Y fueron felices 15

Notas: Título sacado de la canción de Paulina Rubio «Nada de esto fue un error»

No fue de casualidad. yo quería que nos pasara. y tú lo dejaste pasar.

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 15: Nada de esto fue un error

—Tranquilo—calmaba Tom a Bill.

Estaban a punto de aterrizar. Desde que dejaron a Sarah en casa de su madre, a la que no les costó convencer para que se la quedase esos 4 días que iban a pasar perdidos en una isla, Bill estaba hecho un mar de nervios.

Para empezar, no sabía que ropa llevarse, luego riñeron porque no le entraba el secador del pelo, y al final terminaron haciendo el amor suavemente en el mismo suelo antes de dormirse el uno en brazos del otro. Así sería siempre, nunca se acostarían si ese día habían reñido sin hacer las paces.

“Hagamos el amor, no la guerra”—bromeaba Tom con Bill antes de “hacerlo”.

Se despidieron de sus amigos. David cedió a regañadientes, no le hacía mucha gracia que se tomaran unos días libres estando preparando la grabación del nuevo disco. Pero no le quedó más remedio que ceder cuando el cantante comenzó a decirle que sentía que su voz estaba apagada, que si no se tomaba unos días de relax iba a terminar chillando y entonces se quedaría mudo para siempre.

Tom reía su broma a espaldas del productor, Bill exageraba mucho cuando quería, más si era para conseguir algo que deseaba con toda su alma, como pasar junto a él unos días a solas…con sus noches, claro.

Tomaron el avión a primera hora de la mañana, y ya anochecía cuando aterrizaban. Sentado a su lado, Bill se despertó al fin. No paró de removerse en su asiento, murmurando que se le había olvidado decirle algo a su madre, como que a Sarah le estaba saliendo un nuevo diente y no le gustaba dejarla sola cuando se ponía empachosa, calmándose solo cuando la acunaba en sus brazos.

—Se va a pasar estos 4 días llorando y llamándome—se lamentaba Bill mordiéndose una uña.

—Bill, mamá la sabrá calmar—decía Tom cogiéndole una mano—Y si no, le pondrá nuestro disco, se dormirá oyéndote cantar.

—No es lo mismo—murmuró cerrando los ojos.

Apoyó la cara en la ventanilla y logró dormirse lo que quedaba del viaje, sin soltar esa mano que le acariciaba suavemente.

Tomaron tierra y tratando de “camuflarse”, poniéndose unas grandes gafas oscuras y unas gorras que les cubriesen el pelo, bajaron del avión y se encargaron del equipaje. Tras pasar por la aduana, se montaron en un taxi y 2 horas después paseaban asombrados por el bungalow que habían alquilado.

Era una cabañita de madera que se alzaba en la misma playa. Sus paredes estaban hechas de cristaleras, que una vez abiertas daban la sensación de dormir en la misma playa, con el sonido del mar de fondo. Una gran cama de matrimonio ocupaba la mitad de la estancia. Había una pequeña habitación anexa, en la que había otra cama supletoria que pidieron para cubrirse las espaldas.

— ¿Te gusta?—preguntó Tom.

—Es como estar en el paraíso—respondió Bill riendo.

Dejaron las maletas sin deshacer apenas, sacando solo lo imprescindible para pasar juntos su primera noche. Habían cenado en el avión, y lo más urgente era avisar a su madre de que habían llegado bien. Sentado en la cama, Bill marcaba en su móvil mientras veía a Tom desnudarse. De espaldas a él, le vio quitarse la camiseta y bajarse los pantalones, quedándose solo en boxers.

—Mamá—suspiró cuando le cogieron la llamada.

— ¡Cariño! ¿Ya habéis llegado? ¿Qué tal el viaje?—preguntó Simone.

—Magnifico—suspiró de nuevo Bill sin dejar de mirar a Tom.

— ¿Y la habitación? ¿Es bonita?—quiso saber Simone.

En ese momento, Tom se volvió consciente de que era observado. Sin perder la sonrisa de los labios se bajó lentamente la ropa que le quedaba puesta, exhibiéndose con orgullo ante Bill.

—Sin palabras…—susurró Bill casi sin voz.

—Se te nota cansado, ve a dormir. Sarah ya lleva acostada unas horas—se despidió Simone.

—Dale un beso de mi parte—dijo tratando de colgar.

Tom le vio moverse en la cama, dejándose caer de espalda y dejar escapar un hondo suspiro. Se le acercó y se subió a la cama, poniéndose de rodillas entre su cuerpo y quitándole el móvil de las manos.

—Hasta mañana, mamá—se despidió él también de su madre.

Colgó y lo dejó sobre la mesilla, al tiempo que se acostaba entre las piernas de Bill y se apoderaba de sus labios, frotándose contra su estómago.

— ¿Estás cansado del viaje?—murmuró contra sus labios—¿Tienes ganas de…?

Dejó la frase sin terminar. Que sintiera como la arañaban las nalgas con urgencias era más que una respuesta. Sonrió y sin despegar los labios de los de Bill, comenzó a desnudarlo. Le quitó la ropa que llevaba y la lanzó al aire. Se acomodó de nuevo sobre su cuerpo, besándole el desnudo pecho, bajando por su abultado vientre y perdiéndose más abajo.

—Oh…Tom….—suspiró Bill con los ojos cerrados.

Solo pudo separar más las piernas, dejarle mejor acceso a su tembloroso miembro que Tom tomó y lamió echándole su cálido aliento. Contuvo el suyo al sentirle succionar con suavidad, apretando con fuerza la sábana que tenía cogida entre sus dedos.

Sabiendo que si no iba despacio iba a hacer terminar a Bill, Tom dio unas últimas lamidas y se levantó, pasándose la lengua por los labios, donde aún permanecía impreso el sabor de Bill. Se echó con cuidado sobre él, apoderándose de sus labios, y antes de que se diera cuenta había rodado por la cama y le tenía cómodamente sentado en su regazo.

— ¿Qué…qué pasa?—preguntó Bill extrañado cuando sus labios se separaron.

—No quiero hacerte daño—contestó Tom pasando un dedo por su estómago.

Se moría por hacerle el amor, pero su hijo estaba primero y si sufría algún daño por su culpa, no se lo perdonaría jamás en la vida.

Bill el entendió y asintió suspirando. Bajó la mirada y sonrió al ver lo que le rozaba los muslos. Lo cogió entre sus manos y masajeó hasta sentirlo muy duro. Se adelantó y se inclinó hacia delante, separándose él mismo las nalgas y haciendo que Tom entrara en su cuerpo lentamente.

Tom ahogó un jadeo. Se sentía a punto de estallar por la suavidad con la que Bill le preparó y le hizo entrar. Soltó al aire retenido cuando no pudo avanzar más y apoyando las manos en sus caderas llevó el ritmo de las embestidas. Le hizo cabalgar suavemente sobre él, sin apartar los ojos de los suyos, que le miraban fijamente mordiéndose los labios para no gritar. Pero él sí lo hizo…. Gritó cuando le vio alzar las manos y recogerse el pelo, levantando la cabeza y suspirando profundamente cuando con una suave embestida se derramó dentro de él, sonriendo al sentirle hacer lo mismo sobre su estómago.

Una vez saciados, se metieron en la cama y durmieron plácidamente abrazados. Hasta que la luz de la mañana se coló en la habitación y les despertó. El primero en hacerlo fue Tom, sonriendo al ver a Bill acostado de lado. Solo le veía la espalda, que subía y bajaba al compás de su suave respiración. Se le acercó y pasó las manos por su cintura, acariciándole con suavidad el vientre que se destacaba cada más cada día. Enterró la cara en la curva de su cuello y le besó dulcemente hasta sentirle moverse.

—Muy buenos días—murmuró contra su piel.

Le escuchó gemir y sonreír a la vez, bajando una mano que entrelazó con la suya sobre su estómago. Se quedaron en silencio, “acariciando” los dos juntos a su hijo.

— ¿En qué piensas?—preguntó Tom al cabo de unos minutos.

—En aquella vez que te fuiste tras conseguir lo que querías—se le escapó a Bill.

Se mordió los labios nada más decirlo. Sintió que se ponía tenso Tom y se giró para mirarle con firmeza a los ojos.

—Tom, no he querido decirlo de esa manera—se disculpó maldiciéndose por los bajo.

—No, tienes mucha razón—dijo Tom recostándose contra las almohadas—No hemos hablado de lo que ocurrió esa noche, no me he explicado y tú no te has enfadado…porque deberías estarlo, me pides tiempo y en vez de eso voy y me aprovecho de ti en la primera oportunidad que veo…

—Yo quería hacerlo, no me obligaste—le dejó Bill muy claro.

—Estabas inconsciente, fue como si….te violara…—murmuró Tom.

—No digas eso—cortó Bill a punto de llorar—Hablas como si lo que pasó fuera un error, y mira, no lo es.

Cogió su mano y se la llevó al estómago.

—Nuestro hijo crece fuerte y sano—susurró Bill emocionado—Gracias a ti en unos meses le tendré entre mis brazos, y le cuidaremos entre los dos, como con Sarah. Juntos hemos formado una bonita familia, no me digas ahora que te arrepientes.

—Es que…no debí hacerlo de esa manera, por mucho que deseara volver a tu lado—insistió Tom.

—No pienses más en ello. Tú querías que pasara y yo lo dejé pasar. No hay nada más que hablar—sentenció Bill con firmeza.

Antes de que dijera nada más, se apoderó de sus labios y le besó con firmeza. No quería que nada estropeara la felicidad que sentía en esos momentos. Se habían cogido unos días libres para volver a enamorarse, no a reñir desde el primero de ellos.

Tom sabía que Bill llevaba mucha razón. Además, ya no había vuelta a atrás, y si la hubiera, volvería a hacerlo, solo para ver lo felices que eran con el nuevo embarazo.

Esa misma mañana se levantaron riendo de la cama y se pusieron los nuevos bañadores floreados que se habían comprado. Sujetándose las rastas en un moño alto para que no se le mojaran, caminaron descalzos hasta la misma orilla de la playa son soltar sus manos para darse su primer baño.

Era una cala privada, solo para ellos dos. Por eso a Bill no le incomodaba estar sin la camiseta puesta, dejando que el sol le calentara el vientre que no paraba de acariciarse. Y no era el único. Una vez metidos en el agua, se abrazaron dejando que las olas les mecieran. Tom le estrechó con fuerza en sus brazos, acariciando ese estómago del que él iba a ser el único testigo de cómo se iba abultando cada vez más día a día.

Hasta que fuera un secreto a voces y no les quedase más remedio que contarlo a sus más allegados. Temía mucho el encuentro con su madre, un tercer nieto sin saber quién era el padre…sin poder decirle que estaba delate de sus ojos, el mismo que no se separaba de Bill, que no le dejaba ni a sol ni a sombra…que le hacía el amor cada noche porque le amaba con toda su alma.

.

Tras su primer baño, fueron al bungalow a ducharse juntos y luego una vez vestidos caminaron hasta donde se encontraba el hotel. Desayunaron mientras veían el mar desde la terraza, haciendo planes para esos días que se habían escapado.

—Yo me los pasaría en la cama—dijo Tom guiñándole un ojo.

— ¿Tú solito?—picó Bill riendo.

—Se admite compañía—susurró Tom tocándole con el pie bajo la mesa.

—No sé yo, en mi estado me cansó más que antes y según he escuchado….eres un gran amante…—susurró Bill.

Rompió a reír cuando Tom dejó caer la taza que tenía en sus manos, haciéndose añicos contra la mesa. Enseguida se le acercó una nerviosa camarera que recogió los cristales y le sirvió una taza de café nueva. Tom le dio las gracias disculpándose muy avergonzado por lo pasado, tratando de no mirar a Bill que sabía que lucía una amplia sonrisa en los labios. Con eso del embarazo, le notaba más revolucionado. Sus hormonas le jugaban malas pasadas, haciendo que no frenara la lengua y dijera lo primero que se le pasaba por la cabeza.

Antes era muy distinto, se lo callaba todo y hasta se avergonzaba cuando le pedía en mitad de la noche que le besara. Pero una vez que tuvieron a Sarah, el lívido de Bill fue en ascenso y ya nada le avergonzaba.

Terminaron el accidentado desayuno y dieron un corto paseo por la playa, como bien dijo Bill se cansaba más que antes. Fueron al bungalow y mientras descansaba tumbado en la cama, llamó a su madre. Echaba mucho de menos a Sarah y la hizo ponerse al móvil para poder escuchar sus risas.

Tom la escuchaba echado su lado Su madre les contaba lo bien que se estaba portando, si bien era cierto que cuando se despertó esa mañana echó mucho de menos a su padre y lloró un poco, hasta que le puso “Monsoon” y se calmó al escuchar su voz.

Colgó el móvil suspirando. Nunca se haría a la idea de tener que dejar a sus hijos con su madre cuando tuvieran una gira o un viaje. Siempre les echaría mucho de menos, y ellos a él, llorando porque no estaba su padre a su lado.

.

Por la tarde y después de comer, descansaba con el bañador puesto sobre una hamaca que había en el porche del bungalow. Se había quedado profundamente dormido y no presintió a Tom, que le cubrió el estómago con una ligera sábana para que su hijo no se enfriara.

Se sentó en el borde de la hamaca, sonriendo al verle dormir. No pudo reprimirse y le acarició el estómago…no podía dejar de hacerlo cada vez que le tenía al lado. Por las noches le despertaba sin querer porque a pesar de acariciárselo con cuidado no le dejaba dormir, consiguiendo una amenaza de sus labios de que si le volvía a despertar se iba a dormir al sofá.

Sabía que no hablaba en serio, que le encantaba dormir en sus brazos y sentirle acariciarle el estómago…como en esos momentos, que Bill sonreía en sueños y suspiraba en ellos.

Sonrió el también y se inclinó para besarle en los labios. Que tranquilidad poder hacerlo sin tener que mirar antes por encima del hombro, ver si no había nadie que les viera y se escandalizara…

¿Podrían algún día mostrar en público esos sentimientos? ¿Tendrían que vivir para siempre en las sombras para que nadie creyera que su relación era un error?

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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