Resumen: Las compras navideñas pueden ser un grano en el culo, en especial cuando no tienes la menor idea de que regalar a esa persona especial. Un poco de ayuda siempre es bienvenida.

«Basorexia» Capítulo especial
«Xmas Shopping»
-10 de diciembre-
Ariscó la nariz y alejó bruscamente el rostro de su muñeca haciendo gestos de asco, la chica —que a todas luces había agotado su ración de paciencia— esbozó una sonrisa plástica.
—Dos cuadras mas abajo hay un Toys «R» Us, tal vez tu novia prefiera un peluche en lugar de un perfume.
No tuvo ocasión de aclarar que el regalo no era para su novia, porque fue sacado casi a rastras por un chico tanto o mas cabreado que la vendedora.
—Acepté acompañarte porque estúpidamente pensé que sería rápido, debí ir con Bill y las chicas.
Tom meneó la cabeza, agitando las rastas, y se llevó una mano al pecho, en gesto dramático.
—¿Prefieres acarrear las bolsas de Bill, antes que pasar tiempo de calidad con tu mejor amigo?
—Al menos Bill me alimenta —se quejó con resentimiento. Sacó su móvil del bolsillo y chequeó la hora.—. Son las dos y media y no he probado bocado, estoy famélico, Tom.
Tuvo que reconocer que Geo tenía un punto, «uno muy bueno» hubieran agregado sus propias tripas, de poder hablar.
Accedió a hacer una parada en el patio de comidas sin mucho convencimiento, esperando que luego de recobrar energias por fin diera con ese esquivo regalo perfecto.
~*~
—¡…pero son tan bonitas! ¡Y… y además combinan con los pantalones de cuero!
Dos de las chicas lo apoyaron pero Mandy conocía sus tretas al dedillo y no se dejaba manipular por pucheritos ni gimoteos lastimeros.
—Bill, vinimos a por regalos, no para que renovaras tu guardarropa. La mitad del contenido de esas bolsas son cosas que ni siquiera necesitas.
—¡Nunca se tienen suficientes tacones!
—De acuerdo, «Imelda», no me dejas alternativa. —farfulló, cogiendo el móvil.
Bill confió en que su amiga estuviera bluffeando, con Val en América no estaba obligado a rendirle cuentas sobre sus gastos a nadie, y dudaba que la chica se atreviera a realizar una llamada intercontinental solo para chivarse con su hermano.
—… No muy bien… Lo de siempre, —y agregó, mirandolo con resentimiento— fue abducido por una zapatería. Creo que se está preparando para un severo desabastecimiento de botas del siete y medio.
El rostro de la adolescente adquirió una expresión maliciosa al extenderle el teléfono.
—Para ti.
Bill la miró desconcertado, el misterio se develó en el instante en que acercó el aparato a su oído y escuchó a una voz muy familiar gritarle: «¡Eres un pijo, hijo de mami, despilfarrador e irresponsable!»
Bajó la cabeza, avergonzado y buscó un rinconcito alejado de su grupo de amigas para escuchar el resto del sermón.
—«… ¡¿Tienes algo en la cabeza, aparte de pelo y fijador?!»
—¡No necesitas ser tan hiriente! —siseó, intentando mantener su tono lo suficientemente bajo para que las chicas, que atisbaban curiosas, no lo oyeran—Eran un par de botas preciosas… Además no tengo por qué darte explicaciones.
—De acuerdo, no te pediré explicaciones, pero respóndeme una sola pregunta: ¿Ya conseguiste el regalo de Val?
Bill dio un respingo, en su orgía consumista no había comprado ningún presente aun, pese a traer una detallada lista en el boslillo trasero de su pantalón, en caso de que su memoria le fallara.
Guardó un silencio culpable, aguardando a que se reanudaran los epitetos pero todo lo que se oyó del otro lado de la línea fue un «ya veo» antes de que la comunicación se cortara, la decepción en la voz lo hirió mas que si lo hubieran abofeteado.
Salió de su escondite cabizbajo, le devolvió el móvil a Mandy y, esbozando una sonrisa que tenía mas de voluntariosa que de entusiasta, se retiró de la tienda sin adquirir las tan anheladas botas.
~*~
—¿No crees que fuiste un poco duro con él, camarada?
Tom suspiró, revolviendo sus papas fritas, esa llamada le había quitado el apetito.
—Odio ser el malo de la película, pero a veces se entusiasma tanto que pierde el sentido de la realidad. Si no lo freno a tiempo es capaz de ponerle rueditas a la tienda y llevársela a casa.
A Tom le sabía mal tratar de esa forma a Bill. Le parecía verlo: cabizbajo, con la carita triste y los hombros caídos.
Pero había aprendido por las malas que a veces ser rudo y atreverse a decir «no» también es una forma de demostrar amor.
Eso lo había aprendido de su hermano.
Le dio un par de tragos a su coca cola, a ver si de esa manera se le quitaba el regusto amargo que se asentó en su garganta
Tenía que enfocarse, había un problema gordo que aun esperaba ser resuelto.
—¿Qué rayos le puedo regalar, Geo?
—No veo por qué te complicas tanto, —alegó, desenvolviendo su segunda hamburguesa, —¡cómprale una bufanda de cashmere y ya!
—No puedo darle cualquier cosa, debe ser algo que diga «eres importante para mí».
—Ve a la juguetería y grábale el mensaje en la panza de un oso.
Valoraba haber recobrado su amistad, pero en esos momentos deseaba estrangularlo. Su amigo no estaba siendo de gran ayuda.
—Entonces pregúntale a Nick.
—Geo, de verdad, si no vas a decir nada útil mejor acaba tu comida en silencio.
—¿Qué? ¡Es una excelente idea!
—¡Es una pésima idea! … eso está mal en tantos niveles…
—Viejo, voy a decirte algo y te juro que cuando acabe me quedaré calladito el resto de la tarde —Tom lo miró mal, aguardando una pelotudez de aquellas— En serio, te preocupas demasiado. Ni el regalo de Bill te tomó tanto.
Tom bufó.
—¡Bill es mucho más fácil! —por lo visto la promesa de Georg no incluía sus expresiones faciales—quita esa sonrisa pervertida, no me refería a eso y lo sabes.
El chico se dio por vencido. Le preguntaría a Bill, fin del asunto.
~*~
Una hora mas tarde todos se reunieron en la primera planta, como acordaron.
Bill volvía a hacer gala de una radiante sonrisa, de solo mirarlo a Tom se le ensanchó el corazón dos tallas más. Aunque algo le decía que buena parte de las bolsas que cargaban las chicas acabarían en su auto.
Bill se acercó a la banca en que ellos estaban sentados esperando, llevaba con las manos en la espalda y un brillo de malicia en los ojos.
—Veo que fue una tarde provechosa. —comentó Tom, poniéndose de pie para darle espacio a la montaña de paquetes que sus amigas cargaban.
El gloss nacarado de Bill lo atraía como un imán, pero cuando estaban en público aun experimentaba un ramalazo de pánico que frenaba sus impulsos, se conformó con quitarle un mechón que caía sobre su rostro y ponerlo tras su oreja. Su novio se aprovechó de la cercanía para quitarle la gorra de rapero y encasquetarle un gorro de Santa.
—¿Ya no estás enfadado? —ronroneó este, en un nada disimulado coqueteo, que le provocó escalofríos al habitante de sus pantalones. Tom debió repetirse «estamos en el centro comercial, rodeados de gente, centro comercial…» para evitar caer en tentación.
—De-depende… ¿Conseguiste todo lo de tu lista?
El moreno se mordió su apetitoso labio inferior, Tom esperaba que eso no significara que lo arrastraría por todo el centro comercial en busca de los regalos faltantes.
—Ahh… ¿Eso creo…? —agregó, no muy convencido.
Tom y Geo intercambiaron una elocuente mirada y un rodar de ojos.
En su prisa por sacar la lista de su ajustado bolsillo esta cayó al suelo junto con un sobre que ponía «para Santa», en tinta roja, con la llamamativa caligrafía de Bill.
Tom no se contuvo.
—Dudo que Santa confeccione tacones italianos.
Bill —todo sonrojos— lo hizo callar, recogió su carta y su lista de compras antes de que su novio tuviera ocasión de hacerse con ellas.
Divertido, Tom se acomodó el gorro de Santa, se sentó en la banca haciéndose un huequito entre los bultos y palmeó sus rodillas con sorna.
El moreno le dio una mirada indescifrable, y se marchó mascullando «jódete».
Tom se quedó tan idiotizado mirando ese pequeño trasero alejarse, que no se percató que Geo se sentó en su regazo y le echó los brazos al cuello.
—Yo quiero un Masseratti.
—Santa no fabrica deportivos, pero te puede regalar una patada en el culo.
~*~
«Estúpido Tom»
Bill hizo todo el trayecto renegando del novio insensible que le tocó en suerte y de su maldita costumbre de dejarlo todo para último minuto.
Soportó con entereza la desconfianza del elfo a cargo de la fila y las bromas de los niños. El no creía en Santa desde los cinco años, pero su madre solía decir que si deseabas algo con todo el corazón este se cumpliría, y no había nada que Bill deseara mas.
Pasó saliva y apretó la carta en su manos, sus esperanzas puestas en ella. En aquellos dos deseos que escapaban del alcance de su tarjeta platinum y del poder terrenal de un Santa de centro comercial, pero en el fondo de su corazón aun creía en milagros y ello le dio el impulso para llegar junto al hombre vestido con un disfraz barato, darle un bastón de caramelo y deslizar su carta dentro de la réplica a escala del taller de los elfos.
~*~
Como Tom se temía, regresaron a casa con medio centro comercial apretujado en el maletero de «Zorra». Al menos todos los items de su lista de compras estaban tachados.
Bill no mencionó la carta y el se cuidó de mencionar el tema.
A Tom aun le faltaba un obsequio, por mas que se estrujara el cerebro pensando, no se le ocurría nada que llenara sus requerimientos.
Sin darse cuenta le pasó su preocupación a su pareja.
—¿Estás bien?
—Fantástico, ¿Por qué?
—Tomi, no has dejado tu piercing en paz desde que salimos del Centro Comercial.
Él y sus jodidos tics, y jodido Bill por conocerlo tan bien.
Había llegado el momento, no era como si tuviera otra alternativa.
—En realidad… Tengo un problemita… Nada serio. —Se adelantó, antes de que Bill activara el modo Drama Queen—pero tu puedes ayudarme… Creo.
—¿No se te ha pegado alguna otra mierda, o sí?
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Mauschen! Pensé que eso había quedado en el pasado.
—Lo siento, pero cuando actúas raro me pones nervioso.
—Pues no se trata de nada de… Es Val.
—¡¡¿¿Qué??!!
—Bill, ¿quieres calmarte y dejar de pasarte películas? Necesito que me ayudes con el regalo de Val, no se que rayos comprarle.
El moreno entornó los ojos.
—Lo que le des estará bien, te adora, eres su favorito.
Cada vez que Bill actuaba de esa manera Tom mas se convencía de que su chico estaba celoso, lo que no conseguía dilucidar era de cuál de los dos. Aunque conociendo la enrevesada mentalidad de su ratoncito, probablemente de ambos.
—Gracias por nada, eres peor que Geo. Le preguntaré a mi Bro.
Bill bufó y le dio un beso en la mejilla que casi le hace salirse del carril.
—Dibújale a Pumba, tengo miles de fotos, una de bebé servirá.
—¿Estás seguro?
—Totalmente, era mas adorable y dejaba menos babas a su paso.
—No, digo… ¿Estás seguro de que le va a gustar?
—Se volvió loco con el retrato que me hiciste. Es tu fan número uno. Cree que tienes mucho talento —y agregó poniéndose serio— yo también lo creo.
—¿Mauschen, debo repetirte que no sólo me enamoré como un estúpido la primera vez que te vi, sino que eres mi musa y que…?
—…que no debo sentirme inseguro ante mi propio hermano —repitió la cantinela mil veces oída—. Lo sé pero…
—No hay pero. Te dejé conducir a «Zorra» por toda una semana, ¡Si eso no es una prueba cotundente de amor, no sé que cosa lo sea!
Con el ambiente mas ligero, Tom se estacionó en el espacio destinado para visitantes y apagó el motor.
—El cariño que le tengo a Val es… No lo sé… ¿Cómo a una madre?
—¿Una madre? ¿Estás de joda?
—Bueno, sus actitudes me parecen bastante maternales. —se excusó, bajito.
Aun no se sentía cómodo confesándole a su chico que su terapeuta creía que ello se debía a la carencia de una figura materna afectuosa. Nick fungía en muchos sentidos como un padre, por lo que la teoría de Pauline no era tan descabellada.
—Asegúrate de que no se entere —le advirtió Bill, socarronamente—, tiene todo ese rollo con la edad, no sé como se tomaría algo así.
—Pues Nick lo confundió con la tuya y ya vez como le fue.
—Caminas sobre hielo muy delgado, Bob Marley. —canturreó, bajándose del auto.
Tom estaba acostumbrado a las amenazas vacías de Bill, no podía temer nada malo de alguien que lo miraba con tanto cariño.
~*~
Una vez dejaron todos los paquetes a buen recaudo en el armario de Bill, Tom se instaló en el escritorio y se puso manos a la obra.
Faltaban menos de dos semanas para Navidad y Tom, por primera vez en muchos años, esperaba esa fecha con ansias.
F I N
Gracias por leer.