Fic M-preg de lyra. Temporada III
Capítulo 3: Abandonados a su suerte
Pasaron una larga semana sin lograr levantar cabeza ninguno de los dos. David, al verlos en ese estado, les dio unos días libre pensando que quizás la pequeña Sarah les había contagiado el resfriado que ella tenía. Los hermanos se lo agradecieron, necesitaban unos días para ellos solos, poder pensar con calma como iban a comunicarle a su madre que iba a tener una nueva nieta.
Sus amigos presentían que algo pasaba entre ellos, y les apoyaban en silencio. Pasaban todas las tardes a verlos, haciéndose cargo de la niña que les sonreía nada más verlos. Cuidaban de Sarah mientras que los dos hermanos se encerraban en su habitación y discutían en voz baja.
—Bill, debemos decirlo ya—susurraba Tom cruzado de brazos—No podemos esperar como la otra vez, decirlo solo porque ya se te notaba y era imposible negar la verdad.
—Lo sé, solo que…aún es pronto—dijo Bill suspirando.
Estaba recostado en la cama con los ojos cerrados. Esa mañana la había pasado de rodillas en el baño, incorporado sobre la taza del inodoro donde vaciaba su ya vacío estómago, pensando si iba bien su embarazo y eso era normal.
—Mamá nos puede ayudar, ya nos consiguió una buena niñera y fijo que sabe de un buen médico para que te vea—dijo Tom como si le leyera el pensamiento.
Asintió girándose de costado, llevándose ambas manos a su revuelto estómago donde su hija crecía día a día. Ya había pasado un mes desde que descubriera que estaba embarazado otra vez, y el tiempo se le agotaba. Tenía que dejarlo todo dispuesto, dar los conciertos previstos, no dar nuevas fechas sabiendo que algo podía pasar y las tendría que cancelar.
Cuando el embarazo estuviera más avanzado, no quería que le pasara como el anterior desmayándose en mitad del escenario porque su hija estaba mal y él la ignoraba.
— ¿Entonces?—preguntó Tom sentándose en la cama.
—Hablaré con ella cuanto antes, por el bien de Hannah—dijo Bill incorporándose.
— ¿Hannah?—repitió Tom alzando una ceja.
— ¿No te gusta? Se me ocurrió anoche—explicó Bill.
—Sarah y Hannah…me gusta cómo suena—contestó Tom sonriendo.
—Y a mí escucharlo salir de tus labios—dijo Bill acercándosele.
Tom le vio las intenciones y se inclinó en su dirección, uniendo sus labios a los suyos, haciéndole recostarse con él encima, besándose profundamente ajenos a lo que les rodeaba….
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Mientras los hermanos se besaban encerrados en su habitación, los muchachos trataban de dar de merendar a la pequeña Sarah, que tenía más papilla en su pijama que en su estómago.
—Como Bill la vea, la mete directa en la lavadora—rio Georg.
—Todo es culpa tuya—contestó Gustav—Si no la distrajeras mientras la doy de comer, nada de esto hubiera pasado.
—Ahora va a ser culpa mía que las chicas no se te den bien—rio Georg de nuevo.
Estaba a punto de replicarle cuando sonó el timbre de la puerta y le vio echar a correr a abrirla.
—Adelante, llegas en un buen momento—le escuchó saludar.
Desvió la mirada de una pringosa Sarah y sonrió al ver a Andreas apoyarse en el marco de la puerta.
— ¿La estás dando de comer, o eso es lo que parece?—bromeó Andreas.
—Otro igual…esto no es fácil, seguro que tú lo haces igual de mal que yo—se defendió Gustav ofreciéndole la cuchara.
—Otro día, ¿vale?—declinó Andreas su invitación— ¿Dónde están? Tengo que hablar con ellos.
—Arriba, descansando—explicó Georg como si nada.
—Subo a verlos—dijo Andreas poniéndose en movimiento.
—Ya que subes, baja un pijama limpio…y un pañal de paso—gritó Gustav arrugando la nariz.
Andreas sonrió al escucharlo, se alegraba de no ser él el encargado de cambiar el pañal. Llegó a la habitación de su amigo y dada su amistad entró sin llamar.
—Bill, mejor baja antes de que…—comenzó a decir.
Dejó la frase sin terminar, observando con la boca abierta lo que estaba pasando. Sus dos mejores amigos, acostados en la cama, besándose apasionadamente…
—Perdón—murmuró con un hilo de voz dando un paso atrás.
—¡Andreas! Espera—llamó Tom al verle retroceder.
Pero su amigo solo negó con la cabeza y huyó escaleras abajo, jadeando por el camino aún sin recuperarse de lo que acababa de ser testigo, aún sin entender muy bien lo que pasaba entre sus dos amigos….
—Tenemos que hablar con él…explicárselo—decía Bill mientras se levantaba con esfuerzo de la cama.
Tom le ayudó y una vez en pie salieron llamando a su amigo por el pasillo.
—¡Andreas! Espera…
— ¿Qué pasa?—preguntó Gustav asomándose con la pequeña Sarah en brazos.
Pero eso es un error. Andreas se paró de golpe al ver a su sobrina, ahogando un gemido cuando una loca idea le pasa por la cabeza. Entrecerró los ojos, fijándose más en los de la niña, en la sonrisa que se dibujaba en sus labios….
Ya había visto antes esos ojos, esa sonrisa…
Se giró mirando a sus amigos, que se habían quedado a escasos metros, observándole en silencio con una mano en el pecho.
— ¿Es….es tuya?—preguntó a Tom con miedo.
Tom solo pudo asentir en silencio, viendo con horror como cambiaba el gesto de su amigo a una mueca de terror.
—Estáis locos, ¡los dos!—gritó Andreas sin poder contenerse.
—Andreas. Esto no es lo que parece—intervino Georg.
—Solo hay una sola opción….y vosotros… ¿ya lo sabíais?—preguntó, conociendo de antemano la respuesta.
Les vio asentir con la cabeza, sintiendo como le crecía la furia en su interior.
—Andreas, entiéndelo, por favor—suplicó Bill extendiendo una mano.
— ¡No me toques! ¿Qué tengo que entender? Os habéis acostado, siendo hermanos—gritó ya histérico— ¿Por qué?
—Porque nos amamos—respondió Tom con simpleza.
No podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Negó con la cabeza y sin mirar a sus amigos, salió del apartamento sin molestarse en cerrar la puerta. Los hermanos se asomaron a ella, viendo como el mejor amigo que tenían desde su más tierna infancia les daba la espalda.
No pudiendo hacer nada por sus compañeros, Georg y Gustav se despidieron de ellos, tratando de consolarles en vano. Los hermanos se lo agradecieron y cogiendo a su hija en brazos se despidieron hasta la tarde siguiente.
Sabiendo que lo que necesitaban en esos momentos era tener la mente ocupada y no preocuparse, sobre todo el joven cantante en su estado, decidieron limpiar a su hija del desastre que había tenido lugar en la cocina. La subieron a su habitación y la acostaron en su cama mientras la desnudaban.
—Pero…. ¿qué te han hecho, Sarah?—intentó bromear Tom al ver lo manchada que estaba su hija.
Pero no logró el efecto buscado. Bill rompió a llorar a su lado y abandonó la habitación dejando a su hija al cuidado de Tom, que limpió y cambió de ropa mordiéndose los labios. Una vez terminado, la llevó y acostó en su cuna, bajando a la cocina en donde encontró a Bill recogiendo el plato de la papilla.
—Bill, ya verás cómo cambia de opinión con el tiempo—le consoló abrazándole por la espalda.
—No, no lo hará—negó Bill con firmeza— ¿Has visto como nos ha mirado? Con odio…y asco….
—Solo está asustado, le hemos cogido de improvisto—dijo Tom abrazándolo con más fuerza.
—Es una muestra de lo que pasará si el mundo se entera de que Sarah es tuya…y peor sería con mamá—susurró Bill volviendo a romper a llorar.
Tom le hizo girar y que se recostara y llorara en su pecho, pasándole las manos por la espalda mientras le besaba en la húmeda mejilla. Tenía la certeza que su amigo recapacitaría y vería lo equivocado que estaba, al juzgarles de esa manera.
Se amaban, y no podían hacer nada por impedirlo. ¿Tanto costaba admitirlo?
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Estuvieron sin noticias suyas tres días, hasta que recibieron un mensaje en el móvil de Bill, que leyó mordiéndose los labios.
—Dice que sigue sin comprenderlo, que no le llamemos y que no nos preocupemos. Nuestro secreto estará a salvo, no quiere que nadie más pase por lo que él está pasando—leyó el mensaje a Tom.
—Idiota—murmuró Tom abrazando a Bill.
Bill solo pudo suspirar recostándose en su pecho. Se encontraban ya en la cama, a pesar de ser solo las 9 de la noche. El día había sido muy largo, David les había conseguido una sesión de fotos con su entrevista y se habían pasado todo el día fuera de casa, con su consecuencia: estar lejos de su hija un día entero.
Habían recurrido a Vanessa, que se quedó encantada con la pequeña Sarah. Mientras Bill la observaba como hablaba con Tom, no pudiendo evitar sentir celos ante esa escena. Su propia hija en brazos de una extraña que miraba y sonreía embobada a su hermano, como si formaran una feliz familia de al que él no era parte.
Pasó el día encerrado en sí mismo, posando al lado de Tom, procurando no salir de perfil en ninguna de las fotos por si ya se le notaba algo. Y esa noche tras bañar y dar de cenar a su hija, descansaba al fin en brazos de Tom, tras leer el mensaje de “despedida” de su amigo.
Pero no podía cerrar los ojos. Había quedado en que al día siguiente hablarían con su madre y luego con sus compañeros. Ya estaba de 3 meses y aún no había ido a un reconocimiento médico por miedo, de que le dijera que estaba en un error y le mejor sería deshacerse del bebé en esos momentos.
Pasaron la noche despiertos, en silencio. Solo escuchando sus respiraciones y algún sollozo incontrolado. Al día siguiente dejaron con pesar a su hija en manos de Vanessa y sus compañeros, que aceptaron de inmediato cuando se lo propusieron, más que nada por no dejar a la niñera a solas en el apartamento, que hacía la vez de estudio de grabación.
—Lleváis unos días actuando muy raros, como si hubiera un gran secreto—dijo Gustav cuando fueron al apartamento.
Los dos hermanos se miraron sonriendo. No podían ocultar por más tiempo su felicidad y decidieron decírselo a ellos primero.
—Queríamos que mamá fuera la primera en saberlo, pero ya que estamos así…—empezó a decir Tom.
Gustav y Georg les miraron animándole a seguir, pero vieron como Bill se acariciaba el estómago con suavidad y rompieron a aplaudir y a reír.
— ¡Bill! Esto es magnífico—dijo Gustav corriendo a abrazarle.
Georg se apresuró a imitarle, hasta que Tom les separó de su hermano como si temiera que le fueran a romper en dos.
— ¿Y de cuánto estás?—preguntó más calmado Gustav.
—Casi de 3 meses—contestó Bill muy emocionado.
—Lo teníais muy bien guardado—dijo Georg guiñándoles un ojo.
—Ahora se lo vamos a decir a mamá—explicó Tom—No queremos que nadie se entere de momento, hablaremos con David a la vuelta y así vamos programando la agenda.
—Habrá que dar menos conciertos y centrarnos solo en pequeñas actuaciones—dijo Gustav frunciendo el ceño.
— ¿Os molesta?—preguntó Bill con miedo.
—Para nada, no queremos que nada malo te pase a ti o al bebé—se apresuró a rectificar.
—Va a ser otra niña—informó Tom.
— ¿Ya os lo han dicho? ¿No es algo pronto para saberlo?—preguntó Georg.
—Es una corazonada nuestra, Bill presintió que íbamos a tener una niña y Sarah fue el resultado—dijo Tom riendo.
— ¿Y cómo la vais a llamar?—preguntaron a la vez Georg y Gustav.
—Hannah—contestó Bill en voz baja.
Los chicos asintieron conformes con el nombre, y prometieron guardar su secreto. En ese momento llegó Vanessa y mientras que Tom y Georg la ayudaban con la pequeña Sarah, Bill terminaba de arreglarse bajo la atenta mirada del batería.
— ¿Ocurre algo?—preguntó incómodo.
— ¿Has tenido noticias de Andreas?—preguntó Gustav yendo directo al grano.
—Anoche, me mandó un mensaje. Sigue en sus treces, me temo que lo hemos perdido para siempre—confesó a punto de llorar.
—Ya verás que con el tiempo lo acaba comprendiendo, cuando nazca Hannah se le pasa—le trató de consolar Gustav.
Solo pudo asentir en silencio mientras se ajustaba la cazadora a su ya abultada barriga. Se le estaba empezando a notar, más que cuando Sarah. Y eso le hizo pensar en que si esa vez serían gemelos…. ¿dos hijas al mismo tiempo?
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Llegaron a casa de su madre a la hora de la comida, como cuando fueron a decirla que Sarah ya estaba de camino. Simone recibió a sus hijos, algo desilusionada porque su nieta no había viajado con ellos.
—Tenía ganas de verla, llevo por lo menos dos semanas sin verla—se quejó Simone haciendo un puchero.
—Mamá, venimos a hablar—dijo Bill con firmeza.
Entraron en el salón, donde su padrastro veía al tele, que cortó de inmediato al verlos tan serio. Se sentaron en el mismo sofá que la vez anterior y de nuevo fue Tom quien dio la noticia.
—Mamá, ha sucedido de nuevo. Bill espera otra hija—explicó Tom.
Pudo sentir como su madre le traspasaba con la mirada, lo que le hizo encogerse en el sofá llevándose las manos a su estómago, como si temiera que con una sola mirada le arrebatara a esa hija que aún estaba en su interior.
—La verdad, me lo esperaba—dijo Simone con calma.
—¿Te lo esperabas?—repitió Bill sus palabras.
—Nunca quise decir nada, pero me extrañaba que hubieras escogido una gran cama para tu habitación del apartamento—comenzó a explicar Simone—Ya empecé a sospechar que seguías manteniendo contacto con el padre de Sarah, y ya veo que ha sido un contacto muy….íntimo…
— ¡Mamá!—protestó Tom.
— ¿Y tú que hacías mientras?—preguntó dirigiéndose a él—Cuidar de tu sobrina mientras tu hermano y ese chico se acostaban… ¡qué suerte que pueda contar contigo para todo! ¿Y dónde está él en estos momentos? ¿Por qué no viene y da la cara de una vez?
— ¡Simone!—casi gritó Gordon.
Sabía que un día u otro su mujer iba a estallar, llevaba tiempo logrando que se controlara delante de sus hijos, pero tras la noticia del pequeño dio rienda suelta a toda la ira guardada. Creía que lo hacía por su bien, y él estaba de acuerdo con ella en que el padre de Sarah debería dar algún día la cara, a pesar de que a su hijastro parecía no importarle tener que cuidar de su hija él solo el esto de su vida, con la ayuda de su hermano, claro.
—Mamá, yo…—empezó a decir Tom.
Pero se calló, sintió como Bill se ponía tenso a su lado y se mordió los labios para no decir lo que tanto le estaba costando mantener en secreto. Quería gritar bien alto que él era el padre de Sarah, y que había estado al lado de Bill desde el primer día que supo que estaba embarazado.
—Solo hemos venido a pedirte ayuda—dijo Bill tratando de mantener la calma—Necesito un nuevo médico, el otro me ha sugerido que abortara pero viendo lo que piensas, tal vez me he equivocado acudiendo a ti.
Y tras decir esas duras palabras, se puso en pie y salió de la casa. Por el camino se limpió las lágrimas que le bajaban por las mejillas. Estaba muy dolido con su madre, nunca llegó a pensar que le daría la espalda cuando más la necesitaba.
Esperó en la calle hasta que un minuto después Tom se reunió con él y cogiéndole fuerte del brazo echaron a andar calle abajo.
—Le he dicho que era muy cruel por decir esas cosas, y que nuestra puerta siempre estará abierta para cuando vaya a ver a sus nietas, pero que te debe una disculpa primero—explicó Tom por el camino.
Asintió en silencio, en esos momentos no podía abrir la boca sin que se le escapara un sollozo. Estaban solos de nuevo, no sabían a quién podían recurrir en busca de ayuda. Su última opción era pedírselo a una de las chicas, Silke o Dunja sabría aconsejarles mejor en lugar de su madre, y eso fue lo que decidieron.
De regreso al apartamento, pasaron por la discográfica y se reunieron con ellas y David, para darles la ya no tan buena noticia y pedirles consejo. Su respuesta fue la que ellos buscaban, enseguida se pusieron manos a la obra y le concertaron una cita al cantante con una doctora amiga de Dunja.
—Es la mejor en el tema—le explicó con una sonrisa—Además su clínica es muy discreta.
—Tras tantos problemas, me gustaría retrasar la noticia—murmuró Bill.
—Al paso que vas, serán solo un par de meses—dijo Silke.
Todas las miradas se dirigieron a su tripa. El cantante también se la miró, sabiendo que todos pensaban que tal vez tendría gemelos en esa ocasión.
Continúa…
Gracias por la visita.