Y fueron felices 7

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 7: Todo terminó

Los días siguientes fueron los más extraños que vivió Tom. Armándose de paciencia infinita, dejó en manos de su madre el cuidado de su hija mientras que él trataba por todos los medios ayudar en lo posible a Bill. Pero no estaba solo en esa tarea, contaba con la inestimable ayuda de Andreas, pero a la vez molesta. Cuando se encontraban a solas en casa y podía hablar con Bill con libertad, Andreas se presentaba y le chafaba el plan. Solo podía mantenerse al margen, viendo como cambiaba la actitud de Bill, llegando incluso a sonreír por una de las bromas de su amigo. Entonces los dejaba a solas, aunque dudaba de que Bill se percatase de que había abandonado la habitación.

Subía las escaleras y se metía en la habitación de Bill, sentándose en la cama y mirando la cuna vacía en esos momentos. Solo entonces daba rienda suelta a sus lágrimas, él también echaba mucho de menos a Hannah, no la llevó dentro pero se sentía vacío sin ella.

Aferrado a un peluche de Sarah lloraba pensando, o más bien rezando, que las cosas volvieran a ser como eran antes cuando regresaran al apartamento los tres solos, y puede que entonces y pasado un tiempo lo intentaran de nuevo…aunque lo dudaba…

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—Tom, ¿has visto el osito azul de Sarah?—preguntó Bill entrando en su habitación.

Tom le miró desde la cama y sonrió. Bill llevaba en brazos a su hija, había pasado una semana desde su discusión, y al fin se le veía reaccionar a las risas y carantoñas que Sarah le hacía cada vez que la cogía y abrazaba. Poco a poco se iba recuperando, volviéndose a acordar de su hija que tanto la necesitaba.

Pero al parecer, de él se había olvidado, o más bien distanciado. No le dejaba tocarle, ni siquiera estando a solas.

— ¿Has buscado bien por la casa?—preguntó Tom suspirando.

—Claro, por eso te pegunto por el—contestó Bill con calma— ¿No se habrá quedado en el apartamento?

—Puede, cuando hice el equipaje de los tres no me fijé bien en lo que metía—dijo Tom recordando con dolor.

— ¿Podías ir a por el?—pidió Bill mientras cogía mejor a su hija—Y de paso coges algo más de ropa, la que tenemos se le está quedando pequeña y en el último cajón de su cómoda está la que le compramos nueva.

Se incorporó en la cama pensativo. ¿Eso quería decir que iban a pasar más tiempo en la casa de sus padres? Tenía miedo de preguntarlo, más de su reacción, pero no le quedaba otro remedio.

—Bill, ¿no vamos a volver al apartamento?—preguntó en voz baja.

—Yo…creo que no, no me siento aún con fuerzas—contestó Bill de la misma manera—Ahora que Sarah ya camina hay que estar más pendiente de ella, y mamá me pude ayudar.

—Yo también puedo—replicó Tom tratando de mantener la calma.

—Tom, no empieces—pidió Bill poniéndose tenso.

— ¿Qué no empiece qué?—preguntó Tom saltando sin poder evitarlo.

—Eso, a discutir solo porque me niego a que me toques—respondió Bill a punto de llorar—Quieres volver al apartamento para poder estar conmigo por las noches, pero es muy pronto y no lo entiendes.

—Lo entiendo, créeme—dijo Tom levantándose de la cama—No quiero aprovecharme de ti, solo tratar de darte consuelo. Me siento impotente viéndote sufrir, escuchándote llorar por las noches y no poder hacer nada.

Le vio dar un paso, pero no retrocedió. Permitió que el abrazara, con su hija entre los dos a la que suavemente besó.

—Bill, te echo mucho de menos—susurró Tom contra su pelo.

—Y yo a ti…pero, dame más tiempo—suplicó Bill cerrando los ojos.

Se separó con esfuerzo. Asintió y cogió la sudadera que dejó colgada de una silla y el móvil y la cartera.

— ¿A dónde vas?—preguntó Bill con curiosidad.

—A por lo que me has pedido—contestó Tom sin mirarle—Querías tiempo, y te lo voy a dar.

Salió de su habitación con paso decidido, sin echar la mirada atrás, sin ver como desde la puerta su hija comenzaba a llorar en brazos de Bill, que se apresuró a consolarla. Era como si Sarah presagiara que entre sus padres las cosas iban realmente mal.

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Llegó al apartamento al cabo de dos horas. Pagó al taxista que le había llevado y entró en el usando su propia llave. Subió las escaleras y entró en la habitación de su hija, cogiendo una pequeña maleta en donde empezó a meter sus cosas de cualquier manera.

Hasta que el sonido del móvil le hizo dar un salto y cogerlo maldiciendo por lo bajo.

— ¡Quien es!—contestó de malas maneras.

— ¿Tom? Soy yo, Vanessa—respondió una voz cortada al otro lado.

— ¡Nessa! Perdona, no vi quien me llamaba—se disculpó sentándose en la mecedora que había en un rincón.

—No pasa nada, solo quería saber que tal estabas…los dos me refiero—dijo Vanessa rectificando a tiempo.

—Tirando—contestó Tom suspirando.

—Ha sido una tragedia, Bill debe de estar destrozado—comentó Vanessa—En la prensa hablaron del tema los primeros días, pero ya hace días que no dicen nada y yo ya estaba preocupada.

—Estamos bien, nos quedaremos una temporada en casa de mi madre, siento no haberte llamado para explicártelo—se disculpó Tom.

—Tranquilo, sabes que estoy aquí para lo que quieras. ¿Y qué tal está Sarah? Seguro que muy grande y ya andando—dijo Vanessa cambiando de tema.

—Has acertado, ya tiene año y medio y quiere recorrer el mundo ella sola—contestó Tom sonriendo—Ahora estoy en el apartamento, la ropa se le está quedando pequeña y he venido a por la que compramos.

— ¿Estás en el apartamento? Por casualidad ando cerca, si quieres voy y te ayudo—se ofreció Vanessa de inmediato.

Iba a declinar su ofrecimiento, pero pensó que hablar con alguien no le vendría mal. Quedaron en verse en 15 minutos y tras colgar bajó a preparar algo de café.

Pasó la tarde con Vanessa, quien le abrazó nada más verle dándole el pésame de nuevo. Tomaron un café que se alargó hasta tarde y entonces subieron a seguir con el equipaje de Sarah.

—Mientras terminas tú, yo iré a por algo de ropa para Bill—dijo Tom tras encontrar el dichoso oso azul de su hija.

—Como quieras—respondió Vanessa sonriendo.

La dejó a solas y entró en la habitación que tiempo atrás compartió ilusionado con Bill. Abrió el armario y escogió algo de ropa, solo la necesaria pues no necesitaba nada en especial. Estaba perdido en sus pensamientos que al girar con una camiseta se chocó con Vanessa, que estaba peligrosamente cerca.

— ¡Oh! Perdona—se disculpó Tom frotándose la frente.

—Pensé que necesitarías mi ayuda—dijo Vanessa dando un paso en su dirección.

—No, ya terminé—contestó Tom retrocediendo.

—Tom, te veo muy mal—dijo Vanessa sin dejar de andar—Ya te lo dije una vez…soy muy discreta…

Viendo por donde iban los tiros, Tom comenzó a negar con la cabeza, pero no esperaba que Vanessa se le lanzara. Cuando quiso darse cuenta, su lengua ya le acariciaba el paladar y le hacía gemir de placer. Dejó caer la camiseta y trató de apartarle con las dos manos, que puso sobre sus pechos sin darse cuenta, lo que le hizo gemir a Vanessa.

Dándose cuenta de su “error”, bajó las manos a su cintura y la separó con brusquedad.

—Para, por favor—pidió Tom tratando de mantener la calma.

— ¿Por qué? ¿No estabas disfrutando?—preguntó Vanessa pasándose la lengua por los labios.

—No—contestó Tom con sinceridad—Sal del apartamento, por favor.

Dándose por vencida, Vanessa asintió y echó a correr para nada ofendida. Había logrado lo que tantas deseaban, robar un beso a uno de los hermanos. Siempre se había fijado en el cantante, pero desde que tuvo su hija y dejó claro cuáles eran sus sentimientos, su corazón empezó a latir por el otro gemelo.

Casi se desmayó cuando su madre le comunicó que una amiga de su amiga conocía a la madre de los gemelos y buscaba una niñera para la recién nacida. No se podía creer que fuera ella la elegida, que iba a pasar un tiempo con los dos hermanos, acudiendo a sus conciertos y esperando una sola oportunidad para hacer su deseo realidad.

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Una vez a solas, Tom suspiró y sacudió la cabeza, aún mareado por ese beso tan bien dado. Se maldijo por pensar eso, hacía mucho tiempo que no recibía un beso y en el fondo pensaba que hasta había disfrutado un poco….

Terminó con la ropa de Bill y cogiendo la maleta de su hija que Vanessa ya había dejado cerrada, llamó a un taxi que le llevó de vuelta a casa.

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—Aquí tienes la ropa de Sarah, y algo más para ti—explicó Tom a Bill nada más llegar a casa.

— ¿Por qué has tardado tanto? Me tenías preocupado—dijo Bill cogiendo la maleta de su hija.

—No encontraba sus cosas, y necesitaba estar un tiempo a solas—murmuró Tom con miedo de mirarle y que descubriera que Vanessa le habían besado esa tarde.

Sin preguntarle el porqué, Bill se metió en su habitación y murmurando un “hasta mañana” se dedicó a bañar y acostar a su hija. Tom se quedó en el pasillo viendo la puerta que los separaba, preguntándose si alguna vez volvería a estar abierta.

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Ya había pasado un mes y los chicos tuvieron que volver a su trabajo, y con ello al apartamento. David se había mantenido en contacto con el cantante todas las semanas, prometiéndole que solo serían pequeñas apariciones hasta que se sintiera con fuerzas y ánimos para un gran concierto.

Tras despedirse de sus padres, los hermanos regresaron al apartamento con gesto serio. Su hija viajaba sentada en su silla entre ellos, dormidita agarrada al dedo de su padre, que miraba por la ventana para no tener que mirar o hablar con Tom. No habían planeado nada, pero en el fondo rezaba para que esa noche no le pidiera dormir con él. Aún necesitaba tiempo, aunque no pensaba que Tom se cansara de concedérselo….

Mientras que Tom se encargaba del equipaje, Bill llevó a su hija a su habitación y la acostó de inmediato. Habían salido en la tarde y ya era de noche. Sarah estaba empachosa por el viaje y no quiso cenar nada, así que se fue directa a su cuna.

—Te dejo la maleta en tu habitación—dijo Tom en voz baja cuando le vio salir de la de su hija— ¿Ya está dormida?

—Sí, cayó nada más taparla—contestó Bill con una sonrisa.

Se quedaron mirando en silencio, ninguno de los dos se atrevía a decir lo que realmente pensaba. Al final, fue Tom quien tomó la palabra.

—Yo dormiré en mi habitación—murmuró señalando la que antiguamente fue la de Georg.

—Gracias—contestó Bill con rapidez.

Se miraron de nuevo en silencio, pero esa vez nadie se atrevió a ser el primero y cada uno entró en su habitación sin dar ese beso de buenas noches que se quedó flotando en el aire.

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Semanas más tarde se preparaban para una actuación. Solo iba a ser media hora, peor Bill insistió en llamar a Vanessa para que se hiciera cargo de la niña.

—Dunja lo hará encantada—protestó Tom.

—No podemos aprovecharnos de ella, no es su trabajo—dejó Bill claro.

Resoplando porque era imposible hacerle cambiar de opinión, Tom cogió el móvil y llamó con pesar a Vanessa, que aceptó encantada. Quedaron en verse en el apartamento en 1 hora y colgó rezando para que no se fuera de la lengua, ajena a la relación que mantenía con Bill ….porque aún sentían algo, ¿verdad?

Una vez en el escenario, Bill cantó como nunca, no pudiendo evitar emocionarse cuando al terminar recibió un caluroso aplauso por parte de sus fans, que en grandes pancartas expresaban lo mucho que le habían echado de menos. Hubo una pequeña entrevista tras la actuación, en donde no se mencionó nada relacionado con su querida Hannah. Tras despedirse del emocionado público, entraron en el backstage y recibieron las felicitaciones del productor.

—Habrá una pequeña celebración, pero aún no he confirmado vuestra presencia—les explicó David.

Georg y Gustav miraron al cantante antes de responder. Bill los miró, en sus caras se reflejaba que ellos deseaban ir, pero que no se atrevían a decirlo.

—Id, por favor—les dijo—No lo hagáis por mí, además estoy cansado y me iré con Sarah.

David enseguida hizo las llamadas adecuadas y consiguió dos coches. Mientras esperaban, Tom ayudó a Bill a abrigar a su dormida hija.

—Ve con ellos—murmuró Bill sin mirarle.

—Bill, yo no…—comenzó a decir Tom.

—No te quedes en casa por mí—dijo Bill con firmeza.

Maldiciendo por lo bajo, Tom le anunció al productor que él también acudiría a la fiesta. Vanessa dirigió al momento una mirada suplicante, pero al momento le estropearon los planes.

—Vanessa, ¿me ayudas con Sarah?—pidió Bill tendiéndosela.

No le quedó más remedio que cogerla. Esa noche Dunja se había tenido que ir antes, y no le quedaba más remedio que hacer su trabajo. Esperó con paciencia a que el cantante se despidiera de sus compañeros y 10 minutos después iba con él en el coche que les llevaba al apartamento.

Una vez en el, no le quedó más remedio que ayudarle a acostarla mientras que él atendía una llamada.

—Perdona, me entretuvo mi madre—se disculpó Bill entrando en la habitación de su hija.

—No pasa nada, y esta señorita ya está dormidita—susurró Vanessa incorporándose de la cuna.

Bill sonrió y se inclinó para arropar a su hija mejor y besar con suavidad su mejilla. Le hizo una seña a Vanessa y salieron los dos de la habitación.

—Espera que te pago—dijo Bill al pasar por la suya.

Entró en ella y Vanessa se quedó en la puerta, no pudiendo evitar suspirar al recordar el beso que le dio al guitarrista en esa misma estancia.

— ¿Cansada?—preguntó Bill al oírla.

—No, ¿y tú?—preguntó Vanessa carraspeando.

—Un poco. Sarah da mucho trabajo—contestó Bill sonriendo.

Se dio la vuelta y sacó de su cartera el dinero que ya preparó como pago por sus servicios. Vanessa lo cogió y se lo guardó en el bolsillo trasero de la minifalda vaquera que llevaba.

—Echarás mucho de menos la ayuda de tu madre—comentó Vanessa con una sonrisa.

—Sí, y mira que al principio me negué. Me sentí desplazado cuando nació Sarah y mi madre se hizo cargo de ella, llegando a pensar que me la quería arrebatar—dijo Bill sincerándose por primera vez con ella.

Vanessa sonrió como respuesta. Salió de la habitación y Bill la acompañó hasta la puerta.

—Gracias por cuidar esta noche de Sarah—se despidió Bill abriendo la puerta.

—Es un encanto de niña. La verdad, cuando Tom me dijo que esperabas otra casi me desmayé pensando que me tocaría cuidar de las dos yo sola—se le escapó a Vanessa.

— ¿Tom te contó que estaba embarazado?—preguntó Bill sin poder creérselo.

Viendo que había metido hasta el fondo la pata, Vanessa se puso roja como un tomate y solo pudo asentir con la cabeza.

—Se le escapó el día que ibais al médico y me llamó para que cuidara de Sarah, no fue su intención…—comenzó a decir.

—Nos vemos mañana—cortó Bill con brusquedad.

Cerró la puerta sin esperar su respuesta, tragándose las lágrimas que luchaban por salir. No podía creerlo, Tom le había engañado, y peor aún, defraudado. Era su secreto, y le faltó poco para gritarlo a los 4 vientos. Sabía lo mal que le caía Vanessa, que desconfiaba de ella y fue y se lo dijo a la primera oportunidad.

En ese tiempo había tratado de llevarse bien con ella por el bien de su hija, pero estaba claro que nuca jamás podría confiar en ella.

Subió a su habitación y se metió en la cama, pero no pudo cerrar los ojos. Esperaba a que Tom regresara, no podía dejar para el día siguiente algo que le carcomía por dentro.

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No supo cuánto tiempo pasó perdido en sus pensamientos. Escuchó pisadas que subían las escaleras y se levantó de la cama de inmediato, abriendo la puerta y saliendo al pasillo sin poder disimular su enfado.

Nada más verle, Tom se paró en seco preocupado. ¿Qué le pasaba ahora?

— ¿Bill?—llamó sin saber que decir.

—Vanessa me lo ha contado—estalló Bill sin andarse por las ramas.

Le vio llevarse las manos a la cara y maldecir tras ellas mientras que negaba con la cabeza.

— ¿No tienes nada que decirme?—preguntó muy enfadado Bill.

—Joder…..solo fue un beso y tú estabas tan raro que….—susurró Tom.

— ¿Un beso?—repitió Bill conteniendo el aliento.

Se descubrió la cara y vio la sorpresa en la cara de Bill. ¿De qué le estaba hablando?

No tuvo tiempo para pensarlo, Bill reaccionó de inmediato.

—Vete de casa—ordenó Bill con voz temblorosa—No quiero volver a verte.

—Bill, déjame explicar—le rogó Tom dando un paso en su dirección.

—No hay nada que explicar –dijo Bill rompiendo a llorar—Primero te falta tiempo para contarla que esperábamos otra hija y luego para besarla pensando que ya no te quería.

— ¿Y cómo demonios podía saberlo? No me hablabas, te limitabas a llorar y pedirme tiempo—estalló Tom.

—Esa no es excusa, si de verdad me quisieras, jamás la habrías besado—dijo Bill con furia.

—Bill…te amo—susurró Tom llorando.

—Ya no puedo confiar en ti…lo siento…—dijo Bill retrocediendo.

Entró en su habitación y se encerró en ella, dejando que las lágrimas bañaran sus mejillas que nunca más serían besadas.

Viendo que era imposible solucionar las cosas, Tom dio media vuelta y salió del apartamento, yendo al único sitio que se le ocurrió para poder llorar en soledad.

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— ¿Tom?—dijo un asombrado Gustav.

— ¿Puedo pasar?—pidió a punto de llorar.

Gustav le dejó entrar de inmediato e intercambió una mirada con Georg, tan asombrado como él de ver al guitarrista en ese estado.

—Tom, ¿qué ha pasado?—preguntó Georg por los dos.

—Se ha terminado, lo mío con Bill—les explicó entre lágrimas.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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