Y fueron felices 9

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 9: Ese era mi hermano

Las semanas siguientes fueron muy tensas, no solo para los hermanos. Ensayaban en el apartamento donde vivía Bill solo con su hija, que dejaba dormidita en su habitación y se bajaba el receptor dispuesto a dejarlo todo si la escuchaba aunque solo fuera suspirar.

Tras el ensayo, Bill se retiraba a su habitación mientras que Tom disfrutaba de la hija de ambos, ya fuera sacándola a pasear en compañía de sus amigos o quedándose a jugar en el salón, como esa tarde….

El ensayo terminó y Tom subió a por su hija mientras que Bill se refugiaba en su habitación aludiendo un dolor de cabeza, muy real y nada imaginario. Con la niña en brazos, bajó al salón y se sentó en el suelo con ella. Estuvo casi una hora viendo unos dvd´s infantiles en la tele mientras su hija reía en su regazo y él estaba con la mente en otra cosa.

¿Cuánto tiempo iban a continuar así? Echaba mucho de menos estar con Bill, cuidar de esa hija que él mismo ayudó a traer al mundo con sus propias manos. Echaba de menos levantarla todas las mañanas y acostarla cada noche mientras Bill le cantaba una nana por lo bajo hasta que caía profundamente dormida en sus brazos. Solo entonces la recogía con cuidado y entre los dos la acostaban en su cunita y arropaban con cuidado.

No podía hacer nada, si pedía quedarse con la niña un par de días, la gente preguntaría, su madre la primera. Tenía que hacer lo que hacía siempre, callarse y sufrir en silencio.

Viendo que ya era la hora de cenar y que Bill no bajaría hasta que él se fuera, decidió levantarse y dar por finalizada su hora de visita. Apagó el televisor y estaba recogiendo los juguetes que dejó por el suelo cerca de ellos cuando escuchó las pisadas de Bill bajar por las escaleras.

Se apresuró a coger a la niña y con ella en brazos le vio entrar en la cocina. Se quedó en el marco de la puerta estudiándole. Estaba descalzo, llevaba un fino chándal que le quedaba bajo de cadera y una camiseta que se le quedaba recogida también en ella.

Desde donde estaba podía verle el estómago, con su estrella tatuada. Pero no era eso solo lo que veía, Bill estaba muy delgado, y se le notaba cansado. Cuidar de una hija él solo agotaba todas sus fuerzas. No pedía ayuda a nadie, y mucho menos había vuelto a recurrir a Vanessa.

Carraspeó y entró del todo en la cocina, sentando a su hija en la sillita.

— ¿Quieres que prepare yo la cena?—preguntó dejando a su hija bien sujeta.

—Ya la tengo casi lista, gracias—negó Bill sin volverse.

Antes del ensayo ya había dejado preparada el puré que daría esa noche a su hija y solo faltaba calentarlo al micro ondas. Metió el plato dentro y mientras se ponía en marcha escuchaba como Tom pedía a su hija que por favor se comportara.

No pudo evitar sonreír. Esos días su hija estaba muy revoltosa, entre que le estaban saliendo los dientes….y que era muy lista…. La sonrisa se le borró en el acto, se daba cuenta de que sus padres no eran los de antes, que se hablaban con frialdad y ni se miraban.

—Sarah….suelta mis rastas—pidió Tom con suavidad.

Pero su hija no obedecía, le encantaba tirar de ellas riendo en voz alta cuando su padre fingía enfadarse y la cogía para subirle la camiseta y hacerle en la barriga pedorretas. Pero ya no lo hacía, solo le quitaba de entre los dedos las rastas cogidas y resoplaba con cansancio.

—Está nerviosa—comentó Bill girándose.

—Lo sé, nos ve a nosotros y se lo contagiamos—contestó Tom suspirando.

Bill no dijo nada más. El timbre del micro ondas les interrumpió y se apresuró a sacar el plato, maldiciendo por lo bajo cuando metió un dedo dentro y se quemó.

— ¡Cuidado!—dijo Tom apresurándose a echarle una mano.

Cogió el mismo el palto con cuidado y lo dejó sobre la mesa, al tiempo que se volvía y sin decir nada abría el grifo del agua y ponía bajo ella el dedo lastimado de Bill.

—Puedo yo solo, gracias—murmuró Bill soltándose.

—No, no puedes tú solo—replicó Tom alejándose.

Se sentó a la mesa resoplando y cogiendo una cuchara la hundió en el puré y sopló y sopló antes de dárselo a su hija. Se encargó de darle la cena mientras que Bill limpiaba los platos usados en silencio.

Terminó y él mismo fregó el que había usado.

— ¿Tú no cenas nada?—preguntó Tom preocupado al verle secarse las manos a un paño.

—No tengo ganas—contestó Bill suspirando—Si ya has terminado, me subo a acostar.

Se mordió los labios, quería gritarle que no, no había terminado. Pero su hija los miraba con los labios fruncidos y se tuvo que callar.

—Mañana vendré antes y me la llevaré con los muchachos, así tú podrás descansar un poco—le informó.

—Como quieras—contestó Bill encogiéndose de hombros—Es tu hija, no tienes que pedir permiso para verla.

—Lo sé—murmuró Tom.

Terminó de fregar y secándose las manos en la camiseta, pasó al lado de Bill conteniéndose por no tocarlo…abrazarlo…besarlo…

Pasó al lado de su hija y besándola en la mejilla se despidió de ella hasta el día siguiente.

.

Una vez a solas, Bill suspiró aliviado. Sabía que Tom tenía razón en algo, tenía que comer y más. Desde lo pasado, su salud le empezó a dar igual, pero por su hija tendría que cuidarse más.

Abrió la nevera y se preparó un sándwich de jamón y queso que comió con la compañía de su hija, que no paraba de parlotear desde su silla. Terminó y se subió a acostarla pese sus protestas, estaba alterada y no quería quedarse en la cuna sola. Lloraba y lloraba hasta que se cansó de escucharla y la cogió en brazos, acunándola mientras cantaba.

Al sonido de su dulce voz logró que se durmiera con el pulgar metido en la boquita. La acostó con cuidado y arropó, pesando en la de noches que habían hecho eso mismo él y Tom…y si algún día volverían a hacerlo….

En su mente, no culpaba a Tom del beso. Sabía que Vanessa le puso los ojos encima nada más verlo, que no pararía hasta hacerlo suyo sin saber que no era libre. Rezaba para que Tom entendiera que necesitaba tiempo para asimilarlo, que si algún día sintió algo tan fuerte por él que le cortaba la respiración, debería recordarlo y regresar a su lado, prometiéndole un amor que sería eterno….

.

Cuando Tom fue en busca de su hija al día siguiente, ya le tenía una bolsa preparada con ropa de repuesto y pañales. Le ayudó a meterla en la silla y tras darle unos últimos consejos, se despidió de la niña hasta la tarde.

Cerró la puerta y por segunda vez en la vida se sintió muy solo. La primera vez fue cuando nació Sarah y al llegar a la casa de su madre vio como les separaban sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Con la pobre Hannah,….ni siquiera pudo tenerla en brazos…

Sintiendo que se ponía triste, carraspeó y decidió hacer algo en ese día libre que le habían dado. Se miró al espejo de la entrada, viendo lo apagado que tenía el pelo. Sus mechas estaban deslucidas y se le notaba la raíz ya rubia. Necesitaba hacer algo, empezar a sentirse bien consigo mismo por una vez en la vida.

Subió escaleras arriba y se vistió. Cogió la cartera y el móvil y camino de la calle pidió hora en la peluquería a la que siempre iba.

.

A la hora de comer sonreía satisfecho con el resultado. Su pelo era ya del todo negro, dejó las mechas en el pasado y se lo había alisado y recortado. Se sentía nuevo, y con ganas de… ¿celebrarlo? ¿Y con quién?

La respuesta le llegó cuando llamaron a la puerta. Corrió a abrirla, recibiendo con una amplia sonrisa a su visita.

— ¡Andreas!—saludó dejándole pasar.

—Bill…pero, ¿qué te has hecho?—preguntó Andreas sonriendo.

—¿No te gusta?—inquirió Bill dando una vuelta.

—Claro que sí, estás….estás perfecto—rio Andreas.

—Adulador—murmuró Bill también riendo.

—Vengo a sacaros de casa, ¿queréis comer conmigo tú y Sarah?—invitó Andreas.

—Encantado, aunque me temo que solo seremos tú y yo—contestó Bill cogiendo de nuevo la cazadora.

—¿Y Sarah?—preguntó Andreas extrañado.

—Se la llevó Tom, necesitaba estar más tiempo con ella, y yo estar a solas un rato—contestó Bill con sinceridad.

—Pues no se hable más—se apresuró a decir Andreas—Mesa para dos en el mejor restaurante de la ciudad. Pago yo, te lo debo.

—No me debes nada—afirmó Bill aceptando su invitación.

—Me he portado muy mal contigo—insistió Andreas—Llegando incluso a sentir cierta repulsión….saber que tú y Tom…

—Para, no sigas por favor—cortó Bill poniendo una mano en el brazo—Por un día, no menciones a Tom.

— ¿Tan mal van las cosas entre tú y él?—preguntó Andreas en voz baja.

—Solo el tiempo lo dirá—contestó Bill soltándole—Quiero disfrutar de este día libre, ¿me acompañas o qué?

No se lo tuvo que pedir dos veces. Sonriendo ampliamente, Andreas le ayudó a ponerse una cazadora que advirtió nueva, señal de que le había dado tiempo también a ir de compras, y abriendo la puerta le dejó pasar a él primero.

Comieron en uno de los mejores restaurantes, sin parar de hablar y reír en todo momento. De regreso a casa pasaron por un cine y entraron a ver la película que en esos momentos se exhibía, sin importarles cual era. Cuando salieron ya era de noche, y al coger el móvil que tuvo que desconectar al entrar en la sala y encenderlo, Bill advirtió que tenía 3 llamadas perdidas de Tom.

Maldiciendo por lo bajo se guardó el móvil en el bolsillo de su cazadora y siguió paseando con su amigo como si nada. Llegaron al apartamento y se sorprendieron al ser recibidos por un malhumorado Tom.

— ¿Dónde te habías metido?—estalló Tom nada más abrir la puerta.

—Estaba en el cine y tuve que apagar el móvil, lo siento—se disculpó Bill sin mirarle— ¿Está Sarah despierta?

—Lleva ya 10 minutos acostada, se durmió cansada de esperar a que su padre le diera las buenas noches—contestó Tom con dureza.

Haciendo caso omiso de sus palabras, Bill pasó por su lado quitándose la cazadora por el camino y se perdió escaleras arriba, dejando que Andreas despidiera a Tom.

—Se ha hecho tarde—empezó a decir Andreas.

—Sí, mejor, nos vamos—asintió Tom.

—Yo me quedo un poco más, Bill me prometió un café—dijo Andreas negando con la cabeza.

Se quedó mirando a su amigo, extrañado de la sonrisa que lucía en sus labios. ¿Qué se traían él y Bill?

—Dile que mañana habrá ensayo—murmuró Tom abriendo la puerta—Tenemos una actuación pasado mañana y en estos días apenas hemos hecho nada.

—Se lo diré, tranquilo. Por cierto—empezó a decir Andreas sonriendo— ¿Te has fijado en su cambio de pelo?

— ¿Cómo?—preguntó Tom sin entender.

—Ya me imaginaba….en fin, nos vemos mañana—se despidió Andreas cerrando la puerta.

Echó los cerrojos y como si estuviera en su propia casa subió las escaleras y entró en la habitación de la pequeña Sarah, a la que Bill arropaba cantándola en voz baja.

Se acercó a la cuna y extendiendo una mano le alborotó su ya largo y cada vez más rubio cabello.

—Está preciosa cuando duerme—susurró al oído de Bill.

Bill asintió sonriendo y tras hacerle una señal con la mano salieron de la habitación de su hija y bajaron juntos a la cocina.

—Deja, ya preparo yo el café—se ofreció Andreas.

—Gracias, estoy agotado—contestó Bill bostezando.

Se sentó en una silla y dejó que Andreas lo preparase todo, admirado de cómo se movía por la cocina, conociendo el lugar exacto en el que guardaban las tazas y los platos.

—Te mueves en tu salsa—no pudo evitar decir aceptando la taza de humeante café que le pasaba.

Andreas solo sonrió como respuesta y se sentó a su lado con otra taza en sus manos, que se tomó su tiempo en beber. Se tomaron el café en silencio, roto por los bostezos de Bill.

—Mejor te dejo, estás rendido—dijo Andreas levantándose.

—Ha sido un día largo, pero lo he disfrutado mucho—asintió Bill imitándole—Más por la compañía…

Sin dejar de sonreír, Andreas le dio la espalda y comenzó a caminar hacia la puerta estirándose por el camino.

—Que pereza volver a casa ahora…coger el coche y conducir con este cansancio…—empezó a decir con los dedos cruzados.

—Puedes quedarte a dormir, sobran dos camas—dijo Bill sin pensar.

— ¿De verdad?—preguntó Andreas girándose.

—Claro, te lo debo por el día de hoy—contestó Bill sonriendo.

—Entonces acepto encantado—contestó Andreas antes de que cambiara de idea.

Dieron media vuelta y subieron de nuevo las escaleras. Entraron en la habitación que era de Gustav y que Tom y él usaban de invitados. La cama ya tenía sábanas limpias y Andreas se sentó en ella suspirando.

—En fin, te dejo dormir—dijo Bill a modo de despedida—Estoy cansado y mañana me toca cuidar a mí de la niña.

—Se me olvidaba—se levantó Andreas de repente—Tom me dijo que pasado mañana hay una actuación importante y que en estos días tenéis que ensayar en serio.

—Vaya…veré con quien dejo a Sarah—murmuró Bill.

No pensaba volver a llamar a Vanessa, para nada. Ya le había quitado a Tom, no permitiría que su hija corriera el mismo destino.

—Puedo quedarme yo con ella—dijo Andreas sonriendo.

—Tendrás mejores cosas que hacer que cuidar de un bebé revoltoso y pringoso—rio Bill negando.

—Es mi sobrina, y lo haría encantado…por ti—afirmó Andreas con seriedad.

— ¿En serio?—preguntó Bill dejando de reír.

—Estás ahora muy solo, puedes contar conmigo para lo que sea—dijo Andreas asintiendo.

—Entonces de acuerdo, mañana Sarah pasará el día con el tío Andreas—sentenció Bill bostezando.

—Anda, vete a dormir. Y no te preocupes por Sarah, me quedo a cargo de ella a partir de este mismo momento—dijo Andreas con firmeza empujándole fuera de su habitación.

Sin dejar de bostezar, Bill asintió con la cabeza y entró en su habitación. Andreas le vio desde la puerta de la suya, que cerró con suavidad suspirando. Por el día cuidaría de su sobrina, por la noche…tal vez fuera el padre quien se durmiera en sus brazos….

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!