XVIII: Si algo puede salir mal…

Notas: No odien a Val.

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 18: Si algo puede salir mal…

Los epítetos se escuchaban con claridad desde el baño del segundo piso, incluso por sobre el sonido que él hacía al cepillarse los dientes.

Nick se enjuagó rápidamente y cogió el teléfono, no deseaba agregar sus propios gritos al alboroto que su hermanito realizaba a esa temprana hora de la mañana.

—Enano, ¿quieres calmarte? los vecinos van a llamar a la policía, no han venido en once meses, no quiero romper el récord.

¡Yo debería llamar a la patrulla, me han pinchado una rueda! Estoy seguro que fueron los gemelos Schmidt, ese par de tarados me la tienen jurada desde lo del scooter.

El adulto rodó los ojos, aunque los pelirrojos poseían un temperamento de temer, tenían apenas nueve años. Un crío de nueve años sería incapaz de burlar la cerradura de la cochera.

No fue hasta llegar al antejardín que recordó que Tom la noche anterior dejó su auto estacionado en la calle, frente a su casa.

En efecto uno de los neumáticos traseros del Mini Cooper mostraba signos inequívocos de haber sido vandalizado. No por un simple pinchazo —como pensó en un principio—, sino que una rajadura de al menos tres pulgadas en uno de sus costados.

No tenían tiempo de cambiar la rueda, si no se daban prisa Tom llegaría atrasado a clase y estese ponía muy nervioso ante cualquier inconveniente que pudiera ensuciar su «nuevo comienzo», como lo había bautizado Pauline.

Entre ambos consiguieron empujar el vehículo hasta la seguridad de la cochera, trayecto que realizaron entre las imprecaciones del chico de rastas.

«Grouchy Smurff está de regreso»—pensó el adulto, con un suspiro de resignación.

El horno no estaba para bollos, algo de lo que se dio cuenta cuando accidentalmente se le escapó un inocente «ve el vaso medio lleno, al menos no te rayaron la pintura». Tom no articuló palabra, pero su mirada no tenía nada que envidiarle a la mítica Gorgona.

Tras una rápida llamada a su socia, avisando que llegaría media hora tarde a la clínica, Nick subió casi a la fuerza a un malhumorado Tom al asiento del copiloto de su camioneta.

Aquél «accidente» no pudo ocurrir en peor momento, al día siguiente partiría con su novio a sus mini-vacaciones, por lo que aun quedaba mucho por hacer en casa, sin contar con que esa noche dormiría en el pent house para ganar tiempo, dado que al día siguiente partirían al alba

Por si ello no bastara, coincidía con la fiesta de cumpleaños de su cuñado. Algo le decía que su hermanito se había comprometido a pasar por Bill de camino al club. Tom no dijo palabra sobre el particular, Nick sólo lo infirió por su desmesurada reacción ante la rueda averiada.

Como mecánico, Tom era un excelente dibujante, y ambos lo sabían muy bien.

Nick suspiró, aquello sólo acortaría su ya apretado itinerario, pero la expresión de alivio en esa carita cachetona cuando propuso «vendré durante mi hora de almuerzo y cambiaré la rueda» bien valía el sacrificio.

Se ganó un inesperado golpe de puños en el hombro, acompañado de un sentido «¡¿En serio?!gracias Bro, eres el mejor».

El adulto sonrió, en respuesta a la mirada radiante del chico, y le dio un par de afectuosas palmaditas en la mejilla. Si tan sólo hubiera tenido los cojones de llevarse a Tom a vivir con él mucho antes.

~*~

Tom era el sueño de cualquier entomólogo: mariposas en el estómago, piel de gallina y un batallón de hormigas caminando bajo su piel.

No estaba nervioso.

Estaba a un tris de un ataque de histeria.

Los amigos de Billy él apenas comenzaban a tolerarse. Aquél era un pequeño grupito de no más de siete personas, no deseaba ni pensar lo que sería enfrentarse al resto de sus amistades y conocidos esa noche en el club. A esas alturas cargaba una molesta migraña, había dormido mal toda la semana al no poder quitarse la idea de la cabeza.

Necesitaba fumarse un cigarrillo, sólo para lidiar con el stress, pero ya tenía una falta en su expediente por saltarse una clase y ni siquiera había acabado la primera semana. Tom estaba decidido a dejar su mala reputación atrás, pero le estaba costando. ¡Joder, cuanto costaba!

El móvil vibró en su bolsillo en medio del almuerzo.

«Tomi, tranquilízate o harás combustión espontánea».

Bufó ante el mensaje de Capitán Obvio.

«¿Cómo no lo pensé antes? ¡Todo lo que debo hacer es calmarme!»

Acompañó el mensaje con unos cuantos emojis rodando los ojos, sólo en caso de que el destinatario no hubiera comprendido el tono sarcástico del texto.

Del otro lado de la mesa de la cafetería Bill meneó la cabeza y sonrió ante la pantalla de su móvil. Ninguno de sus acompañantes se daba cuenta de que ellos mantenían una conversación privada, el hype por la fiesta de esa noche estaba en su cota mas alta y no se hablaba de otra cosa.

~*~

Tom se estaba comportando como una drama queen, de eso Bill sabía bastante. Los nervios de su chico eran completamente desproporcionados, Bill conocía a sus amigos, algunos tenía un sentido del humor un poco negro y eran bastante recelosos de las personas que se le acercaban (dado su historial de víctima de Bullying actuaban bastante sobreprotectores en ocasiones) pero eran gente agradable, por algo eran sus amigos.

Ya los había aleccionado al respecto, nadie se comportaría de forma impropia con Tom en tanto él no los provocara. Pero no hubo forma de que este creyera en sus palabras.

Cuando se comportaba de forma tan cerrada e intransigente le provocaba darle una buena colleja, o cogerlo de sus camisetas y sacudirlo para que se quitara esas ideas estúpidas de su cabeza.

Sin embargo, una vez estando a solas su determinación se disipaba en el aire y si le ponía las manos encima era sólo para acercarlo a sus labios. Algo tenía Tom que cuando mostraba su cara mas vulnerable Bill perdía la cabeza. Tal vez era por la forma extraña en que comenzó su relación, tal vez porque el chico no se abría con cualquiera, tal vez sólo que su carita compungida era la cosa mas adorable que Bill jamás hubiera visto.

No fue hasta el timbre de salida que Bill se enteró del percance sufrido por «Zorra».

Él contaba con esos besos furtivos, dados a escondidas en el estacionamiento de su edificio. Luego de todo un día en que escasamente pudieron hablar, anhelaba algo de contacto físico. Las manos apremiantes de Tom aferrándolo de la cintura, su piercing provocando un sexy escalofríor03; cada vez que se rozaba contra sus labios…

Bufó con hastío, en apenas una semana se había acostumbrado a que Tom lo llevara a casa y ya lo extrañaba.

Pensó en proponerle compartir un taxi, pero difícilmente este accedería a tomarle la mano siquiera en el auto de alquiler.

Pero Tom cortó de cuajo todos sus desvaríos: «Nick dijo que enviaría a alguien por mí».

Eso pintaba aún peor.

Sacó su móvil y le marcó a Markus, haciéndose la idea de que no vería a Tom hasta la fiesta de esa noche.

Tres llamadas y quince timbrazos mas tarde el guardaespaldas atendió el teléfono, pero Bill no pudo oírlo a causa del alboroto que se formó en ese momento frente a la entrada de la secundaria

~*~

Tom conocía ese automóvil, se lo topaba casi a diario en el estacionamiento. Aun así, verlo rodando por la calle lo hacía lucir mucho mas imponente. Sin querer se quedó mirando con la boca abierta, soñando despierto con el día en que él pudiera poseer y conducir semejante belleza.

Un suave apretón en su antebrazo lo obligó a regresar a la realidad. Bill se despidió de él con una pequeña sonrisa de disculpa. «Ya vinieron por mí, nos vemos esta; noche».

Era el momento de mostrarse firme e informarle que no pensaba ir a esa fiesta ni aunque el infierno se congelara y lo rentaran como pista de patinaje.

Pero cometió el gran error de mirar para despedirse y sus ojos se fueron tras ese contoneo de caderas, y allí se quedó, plantado cual idiota babeando por el chico Trumper y el deportivo de la señora «Trumper».

Y hablando de «la señora Trumper»…

Su cuñado aún continuaba apoyado casualmente contra el capó cuando Bill subió al auto.

La escena pasaba en cámara lenta en la cabeza de Tom, por lo que cuando Valentino dijo: «Sube» Tom no asimiló que se refería a él.

Cuando agregó «Nick me pidió que te llevara a casa» se dio cuenta que el mensaje enviado por su hermano era sospechosamente ambiguo al respecto.

«Estaré ocupado a esa hora enano, pero enviaré a alguien a buscarte».

Recién cuando su Mauschen se asomó a la ventanilla y le gritó «¡Sube, Bob Marley, se hace tarde!» su cerebro se puso en funcionamiento y ordenó a sus extremidades ponerse en movimiento.

~*~

La presencia del Porsche le dio mala espina, Val evitaba utilizarlo en labores cotidianas —para ello empleaban la camioneta—. Ya que estamos, tampoco era usual que su hermano se apersonara en la secundaria, aquél era uno de los deberes de Markus. Si bien es cierto su guardaespaldas no se llevaba con Tom, Saki pudo haber tomado su lugar.

Aquello tenía toda la apariencia de una encerrona.

Duró escasos segundos, pero la gélida mirada que Bill le dirigió a Valentino cuando este subió al Porsche era bastante elocuente.

«No te atrevas».

En un par de ocasiones su hermano había deslizado sus intenciones de tener «una seria charla con ese jovencito». Bill rodó los ojos, su hermano podía ser tan cursi a veces.

Aquél era el peor momento, considerando cuán nervioso estaba Tom por lo de esa noche. Sin embargo el chico comprendió que, dado que Val partiría a América al día siguiente del regreso de sus mini vacaciones, no planeaba desperdiciar la oportunidad que el jodido destino le había entregado en bandeja de plata.

No tenía forma de prevenir a su pobre y atolondrada hormiguita.

Para cuando se bajó del auto la anticipación por su fiesta se había transformado en pánico.

Antes de cerrar la puerta se devolvió y le advirtió a su hermano: «Conduce con cuidado, si algo le pasara a Bob Marley, tu amorcito no te lo perdonaría».

Su reconvención llevaba una advertencia implícita: «Y yo tampoco».

El que su hermano asegurara con una gran sonrisa que se encargaría de llevarlo a casa sano y salvo no lo tranquilizó.

No era la llegada lo que preocupaba a Bill, sino lo que pudiera suceder en el trayecto.

~*~

A Tom la curiosa interacción entre los hermanos no le llamó la atención. Esos dos tenían una forma de relacionarse bastante peculiar, hacía tiempo se había rendido a tratar de comprenderla.

Se obligó a mantener la vista en el lujoso panel del auto para evitar que sus ojos se fueran descaradamente tras el trasero de su novio, Le costaba trabajo controlar sus reacciones ante la sensualidad desbordante de Bill. No quería enfadar a su cuñado, una simple lamida de labios podría hacer la diferencia entre llegar a casa en un alucinante deportivo o en autobús.

Para su tranquilidad el noviazgo parecía haberle sentado bien a «la señora Trumper». Le dirigió una radiante sonrisa y lo invitó a pasarse para el asiento delantero, que hasta hace muy poco ocupaba su Mauschen.

Sin poder creerse su suerte, Tom no esperó que se lo repitieran.

¿Existiría el equivalente a la «monogamia» cuando se trataba de automóviles? Porque en ese momento sentía que le estaba poniendo los cuernos a Zorra.

El auto era, en una palabra, orgásmico. No podía definirlo de otra manera. Y solo iba de copiloto, conducirlo tenía que ser una experiencia de otro mundo.

Extasiado, y en medio de un subidón de adrenalina se atrevió a estirar la mano hasta el sistema de sonido, pero detuvo sus dedos a un par de centímetros, reaccionando a último minuto.

—Adelante—invitó su cuñado, todo sonrisas.

Tom le respondió la sonrisa y exclamó un «¡Cool!» que le salió desde muy profundo.

Comenzaba a comprender a su bro, una vez que se le perdía el miedo a la diva y empezabas a conocer al ser humano que había detrás, Valentino resultaba agradable. Sí, su belleza era innegable pero mas que eso, habíar03; cierta calidez que emanaba de él que te hacía sentir muy a gusto.

Sonrió en cuanto la música inundó cada rincón.

«You want a hot body? You want a Bugatti?

You want a Maserati?You better work bitch»

Se le escapó una risita y un «No puedo creerlo»

Temió que su cuñado se enfadara por la flagrante burla a sus gustos musicales, pero el modelo reaccionó con coquetería:«¿No te gusta La Princesa del Pop, Tom?»

Las orejas de Tom se colorearon, mejor se reservaba su opinión de la rubia.

Aguantó dos estrofas completas antes de que su resistencia cediera.

Volvió a reír, esta vez con ruidosas carcajadas, balbuceando:«¡Son tal para cual!»

Deberían darle mérito por hacer el esfuerzo de guardar el secreto, pero la situación era tan bizarra que no lo consiguió. Si alguna vez tuvo dudas de que esos dos eran el uno para el otro, cada vez se convencía más de lo contrario.

La seductora voz del modelo lo conminó a explicarse.

—Mi bro es fanático de Christina Aguilera, pero no le digas que te enteraste por mí, es su placer culpable.

—Descuida, Tom. Soy muy bueno guardando secretos.

—¿No he metido a mi Bro en problemas o sí? —preguntó, asustado de pronto. Ciertos fanboys eran demasiado extremos en cuanto a las rivalidades entre sus ídolos.

—No pequeño. Prometo que esta valiosa información sólo será usada para hacer el bien —explicó, llevando una mano a su corazón con aire dramático—. ¿Cómo puedo recompensarte por ella?».

Entre los estertores de la risa Tom meditó. Val era rico y poderoso, sin embargo los más grandes anhelos de su corazón no estaban en las manos del modelo. Había conquistado a su Mauschen por sí mismo, (aunque aun no sabía cómo). Tenía el cariño de su hermano, su auto, había regresado a clases… La convivencia era un poco dura, pero se las arreglaría, siempre lo hacía, era un sobreviviente.

—No fue nada señor Trumper. Me basta con que no le diga a mi bro que fui yo.

—¡Por Dior, Tom! Soy sólo ocho años mayor que tú. Dime Val, el «señor Trümper» era mi padre. —replicó el modelo deteniéndose en una luz roja y extendiéndole un pomo que sacó de su bolso.

Tom miró extrañado el tubito, reconociendo el logo. Su madre usaba esa marca de productos de belleza, eran muy costosos.

—L-lo siento, no puedo….

—Esa información vale mucho —insistió el adulto, Tom no le veía la utilidad por ninguna parte, pero sabía por experiencia que cuando uno está enamorado todo lo relativo a aquella persona significativa cobra inusitada importancia—. Ten, acéptalo, vamos

—No quiero ser descortés, pero yo no soy un ma…—corrigió, antes de meter la pata ante su cuñado— yo no uso esas mierdas… cosas.

—Tienes una piel hermosa, es una lástima que no la hidrates adecuadamente —el chico rodó los ojos, su cuñado actuaba como una consultora de belleza.

El ambiente se había distendido al punto de que Tom se atrevió a lanzar una fanfarronada —¿Val, me estás coqueteando?

El modelo rio con encanto, como si hubiera oído un gran chiste.

—Eres en verdad muy lindo, Tom. Has de traer locas a las chicos y chicos de tu clase, con esos labios sensuales y actitud desenfadada. Si yo tuviera ocho años menos…—y agregó, con un guiño y una sonrisa perversa— Cierto, no te gustan los hombres.

El rostro de Tom rivalizó con la luz del semáforo que los obligó a detenerse en la esquina. Val no le coqueteaba, aquella era su perturbadora forma de informarle que estaba enterado de la relación que mantenía con su Mauschen. Tom tenía sospechas desde algún tiempo, su cuñado era demasiado perspicaz para que algo como ello se le escapara, máxime cuando todo ocurrió prácticamente bajo sus narices.

Frikeado y avergonzado a partes iguales manoteó la manilla de la puerta, —Gracias por traerme, puedo irme caminando desde aquí—una sensación fría bajó por su espina al notar que los seguros estaban echados. La situación se volvió color de hormiga cuando el modelo reemplazó su sonriente careta por una expresión indescifrable, se recolocó sus lentes ahumados y subió los vidrios de las ventanillas. De pronto Tom se sintió dentro de una película de mafiosos.

~*~

Bill se paseaba por la sala como león enjaulado, nervioso por lo que pudiera estar ocurriendo en esos momentos entre Val y Tomi. Que el móvil de su hermano lo enviara a buzón de voz y su novio no le respondiera mensajes ni llamadas no era buena señal.

Val no lo lastimaría, no físicamente al menos. Sólo podía imaginar el tipo de charla que ellos sostendrían en esos momentos, que más que charla sería un extenso sermón. El miedo oprimió su pecho, cuando su hermano se ponía en plan «perro guardián» resultaba temible, lo que a sus ojos sólo era una ligera reconvención a ojos de la mayoría de la gente era visto lisa y llanamente como «amedrentamiento».

Tom podía fingir ser un chico rudo, pero las heridas que cargaba aún estaban sanando, una arremetida de Val podría reabrirlas y dejarlas en carne viva.

Intentó convencerse de que su hermano era lo bastante clever para no poner en riesgo su relación por un exceso de celo, pero conocía bastante bien a Val como para saber que en ocasiones se le pasaba un poquito la mano al tratar de protegerlo. ¿Y si amedrentaba a su Tomi al punto de que este consideraba que estaba más a salvo lejos de él?

~*~

—Entonces, Tom. ¿Realmente te llamas Tom o es tan sólo un apócope de Thomas?

El chico tragó saliva y un poquito de bilis, que producto del stress subió hasta su garganta. Val se había estacionado en un mirador, de noche el lugar era muy concurrido, a esa hora de la tarde no circulaba un alma por los alrededores.

—Puedes calmarte, pequeño. No voy a atentar contra tu vida ni tu integridad. Nick no me lo perdonaría y Bibi… Bibi sería capaz de arrancarme los ojos con sus propias uñas. Él está muy enamorado de ti, ¿Lo sabías?

Tom bajó la mirada y estrujó uno de los pliegues de sus jeans entre sus puños, luego de un momento de duda asintió.

Nunca se había percatado qué tan trabajoso resultaba respirar, transportar oxígeno hasta sus pulmones le estaba costando un gran esfuerzo.

—¿Ahora es cuando me dices que no soy digno de Bill y que debo alejarme de él?

El adulto le alzó la barbilla con sus dedos, el toque fue gentil pero para Tom se sintió como si quemara. Sus ojos se humedecieron, consiguió contener un sollozo, pero su labio vacilante y las lágrimas que rodaron por sus mejillas tenían voluntad propia.

—¿Cuánto me costaría poner fin a ese inconveniente noviazgo? —inquirió el modelo con frialdad, yendo directamente al grano —Supe que planeas aplicar a la UdK, asegurarte una plaza sólo me tomaría un par de llamadas.

El corazón de Tom se rompió en diminutos pedacitos. Había sido tan ingenuo de creer que sus gestos de amabilidad eran genuinos. Ahora que había conseguido que bajara la guardia le mostraba su verdadera cara.

Anhelaba estudiar artes, sabía que al no tener contactos entrar no sería nada sencillo, pero no lo deseaba así.

—¿Es por mi apariencia? ¿Por qué mis padres me echaron de casa? ¿Por qué al principio me opuse a tu relación con mi Bro? ¿Por mis antecedentes penales? —preguntó, con una hebra de voz. Por su cabeza desfilaron la larga lista de motivos que lo convertían en un candidato indeseable— Fui absuelto, pregúntale a mi Bro, las acusaciones de Blumen no tenían sustento legal.

—Es mas simple que eso, pequeño. No deseo que un bicurioso que sólo desea experimentar le rompa el corazón a mi Frijolito. Consigue a otro chico, deja en paz a Bibi.

No tenía idea de lo que era un bicurioso, pero no le sonó a un halago.

—N-no estoy experimentando.

Era vergonzosa la forma en que su voz se había ido apagando hasta convertirse en un susurro estrangulado. Si el hermano de su Mauschen se empeñaba en separarlos estaba perdido.

—De la noche a la mañana —continuó el adulto, con voz monocorde—un reconocido mujeriego se siente misteriosamente atraído por otro chico, un chico con quién mantenía una larga y violenta rivalidad. Perdóname si la perspectiva no me emociona.

Expuesto de esa manera sonaba plausible que desconfiara, salvo que las cosas no sucedieron exactamente de esa forma. Bill lo sabía, le había tomado semanas enteras aceptarlo, pero finalmente lo hizo. Valentino no parecía con disposición para escuchar sus explicaciones.

—Sé lo que parece, p-pero yo no le haría daño a mi Mauschen, estoy enamora…

—Es enojosa la forma en ustedes los niños hablan del amor con semejante liviandad —Tom no supo que le molestó más de esa aseveración, si el ser llamado «niño» o que Val menospreciara sus sentimientos por su Mauschen—. Como sabrás, Nick y yo estaremos fuera de la ciudad durante una semana, me parece un plazo más que razonable para que te despidas de él. Estoy siendo bastante generoso, debí poner fin a esa relación sin sentido en cuánto me enteré de ella.

Apartó de un manotón los dedos que aun sostenían su barbilla, negando con la cabeza, al punto que sus rastas se agitaban violentamente.

—¡No! ¡No lo dejaré! ¡Estás acostumbrado a que todos a tu alrededor cumplan tus deseos, como si fueras algún tipo de dios temible, pero yo no te tengo miedo! ¡¿Qué puedes hacerme que ya no me hayan hecho ya?! ¡¿Qué más puedes quitarme?!

—Para empezar, puedo conseguir que revoquen tu matricula, regresarías a estudiar en casa. ¿Es lo que deseas? Ese lindo automóvil que tanto atesoras puede acabar en un desguace antes de la puesta de sol, sería una lástima, tu hermano aun lo está pagando. Piénsalo, pequeño. Podemos hacer esto por las buenas o por las malas, pero al final yo siempre consigo lo que quiero.

Asombrado por la desfachatez y la sangre fría de su cuñado Tom explotó.

—¡¿Qué clase de ser sádico y enfermo eres?! ¡Mi hermano está tan ciego! Y Bill… Él te admira tanto, él es un chico maravilloso pero se siente tan poca cosa a tu lado. Si supiera lo cruel que eres en realidad. ¡Eres tú quién no los merece! —Tom sabía que estaba cavando su propia tumba, pero pasado el momento de pánico absoluto una rabia espesa lo embargó. Val pretendía arrebatarle a su Mauschen por un simple capricho, ya nada más le importaba.—¡Eres patético! ¡Finges ser una persona decente pero estás podrido por dentro! ¡Tarde o temprano ellos descubrirán la mierda que se oculta tras todas tus máscaras y te quedarás solo! ¡Ahora quita los putos seguros! ¡Caminaré a casa!

El hombre lo miró con una pequeña sonrisa en sus labios— gesto que Tom tomó como prueba de que el modelo era una persona severamente desequilibrada—«¿Eres tan orgulloso que estás dispuesto a arruinar tu vida con tal de no dar tu brazo a torcer?»

Tom sintió lástima por su hermano, Nick le había entregado el corazón a ese monstruo que sin duda no tardaría en devorarlo.

—No se trata de orgullo, sino de amor—con la manga de la camiseta se secó las lágrimas que ya nublaban sus ojos, y agregó con determinación.—. Puedes hacerme la guerra, pero no esperes que renuncie a mi Mauschen pacíficamente.

El adulto abrió la guantera y sacó una botella de agua que acto seguido puso en sus manos.

—Bebe. —como Tom se rehusara este insistió. —Es sólo agua purificada, no estoy tratando de envenenarte.

Tom mantuvo la botella en sus manos con la furia aun fluyendo por su sistema, sin conseguir adivinar cuál sería el siguiente movimiento del adulto.

—Lamento haberte hecho pasar por esta desagradable experiencia, Tom. Contrario a la creencia popular, no disfruto mortificando a inocentes.

El adolescente estrujó la botella con un bufido sardónico.

—¿Ahora vas a decirme que se trataba de una cámara oculta?

—Llámalo como quieras. Estaré fuera por un largo tiempo, Bibi es lo más preciado que tengo, necesitaba asegurarme de que quedaba en buenas manos.

—¿Entonces todo esto fue una especie de prueba retorcida? ¿No planeas separarnos?

—Haría cualquier cosa por garantizar la felicidad de los seres que amo, pequeño. La única forma de comprobar que tus sentimientos por mi Frijolito son genuinos era sometiéndote a una situación extrema.

Tom meneó la cabeza, lanzando un amargo bufido.

—Lo dije y lo repito, eres un maldito sádico. ¿Pasé la prueba o mañana encontrarán mi cuerpo flotando en el Spree?

—Bebe, te hará sentir mejor. Y Tom…

—¿Huh?

—Te agradecería que el tenor de esta charla quedara entre nosotros.

—¡Que va! ¡Estoy ansioso porque mi Mauschen se entere de que lloré como una nenaza! —repuso, dando un largo trago a la botella. Sintiéndose de pronto como si le hubieran quitado un bulto de una tonelada de los hombros

Era la segunda vez que oía reír a Val, a diferencia de las carcajadas estridentes de su chico la risa de Val era como un suave gorjeo.

—¿Algún día me contarás porqué le llamas «Mauschen«?

—El día que me cuentes por qué le llamas «Frijolito«. Es un apodo bastante ridículo, ¿sabes?—replicó a su vez, aun resentido por el doloroso y humillante trance que el adulto le hizo pasar.

—Confío que en un futuro no muy lejano dejes de guardarme resentimiento por lo que sucedió esta tarde.

—Yo que tú, no contaría con ello.

~*~

Al llegar a casa lo recibió el rostro acongojado de su hermanito.

—Val, si Tomi termina conmigo por culpa de tu hostigamiento juro que nunca te lo perdonaré.

El modelo sonrió al reconocer en Bill la misma virulencia con que Tom defendió su relación.

—Tu novio es un hueso duro de roer, Bibi. Si tuvo el valor de enfrentarme (y créeme que lo puse en una situación muy difícil), podrá lidiar con los problemas que se avecinan.

No deseaba alarmar a su hermanito pero, por mucho que le pesara, el chico ya no era un bebé y pronto debería dejarlo pelear sus propias batallas.

—¿A-a qué problemas te refieres, Val?

—Su relación saldrá a la luz de una forma o de otra. Por lo que pude notar esta tarde, Tom es un chico impetuoso, de temperamento volcánico. Actúa sin pensar, se deja llevar fácilmente por el calor del momento.

—Tomi es un artista, Val, es natural que sea apasionado.

El modelo alzó una ceja a modo de advertencia. Nadie mejor que él sabía cuán peligrosa era la pasión desbordada.

—Deben ser cuidadosos, tendrás que convertirte en la voz de la cordura en esa relación, de ser preciso —su hermanito rió, aparentemente tomando a la ligera sus advertencias—. Bibi, tu eres un gay asumido pero Tom aún tiene innumerables asuntos pendientes. Les esperan tiempos conflictivos.

El adulto se acercó con parsimonia y lo estrechó en sus brazos, casi hubiera preferido que Tom resultara un patán pusilánime y en esos momentos estuviera fuera de la vida de su hermanito. El estudio había tenido un pésimo timming para comenzar el rodaje de la bendita película.

—No importa la distancia, nunca estaré demasiado lejos, Bibi. Si me necesitas sólo…

—¿Quieres dejar de atraer la fatalidad? Nada va a pasar.

Valentino quiso creerle, achacar el mal presentimiento que asolaba su corazón a su sempiterna paranoia, pero estos rara vez se equivocaban.

Continuará…

Administración: Este es el último capítulo que he podido rescatar de diferentes archivos. Ya están disponibles «Los especiales de Basorexia«, están aparte para que los disfruten también. La autora nunca terminó esta temporada, por tanto el fic entra en «hiatus».

por Haruxita

Escritora del Fandom

2 comentario en “XVIII: Si algo puede salir mal…”
  1. Aún sufro por este hiatus, pero la esperanza es lo último que queda, por lo que ojalá lo retome y termine está maravillosa historia 🙏🙏🙏🤞🤞🤞 Gracias por subirla aquí!!!
    La buscaré en Watpad, ella publicaba ahi.

    1. La eliminaron de Wattpad, te juro que he buscado bajo cada piedra y no la encuentro. Pero si alguien la guardó en una lista, es posible rescatar algunos otros capis

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