«¿Secretario?»

(One-Shot de MonsoOny)

El chico de ojos verdes caminó con porte chulesco entre los prospectos mientras entregaba su taza de café vacía a su asistente, el primero le pareció muy bajo, el segundo muy gordo, el tercero muy guapo, el cuarto… el cuarto miraba el suelo con un sonrojo en sus mejillas y una gota de sudor bajando por su cuello. De pronto sintió la necesidad de lamer esa gota que descendía de una manera tan incitadora por el masculino cuello pálido, condujo su mano hasta el mentón del chico y unos ojos azabache le atraparon, de inmediato mandó a los demás a salir de la oficina y observó con arrogancia al chico frente a él, se acercó despacio y el otro, por instinto, cerró los ojos e intentó retroceder.

Georg volvió a acercarse, lamió con lentitud la gota que aun resbalaba por la nuca del rubio y sintió autenticas ganas de devorarle al probar un sabor tan dulce pero salado a la vez, él chico era dulce, su sudor salado y eso simplemente dislocó por completo al castaño, el asustado Gustav miró aterrado al hombre frente a él y tembló, esa lengua le provocó tantas cosas al estar reposando sobre su piel… lo malo, lo malo es que no sabia que tipo de cosas exactamente.

–Sabes delicioso –confesó el castaño saboreando sus labios con los ojos cerrados y luego los abrió dejando ver sus iris verdes que electrocutaron al rubio de inmediato.

–por… por favor, ¿tengo el puesto? –le preguntó Gustav lo que primero se le ocurrió sintiendo la mirada peliaguda y seductora del otro sobre sus pantalones, se sentía en el peor, o mejor, de sus sueños húmedos.

El castaño le arrinconó contra la pared empezando a restregarse contra él, Gustav suspiró de gusto y luego intentó empujar al hombre que le producía esas sensaciones… por Dios, ¿hombre?–. ¿Qué le pasa? ¡¿No ve que soy un chico, acaso?!

Sin inmutarse el castaño de los ojos verdes se pegó aun más a la figura temblorosa del rubio y le susurró contra su oído–: esa es la mejor parte.

Cuando Gustav quiso protestar solo se topó con una lengua chocando contra la suya, unos labios ardientes y una mano recorriéndole, su lengua intentó empujar la otra hacia fuera solo consiguiendo un delicioso rose entre ambas, jadeó al sentir como el pequeño musculo le toqueteaba la garganta causándole cosquillas placenteras; la lengua fue rodando por su boca y luego empezó un vaivén dislocado de adentro hacia a fuera, Gustav dejó la suya quieta logrando que el castaño le follara su cavidad bucal de una sucia pero desfalleciente manera, el miembro duro de Georg se froto contra el suyo causándole sorpresa, bajó su mano para taparse encontrándose solo con un trozo tieso de carne que le hizo gemir; avergonzado intentó sacudir al sujeto en cuestión y el esfuerzo solo le arrancó otro gemido al chocar duramente contra la ingle erguida del mayor, cerró los ojos intentando pensar que eso no estaba pasando pero una mano indecorosa se arremetió dentro de sus pantalones masajeándole el miembro por sobre sus bóxers ajustados, suspiró de placer pero luego se volvió a regañar mentalmente por sus sonidos delatadores. Un ruido familiar le sobresaltó descubriendo que su cinturón estaba siendo desabrochado, parpadeó un par de veces y sonrió al ver la cara de perturbación en el otro, le escupió en el rostro buscando hacerle parar porque sabía que esto no estaba bien. Aunque miembro chorreante dijera lo contrario.

Georg con maestría desabrochó su propio pantalón y con solo una mano los bajo junto a sus bóxers dejando su duro y rosado pene al descubierto, instintivamente el rubio bajo la mirada y tragó grueso. Joder. Ver eso le puso aun más duro.

El castaño de ojos verdes tendió la mano de el rubio poniéndola sobre su erección siendo retirada de inmediato, aunque Gustav no estaba consiente de que estaba libre de escapar, Georg ya no le detenía.

El mayor se despojó de su camisa quedando totalmente desnudo, mostrando su tonificado torso, luego pidió de una manera discreta al rubio que repitiera su acción, Gustav no quería hacer eso, o tal vez si. Pero no podía, le daba repelus pensar en el hecho de estar desnudo frente a otro hombre. ¡Dios! ¡Estaban tan duros!

Georg le quitó de un tirón la camisa y, para des tensarlo, apretó de inmediato entre sus dientes un botón rosado del pecho de Gustav, succionó la carne endurecida y movió su lengua sobre él de una manera tan rápida que el rubio se desvaneció, gimiendo y jadeando, sin previó aviso el castaño le giró por completo, desasiéndose del pantalón que anteriormente desabrochó. Posó su lengua en la espalda de Gustav y la deslizó descendentemente; recorrió con deleite cada centímetro de piel, volviéndola a sentir tan dulce como la primera lamida y el menor se sobrecogió cuando el musculo se introdujo entre sus nalgas, una convulsión de placer le arrancó un gutural gemido cuando la larga y tibia lengua de Georg entró en su agujero; quiso irse por semejante barbaridad; pero las estocadas húmedas de saliva le produjeron vértigo y simplemente atinó a recostar su pecho sobre el escritorio en que le tendió el de ojos verdes. Un dedo del mayor llegó a su boca y sin previó aviso se introdujo dentro de ella, luego salió y volvió a entrar un poco más despacio. Gustav podía sentir el miembro duro y grande de Georg en sus piernas por estar de rodillas; empezando a perder la conciencia lamió con deleite el par de dedos más que Georg le ofreció, saboreó y luego los mordió con rudeza haciendo que el mayor gimiera en modo de protesta pero también de gusto.

Los tres dedos cubiertos de saliva viajaron hasta la entrada estrecha de Gustav y jugaron fuera de esta, produciéndole cosquillas al menor, cuando casi un sonido de suplica contenido sale de sus labios un dedo entró haciendo círculos con calma y luego entrando y saliendo despacio, uno segundo se inmiscuyó al rato y fue cuando Gustav se tensó; con agilidad Georg hurgó de un lado a otro haciendo que el rubio casi gritara, y no de dolor precisamente.

– ¡golpéame! –pidió Gustav quien jamás había sentido algo semejante–. ¡Joder, que me golpees ahí, justo ahí! –no tardó mucho en que Georg, quien disfrutaba de las suplicas del rubio, repitiera su acción sintiendo la próstata del menor palpitar contra su índice.

El mayor extrajo con cuidado sus prolongaciones dando una última lamida profunda a Gustav para luego ponerse de pie y acariciarle con su miembro entre sus glúteos, aterrorizándolo de inmediato–. ¡No! ¡Pará!, ¡Me dolerá!, ¡Detente!

–Shhhh, no te dolerá pequeño, descuida, ya estás muy dilatado… Mmm –terminó gimiendo de gusto el castaño al sentir el trasero del otro contra su erección, él se le estaba entregando; y Georg sonrió bobo ante eso.

La punta de su miembro fue puesta con calma, cosa que no poseía en un momento tan asfixiante de placer, despacio Georg fue entrando en el cuerpo del rubio mientras que éste apretaba fuerte su mandíbula al sentir la pulsante molestia y calor; el castaño, quien era consiente de esa sensación de fatiga y dolor tomó con rudeza el caliente miembro del menor masajeándolo de arriba hacia abajo apretando la punta con su índice, haciéndole estremecer, un pequeño jadeo emitió Gustav al sentir como su erección se hinchaba entre las manos fuertes del castaño.

Con un mudo sonido Georg pidió permiso para continuar y el rubio simplemente suspiró, aceptando. Las caderas del otro se movieron con lentitud, haciéndole enloquecer, subió un poco más su cuerpo, en otro ángulo y golpeó ahí.

–Ahhhh –el gritó de Gustav fue una clara señal de haber encontrado nuevamente ese punto maravilloso dentro del rubio, salió de nuevo al instante que entraba, y fue así como ambos estaban desmedidos jadeando y moviéndose frenéticos, Georg cerró los ojos e inició mas caricias apretadas sobre la carne larga y endurecida de Gustav, se inclinó y le besó el cuello deteniendo las embestidas, poco a poco el rubio se sentía vacío sin los movimientos y fue cuando él mismo se movió de adelante hacia atrás, causando la sorpresa del otro.

Por el sobresalto ambos terminaron cayendo al suelo, Georg quedó acostado aun abrazando a Gustav quien quedó totalmente penetrado y sin poder respirar, la espalda de Georg dolía por el golpe pero la vista que le propinó el rubio al empezar a cabalgar sobre él dándole la espalda le hizo olvidar el dolor y sentir los últimos espasmos gracias a esa entrada sumamente estrecha que le hacía perder la razón, poco después Gustav también terminó sobre las rodillas y los muslos del castaño mojando a su vez su torso de su propia semilla debido a los últimos saltos que emitió.

Exhausto y volviendo en sí, se puso de pie sintiendo el liquido de Georg descender por sus piernas desde su profanado agujero ¿Qué había sido eso? La pregunta quedó en su mente cuando Georg le volvió a aprisionar contra el escritorio, esta vez de cara hacia él, lamiéndole los restos de semen sobre su pecho, la saliva dejó brillante su piel y de pronto sintió que todo había valido la pena, de alguna manera.

Las estrambóticas lamidas le hacían sonrojar al ver como cada resto de semen era succionado de su cuerpo y el castaño sonreía lascivamente alzando los ojos para ver su expresión; enmudecido tapó su cara con ambas manos, no quería verlo, no, no, no, no quería verle… ¿acaso él le había montado tan fogosamente en el suelo?, ¿haciendo que se corrieran juntos?

–Yo… yo me voy –pronunció quitando con cuidado la cabeza castaña de Georg.

–No, no te vas, a partir de hoy serás mi secretario –declaró con una sonrisa coqueta.

– ¿Qué? ¿Secretario? ¡¿Me ve cara de puta acaso?! –gritó enojado Gustav.

–no es eso, lo que quise decir… es… ¿te importaría salir conmigo? ¿Te importaría ser mi secretario? ¿Te importaría que te ame? ¿Te importaría si… si confieso que eres hermoso? –le admitió sincero dándole un suave beso en la comisura húmeda de sus labios, enfureciendo aun más al menor

– ¡si! ¡Si me importaría! ¿Por qué sabe que? ¡No pienso hacer algo así! ¡Me largo!

El castaño le besó de improviso apretando sus cuerpos desnudos y sudorosos en un abrazo, atrapó con sus manos el firme trasero de Gustav y dijo–: ¿te importaría si te digo que me he enamorado a primera vista? –el rubio se tensó, mirándole a los ojos para luego sonreír y besarle él esta vez.

–no me importaría porque también me he enamorado.

y es así. El amor a primera vista existe; porque Georg vio las mejillas sonrojadas de Gustav y esa gota de sudor incitándole a amarle. Y Gustav… Gustav vio a un hombre guapo y castaño tomando un café.

F I N

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