Y fueron felices 22

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 22: Somos felices

No quería separarse de su hijo, pero no pudo hacer nada para impedirlo. Se sentía exhausto, el cuerpo le dolía como si le hubieran apaleado. Dejó que Tom cogiera al hijo de ambos, sonriendo al verle acunarle en sus brazos y besar también su frente.

—Te llevaremos a una habitación y allí podrás descansar—le dijo Claudia—Cuando despiertes, te prometo que Nathan estará a tu lado.

—Y Sarah—apuntó Bill.

Tom asintió sin dejar de mecer a su hijo. Claudia sonrió y le hizo una señal a la enfermera para que cogiera al bebé. Todavía debían medirlo y pesarlo, y ponerle el pijama azul celeste que habían preparado los hermanos.

—Tom, acompaña a tu hermano—le dijo Claudia al ver que quería seguir a su hijo—Os lo devolveremos una vez limpio del todo.

Tom asintió a regañadientes. Solo había podido cogerle escasos segundos y se moría por volver a estrecharlo en sus brazos. Pero también estaba Bill, que dormitaba tras lo pasado. Salió con él del quirófano, dejando que las enfermeras llevaran la camilla mientras él le cogía con suavidad de la mano. Entraron en el ascensor y les llevaron al ala de la clínica en donde una habitación privada les esparaba.

Una vez asegurado de que Bill dormía profundamente, Tom le soltó y se vistió de nuevo con sus ropas. Encendió el móvil que apagara nada más entrar en el quirófano e hizo una llamada a pesar de ser altas horas de la madrugada.

—Mamá…ya ha nacido Nathan—contó a su madre entre lágrimas—Si, Bill está descansando ahora, todo ha salido muy bien…Ha sido por cesárea, el bebé venía de nalgas…. ¿Puedes traerte a Sarah cuando vengas? Bill la quiere tener a su lado cuando despierte…Se lo diré, un beso para ti también.

Colgó y a continuación mandó u mensaje a sus amigos, les daba la gran noticia y les pedía que tuvieran preparada a su hija para cuando fuera su madre a recogerla.

Se giró al escuchar que llamaba a la puerta y segundos después su hijo hacía acto de presencia. Dejaron la cuna en la que lo llevaban cerca de la cama en la que su padre descansaba. Tom sonrió agradecido y se asomó para ver mejor a su hijo. Era muy rubito, sin apenas cejas ni pestañas. Al igual que su hermana, cuando nació su pelo era muy clarito y en esos momentos eran tirabuzones rubios que a él le encantaba enrollar en sus dedos.

—Pasará el resto de la noche durmiendo—le explicó Jennifer en voz baja—Le dimos un sedante para que descansase. Si quieres puedes dormir un poco en el sofá o si necesitas marcharte a casa, puedes hacerlo tranquilo. Claudia me ha pedido que le venga a ver cada media hora.

—Gracias, pero no me quiero mover de su lado—contestó Tom sonriendo.

Jennifer le devolvió la sonrisa y tras indicarle donde había unas mantas y almohadas, le dejó a solas con su familia.

Acercó todo lo que pudo una butaca a la cama en la que Bill descansaba y se sentó en ella tapándose con una manta. Cogió una mano entre las suyas y se le quedó mirando, poniendo la otra en el borde de la cuna en la que plácidamente dormía su hijo pequeño.

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Se fue despertando poco a poco, arrugando la frente al sentir una punzada de dolor en su estómago. Se llevó una mano a el con cuidado, acariciando la venda que cubría los puntos que le dieron.

Sonrió con esfuerzo cuando escuchó una risa infantil que llenó la habitación. Abrió los ojos y sonrió al ver la escena. Tom estaba inclinado sobre la cuna, llevando a Sarah en brazos mientras le explicaba en voz baja que su nuevo hermanito aún dormía pero que cuando se despertara podría jugar con él.

— ¿Y qué hay de mí?—preguntó Bill sonriendo con esfuerzo.

Tom se volvió y le miró sonriendo. Se le acercó y cogiendo el mando de la cama le levantó hasta dejarle recostado, sentándose a su lado con su hija en su regazo.

— ¿Te duele algo?—preguntó preocupado.

—Solo me molestan los puntos, ¿qué tal ha pasado la noche?—preguntó Bill señalando a su hijo.

—Como un bebé—contestó Tom rompiendo a reír.

Bill le imitó, hasta que otra punzada le hizo gemir. Negó con la cabeza al ver que Tom ya separaba los labios para llamar a una enfermera. No quería pasarse el primer día de vida de su hijo dormido profundamente.

—Mamá vino a verte y nos trajo a Sarah—le empezó a explicar Tom—Aún no habías despertado y sabiendo que en estos momentos queríamos estar solos, bajó a la cafetería con Gordon. Los chicos te mandan recuerdos, y David y las chicas también, prometiendo pasarse mañana a verte si hoy no te sientes con fuerzas.

—Dame un par de horas y te lo digo—dijo Bill suspirando.

Dejó de hablar al escuchar el leve llanto de su hijo recién nacido. Tom asintió y dejando a la pequeña Sarah cómodamente sentada en una butaca, se acercó a la cuna y cogió con cuidado a su hijo, que pasó a para que se lo pusiera sobre su desnudo pecho.

Como ya hiciera cuando nació su hija, Bill se lo acercó y sabiendo lo que tenía que hacer, dejó que su hijo se alimentara de él los pocos días que le duraría. Tom miraba todo con los ojos llenos de lágrimas, hasta que un ruido le hizo desviar la mirada hacia su hija.

Corrió a su lado ahogando una maldición por lo bajo. Sarah había tirado una caja en la que había un puzle de madera para que se entretuviera. El ruido sobresaltó a su hermano, que rompió a llorar contra el pecho de su padre.

—Chris….sssss….—susurraba Bill acunando a su hijo.

Le acomodó de nuevo para que siguiera comiendo mientras observaba a Tom reñir a la niña en voz baja.

—Tom, no—le pidió—Así solo lograremos que le coja celos.

—Tiene que entender que no se puede hacer ruido mientras Nathan está comiendo, luego le da hipo—dijo Tom cogiendo a su enfurruñada hija.

Pero Sarah no quería estar en sus brazos, si no en los de su otro padre que estaba muy ocupado en esos momentos. Rompió a llorar y antes de que su hermano le imitara, Tom se la llevó fuera de la habitación, paseando con ella por el pasillo mientras trataba de calmarle en vano. Suspiró resignado. Un hijo ya era de por si “pesado”, dos….iba a extrañar mucho a Bill los primero meses de vida de Nathan, hasta que creciera un poco más y les dejara dormir una noche entera sin ningún sobresalto.

Estuvo paseando 10 minutos hasta que Sarah se calló rendida y volvió a la habitación. Bill ya había terminado de alimentarlo y le veía dormir entre sus brazos.

—Pásame a Sarah—le pidió Bill en voz baja.

Tom la dejó en el suelo mientras cogía al pequeño Nathan y le acostaba en su cuna de nuevo. Aupó a su hija y mientras le susurraba que tuviera cuidado con la tripa de su padre, la dejó en el regazo de Bill.

—Mi niña—murmuró Bill besándola el pelo.

Sarah sonrió encantada de estar por fin en sus brazos, y en ellos se durmió rendida por el llanto anterior. Tom se quedó observando con la frente arrugada. Cuando él y Tom eran pequeños se llevaban muy bien, y al parecer sus hijos no congeniaban desde el primer día que se habían visto.

Esperaba que solo ocurriera al principio, los celos típicos de una niña que había sido muy querida y que tendría que compartir el amor de sus padres con su hermano pequeño, que fue concebido de improviso. No planearon tenerlo, pero fue lo mejor que les había pasado. El y Sarah.

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—En dos días podrás irte a casa—dijo Claudia esa misma tarde.

Había ido a cambiarle la venda y ver como tenía los puntos. Le dio un calmante cuando le dijo que le molestaban y cubriéndole de nuevo con la sábana le dejó para que descansara.

— ¿Tan pronto nos podemos ir a casa?—preguntó Bill sin podérselo creer— ¿No es algo precipitado? ¿Y a Chris le pasa algo?

—Bill, tú y tu hijo estáis muy bien—le tranquilizó con paciencia Claudia—Si no, no te mandaría a casa.

—Haz caso a la doctora Bill—dijo Simone mientras acunaba a su nieto sonriendo—Sabes que me tienes a mí, puedo quedarme unos días y os echó una mano hasta que estés del todo recuperado.

Bill asintió acomodándose de nuevo en la cama. Cerró los ojos con cansancio y se quedó dormitando por el efecto del calmante, sin ver como Claudia pedía a Tom que le acompañara al pasillo.

—Está bien, ¿verdad?—preguntó Tom una vez a solas.

—Sí, pero me preocupa más lo que le pueda pasar ahora. Según leí en su historial, tuvo una depresión post parto tras Sarah, y si a eso le añades lo triste que se quedó tras lo de Hannah…vigílale bien estos días, a la señal más mínima me llamas y le pongo un tratamiento.

Tom asintió y entró de nuevo en la habitación. Bill ya dormía y su madre acostaba a Nathan en su cuna.

—Me llevo a Sarah para que pueda dormir Bill—dijo Simone a su hijo en voz baja—Estaremos en el apartamento.

—Usad nuestra habitación—ofreció Tom, sabiendo que los chicos también estaban allí—Y avisad a Emily, que se quede con Sarah para que podáis descansar.

Simone asintió y le hizo una señal a su marido, que descansaba en una butaca con el sueño pegado a la cara. Desde que Tom les llamara a eso de las 4 de la madrugada, se habían metido en el coche y conducido 5 horas sin parar hasta llegar. Cogió la bolsa de la pequeña Sarah, con los juguetes que metieron en ella para que no molestara y se fueron al apartamento.

Tom se sentó de nuevo a velar el sueño de Bill, bostezando y sin poder evitar quedarse dormido él también.

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Al día siguiente recibieron las visitas del productor y sus amigos. David les felicitó de todo corazón y les enseñó el periódico que les llevaba.

—Se han enterado con un día de retraso, pero ya me han estado dando la lata—les explicó, refiriéndose a los periodistas—Silke redactó una nota de prensa y hoy sale publicada.

Tom cogió el periódico que le tendía y lo leyó desde la cama Bill, en la que estaba sentado a su lado.

“El cantante de Tokio Hotel dio a luz un hermoso niño al que han puesto los nombres de Nathan Christopher. El parto de produjo de madrugada por cesárea y se encuentran bien tanto el padre como el bebé, que pesó al nacer 3 kg 700 grs y midió 52 cms”

—Ya me los veo asediando la puerta de la clínica—suspiró Tom doblando el periódico.

—Todos esperan vernos salir para tomar la mejor foto, y se lo debemos a las fans—dijo Bill con calma—Hemos tenido que posponer la gira y ahora la promoción del disco la haréis sin mí.

—Bill, Nathan es clavado a ti—interrumpió Silke con el niño en sus brazos.

—Algo ha sacado mío—dijo Tom guiñándole un ojo a Bill.

Bill puso los suyos en blanco pero no pudo evitar echarse a reír, más al ver como Silke se sonrojaba por haber sacado el tema de los parecidos.

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Pasaron dos días más y cuando recibió el alta se vistió con ayuda de Tom, mientras dejaba que su madre vistiera a Nathan con un pequeño chándal blanco con ositos bordados que le había regalado Emily cuando le fue a ver la tarde anterior. Habían acordado con ella que se quedaría también unos días en el apartamento para que se encargara de Sarah mientras que su madre le ayudaba con Nathan.

Los chicos se habían mudado de regreso a su propio apartamento, cediendo sus habitaciones a los improvisados invitados, dejando Georg la suya a Emily con una sonrisa boba en los labios.

Tras sacarse el pelo por el cuello de la cazadora que llevaba, Bill envolvió en una mantilla a su hijo y el cogió con suavidad en sus brazos. Tom llevó de su mano a la pequeña Sarah y mientras que sus padres salían directamente por el parking dejando que la prensa hiciera las dichosas fotos, caminó con Bill hacia la salida del hospital.

Por el pasillo se despidieron de Jennifer y Claudia, agradeciéndolas de todo corazón las molestias causadas. Salieron a la calle y fueron recibidos por una lluvia de flashes. A lo lejos vieron a David tratando de poner paz, y negando cuando le preguntaron si Bill podía conceder alguna entrevista.

—Me temo que en estos momentos es más importante la salud de Bill Kaulitz que saber cuáles serán sus primeras palabras acerca de lo que sintió cuando cogió por primera vez a su hijo en brazos.

Así de rotundo se negó David y los chicos sonrieron satisfechos. Solo querían irse al apartamento y disfrutar de la vida que les esperaba a partir de entonces, viendo como sus hijos crecían a su lado, y recibiendo con una sonrisa los que quisieran venir en un futuro algo más alejado.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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