XIV: Charla de hombres I

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 14: Charla de hombres (P.1)

¿Por qué el cielo es azul? ¿Por qué los aviones vuelan si no tienen plumas? ¿Si me trago la goma de mascar, me crecerá un árbol de goma de mascar en la panza?

Su hermanito siempre poseyó una curiosidad insaciable, todo le llamaba la atención y todo deseaba saber.

A medida que Tom crecía sus inquietudes se volvieron mas complejas.

¿Por qué Chris no tiene mamá? ¿Por qué papá dice que soy un enfermo, si no tengo fiebre? No entiendo, ¿Qué tiene de gracioso un erizo y un alfiletero?

A los trece años Tom dejó de preguntar, Nick pensó que era entendible que un adolescente con rasgos de rebeldía como él prefiriera buscar las respuestas entre sus pares o directamente en la red.

Por ello cuando apenas unas semanas atrás Tom acudió a él y preguntó: «¿Por qué ya no se me para?» Nick se vio pillado por sorpresa, no poseía una respuesta para ese cuestionamiento, él mismo no estaba preparado para tener una charla de cariz sexual. ¿Que responder? Si aquél nunca fue su fuerte.

A diferencia de alguno de sus (ex) amigos, Nick no poseía grandes hazañas en su historial que relatar, o un vasto conocimiento del tema, ni siquiera uno razonable de hecho

Se sintió culpable por despachar a Tom con las manos vacías y enviarlo directamente con su psicóloga, muy en el fondo tenía la sensación que de alguna manera le había fallado como hermano, traicionando la confianza que el chico había depositado en él.

Luego de ello Tom se cerró nuevamente.

Nick se arrepintió de no haber tenido esa charla de hombres cuando el chico se lo pidió, máxime por un motivo tan trivial como avergonzarse por dejar al descubierto sus propias falencias.

Por semanas tuvo que lidiar con el hecho de que sólo Dios sabía cuándo su hermanito se volvería a mostrar dispuesto, si es que eso sucedía alguna vez.

Por ello Ignoraba a qué deidad agradecer el que Tom le diera una segunda oportunidad:

¿Cómo te diste cuenta de que lo tuyo por «La Señora Trümper» era amor y no calentura? —preguntó, sin anestesia, muy en su estilo.

Sin embargo Nick no encontró trazas de burla ni resentimiento en sus palabras, sólo genuina curiosidad.

Le sonrió con pudor. Aquella era una pregunta bastante íntima y en realidad no existía una respuesta sencilla para esa o las innumerables preguntas que siguieron esa noche de sábado (¿No te dio miedo? ¿Ya follaron? ¿Cómo averiguaste… ya sabes… como le hacen dos hombres para tener sexo? ¿Por qué te lo tomaste con tanta calma?) Pero pondría todo de sí para aclarar las dudas de su hermanito.

~*~

Tom casi no durmió la noche anterior, su cabeza albergaba un caótico remolino, en el cuál se entremezclaban las enseñanzas de su padre con los consejos de Pauline, los achuchones de Nick y los besos de Bill, las palabras de Vinnie con las miradas de adoración que «La Señora Trümper» le daba a su hermano.

Una parte de él no estaba segura de que lo que sentía por el menor de los Trümper se tratara efectivamente de aquello que había expresado en el mensaje, la otra parte en tanto (aquella que no tenía la menor duda sobre el asunto) temblaba de terror y se negaba a aceptarlo, porque hacerlo implicaría asumirse como «marica» ante el mundo y él no estaba listo no deseaba hacerlo.

~*~

A Nick no le desagradaba Samy Deluxe, no era su estilo de música, pero no tenía problema en oírlo si se topaba con algún tema suyo en la radio. Sin embargo, escucharlo a un volumen tal que hacía vibrar los vidrios de las ventanas, no era su idea de un despertar apacible.

El primer pensamiento que acudió a su mente medio adormilada fue ir a darle los «Buenos días» a su hermanito junto con una merecida colleja como bonus.

Lo único que lo detuvo fue que, de no ser por la odiosa costumbre del chico de poner el sistema de sonido a tope para espabilarse por las mañanas, él permanecería todavía en los brazos de Morfeo.

Eso y que Tom había regresado de un humor extraño la noche anterior.

Pese a que monopolizó el interés de Vincenzo por largo rato y parecía haber pasado un buen momento con el pintor, no dijo palabra de regreso a casa.

Tampoco supo explicar por qué el hermanito de Val se marchó temprano, dejándolo tirado en la galería. Val, que siempre parecía ir un paso adelante, se mostró comprensivo, aunque algo cortante con Tom, luego de llamar a casa.

Ver a Tom pensativo, cabizbajo, carente del entusiasmo que solía embargarlo cuando de arte se trataba era preocupante.

No dijo palabra durante el trayecto en taxi, pero al llegar a casa comentó, buscando hacer conversación.

—¿Qué tal Vincenzo? Parecía un sujeto agradable, ¿eh?

Tom se encogió de hombros y respondió lacónicamente —Supongo.—antes de subir corriendo a su cuarto.

Fue toda la reacción que obtuvo de él.

Se recriminó el no haber prestado más atención esa noche. Había puesto todas sus esperanzas en que el encuentro con el pintor lo ayudara en su terapia, pasando por alto que el encuentro realmente importante esa noche era el de Tom y su secreto crush: Bill.

Ingenuamente se dio por satisfecho al ver que ambos chicos compartían un mismo espacio físico sin maldecirse ni irse a los golpes, pasando por alto el hecho de que Tom ya no era el mismo Tom que hace unos meses atrás, y ahora se amonestaba por haberlo olvidado.

Quizá si no hubiera estado tan ocupado con su novio…

—Lamento si no estuve al pendiente anoche enano —se disculpó, por la mañana, en medio del desayuno— . No quería fastidiarte la velada, pero tal vez me alejé demasiado.

El chico lo miró con expresión distraída, tardó unos minutos en responder.

—Bro, no has tenido una relación en dos años, ni siquiera un jodido «One night stand”, no puedes poner eternamente en pausa tu vida por mi culpa. Estoy bien. Lo de anoche no fue tu culpa, me sentía mal rodeado de tanta gente, es sólo eso.

Algo le decía a Nick que su hermanito no estaba siendo del todo sincero, pero si Tom no confiaba en él para compartir sus problemas, no había nada que él pudiera hacer. 

~*~

Valentino también tenía grandes expectativas puestas en esa noche, saldar la deuda que aún tenía pendiente con Nick era la menor de ellas.

Si todo salía como había previsto conseguiría un acercamiento con Tom y podría observar desde prudente distancia interactuar a ambos adolescentes en tiempo real, disipando por fin la interrogante sobre el tipo de relación que ambos mantenían.

Nada salió como planeó, ese era el motivo por el cual regresó a casa, solo y con una opresión en su pecho.

Contraviniendo sus órdenes su hermanito se marchó de la galería sin aviso dejando tirado a Tom. Saber que Markus no hubiera permitido tal cosa sin una justificación de peso sólo lo inquietó aún más.

Nick, por su parte, declinó su ofrecimiento de llevarlos a casa, por las complicaciones que ello traía aparejadas, y optó por coger un taxi.

¡Y él que esperaba convencerlo de quedarse a dormir!

Cuando pasó por su cuarto para darle el beso de las buenas noches, el chico fingía dormir. 

~*~

Bostezó por tercera vez mientras esperaba el ascensor en el estacionamiento. Aquél era un comportamiento inusual para él — un ave madrugadora—, desde que estudiaba en la facultad que no se le pegaban las sábanas de esa manera.

Sabía muy bien a qué se debía el cambio, su cuerpo aun no se acostumbraba a seguir el ritmo de su novio y acusaba recibo de la agitada actividad nocturna de los últimos días.

El tonillo jocoso con que su amiga y socia se burlaba de él resonaba en su cabeza: «eso es porque tienes los hábitos de un anciano».

El aceptaba las pullas con estoicismo, bien sabía que Natalie estaba en lo cierto, aunque ello no ayudaba a mitigar el cansancio.

Tal vez Val estuviera harto de pasear por el bosque y accediera a quedarse en casa, compartiendo su blandita y cómoda cama Queen Size.

Nick meneó la cabeza, sonriendo ante el mero pensamiento. Esa idea no funcionaría con alguien como Val. Su novio era tan infatigable como el conejito de las baterías. Una vez en su cuarto propondría otro tipo de actividades que se podían realizar acurrucados.

Pasó saliva, la idea era en extremo apetecible, si sólo no estuviera tan cansado. 

~*~

—Quiero tener a Bill sólo para mí, por eso dije lo que dije. —Aseveró, aferrándose a su pose de malote sin sentimientos que tan bien le funcionó en el pasado.

Y habría resultado de maravillas. si su interlocutora no conociera su historial.

Las lágrimas que, silenciosas pero incesantes, empapaban sus mejillas tampoco ayudaron a avalar su mentira.

Llevaba mas de media hora sentado ante el escritorio de Pauline, confundido, hablando entrecortado y contradiciéndose cada dos o tres frases, sufriendo, negando lo evidente y lagrimeando.

Tenía una sola cosa clara: que quería a Bill. No en el sentido de afecto-enamoramiento-amor-deseo, esa parte era la que lo traía tan confundido, no sabía cómo explicarlo. No era algo que se pudiera poner en palabras, por más que lo intentaba, no lo conseguía.

Frustrado y vencido por la angustia le confesó a su terapeuta que tiró todas sus pastillas por el desagüe.

La mujer hizo un gesto negativo con la cabeza y anotó un puñado de frases en sus apuntes.

Tom bajó la cabeza en señal de culpabilidad, aguardando por un regaño que nunca llegó. En lugar de ello la mujer puso un vasito descartable en sus manos —bebe despacio— le ordenó. Su voz era dulce, alejada del neutro tono profesional que usualmente empleaba en sus sesiones.

Era sólo un poco de la fría y desabrida agua del dispensador, incluso quemó un poco al bajar por su garganta, irritada por el llanto silencioso. Fue el gesto, más que el agua, lo que lo confortó.

—La sesión terminó hace ocho minutos, Tom —informó la mujer. Justo cuando él se aprontaba a ser despachado con su angustia bajo el brazo, ella agregó—. Como terapeuta no tengo permitido emitir opiniones personales, pero fuera de horario tales restricciones no aplican.

Tom respondió la sonrisa franca de la mujer con otra pequeñita y tímida. Cabía la posibilidad de que lo que estaba a punto de oír no le agradara, pero tenía la corazonada de que no sería así.

—Tom, aquello que sientes por ese chico y no consigues explicar se llama amor. Te niegas a aceptarlo de forma consciente porque las creencias inculcadas por tu padre aun te condicionan.

Tom abrió los ojos desmesuradamente, el sonido de esa única palabra provocó un escalofrío por toda su espina. Cómo si al decirlo en voz alta Pauline conjurara una terrible maldición.

—Enfrentaste situaciones traumáticas en el pasado y no sólo sobreviviste, sino que te sobrepusiste a ellas con valentía. No le temas al amor, Tom, es una de las experiencias mas hermosas de la vida. Ese chico te ha demostrado que sus sentimientos son honestos, no lo dejes ir por los fantasmas que otros instalaron en tu corazón.

Tom abrió la boca, pero de ella sólo escaparon balbuceos, convencido de que no tenía los cojones para repetir su declaración de amor una vez estuviera frente a frente a su Mauschen.

—¿Y qué tal sí…? Sigo sin… Aun no sé qué…

Pauline le dio, a opinión de Tom, el mejor consejo en lo que llevaba de terapia:

—Si no encuentras las palabras apropiadas, dile eso precisamente. Cuéntale que no puedes verbalizar tus sentimientos, de qué forma lo que sientes por él pone tu mundo de cabeza y te llena de temores, pero no olvides mencionar que tan fuerte es, tanto como para no querer apartarlo de tu lado.

Tom salió un poco más tranquilo de su sesión esa mañana, aunque la ansiedad no aminoró un ápice, al menos sus pensamientos eran mucho más claros que al llegar.

Pero no la sacó gratis, aun sin regaño de por medio su terapeuta le recomendó confesar su acto de rebeldía durante su siguiente control con su psiquiatra y solicitar cambio en la medicación.

~*~

Ese sábado un inusual silencio reinaba en el apartamento de los Trümper, pese a que ambos chicos se encontraban en la sala, enfrascados en el mismo menester.

Val —que parecía haber dejado todas sus caretas de Diva distante y desangelada olvidadas en su boudoir— portaba la misma sonrisa espontánea que no abandonaba su rostro desde esa tarde en el bosque y de tanto en tanto suspiraba sin el menor pudor, aún embebido en los recuerdos del reciente encuentro con su novio. Bill en cambio sólo dejaba entrever su contrariado estado de ánimo en su semblante cariacontecido.

Por más que Val se esmeró, empleando toda su sutileza, no consiguió que el chico soltara prenda sobre el motivo que había apagado su habitual euforia.

Val tenía sospechas más que fundadas sobre el particular, sin embargo debió guardarse sus dudas para sí. Un ataque directo sólo conseguiría que su hermanito se cerrara aún más. Si él era reservado en cuanto a su vida sentimental su frijolito llevaba ese rasgo al extremo, tornándose completamente hermético.

Continuaron su labor en una tensa calma, el mayor transcribiendo con su elegante caligrafía los nombres de la lista a las invitaciones, a las que luego el menor les adjuntaba el brazalete correspondiente.

A poco de terminar, un conocido ladrido puso una enorme sonrisa en labios del adulto y una mueca de fastidio en el menor.

No que a Bill no le agradara Scotty, pero el Kaulitz que había del otro lado de la correa era el incorrecto.

Respondió al saludo de su cuñado con la cabeza gacha, fingiendo admirar el diseño del flyer.

De ser necesario, Bill habría contado los nudos de la alfombra si eso le evitaba ver a SU VAL colgado del cuello de ese idiota.

Los invitantes labios de Nick atrajeron a Val como abeja a la miel, pese a haberse separado menos de diez horas atrás, el lapso se le hacía excesivo.

Val se sabía perdido de pies a cabeza por su pareja, la certeza de que era mutuo lo hacía estúpida e inconmensurablemente feliz.

Esas recias manos sosteniéndolo con firmeza de su cintura y las suaves hebras de cabello deslizándose entre sus dedos lo sacaron del planeta por un instante, que bien pudo durar una hora o un par de minutos, imposible saberlo.

Su corazón latía acelerado aun, cuando su autocontrol le obligó a apartarse con un beso esquimal que prometía retomar las caricias no bien se encontraran en privado.

Aun quedaban unas cuantas invitaciones por terminar, no deseaba dejarlo para después, y darle mas motivos a su Bibi para detestar a su novio.

Nick se arrellanó en el bergère a esperarlo, ambos perros no tardaron en echarse a sus pies.

Bill rodó los ojos ante la escena, parecían una familia feliz. Pero no lo eran, ni lo uno ni lo otro.

Picado por la curiosidad, el veterinario quiso saber que eran aquellos coloridos papelitos que ambos chicos manipulaban con tanto cuidado.

—Las invitaciones a la fiesta de cumpleaños de Bibi —respondió el modelo, desviando la mirada desde su novio a su hermanito con una expresión cargada de cariño. —llegaron cuando estaba en Bremen, si las terminamos hoy…

—Val —interrumpió el chico, con acritud—. A tu noviecito no le interesan los pormenores de mi fiesta.

El mencionado carraspeó, aflojando el cuello de su camiseta con un dedo, visiblemente incómodo por el tono agresivo del adolescente. Pero el modelo no se amilanó, recompuso su sonrisa intentando con encanto y voluntad crear lazos entre los dos chicos que tanto amaba.

—Bibi pronto cumplirá diecisiete, Meine Liebe —explicó, acariciando la melena del menor, que escapó de sus mimos como un gato arisco.

El rezongo de Bill quedó a medias el momento exacto en que el comentario de su detestado cuñado penetró en su cerebro. —¡Qué coincidencia! El cumpleaños del enano también es por estas fechas.—

Alzó su cabeza abruptamente, parpadeando incrédulo. Sin percatarse de la estúpida expresión de su rostro, mandíbula desencajada incluida. El gesto le pasó desapercibido a Nick —que se había acercado a la mesa ratona e inspeccionaba las invitaciones con curiosidad casi infantil —no así al modelo, para quien el lenguaje corporal de su hermanito le proporcionó la información que este se negaba a entregar de forma directa.

El adolescente salió del shock momentáneo, regresando su atención a los brazaletes de papel. Notó como sus orejas se caldearon y su pulso aceleró vergonzosamente, todo por una mención casual e inocente de su… Del imbécil de Bob Marley.

—Sí que es un hecho curioso —comentó Val, tragándose una sonrisa culpable. No le pareció correcto divertirse a costa del mal rato por el que atravesaba su Frijolito. Acto seguido realizó la pregunta que, adivinó, este moría por hacer pero no se atrevía— Diecisiete también, supongo, dado que estaban en la misma clase. Pero, ¿qué día?

Bill bajó las manos hasta su regazo. No podía mantenerlas quietas, si las dejaba a la vista pronto el «métome-en-todo» de su hermano se daría cuenta de cuán nervioso lo había puesto el tema.

La respuesta del condenado veterinario sólo empeoró su estado.

—El primero.

—¡¿De septiembre?!

Tardó en percatarse de que aquél grito destemplado provino de su garganta. El calor se extendió de manera fulminante por todo su rostro.

—Hablando de coincidencias —Bill conocía demasiado a su hermano para saber que la mirada de soslayo que acompañó a ese comentario nada tenía de inocente.— Podríamos hacer una fiesta doble. ¿Tú qué opinas, Frijolito?

Scheiße.

Val sabía.

Ignoraba qué tanto y desde cuándo, pero no se quedaría para ser víctima del escrutinio del adulto. Por una vez agradeció que su cuñado no se enterara de nada de lo que ocurría a su alrededor.

—Puedes continuar solo, no me necesitas para esto. —escupió. Corriendo a su cuarto.

Era mil veces mejor pasar por maleducado que continuar humillándose a sí mismo. ¿Verdad?

Nick lo vio alejarse, con preocupación. Si algo había aprendido de su propia experiencia era que una actitud violenta muchas veces intentaba enmascarar heridas internas.

—Estará bien —lo tranquilizó su pareja, leyéndole el pensamiento. No era tan difícil, Nick era demasiado transparente—, necesita espacio.

Nick comenzaba a creer que tenía un talento innato para ganarse las antipatías de los adolescentes a su alrededor.

Un inesperado y dulce beso en su mejilla disolvió la amargura que se empezaba a acumular en su pecho.

—No es tu culpa, Mi Amor —Costaba no confiar en las palabras de su pareja, mientras este sostenía su cabeza entre sus manos con suavidad y transmitía calma a través de sus hermosos ojos almendrados. —. Bibi atraviesa por una fase complicada, creo que su rechazo a nuestra relación en cierta medida es su válvula de escape.

Nick sonrió con tristeza, había pasado por una situación parecida.

~*~

Bill estrujaba al ratón de peluche entre sus brazos como si fuera su tabla de salvación, o si quisiera estrangularlo. No estaba muy seguro.

No se suponía que él se volviera a enamorar, digamos… nunca en su vida.

Precisamente porque pasaban cosas como esa.

De verdad, enamorarse apestaba.

Intentó mantener sus sentimientos fuera, ¡y lo estaba consiguiendo! Hasta que el muy idiota de Bob Marley comenzó a abrirse y lo arruinó todo.

No fue su culpa. Se requería tener un corazón de piedra para no enamorarse de ese imbécil.

La noche anterior —luego del mensaje que dejó su corazón latiendo a mil por hora— quedaron de juntarse a mediodía y discutir el asunto.

Necesitaba que se lo confirmara en su cara. Que le dijera que era cierto, que no eran tonterías que se había inventado en su cabeza.

Estrujó el suave pelaje de Mauschen, a un punto de un ataque de histeria.

11:25 y los tortolitos aún no se marchaban al bosque.

Cinco minutos más y el mismo le pondría la cesta en las manos a Nick y los empujaría hasta el ascensor.

En su estado alterado los tres golpecitos en su puerta le hicieron saltar el corazón en su pecho.

Bufó «¡Pase!», porque cuánto antes despachara a su hermano, mas pronto tendría el piso para él sólo.

No se equivocó, Val ya traía puestos sus tacones —por culpa de Nick había adquirido la costumbre de andar descalzo en casa— y se había retocado el maquillaje. Pero este no ocultaba el brillo en los ojos y la sonrisa de satisfacción, huellas indelebles de quien ha fajado a gusto.

—Bibi, ya nos vamos.

—No necesitas mi permiso —espetó, girándose para darle la espalda.

Bill sentía que Nick le robaba un poquito de su hermano cada día que pasaba.

Conservar el amor de Val le parecía tan imposible como contener agua en el cuenco de su mano. Si en un acto de desesperación cerraba el puño para retenerla dentro, esta escurría con mayor rapidez.

Apretó los párpados al percibir el colchón hundirse bajo el peso de su hermano. Se removió en la cama, huyendo de la mano en su frente. Sus caricias le repelían, él no deseaba migajas de cariño, habiéndolo tenido por completo y sin medida durante toda su vida.

Rechazó el piquito que buscaba sus labios y acabó cayendo en un costado de su mandíbula.

—¡No vas a besarme luego de comerle la boca a él!

Val se asustó ante esas palabras.

Su hermanito siempre fue muy posesivo. Él lo achacaba a la prematura partida de sus padres, ambos se tenían el uno al otro y a nadie más en el mundo. Pero últimamente el comportamiento de Bill se asemejaba más al de un amante despechado que al de un hermano.

Tal vez era su culpa, por intentar compensar la ausencia de sus progenitores con mimos excesivos, algunos de los cuales estaban al límite de lo que se consideraba apropiado en una relación filial.

Amagó una temerosa caricia en el brazo expuesto, si su hermanito no deseaba contacto físico lo mejor era no forzar la situación.

—Cuídate frijolito —pidió. Un nudo formándose en su garganta— . Regresaremos a la hora de siempre.

Bill no podía hacer mucho por mejorar su situación con Bob Marley, el chico era complejo y él no acababa de comprenderlo, por mas que pusiera de su parte. Pero a Val si que lo conocía…

Val le perdonaba todas sus salidas de madre, Val era el primero en ceder luego de una pelea y Val siempre, siempre, le dirigía una última mirada antes de abandonar la habitación.

—No te odio —musitó, hipando. Su hermano ya lo sabía, pero consideró que recórdarselo no haría daño—. Tampoco lo odio a él, es un idiota pero todo mundo se da cuenta de lo mucho que te quiere —Val le sonrió con alivio, regresó a la cama y lo acunó en sus brazos, como cuando era pequeño.

—Bibi, eres mi bebé. Te llevo en mi corazón aun desde antes de que nacieras, nadie va a cambiar eso. El amor que siento por Nick es de una especie diferente al que siento por ti. No compiten entre sí, no lo he elegido por sobre ti, jamás pienses eso.

Val sintió el cuerpo de su hermanito relajarse en sus brazos, decidió tentar un poco su suerte.

—¿Sales a despedirnos?

Bill dudó, no le hacía ilusión ver al novio de su hermano, pero se lo debía a Val, luego del infantil berrinche de hace un momento. Además, se dijo, debía asegurarse de que despejaran la casa de una vez por todas.

~*~

—¡¿Qué mierda haces con ese brazalete?!

Le importó un carajo la expresión sombría del idiota, ni que se suponía le acababa de prometer a Val que se comportaría. Nick había cogido uno de sus brazaletes y se lo había colocado sin su permiso.

—Bibi, no te enfades con Nick, yo se lo puse.

Genial, su hermano cubriéndole las espaldas a su noviecito.

—¡¿Por qué rayos hiciste eso?! —chilló, fuera de sí. Viendo como sus maravillosos planes se iban por el caño ante sus ojos.

—Nick tenía curiosidad, de todas maneras sobraba uno. En la lista que me entregaste sólo constaban 49 invitados. —Bill lucía tan desencajado que el cerebro de Val hizo «clic», comprendiendo que fueron 50 invitados desde el principio. — De verdad lo siento, Frijolito. Llamaré a la imprenta y…

—¿Sabes qué? No importa, después de todo no es una gran pérdida. Para un par de cochinas cervezas…

Val suspiró, su hermanito había tardado en quejarse ese día.

Bill estuvo de acuerdo en la elección del club, la cantidad de invitados y hasta la hora de término, la piedra de tope fue el alcohol.

El cumpleañero exigía barra libre, Val se mantuvo inflexible, no avalaría una intoxicación etílica masiva. El código QR impreso en los brazaletes daba derecho a tres cervezas y todos los jugos de frutas y bebidas sin alcohol que los invitados desearan.

«Tom ni siquiera tendrá eso». Se quejó Bill para sus adentros, desplomándose en el sillón.

Eso, en caso de que él se atreviera a invitarlo y el chico aceptara.

Pronto lo averiguaría, eso si los tortolitos se marchaban de una vez por todas.

—¿Que ustedes no se iban?

—No encuentro mis lentes, creo que los dejé sobre el escritorio, ¿Meine Liebe, podrías…?

Nick le dio un piquito y tras un «no tardo» corrió escaleras arriba hasta el estudio.

Bill rodó los ojos ante el descaro con que su hermano se deslizó a hurtadillas para espiar la retaguardia de Nick.

¿Se podía caer más bajo?

—Si tan sólo sus jeans fueran un poco más ajustados. —suspiró Val, mordiéndose el labio inferior, anhelante.

Por lo visto si se podía.

—En serio Val, no sé qué le ves.

Val amplió su sonrisa, dudaba que su frijolito pudiera comprenderle aunque se explayara sobre el tema. Bill simplemente detestaba a su novio, y eso lo tornaba ciego a sus encantos, físicos y de todo tipo.

—Bibi, cuándo tu novio te coge la mano ¿tu estómago no da un vuelco? ¿Cómo si te saltaras un escalón?

La cara de póker que Bill se esmeró en componer no consiguió ocultar las diferentes tonalidades que esta adquirió, yendo desde pálido-de-susto hasta rojo-de-vergüenza.

—Val, no tengo novio —aclaró, pasando saliva, sosteniéndole la mirada con gran esfuerzo—. Terminé con Warren hace meses, ¿recuerdas?

Los hermanos Trümper llevaban un tiempo jugando su propia versión del viejo «don’t ask, don’t tell» y eran bastante buenos en ello.

Val no mencionaba lo que sabía sobre las incursiones de su bebé con Tom en los diferentes rincones de la casa y Bill no le contaba que accidentalmente se había enamorado de la persona mas impensada e inconveniente que conocía.

El mayor se atuvo a las reglas y fingió un despiste temporal.

—Tonto de mí, ¿cómo pude olvidarlo? —se excusó con una risita— Pero… ¿entiendes mi punto, Frijolito? Sabes que has encontrado al indicado no por como luce, sino por la forma en que te hace sentir cuándo te mira o te toca.

Val le tomó una mano entre las suyas y la frotó con cariño, sería mucho mas sencillo si su hermanito se abriera, mientras no lo hiciera estaba obligado a emplear un lenguaje vago y lleno de ambigüedades.

Bill titubeó, necesitaba desahogarse. Su relación con Bob Marley era un absoluto secreto, el único que estaba al tanto era Markus y poseía una versión completamente distorsionada de esta.

—Val, si yo te dijera que…

—¡Estaban sobre la isla de la cocina!

Val nunca pensó que se encontraría en la situación de maldecir a Nick, ni que encontraría su presencia inoportuna.

Su amado tenía las mejores intenciones, pero un pésimo timming.

—Si no tienes otros planes, ¿dormirías conmigo esta noche, Frijolito? —pidió en un susurro, al despedirse con un beso en su frente.

Bill caviló contra el tiempo, aunque su charla con Bob Marley resultara positiva no creía conveniente pasar la noche juntos, no si deseaba dejar en claro que buscaba una relación que trascendiera el plano sexual.

—Supongo que puedo sacrificar mi noche de juerga.

~*~

Lo encontró en la terraza, ejercitándose en el Mini Gym.

Markus tenía talento para desbaratar todos sus argumentos y hacerle sentir como un niño bobo. Quizás ir a verlo cuando Bob Marley estaba a punto de llegar no fue la mas brillante de sus ideas, pero debía cerrar esa etapa para poder pasar página.

—¿Tienes una cita?

Se había cambiado y maquillado en tiempo récord. El guardaespaldas no precisó verlo, le bastó con captar su perfume para percatarse de ello.

Otrora aquél detalle habría dado alas a su fantasía, ahora —con los pies bien posados en la tierra— asumió que ese conocimiento se debía a una década de convivencia cercana.

—Tomi vendrá a verme.— informó, con voz pequeñita, paseándose alrededor.

—¿Tomi? —dejó las pesas sobre el soporte con un sonido metálico, antes de coger una toalla y secarse el sudor de sus pectorales.

Bill desvió la mirada, su antiguo amor platónico tenía un cuerpo bien formado, que sus intereses románticos ahora se enfocaran en otra persona no lo convertían en ciego. Mejor se evitaba el bochorno de una erección imprudente por un hombre que no era su… ¿aspirante a novio?

—¿Tan pronto olvidaste lo que sucedió anoche? ¿Qué hay de «no puedes obligar a la gente a amarte»?

Sabía que aquello iba a suceder, él solito se metió en la boca del lobo, sin argumentos de peso para rebatirle.

Un sólo cuestionamiento de Markus bastó para que todas sus inseguridades regresaran.

—N-no lo sé. Él me buscó y y-yo quiero oír lo que tiene que decirme. No lo arruines, por favor.

—¿Yo? ¿Arruinarlo?

—¿Podrías quedarte arriba, en silencio? Sólo hasta que se marche, de verdad lo asustas.

—Te recuerdo que mi trabajo es protegerte.

—Tengo diecisiete años…

—No hasta dentro de dos semanas.

—¡Ese no es el punto! Lo que quiero decir es… hay cosas de las que no puedes protegerme. Estoy enamorado de Tomi, puede que sea un gran error o puede que se trate del amor de mi vida. No quiero quedarme con la duda sólo por miedo a que me rompa el corazón. ¿Quieres dejar de tomar decisiones en mi nombre y permitir que cometa mis propios errores?

—¿Entonces, reconoces que puedes estar cometiendo un enorme error?

—Escuchas sólo lo que te conviene. No tengo tiempo para razonar contigo. Por favor, si te importo tanto como siempre dices, déjame hacer esto a mi manera.

El hombrón se acercó para revolverle el cabello, cuidadosamente peinado.

—¡Hey!

—Eres idéntico a tu hermano, cuando una idea se les mete en la cabeza no hay poder en la tierra que los haga cambiar de opinión.

—No es cierto, no me parezco en nada a él —alegó, con desánimo.

—Yo que tú pensaría en eso con más calma.

~*~

Mientras bajaba de prisa por las escaleras, rogando porque el de rastas aun no hubiera llegado, intentaba quitarse las palabras de Markus de su cabeza.

Sin éxito cabe agregar.

¿Realmente se parecía tanto a su hermano?

Sin darse cuenta, a causa de sus cavilaciones, se encontró en el recibidor en el momento en que las puertas del ascensor se abrieron ante él y un nervioso Kaulitz salió del cubículo,

—H-hola, yo… digo n-nosotros… ¿po-podríamos…?

«Estúpido Markus» pensó Bill para sus adentros, echando los brazos al cuello de Tom, ocultando su rostro en su cuello, complacido al ver que este correspondía el gesto.

Continuará…

por Haruxita

Escritora del Fandom

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