Y fueron felices 5

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 5: Sin vuelta atrás

— ¿Claudia?—llamó Bill con un hilo de voz.

Miraba la pantalla del ecógrafo con mucho miedo, solo veía sombras negras que representaba a su hija, pero nada más. Ni escuchaba el latido de su corazón ni Claudia le contestaba, aunque no quería que lo hiciera si lo que le iba a decir era…

—Bill, lo siento mucho….—comenzó a decir Claudia.

— ¡No!—cortó Bill negando con la cabeza.

— ¿Qué pasa?—preguntó Tom con voz temblorosa.

—Me temo que no escucho el corazón de Hannah, ni detecto ningún movimiento suyo—explicó Claudia dejando la sonda en su sitio.

—Tendrás mal el aparato—estalló Bill entre lágrimas señalando la pantalla—Busca de nuevo, está ahí, mírala.

Pero Claudia solo negó con la cabeza y apagó el monitor. Se levantó y se acercó a su joven paciente que no dejaba de llorar y negar con la cabeza.

—Bill—le llamó con suavidad—Suele pasar, es normal.

—Nooo….—sollozó Bill escondiendo la cara entre sus manos.

— ¿Por qué? ¿Hemos hecho algo mal?—preguntó Tom entre lágrimas cogiendo su mano.

—No, nada de eso—les consoló Claudia.

Esperó en silencio viendo como los dos hermanos lloraban y se abrazaban, mordiéndose los labios al verse impotente. No podía hacer ya nada por Hannah, solo ver como su padre estaba roto de dolor tras saber que ya no la iba a tener en sus brazos.

Pasados unos minutos, carraspeó y se acercó a la pared. Descolgó el teléfono y procuró hablar lo más bajo que podía.

—Jennifer, prepara el quirófano y una habitación—le explicó a su ayudante—Necesito provocar un parto y…

— ¿Qué?—preguntó Tom cortándola.

—Tenlo todo preparado, por favor—pidió a su asistente antes de colgar.

Se giró y miró con mucha pena a su joven paciente. Lo normal en esos casos era provocar el parto al estar tan avanzado el embarazo, y dudaba que pudiera soportarlo.

—Bill, debo provocar el parto, así solo….

— ¿Es necesario que pase por eso?—cortó Tom de nuevo.

—Me temo que sí, dado su avanzado estado no hay otra salida—le explicó tratando de mantener la calma.

Quería contarle a su paciente por lo que iba a pasar, pero no podría si su hermano la interrumpía cada dos por tres. Sabía que estaban muy unidos y solo se preocupaba por él, pero en esos momentos no le estaba haciendo ningún bien.

—En unos minutos te vendrán a buscar y te llevarán a una habitación en donde te administraré una medicación que te provocará el parto. Cuando las contracciones sean más seguidas, pasarás al quirófano y en el…

No hacía falta que le dijera lo que iba a suceder después. Se quedó en silencio, dándoles la oportunidad de que le preguntaran alguna duda, pero la puerta de la sala se abrió a los pocos minutos y se tuvieron que poner en marcha. Entre dos enfermeros pasaron al joven cantante a una camilla, sin que dejara de llorar en ningún momento. Se lo llevaron por un largo pasillo, Tom se quedó donde estaba. Claudia le dijo que esperara y que ya iría a su lado cuando le prepararan. En la lejanía podía escuchar los sollozos de Bill, quien encogido en la camilla se agarraba con fuerza el vientre y negaba y lloraba.

—Tom, llama a vuestra madre—dijo Claudia sacándole de sus pensamientos.

— ¿Qué?—preguntó Tom pestañeando.

—La va a necesitar a su lado—explicó Claudia.

Tom asintió y salió de la sala. Claudia le señaló el teléfono de su despacho y se quedó a su lado por si necesitaba hablar con la madre de su joven paciente, explicarle ella misma la situación por ser la doctora que le trataba o porque se derrumbara el otro hermano.

Marcó el número de la casa de su madre con temblorosos dedos, tragándose las lágrimas que bajaban por sus mejillas sin poder remediarlo.

—Mamá—sollozó cuando descolgaron.

— ¿Tom? ¿Eres tú?—preguntó Simone al no reconocer su voz.

—Mamá, ven por favor—pidió entre lágrimas—Bill te necesita a su lado.

— ¿Bill? ¿Qué ha pasado?—preguntó Simone asustada.

Pero Tom no pudo contestarla, solo ponerse a llorar más alto. Le tendió el teléfono a Claudia, que lo cogió de inmediato y tras carraspear habló con voz seria.

—Señora Kaulitz, soy la doctora Richardson, y llevo el caso de su hijo—se presentó primero—Esta mañana le hemos hecho una ecografía rutinaria, comprobando con pesar que ha perdido el bebé que esperaba.

Hizo una pausa al escuchar el sollozo ahogado que se le escapó a Simone. Cogió aire y tras contar hasta 10 volvió con su explicación.

—Debido a su avanzado estado, tenemos que provocarle el parto para extraer el feto. En estos momentos le están preparando, estas cosas no transcurren en un tiempo concreto, pero Bill la necesitará a su lado y lo mejor sería que viniera cuanto antes.

—Ahora mismo me pongo en marcha—logró decir Simone entre lágrimas.

—La esperaremos—se despidió Claudia tras explicarle como llegar a la clínica.

Colgó el teléfono y se apresuró a coger un pañuelo de papel que tendió al chico que lloraba a su espalda.

—Vendrá enseguida—le explicó sin necesidad—Ahora puedes ir con tu hermano.

Tom asintió con la cabeza y la siguió por el pasillo. Claudia le llevó al ala de la clínica reservada para los partos y entraron en la habitación que le habían preparado a Bill. Nada más entrar por la puerta, Tom corrió a su lado. Echado de costado, se abrazaba el cuerpo con la mirada perdida. Ya no lloraba, solo emitía débiles sollozos por lo bajo.

—Le hemos administrado ya la medicación, solo hay que esperar—explicó Jennifer dirigiéndose más a Claudia.

—Gracias, les dejaremos a solas y vendremos a comprobar que tal está cada media hora exacta—dijo Claudia.

Viendo que no podía hacer más por ellos, salieron de la habitación y cada una se dirigió a su puesto. Al verse a solas, Tom se abrazó a Bill y le besó con suavidad en los labios, comprobando con temor que no le respondía al beso.

— ¿Bill?—llamó en voz baja.

Pero Bill no levantaba cabeza. Su mirada seguía perdida en la lejanía, como si pudiera ver a esa hija que se le escapaba de las manos sin poder hacer nada para evitarlo.

—He tenido que avisar a mamá—explicó Tom sentándose en el borde de la cama—Estará aquí en unas horas.

Le cogió con fuerza una mano y con la otra le acariciaba la espalda sobre el blanco camisón de hospital que llevaba. Pero Bill no reaccionaba, ni siquiera suspiraba.

Cada media hora como ya les dijo Claudia, entraba una enfermera que comprobaba los signos vitales del paciente. No hizo falta esperar mucho, la medicación hizo su efecto inmediato y pronto comenzaron las contracciones. Ahí fue cuando Bill reaccionó. Arrugaba la frente con dolor cuando una punzada le partía en dos. A su lado en todo momento, Tom le apretaba la mano y el pedía en voz baja que respirara.

—Esto ya está—anunció Claudia unos minutos más tarde—Has dilatado y te llevaremos al quirófano.

—Quiero estar a su lado—dijo Tom con firmeza.

Claudia se iba a negar, pero recordando lo unido que estaban los dos hermanos y viendo que la madre aún no había llegado, tuvo que ceder. Mientras que unos enfermeros se llevaban a Bill, Claudia le pidió que se cambiara de ropa. Le llevó a una sala y el entregó una especie de pijama azul de hospital. Tom lo cogió y se lo puso de inmediato. También le dio una mascarilla y un gorro de plástico bajo el que metió sus largas rastas. Una vez preparado, Claudia le guio al quirófano. Ella también iba vestida como él.

—Quédate tras tu hermano—le pidió cuando entraron.

Tom la obedeció. Se sentó en el taburete que le acercaron, acariciando la sudada frente de Bill que se arrugaba concentrada.

—Estoy a tu lado—susurró bien cerca de él.

Cogió una gasa que le tendieron y le secó el sudor. Le vio cerrar los ojos cuando la contracción pasó y solo entonces se dedicó a estudiar el quirófano. La camilla estaba en medio de el. Bill estaba tumbado en ella con las piernas en alto. Una sábana puesta a modo de cortina le impedían verle las rodillas. En un rincón había una incubadora, ya innecesaria en su caso.

—Doctora, cuando quiera—dijo Jennifer ayudándola a atarse al bata.

Claudia asintió tras su mascarilla y terminó de secarse las manos que previamente se había desinfectado y lavado. Se puso unos guantes de látex y tras echar una breve mirada a su paciente se sentó delate de él entre sus alzadas piernas. A los pocos minutos el quirófano se llenó de los jadeos del cantante, que incorporado con la ayuda de su hermano trataba de sacar de su cuerpo la hija que ya nunca abrazaría.

Cuando sentía que las fuerzas le fallaban y no podía más, se dejaba caer con pesadez en las almohadas, jadeando por el esfuerzo sin dejar de sollozar en ningún momento. Enfrente de él, Claudia le pedía que empujara cuando llegaba una nueva contracción y que descansara cuando se pasaba.

—Vamos Bill, un último empujón—pidió con voz clara.

Bill asintió y ayudándose de nuevo en Tom se incorporó en la camilla y empujó con todas su fuerzas, rompiendo a llorar cuando sintió como salía del todo su pequeña. Se dejó acostar por Tom cansado por el esfuerzo sin dejar de llorar en ningún momento, pensando que si fueran otras circunstancia sería el llanto de su hija el que se estuviera escuchando y no el suyo tan amargo.

— ¿Puedo verla?—pidió entre lágrimas.

Claudia le miró llevando el cuerpo sin vida de su hija en brazos y negó con la cabeza.

—No te hagas esto—le pidió.

—Quiero despedirme de ella—susurró.

—Bill—llamó Tom con suavidad.

—Estás muy cansado—dijo Claudia pasando el bebé a Jennifer—Ahora te daré algo para que duermas y recuperes las fuerzas.

Se le acercó por su derecha y cogiendo al vía que llevaba puesta inyectó una sustancia con la que dormiría el resto del día.

—Tom, espera fuera mientras terminamos—le pidió al otro hermano cuando vio que su paciente caía en un profundo sueño—Podrás verle cuando le llevemos de vuelta a la habitación.

Tom asintió y se inclinó para besar en la mejilla a Bill, sintiéndola salada de todas las lágrimas derramadas. Salió del quirófano y dejó que se encargaran de él.

Se vistió con la ropa que llevaba y cuando iba a reunirse con Bill de nuevo, llegó su llorosa madre a la que se le abrazó de inmediato.

—Ya no está—logró sollozar.

—Mi niña—lloró Simone abrazando a su hijo.

Tras ella Gordon también lloraba sin poder evitarlo. Cuando Claudia les hizo una señal, entraron en la habitación en la que el cantante dormitaba bajo los efectos del sedante. Se quedaron media hora, pero en vista de que no despertaría hasta más tarde Simone mandó a su hijo mayor de vuelta al apartamento, alguien debía contarle a Sarah que no vería a su padre en un par de días.

—Yo me quedo con él, esté en buenas manos—dijo Simone.

Tom asintió a regañadientes. No quería separarse de Bill, tenía miedo de hacerlo y perderle a él también. Se puso la sudadera y antes de salir de la habitación, su madre le llamó.

— ¿Si?—preguntó girándose.

—Tom, lo siento mucho—confesó su madre—Siento haberos dado la espalda cuando más lo necesitabais.

—Eso díselo a Bill, se merece escucharlo de tus labios—dijo Tom con voz temblorosa.

Salió de la habitación y una vez en la calle llamó a un taxi para que le llevase al apartamento, deseando llegar cuanto antes ya estrechar a su hija con fuerza en sus brazos.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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