Y fueron felices 2

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 2: Felicidad amarga

No pudieron confirmar la buena noticia hasta 3 días después. Tras la fiesta de cumpleaños, sus padres se quedaron a dormir, lo que significaba que ellos tendrían que aplazar su celebración especial un par de días. Usaron la antigua habitación de Gustav como la de invitados, y en ellas descansaban Gordon y su madre. La de Georg era la que usaba Tom cuando tenían invitados en casa y tenía que pasar la noche lejos de Bill.

Echado de costado, Tom suspiraba con los ojos abiertos. Estaba amaneciendo pero no había podido dormir en toda la noche, echaba mucho de menos tener a Bill dormido entre sus brazos, pero estando su madre en casa….mejor no tentar al diablo.

No pudo evitar sonreír al recordar cómo fue la fiesta, lo mucho que se divirtió su hija y lo ilusionados que estaban él y Bill. Desde que conoció la gran noticia, no podía dejar de mirarle y sonreír, de apartar los ojos de su vientre, en donde un nuevo hijo crecía fuerte y sano.

Bill se dio cuenta y cuando nadie miraba le devolvía la sonrisa sin dejar de acariciarse el estómago.

Tras despedir a sus compañeros y a su mejor amigo, que pasaría la noche en el apartamento de ellos, organizaron la habitación de invitados para su madre y su padrastro. Su padre se despidió de su cansada nieta y se marchó a su casa, negando la invitación de quedarse a dormir también, tenía un viaje al día siguiente y tendría que levantarse muy temprano.

Esa noche fue su madre quien bañó y acostó a la pequeña Sarah, mientras que ellos dos limpiaban la cocina y se besaban cuando nadie miraba. Tras darse un último beso de buenas noches, cada uno entró en su habitación y él se metió en su solitaria cama.

Hasta que por fin amaneció y pudieron estar juntos de nuevo. Su madre se empeñó en sacar a Sarah de paseo, y su padrastro la acompañó. Bajó a despedirlos en vista de que Bill había desaparecido de improvisto, pero siguiendo una corazonada subió al baño y le encontró inclinado sobre el inodoro.

Sonriendo a su pesar, entró en la estancia y le ayudó sujetándole. Le pasó un brazo por su revuelto estómago, sintiendo sus arcadas y le sujetó el pelo con la otra mano, susurrando que lo malo ya había pasado. Una vez pasadas las náuseas, le ayudó a incorporarse y sentarse en el borde de la bañera mientras que él tiraba de la cadena. Cogió una toalla y la empapó en agua, pasándosela por la frente sudada.

—Cambia esa cara—le trató de consolar.

Bill sonrió con esfuerzo. Suspiró y cerró los ojos contra la fría toalla que poco a poco le aliviaba.

—No recordaba esta parte— murmuró contra la toalla.

—Serán solo los primeros días, luego podremos disfrutar de nuestra futura hija—dijo Tom muy convencido.

— ¿Otra niña? ¿Tú también estás seguro?—preguntó Bill alzando una ceja.

Tom sonrió por respuesta. Algo en su interior le decía que iban a tener otra hija, y Bill no se equivocó la primera vez. Le ayudó a levantarse y bajaron a terminar de desayunar sin parar de hacerse arrumacos y besarse, hasta que pasada una hora regresó su madre del paseo con una revoltosa Sarah que no paraba quieta en su silla.

—Esta niña está cada vez más grande—se quejó Simone sonriendo—En unos meses ya correrá y no habrá quien la agarre.

—Para eso está su padre—dijo Bill cogiendo a su hija en brazos—Por mucho que corra, me tendrá a mi tras sus pasos.

Tom miró con envidia la escena, le hubiera gustado apuntarse y decir que él también correría en busca de su hija cuando ya diera sus primeros pasos, pero estando su madre delante se tuvo que conformar con solo suspirar.

.

Pasaron el resto del día con su madre y padrastro, que se fueron a su casa tras la comida, quedando en verse la semana siguiente. Se despidieron de ellos y como David les había dado el día libre tras la “gran fiesta”, decidieron aprovechar la tarde a su manera.

Tras acostar a la niña para su siesta, corrieron por el pasillo sin dejar de desnudarse el uno al otro, cayendo de espaldas en la cama a la vez que sus miembros se frotaban. Hicieron el amor de una forma lenta, sin dejar de mirarse a los ojos y alcanzando el orgasmo los dos a la vez.

Una vez saciado, descansaron ellos también y solo se despertaron cuando sonó el móvil casi una hora después. Gruñendo en brazos de Tom, Bill se dio la vuelta para ver quién demonios les interrumpía en su día libre, arrugando la frente al ver de quien se trataba, más porque era el móvil de Tom.

—Es para ti—le dijo de malas maneras pasándoselo.

Tom lo cogió extrañado, más al ver que se levantaba Bill y se encerraba en el baño dando un ligero portazo. Se encogió de hombros y descolgó el móvil sin ver quien le llamaba.

— ¿Hallo?—contestó ahogando un bostezo.

— ¿Tom? Soy Vanessa—contestaron al otro lado.

—Nessa, ¿pasa algo?—preguntó Tom incorporándose.

—No puedo cuidar de Sarah mañana, mi madre me necesita—explicó Vanessa.

—No te preocupes, ya nos la apañaremos nosotros—contestó Tom—Tenemos ensayo en casa, podemos subir a Sarah y que cante los coros.

Escuchó su risa al otro lado, y no pudo resistir reír él también. Acordaron en llamarla si la necesitaban y colgó. Se levantó y tras recuperar sus bóxer que habían caído en mitad del pasillo, se los puso y fue a ver qué tal estaba Sarah. Sabía que Bill se había molestado por algo, aunque ignoraba el porqué, y también sabía que lo mejor era dejarle a solas hasta que se le hubiera pasado el enfado.

Encontró a la niña despierta y la sacó de la cuna. Bajó las escaleras con ella y le dio la merienda, momento en que un enojado Bill hizo acto de presencia.

—¿Qué quería?—preguntó Bill de malas maneras.

—Mañana no puede venir—contestó Tom sin dejar de dar la papilla a su hija.

—La necesitamos, tenemos ensayo y alguien debe cuidar de Sarah—apuntó Bill muy enfadado.

—Podemos cuidarla entre nosotros—dijo Tom quitando importancia.

—Tom, no lo entiendes. La contratamos para cuidar de Sarah cuando estuviéramos ensayando, en un concierto…y hasta nos la llevamos en las giras—estalló Bill muy nervioso—¿Es que no le gusta su trabajo? Miles de chicas matarían por estar con nosotros las 24 horas del día.

—Pero… ¿tú te oyes? Parece que estás celoso de Nessa—contestó Tom.

— ¿Celoso? ¿Yo? ¡Por favor!—rio Bill — ¿Y desde cuando la llamas Nessa?

Resopló maldiciéndose para sus adentros. Dijera lo que dijera, Bill no cambiaría de opinión. No sabía cuándo empezó a ver en Nessa una rival, le había demostrado una y otra vez que él era el dueño de su corazón, ¿o es que ya no confiaba en él?

.

Esa noche la pasaron dándose la espalda. Echados de costado sus nalgas se rozaban, pero enseguida Bill puso remedio a la situación alejándose más de Tom. Cerró los ojos y gimió frustrado a la vez que se acariciaba el estómago. La maldita niñera había estropeado un feliz día, cuando él y Tom celebraron por todo lo alto su nuevo embarazo.

Al día siguiente tenía una cita con el médico, que le confirmaría la buena nueva y le daría los consejos necesarios, aunque no siendo el papá primerizo de la otra vez ya se las sabía todas. Lo de las náuseas, que sus hormonas estaban descontroladas…. ¿qué veía cosas donde no había nada?

Se maldijo por lo bajo. Claro, de eso se trataba…su mente se empeñaba en hacerle creer que Tom le iba a ser infiel. Mordiéndose los labios, se giró de costado y alargó una mano, pasándola por la desnuda espalda de Tom de arriba abajo. Tom se giró de inmediato, abriendo los brazos para que Bill descansara en ellos sonriendo.

—Lo siento—murmuró Bill contra su pecho—No sé qué me ha dado.

—No pasa nada—dijo Tom besando su pelo.

De sobra conocía los cambios de humor que Bill experimentaría con ese nuevo embarazo, solo tenía que tener una paciencia infinita hasta que su cuerpo se regulara y volviera a ser el de antes, cuando su hija naciera y al tuvieran al fin entre sus brazos.

.

A la mañana siguiente convencieron sin mucho esfuerzo a sus compañeros para que se quedasen cuidando de la pequeña Sarah mientras ellos iban al médico.

— ¿Va todo bien?—preguntó Gustav preocupado.

—Es el estómago—explicó Bill por encima—He debido comer algo que me sintiera mal y lo tengo revuelto.

—Yo también—dijo Georg asintiendo con la cabeza—Creo que me pasé la otra noche con la tarta…

—Lo tuyo no tiene arreglo—rio Gustav dando un codazo a su compañero.

Los hermanos rieron y tras darles las gracias de nuevo les dejaron en su propio apartamento al cargo de su hija. Cogieron un taxi y 1 hora después el médico les confirmaba lo que ya sabían.

—Estás otra vez embarazado—dijo el médico arrugando la frente—¿No es un poco pronto? Sarah acaba de cumplir un año, y tú….sigues siendo menor de edad…

—Pero lo podré afrontar—cortó Bill a punto de llorar—He podido cuidar de mi hija por mí mismo y con esta será igual.

—Bill, esto es serio—dijo el médico con firmeza—Para ti es como un juego, crees que tener un hijo es lo mejor que te puede suceder, y eso es cierto…pero cuando se tiene la madurez suficiente para comprender que tus hijos están primero y no el grupo que formas con tus amigos. Ellos no tienen ninguna clase de obligación, pero tú te vas a encontrar con dos hijas antes de los 18, solo y con una gran tarea por delante.

—Me tiene a mí—intervino Tom molesto—Sabe que siempre estaré a su lado, y nuestros compañeros nos han ofrecido su apoyo y respeto.

—Y tienes la suerte de poder contar también con tu madre—dijo el médico resignado—Gracias a ella sus nietas estarán en buenas manos. Cuéntaselo cuanto antes, seguro que ella te da el consejo adecuado.

— ¿De qué consejo me está hablando?—preguntó Bill muy asustado—Si insinúa que me deshaga de mi hija,….es usted una persona muy cruel…

—Solo soy realista, Bill. ¿Y qué pasa con el padre? ¿Dará esta vez la cara y cuidará de sus hijas?—preguntó con brusquedad—Si es que es el padre de ambas, claro…

—Eso no es asunto suyo—contestó Tom por Bill al ver que se había echado a llorar—Lo que haga Bill no es asunto de nadie. Venga Bill, nos vamos, y por supuesto que cambiaremos de médico de inmediato, buscaremos a uno que no sea tan entrometido, que tenga corazón y no una fría piedra en su lugar.

Le cogió con suavidad del brazo y le ayudo a levantarse de la camilla. Cogió las cazadoras y abriendo la puerta salieron de la consulta, recorriendo la sala bajo la atenta mirada de las demás madres y padres que veían como dos adolescentes lloraban camino del ascensor.

—No ha tenido ningún derecho a hablarnos en ese tono—dijo Tom una vez dentro del ascensor—Pensar que lo mejor sería….

Dejó la frase sin terminar, le daba miedo pensar en el hecho de que su hija muriera solo para el bienestar del grupo. No, la iban a querer con toda su alma, nunca le faltaría nada, porque sería una hija muy querida y deseada.

—Calla, por favor….no me lo recuerdes—murmuró Bill recostándose contra Tom.

.

Llegaron a dudas penas al apartamento, sus compañeros se asustaron a verles a los dos muy pálidos y cancelaron el ensayo de inmediato. Tras ayudar a acostarse a Bill, Tom se despidió de ellos agradeciéndoles que se hubieran hecho cargo de Sarah y negando su ofrecimiento de quedarse con ella al verles tan bajos de ánimo.

—Otro día os cuento—dijo Tom sonriendo con esfuerzo.

Sus compañeros asintieron y se fueron del apartamento. Tom cogió a su hija en brazos y la estrechó con fuerza contra su pecho. Suspiró y subió con ella las escaleras, entrando en la habitación que compartía con Bill y tumbándola a su lado.

Nada más sentirla, Bill abrió los ojos y le dirigió una sonrisa. Estiró una mano y la entrelazó con la de su hija suspirando. Se incorporó y se la llevó al regazo, donde la acomodó para verla mejor, con Tom tumbado a su lado.

— ¿En qué piensas?—preguntó Tom tras unos silenciosos minutos.

—En que el médico llevaba parte de razón—contestó Bill suspirando—Quiero decir, que se lo tendremos que decir a mamá, y soportar su bronca también.

— ¿Tienes miedo?—preguntó Tom cogiendo su mano.

—No, contigo a mi lado—contestó Bill sonriendo.

Suspiró y de recostó contra Tom, llevando a Sarah aún en su regazo. Se quedaron en silencio toda la tarde, disfrutando de la compañía de la mayor de sus hijas, que reía ajena a la tormenta interior que se desataba en cada uno de sus padres.

Decírselo a su madre….ser juzgados por el mundo entero….todos dirían que era muy joven, que había otra salida…y que dónde diablos estaría el padre…

Nadie más que ellos y sus compañeros sabrían que el padre de las hijas del cantante de Tokio Hotel estaría siempre cuidando de sus hijas, en las sombras, sufriendo en silencio cada vez que alguien pensara que era un mal padre porque no daba la cara, porque dejaba que el joven cantante cuidara él solo de unas hijas que tanto le necesitaban….

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!