«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 31
By: Thomas
Cuando entré a la habitación, él se estaba mirando al espejo. Tal vez se estaba buscando algún defecto en ese precioso rostro tallado por los mismos ángeles. Un rostro sublime, el más bello que mis ojos hayan podido ver en mis casi treinta y ocho años de vida. Unos hermosos ojos color café, resaltando aquel color con una delicada línea de maquillaje al rededor de los mismos. Unos labios tan dulces como bellos. Los deseabas con solo verlos, eras capaz de matar por ellos. Debía admitir que era adicto a tan delicioso sabor, puedo apostar a que cualquiera haría lo mismo si de mi pequeño se tratara. Pues aquel admirable rostro no se veía dos veces en la vida, era solo una persona entre millones, la más bonita. Pero él era completamente mío, de los pies a la cabeza. Cada parte de él me pertenecía, así como cada parte de mí se entregaba a él en algún sentido. Mi pequeño era mi posesión más valiosa, ya que no la vendería ni por todo el dinero del mundo. Él no valía dinero, él valía más que cualquier otra cosa que haya tenido antes. Tanto es su valor, que yo sería capaz de morir por él. Él no es como yo, él es un precioso niño y es por eso que haría hasta lo imposible por verlo vivir como se lo merece. Mi pequeño merece una vida rodeado de lujos, siendo tratado como un príncipe, él debe ser feliz. Yo puedo darle todo eso, pero nada me asegura que pueda estar a su lado por mucho tiempo. Tengo que decirlo, me entristece tener tantos problemas ahora que he encontrado una razón para seguir viviendo.
Debía admitir que ese precioso muñeco de porcelana era mi debilidad. Me volvía vulnerable ante él. Podía hacer cualquier cosa con tal de sacarle una sonrisa, una carcajada o, siquiera, darle placer. Su felicidad importaba más que la mía, ya que yo consideré hace mucho tiempo que nunca sería feliz. Hoy, debo admitir que gracias a él, no puedo estar amargado o triste o… cualquier otra de esas tonterías que todo ser humano dice sentir.
No sé si sea realmente felicidad lo que siento cuando él está a mi lado, pero sí siento que quisiera vivir para siempre, junto a él. Siento que puedo ser ese niño que alguna vez fui y recibir el cariño que nadie nunca me dio. Él es lo que siempre soñé en mi vida. Solo soñaba con que alguien me valorara lo suficiente como para quedarse a mi lado, por más que yo cometiera errores o no fuera lo suficientemente bueno en todo lo que hago. Solo quería que alguien me levantara un pulgar en señal de aprobación por mis acciones. Me hubiera gustado que a pesar de todo, la gente pudiese ver que hay algo bueno en mí. Mi pequeño ha visto lo mejor y lo peor de mí y aun así decide quedarse a mi lado y brindar todo de sí para que yo pueda mejorar. Él es un sueño hecho realidad. Mi pequeño lo es todo para mí.
—¿Qué haces? ¿Admiras tu belleza o intentas desaparecer?— Pregunté, observándolo desde el marco de la puerta. Él se giró, con esa preciosa sonrisa marcada en el rostro y volvió su mirada al reflejo del espejo.
—Creo que he bajado de peso— se encontraba de costado, acariciando su vientre— esto me está preocupando demasiado. Nunca he estado tan delgado.
—Solo comes lechuga, ¿cómo quiere subir de peso de esa forma? Debes comer carne, ya te lo he dicho. No eres una tortuga, eres un muchacho— me paré frente a él y apreté sus mejillas con las palmas de mis manos— te metes un gran pedazo de carne a la boca casi todos los días y lo saboreas, ¿qué diferencia hay en que lo tragues?
—Lo hago. El hecho de que usted no pueda sentirlo es otra cosa muy diferente— Oh, sí, sus respuestas eran muy buenas. Sabía cómo dar un golpe bajo en una discusión y yo admiraba eso— No se preocupe, a su edad es normal no sentir ciertas cosas. Si fuese usted, buscaría un asilo muy pronto.
—Incluso a mi edad, follo tu culo como nadie nunca lo hará. Nunca gritarás así con nadie sobre una cama, te lo puedo asegurar.
—No hablamos de lo que siento yo sobre la cama, sino de lo que usted siente. Pero no se preocupe, pronto volverá a funcionar.
—¿Dejarás de insultar mi pene en algún momento? Es algo un poco delicado, ¿sabes?— él soltó una leve risa y abrazó mi torso para apoyar su cabeza en mi pecho— Como me desesperas a veces, niño.
—Amo…— Habló en voz baja, casi en un susurro— Ya es «mañana», ¿Cuál es la sorpresa que quería darme?— Oh, aquello. Lo había planeado todo el día, pero no podía decírselo a primera hora de la mañana.
—Dije «mañana», pero no dije en qué momento del día, pequeño. Ahora no es el momento.
—Pero dijo mañana— se separó de mi cuerpo y puso esa mirada dulce y tierna que siempre me convencía, pero esta vez no lo haría— Amo, por favor…— y de pronto un puchero. Sabía cuánto me podía que hiciera eso.
—Si vuelves a hacer eso voy a hacer que te tragues mi polla hasta quedarte sin respiración, niño. No juegues conmigo.
—¿En serio?— Cuando lo vi llevarse un dedo a la boca y poner esa cara de niño inocente, no aguanté ni un segundo más.
Jalé sus cabellos, tan fuerte como me fue posible y lo arrojé a la cama con toda violencia. Su pantalón pijama no dejaba mucho a la imaginación. A través de él podía verse ese perfecto trasero y sus largas piernas. Mi pequeño era una belleza única, desde ese perfecto cabello largo, hasta preciosas uñas siempre bien arregladas, sus ojos maquillados y sus carnosos labios, rojizos ante el pálido color de su piel… joder, cada pequeña cosa de él encendía una chispa en mí y cada vez que mis manos se posaban sobre él, no había manera de apagar aquel incendio. Quería hacerlo mío cueste lo que cueste.
Tomé el elástico de aquellos miserables pantalones y, prácticamente, los destrocé. Aquello fue tan brusco que él se quejó. Soltó un leve gemido y su cuerpo se movió en un ligero espasmo.
Me alteraba que se quejara de esa forma, me volvía loco escuchar esos gemidos tan seductores que a veces dejaba escapar sin darse cuenta. Su preciosa boca entreabierta, soltando jadeos y ese aliento tan cálido. Sus preciosos ojos aguados en lágrimas de placer. Sus gritos, pidiendo más, afirmando quien es el que manda realmente sobre esa maldita cama.
Joder, ese era mi lindo pequeño. Tan puro como hermoso. Un jodido néctar, más adictivo que cualquier droga.
Tomé el cinturón que estaba al borde de la cama y me incliné sobre su cuerpo, apoyando ambos brazos a los costados de su rostro. Él levantó la mirada y coloqué el cinturón frente a él. Soltó nuevamente uno de esos gemidos acelerados y apoyé mi pelvis fuertemente contra su trasero.
—Has sido un niño muy malo— Paseé el cinturón por sus labios, mientras él cerraba sus ojos— Mereces un castigo. El peor castigo que pueda darte, pero no debemos arruinar la sorpresa para hoy, ¿no?— Movió su cabeza negativamente— Así que seré bueno contigo esta vez, nene.
—No…— Soltó en un suspiro, bajando la mirada. El hecho de que se negara era todavía más excitante— Amo, no… por favor…
—Silencio, niño— me levanté, permitiéndome ver su pálido cuerpo, echado boca abajo sobre la cama. Sus pequeños dedos se enredaban entre las sábanas, como si supiera exactamente que se venía su castigo.
Alcé el látigo en mi mano y azoté su trasero. Logré ver inmediatamente una marca roja formarse en su piel. Él se encogió en la cama, soltando un gemido, volviendo a enredar las sábanas en sus dedos. Logré ver sus delicados labios, cuando apoyó su rostro de perfil a la cama. Su mirada rodó hasta mí y mordió su labio inferior. Estaba provocándome, pero lo lamentaría. Estos juegos no tenían gracia si él no sufría, y lo haría aunque luego me torture la consciencia el verlo llorar a causa del dolor.
Alcé nuevamente el cinturón en mis manos y su rostro volvió a esconderse entre las sábanas, antes de que el cuero negro rozara su piel. Lo azoté una, dos, tres veces. Lo azoté hasta que mi brazo quedó dolorido. Al último golpe que pensaba dar, oí sollozos y me detuve. Dejé el cinturón de lado para inclinarme sobre su pequeño cuerpo. Al correr su cabello a un lado, él ocultó su rostro en el colchón. Lloraba, avergonzado tal vez, humillado. Joder, amaba eso y a la vez lo odiaba. Odiaba que me hiciera sentir culpable, odiaba que tuviese el poder de hacerme saber que había hecho algo mal. Odiaba que pudiera hacerme disculparme, sobre todas las cosas.
—¿Pequeño?— Acaricié sus cabellos— Pequeño, mírame— Movió su cabeza negativamente— Lo lamento, nene, creo que me he excedido.
—Lo siento— susurró— No pude soportarlo. En serió me dolía— Suspiré, agradecido por no haberlo lastimado gravemente.
—Joder, Bill, mírame. Maldito seas, no me hagas volver a preocuparme de esa forma otra vez, Creí haberte lastimado— Su cuerpo giró bajo el mío y me miró, dejando una caricia en mi rostro.
—¿Por qué hace esto? ¿Por qué le causa placer el hacer sentir dolor a alguien más?— Joder… sus preguntas de nuevo.
—Supongo que es porque siempre he sido un ser inferior y se han aprovechado de mí siempre que han tenido oportunidad. Si yo tengo la oportunidad de no sentirme así nunca más, sería capaz de golpear hasta matar y todo por demostrar que no soy ningún inútil, ¿eso es suficiente para ti?— Giró su mirada a un lado, asintiendo lentamente— Sé que te duele, pero es así como he vivido y es así como moriré. Si pudiera ser de otra forma…
—¿Y por qué no puede ser de otra forma? ¿Por qué debo ser yo inferior a usted? No es que me importe mucho pero no tiene necesidad de ser alguien «superior» conmigo. Yo no intentaré hacerle daño.
—Intento ser superior a ti porque la verdad es que ya soy inferior a ti, solo intento ocultarlo ante el mundo. Intento disimularlo— Acaricié su rostro, pensando en que ese muchacho se había convertido en mi debilidad. Mi punto débil era él y si yo no lo defendía, cualquiera podría arrebatármelo.
—¿Por qué el mundo no puede saberlo? ¿Qué les importa a ellos quién es inferior? ¿Le importa mucho lo que digan los demás?
—Nadie puede saberlo porque…— Bajé la mirada, deteniendo mis palabras justo a tiempo— Porque nadie va a hacerte daño. Mataré a todos los que tenga que matar solo por tenerte a mi lado para siempre. No permitiré que nadie nunca te ponga una mano encima. Tú eres mío.
—Espero aquello no sea realmente necesario. Solo quiero que todo termine, quiero ser feliz con la persona que amo y nada más que eso. Quiero vivir sin correr ningún peligro innecesariamente— suspiró.
—¿No eres feliz con la persona que amas?— Su sonrisa se expandió. Sus ojos brillaban, humedecidos a causa de las lágrimas.
—Claro que lo soy, pero quiero… quiero que podamos disfrutar de nuestra vida sin tener que preocuparnos por sus enemigos. No quiero más problemas, no quiero que alguien más muera por mi culpa.
—Nadie más va a morir. Estaremos bien, pequeño. Te juro que apenas pueda, nos iremos de aquí. Nos largaremos al destino que tú quieras y nunca más pisaremos este asqueroso lugar. Te prometo que seremos felices.
—¿En verdad?— Por primera vez en mi vida, sentía como una simple sonrisa llenaba cada pequeño vacío desesperanzador que había en mí.
Él era como todo aquello que siempre me había faltado en la vida. Él era la felicidad, el amor, la tristeza, la alegría y el odio, todo en una sola persona. Él me hacía sentir cada pequeña cosa que nunca antes había sentido, incluso sin saber si ese sentimiento existía. Él podía hacer que lo irreal volara hasta este mundo, podía hacer que un monstruo sintiera algo, podía hacer que el mundo cayera ante su belleza, podía hacerlo todo y ese era el precio de tenerlo. Que no podías contra él. Por más que lo intentaras, él ganaría. Habría que tener sangre helada y un corazón de piedra para no resistirte a él. Deberías, directamente, borrar tu existencia de la fas de la tierra.
—Te lo prometo, mi pequeño. Nos iremos y nunca más volveremos a este lugar. No importa cuanta mierda dejemos atrás, no volveremos. Seremos felices en donde tú quieras y si quieres recorrer el mundo, lo haremos a tu modo. Haré hasta lo imposible por hacerte feliz.
—Yo… no sé que decir eso… eso es maravilloso— No pude evitar sonreír al verlo con esa imborrable sonrisa— ¿Podremos visitar Italia?— Asentí, viendo como él se entusiasmaba cada vez más— ¿Podremos ir a Francia?— Reí levemente y volví a asentir— ¡No puedo creerlo!— Abrazó mi cuello fuertemente— ¡Esto es más de lo que puedo recibir, no sé como voy a agradecérselo!
—No debes hacerlo. Yo haría hasta lo imposible por ti. Eres mi pequeño— Acaricié su cabello— Tengo algo para mostrarte.
—¿Qué es?— Me levanté de la cama y tomé los sobres que había dejado en la mesa de noche.
—Tu sorpresa— Le entregué ambos sobres y él los abrió— Es una fiesta de disfraces. Me invitan cada año y yo nunca voy, pensaba que podíamos ir los dos juntos este año. Creo que será divertido.
—Oh…— Asintió— ¿Era esta mi sorpresa?— Hablaba en un suave tono de voz, como si lo decepcionara un poco.
—No. Tu sorpresa estará allí, pero debes decidir si ir o no. Si vas, te prometo que te daré la mejor sorpresa de toda tu vida y si no… tendré que desecharla y dejarla para un momento más lejano.
—¿En serio hará eso?— Asentí, poniendo la expresión más seria del mundo. Sí, aquella que a él le causaba tanto miedo— ¿De qué piensa disfrazarse?— Sonreí de lado, sabiendo que obviamente iría.
—Buscaré algo, luego. Pero hay una condición si quieres recibir tu sorpresa esta misma noche— esta vez alzó la mirada, poniendo atención a mis palabras— Yo elegiré que usarás en la fiesta.
—¿Encima es en la noche?— Alcé una ceja. No me sorprendería que comenzara a buscar excusas. Mi pequeño odiaba las fiestas, odiaba los lugares en los que había mucha gente.
—Iremos y usarás lo que yo te diga, ¿o prefieres quedarte sin tu sorpresa?
—¡No, no, no! ¡Quiero mi sorpresa!— Se puso de pie inmediatamente— ¿Sera algo lindo o una sorpresa peligrosa?
—Será algo lindo, deja de ser tan miedoso— Besé sus labios— ¿Preparas algo para desayunar? Debo irme en unos minutos.
—¿No se quedará aquí hoy? Debíamos conseguir los disfraces— No pude evitar reír. Volví a besar sus labios.
—Dije que yo elegiría tu disfraz, así que no necesitamos salir los dos juntos. Traeré ambos disfraces.
—Pero, amo…
—No, no, no, nada de eso— Me di la vuelta antes de que pusiera su mirada de cachorro— ¡No irás conmigo a elegir los malditos disfraces!— Comencé a buscar mi ropa, antes de tomar una ducha.
—¿Por qué no? No debe dejarme solo aquí y menos con Kate— Sus excusas— ¿Y… Y si ella me empuja por las escaleras?— No pude evitar reír. A veces decía cosas muy trilladas— Además, no sé de qué se va a disfrazar usted, eso no es justo.
—Pequeño, ni siquiera yo sé de qué voy a disfrazarme. Mejor haz algo productivo hoy o sal a pasear con Till.
—¿Por qué debo quedarme? Me aburro estando aquí, amo— Me di la vuelta y besé sus labios una vez más, jodidamente enternecido ante semejante inocencia en tan pequeño muchacho.
—Es parte de tu sorpresa. Volveré en unas cuantas horas, no te preocupes— él asintió y dejé un beso casto en sus labios— Ve, preparar algo, pequeño.
—Sí, amo— Se alejó de la habitación y se fue, probablemente intentando descifrar que es lo que tenía preparado para él y estoy cien por ciento seguro a que no se lo imaginaría ni en un millón de años.
Decidí darme una ducha antes de salir. Además de conseguir los disfraces, debía comprar algo muy especial y eso estaba muy lejos de aquí. No me recorría horas de viaje en este mugroso lugar por nadie, pero él no es nadie, él lo es todo.
Al terminar de ducharme, bajé hasta la cocina. Él se encontraba sentado, tomando café y usando mi laptop. Yo a veces me quedaba observándolo y a veces me reía de él en cuanto se enojaba al perder en un videojuego que había en la misma. Se frustraba demasiado rápido y a veces decía palabrotas que ni yo creía que él conocía. Era un jodido crío en todos los sentidos, hasta que hablaba en serio. Tenía una mentalidad demasiado madura para su edad.
Nuestros cachorros comían su comida a un lado de la cocina. Al momento en que los vi, me dije a mi mismo que sería una tontería el traerlos a casa. Me parecían feos, enanos y solo podía pensar en sus desechos esparcidos por toda la casa, sin contar las cosas que destrozarían o ensuciarían con sus patas sucias. Pero él los quería, ¿cómo decirle que no a mi pequeño?
Cuando puso ese lindo puchero, pensé en que era imposible negarle algo, ni siquiera unas máquinas de defecar como lo eran estas dos cosas. Aunque debo admitir que les he tomado cariño. Son más lindos que cuando los compré y… y me he encariñado con ellos. De no ser por mi pequeño, tal vez moría sin tener una miserable mascota. Ahora tengo dos mascotas y un muchachito caprichoso al cual adoro más que a nada en el mundo. Aunque, en verdad me hubiera gustado comprar esa araña que a él tanto le asustaba.
—¿Y mi desayuno?— él alzó la mirada y se levantó de la silla inmediatamente, cerrando la laptop como si ocultara algún crimen.
—Está aquí, ya se lo doy. Le hice hotcakes, sé que le gustan— tomó el plato con mi desayuno y lo dejó sobre la mesa, junto a un vaso de jugo de naranja.
—¿Qué ocultas ahí?— me acerqué a la laptop e intenté abrirla, pero él me la arrebató de las manos y la presionó contra su pecho. Realmente ocultaba algo— Ahora resulta que no puedo usar mi computadora.
—Es una sorpresa para usted— Abrió la computadora y presionó los botones rápidamente— No se lo daré hasta mañana.
—Me la darás ahora si yo así lo quiero— Lo enfrenté y él miró hacia otro lado, mordiendo su labio inferior— pequeño, no quiero ser un hombre malo ahora.
—¿Qué sucederá si me niego? ¿Me quedaré sin mi sorpresa?— Oh, bien. Yo estaba cien por ciento dispuesto a dársela, de hecho estaba mil veces más entusiasmado que él por aquello. No podía decirle que no.
—Una sorpresa es una sorpresa, supongo que es justo que la guardes— me senté y comencé a comer el desayuno rápidamente. En unos minutos ya debía irme si es que quería comprar algo bueno.
—¿Entonces no me dirá que es lo que tiene preparado para mí?— Lo miré, alzando una ceja— Lo siento, es que… de usted se puede esperar cualquier cosa y no es que esté diciendo que sea algo malo solo que…
—¿Tienes miedo?— Lo interrumpí.
—No.
—Tienes miedo— Afirmé.
—Bueno, sí, un poco— Fijé mis ojos en los suyos— estoy muerto de miedo— corrigió— Es que usted no es una persona demasiado buena cuando se trata de sorpresas.
—¿Ah no?
—¿Recuerda la montaña rusa?
—Dijiste que te gustaban los parques de diversiones, ¿y qué mejor que conseguir una montaña rusa solo para nosotros dos?
—Pero no luego de llevarme a comer hasta atragantarme. Vomité tanto que no pude hablar durante días, ¿lo recuerda?— Oh, aquel incidente. Me lo recordaba cada día de su vida— ¿Y la visita al zoológico?
—Eso fue porque dijiste que te gustaban los animales, yo solo quise darte un gusto. Tuvimos también el zoológico para nosotros dos, ¿qué tiene de malo?
—Un caballo masticó mi cabello, casi me arranca la cabeza.
—Exageras, niño.
—Una alpaca me escupió cuando se acercó a la jaula y usted se rió en mi cara, como si hubiese sido divertido.
—Pero lo fue. Comenzaste a temblar como si el animal fuese a arrancarte un dedo. No tienes justificación a eso, fue realmente gracioso.
—¿También lo fue cuando la mula me pateó?
—Eso fue un error de cálculos.
—¿Error de cálculos? ¡Usted me encerró en el corral y el animal me pateó! ¿Dónde está el error de cálculos?
—En que luces muy bonito hoy— Intenté desviar el tema, intentando que cerrara su preciosa boca de una vez por todas.
—Sin mencionar que la señora que le daba de comer a los animales me llamó marica y usted quiso golpearla. Fue como el peor día de mi vida— Pero seguía quejándose.
—Exceptuando eso, creo que ese fue un día bastante interesante. Descubrí que los animales son más parecidos a nosotros de lo que creemos. Escupen, patean, jalan el cabello y saben decir «marica»— él rió, pero intentó ponerse serio inmediatamente. Era tan lindo cuando hacía eso— Pequeño, puedes confiar en mí. Será la sorpresa más inesperada y te aseguro de que te gustará.
—¿No habrá animales esta vez, cierto?— Reí levemente y tomé un bocado de mi desayuno, dejando que él se imaginara lo que sucedería.
—Solo estaré yo— él volvió reír, esta vez más confiado— Te prometo que será lo mejor que pueda darte.
—¿Qué más puede darme? Ya me ha dado hasta lo imposible.
—Aún no— Me levanté y me acerqué a él— Solo espera hasta esta noche y te prometo que no olvidarás nunca más este día— Besé sus labios y dejé una caricia en su mejilla.
—Cuídese mucho, ¿sí?
—Igual tú— Tomé mi abrigo y me detuve antes de salir— Pequeño, si necesitas salir, dile a Till que te lleve. Estará aquí todo el día.
—¿Till no irá con usted?
—No— sonreí levemente— Esto es solo entre tú y yo, nadie tiene que saberlo— Avancé sin obtener respuesta por su parte.
Continúa…
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Amo este fic😭🤍