XV: I will die in your arms II

Este es un capi muy especial por muchos motivos que se hace largo exponer (subo esto desde el trabajo, proablemente mas tarde lo edite con calma, en casa)

Sólo diré que este capi es lo que es gracias a Archange y Ady, quienes de una u otra manera me aconsejaron sobre diferentes aspectos del mismo.

Ciertas escenas de este capítulo llevo mas de un año planificándolas, sinceramente espero que sea de su agrado porque puse todo de mí en el.

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 15: I will die in your arms (P.2)

Bill no era una persona madrugadora, su sueño era profundo, en especial a esa hora de la madrugada, en que su voluntad se resistía con todas sus fuerzas a abandonar el dulce abrazo de Morfeo. Sin embargo, las suaves caricias (y en especial los labios rozando tentadoramente los suyos) fueron sobrado aliciente para abrirse paso a través de su inconciencia.

Aun con los ojos cerrados y mas dormido que despierto no consiguió recordar en que día se encontraba, ni se cuestionó el que Tom hubiera osado colarse en su habitación estando Val y Markus aun en casa. A su aletargado sentido común aquellos detalles le parecieron irrelevantes, todo lo que importaba en ese momento era que su chico lo había despertado con un beso, como se había hecho costumbre.

Murmuró su nombre con una sonrisa de complacencia, rodeando su cuello para atraerlo a la cama y convertir aquel roce de labios en un beso en toda regla.

No podía asegurarlo con certeza, debido a que sus neuronas no se encontraban del todo operativas, pero algo había de extraño en ese beso. No sólo el hecho de que Tom supiera diferente esa mañana, sino que carecía de la pasión usual con que solía apoderarse de su boca.

Su impresión fue confirmada al ser apartado luego el beso mas breve del que tuviera recuerdo, aquél movimiento inesperado acabó de despertarlo del todo.

No contaba con que lo primero que vería — tras restregarse los párpados y acabar de desperezarse— serían unos ojos almendrados muy parecidos a los suyos mirándolo con cariño.

En una familia de Drama Queens como la de los Trümper, Bill solía desear que la tierra se abriera y lo tragara con relativa frecuencia, pero nunca con tanta intensidad como en ese momento.

—¡Val! Yo… ¿Qué haces…? —preguntó, mirando alrededor con nerviosismo. Mitad desorientado, mitad avergonzado. La bandeja con su desayuno y una rosa blanca descansando sobre su mesita de noche aportó la información faltante en el cuadro — Oh, es cierto. Es mi cumpleaños.

Muy en el fondo la situación le pareció un poquito patética. ¿Tan colado estaba que la sola presencia de Tom (aunque fuera ilusoria) conseguía que se olvidara de todo lo demás?

—Lamento decepcionarte, frijolito. —Los ojos de su hermano mayor chispeaban con diversión, eso lo hizo sentir aun mas estúpido—Creo que esperabas a alguien mas pequeño y de rastas rubias

El adolescente se cubrió su rostro con la sábana. La situación era peor de lo que temía.

—¿Dije su nombre, verdad?

Por mas que el adulto sobó su hombro, buscando confortarlo, Bill solo deseaba ocultarse en una profunda cueva y no salir de allí hasta el próximo siglo.

—Si te hace sentir mejor, lo sé desde hace mucho.

—Tú y tú jodida perspicacia. —se quejó, sin salir de su precario escondite. Su hermano no necesitó verlo para saber cuan mortificado debía sentirse su pequeño.

—Eso y un sistema de vigilancia de última generación. Respeto tu privacidad, y lo sabes, Bibi. Pero era solo cuestión de tiempo que lo averigüara si ustedes dos se dedican a retozar por toda la casa sin el menor cuidado. ¿Cómo pudiste pasar por alto las cámaras de seguridad?

El menor se preguntó lo mismo y la respuesta que obtuvo fue vergonzosa.

—¡No estaba pensando en ese momento, Val! Cuando Tomi me besa todo lo demás desaparece.

El adulto sonrió, comprendía a la perfección a su hermanito. Con el paso de los años su bebé aprendería que pasión y precaución no eran excluyentes. 

~*~ 

Ambas familias poseían su propias y particulares costumbres. Mientras los hermanos Trümper mantenían viva la tradición heredada de sus padres de despertar al festejado con un desayuno especial, en la cama y amenizado por el «Alles Gute zum Geburtstag», los Kaulitz… Mejor dicho Nick Kaulitz, era de hábitos un tanto menos elaborados…

—¡Bro… No! ¡bájame!

Sin hacer caso de los reclamos, el veterinario atrapó a su hermano menor al llegar a la escalera, luego de perseguirlo por el pasillo del segundo piso, lo jaló como a un trapo viejo, lo puso de cabeza sin dificultad y lo sacudió 17 veces. Cantando alegremente la cuenta.

—¿No cres que ya estoy grande para esto? —Se quejó, apoyándose contra la pared, medio mareado por tanto sangoloteo.

De acuerdo, «grande» no era la palabra mas acertada, pero Tom de verdad esperaba ese año poder salvarse de tan peculiar felicitación. Al menos el descerebrado de su hermano siempre tenía la previsión de tomarlo por asalto antes del desayuno, o sus cereales con leche estarían en ese momento regados por el piso.

Pese a sus diecisiete años recién cumplidos Tom aun seguía siendo pequeño y enclenque, por lo que el ser levantado con tal facilidad magulló doblemente su orgullo.

Rezongó por lo bajo sobre las injusticias de la vida, y  el cómo estaban mal repartidos los musculos en su familia. El adulto le dio un apretón en el hombro, aun riendo —No es asunto de genes, enano, si sigues pareciendo fideo escurrido es porque no levantas nada mas pesado que tus latas de aerosol.

Tom iba a argüir nuevamente que la culpa era de la naturaleza, quién se había ensañado con él, pero el mayor barrió con sus alegatos con un hermético «sígueme». 

~*~ 

Pasado el bochorno, la angelical voz de su hermano entonó el himno de cumpleaños emulando el estilo de Billie Holliday. Val se superaba a si mismo cada año. La ocasión anterior imitó a «Alvin, La Ardilla» con la ayuda de un globo relleno de helio.

Luego de cantarle lo atiborró de pastel como la tradición Trümper mandaba. Por una vez Bill no se quejó, no reclamó que ya no era un bebé y que podía comer por su propia mano. La pronta partida de su hermano había puesto todo en perspectiva.

Con el estómago abultado por la generosa porción de tarta se acurrucó en los brazos de Val, disfrutando de sus carantoñas. Aún faltaban un par de horas para que su alarma sonara. 

~*~ 

La habitación permaneció desocupada desde que Nick se mudó. Era un cuarto pequeño, frente al dormitorio principal, Isobel planeaba convertirlo en el cuarto del bebé. Luego del rompimiento Nick no volvió a poner un pie en ese lugar, al menos eso pensaba Tom.

No podìa creer que llevara seis meses viviendo en esa casa y no estuviera enterado de que, a un par de metros de su dormitorio, Nick había montado una minúscula sala de ejercicios.

Al menos eso explicaba los sólidos bíceps de su bro. Ya le parecía que esos músculos no se ganaban cargando corgis.

—¿Siempre estuvo esto aquí?–inquirió, boquiabierto. El cuarto era pequeño, pero las máquinas estaban bien distribuídas, maximizando el espacio.

El adulto le explicó a gosso modo que a finales del año anterior compró su primer par de mancuernas, el resto vino con el tiempo.

Nick practicaba una hora cada mañana, antes de irse a la clínica. De no haber estado Tom tan metido en sus propios problemas se había dado cuenta.

—¿Puedo usarlas?

—¡Claro! Si te interesa, y estás dispuesto a ser constante, yo te supervisaré.

Tom se visualizó a si mismo con un par de pectorales definidos y brazos fuertes. Con un cuerpo así, nadie se atrevería a joderlo por su estatura o su cara de niña.

Con un cuerpo así… Bill babearía al verlo. Mas o menos en la forma que él lo hacía por su Mauschen.

No lo pensó dos veces.

—¡Por supuesto que quiero! ¿Cuándo empezamos?

Aunque Tom era mas bien del tipo perezoso… Estaba dispuesto a sacrificarse por Bill. 

~*~

Un par de cajas con el inconfundible logotipo de Yves Saint Laurent asomaban en medio del montoncito de papel de regalo tirado a un lado de la cama.

—Val, las botas son fabulosas y la chaqueta es la que quería, pero hay algo mas que debo pedirte.

—Bibi, lo hemos discutido desde que cumpliste catorce y la respuesta sigue siendo «no».

—No, Val. No es el auto… Aunque te amaría si me sorprendieras con el.

Sonrió con encanto, a sabiendas de que sus ardides no surtían efecto en Val, el rey de las artimañas de manipulación.

—Eso no pasará, y me amas aun sin el. —el menor se encogió de hombros, no perdía nada con intentar.

—¿Podrías llegar mas tarde a casa hoy? Digamos… ¿a las ocho? Si te encargaras de mantener a tu «encantador» novio alejado de casa, te lo agradecería mucho.

La sobreactuada reacción del modelo le hizo saber que este estaba al tanto de sus planes, o que al menos se había formado una idea bastante acertada de ellos.

—No puedo imaginar cuál es el motivo por el que mi hermanito, en plena explosión hormonal y con novio recién estrenado, no me quiere en casa el día de su cumpleaños.

El adolescente sonrió y rodó los ojos, sin poder hacer nada para bajar el rojo encendido de sus mejillas.

—Idiota. No hay nada de malo en que quiera pasar tiempo con Tomi.

El adulto sonrió para sus adentros. No se negaría a la petición, pero antes haría sufrir un poco al pequeño, despues de todo, era el deber de todo hermano mayor avergonzar a su hermano menor durante su primer noviazgo en serio.

—Pasan mucho tiempo juntos. Se ven a diario en clases

—¡No es lo mismo! Quiero estar a solas con él. Por cierto, tambien necesito que le des la tarde libre a Markus y a Hitomi.

 —Por que eso no llamará en absoluto la atención.

—¡Val, dejate de juegos! No me importa lo que piensen. Ayer estabamos a punto de… —Bill se calló de pronto, ante la ceja alzada en forma reprobatoria de su hermano —¿Que pensabas que hacía con los condones? ¿Globoflexia? —Val esbozó una sonrisa. Ese era el espiritu rebelde de su Bibi en todo su esplendor.—Da igual, no alcanzamos a hacer nada porque ustedes llegaron media hora antes y Tom se cagó de miedo. Estuvo escondido hasta que no hubo moros en la costa y pudo escabullirse al ascensor.

—Ya veo. ¿De manera que el Mini Cooper Azul Rey que ocupaba uno de mis lugares de estacionamiento es suyo? —El pequeño asintió.— vaya, eso explica muchas cosas.

—¿Qué cosas?

El adulto debió contener su risa. La tarde anterior su pareja intentó convencerlo de alejarse del edificio con los mas variopintos argumentos. Tal comportamiento —que en su momento le resultó por demás insólito, dado que acababan de estacionarse—ahora cobraba sentido

Si sus suposiciones estaban en lo cierto —y rara vez erraban—su amado estaba enterado del romance de los adolescentes.

Mejor le evitaba el bochorno a su pequeño, o este no se atrevería a ver a la cara a Nick la próxima vez que este pusiera un pie en el pent house.

—Nada importante.

—Entonces. ¿Cuento contigo, o deberemos ir a un motel?

—¿Qué?

—Te estoy jodiendo, con esa carita de bebé que tiene, no nos dejarían entrar. Hasta podrían arrestarme por pedofilia.

El retorcido sentido del humor de su pequeño distendió un poco los ánimos.

—Frijolito, no pretendo reprenderte por ejercer libremente tu sexualidad. Es sólo que es un poco chocante oírte hablar con tal desparpajo de un tema tan íntimo.

—¿Por qué se trata de Tom?

—No, porque eres mi bebé.

Bill sonrió con calidez y le cogió la mano.

—Val, el bebé ya creció y tiene necesidades… necesidades que no puede satisfacer si la casa está llena de gente. ¡Por favor! Sólo pido un par de horas a solas, para que Tomi deje de mirar constantemente el reloj y se relaje. El jamás lo ha hecho con un chico, es como si fuera su primera vez y necesito tiempo para…

—¡Está bien! ¡No necesito una explicación detallada, comprendo tu punto! —Con el rostro algo descompuesto, el modelo finalmente accedió.—Haré los arreglos.

—¡Gracias, Val! —exclamó, abrazándolo con entusiasmo—Luego te contaré como estuvo.

—¿Quieres agradecerlo? No digas una palabra de ello. 

~*~ 

La cara de Nick no le agradó nada a Tom. Desayunaban en paz hasta que su hermano se puso serio, carraspeó, sacó un sobre debajo de la frutera y se lo entregó.

Tom hizo un mohin de desagrado al leer el nombre escrito en el reverso del sobre.

Dentro había una tarjeta sosa y una gift card con valor de cien euros.

—Deberías llamarla y darle las gracias.

—¿En serio me estás pidiendo eso? ¿De verdad quieres que la llame?

Nick pareció pensarlo mejor. Si Tom hablaba con Simone no serían precisamente las palabras «gracias, mamá» las que salieran de su boca.

—Vamos, Enano. No dejes que te arruine el dia. Cómprate algo provechoso con el dinero, algo que disfrutes mucho.

El dinero no caía en mal momento, pero le desagradaba todo lo demás. Retrataba tan bien a su madre. Una gift card, el regalo mas impersonal que podría existir «no tengo puta idea de lo que te gusta, tampoco me molestaré en tratar de acertar, aquí tienes dinero, arréglatelas solito».

Apartó el bol de cereales, se le había agriado el apetito.

Su hermano dejó el tazón de café sobre la mesa y lo cogió de la camiseta. Desanimado como estaba, Tom ni siquiera hizo el intento de resistirse.

Al llegar a la cochera la descabellada idea de que Nick había recobrado su amado Escalade de las garras de su padre aceleró su corazón. Era demasiado bueno para ser cierto, lo supo en cuanto la puerta automática se alzó y sólo vio las dos siluetas familiares en el lugar de siempre.

Nick volteó a verlo con una gran sonrisa achinando sus ojos, parecía un niño la mañana de navidad y eso sólo picó aun más la curiosidad del menor. A diferencia de su madre, su hermano lo conocía a fondo, lo que fuera que este le hubiera comprado valdría la pena.

—Planeaba subirlo a tu habitación apenas te fueras a clases —explicó, abriendo la puerta trasera de su camioneta, desde donde se podía divisar un enorme bulto cubierto por una lona—, pero… bueno… Feliz cumpleaños, enano.

El corazón del adolescente detuvo en seco su alocada carrera en cuanto la lona fue retirada. El paquete —ambos paquetes, porque era un regalo doble— no estaba envueltos aun, pero a Tom le valió el papel y las cintas de regalo.

—¿Me-es-tás-jo-dien-do?

—¿No es el adecuado? El sujeto de la tienda dijo algo de doble… ¿presión?

—Doble acción —corrigió el de rastas, pasando sus dedos a un centímetro por sobre la caja mas pequeña, como si no se atreviera a tocarla o aun no se convenciera de que era real— Bro, es un Iwata Custom Micron CM-C.

—¿Eso es malo?

Tom rió por lo bajo, peleando con el nudo que se empezaba formar en su garganta. Nick se esforzaba a diario por compenzar el dolor y abandono inflingido por sus padres, se esforzaba tanto que a veces se le pasaba un poquito la mano. El chico nunca lamentó tanto su incapacidad para demostrar su afecto.

—Es el ferrari de los aerógrafos… —»Te quiero, Bro»— es… demasiado lujoso para pintar graffitis—»muchas gracias».

—No lo compré para que vandalices los muros del barrio, enano. Supuse que te sería util en la UdK.

Tom se envaró, había archivado su sueño bajo la etiqueta de «imposibles».

—No creo que… —volteó a replicar, pero el adulto apoyó una mano sobre su hombro y se inclinó para hablarle con seriedad.

—Tienes talento de sobra. ¿Vas a decirme que te faltan los huevos?

—¡Bro, dijiste…!

—Sí, sí. Usé una palabrota. —le restó importancia con un rodar de ojos, pero no soltó su agarre.— Tomi, toda tu vida has deseado esto, no tires la oportunidad por la borda.

—Pero, mis antecedentes…

—Aunque Blumen hubiera conseguido sustentar una sola acusación en tu contra (cosa que no hizo), no serías el primer artista con problemas con la justicia.

—Pero…

—Confío en ti, sé que los rumores son falsos.

—¿Cómo puedes estar seguro?

—Un asesino a sangre fría no llora por las noches.

Tom enrojeció de vergüenza, mas aun cuando Nick besó su frente y lo estrujó en un abrazo.

—Soy un puto cobarde. —farfulló, hipando, cuando no pudo contener mas tiempo sus emociones.

—Sólo eres un buen chico que tomó algunas malas decisiones. Tu conducta los pasados meses lo ha demostrado con creces.

Deseó quedarse en el cálido cobijo de ese abrazo un poco más, pero se le hacía tarde para ir a clases. 

~*~ 

Bill por esos días cargaba una sonrisa espontánea que no conseguía evitar, a ratos incluso se reía sin motivo aparente, bastaba una fugaz mirada en dirección a Tom para que esta aflorara, y que el chico de rastas —rubor por medio— se contagiara.

La mejor parte de ello era que Tom sabía que él (y sólo él) era el causante de la felicidad de su novio.

Al menos las muestras de afecto de Bill en público ya no eran tan evidentes como hace dos días atrás. El precio que pagó para que pusiera coto a su entusiasmo a ratos le parecía excesivo —cada segundo que Bill permanecía al volante de Zorra acrecentaba su nivel de stress— pero probaban su utilidad cuando llegaba el receso del almuerzo.

Bill se mantuvo a considerable distancia, no hubo manitas exploradoras ni pies traviesos bajo la mesa. Su novio realmente debía anhelar aprender a conducir.

—Descargué esa aplicación en que puedes programar una cuenta regresiva…—comentó con entusiasmo, mientras devoraba su segunda hamburguesa.

—¿Sigues con eso? Chico, falta todo un año.

—Linda, no lo molestes, ha sido su sueño por años.

—¿De verdad vas a comprarte un Audi?

Tom observaba en silencio el desarollo de la conversación. No estaba seguro de seguir el hilo de la misma, tenía la impresión de que se le escapaban muchos detalles.

—Tu hermano conduce un Porsche, no comprendo porque pone tantas objecio…

El grupo de amigos de Bill era heterogéneo, algunos de ellos actuaban como si les faltara un tornillo. Esa chica Mandy, por ejemplo, que metió un puñado de patatas fritas en la boca de Georg mientras este hablaba, provocando que se atragantara.

—Entonces… ¿Veremos a tu novio misterioso en la fiesta el viernes?

La chica movió sus cejas de manera que pretendía ser sugerente. Bill cayó redondito en la trampa, sonrojándose y examinando sus uñas, como si la cosa no fuera con él.

El novio de Bill estaría en esa fiesta, Tom se encargaría de ello. Había otra cosa que le preocupaba, aparte de como soportaria toda una noche rodeado de los amigos de Bill.

Evidentemente Geo había metido la pata, el comportamiento de esa chica y su nada sutil manera de cambiar de tema era muy sospechoso. No había reparado en ello con anterioridad, ahora que lo pensaba, resultaba extraño que Bill no poseyera su propio automóvil. No era como si no pudieran permitirselo. El moreno había dejado caer de pasada que era su hermano quien se oponía.

Ahí había gato encerrado. 

~*~ 

Tom se había regenerado. Luego de todo lo que le tocó experimentar podría pensarse que acumuló aun mas resentimiento contra la vida y la gente que lo rodeaba. Pero, en parte gracias a la terapia —que le ayudó a encauzar su rabia y encarar sus problemas de forma constructiva—, al apoyo irrestricto de Nick y en menor medida a la presencia de Bill, su caracter beligerante se aplacó bastante.

No quería meterse en mas problemas, no quería que Nick se decepcionara de él ni darle nuevos argumentos a los amigos de Bill para cuchichear a sus espaldas.

Los había oído en el pasillo, preguntándose que bicho le había picado al moreno para perdonarle todos los golpes, insultos y las tardes que pasó en detención por su causa.

Él mismo no comprendía como su conflictiva relación derivó en cariño y luego en esa mierda de cuatro letras que aun le daba grima siquiera pensar.

Por lo mismo, evitaba las confrontaciones…

Como la de ese miércoles.

Un chico lo abordó en el pasillo y sin decir «agua va» lo empujó contra la hilera de lockers.

No era el primer desconocido en gritarle «¡asesino! » en lo que iba de la semana. Pero este sujeto parecía tener un motivo concreto para ajustar cuentas con él, motivo Tom no conseguía recordar por mas que este azotara su espalda contra los casilleros.

Finalmente la verdad salió a la luz, el chico perdió a una prima en el tiroteo de San Valentín, pudo morir a manos de Uwe o cualquiera de sus «hermanos», Tom no lo sabía, ello no impidió que el chico descargara toda su pena e impotencia contra Tom.

El pobre Tom escuchaba las recriminaciones en silencio, con la cabeza gacha. Convencido en su fuero interno de que el chico tenía razón, aunque el no hubiera jalado el gatillo no hizo nada por impedir esas muertes.

Tom empezó a temblar, tenía tiempo sin enfrentar una crisis, cerró los ojos y se encogió sobre si mismo, las palabras «te lo mereces» repitiéndose en su mente mientras se dejaba golpear.

La situación pudo pasar de castaño a oscuro, el chico no lo soltó ni cuando Tom empezó a sangrar por nariz y frente.

Fueron Gustav y Geo quienes forcejearon con el agresor hasta conseguir liberarlo.

Gustav era uno de los que recelaban de él, no le cupo duda a Tom de que su amistad con Bill tuvo todo que ver con su ayuda no solicitada. Un pensamiento algo bizarro llegó a cruzar por su cabeza, Bill observando la acción desde lejos y enviando a dos de sus compinches a su rescate.

Había pasado de maleante a doncella en apuros en un parpadeo. ¡Realmente fantástico!

Sin embago, sus divagaciones no podían estar mas desencaminadas, y no tuvo que esperar mucho para salir de su error.

El rubio de pocas palabras le dio una nada amistosa advertencia a Geo antes de marcharse: «me debes una».

Ser ayudado por su antiguo mejor amigo no hizo que Tom se sintiera mejor. La amistad rota dolía, además aun estaba aquél asunto no resuelto de los celos que despertaba la cercanía entre Geo y Bill.

Sin mediar palabras, Geo lo agarró de manera nada gentil de la camiseta y se lo llevó obligado al baño. Por lo visto su ex bestie no había olvidado cuanto detestaba la enfermería.

Siempre de buen talante, al mayor le tomó solo un par de comentarios groseros desalojar el baño.

A Tom le traía sin cuidado que Geo bromeara sobre su sexualidad, lo que realmente le cabreaba era que lo incluyera en sus burradas.

—Si quieres ir de marica por la vida, es cosa tuya, pero no me enredes en tus cochinadas. —gruñó. «Genial, Geo puso seguro en la puerta, ahora si que hablarán con ganas».

—Deberías dejar de preocuparte por la opinión del resto y vivir un poco. Relájate, pareces un anciano amargado.

Geo lo tomó de la cintura y antes de que lo que alcanzas a gritar: «¡Hey! ¡¿Que mierda estás haciendo?!», lo alzó casi sin esfuerzo y lo sentó sobre uno de los lavabos.

La situación era de por si humillante, las piernecitas de Tom colgando muy lejos del piso le trajeron muchos recuerdos. Aparentemente a Geo también porque meneó su cabeza, agitando su larga melena, sin poder contener una enorme sonrisa.

Años atrás, antes de que Tom se convirtiera en player, Geo era quien lo cuidaba y fungía de hermano mayor cuando Nick no estaba cerca.

—Sólo cierra los ojos y relájate, seré cuidadoso.

—¡¿Qué?!

Antes muerto que reconocerlo, pero la forma ambigüa en que lo dijo le dio sustito. Mas aun cuando Geo el desató la bandana, liberando sus rastas. Cuando Bill hacía lo mismo era porque a continuación iba a besarlo. Mil cosas pasaron por su cabeza en ese momento.

¿Acaso Bill lo había aprendido de Geo?

¿Significaba que Geo iba a…?

Saltó del lavabo y corrió a la puerta, para ser detenido justo a un par de centímetros de la meta. ¿Por qué a todo el mundo le encantaba jalarlo de las camisetas?

—Tomi. Acabas de cumplir diecisiete. ¡Ya madura! ¡Es sólo un poco de agua, por la mierda!

Avergonzado, permitió que lo subiera de nuevo en el lavabo y limpiara la sangre que ya abarcaba buena parte de su rostro.

Geo lo trataba con la misma ruda amabilidad que cuando eran niños. Pero, por mas que Tom en el fondo —muy en el fondo— sintiera nostalgia, había traiciones que no podían ser perdonadas.

Por ello no le dio las gracias, lo unico que ocupaba su cabeza en ese momento era esa inquietud creciente que salió de su boca en forma de pregunta: «¿Qué hay entre Bill y tú?».

Su antiguo amigo sonrió con malicia, indicativo seguro de que lo oiría a continuación no iba a ser de su agrado.

—Somos amantes —El rostro de Tom enrojeció de ira, ¿Entonces su Mauschen…? Su deliveración no llegó muy lejos, la ronca risa de Geo  confirmó que lo estaba jodiendo. —Relájate, Tomi. Te tomas todo demasiado en serio.

Tom se bajó de su improvisado asiento, alejándose de las palmaditas en la espalda que Judas Listing le daba.

—Eres un imbécil.

Geo se puso serio por un momento, estrujó la bandana luego de enjuagarla y se la devolvió.

—Sé que los consejos te valen, pero al menos escúchame. Ignoro como te las arreglaste para hacer las paces con Bill, pero no la jodas, Tomi. Se nota que le agradas de verdad.

—¿Qué es esto? ¿La tradicional charla de «si haces sufrir a mi amigo, yo te haré sufrir a ti»?

—Siempre dije que tu inteligencia estaba subestimada.

Tras una palmadita en su cabeza, Geo quitó el seguro de la puerta y lo dejó mascullando su creciente enfado.

Se suponía que era él quien debía amenazar a los demás y proteger a Bill. Pero no podía hacer tal cosa mientras se cagara de miedo ante la sola idea que la gente pensara que el bateaba para el otro equipo. 

~*~ 

Bill lo esperaba en el estacionamiento, portando una gran sonrisa y una bolsa de papel con un lazo de regalo en ella.

Tom se acabó de desmoronar.

Su Mauschen se merecía alguien mejor que él, alguien que no se avergonzara de su relación ni cargara con el cartel de «asesino» en la frente.

Bill le extendió la bolsa de papel con mal disimulada espectación. Tom se sintió mal de antemano, tendría que fingir que—lo que fuera que hubiera dentro de ese paquete— era de su agrado. Era lo menos que podía hacer por él.

—Es XXXL, supongo que es la talla que usas, pero si no te queda bien puedo cambiarla.

Bill se veía nervioso, ¡genial! Le había comprado ropa, ya no tenía dudas de que el regalo sería algo espantoso. Había acompañado a Bill de compras suficientes ocasiones para saber que sus gustos no podían ser más disímiles.

No quería mentirle, pero tampoco romper su corazón. El chico al menos había hecho el intento. Cosa que ni su propia madre hizo.

Decidido a no postergar mas tiempo el mal rato, extrajo lo que parecía ser una camiseta roja del interior del empaque de regalo. Al desplegarla y develar el diseño estampado en el frente su respiración se detuvo.

—¿No te gusta? Quizá debí pedirla en negro… No podía preguntarte cuál es tu color favorito o sospecharías y quería que fuera una…

Como siempre que estaba nervioso, Bill hablaba hasta por los codos.

Tom deseó no estar en público para agradecerle el obsequio apropiadamente. En un arranque de coraje le tomó la mano con fuerza.

—Maldito bastardo, ¿cómo es que…?

Bill rió, mas relajado, y entrelazó sus dedos, la camiseta era de tales dimensiones que dificilmente alguien los vería tomados de las manos

—Tienes esta horrible cosa en tu buró. No se parecía a nada que hubiera visto con anterioridad, pensé que era el personaje de un animé, googlee y… Supongo que es bastante significativo como para que lo tengas en tu cuarto

—Hice esa figura en papel mache cuando estaba en quinto grado. —explicó, sin soltar la mano del otro chico— Habían pasado un documental sobre el muro hacia poco en la tv, flipé con los graffiteros. Ellos arriesgaban bastante mas que una noche en el cuartel de policía, y aun así creaban estas enormes y maravillosas pinturas. Me dio mucha tristeza saber que cuando el muro cayó, sus obras también fueron destruídas.

—¿Y lo reprodujiste a manera de homenaje?

—»La llave del éxito». De todos los que mostraron en el documental, este fue el que mas me llegó. —recordó, emocionado—Gracias, Mauschen. Es el mejor regalo que he recibido. Te besaría si pudiera.

—Entonces, llévame a casa.

Tom pasó de la coqueta insinuación. No había querido decirlo con esa intención, era solo una frase hecha.

No estaba de humor para arrumacos. 

~*~ 

Lo dejó en la puerta del edificio, señal de que no pretendía quedarse.

—¿No subes?

Bill se veía decepcionado.

Él en realidad quería subir, pero la nubecita gris que lo había rondado toda la tarde aun permanecía sobre su cabeza, llenándola de pensamientos funestos.

—Debo hacer el informe de historia.

Bill lo besó en la mejilla y se detuvo un momento, para confesarle muy bajito.

—Sé lo que sucedió, Tomi.

—¡¿El metiche de Georg te fue con el cuento?!

Bill meneó la cabeza.

—Todo mundo habla de la golpiza que te dio Günter.

—Tsk. No fue para tanto. —replicó, alzando un hombro.

—¡¿Qué no fue para tanto?! ¿Qué esperabas? ¿Acabar en el hospital? Tomi, debes defenderte.

Tom respondió con una hebra de voz, demasiado avergonzado para verlo a los ojos.

—No puedo, ellos tienen razón, soy un asesino.

Bill exhaló, rogando por paciencia, una desagradable sensación de deja vu flotando en el aire.

—Tomi, ya hemos tenido esta charla antes. La mayor agresión que cometiste ese día fue ese penoso beso que me diste a la fuerza.

—¿Fue patético, verdad? —reconoció, sonrojándose

—Suerte para mí que has mejorado con la práctica.

Tom se despidió con una sonrisa triste.

—¿De verdad no quieres quedarte un ratito?

—Mi humor es un poco sombrío hoy, Mauschen, no soy buena compañía.

—De acuerdo. Salúdame a Val.

—¿A tu hermano? ¿Por q…? Espera. ¿Tu hermano está en el sillón de mi sala fajando con mi bro en estos momentos?

—Ignoro si besándose, pero estan en tu casa.

—¡Ugh! No quiero imaginar las otras opciones.

—Entonces… ¿Subes? 

~*~ 

Los besos de su Mauschen eran prodigiosos. Les tomó escasos minutos —lo que se tardaba el ascensor en ir del estacionamiento al Penthouse— disipar su oscuro estado de ánimo.

Bill lo acaricaba con cuidado, evitando rozar las magulladuras repartidas por toda su cabeza y espalda.

—Tomi, eres un tonto. No podré dejarte un momento a solas. —dictaminó el moreno, al dejar su chaqueta en el recibidor.

—Puedo cuidarme solo, no necesito guardaespaldas.

—Lo sé. ¿Sabes algo curioso? Estabas dispuesto a golpear a Malcom.

—Él te insultó.

—Y te llamó «cara de niña». ¿Por qué permites que te golpeen por un crimen que no cometiste y sin embargo reaccionas con tanta violencia por algo que carece de importancia?

—¡Nos llamó maricas delante de toda la secundaria!

—Es lo que somos, Tomi. Se convierte en insulto, sólo si tu lo recibes como tal.

—¿Te gusta que te griten «marica»?

—No es mi palabra favorita en el mundo. Pero no voy a bajar la cabeza ni sentirme culpable, porque no hago... No hacemos nada malo. Algún día lo comprenderás, Tomi. 

~*~ 

Nick había retomado su inseguridad, no se requería de su afilada suspicacia para deducir que ello estaba estrechamente relacionado con su encuentro con la mujercita del supermercado y Val era quien padecía las consecuencias.

No sólo esas sexys camisetas musculosas —que tanto le gustaban al modelo— fueron relegadas de regreso al armario, sino que sus caricias volvieron a ser temerosas. Era como regresar en el tiempo. Esa intrusa borró de una plumada los escasos progresos que habían conseguido con tanto esfuerzo.

Val bufó de frustración, era la tercera vez que Nick jalaba su camiseta —esa holgada y enorme camiseta, casi parecía que le hubiera copiado el estilo a su hermano menor— cubriendo avergonzado el bulto en su entrepierna, al que Val deseaba desesperadamente tener acceso.

—De acuerdo, ha pasado mas de una semana, eso rebasa con creces el límite de mi paciencia. —en otras circunstancias se hubiera arrepentido del áspero tono empleado en cuanto vio la carita de pesadumbre con que Nick reaccionó, pero no se encontraba de humor para ser indulgente— Meine Liebe, necesito saber quién es esa mujer que le robó la calma a mi novio y lo convirtió en una pudorosa hermanita de la caridad.

Nick palideció, bajó la mirada al piso y carraspeó antes de decidirse a hablar.

—C-cariño, necesito ti-tiempo para…

—¿Tiempo? ¡¿Necesitas aun mas tiempo?! —se puso de pie. Una vena palpitaba en su frente, hacía mucho que Nick no lo veía tan enfadado— Durante meses respeté tu espacio, esperando a que te decidieras. De no haber hecho yo el primer movimiento, seguiriamos en esa frustrante relación platónica de miraditas y frases no dichas. Dime ¿Cuánto tiempo tardarás esta vez? ¿Meses, hasta mi regreso de América? ¿Un año, hasta que acabe la postproducción? ¿Dos, hasta el estreno? ¡Por Dior! ¡No tengo tiempo para sentarme a esperar hasta que decidas que puedes confiar en mi!

El otro hombre se estrujaba las manos con nerviosismo, sin alzar la cabeza durante toda la perorata.– E-es un a-asunto muy v-vergon… vergon…

La micra de paciencia que le restaba al modelo se esfumó.

—Nick, te conozco, y me conoces. ¿Aún así piensas que voy a burlarme de ti?

—E-es un tema de ín-indole muy íntima, c-cariño. Nadie más lo sa… Lo sab… lo sabe.

—Soy tu pareja, Meine Liebe. Si eso no me faculta para conocer tus problemas mas íntimos, no se que tipo de relación sea esta.

Le supo mal aplicar amor duro con Nick. Era casi como castigar a un niño sin su postre. Empero, por experiencia sabía que en ciertas circunstancias la rudeza era necesaria. De no haber empleado mano firme con su hermanito, este se hubiera descarriado en su preadolescencia.

El apuesto hombre se estremeció, la expresión aterrada que tenía su rostro cuando finalmente sostuvo su mirada conmovió el corazón del modelo, mas no dio pie atras.

—D-de a-acuerdo. T-tendrás lo que quieres.

Val rara vez había visto beber a su pareja algo diferente a cerveza o una copa de vino durante la cena. Ni siquiera sabía que este guardaba una botella de whisky en la biblioteca de la sala, bajo llave desde luego, debido a la irresistible atracción que los adolescentes sienten por el alcohol.

El hombre sirvió un vaso que bebió hasta ver el fondo, hizo una breve mueca, lo dejó junto a la botella en la mesita ratona y comenzó su relato…

—Su nom-su nombre es Isobel. F-fuimos novios durante c-cuatro años… 

~*~ 

Bill estaba nervioso y no comprendía el motivo, llevaba activo casi tres años.

Tom debería ser el aterrado, hasta donde Bill sabía, sus únicas experiencias con otro chico habían sido con él.

Pero no, ahí estaba el muy maldito, bromeando y riendo mientras se quitaba esas enormes camisetas. De verdad, ¿quien vestía tantas capas de ropa en pleno verano?

Bill se sentía expuesto, y no tenía nada que ver con su desnudez.

Quizá se relacionaba con esa extraña sensación que experimentaba cada vez que Tom lo miraba de soslayo en clase, o rozaba «accidentalmente» su meñique al caminar juntos en el pasillo. Como si su corazón olvidara el ritmo de los latidos de pronto y empezara a latir a destiempo.

¿Era así cómo se suponía se debía sentir hacer el amor con alguien significativo?

Tom finalmente arrojó a un lado esa carpa de circo a la que alguien tuvo la mala ocurrencia de llamar pantalones. Bill rió, en parte para espantar los nervios, en parte porque sin todo el volumen de prendas Tom lucía aun mas flaco y pequeñito que él.

Bill se dio cuenta de que estaba perdido, ¿Cómo ese cuerpo enclenque de cachetes inflados y kilo y medio de cabello podía encenderlo de esa manera?

Tom no actuaba como alguien que estaba a punto de tener su primera vez. Fue directo al grano estampándolo contra el colchón mientras Bill le hacía espacio entre sus piernas y se derretía a causa de sus besos.

Bill no estaba pensando con claridad. Para ser honestos, no lo hacía desde esa mañana, cuando su hermano le dio Cart Blanch y dejó la casa para ellos solos por tres (insuficentes) horas. No era mucho, pero les sacaría el máximo provecho.

Estaban sudando, pese al aire acondicionado. La espalda de Tom se sentía humeda y pegajosa al tacto.

«Jodidas rastas ¿cómo Tomi no se ahoga con ellas?»

Las manos de Tom parecían saber muy bien lo que debían hacer con su polla, demasiado bien. Bill tuvo que apartarlo jadeando ante el primer cosquilleo en sus pies.

La carita de desconcierto de su novio lo llenó de ternura, incluso se sintió algo culpable. ¿De verdad Tomi pensó que se había arrepentido?

Necesitaba enfriarse, al menos enfríar su cabeza un poco.

Él había tenido sexo casual algunas veces, de hecho, la mayoría de sus experiencias fueron de ese tipo.

 Y, por lo que sabía, las experiencias de Tomi iban por un camino similar.

No deseaba que aquella, su primera vez juntos (y la primera de Tom con un chico) fuera apresurada y sin mayor motivación que saciar la calentura del momento.

Aun con su pecho agitado y los labios hormigueando por volver a probar los de Tom se obligó a pensar racionalmente, antes que cualquier cosa debía buscar protección. Una prueba de cuánto lo descontrolaba Tom es que nunca antes había olvidado asegurarse de tener el preservativo a mano cuando se hacía necesario.

Dejó un besito en su mejilla, si sus labios tocaban nuevamente los de Tom, sus manos seguirían a su boca y tras ella el resto del cuerpo y sabía muy bien como acabaría, literalmente

—Protección… Debemos… ¿traes? -preguntó, con la respiración entrecortada por sus jadeos.

Bill rogó que Tom no se pusiera idiota y se negara. Su voluntad no parecía muy fuerte ese día,

—No tengo, yo nunca uso.—Tal como lo temía, Tom empleó los mismos trillados argumentos de todo hombre que jamás ha usado preservativos—no quiero perder sensibilidad. No va a pasar nada, confía en mí.

Ceder a las presiones de Tom le parecía cada vez mas tentador. Sentirlo completamente dentro, sin nada que los separara, dejarse llenar por su caliente descarga…

Estaba a un tris de aceptar, cuando recordó las palabras de Val. «Tener sexo sin protección equivale a tener sexo con todas las parejas sexuales de tu compañero».

Las de un despreocupado mujeriego como Tom eran muchísimas, ese pensamiento fue bastante descorazonador.

Debió jugar rudo y recordarle sutilmente no sólo la cantidad de chicas con las que se lió, sino la suerte que corrió al no conseguir un bebé o una ETS en el camino.

Finalmente fue el de rastas quien acabó dando su brazo a torcer, de mala gana.

Bill hurgó en el cajón de su mesita, aun no le entregaban su provisión de preservativos de ese mes, pero con los sobrantes del anterior bastarían…

Por desgracia Durex aun no producía condones a prueba de novios tercos que insistían en saber como manipularlos aunque jamas hubieran tocado uno.

Bill vio con desazón como Tom desperdiciaba sus úlltimos preservativos. Haciendo un piquete en el primero, poniéndose al revés el segundo e inflando el tercero como si de un globo se tratara.

Hubiera reído por la bizarra situación, pero la farmacia mas cercana estaba treinta pisos mas abajo, siete cuadras al sureste de su cama.

Tuvo que coger sus pantalones y hacer de tripas corazón. 

~*~ 

El cuerpo del modelo se puso por completo en tensión, no esperaba esa respuesta. Un enamoramiento platónico, sexo casual, un ligue de verano, cualquier otra cosa, menos la idea de su Nick teniendo una larga y estable relación con una chica.

Aparentemente no siempre fue tan tímido.

Y la historia sólo empeoró.

—… Íbamos a casarnos, yo estaba muy enamorado de ella.

Sus palmas acusaban su perturbado estado emocional, inconscientemente apretaba los puños al punto de enterrarse sus uñas en la piel, dejando marcas rojizas en ella.

Su mente se llenó de preguntas, mas se abstuvo de interrumpir el relato. So riesgo de que Nick no continuara con su confesión.

Pero cada palabra dolía, la voz rota de Nick delataba cuan difícil resultaba para él también desenterrar esa vieja historia.

Parecía una de esas sosas historias de amor que Hollywood produce por montones en visperas de San Valentín.

Chica-conoce-chico. Chico-se-enamora-perdidamente-de-chica.

Él cursaba segundo año de veterinaria, ella realizaba su práctica de secretariado en la oficina del coordinador de carrera. Nick la describía como si fuera una diosa, al modelo no le pareció la gran cosa vestida con ese uniforme de promotora de una marca de galletas integrales. Pudo engañar a Nick quitándose los pins corporativos y subiendo su falda, pero esas triquiñuelas no surtían efecto en Val.

—… debí sospechar, todo mundo me advirtió sobre ella. Pero estaba tan ciego…

Isobel… Dios, aun me cuesta pronunciar su nombre. Ella siempre tuvo sueños de grandeza, los míos eran mas modestos. Yo quería… quería tener mi propio refugio para animales, alimentar a los hambrientos, sanar a los enfermos y cuidar de los ancianos. Ella sólo reía… «Eres un soñador sin remedio» solía decirme, «¿Qué haré contigo?».

Asociarme con los chicos fue su idea. Yo no quería atarme a un horario ni a una oficina, al menos no mientras tuviera energías para realizar mi sueño.

Había conseguido ahorrar una cantidad nada despreciable, el resto del dinero lo conseguiría con un crédito. Y entonces…

Era la segunda vez que interrumpía el relato para rellenar el vaso. Val no consideró prudente dejarlo seguir bebiendo, pero su pareja sólo bebió un sorbo y se quedó observando el contenido por exasperantes minutos.

—¿Qué sucedió entonces? —preguntó el modelo, con prudencia.

—Entonces probé ser el rey de los idiotas. —terció, bebiéndose el resto del líquido. 

~*~ 

Bill se escabulló de la cama con un simple «voy y vuelvo».

Tom estaba demasiado nervioso como para quedarse y esperarlo pacientemente, de manera que fue tras él. Después de todo, ¿Qué tan lejos podía ir descalzo, semidesnudo y sin dinero?

Entró por la primera puerta entornada que encontró en el pasillo.

La habitación era enorme y olía bien, no a aromarizante de lavanda como su casa, este era un olor suave, elegante. Probablemente uno de esos perfumes caros que usaba el novio de su Bro.

—¿Es el dormitorio de tu hermano? —le preguntó a su Mauschen, que hurgaba en el cajón de una de las mesitas de noche.

—No, es el cuarto de lavado. ¡Duh!

Se había ganado la pulla, la pregunta era de perogrullo. El cuarto era mas grande que el de Bill, con fotografias de estudio sobre el cabecero de la cama.

Tom se quedó curioseando, con la boca abierta de asombro.

Junto a la fotografía del modelo sosteniendo un gato gordo, con la Torre Eiffel de fondo, había una de ambos hermanos. Aparentemente de fecha  reciente, Tom estimó, sacando calculos basado en el largo de cabello del menor.

Los Trumper posaban desnudos, en un abrazo muy intimo para simples hermanos. Si Tom no hubiera visto a ambos chicos interactuar, aquella imagen lo chocaría. Empero, había acabado por aceptar que los Trumper tenían una relación mucho mas de piel que la suya con Nick.

—Bonita, ¿Verdad? —preguntó su chico, refiriéndose a la fotografía que tanto le había impactado— Fue para un reportaje de GQ de Junio pasado: «Padres inusuales».—el moreno suspiró, entristecido de pronto.—parece increible que Val me haya cuidado mas tiempo que papá.

—¿Lo extrañas?

—A veces. Yo era demasiado pequeño cuando murieron, pero Val se encarga de que los recuerde. Me suele contar anécdotas, dice que me parezco a mamá.—agregó con una sonrisa que hizo que el estómago de Tom diera una pirueta.

—A tu mamá no sé, pero eres igualito a tu hermano.

—Si, seguro. Sobretodo por lo sexy y seductor. ¿Por qué todo el mundo insiste en…?

—Si no me crees a mí, mira la jodida foto, son como dos gotas de agua. —Si había algo que Tom nunca comprendió era la menguada autoestima de su Mauschen, pero de momento tenía otros proboemas en mente.— ¡¿Qué mierda hace eso ahí?

Un desagradable escalofrío bajó por su espina al ver colgado en la pared, con un sobrio marco de madera, el regalo que le hizo no hace mucho a su Mauschen y que este despreció.

—Oh, eso. Mi hermano lo encontró en su escritorio. Tuve que inventar una excusa, no soy bueno improvisando, le dije que el retrato me lo hizo un artista callejero en Bremen. No conoce tu estilo, ni tu firma. No tiene motivos para no creerme.

Tom trató de controlar el temor que lo acometió. Tal vez Valentino Trumper no conociera su estilo. Pero si cierto visitante asiduo a ese dormitorio. Tendría que hablar con su hermano y pedirle que le guardara el secreto.

Eso si aun no se había ido de lengua

Un beso en su mejilla y un par de brazos rodeándolo por la espalda le recordaron que mejor regresaba al presente. Cosas buenas esperaban por él.

—¿Quieres hacerlo en la cama de Val? Es mas grande.

—Mejor la tuya, no quiero follarte con tu hermano y ese condenado gato observándonos.

—¿Le tienes miedo a una foto?

Bill rió pero el de rastas parecía ir en serio.

—¿Quieres que me ponga ese puto condón o no?

—De acuerdo, será en mi cama, señor paranoico. 

~*~ 

—Sucedió tan de prisa que no tuve tiempo para detenerme a pensar. Parecía lo correcto, ella quería formar una familia, yo la quería a ella, los niños nunca estuvieron en mis planes pero… era mi hijo, ¿Cómo podría no quererlo? Juré no cometer los errores de nuestro padre, mi hijo crecería sin prejuicios, sin miedos.

Todo se hizo a marchas forzadas, la compra de la casa, los preparativos de la boda, los papeles de la sociedad. Estaba enterrando mi sueño, todo en pos del bienestar de mi familia.

Nunca le cuestioné la prisa, nunca desconfié, me pareció hasta comprensible, ¿Qué novia desea ir al altar con una prominente barriga?

Val tragó lagrimas amargas ante la angustia de su amado. Presentía cómo acabaría aquella historia.

Faltaban dos días para la ceremonia….

¡Dios! A veces me pregunto, ¿cómo serían nuestras vidas de habernos casado?

… Faltaban dos días para la ceremonia, al llegar a casa de la clínica ella me esperaba en la sala para comunicarme la noticia. La… la «señorita» estuvo jugando a dos bandas por quién sabe cuánto tiempo.

Ese día aprendí que un «soso veterinario de barrio» no era competencia para un cirujano.

El modelo se guardó sus dudas, averigüar si efectivamente alguna vez hubo tal bebé resultaba superfluo comparado con el dolor que aquella pregunta le causaría a Nick.

En mis pesadillas aun puedo oír su risa burlezca. «Si al menos fueras bueno en la cama, podrías haber inclinado un poco la balanza a tu favor, pero no tienes idea de cómo complacer a una mujer». «Eres tan poquita cosa», «No eres lo bastante hombre, ni en la cama ni fuera de ella» 

~*~ 

—Olvídalo Tomi, no vas a arruinar estos también. ¿Por qué no dejas de lado la pose de «machito sabelotodo» y reconoces que no tienes ni puta idea de cómo usarlo?

—Es un maldito condón. No creo que exista una técnica especial para ponerlo.

Bill lo miró casi con pena. Él tuvo suerte de tener a Val de su parte, que su hermano se tomara el tiempo para enseñarle. No imaginaba al padre de Tomi promoviendo siquiera el uso del preservativo. Y Nick… El idiota probablemente se sonrojaría ante la idea de enseñarle a su hermano.

—Deja, yo lo hago.—masculló, cogiendo el de empaque lila que ponía «estriado».

Notó el mal disimulado resentimiento en su chico cuando lanzó: «¿Se lo pones a todos tus ligues?»

Bill solo suspiró ante el resabio del «viejo Tom». Sus prejuicios aun estaban presentes. Lo ignoró y se sentó a lo indio a sus espaldas.

—Pon atención, sólo te explicaré una vez. —advirtió, abriendo el sobrecito con los dientes, mientras que con la otra mano aproximaba el delgado cuerpo contra el suyo.

Tom era flaco, nada de músculo y muy poca carne, pero su piel era extremadamente suave al tacto y eso le gustaba a Bill.

Bill besó sus homóplatos, uno cada vez. No podía creer que eso me estuviera sucediendo

Tom se removió en su sitio sobre el colchón. ¿nervioso, quizas?

El menor de los Trumper tragó grueso, nunca le había puesto un condón a otro chico, si Tom comenzaba de nuevo con sus comentarios insidiosos poco le importaría las ganas que le tenía, ambos se quedarían sin polvo de cumpleaños.

Pero lejos de ello, a Tom le bajó un ataque de risa en cuanto Bill deslizó el condón por el glande y se retorció en sus brazos.

—¡Tomi, por favor! ¡Quédate quieto!

—¡No puedo, esta mierda se siente resbalosa! Además, no puedo concentrarme mientras tu polla se clava en mi espalda.

—¡Tomi, te pellizcaré las bolas si no dejas de moverte!

—¡Está bien! Me quedaré quietecito, lo prometo.

Bill besó su hombro, satisfecho. Tom era tan facil de manipular.

Retomó su instrucción, recordando cuando Val le enseñó a él.

—¿Un pepino? ¿Me estás jodiendo?

Al menos su relato consiguió que Tom se calmara y dejara de moverse.

—Me tomó casi una hora y ocho condones dominar la técnica, a ti no debería costarte tanto, tienes mejor motricidad fina que yo.

—Para dibujar…

—Pon atención

—¿Me tomarás exámen? —sugirió con coquetería, volteando a verlo.

Bill estuvo tentado de ofrecerse como voluntario para practicar, pero la invitación podría malinterpretarse.

Sin resistencia de parte de su «victima» no tuvo impedimentos para deslizar con suavidad el preservativo sobre el miembro erecto—¿Ves? Simple, fácil y rápido —Aseguró admirando su trabajo una vez acabado.

Tom sólo respondió con un necesitado sonido gutural, tanto manipular su polla había reavivado su erección

Como cada vez que no tenía la menor idea de que rayos hacer, actuó a ciegas. No quería darle tiempo a su Mauschen de darse cuenta que estaba muerto de miedo.

Con un movimiento rápido invirtió los papeles y se acomodó nuevamente sobre su Mauschen. 

~*~ 

El silencio se extendió por largo rato. Val tenía el pecho oprimido. Por su culpa, por su bendita impaciencia, su pareja se vio forzado a revivir el recuerdo mas doloroso de su pasado.

Atrajo el cuerpo de Nick a sus brazos a sabiendas de que un hombre herido en su pundonor podría reaccionar de forma violenta, pero ello no sucedió. Su pareja se dejó acunar, mas aun, estrechó el abrazo con desesperación.

—¿Nunca te preguntaste por qué Natalie es tan desconfiada y posesiva conmigo? —Val negó con su cabeza, todo lo que podía hacer por Nick ahora era permitirle desahogarse—Fue la única que permaneció a mi lado, ¿sabes?—agregó, con una sonrisa extraña—.  Los demás se limitaron a observar cómo me derrumbaba, cuándo mucho me dieron una cortés palmadita en la espalda acompañada de un condescendiente «lo siento mucho, pero tu también te lo buscaste, que conste que te lo advertí»…

Fred y Natalie fueron los únicos que permanecieron a mi lado. Estoy seguro que a Fred le importaba tres pimientos, siempre he pensado que sólo me apoyó a instancias de Nat.

Val enjugó sus lágrimas con elegancia y recompuso su semblante. Sin duda disfrutaría implementando una elaborada venganza contra la mujercita que lastimó a su amado, sin embargo aquello era bajo y por demás innecesario. Nick tenía una buena vida ahora, era feliz en tanto que la mentada Isobel…

—… Lo lamento, cariño, te ibas a enterar de una forma u otra.—suspiró Nick, con una nueva sonrisa triste— No soy un buen amante, creo que mis habilidades no alcanzan ni para amante mediocre.

El modelo le apartó los mechones húmedos del rostro y besó sus labios con cariño.

—Ven, Amor. Debes vestirte para la cena de cumpleaños de Tom.

—Cariño, ¿No me…?

—El traje azul, te ves muy guapo con él.

—¿Vamos a barrer el asunto bajo la alfombra, entonces?

Val lo miró con severidad y le acarició la barba con delicadeza.

—No acostumbro a guiarme por opiniones de terceras personas, llámame extravangante, pero el criterio de una cazafortunas no me parece de fiar.— sonrió y le dio un piquito antes de agregar—¿Tienes una corbata granate? No, sin corbata, a Tom no le gustan.

—¿Cómo es que…?

—Y Boxers negros.

—Tom no me verá la ropa interior.

—No, eso es para exclusivo deleite del asesor de estilo… 

~*~ 

Tom respiraba, jadeaba mejor dicho, sobre el rostro de Bill.

Su mano sobre la polla de su Mauschen, masturbándola, la respiración pesada de ambos, sus torsos resbalando uno contra el otro a causa del sudor, la erección ajena presionándose contra su viente, hasta las mejillas coloradas de su pareja lo excitaban.

Tuvo una ligera sensación, un pequeño escalofrío.

«¿Esto lo soñé?»

Había tenido un sinfín de sueños húmedos con Bill desde el mismo día en que lo conoció, pero algunos eran diferentes, demasiado detallados, demasiado… vívidos.

«¿Deja vu?»

Oyó sus propias palabras antes de ser consciente de haberlas pronunciado

—Estoy nervioso.

Y al igual que el Bill de su sueño, su Mauschen respondió —Yo también, tonto.

—No sé que debo hacer.

El sueño no fue de gran ayuda, pues su memoria se despejaba segundos mas tarde de vivirlo en la realidad.

—¿Quieres que yo te…?

—No, estaré bien, me las arreglaré solo.— replicó, explorando con su mano libre el cuerpo bajo el suyo, tanteando, buscando… no sabía a ciencia el qué. ¿Una puertecita mágica?

—Tomi, déjame enseñarte. Por favor.

—Pero yo soy…

—¿El macho?

Bill se incorporó un par de centímetros y lo besó. No hubo lengua, dientes, ni desenfreno en ese beso. Fue un beso tierno, dulce, que lo persuadió de bajar la guardia.

—Te enseñaré un par de trucos, del resto te encargas tú. ¿De acuerdo? —Un poco de mala gana, el chico de rastas asintió—. Lo primero es prepararme.

—¿Qué?

—El lubricante…

Se dejó caer de espaldas en la cama, mascullando—¿Quién hubiera pensado que el sexo entre maricas era tan complicado?

Se incorporó sobre sus codos al oír los quejidos de su Mauschen, pero recibió el impacto de un cojín en la cara.

—¡No mires!

—¡¿Por qué?! ¡Quiero ver!

—¡Eres demasiado impresionable!

—¡¿Me estás llamando neni…?! ¡Oh-Mierda!

Su Mauschen repetía «¡no mires!» entre quejidos y jadeos. Tenía sus piernas desplegadas formando una «M» extendida, su culo se tragaba dos dedos de su mano derecha, (aunque podían ser tres, se movían demasiado rápido para distinguirlos).

«Oh, por todas las putas. ¿Con que eso significa «prepararse»?».

Por acto reflejo se acarició la polla. No acababa de acostumbrarse a la sensación del látex contra su piel, pero esa textura extraña quizá le gustaría a Bill, que fue el único motivo por el que accedió.

Bill retiró la mano de su interior y con un ademán lo llamó junto a él. Todavía con mas dudas que confianza —pero cachondo a mas no poder— Tom retomó su lugar sobre el cuerpo húmedo. Se sentía tan torpe, su experiencia con chicas no le había preparado para esto. Al no saber que demonios hacer con sus manos las apoyó de cualquier manera sobre el colchón.

Despacio, al ritmo marcado por la ondulación de sus caderas, su Mauschen separó las piernas y con la diestra pringosa de lubricante, guió su polla enfundada en el condón hasta su entrada.

Tom apretó los párpados y contuvo un quejido cuando la cabeza de su miembro se deslizó dentro con algo de dificultad.

Sus temores estaban de regreso junto al acelerado latir de su corazón.

¿Y si le desagradaba? ¿Qué tal si no sentía nada, o peor…? ¿Qué tal si a Bill no le…?

—Tomiii…

A menos esa interrogante se disipó pronto.

Se concentró en los besitos que Bill repartía en su cuello y hombro, en la creciente calidez que lo rodeaba. Aun le desagradaba tener la polla plastificada, pero la presión que el interior de Bill ejercía en ella se sentía bien, tan bien.

—Mauschen… Eres tan rico…

La risa leve le hizo cosquillas en el oído.

Los movimientos se hicieron mas rápidos y torpes, conforme la ansiedad crecía. La cabeza de Tom se llenó de ruido blanco, era incómodo, pero una mejora en comparacion a las voces de su temor.

Los brazos de Bill parecían querer estrujarlo, o solo apurarlo para llegar pronto.

Tom jadeaba con la boca abierta, Bill emitía un sonido como quejido, ora llamándolo por su nombre ora instándolo a apresurarse.

Mas, mas rápido…

De prisa…

Como si aquello fuera una carrera, ambos se desplomaron al llegar a la meta. Tom cayó sobre Bill y Bill se espatarró sobre la cama, con sus miembros exánimes alrededor del cuerpo de Tom.

La garganta le dolía por el esfuerzo, sus oídos zumbaban y las sienes pulsaban. La euforia del orgasmo se esparció rápidamente a cada rincón de su pequeño cuerpo. Quería reír pero una voltereta en su estómago lo obligó a llevarse una mano a la boca.

Esa sensación familiar nada tenía de agradable, ni se relacionaba con los estertóres post orgásmicos.

Corrió al baño sin disculparse con Bill por la forma brusca en que salió de él, dejado a su chico desorientado y sin tener idea de lo que le sucedía.

Vació su estómago en el retrete, maldiciendo a su cuerpo por jugarle tan mala pasada. No volvería a probar las hamburguesas de la cafetería.

Un par de manos gentiles mantuvieron sus rastas a salvo del estropicio y sobaron su espalda con suavidad.

—Lo arruiné todo, soy un idiota.

Su Mauschen lo hizo callar y le extendió una toalla blanca con el monograma «BT» bordado, casi le dio lástima ensuciarla.

—Estabas muy nervioso, a veces sucede.

—Pero no cuando estás follando.

—Al menos te esperaste hasta darme mi final feliz.

—¿Fue bueno?

—¿Lo fue para ti?

—¿Te parece si lo hablamos cuando la boca no me sepa a rayos?

Su Mauschen le sonrió y lo ayudó a levantarse.

—Supongo que querrás darte un baño, pero primero debes tirar el condón.

—Te acepto la ducha, pero tú me pusiste esta mierda, tú me la quitas.

—¿No sabes cómo quitarlo, verdad?

—»¿Ni sibis cimi quitirli, virdid?»

Bill sólo rodó los ojos, aseguró su cadera con una mano y retiró el preservativo usado con otra. Todo parecía tan sencillo cuando él lo hacía… 

~ Bonus ~

Val tuvo la gentileza de enviarle un mensaje cuando iba a camino, el que hubiera sido de mucha utilidad de no tener su móvil en silencio.

Por fortuna el modelo reconoció el auto de Tom en el estacionamiento y por precaución llamó al número del pent house.

«Tienen veinte minutos, lo que tardo en ir a la gasolinera y llenar el estanque».

Bill cogió el puñado de condones esparcidos sobre la cama y la alfombra, en la prisa por borrar las evidencias del allanamiento realizado en el dormitorio principal, pero nunca llegó a guardarlos en la cajita metálica.

Su hermano le proveía una caja de preservativos Durex puntualmente cada mes, «12 condones, lubricados, extra seguros».

Y extra aburridos.

Estaban bien para sus pajas y los polvos con desconocidos en el cuarto oscuro de algún club. Pero ahora que había probado los estriados les tomó el gustito y estaba seguro que Tomi amaría los «Sensitivos, ultra delgados, para maximizar el placer».

En cuanto a los de sabor afrutado ni siquiera tuvo que pensarlo: «No gracias, el día que yo le haga una mamada a Tom, será el día que el infierno de congele».

Se encogió de hombros haciendo una mueca de repelus y los regresó a la cajita

Su hermano no tendría problemas para comprar mas condones, a él aun le daba pena, desde aquella vez que la farmaceútica lo tomó por una chica y lo tapizó con apelativos nada amables.

¿Qué no se suponía que la idea era fomentar el sexo seguro?

Continuará…

Gracias por la visita.

por Haruxita

Escritora del Fandom

3 comentario en “XV: I will die in your arms II”
    1. Creo que me queda 1 capítulo más, pero lo tengo en pdf, así te tengo que transformarlo para poder subirlo aquí. Paciencia 😉 y gracias por el apoyo, linda

  1. Menos mal lei el.comentario mas abajo espero la actualizacion y el termino de esta historia porque tiene final verdad diganme que siiii porfavorrr
    🥺🥺🥺🥺 es una extraordinaria como decirlo historia, obra, fanfic ,sub real, fantasiosa pero dejenmeles decir que quien haya elaborado esto merece mas que un reconocimiento abarca de todo tanto personal psicologico social y semtimental en verdad que si

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