Y fueron felices 8

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 8: Empezando desde cero

No pudo dormir en toda la noche, no pudo acostarse como si nada hubiera pasado en la gran cama que ya nunca más compartiría con Tom. No, no podía. Llevando aún la misma ropa que el día anterior, solo pudo pasar la noche con la única persona que ocupaba todo su corazón: su única hija.

Sentado en la mecedora que había en la habitación de Sarah, se balanceaba abrazándose el tembloroso cuerpo. Se sorprendía por no haber derramado ninguna lágrima, tal vez aún estaba en shock y fuera pronto, tal vez en el fondo no le importaba tanto la traición de Tom. Era como si todo le diera igual, como si a partir de ese momento solo se debiera preocupar de que su hija creciera sana y salva. Nada más.

Suspiró al escucharla parlotear. Se había despertado hacía ya unos minutos, y cansada ya de estar en la cuna reclamaba su atención en voz alta.

—Papá…papá…

Se levantó y se acercó a la cuna con paso cansino, logrando esbozar una sonrisa al ver la de su hija. Se inclinó y la cogió en brazos, besando su mejilla suspirando. La cambió el pañal y bajó con ella a la cocina para darla de desayunar, no pudiendo evitar recordar que Tom era siempre el encargado de despertarla y dejársela en la cama para que jugara con ella mientras él le preparaba el desayuno que le daba acomodando a su hija en el regazo.

A partir de ese día, las cosas cambiarían…

Entró en la cocina y la dejó bien sentada en su sillita. Preparó la papilla y mientras se la estaba dando llamaron a la puerta. Arrugó la frente extrañado, eran casi las 9 de la mañana ¿quién podía ser? Tom tenía llave, aunque tras lo ocurrido no pensaba que la utilizara y entrara en el apartamento sin su permiso. En esos momentos, era su casa y no la de los dos.

Dejó a un lado el plato y tras limpiarle la barbilla a su hija con una esquina del babero, salió de la cocina alisándose por el camino su lacio pelo. Miró por la mirilla y se sorprendió al ver quien era.

— ¡Andreas!—saludó abriendo la puerta.

—Pasaba por aquí, y pensé en desayunar con vosotros—explicó Andreas sonriendo.

Sin esperar respuesta, entró del todo y él mismo cerró la puerta. Al darse media vuelta, dejó de sonreír de inmediato.

—Tienes mala cara, ¿ha pasado algo?—preguntó preocupado.

—Yo…le he dejado—murmuró Bill suspirando.

— ¡Bill!—exclamó Andreas abrazándolo al momento.

Pillado por la sorpresa, solo pudo emitir un gemido ahogado contra el pecho de su amigo, donde no pudo evitar a romper a llorar. Tal vez lo que necesitaba era eso, un fuerte abrazo y un hombro sobre el que llorar sus penas.

Abrazándole con más fuerza, Andreas esperó con paciencia a que su amigo se calmase. De los dos hermanos, era con el que mejor se llevaba, y odiaba verle de esa manera, sufriendo por culpa de su hermano mayor,…el mismo que había profanado su cuerpo…

—Lo…lo siento…—murmuró Bill entre hipos.

—Tú no tienes nada que sentir—dijo Andreas con firmeza.

Inclinó la cara y le dio un beso en la húmeda mejilla, soltándole cuando el llanto cesó, logrando sonreír al escuchar como la pequeña Sarah llamaba a su amigo desde la cocina.

—Pa…pá….

Secándose las lágrimas para que su hija no viera que había estado llorando, Bill entró en la cocina dispuesto de terminar de darle el desayuno, pero su amigo se le adelantó y le cogió el plato con la papilla ya preparada.

— ¿Por qué no subes y te acuestas un rato?—preguntó Andreas con una sonrisa—Se te ve muy cansado, déjame que me ocupe yo de la niña.

—Gracias, la cabeza me está matando—murmuró Bill abriendo un armario.

Sacó una caja de analgésicos, tomándose uno con un vaso de leche ante la atenta mirada de su amigo.

—Has debido pasar mala noche—murmuró Andreas.

—No lo sabes bien—contestó Bill de la misma manera.

Dejó el vaso usado en la pila y salió de la cocina, despidiéndose de su hija con un beso en la frente. Subió las escaleras arrastrando los pies y entró en su habitación. Se quitó la ropa y se metió en la solitaria cama.

“Acostúmbrate”—se dijo a sí mismo—“Nadie más va a dormir contigo, a hacerte tanto daño con un simple beso…”

.

Hablando en voz baja para no despertar a su amigo que dormía en el sofá del salón, Georg y Gustav desayunaban en la cocina del apartamento que ambos compartían con expresión preocupada.

— ¿No le has podido sacar nada?—preguntó Georg a su compañero.

—Nada, solo sé lo que nos dijo anoche. Bill le ha dejado pero se niega a explicarnos por qué—contestó Gustav en voz baja.

—Pobre Sarah—suspiró Georg.

—Esperemos que sea algo pasajero, con el tiempo harán las paces y volverán a ser los de antes—afirmó Gustav.

Dándose la vuelta en el incómodo sofá, Tom enterró la cabeza bajo la almohada. Había escuchado las últimas palabras de su amigo, y él también confiaba en que con el tiempo Bill recapacitara. No le dejó explicarse, contarle que fue Nessa la que se le abalanzó y colgó del cuello, y que él la rechazó a la primera. No, para Bill eso no contaba, solo que le había traicionado cuando más le necesitaba.

Cansado de estar tumbado, se levantó maldiciendo por lo bajo. Echaba mucho de menos a su hija, en esos momentos debería estar dándola el desayuno bajo la cariñosa mirada de Bill, no aguantando sus reproches y celos infundados.

Desde el primer día que Vanessa entró a trabajar para ellos, Bill dejó bien claro lo que sentía por ella. Celos, como si le fuera a robar el cariño de su hija….y al parecer le había robado el de su propio hermano…

—Joder, Bill—murmuró frotándose los ojos— ¿No te he demostrado ya lo mucho que te amo?

— ¿Ya te levantas?—preguntó Gustav pasando por alto lo que acababa de escuchar.

—Tengo que ir al apartamento—murmuró Tom poniéndose los pantalones—Bill no me ha dejado explicarle que Nessa…

— ¿Vanessa?—repitió Gustav alzando una ceja— ¿Qué demonios tiene que ver ella en esto?

Ahogó un gemido. Fue formular la pregunta y contestarla al mismo tiempo mentalmente.

—No me digas que tú y ella….—comenzó a decir en voz baja.

—Ella, fue ella—estalló Tom sin querer—Yo no hice nada, ella me besó y corrió a decírselo a Bill la muy….

Dejó de hablar, la rabia hacía que al sangre le hirviera y dijera cosas que no debiera. Él también tuvo su parte de culpa. Tal vez la vio venir y no se apartó, tal vez debió ser él quien se lo contara a Bill y le pidiera perdón…

—Me voy al apartamento—repitió Tom siguiendo vistiéndose.

—Estás muy alterado, desayuna y cálmate un poco—pidió Gustav.

—No puedo comer nada en estos momentos, tengo un nudo en el estómago—murmuró Tom sujetándose el pelo.

Se caló la gorra y tras calzarse y coger su sudadera, se despidió de sus amigos y echó a correr al apartamento en el que vivía con Bill. Llegó a el y se paró a la puerta con la llave en la mano, pensando que lo mejor sería que llamara para no hacerle enfadar a tan temprana hora de la mañana.

Llamó con suavidad a la puerta y esperó pacientemente a que le abrieran llevándose una sorpresa…

— ¿Andreas?—susurró al ver a su amigo.

Y no iba solo, llevaba a su hija en brazos, que nada más verle extendió sus bracitos y le llamó con una amplia sonrisa.

—Papá…..pa…pá…

Se apresuró a cogerla en sus propios brazos cuando su amigo se la pasó. Entró en el apartamento sin dejar de besarla por toda la cara, y se dirigió a la cocina que le señaló su amigo llevándose un dedo a los labios.

—Bill está arriba, descansando—informó Andreas en voz baja.

— ¿Qué haces aquí?—no pudo evitar preguntar Tom.

—Vine a veros y se derrumbó en mis brazos—explicó Andreas frunciendo el ceño.

— ¿Te lo ha contado?—preguntó Tom poniéndose a la defensiva.

No tenía por qué darle una explicación a su amigo, solo a una persona que en esos momentos se encontraba en el piso de arriba haciéndose la víctima.

—Solo me ha dicho que te ha dejado, tranquilo—defendió Andreas a su amigo—Le he visto tan mal, que me he ofrecido a cuidar de Sarah mientras descansaba.

—Ahora ya estoy yo, puedes irte si tienes algo que hacer—dijo Tom con dureza.

—Tengo al mañana libre, de hecho todo el día—explicó Andreas sentándose en una silla—Además, Bill me necesita.

—Me necesita a mí—murmuró Tom contra el pelo de su hija.

—Tom, Bill en estos momentos necesita estar solo. Es mejor que le des tiempo, que se recupere del dolor y podáis hablar como dos personas normales—aconsejó Andreas.

A punto de decirle que se metiera el consejo donde le cupiera, Tom se lo pensó mejor y acabó asintiendo. Todos le decían lo mismo, que le diera tiempo a Bill. Se separarían por una temporada hasta que recapacitara, le demostraría cuanto le amaba y extrañaba.

—Yo…iré a pasar unos días con Georg y Gustav—dijo Tom levantándose y pasando su hija a su amigo—Subiré a por algunas de mis cosas. Pero dile a Bill que vendré a ver a mi hija todos los días.

Salió de la cocina y entró en el dormitorio que ocupaba cuando no podían amarse si tenían invitados en casa, y en donde había estado pasando esos días en los que Bill estaba tan “raro”.

Sacó una bolsa de viaje y la llenó con su ropa, que metió de cualquier manera sin importarle. Metió también el marco de fotos que tenía sobre su mesilla y que miraba cada noche antes de acostarse. Era una foto tomada a su hija, recién nacida y en brazos de su orgulloso hermano, que miraba a la cámara con la mejor de su sonrisa.

Más de un año después, esa sonrisa estaba borrada. Toda la felicidad que lograron se esfumó con un chasquido de los dedos….o más bien con un simple beso….

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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