retornar, pero el precio fue alto y dadas las circunstancias, infructuoso.

Apoyó su cabeza en el vidrio, mirando hacia afuera sin ver nada en realidad. Su Mauschen aparentaba estar resentido con él y sólo encontraba una posible explicación: ya no lo quería cerca por las atrocidades que cometió en el pasado.

Tenía cierta lógica, el moreno dispuso de dos semanas para analizar bien la situación, al cabo de las cuales decidió que ya no podía seguir fomentando su amistad.

¿Quién querría ser amigo de un delincuente despues de todo? Ni hablar de…

—…ájate.

Alzó la cabeza y miró alrededor, desorientado. La camioneta se había detenido y un sujeto con ropa chistosa reemplazaba al gorila al volante.

Desde la acera Bill lo regañaba, enfadado.

—Ya llegamos, Bob Marley. ¿Quieres quedarte toda la noche en el estacionamiento?

De poder escoger, hubiera permanecido en el estacionamiento, pero no quería ser el causante de problemas entre su hermano y el novio de éste.

Arrastró su humanidad fuera del vehículo y se esforzó por estirar sus labios en una sonrisa artificial.

No importaba cuales fueron los motivos reales que Valentino tuvo para invitarlo, el hombre se estaba esforzando por agradarle y no deseaba desairarlo. 

~*~ 

El sentimiento de culpa se instaló en el estómago de Bill y no daba visos de querer marcharse. Tom se veía tan apagado, parecía un espectro de si mismo.

Tal vez, sólo tal vez, se le había pasado un poco la mano. Sabía que cuando se trataba de ser borde nadie lo superaba. Pero no entraba en sus planes retractarse, cansado de que le rompieran el corazón, estaba determinado a protegerse esta vez.

Su pecho se oprimió al ver a Tom acercándose, estrujando los bajos de su camiseta. Familiarizado como estaba con su lenguaje corporal, sintió pena por el otro chico, más aún cuando este preguntó con voz pequeñita, sin atreverse a sostenerle la mirada: «Mauschen, me has estado evitando desde hace días. ¿Qué demonios pasa contigo? ¿Es por lo que dije?».

Exhaló el aire que oprimía sus pulmones, por mucho que deseara no podía dilatar mas esa charla, aunque Val lo riñera mas tarde por perderse la cacareada inauguración.

—¿Realmente quieres saber que sucede? —respondió lacónicamente, mirando alrededor— Sígueme.

La galería estaba llena de gente, encontrar un lugar en donde pudieran hablar a solas sin ser interrumpidos por miradas indiscretas fue una odisea.

En la Sala Lila se toparon con una instalación irreverente, Tom había oído sobre ella en el noticiero, el artista fue excomulgado y la galería sancionada, pero la obra aún permanecía en exhibición.

Un confesionario de roble ocupaba gran parte de la pequeña salita, del cubículo central, donde habitalmente se sentaba el sacerdote, emergía un descomunal falo de metal bruñido.

Tom emitió una pequeña risita ante la ironía, tomó nota mental del artista para stalkearlo mas tarde.

Tras asegurarse de que no hubiera moros en la costa, Bill lo jaló de la mano hasta uno de los cubículos laterales del confesionario y cerró la cortina tras ellos.— Lo que sucede es que me gustas, Tomi —lanzó, sin mayores rodeos—, me gustas mucho. Incluso creo que estoy mas-que-un-poco enamorado de ti.

La unica reacción del interpelado fue abrir la boca, sorprendido.

—¿Y tú, Tomi? —Bill apretó sus manos en dos puños, nervioso ante la pregunta que temía hacer, porque adivinaba que la respuesta no sería de su agrado— ¿Qué sientes tú por mí?

Tom pudo decir que cuando lo veía sonreir se acallaban las voces dentro de su cabeza, que su corazón parecía explotar en su pecho cuando él mencionaba su nombre y que no le importaba llegar con sueño al trabajo si ello significaba que podía hablar una hora más con él por las noches.

Pero no fue capaz.

En lugar de ello lo acorraló contra uno de los paneles de madera, se puso en puntillas y lo besó con desesperación.

Bill le respondió con la misma intensidad, invadiendo su boca con ese piercing que provocaba escalofríos en sus bolas cada vez que tocaba su lengua, y acariciando sus rastas, algo que sólo él tenía permitido.

Por un momento Tom creyó que su Mauschen había comprendido el mensaje sin necesidad de palabras, pero estaba equivocado.

Cuando el tórrido beso acabó el otro chico lo miró con decepción.

—Si esto es todo lo que tienes para mi, no lo quiero Tomi. No quiero ser como esas chicas anónimas a las que sólo buscas cuando estas caliente.

—¡Pero estabas de acuerdo con eso! —alegó desesperado, viendo como su Mauschen se le escapaba entre los dedos, sin que pudiera hacer nada para evitarlo— ¿Qué cambió?

El moreno se encogió de hombros con tristeza.

—Me enamoré.

Tom se quedó anclado en su sitio, sin mover un músculo, viendo como su Mauschen salía del confesionario, mascullando con amargura—: Bien hecho, Bill. Tienes un gran ojo para escogerlos. 

~*~ 

—¿Y tu copa?

—No bebo cuando estoy de servicio.

—¿Alguna vez te han dicho que tu trabajo apesta?

Markus ignoró la provocación, le tomó el rostro con ambas manos y valiéndose de sus pulgares, le secó las lágrimas antes de que estropearan su maquillaje.

—No me sermonees, por favor —pidió, con la barbilla temblorosa por el llanto contenido—. Sólo llévame a casa.

A lo lejos, Tom vio a Bill marcharse con Markus. Le escaldaba el alma  pensar que, sin querer, lo había enviado directo a los brazos del gorila en busca de «consuelo«. Lo había jodido todo de manera tan estrepitosa que no debería culparlo, pero eso no hacía que doliera menos.

Una voz con acento mediterráneo lo arrancó de sus atormentados pensamientos.

—Creo que a tu amigo no le gustó la exposición.

—Su concepto de arte es ponerle un filtro sepia a la foto de un croissant. —comentó con nostalgia.

El desconocido le rió el chiste y bebió de su copa, pero no se marchó. Tom lamentó haber dado pie inadvertidamente a una conversación que no deseaba sostener.

—Un Millenial tecnófobo, eso no se ve todos los días.

Tom no tenía ganas de enredarse en una charla sin sentido con un extraño, pero la idea de hacer mal tercio le apetecía aún menos. Su hermano y el novio de este se veían bastante cómodos, charlando en su propia burbuja de amor, nubecitas rosas y toda esa mierda, de manera que se obligó a no pensar en que había arrojado por el caño la única oportunidad que tuvo con su Mauschen y trató de ahogar sus penas con champagne. No era cerveza, pero tendría que bastar.

—No reniego de la tecnología —se defendió, lo último que quería era pasar por weirdo—, tengo móvil y todo. Pero nada se compara a la sensación del grafito contra el papel.

—Tengo entendido que los aerosoles no te son ajenos tampoco.

—¿Cómo es que tú…?

Tom se atragantó con su saliva. ¿Quién rayos era ese sujeto? No parecía uno de los sabuesos de Blumen, pero aún así su paranoía se encarreró.

«¿Ese condenado fiscal nunca me dejará en paz? ¡El caso está archivado por todos los…!»

—Alguien de tu círculo cercano. —explicó el desconocido, calmando sus temores. Tom se sorprendió de que señalara a Val con la mirada y el modelo respondiera con una fugaz sonrisa, para luego regresar toda su atención a Nick.

—Entonces, ¿tú eres…?

Tom deseó que la tierra se lo tragara. 

~*~ 

—¿Me dirás qué fue lo que te hizo ese delincuente esta vez?

Bill se detuvo en medio de la sala y volteó despacio

—Tom, su nombre es Tom. Y no hizo nada que amerite una demostración de tu fuerza bruta.

—¿Aún lo defiendes?

Pensar en Tom dolía, no deseaba verlo ni hablar de él. Pero no podía permitir que saliera lastimado por algo de lo que no tenía mayor culpa.

—Markus, no puedes obligar a la gente a amarte, eso tú me lo enseñaste.

Sin ahondar más en el motivo de su discusión con Tom, se acercó y le dio al guardaespaldas un beso de buenas noches en la mejilla. 

~*~ 

—… me han ofrecido medio millón por ella, pero no está a la venta, es la favorita de Albert.

—¿Albert es tu agente? —preguntó sin pensar. Impresionado porque alguien se atreviera siquiera a rechazar semejante suma. Si él estuviera en la misma situación no se lo pensaría dos veces.

—Albert es mi esposo.

—¡¿Tú eres mari…?! Digo, no pensé que fueras casado.

Bebió de su copa, intentando ocultar su sonrojo, pero el pintor no parecía molesto por su metida de pata, de hecho le sonreía.

—Buen intento, chico. Sí, soy «marica«, aunque preferimos la palabra «gay«.

—No lo pareces, eres demasiado… Ya sabes —hizo un molinete esperando que Vinnie comprendiera sin tener que explicarse mayormente, ya estaba bastante avergonzado.

—¿Masculino? No te sorprendas, venimos en todos los formatos. No todos podemos usar maquillaje dramático y tacones de quince centímetros —Tom sonrió, Vinnie se refería a Val pero él tenía a otro Trümper en mente—. Algunos no tenemos pluma, sólo el brillo en la mirada y la sonrisa cómplice que compartimos con nuestra pareja nos delata.

Y esta vez Tom se atragantó.

Pese a que Vinnie era un artista reconocido a nivel mundial no se le habían subido los humos, hablaron un buen rato hasta que su representante vino a quejarse de que estaba desatendiendo al resto de los invitados. El pintor se marchó dejando a Tom con una grata impresión y una dirección garabateada de prisa en el anverso de un folleto.

«Su atelier —ya en su habitación, en casa de Nick, a Tom le costaba asimilar lo que ello significaba — Vinnie me invitó a su atelier».

La larga charla le dio mucho en que pensar, llevaba horas dando vueltas en la cama cuando se atrevió a coger el móvil y escribir ese mensaje.

Se arrepintió apenas lo envió, su corazón comenzó a latir el doble de rápido cuando vio el doble check azul seguido por un brevísimo mensaje de voz.

«Dilo en voz alta, si tienes los cojones»

«Estoy enamorado de ti, idiota».

Continuará…

por Haruxita

Escritora del Fandom

Un comentario en «XIII: I fooled around and fell in love»

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