Fic M-preg de lyra. Temporada III
Capítulo 13: La reconquista
Sonrió dándose la vuelta en la cama. Había dado un gran paso en la reconquista de Tom, pero debía darse prisa, lograr su objetivo antes de que se le empezara a notar el embarazo. Tom debía prometerle amor eterno antes de descubrir que un nuevo hijo crecía en su vientre. Se acostó de lado suspirando, llevándose las manos al estómago y sonriendo al notarlo ya hinchado. Su hijo crecía fuerte y sano y pensaba sostenerlo en sus brazos nada más nacer, ya que antes no tuvo oportunidad con su malograda hija.
Los días siguientes fueron como un precioso sueño que cobraba realidad poco a poco. Bajó el ritmo de los ensayos aludiendo cansancio, lo que hizo que Tom le colmara de mimos y atenciones
Una tarde se encontraban como en los viejos tiempos, jugando con la pequeña Sarah los dos tumbados en su gran cama. Echado siempre de costado, ocultando su ya casi visible embarazo, más a los ojos de Tom que se conocía cada milímetro de su cuerpo y notaría un simple cambio, reía al verle jugar con su hija cómodamente sentada en su regazo.
Ya llevaba su rubio pelo muy largo, y Tom trataba de peinárselo en vano, pues su hija no estaba por la labor. Ladeaba la cara y sonreía a su padre mostrándole sus dos dientecitos, quien no pudo evitar cogerla en brazos y subirla la camiseta para llenarla de besos la tripa, lo que le arrancó grandes carcajadas a su hija.
—Tom, déjala respirar—pidió Bill sonriendo.
—Me la comería entera—dijo Tom cediendo.
La dejó sentada entre los dos y miró a Bill sonriendo. Se tumbó de costado él también, mirándole fijamente con una ceja alzada, suplicándole en silencio… Bill le vio y asintió sonriendo. Separó los labios y esperó hasta que fueron apoderados por los de Tom. No pudo evitar gemir al primer contacto, había echado mucho de menos esos dulces besos.
Pero la cosa no terminó allí. Tom se acercó más y trató de levantarle le borde de la camiseta, lo que hizo que el beso terminara de forma abrupta.
—Lo siento…he ido muy deprisa—se disculpó Tom al ver que se había puesto tenso.
—Es que…está la niña, y…—comenzó a balbucear Bill levantándose.
—Ya—solo dijo Tom imitándole—Se ha hecho tarde, os dejo cenar y acostaros. ¿Te llamo esta noche?
—Si—contestó Bill ilusionado.
Desde que se atreviera a llamarle la primera vez, esperaba las noches con ansias. Podían pasarse horas al móvil como si nada, hablando de cualquier cosa que les hubiera pasado en ese día, a pesar de haberse visto durante el ensayo y luego por la tarde.
Le contaba encantado como ya su hija ya andaba ella sola sin agarrarse a nadie, y como tenía que estar más pendiente de ella. También le contó con dolor que Andreas le había ayudado a instalar en el apartamento todas las medidas de seguridad habidas y por haber, cosa que tenía que haber hecho entre Tom y él.
Una pequeña reja de madera impedía el acceso de Sarah a las escaleras, y todos los enchufes de la casa se encontraban debidamente tapados.
También le contó que la cuna de se le estaba quedando pequeña. Esa misma noche hablaron de ir los dos juntos al día siguiente a comprarla su primera cama, y mientas que Andreas se quedaba al cargo de ella, fueron al centro comercial más cercano y entraron en una tienda especializada en artículos de bebés.
No pudo evitar que sus ojos volaran a las numerosas cunas que había allí expuestas, pero se tuvo que contener y dedicarse a mirar solo camas. Al final se decidieron por una con un dosel blanco y un cobertor de flores rosas. Compraron también 5 juegos de sábanas y algunos pijamas.
—Sarah no para de crecer, mañana ya se les habrá quedado pequeños—bromeó Tom guiñándole un ojo a Bill.
—Ya se le salían los pies a la pobre de la cuna—le siguió Bill la broma sonriendo.
—Cuando lleven la cama, la desmontamos entre los dos y la guardamos en casa de mamá—dijo Tom tras encargarse de pagarlo él todo.
—Mejor dejarla a mano—se le escapó a Bill.
— ¿Te gustaría tener otro?—preguntó Tom no pudiendo evitar suspirar.
—Algún día, claro—contestó Bill cogiendo las bolsas y apresurándose a salir de la tienda sin esperarle.
Estar metido entre tantas cosas de bebés le hacía irse de la lengua sin darse cuenta. Tom se reunió con él y montando en un taxi regresaron al apartamento.
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Una semana después Sarah estrenaba su nueva cama, y ente Tom y él guardaron la cuna desmontada. El apartamento contaba con un pequeño trastero en el que se agolpaban altavoces viejos y guitarras. Hicieron hueco y allí la metieron, hasta una próxima vez no muy lejana.
—Me podría haber ayudado Andreas, cabezota—riñó Bill a Tom.
Se había hecho daño en la muñeca derecha y se la estaba vendando con mucho cuidado de no hacerle daño.
—No ha sido nada, y era trabajo mío—contestó Tom resoplando.
— ¿Y cómo vas a tocar la guitarra con una sola mano?—picó Bill bromeando.
—La de cosas que puedo hacer con una mano atada a la espalda—susurró Tom alzando una ceja.
Captando su indirecta, terminó de vendarle y se alejó de su alcance, no fuera a descubrir su regalo sorpresa.
Pero Tom le vio alejarse y le sentó mal. Se levantó y guardando el botiquín no pudo evitar preguntar algo que llevaba meses callándoselo.
— ¿Por qué está aquí Andreas?
—Me está ayudando con la casa—contestó Bill, odiándose por tener que mentirle en parte.
— ¿Le invitaste tú, o se ofreció él?—insistió Tom.
—Él—resopló Bill—Me vio tan atado que lo sugirió…
—Claro, no digas más—cortó Tom levantando una mano.
— ¿Qué estás insinuando?—preguntó Bill cruzándose de brazos.
—Nada, solo te pido que tengas mucho cuidado—dijo Tom encogiéndose de hombros.
—Tom, dime la verdad—exigió Bill.
—No me gusta la manera en la que te mira cuando cree que nadie le ve—estalló Tom sin poderse contener—Y pasa mucho tiempo con Sarah, es como si fuera a robarla,..
—Así me sentía yo cada vez que mamá o Vanessa se la llevaba—no pudo evitar murmurar Bill.
—Bill….lo siento…no veía el dolor que te causaba hasta que me ha pasado a mí—dijo Tom avergonzado por haber estallado.
—Andreas es nuestro mejor amigo, dale un voto de confianza—pidió Bill.
—Lo haré, porque confío en ti—prometió Tom — ¿Nos vemos mañana?
Estaba a punto de asentir cuando se acordó de que no podía. La semana pasada en su última revisión, Claudia le había programado la amniocentesis para el día siguiente. Esperaba poder acudir con Tom, pero aún no se le había “declarado”, no le quedaba más remedio que acudir solo….bueno, con Andreas.
—Te llamo esta noche y te lo confirmo—contestó Bill dándole largas.
—Esperaré impaciente—dijo Tom sonriendo.
Se acercó y se despidió con un casto beso en la mejilla, pero antes de que pudiera alejarse, Bill el cogió por la nuca y le hizo besarle en los labios. Le soltó cuando sintió que le faltaba el aliento y le despidió con la mano suspirando.
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Esa noche se acostó temprano. Estaba muy nervioso por la prueba que le iban a hacer al día siguiente y apenas probó bocado en la cena, por más que insistió Andreas.
—No puedo, de verdad—negó por tercera vez.
—No insisto más—se dio por vencido Andreas—Pero al menos tómate un vaso de leche caliente, te ayudará a dormir.
Asintió solo para complacerle y permitió que se lo preparara. No estaba acostumbrado a tantas atenciones por parte de Andreas, y tras lo que le había dicho Tom y lo que él ya sabía, no podía evitar ponerse en alerta cada vez que le sentía cerca.
— ¿Qué tal va lo tuyo con Tom?—preguntó Andreas de repente.
—Muy bien, ya nos queda poco—contestó Bill sonriendo.
—Te debería acompañar él mañana, pero no niego que a mí no me hace mucha ilusión—dijo Andreas poniendo el vaso de leche delante de él.
—Andreas, no sigas por ahí—murmuró Bill resoplando.
—Lo sé, solo trataba de animarte. Se te ve muy cansado—dijo Andreas retrocediendo un paso.
—Lo estoy, desmontar la cuna me ha agotado. Mañana me tocará subirla a mi habitación y volver a montarla de nuevo—dijo Bill suspirando.
—De eso nada—negó Andreas—Mañana tienes que estar en reposo absoluto. Ya me encargo yo, y recuerda que no debes coger peso.
Asintió y cogiendo el vaso se tomó la leche pensativo.
“Tal vez debiera esperar un par de días, Tom se me declarará de un momento a otro y la podíamos montar entre los dos…”
—Súbete a acostar, yo me encargo de limpiar esto—dijo Andreas al verle terminarse la leche.
Le respondió con una sonrisa y tras darle las buenas noches subió a acostarse tras comprobar que Sarah ya dormía profundamente en su nueva cama.
Acostado él en la suya, se tumbó de lado mientras miraba el reloj de la mesilla. Faltaban solo 20 minutos para la hora señalada, esa noche le tocaba a Tom. Pero no podía esperar más tiempo en silencio. Necesitaba hablar con alguien, distraerse y no pensar en el día siguiente.
Cogió el móvil y marcó con dedos temblorosos, aguantando la respiración mientras escuchaba los tonos.
— ¡Bill! Te has adelantado—le contestó la ilusionada voz de Tom.
—No podía esperarme—dijo Bill de igual manera.
— ¿Ya estás en la cama? ¿Qué ropa llevas?—preguntó Tom riendo—No, no me lo digas. Me he pasado, lo sé…pero te he notado al voz algo triste y solo quería hacerte reír con mis payasadas…
—Llevo una de tus camisetas—contestó Bill en un susurro.
Al otro lado de la línea solo le contestó el silencio. Se mordió los labios pensando que se había equivocado. Tom estaba bromeando, no llegó a imaginar que le iba a contestar y ahora no sabía cómo actuar.
—Tom, yo…—comenzó a decir arrepentido.
— ¿Nada más?—cortó Tom susurrando también.
—Unos boxers negros—respondió Bill tumbándose de espaldas— ¿Y tú?
—Solo boxers—contestó Tom acomodándose mejor en el sofá—Ya sabes cómo me gusta dormir sin camiseta, para sentirte contra mi piel cada vez que te acuestas sobre mi pecho…
—O cuando me abrazo a tu espalda suspirando en sueños…—apuntó Bill suspirando.
—Y me pasas las manos por el pecho, haciéndome cosquillas en los costados, hasta que me despierto y dándome la vuelta te estrecho en mis brazos—siguió diciendo Tom.
—Y yo me acomodo en tu regazo—susurró Bill—Frotándome contra ti mientras me apodero de tus dulces labios…
No pudo seguir hablando. No sabía cuándo había comenzado a…meterse mano. En esos momentos, sus dedos recorrían su miembro de arriba abajo mientras separaba los labios y dejaba escapar gemidos incontrolados.
— ¿Te estás tocando?—preguntó Tom al otro lado al escucharlos.
—Si—susurró Bill con los ojos cerrados.
—Yo también—confirmó Tom con un gemido—Recuerdas… te estaba besando… poniendo mis manos en tus caderas para que te frotes con más insistencia, marcando el ritmo hasta que llegue un orgasmo que nos traspase a los dos…
—Oh…Tom…—gimió Bill derramándose en su ropa interior.
Tom sonrió y le imitó. Se derramó él también entre jadeos y gemidos, procurando no sonar alto, no fuera que uno de sus amigos le oyera y viniera a ver si estaba bien, pillándole con una mano metida en sus boxers medio bajados.
— ¿Estás…estás bien?—logró decir Tom entre jadeos.
—Si…lo necesitaba, gracias…—contestó Bill de la misma manera.
Suspiró y retiró la mano, acomodándose de nuevo la ropa interior.
—Bill, con respeto a mañana…. —comenzó a decir Tom una vez recuperada el habla.
—No puedo, tengo que ver a Claudia—se le escapó a Bill sin darse cuenta.
— ¿Por qué? ¿Estás bien?—preguntó Tom incorporándose en el sofá.
—Sí, no es nada….una revisión rutinaria—contestó Bill mordiéndose los labios.
— ¿Quieres que te acompañe?—se ofreció Tom.
Que fácil sería decirle que sí, pero aún no podía.
—No te preocupes, ya sabes cómo son esas cosas, pierdes toda la mañana en la sala de espera. ¿Por qué no vienes y te llevas a Sarah todo el día? —sugirió Bill.
—Preferiría perderme la mañana contigo….y más si es en mi cama—no pudo evitar contestar Tom.
—Después de lo de esta noche, necesito un respiro. Hablamos mañana, ¿vale? —se despidió Bill.
—Si…te amo—dijo Tom antes de colgarle.
Se quedó mirando el móvil sorprendido. Eso se podía considerar una declaración en toda regla, ¿no? Suspiró y dejando el móvil en la mesilla, se dio media vuelta y cayó en un profundo sueño con una amplia sonrisa en los labios.
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Al día siguiente le costó deshacerse de Tom, empeñado aún en acompañarle. Se negó en rotundo y pasándole a Sarah le “echó” del apartamento.
—Pasas poco tiempo con Sarah, te echa mucho de menos—dijo Bill sintiendo mucho mentirle de esa manera—Llévala al parque, o a comprarla ropa nueva. Lo que sea.
—Parece que te quieres deshacer de nosotros—dijo Tom guiñándole un ojo.
—No, es que…
—Daos prisa, parece que va a llover—intervino Andreas.
Tom le fulminó con la mirada antes de despedirse de Bill con un beso en los labios y se fue con Sarah, que sonreía y le decía adiós a su padre desde sus brazos.
—Genial, se ha cabreado—resopló Bill.
—Quería acompañarte, ¿por qué no le has dejado?—preguntó Andreas.
—Todavía no se me ha declarado—murmuró Bill resignado.
Cogió la cazadora y salió del apartamento en compañía de Andreas. Llamaron un taxi y media hora después de encontraba tumbado en una camilla. Andreas estaba a su lado, Claudia le había dejado quedarse a pesar de no ser familiar directo…ni el padre de la criatura.
Le tenía cogido con fuerza de la mano, mientras Jennifer le preparaba. Cubrió sus piernas con una sábana blanca dejando su ya abultado vientre al aire. Le subió la camiseta que llevaba y aplicó un gel sobre su piel.
—Está frío—no pudo evitar quejarse Bill.
—Lo siento—se disculpó Jennifer sonriendo—Con la ayuda de un ultrasonido podremos localizar al bebé y así no molestarle.
Asintió sin dejar de mirar la pantalla, donde gracias a la sonda que movía Claudia sobre su estómago apareció su bebé por primera vez.
—Que pequeño es—susurró emocionado.
Claudia sonrió y siguió con su trabajo.
—Puede que sientas alguna molestia, no se usa anestesia. Pero todo terminará en unos minutos—explicó antes de comenzar.
Esperó a que su joven paciente asintiera y entonces cogió la gasa que Jennifer le pasaba, impregnada en una solución de yodo con la que le desinfectó el abdomen.
Luego cogió una aguja delgada y hueca, además de muy larga que le fue introduciendo poco a poco bajo su piel, hasta lograr extraer la cantidad exacta de líquido amniótico que tenía que analizar.
—Ya está, ¿te ha dolido?—preguntó preocupada.
—No—mintió Bill con los ojos cerrados.
—Ahora debes descansar—dijo Claudia poniéndole un apósito en el lugar que le había pinchado—Pasa el resto del día en la cama y mañana no te esfuerces. Meteré prisa a los del laboratorio y tendré los resultados en una semana, dos como mucho.
Le dio las gracias y permitió que Andreas le ayudara a vestirse. Fuertemente agarrado a su brazo, caminó con paso lento hasta una parada de taxis y solo pudo suspirar aliviado cuando ya se encontraba descansando en su cama.
Cerró los ojos y sin dejar de acariciarse el vientre se quedó dormido profundamente.
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—Tom, pasa—saludó Andreas abriendo la puerta.
Era ya la hora de cenar y como sabía que Bill estaba algo raro ese día, se quedó al cargo de la niña hasta la noche.
—Ya ha cenado—le explicó a Andreas señalando a su dormida hija—La acuesto y me marcho.
—No hagas ruido, Bill ya está dormido—aconsejó Andreas en voz baja.
Asintió y subió las escaleras procurando no despertar a la niña. Entró en su habitación y la puso el pijama con mucho cuidado. La dejó bien arropada y tras asegurarse de que el receptor estaba en marcha, la dio un beso de buenas noches en la frente y salió sin hacer ruido.
Pasó por la habitación de Bill, pero recordando que le había pedido que no volviera a entrar sin su permiso, y más si estaba dormido, se quedó con las ganas de darle a él también las buenas noches.
Bajó a la cocina y allí se reunió con Andreas, que le estaba esperando con un café en las manos.
—Gracias—dijo aceptándolo.
—Se te ve cansado, ¿estás bien?—preguntó Andreas sentándose a su lado.
—Bill me tiene preocupado—se sinceró Tom—Un día estamos como antes, y al siguiente me echa de su lado.
—Ha pasado por una mala experiencia…. —comenzó a decir Andreas.
—Yo también. Le echo mucho de menos, y ayer comprobé que él a mí también—explicó Tom, sin querer entrar en más detalles—Desde lo de Hannah….no hemos vuelto a hacerlo, es como si le diera miedo volverse a quedar embarazado, o quedarse y que suceda de nuevo…
Andreas le escuchaba en silencio, tal vez le diera miedo que le obligara a volver a hacerlo, porque si hubiera estado consciente, habría podido pararle los pies a su hermano, o procurar tener más cuidado si no deseaba en esos momentos un nuevo embarazo.
—Dile que le llamo por la mañana—dijo Tom levantándose.
—Se lo diré—asintió Andreas.
Le despidió en la puerta y se subió a acostar, tras comprobar que tanto Bill como su sobrina estaban profundamente dormidos. Los dos lo necesitaban, vivían bajo mucho estrés.
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Al día siguiente se despertó algo más animado. Decidió pasar ese día también en la cama, desde donde supervisó como Andreas montaba de nuevo la cuna que había subido del cuarto trastero.
—Ahora tienes que tener más cuidado, si Tom entrara de repente y la viera…—comenzó a decir Andreas.
—Ya me queda poco tiempo, se me está notando—suspiró Bill acariciándose el estómago.
El sonido del móvil les interrumpió. Sabiendo quien era, Andreas se puso en pie.
—Ese es Tom, ayer me dijo que te llamaría por la mañana—explicó antes de salir de la habitación.
Bill asintió al ver que había acertado y contestó la llamada tras comprobar que la puerta estaba bien cerrada.
— ¡Tom!—saludó muy animado.
—Hey, parece que alguien se alegra de oír mi voz—rio Tom— ¿Qué tal estás?
—Bien, algo resfriado—mintió Bill de nuevo—Será mejor que cancelemos el ensayo de hoy también.
— ¿Qué hay de Sarah? Me la puedo llevar de nuevo, o pasarme y hacerte compañía en la cama—sugirió Tom alzando una ceja.
—No quiero contagiarte. Pasa esta tarde, bajaré al salón y vemos una peli—dijo Bill estirándose en la cama.
Tenía puesta la mano sobre el apósito que aún llevaba en su vientre. Se lo acariciaba de arriba a abajo, pero sin ser consciente su mano fue más abajo…escuchando la voz de Tom… ¿se atrevería a intentarlo?
Negó con la cabeza y sacó la mano de sus boxers. El día anterior ya tuvo suficiente.
—Auch…—se quejó de repente.
— ¿Pasa algo?—preguntó Tom preocupado.
—No, me ha dado un calambre—mintió Bill con los ojos cerrados.
¿Qué si pasaba algo? Que había sentido a su hijo moverse, y no se lo podía contar a nadie.
— ¿Tom? Estoy algo cansado. Nos vemos esta tarde— se despidió Bill al sentir que se iba a poner a llorar.
—Claro, te…
La despedida de Tom quedó en el aire, ya había colgado. Se echó de costado y cerró los ojos suspirando. Le costaba mantener el secreto, ver a Tom o escucharle al teléfono mientras él se mordía los labios para que las palabras no se le escaparan.
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Esa tarde bajó al salón como había prometido. Se vistió con un amplio chándal que le disimulaba. Se dejó puesta la camiseta de Tom con la que todas las noches dormía y se entretuvo jugando con Sarah mientras le esperaba.
Andreas se había marchado al cine tras asegurarse de que estaba bien del todo y no necesitaba nada. Le dejaba la casa para él solo toda la tarde, y le aconsejó que la aprovechara.
—El tiempo se te acaba, no le dejes escapar—le aconsejó antes de irse.
Sonrió al escuchar el timbre de la puerta y se levantó para recibir a Tom con Sarah fuertemente agarrada a su mano. Paso a paso llegaron a la puerta y al abrió con una amplia sonrisa en los labios.
— ¡Papi…papi!—exclamó entre risas Sarah.
Tom sonrió al verla y se apresuró a cogerla entrando en el apartamento. Una vez dentro, se apoderó de los labios de Bill y le dio un profundo beso.
—Te he echado mucho de menos, y no me refiero solo a hoy—le confesó en un susurro.
Bill solo pudo contestarle con un suspiro, el beso le había robado el aliento. Señaló el salón con una mano y entraron, sentándose en el sofá bien juntos, con Sarah sobre sus regazos. Pusieron cualquier cosa en la tele, apenas la hacían caso. Solo podían mirarse fijamente a los ojos y sonreír como dos enamorados. Le buscaron unos dibujos a Sarah y ellos se entretuvieron cogiéndose de la mano.
Notando que había refrescado un poco, Tom se levantó a por una manta para su hija.
—Tiene una a los pies de la cama—explicó Bill desde el salón.
—Vale—asintió Tom.
Mientras le esperaba, cogió a Sarah y la besó con ternura.
—Papi ya está en casa—susurró a su oído.
Recibió una risita de su hija como respuesta y él rio también, hasta que de pronto se acordó de una cosa. ¿Estaba la puerta de su habitación cerrada? No se acordaba, y Tom tardaba mucho.
Dejó a Sarah bien sentada en el sofá y echó a correr escaleras arriba, parándose al ver en el umbral de su habitación a Tom. Suspiró resignado y se colocó a su lado, mirando fijamente lo mismo que él miraba: la cuna recién montada esa mañana.
—Tom…—llamó en voz baja.
Tom se volvió y le miró. Giró la cabeza de nuevo para mirar la cuna y luego a él otra vez, dirigiendo los ojos a su vientre, que destacaba bajo su camiseta tan amplia.
— ¿Estás…?—preguntó Tom sin atreverse a terminar la frase.
—Si—contestó Bill en un susurro.
— ¿Y…es mío?—preguntó Tom con miedo.
— ¡Claro que es tuyo! ¿De quién si no iba a ser?—preguntó Bill sin entender.
En vez de contestar, Tom se arrodilló y el abrazó por la cintura con fuerza, rompiendo a llorar contra su vientre, que besaba a través de su camiseta.
—Bill….te amo…te amo…—repetía Tom entre sollozos.
No lo pudo evitar, y Bill rompió también a llorar. Tom ya lo sabía, que iban a volver a tener un hijo. La vida les daba otra oportunidad, y no la pensaban desperdiciar. Ya podía respirar aliviado, Tom no se iba a ir de su lado nunca más.
Continúa…
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