«Basorexia» Fic de Haruxita
Capítulo 17: AMEISEN
Con las vacaciones de sus respectivos hermanos cada día más cerca, no le quedó otra alternativa a la pareja de adolescentes que cambiar su lugar de encuentro del pent house de los Trümper a la casa de los Kaulitz.
Muy en el fondo de su corazón Bill sentía un poquito de empatía por su cuñado. Había viajado en incontables ocasiones con su hermano y sabía cuan cansino podía llegar a ser. Esa mañana, sin ir mas lejos, tardó tres horas y media en preparar su maletín de maquillaje—Bill compartía su amor por los cosméticos, pero no conseguía comprender para qué rayos los necesitaba en medio del bosque—, de seguro en ese mismo momento Val estaba en medio de su clóset, de brazos en jarras mientras Nick bajaba su juego de maletas Louis Vouiton del anaquel mas alto.
«Las tonterías que la gente hace por amor» —pensó con diversión, meneando la cabeza.
~*~
Aburrido de los múltiples ires y venires de su pareja, del clóset a la cama y viceversa, se dedicó a curiosear entre las mil botellitas y artilugios dispuestos en maniático orden sobre el tocador.
Se suponía que estaba ahí para ayudarle a empacar, pero Val lo despachó con un piquito y una sonrisa —No te preocupes Meine Liebe, tengo todo bajo control.
El hombre comenzó a inquietarse cuando la segunda maleta fue dejada a un costado y lo vio coger una tercera, aun mas grande.
La primera contenía ropa interior y pijamas, la segunda camisas, sueteres y algunas camisetas. Un par de pantalones fueron guardados con celo en esta, aun faltaba empacar los zapatos y vete a saber qué cosa más.
«Sólo estaremos fuera una semana. ¿Cuánto equipaje planea llevar?»—se preguntó con hastío, peinando su bigote con un diminuto peine de forma graciosa.
Como si lo hubiera invocado, su novio se materializó junto a él en un parpadeo
Por lo visto andaba de un humor juguetón porque le quitó el peine, se sentó en su regazo y le peinó sus cejas con este.
Eso estaba mejor, algo de contacto físico sempre era bienvenido.
Lo rodeó con sus brazos para asegurarse de que, al menos por un rato, no lo dejaría tirado para volver a empacar y le dio un beso esquimal. Ese tipo de caricias continuaban siendo de sus predilectas, despues de los besos de Val, desde luego.
—¿Es necesaria tanta ropa? Estaremos los dos solos y a mí no me importa que ropa uses. Q-quiero decir, si me impo-porta, pero n-no… Y-yo… ¿Me e-entiendes?
Grandioso, sus balbuceos le habían quitado toda la seriedad a su reclamo. Su condición no fallaba en avergonzarlo ante su amado en los momentos mas inoportunos. Por mucho que Val le repitiera que aquello que él consideraba un horrible defecto le parecía adorable, Nick no conseguía creerle.
—Comprendí el punto, amor —le aseguró, atrapando un largo mechón que le caía sobre el rostro y enrollándolo en su dedo—. Aunque no lo creas, viajo nada mas que con lo imprescindible.
—Cariño, llevas ropa para dos meses.
—Me gusta tener una gran variedad de donde poder escoger. Ven conmigo.
Sin decir más se bajó de su regazo, y lo jaló con él en dirección al closet de la discordia.
—Val. ¿Qué haces?
Su novio lo miró por sobre el hombro con una mirada seductora, de esas que siempre ponían sus rodillas a temblar.
—Tú vas a escoger el resto de mi equipaje.
~*~
Como dice el refrán: «A río revuelto…»
La casa Kaulitz era perfecta para fajar. No había cámaras de seguridad ni indiscreto personal de servicio que pudiera aparecer de improviso, determinado a atraparlos con las manos en la masa. Tal vez los sillones no fueran de un exclusivo diseño italiano, puede que incluso tuvieran uno que otro muelle que rechinaba (Nick los compró de segunda mano, de hecho venían con la casa), pero eran increiblemente cómodos y ambos chicos cabían recostados con holgura.
Esa tarde la sala parecía zona de guerra, dos cajas de pizza monopolizaban la superficie de la mesa ratona, lo que explicaba que hubiera palomitas y latas de soda desperdigadas en la alfombra, el borde del control remoto asomaba en medio de un bulto multicolor ubicado a los pies del sillón, a simple vista parecía compuesto por camisetas y la gorra de Tom.
En la televisión un sujeto con voz chillona enumeraba las cualidades de de un revolucionario picador de verduras, pero nadie en casa prestaba atención a los infomerciales, concentrados en la batalla que se desarrollaba sobre el sillón.
Al no haber adultos alrededor el volumen de los quejidos se elevaba sin restricciones.
Bill, montado a horcajadas sobre Tom forcejeaba con brío, los pantalones holgados de este último dejaban al descubierto su ropa interior y, por ende, la inconfundible forma de un bulto semierecto bajo ella.
Bill sonrió con malicia, lo que consiguió que las bolas de Tom sufrieran un placentero tirón. ¡Cómo le ponía esa sonrisa canalla!
—Sigo siendo mas fuerte que tú, ¡debilucho! —sentenció el moreno entre risas, doblegando por fin la voluntad de Tom y obligando a las manos de este a moverse a los costados de su cabeza, donde las sostuvo contra los cojines.
Debería sentirse completamente humillado. Bill no sólo lo había seducido, enamorado y orillado a aceptar su orientación sexual, sino que lo había derrotado por tropecienta-ava vez en una pelea cuerpo a cuerpo.
Pero tener a Bill jadeando, con los ojos turbios de deseo y la boca a escasos centímetros sobre la suya no se veía como una derrota para él.
Alzó su cabeza para robarle un beso a su chico, beso que este le respondió con entrega, la suficiente como para bajar la guardia.
Tom sonrió en medio del beso, empujando con todas sus fuerzas consiguiendo desestabilizarlo.
Los siguientes gritos del moreno ya no eran de victoria
—¡Ay, mi espalda! ¡Mierda! ¡Bob Marley, idiota!
La alfombra sobre la que cayeron era blanda gracias a sus pelos largos y tupidos, pero Bill tuvo la mala suerte de aterrizar sobre… ¿Una muñeca?
Enfadado por el fuerte golpe, se deshizo de Tom con un fuerte empujón y se sentó en el piso para hacer un recuento de daños. No encontró sangre, al menos no hubo heridas que lamentar. Cogió enrabiado al causante de su dolor de espalda y lo examinó con curiosidad: un muñequito articulado de madera.
—¡Encontraste a Leo!
El entusiasmo del idiota de su novio por el hallazgo, en desmedro de su propia integridad, lo puso aun de peor humor.
—¿No estás un poco viejo para jugar con muñequitos?
Si sonó resentido fue porque así se sentía. ¿Qué no se suponía que su novio debería estar pendiente de él? ¿Revisar su espalda, al menos, para asegurarse de que no se hubiera hecho real daño? Pero en lugar de ello inspeccionaba cada maldito centimetro del maldito cachivache de maldita madera, como si temiera que Bill lo hubiera roto al aplastarlo.
—Leonardo no es un «muñequito» —repuso, incorporándose airado, con el mismo tono ofendido que empleó cuando Bill trató a Zorra de «chatarra».
«Sólo falta que lo acaricie, demonios».
Bill lo siguió escaleras arriba hasta su cuarto, en donde Tom lo dejó en un soporte sobre el escritorio. Ahora el «muñequito» tenía una pierna alzada y los brazos cruzados sobre el pecho, como quién se apoya casualmente contra una pared. Junto a «Leonardo» había una mano, también de madera. Aquello comenzó a tener sentido en la cabeza de Bill.
—¿Son como… muñecos de dibujo, o algo así?
Tom asintió —Nick me los regaló cuando entré a secundaria.—explicó, cogiendo la mano de madera. Manipuló los dedos hasta una posición obscena y la regresó a su lugar — ahora dibujo a personas de carne y hueso, pero a veces aun los uso cuando necesito conseguir una pose determinada y no te… mi modelo no está a mano.
Tom desvió la mirada, rogando por que su último comentario pasara desapercibido. Bill no era estúpido, le bastó ver el mural para sumar dos mas dos, no tardaría mucho en atar cabos sueltos. Ya en ocasiones anteriores lo había interrogado sobre el contenido de su croquera.
Esperaba cualquier reacción, menos que su Mauschen lo abrazara con fuerza por la espalda y besara su mejilla.
—Eres como una hormiguita, me encanta eso. —comentó con entusiasmo
—¿Una hormiguita?
En el universo de los apelativos absurdos, no imaginaba nada menos sexy que ponerle a tu amante nombre de insecto. «Mauschen» sonaba adorable, pero ¿»Ameisen»?
—Por lo laborioso.
—Ohh. Gracias, supongo.
~*~
Acostumbrado a cambiarse a vista de los demás modelos durante desfiles y photoshoots no le incomodaba la falta de privacidad, tampoco que los ojos de hombres y mujeres estuvieran puestos en él 24/7.
Que los ojos marrones de Nick lo miraran como borreguito camino al sacrificio, mientras se abotonaba la blusa de seda azul que él mismo le había seleccionado, era un asunto completamente diferente.
Su pareja humedeció su labio inferior, casi de forma inadvertida, sin parpadear siquiera.
—¿Entonces, tiene tu aprobación? —consultó, alzando una ceja.
Nick sólo asintió sin articular palabra, Val tuvo la impresión de que la prenda en cuestión le resultaba indiferente a su pareja. Ya lo había dicho con anterioridad, la ropa le traía sin cuidado. Cogió una ajada camiseta negra que debió ser desechada hace tiempo, le pertenecía a Bill, Hitomi debió meterla entre su ropa por error.
—¿Tambien debo llevar esta?
Un nuevo asentimiento.
Confirmado, no podía confiar en el criterio de su pareja en asuntos de moda.
Val sonrió quitándosela por sobre su cabeza, por una rasgadura en la tela alcanzó a ver un rápido movimiento de la mano de Nick, el que atrajo su atención hasta cierta área de su cuerpo en particular.
Su novio tenía una considerable erección, la que intentaba ocultar con los bajos de su camiseta.
Dejó la prenda que se acababa de quitar sobre un sillón y lo enfrentó, ocultando su diversión tras una careta de curiosidad.
—Meine Liebe. ¿Te gusta mirar?
—¿Mirar? Yo supongo… No lo sé. ¿A que te refieres?
Se adelantó un paso y se quitó los tacones. Nick volvió a actuar como bajo un hechizo hipnótico, ahí había algo y él iba a averiguarlo el qué.
Un paso mas cerca y desabrochó los botones de sus jeans con parsimonia, uno a uno.
Su pareja se aferró con ambas manos al borde del puf en que estaba sentado, sin quitarle la mirada de encima ni cerrar la boca que hace rato mantenía entreabierta. El rubor en su rostro llegó al punto en que su cabeza parecía una ciruela.
Val se quitó los pantalones sin mayor ceremonia, aquello no era un striptease, sólo buscaba probar un punto y al parecer lo había conseguido.
Nick no parecía tener la menor intención de acercársele o tocarlo de alguna manera, pero daba la impresión de estar teniendo el mejor momento de su vida.
Recordó el cartel de Peta en su oficina y cómo lo había mirado embelezado por años.
No podía preguntarle directamente : «Amor. ¿Eres un vouyerista?». Nick se replegaría, temiendo que hubiera algo de malo en él. Lo que sería contraproducente para sus intenciones de restañar las inseguridades casi patológicas de su amado.
En lugar de ello reenfocó la pregunta.
—¿Te gusta mirarme?
—Dejaré de hacerlo si te molesta —replicó casi en un susurro, apocado, bajando finalmente la cabeza—. Y-yo sólo qu-quería… P-pronto te irás y y-yo quería memorizar… te, a ti. —enmendó sobre la marcha. Val comprendió las palabras que Nick no se atrevió a pronunciar. «Quería memorizar tu cuerpo».
Se arrodilló ante él y alzó su rostro con delicadeza entre sus manos.
—¿Adivina qué? Yo también. Quiero memorizar tu rostro, tu cuerpo, tu olor mezclado con el mío. La forma en que mi corazón se acelera cuando me acaricias —agregó, con un nudo formándose en su garganta.
Sabía que ya estando en América se concentraría en su trabajo y ello ayudaría a combatir la nostalgia. Pero en ese preciso momento deseaba pinchar las orillas del tiempo con afileres para que este permaneciera inmóvil y no lo alejara de su amado.
Ignoró si Nick pudo intuir su instante de debilidad o sólo se dejó arrastrar por un arranque repentino, pero el beso apasionado que le dio fue exactamente lo que su estabilidad emocional necesitaba para no seguir resquebrajándose.
~*~
Los dedos de Tom bajaron hasta su pantalón sin romper el beso, su chico no necesitaba ver, el camino le era familiar y en algo mas de un minuto se pudo oir el sonido de su cremallera siendo bajada.
Bill apartó la mano exploradora que continuaba su labor de reconocimiento por sobre la tela de sus boxers.
—¡Mierda, no! —exclamó, asustando a Tom con su risita maníaca.
—¿Mauschen? ¿Te hice daño? ¿Ya no quieres…?
Bill negó con su cabeza, agitando los mechones que caían sobre su rostro.
—Creí que iríamos a casa hoy. Dejé los condones en mi mesita, lo siento. —se lamentó con un pucherito.
Tom se notaba excitado y decepcionado a partes iguales, pero reaccionó bastante bien, considerando sus tendencia a recurrir a acciones violentas cuando la situación se volteaba en su contra. Sólo suspiró y se encogió de hombros.
—Está bien, supongo que deberé comprar una caja y llevarla en la mochila, por precaución.
Cargar condones donde fuera parecía una buena idea, siempre y cuando no los usara con terceras personas. Bill no podía asegurar aquello.
—Puedo hacerte acabar con mis manos. —ofreció, no quería dejar a su Tomi con un par de bolas azules por causa de su despiste.
—Estoy harto de las pajas. Quiero estar en ti de nuevo, me gustó hacerlo.
—A mi también me gustó hacerlo contigo, pero ya conoces las reglas. «No sin condón».
Tom bufó, cabreado.
Bill temió que lo enviara a volar, las chicas con las que su novio solía enredarse no eran del tipo quisquillosas. Precisamente por ello no podía permitirse hacerlo «a pelo» con él, por muy cachondo que estuviera.
De pronto Tom cogió su rostro entre sus manos y lo besó con renovada energía.—No importa, no necesito un maldito condón, hay otras formas en las que puedo hacerte mío.
Tom era increíblemente dulce, en una muy particular y extraña manera, convino Bill llevando un mechón tras su oreja, algo inquieto.
—Eto… Tomi. N-no creo que desee averiguar lo que tienes en mente.
Tom sonrió, desvaneciendor03; sus temores, nadie que sonriera de esa forma tan inocente representaba un peligro.
—Desnúdate.
Bueno, tal vez…
Bill miró asustado alrededor, haciendo un rápido inventario mental de los objetos que Tom podría usar para introducirlos en su cuerpo. Partiendo por sus pinceles hasta… ¿Por qué rayos su chico tenía una enorme jeringa en su escritorio?
—Tomi…
—Déjame dibujarte. Por favor, Mauschen.
Bill permaneció con la boca abierta un largo momento.
Joder, sí que tenía la mente podrida.
—Eso no te bajará la erección—comentó finalmente entre risas, aliviado de que su paranoia se equivocara esta vez.
—Debo aprovechar. ¿Qué tan seguido te tengo desnudo en mi cama?
—Estar sin camiseta no califica como desnudo, Tomi.
—Por eso necesitas quitarte los pantalones —puntualizó este, removiendo entre sus materiales de dibujo hasta dar con una enorme libreta, al menos cuatro veces el tamaño de la que Bill le había visto cargar a donde quiera que fuera. —… y los boxers, por eso se les llama «Desnudos».
Con tanto parloteo a Bill se le había bajado la excitación, no le veía el menos atractivo a dibujar un pene flacido, pero Tom parecía tan entusiasmado con la idea que no le supo bien rehusarse. Despues de todo, no era la primera vez que se quitaba la ropa ante él, tampoco era la primera vez que Tom lo dibujaba, aunque las circunstancias habían cambiado mucho.
—¿Cómo me quieres? —chinchó, como si estuvieran en una porno.
—Cómo sea que te sientas más cómodo, pero en silencio —Bill abrió la boca para lanzar el chiste obvio pero Tom lo atajó justo a tiempo—. Sin alusiones a Titanic, por favor. Eso dejó de ser gracioso hace siglos
Enfurruñado por la censura, Bill se recostó cuan largo era, dándole deliberadamente la espalda.
Un par de horas después Tom le sacudía suavemente el hombro, se había quedado dormido sin darse cuenta.
—Nick ya está en casa.
Bill parpadeó tratando de espabilarse.
—Podrías distraerlo mientras me escabullo por la ventana hasta la cochera.
Cabizbajo, Tom reseguía el diseño abstracto de la colcha con el dedo, lucía un poco avergonzado.
—Mauschen, hay algo que deberías saber.
El tono fúnebre lo puso en alerta, no deseaba mas malas noticias. ¿Pasar una tarde tranquila con su novio, sin sobresaltos, era mucho pedir?
—Escupe. —espetó, vistiendose de espaldas a Tom. Si eran malas noticias no deseaba verle la cara cuando las dijera.
—Mi Bro ya lo sabe.
—¿El qué?
—Todo. Que estoy enamorado de ti, que somos novios. —Una llamita se encendió en el pecho de Bill, desde el exterior se notó el cambio en el brillo de sus ojos y su enorme sonrisa. Si Tom le contó a su hermano quería decir que no avergonzaba de su relación. ¿Verdad? —Bueno, todo-todo no —precisó— aun no sabe que follamos. No se que le hizo tu hermano ayer, pero Nick llegó mas distraído que de costumbre.
Bill suspiró, en esos asuntos Val era una tumba. No tenía forma de saber si ya lo habían hecho. Una sola cosa podía dar por segura, de la semana siguiente no pasaba. Eso, si es que no había sucedido ya.
—¿Cómo se enteró?
Su corazón le decía que no presionara, que quizá no quería saber, pero NECESITABA fervientemente oirlo.
Tom hizo un gesto indicando al mural, como diciendo ¿Es un poco obvio no?
—Él ya sabía que tu me gustabas pero todo se destapó el día que tu hermano le avisó que se iba a América —Eso no se lo esperaba. ¿Acaso los Kaulitz charlaban sobre sus relaciones de pareja? Bill no sabía que tan estrecha era la relación entre ellos, todo lo que sabía era lo mucho que Tom admiraba a su hermano mayor.—. Me puse como loco cuando me contó, pensé que te ibas con él y no volvería a verte.
—Oh, Tomi…
—En realidad no se lo he dicho con todas sus letras, pero sabe que estamos juntos. Y ya que no te vio en tu casa esta tarde, no se sorprenderá al verte.
~*~
Sonriente y algo ruborizado Bill hizo la señal de la victoria al toparse con su cuñado en la escalera. Si algo podía decir del veterinario, es que era mucho mejor anfitrión que él. Respondió su escueto saludo con un: «Buenas noche Bill, espero que el enano te haya hecho de cenar». Y agregó al despedirse, consiguiendo que su sonrojo alcanzara hasta la punta de sus cabellos: «Eres bienvenido en casa las veces que desees regresar».
Continuará…
Pero si Tom es el novio más adorable que existe en el mundo, solo le falta un empujoncito u algo de tiempo amo la parejita de la hormiga y el ratón 💕
Hormiguita, un lindo apodo.
Nick siempre tan amable con todos.
Amo a estas dos parejas tan disparejas y a la vez tan perfectas.
Gracias por subirla y sigo 🤞🤞🤞 porque Haru le ponga fin al hiatus y retome está maravillosa historia 🙌🙌🙌🙌❤️❤️❤️