XIV: Charla de hombres II

Para quienes se quejan de que la historia no avanza cofcofAdycofcof, les traigo un capi un tanto vertiginoso.

Por fin he llegado a la parte de la historia en que suceden la acción.

Si me quedó un poquito cursi, lo siento, el amor suele ser cursi.

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 14: Charla de hombres (P.2)

En intimidad Val se comportaba como el amo del calabozo de sus fantasías: apasionado, volcánico y demandante.

Sus inseguridades se mantenían omnipresentes, pero no eran lo bastante fuertes para resistir la embestida del Huracán Val. En cuanto los labios de este se adueñaban de los suyos el mecanismo se ponía en marcha. Sus manos reaccionaban por instinto, asiéndolo de la cintura, de la nuca, el muslo o la parte el cuerpo de su pareja que estuviera disponible en ese momento.

Con Val se sentía vivo de nuevo, era como si hubiera desencadenado algún tipo de fuego incandescente que no tenía conocimiento de que existiera en su interior. Y que ahora ardía cada vez con más facilidad, bastaba una caricia o un roce para iniciarlo.

 

Una parte —una pequeña parte— de sí tenía muy presente que el ascensor poseía una cámara de seguridad. Pero otra parte —aquella rígida y pulsante que guardaba en su pantalón— estaba más interesada en las habilidosas uñas de su novio y las maravillas que estas podían hacer en su espalda.

 

Esa última parte, ignorada por largo tiempo, había conseguido voz y voto recientemente. Una voz sorprendentemente poderosa y persistente, a la que Nick obedecía cada vez con más frecuencia.

~*~

En ocasiones sus sentimientos desbocados lo asustaban un poco.

 

En control de sus apetitos durante largo tiempo, la repentina libertad para demostrarlos y dejarlos crecer lo sacaba de su zona de confort. ¿Su pasión desenfrenada podría eventualmente asustar a Nick?

 

¡Él mismo se asustaba! Llevaban apenas un par de días desde que toda careta fue dejada atrás, en que ya no debía fingir ser un amante sumiso y complaciente. En compañía de su amado su pasión fluía desbocada, sin coto de ninguna especie. Ávidamente se apoderaba de sus labios, con besos hambrientos y mordidas que dejaban marcas visibles en estos.

 

Los besos y caricias no eran suficientes para saciar sus ansias. Nunca lo fueron, ni siquiera en los no tan lejanos días en que sus deseos sólo se manifestaban de forma onírica.

~*~

El roce de la piel de Bill contra la suya creaba un remolino en su bajo vientre que giraba cada vez a mayor velocidad. Las sensaciones que el chico provocaba en él cuando estaban juntos se habían desbocado desde que este puso sus sentimientos sobre la mesa, la noche anterior.

 

Ni hablar de su corazón, que latía alocado, casi dolorosamente. ¿Así era como la felicidad se sentía? ¿Cómo una caída libre en la montaña rusa más alta de la feria?

 

—¿Y el gorila? — preguntó, separándose escasos centímetros del chico con el que compartía ese significativo beso esquimal. Eufórico y nervioso a partes iguales. Aún no había expuesto su punto de vista sobre el asunto, pero en su cabeza imaginó mil posibles respuestas, no todas favorables, y eso lo estaba carcomiendo por dentro.

 

—En la terraza —le oyó susurrar, con sus ojitos almendrados brillando entusiasmados y una sonrisa por la que cometería mil locuras, como la que estaba a punto de realizar.—, pero prometió no molestarnos. —le aseguró, acariciando su mejilla con el pulgar.

 

Se refugiaron en la dormitorio de Bill, de todo ese enorme piso, la habitación en que Tom se sentía mas a gusto, salvo quizá por el estudio de Valentino, con Bill dentro, por supuesto.

 

Tom cogió el puff, que con el tiempo se había convertido en su lugar, Bill se sentó en el canapé a los pies de su cama.

 

Ambos se miraron todo risas nerviosas, mariposas en el estómago y cosquilleos en otros sitios que ya habían sido besados y acariciados con antelación.

 

Tom se agarró de los blandos bordes del puff para anclarse y evitar salir huyendo, sus temores a flor de piel.

 

Las voces en su cabeza solo empeoraban su situación, los sermones de su padre, las palabras de Nick, los consejos de su terapeuta, las viejas historias con moraleja de Tobías, todas se arremolinaban amenazando provocar un fuerte dolor de cabeza.

 

Se sentía un poco mareado, tal vez era culpa de la ausencia de medicación, tal vez solo su paranoia.

 

—Tomi, di algo, me tienes en ascuas desde anoche. —instó el moreno, recordándole que el balón estaba en su área ahora.

 

Abrió la boca un momento, la cerró de inmediato, dándose cuenta de que eso no iba a funcionar, al menos no de esa forma.

 

Despegar sus manos (que se habían agarrotado por la presión) del puff se sintió como soltar un salvavidas en alta mar. Caminó el par de pasos que lo separaban de la cama, con su corazón latiendo desaforado en las sienes.

 

Se obligó a no estrujar los bajos de camiseta en ambos puños, no quería parecer un chiquillo temeroso y pusilánime, bastante malo era tener esa cara de bebé y ese cuerpo menudo para empeorar aun mas el cuadro.

 

La sonrisa de Bill titubeó cuando lo tuvo frente a frente, él también estaba nervioso, eso le dio el pequeño empujoncito de confianza que le hacía falta.

 

Con las mejillas encendidas de vergüenza se arrodilló, quedando sentado sobre sus talones.

 

Bill murmuró «Estúpido» cuando Tom le cogió las manos entre las suyas, su tono era cálido y lucía tan ruborizado como él mismo.

 

—Estoy cagado de miedo —confesó, con voz temblorosa—. Antes de conocerte no sabía que se podía tener miedo a tantas cosas a la vez.

 

Bill parpadeó repetidas veces, su hermosa sonrisa flaqueó. Tom podía leer el desconcierto en su expresión. Se inclinó hasta el regazo de este y dejó un beso en sus nudillos.

 

Tragó saliva y rogó al ser barbado en el que no creía por que el consejo de Pauline de verdad funcionara.

 

—Quiero salir corriendo y esconderme dónde nunca puedas encontrarme.

 

—T-Tom.

 

El rubor del rostro Bill se había esfumado por arte de magia, estaba pálido e hizo el ademán de retirar sus manos.

 

—Mauschen, no sé cómo carajos hacer esto, estoy intentándolo lo mejor que puedo.

 

—Tomi, si vas a retractarte de lo que dijiste anoche…

 

El jalón en las manos fue más fuerte y decidido esta vez, pero Tom redobló el agarre.

 

Debía hacer algo para que ese brillo acuoso en los ojos que tanto le gustaban no fluyera mejillas abajo.

 

—Yo no poseo los cojones que tiene mi bro—prosiguió, buscando las palabras adecuadas—. No voy a tomarte la mano en la calle, gritarle al mundo que eres mi pareja, ni besarte cuando haya más gente. Tampoco haré ninguna de las mierdas que se supone hacen los novios.

 

Bill lo escuchaba con atención, apretando sus manos y respirando aceleradamente

 

—Mierda, Bill. ¿De verdad tengo que decirlo? ¿No basta con que lo sepas?

 

—¡¿Cómo mierda se supone que lo sepa, si no me lo dices, pedazo de idiota?!

 

—Te lo dije anoche

 

—¡Por un jodido mensaje, mientras estabas al otro lado de la ciudad! Tomi, no necesito una puta declaración pública, sólo que me lo digas a la cara.

 

Tragó aire pesadamente, agotado el tiempo de divagaciones las lágrimas acudieron con prontitud.

 

—Soy un maricón, y estoy tan enamorado de ti que duele.

 

Se agachó sobre el regazo del moreno para que este no le viera llorar.

 

Una vez comenzó ya no pudo parar. No era un llanto superficial, sino uno desgarrador, por desgracia bastante familiar, cargado de impotencia.

 

Los largos y delgados dedos de su Mauschen desembarazaron sus rastas de los accesorios que las oprimían, abriéndose paso para acariciar su cabeza sin obstáculos.

 

El moreno no dijo palabra. Sólo besó su cabello y balbuceó suaves sonidos de arrullo.

 

 

~*~

 

 

El esperado mail llegó el martes de la semana anterior. La euforia que experimentó duró muy poco, de recibirlo tan solo unos días antes habría aceptado de inmediato, pero las circunstancias ya no eran las mismas que cuando viajó a New York a discutir el contrato.

 

No tuvo que pensarlo demasiado, tipeó una rápida y diplomática respuesta, rechazando el ofrecimiento.

 

Conocía de sobra las reglas de la industria para saber que aceptar las condiciones del contrato equivalía a sepultar su relación con Nick. Aun demasiado incipiente cómo para hacer frente a todas las implicancias de este.

 

Ni siquiera lo discutiría con él, no había razón para importunarlo, la respuesta era un NO rotundo e irrevocable.

 

Su pareja jamás se hubiera enterado, de no se por el siempre imprudente e inoportuno David Jost.

 

Tal vez era tiempo de ir pensando en cambiarse de agencia…

 

 

Notó que Nick lucía amodorrado apenas lo vio de pie en su sala con carita de sueño, él intentó convencerlo incluso de quedarse en casa haciendo cucharita pero, aunque la propuesta era bastante tentadora, Val tenía otros planes para esa tarde.

 

Había soñado con un picnic en el bosque desde el día que almorzaron en los jardines deCharlottenburg. Luego podrían dormir la siesta recostados en una manta extendida sobre la hojarasca y hacer cucharita toda la tarde, si Nick así lo deseaba.

 

Atendiendo el cansancio de este exigió las llaves de la camioneta y, en lugar de dejar el vehículo en el estacionamiento de la estación como cada sábado, condujo hasta el lugar escogido para el picnic.

 

Hasta que David se inmiscuyó en sus planes, pese a que le había repetido encarecidamente que sus sábados eran sagrados.

 

Al subir al vehículo había dejado su IPhone junto a la palanca de cambios por mera costumbre, no esperaba que alguien llamara en medio de su sacrosanto descanso, olvidándose completamente de la existencia de ese hombre de poco criterio y aun menos escrúpulos.

 

El móvil sonó de forma incansable, llamando la atención de su novio. —Responde—había dicho él, bendito en su inocencia. —debe ser importante, algo pudo pasarle a Bill.

 

Y fue ese último argumento el que lo convenció de coger el aparato infernal.

 

A partir de ese día usaría ringtones personalizados. ¡Por los huesos de Channel, que lo haría!

 

David le dio una larga perorata sobre la importancia de ese trabajo en particular, sus proyecciones en América y el impulso que este aportaría a su carrera cinematográfica.

 

Cómo si el modelo no supiera todo ello de antemano.

 

El golpe de gracia lo asestó antes de colgar —No puedo creer que te retires luego de conseguir doblarle la mano a los directivos del estudio. ¿Sabes cuántas horas de negociación me tomó que accedieran a tu capricho? ¿Todo para queLa Divacambie de opinión a último minuto? Esa actitud no es nada pro…

 

—Número equivocado —argumentó al colgar y apagar el móvil. Nick le dio una mirada escéptica, casi podía pensar que se veía enfadado.

 

—Cariño, ser distraído no es lo mismo que ser estúpido. Ese era tu manager, y a juzgar por lo alterado que se oía, rompiste un importante contrato a sus espaldas.

 

—¿Lo oíste?

 

—Imposible no hacerlo, sus gritos despertaron a Pumba.

 

El lunes a primera hora iría a la agencia y le cortaría los testículos a David con un abrecartas.

 

Se orilló y detuvo el motor, necesitaba tener todos sus sentidos enfocados para mentirle de manera creíble a su amado, la migraña que comenzaba a enseñorearse en su cabeza no lo hacía más sencillo.

 

—Se trata de un proyecto menor, en su momento me pareció interesante pero luego de sopesar pros y contras estimé que no me conviene realizarlo.

 

Lo cual no era del todo mentira, alejarse de Nick por tanto tiempo no le convenía a la relación.

 

—¿Qué hay del impulso a tu carrera?

 

—Meras exageraciones de David. No hay forma de que…

 

La voz estridente de Steven Tyler acalló sus palabras. Provenía de la entrepierna de Nick, antecedente suficiente para distraer a Val de la discusión.

 

El veterinario se excusó y sacó su móvil de los pantalones con su torpeza habitual.

 

Val suspiró, aquella bien podía ser la odiosa socia de su pareja, o su hermano pequeño. Si corría con suerte esa llamada conseguiría que se olvidara del tema.

 

—¿Disney? ¿Rechazaste trabajar paraDisney?

 

O tal vez no.

 

El rostro demudado de Nick lo miraba de forma acusatoria, aun sostenía el móvil contra su oreja y asentía de tanto en tanto.

 

Dos personas de su círculo cercano poseían el número de Nick, pero sólo una cargaba con un pasado oscuro que la hacía susceptible de un chantaje por parte de David.

 

Su agente había traspasado el límite de la decencia esta vez.

 

—Te debo parecer un idiota… —comentó con una sonrisa extraña en el rostro, luego de colgar.— ¿Esa promesa de «honestidad aunque duela» no significó nada para ti? ¿Verdad?

 

Castrarlo no sería lo bastante doloroso, jugar con las inseguridades de su pareja ameritaba un castigo mayor. Traería a la Sra. Jost desde Hamburgo y la hospedaría en elMarriottdurante una temporada. Ya vería David lo que era jugar sucio.

 

—Meine Liebe, no te alteres, vas a hiperventilar.

 

—¿Por qué me lo ocu-ocu-ocu…?

 

Veinte minutos de ejercicios respiratorios y unos cuantos sorbos de Gatorade mas tarde, Nick volvía a respirar con normalidad.

 

—Muchos actores matarían por esa oportunidad.

 

Val rodó los ojos, ignoraba que su pareja fuera tan terco.

 

—Amor, estás exagerando un poco la nota, no es para tanto. Ya vendrán proyectos mejores en el futuro.

 

—¿Pero, por qué lo rechazas? ¿Acaso no ofrecieron lo suficiente?

 

—El dinero no es el problema, accedieron a todos mis requerimientos, incluso agregaron una cláusula especial a petición mía. —acotó casi en un susurro, esa pequeña parte le hizo ruido al declinar la oferta.

 

—¿Entonces?

 

Val se decidió a ser sincero de una vez por todas. No iba a poder seguir ocultándolo mucho tiempo, después de todo.

 

—Las grabaciones comienzan en tres semanas. Tomarán cuatro, seis meses, quizá más. Si fuera otro momento aceptaría sin pensarlo pero… No quiero dejarte por un periodo tan largo.

 

—¿Es porque vas a extrañarme o temes que nuestra relación no sea lo suficientemente fuerte para sobrevivir medio año de separación?

 

Se oía resentido, no lo culpó por ello.

 

—Un poco de ambos —suspiró con desaliento—. Bibi está acostumbrado a verme partir y hacer oídos sordos a los chismes de farándula, pero tú… No sabes lo crueles que pueden ser, ni posees el cuero duro para soportarlo. Se especularán muchas cosas sobre mí, me colgarán romances con mi coestelar, filtrarán videos sacados de contexto. Son capaces de convertir una mala fotografía en una prueba de adicción al Cristal.

 

—¿Cristal?

 

Val sonrió, acunando su rostro con ternura. Nick era demasiado ingenuo para tener un novio involucrado en el sórdido mundo delShow Biz.

 

—Drogas, amor.

 

Nick lo cogió de la nuca y lo besó con algo que Val sólo podría describir como «hambre».

 

Sí, de eso exactamente estaba hablando. Necesitaba besos de ese tipo en cada uno de los días de su vida, perderse en la dulce mirada ambarina de su pareja, acurrucarse en su pecho luego de compartir un momento de intimidad. No importaba el precio que pagara por ello, nunca sería lo bastante alto.

 

—Debes hacer esa película. —susurró él en su oído, junto con un juguetón mordisco en el cartílago.

 

—¿Qué? ¿Mis razones para rehusar no fueron lo suficientemente claras?

 

—Lo fueron, y es la prueba de amor más dulce y descabellada que me hayan dado. Por eso debes ir.

 

—¿Me lo puedes explicar nuevamente? —pidió con fastidio— Con peras y manzanas esta vez, porque no te comprendo.

 

Ahora Val se sentía el lento y despistado de la relación. ¿Por qué de pronto Nick lo quería lejos de él por medio año?

 

—No quiero cargar en mi conciencia la responsabilidad de estancar tu carrera.

 

Se oía muy en el estilo manipulador de David.

 

—Meine Liebe, habrá nuevos proyectos en el futuro.

 

—¿Y si esta erala oportunidad? No quiero que te arrepientas y me odies por haberla desaprovechado por mi causa

 

¿Dijo seis meses? ¡Un año! Y olvídense del Marriott, mudaría a la señora Jost directamente a la mansión de su hijo mañana mismo.

 

—Voy a acabar pensando que te quieres deshacer de mí a toda costa —farfulló, pucherito de niño consentido de por medio.

 

Estaba siendo injusto y manipulador. Pero le traía sin cuidado, la decisión ya estaba tomada y él odiaba ser contradecido.

 

Nick apoyó su frente contra la suya, un gesto en apariencia pacífico pero que estaba cargado de frustración.

 

—Sería tan fácil dejar que te salieras con la tuya, retenerte a mi lado egoístamente y de paso quedar como el novio que consiente todos tus caprichos. Pero el amor no es sólo arrumacos, también se trata de saber decir «no» a tiempo.

 

—¡Pero yo no quiero irme! —gimoteó, perdida toda dignidad.

 

—Y yo no quiero que te marches —Al menos en ese punto estaban de acuerdo—, pero no podemos esperar construir una relación sólida huyendo de las dificultades.

 

Sonaba razonable, pero aun significaba pasar seis meses separados por un océano.

 

—¿Y si te llevo conmigo? Markus debe quedarse para cuidar a Bibi. Saki y Tobi siempre se quejan de necesitar refuerzos.

 

—¿Me estás ofreciendo ser tu guardaespaldas? —Nick se apartó para reírse a sus anchas. Val supuso que aquello era una rotunda negativa.

 

—Guardia personal, más bien. —precisó, sin dejarse amilanar, fantaseando con la idea— no te separarías de mi lado ni un momento mientras estuviera fuera del set.

 

Aun entre risas, su pareja replicó —cariño, en teoría parece una buena idea, pero verme hasta en la sopa sólo conseguiría que te hartaras de mi en poco tiempo. Además no tengo entrenamiento en defensa personal.

 

—¡Pero tienes un cuerpo atlético! —»y sexy»—Brazos fuertes—”y unos pectorales que muero por volver a lamer”. —, me has rescatado del peligro en más de una ocasión, además me siento seguro a tu lado.

 

—Aunque todo eso fuera cierto, y que conste que estoy usando el condicional, no puedo abandonar al enano por tanto tiempo. Bill queda a cargo de su niñero culturista y tu ama de llaves, pero Tom sólo me tiene a mí. Por no mencionar mi trabajo, la clínica ya está corta de personal.

 

—Entonces ya está todo dicho ¿me quedo?

 

—Existen teléfonos —a medida que hablaba intercalaba sus argumentos con besos cuya intensidad ibain crecendo— Skype… y viajes intercontinentales.

 

Val de inmediato pensó en sexo telefónico, tuvo suerte de que su boca estuviera siendo invadida por la de su pareja o aquella idea habría escapado alegremente.

~*~

El llanto cesó largo rato atrás, dejando una garganta irritada, ojos enrojecidos y ruido blanco en su cabeza. Pero al menos la opresión en su pecho se había desvanecido.

 

Bill lo había remolcado hasta la cama y no dejó de acariciar sus rastas hasta que se durmió. Tom podía oír su respiración calmada bajo su oído, el suave vaivén de su pecho era de hecho relajante pero él no consiguió dormirse, aun sobre-excitado por las emociones de ese día.

 

De alguna forma se suponía que —usando una de las manidas metáforas de Pauline— ese día había dado un gran paso en su terapia. Que aquél era «el jodido primer día del resto de su vida», y aunque sí se sentía extrañamente mas ligero, el miedo no lo había abandonado del todo.

 

Que reconociera que era un maricón no significaba que estuviera de acuerdo con ello o que la idea lo llenara de satisfacción. De hecho, lo único bueno que eso tenía era Bill, quién suspiró en sueños y lo acurrucó contra su cuerpo con un mimoso gatito.

 

Ser maricón no era del todo malo cuando tenía a Bill en sus brazos, pero ¿que sucedería al salir a la calle? Le tomó toda una vida de riñas de pasillo hacerse de una reputación, no estaba dispuesto a arrojar eso por la borda.

 

Hizo una mueca de disgusto al recordar que ya no tenía secundaria a la que regresar, en sus condiciones su reputación de «macho» poco peso tenía ante los escalofriantes antecedentes que Blumen se encargó de esparcir en cada establecimiento educacional de Berlín.

 

El caso fue archivado un par de meses atrás. Tiempo en que el fiscal, enardecido al carecer de pruebas en su contra, se había dedicado a acosarlo para orillarlo a confesar.

 

Tom se aferró al consejo que Bill le diera ese lejano día de San Valentín: ”Si confiesas estás perdido», pero a veces se cansaba de jugar a policías y ladrones. Si tan sólo pudiera regresar el tiempo a la época en que su vida era más sencilla haría las cosas diferentes. No habría desperdiciado el tiempo peleándose con Bill, para empezar.

 

Pero ese era el mundo real, no una historia de sci fi. No tenía forma de enmendar sus errores, sólo evitar cometer nuevos en el futuro.

 

Su Mauschen murmuró su nombre en sueños, él no resistió la tentación de incorporarse hasta alcanzar sus labios. Al percibir el contacto Bill entornó los párpados, aun adormilado y le sonrió rodeándole el cuello con sus brazos, respondiendo al beso.

 

Definitivamente ser maricón tenía un lado bueno.

~*~

El lugar en que Val se había estacionado se veía apacible, no avistaron bestias salvajes ni otros paseantes en mas de media hora. Por lo que decidieron quedarse y realizar su picnic en ese sitio.

 

Nick se enfrentaba a una disyuntiva, sabía que había hecho lo correcto al convencer a su pareja de realizar aquella película. Sin embargo no perdía de vista que aquella era una de sus últimas visitas a Grunewald antes de que Val partiera a ultramar.

 

Desde que el modelo regresó de Paris no se había separado por más de dos semanas. Si ese periodo se le hizo insoportable, ¿cómo se suponía que aguantaría seis largos meses? Máxime ahora que se había vuelto adicto a sus besos y al calor de su cuerpo contra el propio.

 

Se obligó a relegar esos pensamientos a un rincón oscuro de su mente, no fuera a arrepentirse y cometer una locura como rogarle a Val que se quedara.

 

—¿Ya sabes de que va la trama? —preguntó, tratando de enfocarse en el lado positivo del asunto.

 

Val bebió un sorbo de su carménère, la copa no consiguió ocultar la enorme sonrisa que se desplegó en sus labios.

 

—Meine Liebe, no habría accedido a leer el script en primera instancia, si el proyecto no me pareciera interesante.

 

El brillo de entusiasmo que apareció en los ojitos almendrados que tanto amaba le despertó la culpa por haber deseado retenerlo a su lado.

 

Val se explayó explicando, con lujo de detalle, cada aspecto del largometraje. Una reinvención del clásico Pinocchio, para una audiencia mas adulta, dado el tinte sombrío del film.

 

Había un aspecto que picó su curiosidad desde que el agente del modelo lo mencionó por primera vez.

 

—¿A qué se referían con esa «cláusula especial» que tanto costó conseguir?

 

La sonrisa de Val se torció en los bordes, dándole un aspecto pícaro.

 

—El contrato inicial exigía que me encargara del tema central de la banda sonora.

 

Esa fue una grata sorpresa.

 

—No sabía que cantabas. Nunca te he oído hacerlo.

 

En rigor aquella era una mentirita blanca. Oírlo tararear en la ducha no contaba realmente como «cantar». ¿O sí?

 

—Heredé el talento de papá, pero no canto de forma profesional. —Explicó, y agregó con aspereza— Algo que a los productores les tomó bastante comprender.

 

—¿Y por qué no explotar esa faceta?

 

—Porque ese es el sueño de Bibi. Bastante ha sufrido por causa de mi carrera, como para encima arrebatárselo. Y de eso trata la cláusula especial.

 

Nick se rascó la barba, ¿había comprendido bien o, como siempre, estaba malinterpretando las señales?

 

—¿Exigiste que Bill cantara el tema principal del ost? —no sabía si reír o sentirse mortificado. —¡Eso es nepotismo!

 

—Sólo utilizo las reglas del juego a mi favor.

 

—¿Y Bill siquiera lo sabe?

 

—Lo sabrá… a su debido tiempo.

~*~

—¿Qué sucede? —preguntó, ante el repentino ademán de Bill de frotarse una oreja con la mano.

 

—No lo sé, me zumban los oídos.

 

—Debe ser por hambre.

 

—Bob Marley, jamás he oído que los oídos zumben por hambre.

 

—¿Vuelvo a serBob Marley?

 

—»Nada de mierdas de novios en público«, ¿recuerdas? —Canturreó, caminando de espaldas en dirección a la tienda de yogurt congelado.

 

Tom disimuló su suspiro con una extraña tos.

 

Cuando Bill sonreía de esa forma le daban ganas de enviar todos sus temores a la mierda, cogerlo de la cinturilla de sus pantalones y besarlo en medio del centro comercial.

 

Pero, como bien había confesado más temprano, carecía de los cojones para ello.

 

Y por el mismo motivo, se dispuso a salir pitando al ver a su antiguo mejor amigo caminando en su dirección, de la mano de una chica.

 

¿Pero, por qué no se movía? ¿Acaso el pánico lo había paralizado?

 

Esperen, no… Tan sólo era el idiota de Mauschen que lo mantenía a su lado, asiéndolo por la camiseta.

 

¿Por qué no lo partía un rayo de una buena vez? Sería más rápido y menos doloroso.

 

—¿Bill Trümper, despierto en sábado, antes de las dos? ¡El apocalipsis zombie está cerca!

 

Tom bajó la mirada, con nerviosismo. ¿Qué tan mal se vería si salía corriendo en ese preciso momento?

 

—Cosas más raras se han visto —le oyó bromear a su chico, relajado, sin soltarlo. —¿Cómo este Neanderthal consiguió convencerte de salir finalmente con él? ¿Secuestró a tu gato?

 

—En realidad reúno dinero para mi fondo universitario. —respondió la chica, fingiendo murmurar en secreto.

 

—Ja-ja, muy graciosos.

 

Tom no conocía a la acompañante de Georg, era más bien sosa. Desprovista de grandes curvas, requisito indispensable de los ligues de su otrorabestie.

 

¿Qué sucedía en el mundo?

 

Lo mismo debió pasar por la cabeza de Geo, porque no tardó en increparlo.

 

—¿Tom? ¿Eres tú?

 

Maldito Geo, y maldita su idea de colocarse la gorra que Bill le regaló, con su nombre bordado en ella.

 

No que su ropa ayudara a pasar desapercibido.

 

Bill debió notar su nerviosismo, porque se apresuró a sacarlo del apuro. Apuro en que él lo había metido en primer lugar, con su fantástica idea de comer fuera.

 

—Chicos, ustedes ya se conocen, eso hace todo más fácil. Tom ella es Susanne, la novia de Geo. Susanne, él es Tom… —el estómago de mencionado se llenó de plomo fundido, cuando la chica se acercó a darle un beso en su mejilla— Tom es hermano del novio de mi hermano.

 

De acuerdo, eso estuvo cerca. Pero su corazón aun no dejaba de latir apanicado.

 

—¿Qué? ¿Es un trabalenguas?— Inquirió la chica.

 

—Algo así —suspiró Bill, y justo cuando Tom se creyó a salvo, este agregó— íbamos a comer, ¿nos acompañan?

 

—Yo… Tengo que irme. —balbuceó, soltándose del agarre de Bill, incapaz de soportar la presión.

 

Se escabulló de prisa, pero no llegó muy lejos. Las piernas extra largas de Bill y sus ropas holgadas le jugaron en contra.

 

—¿Adónde mierda vas?

 

—A esconderme bajo una roca y no volver a salir en lo que me queda de vida. —respondió en cuchicheos.

 

—Tomi, tarde o temprano tenías que encontrarte con mis amigos.

 

—Dijimos…

 

—Sé lo que dijimos, y respeto nuestro acuerdo. Pero eso no significa que te mantendré escondido.

 

Bill sacó un colorido flyer del bolsillo de su chaqueta y lo agitó ante sus ojos.

 

—Iba a entregártela más tarde, pero ya no hay tiempo para rodeos.

 

—¿Qué es eso?

 

—Léela —ordenó, poniendo el flyer en sus manos.

 

Sus ojos volaron sobre las escuetas líneas de la invitación, comprendiendo las intenciones de su Mauschen.

 

—No. —negó meneando su cabeza, agitando sus rastas de paso—¡Ni muerto! Una cosa es que haya reconocido que soy… esa cosa, ante ti. ¡Pero no voy pasearme de tu brazo como si esto fuera algo normal!

 

Bill le dio una mirada dolida.

 

—No te pido que hagas una salida de clóset con plumas y brillantina, sólo que vayas a mi fiesta. Van a estar todos mis amigos y te quiero a mi lado.

 

—¿Y quién se supone que soy? ¿Un amigo que te salió de la nada?

 

—Eres el estúpido hermano del estúpido novio de mi hermano. Val me pidió que nos tratáramos y yo, como soy un buen hermanito, obedecí.

 

—Sí que parece trabalenguas.

 

—Tomi, solo ve a la maldita fiesta. Conoces a la mayoría de los invitados, y con suerte podrías trabajar en arreglar tu amistad con Geo.

 

Tom miró por sobre el hombro del moreno. Su antiguo amigo y la novia de este conversaban bajito, al igual que ellos.

 

—No quiero tener nada que ver con ese traidor.

 

—Pues «ese traidor» te extraña. Siempre se acuerda de «los viejos tiempos» cuando está medio borracho. Deberías darle una oportunidad.

 

—Pero…Mauschen… ¡Él te besó!

 

—No significó nada para él, ni para mí. Fue sólo una tontería. Tomi, fueron amigos por casi diez años. ¿Tú no lo extrañas?

 

Suspiró, rindiéndose ante los argumentos de suMauschen.

 

Cómo odiaba cuando tenía razón.

 

—De acuerdo, voy. Pero no esperes que te compre un regalo.

 

—Con tu presencia basta, Tomi.

~*~

—Si tu mano desciende un poco, prometo no ofenderme—sugirió Val, apenas separando sus labios de los suyos.

 

Los restos del almuerzo yacían olvidados sobre la manta, a unos metros de donde ellos se encontraban recostados. En algún punto habían rodado fuera de ella, si a Val no le incomodaba el polvo y las hojas él tampoco pondría objeciones.

 

Obediente, como siempre, a las sugerencias de su pareja, acarició superficialmente la curva de su retaguardia, pequeña pero firme. Se sentía tan bien bajo sus manos, y el jadeo con que este respondió al tacto cosquilleó de forma tan placentera dentro de sus pantalones que repitió el movimiento, aplicando mas presión esta vez.

 

Había aprendido un par de cosas de la mano de Val, sobre la intimidad entre dos hombres, pero también sobre sí mismo.

 

Cómo que una rígida virilidad presionándose contra la suya podía resultar muy placentera, que un hombre conocía la presión exacta que aplicar a la base de su erección para acrecentar su excitación o que la idea de tener intimidad en un descampado le producía un inquietante placer.

 

Descendió en una larga caricia desde la cintura hasta el muslo y de regreso. Despacio, pesado, apretando de tanto en tanto. Incitando los gemidos de aprobación de su pareja, que reciprocaba a su vez masturbándolo con su diestra dentro de sus bóxers.

 

Amaba la cadencia de sus caderas cabalgando sobre las suyas, y la sensual forma en que musitaba su nombre.

 

Él no era muy vocal, sus respuestas eran más bien guturales, gruñidos y quejidos con los que esperaba darle a entender a su pareja lo placentero que resultaba el trabajo que este realizaba.

 

Val tenía unos dientes hermosos, perfectos, capaces de provocar deliciosos espasmos con cada mordida estratégica, ora en su labio inferior, ora en su mandíbula.

 

Podía sentir el clímax acercándose, en sus entrañas y en la forma en que cosquillaban los dedos de sus pies.

 

Aferró los muslos de su pareja, reuniendo sus dedos bajo la curva de su apetitoso trasero, un par de férreas embestidas bastaron para que este se derramara dentro de sus pantalones, con un jadeo estrangulado.

 

Siempre solícito, Val no dejó de estimularlo, pese a que sus dedos se encontraban exánimes por el reciente orgasmo.

 

Nick no tardó en venirse, acicateado por la respiración irregular de su pareja, que descansaba su rostro sobre su hombro.

 

Val no dejó de acariciarlo con lasitud hasta que se hubo descargado por completo.

 

Quiso decir algo apropiado. Pero, ¿que se decía en esas circunstancias?¿»Gracias por la paja»?, ¿»Si que tienes manos prodigiosas»?, «¿Lo repetimos el próximo sábado?».

 

Pasado el momento de intimidad, sólo quedaban dos hombres sudorosos tirados en medio del bosque, y eso lo sacaba de su zona de confort. No que se sintiera demasiado cómodo con la intimidad en interiores, de todas maneras.

 

—Quisiera quedarme acurrucado en tus brazos el resto de la tarde, amor. Pero si no nos aseamos pronto, se volverá incómodo.

 

¿Cómo era que Val siempre sabía qué decir? ¿Cómo podía sonar dulce siendo práctico?

 

—Te amo —soltó él, descansando su cabeza sobre su antebrazo.

 

Val lo miró, tenía los labios encendidos y sus pupilas aun dilatadas, que le daban a sus ojos maquillados un aspecto sobrenatural.

 

Nick esperó la respuesta que su declaración solía obtener «yo te amo más». Por lo que su propuesta —Escapa conmigo —lo pilló desprevenido.

 

—¿Qué?

 

—Ven conmigo, por unos días.

 

—¿Adónde?

 

—No lo sé, no importa. Sólo quiero que estemos juntos, nosotros solos, sin nadie que nos interrumpa. Sin móviles, ni agentes entrometidos, ni internet, ni paparazzis.

 

—Val, me encantaría, de verdad. Pero no puedo, Tom aun no tiene…

 

—Si hubieras permitido que yo me encargara de ese asunto, desde el principio, lo habría resuelto con una sola llamada.

 

—Es mi hermano, es mi resp…

 

—¡Deja tu orgullo de lado por una vez! Acepta mi ayuda, los tres saldremos beneficiados.

 

—No es correcto valerme de tus influencias.

 

—Olvida las benditas influencias. Compláceme al menos en esto, por favor.

 

—¿Es lo que deseas como despedida?

 

Val movió su cabeza en ademán negativo, logrando que un mechón se desprendiera de su vapuleado copete y ocultara su ojo derecho.

 

—Nada de despedidas, no planeo dejarte libre para que te acosen las runners pechugonas. Eres mi Nick, y regresaré a ti antes de que notes que me marché.

 

La vena posesiva de Val siempre inflamaba sus deseos.

 

Quizá algún día se atreviera a comentarle sobre sus fantasías. Algún día muy remoto.

~*~

Compartían la última cerveza del pack, de las cuales Tom se había bebido tres el solito. No era una conducta muy responsable para un tutor permitir que el menor a su cuidado bebiera alcohol en su presencia. Pero esa noche Nick había colgado el traje de autoridad moral de esa casa en el perchero de la entrada y se permitió actuar como el hermano mayor, el compinche que alguna vez fue para su amado enano y había que celebrar esa recobrada complicidad.

 

—Enano, Naty te va a cuidar por unos días, voy a salir de vacaciones.

 

No había un buen momento para plantear ese asunto, por lo que optó por deslizarlo cuando los grados alcohólicos amortiguaran el golpe.

 

—¿Vacaciones? ¿Siquiera conoces el significado de esa palabra?

 

El chico lo miró con una sonrisa ladina y los ojos medio desenfocados a causa del alcohol.

 

—Por lo mismo, ya es tiempo de que me tome unos días.

 

Intentó parecer relajado, aunque por dentro esperaba con recelo el momento en que estallara la bomba.

 

—Y supongo que te acompañará «La Señora Trümper»—picó, con un insidioso meneo de cejas.

 

—Es mi pareja, ¿no?

 

Nick bajó la mirada a su cerveza, con las mejillas coloradas como un crío al que le han pillado la carpeta de porno en el móvil. Jugó con la argolla de la lata sólo por mantener sus manos ocupadas. No podía pensar en su novio sin que una sonrisa boba asomara a sus labios y delatara sus intenciones.

 

—Espera. ¡Eso significa que ustedes aun no… !—esta vez el movimiento de cejas fue acompañado por un gesto obsceno, su índice penetrando la cavidad formada por su puño.

 

No debería escandalizarse, conocía lo gráfico que podía ser su hermanito en algunas ocasiones, al menos el chico lo estaba tomando con humor. Pero Nick era incapaz de controlar las reacciones espontáneas de su cuerpo, sus orejas ardiendo, por ejemplo.

 

—No es… No se trata de… Sólo pasaremos tiempo de calidad juntos.

 

—¡Ajá!

 

La exasperante pantomima proseguía pese a sus esfuerzos por bajarle el perfil a su escapada.

 

—¡Que dos adultos se tomen unos días de descanso no significa necesariamente que vayan a dedicarse a follar como conejos!

 

Al menos su exabrupto consiguió que el adolescente detuviera el movimiento que lo ponía nervioso, y de paso que su mandíbula se desencajara.

 

—¡Bro! ¡¿Usaste la palabra con«F»?!

 

Genial, ahora Tom le recordaría su desliz hasta el fin de los tiempos.

 

—Enano, ¿podríamos cambiar de tema, por favor? —pidió, cubriéndose el rostro con ambas manos.

 

—No entiendo por qué te alteras tanto. Él te gusta, tú le gustas. ¿Acaso no quieres follártelo?

 

Había algo en aquella palabra que lo incomodaba, más allá del hecho de que Val tenía razón, debido a su apariencia andrógina, la gente daba por descontado que él era «la mujer» de la relación.

 

—¿De verdad crees que Val espera que nosotros…? Ya sabes… ¿Durante esos días?

 

—No, Bro. Va a aprovechar que te tendrá para él solito para jugar Scrabble.

 

Repentinamente el mundo —el perfecto mundo feliz en el que estuvo inmerso gran parte del día— se desplomó ante sus pies.

 

Si se detenía a pensarlo un momento, las especulaciones de Tom tenían bastante sentido. Val era una persona ardiente, que —por algún motivo inexplicable— lo deseaba al punto de no poder quitarle las manos de encima cuando se encontraban a solas.

 

¡Y ellos estarían solos durante una semana!

 

¿Cómo conseguiría evitar a su novio durante toda una semana, sin que este pensara que, pues, lo estaba evitando?

 

—¡Hey, bro! No es para que te lo tomes tan a la tremenda. Sólo te estaba jodiendo, ¿de acuerdo? —su hermano se sentó a su lado en el sillón y le dio unas afectuosas palmaditas en la espalda. Para alguien tan reacio al contacto físico, aquél era un gesto muy significativo— Ya no voy a molestarte. Sí él te hace feliz, yo no me opongo a tu relación.

 

—¿Hablas en serio, enano?

 

—¿Estás seguro de que él te quiere de verdad?

 

Nick suspiró largamente, recordando el curioso altercado en el bosque, esa mañana.

 

—Lo estoy, me lo acaba de demostrar, hoy mismo.

 

—¡Hey! ¡Despacio! Sin detalles morbosos, por favor, aun lo estoy asimilando.

 

Nick rió, más relajado, ante la nada sorpresiva reacción del chico. No podía esperar otra cosa, los adolescentes solían relacionar todo con sexo, de forma automática.

 

Dudó si contarle la historia completa, pero la confianza era un asunto mutuo, además mas temprano que tarde se enteraría por otros medios y era preferible que lo oyera de su propia boca.

 

—Enano, Val se va a América por unos meses. Por eso vamos a pasar unos días juntos, alejados de todo, antes de su viaje.

 

—¡¿Se va?! ¡¿Cómo que se va?! ¡¿Y tú se lo permites?!

 

No esperaba esa reacción, no parecía molesto, sino más bien, preocupado.

 

—Soy su pareja, no su dueño, no tengo por qué prohibirle o permitirle nada.

 

—¡Pero se larga lejos! ¿Acaso no te importa?

 

Una sensación de Deja Vu le recorrió la espina, le parecía estar viviendo ese día en bucle. No esperaba que su hermano lo entendiera, él era un adulto y a duras penas lo aceptaba.

 

—Es por su bien, además seis meses se pasan volando.

 

—Eso ni tú te lo crees. —espetó, estrujando una lata vacía en su puño.

 

—Tom, ¿existe alguna razón para que la partida de Val te altere tanto?

 

—Me preocupo por ti, ¿qué no es obvio?

 

Tom estaba llorando y desbarataba la lata apachurrada en pedacitos de metal retorcido.

 

Nick había evitado esa pregunta largo rato, luego de los sucesos de la noche anterior no dejó de rondar su cabeza y ahora las piezas comenzaban a encajar.

 

—¿Tom, tu sobre reacción se relaciona en algo con el mural en tu cuarto?

 

El chico meneó la cabeza, sin sostener su mirada.

 

—¿Y si te digo que el viaje de Val es por razones de trabajo y que su hermano se queda en Alemania, te calmarías?

 

Un par de ojos acuosos se alzaron de entre sus rodillas, donde tenía escondida su cabeza.

 

—Júramelo.

 

Esa simple palabra y el tono desesperado en el que Tom buscaba arrancarle una respuesta positiva fue mas que elocuente.

 

—Enano, ¿Qué hay entre Bill Trümper y tú?

 

—Nada.

 

—Tom, estás temblando.

 

—Estoy borracho, hago y digo tonterías.

 

—¿Con tres cervezas? Tienes algo más de resistencia que eso.

 

—Bro, no hagas preguntas si no quieres oír las respuestas.

 

—¡Quiero! ¡Quiero oír todo lo que tú desees contarme!

 

—Bro, no es nada bonito, ni para enorgullecerse.

 

—¿Alguna vez te he juzgado, enano? —Hubo una ocasión, una sola en que el altercado incluyó insultos y una bofetada. Nick corrió con suerte, Tom no la mencionó.

 

—¿Recuerdas a Kay?

 

Kay fue el motivo por el que Jörg sometió a Tom a su tratamiento especial para «deshomosexualizarlo«.

 

Nick asintió.

 

—Bill es mi nuevo Kay, pero esta vez no permitiré que nadie me aleje de él.

 

Continuará…

por Haruxita

Escritora del Fandom

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