Y fueron felices 16

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 16: Esto es lo que hay

Sentían pena porque se terminaron sus días de descanso. De vuelta en el avión sus manos no se soltaban mientras miraban por la ventanilla. Estaban a punto de aterrizar, de volver a sus vidas en las que tendrían que ocultar la verdad. Que se amaban con locura con poderlo evitar.

Por otro lado, estaban deseando llegar a casa. Habían echado mucho de menos a Sarah, despertarse con sus risas cada mañana, jugar con ella en la cama sin pensar en que tenían que levantarse y ponerse a trabajar.

Debido a sus vacaciones, se habían retrasado y tendrían que recuperar el tiempo perdido. David amenazó con encerrarlos en la sala de ensayo hasta que el nuevo disco estuviera grabado. Bill no pudo evitar reír a carcajadas cuando Tom le dijo que esa sería una buena idea. La sala estaba insonorizada, en ella nadie les oiría gritar cuando hicieran el amor salvajemente durante su encierro.

Miles de imágenes pasaron por su cabeza en esos momentos, los dos desnudos retozando en el suelo, con sus amigos dándoles la espalda y tapándose los oídos avergonzados de ser testigos de su amor incontrolado….

—Ya llegamos—dijo Tom sacando a Bill de sus pensamientos.

Bill asintió y se acomodó en el asiento. Sentía muchas ganas de ir al baño, otra vez. Solo tenía que esperar unos minutos más, dejar que Tom se ocupase del equipaje mientras el corría al baño desesperado.

Tomaron tierra con un leve golpe y todos los pasajeros aplaudieron agradeciendo el buen viaje que habían tenido. Los dos hermanos se miraron y suspiraron resignados. Esperaron a que el avión se desalojase y solo entonces salieron ellos. Pasaron la aduana y mientras Tom reía al ver a Bill correr hacia el baño, se ocupó del equipaje.

Le esperó sentado en una de las maletas, sonriendo al verle llegar a su lado y suspirar aliviado. Llamaron a un taxi y 2 horas después abrazaban a Sarah que reía encantada.

—Se os ve estupendos—dijo Simone tras saludar a sus hijos.

—Necesitábamos unos días de descanso con urgencia—explicó Bill abrazando a Sarah con fuerza.

—Ya—solo dijo Simone.

—Creo que esta señorita necesita ser cambiada—anunció Tom arrugando la nariz.

—Ya lo hago yo—dijo Bill riendo.

Salió de la cocina en donde estaban y subió las escaleras, entrando en la habitación que ocupaba Sarah cuando su madre se la quedaba. La acostó en el cambiador y la hizo miles de carantoñas mientras le ponía un pañal limpio, ajeno a la conversación que tenía lugar en la cocina.

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— ¿Lo habéis pasado bien?—preguntó Simone mirando fijamente a su hijo mayor.

—De maravilla—contestó Tom sonriendo.

—Espero que hayas tenido cuidado esta vez al menos—siguió diciendo Simone.

La sonrisa que lucía Tom se borró de inmediato de sus labios. Su madre no dejaba de mirarle fijamente con el ceño fruncido. Conocía esa expresión suya, la de sé algo que no me gusta para nada.

—Yo…no sé a qué te refieres—dijo sentándose mejor en su silla.

—Vamos Tom. No soy boba, ¿o crees que no puedo reconocer a tu propia hija estando delante de mis narices?—estalló al fin Simone.

No sabía que le podía contestar. Mentirla le parecía absurdo, no le podía negar que Sarah era hija suya si era idéntica a él.

—Todos los bebés se parecen mucho de pequeños—dijo con un hilo de voz.

—Pero no todos tienen tu misma sonrisa, la misma expresión pícara cuando hacen algo que no debieran….o te llaman papá sonriendo cuando te ve entrar por la puerta—enumeró Simone.

—Mamá, nosotros solo hemos….

— ¿Cómo habéis podido hacerlo?—le corto Simone—Sois hermanos, y tú eres el mayor. Debiste decir no cuando Bill se te insinuó.

—Fue cosa de los dos—dejó claro Tom. No quería que le echara toda la culpa a Bill.

—Me da igual. Lo que habéis hecho está muy mal, y no se debe repetir—dejó claro Simone.

—Me temo que tu advertencia llega tarde, mamá—dijo Bill desde la puerta.

Los dos se giraron, no le habían escuchado bajar. Hasta Sarah estaba muy callada, como si supiera que las cosas estaban que ardían en la cocina. Simone miró a su hijo pequeño sin querer entender, fijando la mirada en su vientre que desde donde estaba veía más abultado de lo normal.

—Bill, no…otra vez no…—susurró negando con la cabeza.

—Me temo que sí, y estoy encantado. ¿Quiere esto decir que vas a dejar de querer a Sarah? ¿O al hijo que llevo dentro?—preguntó Bill tratando de mostrarse fuerte.

— ¿Hijo?—repitió Simone.

—Si mamá, vamos a tener un niño esta vez—intervino Tom levantándose.

Se puso al lado de Bill, tocando su vientre para dejar a su madre bien claro que era lo mejor que les había pasado.

—Sentimos que te hayas enterado de esta manera, pero no pienso cambiar de idea—dijo Bill con firmeza—Amo a Tom, y con él he formado al familia que siempre he soñado tener.

— ¿Habéis pensado en lo que va a decir la gente cuando se entere?—les quería hacer entrar en razón Simone.

—No tienen por qué enterarse. Es nuestra maldita vida privada—dijo Tom.

— ¿Y Sarah? ¿Y vuestro futuro hijo? ¿Qué les vais a decir cuando os pregunte?—preguntó Simone sin aliento.

—Les diremos que fueron concebidos con mucho amor—contestó Bill—Sé que te va a costar asimilarlo, pero es la verdad mamá. Nada va a empañar mi felicidad. Asúmelo y alégrate de que dentro de poco vas a tener un nuevo nieto.

—Por favor, mamá—suplicó Tom.

No querían hacerle daño a su madre, pero estaba primero su amor. Si no entendía, no les quedaba más remedio que aceptar su decisión y vivir con ella, hasta que se diera cuenta de que al amor no se le puede poner fronteras.

—Recogemos a Sarah y nos vamos—dijo Bill al ver que su madre no decía nada—Llámanos cuando….cuando quieras hablar.

Dio media vuelta cogiendo del brazo a Tom. En la puerta les esperaba un coche con el equipaje aún dentro. Abrigaron a Sarah y salieron de la casa de su madre. La sentaron en la sillita que ya habían dejado preparada y antes de subir los dos al coche se giraron una última vez, pero solo vieron a su padrastro diciéndoles adiós por la ventana.

Le respondieron levantando la mano también ellos y se metieron al taxi que les llevaría al apartamento.

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Sintiendo mucha pena por sus hijastros, Gordon fue a la cocina en donde aún estaba su mujer tratando se asimilar la noticia de que iba a ser abuela otra vez.

—No pudiste callar más tiempo, Simone—dijo suspirando sentándose a su lado.

—Son mis hijos, hermanos…. ¿cómo no decir nada?—preguntó Simone en voz baja.

—No saben que has intentado separarlos. Vanessa hizo muy bien su trabajo—siguió riñendo Gordon a su mujer.

—Sabía muy bien que Tom caería en sus redes, siempre ha sido el más mujeriego de los dos—se defendió Simone—En cuanto contratara a una chica guapa que yo le recomendara, olvidaría todo con tal de estar una noche con ella.

—Pero no ha sido así—dijo Gordon tratando de mantener la calma—Lo que hay entre los dos es muy fuerte, nada ni nadie los va a lograr separar, mucho menos cuando van a tener un hijo en nada de tiempo. ¿Vas a permitir que crezca sin conocer a su abuela?

—No—suspiró Simone—Solo necesito tiempo. Poder hacerme a la idea de que mis dos hijos se han enamorado irremediablemente.

Gordon suspiró aliviado. Desde que naciera la pequeña Sarah y su mujer le contara sus sospechas, solo rezaba para que sus hijastros fueran lo bastantes fuertes cuando se enterasen de que su madre lo sabía todo.

¿Cómo pensaron que la podían engañar? Sarah era una copia andante de sus padres. Tenía la boca de Tom y la nariz de Bill. Los ojos eran castaños como los de los dos, al igual que su pelo.

Cuando pasó lo de Hannah,….su mujer puso el grito en el cielo, acusando al hijo pequeño de acostarse con cualquiera sin usar protección, dejando a Tom al cargo de Sarah, como si fuera una carga o molestia.

Recapacitó cuando fue tarde, pero esa vez no sería así. Con su ayuda, le haría ver que sus hijos se amaran no era tan malo como parecía.

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Llegaron al apartamento y Bill se encargó de Sarah mientras que Tom del equipaje. Era ya la hora de cenar, pero los dos tenían un nudo en el estómago.

Tras dejar las maletas en el hall, Tom entró en la cocina donde Bill daba de cenar sin muchas ganas a Sarah. Se le acercó y puso las manos sobre sus hombros, inclinándose para besarle el cuello suspirando.

—Dale tiempo a mamá—susurró contra su piel.

—Lo sé…pero me duele que piense que tú y yo no debamos estar juntos. No entiende que te amo con toda mi alma…

—Y yo a ti, mi amor—asintió Tom abrazándole por la espalda.

Le dio un último beso, esa vez en los labios y se sentó a su lado sonriendo a Sarah, que le miraba con la cara manchada de papilla.

—Tienes que cenar—le dijo a Bill cogiendo el babero de Sarah y limpiándola—Recuerda que comes por dos.

—Estoy cansado del viaje…y tras lo de mamá….—empezó a decir Bill suspirando.

—Yo también estoy cansado y no tengo hambre. Al menos, tómate un vaso de leche caliente con las vitaminas que Claudia te ha recetado—cedió Tom bostezando.

—Vámonos a la cama, acostemos a esta señorita y ya desharemos las maletas mañana—dijo Bill levantándose.

—Mmmmm….estoy de acuerdo con lo primero—rio Tom cogiendo a Sarah en brazos.

Bill puso los ojos en blanco y dejó el plato usado en la pila. Tom era capaz de hacer el amor incluso estando en coma. Subieron las escaleras y acostaron a Sarah, que se quedó dormida tras los mimos recibidos por sus dos padres, a los que había echado mucho de menos es los 4 días que duró el viaje.

Luego se acostaron ellos. Entraron juntos en el baño a lavarse los dientes mientras hacían planes para el día siguiente. Lo primero era acordar una cita con Claudia, los resultados de la amniocentesis ya estarían listos.

—No pensemos en eso ahora—dijo Tom secándose a una toalla—Ya hemos tenido bastante por una tarde.

Bill asintió conforme. Salió del baño estirándose la camisa de Tom que llevaba, la única con la que se sentía cómodo estando embarazado, pues las suyas eran muy justas.

Esbozó una sonrisa cuando le abrazaron por detrás y unas manos se metieron bajo la camiseta y le acariciaron el estómago con suavidad. Se echó a reír cuando le mordisquearon en el cuello y cuando se quiso dar cuenta, estaba en la cama desnudo del todo, echado de lado mientras que Tom le embestía con suavidad por miedo a hacerle daño.

Pasaron la noche dormidos en los brazos de su contrario, hasta como siempre Sarah les llamó con sus risas. Empezaba un nuevo día cargado de emociones.

Para empezar, sus amigos se presentaron a desayunar. Mientras se tomaban un café con tostadas, les contaron lo bien que se lo habían pasado. Luego llegó David, saludándoles con prisas para luego hablarles de trabajo.

—Espero que hayáis descansado mucho estos días—dijo ignorando las risas que se oyeron de fondo—Os he concertado una entrevista para mañana mismo, sé que es algo precipitado pero no se podía posponer. Y esta mañana necesito que os paséis por la discográfica a tratar asuntos del nuevo disco.

—Yo no puedo, tengo cita con el médico—dijo Bill negando con la cabeza.

—Y yo le acompaño—dijo Tom con firmeza.

—Tu hermano es mayorcito para ir él dolo—dijo David negando—Él queda excluido, pero a los demás os recoge un coche en una hora.

—David, no pienso hacerlo—se negó Tom en rotundo.

Calló al ver como Bill se lo pedía en silencio. Esperó a que el productor se fuera y solo entonces estalló sin importarle que estuvieran delante sus compañeros.

—Bill, no pienso dejarte solo—dijo Tom con firmeza—Prometí no volver a hacerlo, y esas pruebas son muy importantes.

—Tom, no quiero que nadie se entere aún de mi embarazo—suplicó Bill angustiado—Si no vas David lo sabrá, voy yo solo y me llevo a Sarah, no tenemos con quien dejarla.

Sus amigos les miraban sin decir nada. Sabían que eso iba a pasar algún día, anteponer la familia al grupo. De momento no era muy grave, pero cuando naciera el nuevo bebé iban a tener el doble de responsabilidades.

Se pasaron la hora hasta que vino el coche a recogerlos discutiendo en vano. Al final, Tom se marchó a regañadientes con sus compañeros, dejando que Bill subiera al coche que David tan gentilmente le había llamado.

Le pidió al chófer que le esperara y cogiendo a Sarah en brazos, entró en la clínica privada donde le esperaba Claudia.

—Está muy grande—sonrió Claudia cogiendo a la niña—Y muy espabilada.

—Nos da mucho trabajo a Tom y a mí—contestó riendo Bill.

Se sentó delante del escritorio de Claudia, que sin bajar de su regazo a Sarah abrió la carpeta que tenía delante.

—Puedes respirar tranquilo, tu hijo está sano y fuerte—le explicó a su joven paciente—Sé que no es asunto mío, pero me quedaría más tranquila si supiera algo más del padre, sus antecedentes familiares, saber si ha pasado algún tipo de enfermedad, ….esas cosas que en el futuro nos puedan ayudar si sucediera algo.

Esperó en silencio su respuesta, viéndole morderse los labios preso del nerviosismo que le recorría el cuerpo.

—Bill, lo que me digas será confidencial—le aseguró con firmeza—Solo dame su teléfono, yo le llamo y tú no le tienes que ver si no quieres…

—Es Tom—murmuró Bill contendiendo el aliento.

—¿Tom? ¿Qué Tom…? ¡Oh!—dijo Claudia sorprendida.

—Lo sé, no está bien, pero….sucedió, y no me arrepiento….—estalló Bill en lágrimas.

No se lo pensó dos veces y se levantó. Rodeó su mesa y se sentó al lado de su lloroso paciente, al que estrechó en sus brazos dándole el consuelo necesario.

—¿Por eso murió Hannah?—preguntó Bill entre lágrimas—Dijiste que era por algo genético, y siendo Tom su padre….tal vez no debimos enamorarnos…

—No, ni tú ni Tom fuisteis responsables—negó Claudia—Lo de Hannah fue muy triste, nadie puede saber a ciencia cierta que pasó. Pero te aseguro que tu hijo está bien y no le va a pasar lo mismo.

Asintió en silencio, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Alzó la cabeza y logró sonreír. Sarah le miraba con el miedo brillando en sus ojitos. Nunca le había visto llorar de esa manera y le temblaba el labio inferior a ella.

—Mi niña—murmuró sentándola en su regazo.

La acunó en sus brazos y la besó en la mejilla para que no se asustara.

—Puedo hacerle un reconocimiento a Tom si quieres estar más tranquilo, pero te aseguro que no es necesario—le dijo Claudia.

—Se lo diré, pero confiamos en ti. Si dices que no hace falta, te haremos caso—dijo Bill con firmeza.

—Bueno, ahora ya sabes que necesitas mucha tranquilidad—dijo Claudia sonriéndole—Estás casi de 5 meses, y ya se te empieza a notar. Sé que aún no has dicho nada a tus fans, pero cuanto antes lo digas y reduzcas el ritmo del trabajo, mejor.

—Sí, David ya nos tiene algo preparado para mañana y hoy se reunían para hablar del disco y una nueva gira—explicó Bill.

Se despidió de Claudia con un beso en la mejilla. Cogió la mano de Sarah y caminaron por el pasillo hasta el ascensor. Bajaron al parking y se subió al coche que aún les esperaba. Miró la hora en su móvil. La reunión ya habría terminado, y de no ser así le apetecía irse a casa.

Le dijo al chófer que le llevase al apartamento y una vez en el se tumbó en la cama a descansar, con Sarah sentada a su lado. Le había llevado unos juguetes y dejó que se entretuviera mientras que él descansaba de espaldas con la mirada fija en el techo y sin dejar de acariciarse el abdomen.

Se le venían muchas cosas encima de golpe. Su madre ya sabía que Tom era el padre, el resto del mundo iba a saber que esperaba otro hijo, David se subiría por las paredes al tener que cancelar la gira….

Suspiró resignado, tenía que estar calmado por el bien de su hijo. Esperaría a que llegara Tom y entre los dos hallarían la solución adecuada, la mejor por el bien de sus hijos, dejando en un segundo plano el grupo que con tanta ilusión habían formado.

Cambiarían el orden de sus prioridades, el de sus sueños si era necesario….

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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