«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 38
—¿Seguro vas a hacer esto? Puedo decirle a Kate que lo haga, ella no tendrá ningún problema en hacerlo— el solo pensar en Kate cerca de mi amo, en estos momentos en los que él era capaz de todo por fastidiarme solo me hacía enfurecer.
—¡Ni siquiera lo pienses! ¡Escúchame, no quiero que Kate se acerque a él!— le apunté con el cucharón de madera y él alzó las manos, rodando la mirada— Yo puedo solo, no tienes que hacerte problemas por eso, Till— Seguí removiendo la sopa, esperando que Till se alejara, pero seguía allí, fastidiando— ¿Qué quieres ahora? Ya te dije que no quiero que me ayudes, estaré bien.
—Te dispararon en la pierna, Bill.
—Aún respiro.
—Caminas como un maldito jorobado. Te vas a terminar de lastimar la pierna si sigues jodiendo con estas tonterías de ser servicial con él. Esto no te ayudará a que él «te perdone»— en estas dos últimas palabras enfatizó usando comillas con sus dedos mientras ponía un todo de voz burlón que me molestó como no se imaginan—. Deja de intentar redimirte por algo que no has hecho, no seas idiota.
—Tú eres el idiota si crees que estoy haciendo esto para que me perdone. Me encargo de él porque es mi maldito deber hacerlo. No me importa tener la jodida pierna rota, no voy a dejar de atenderlo y menos ahora que su salud requiere más atención dela normal.
—Vas a terminar llorando por los rincones otra vez por él. ¿Crees que estando en esa silla de ruedas no te puede hacer sufrir? Eres un idiota si crees que esa silla de ruedas lo va a sensibilizar, lo volverá un peor monstruo de que has conocido y el único que terminará mal en todo esto, ¿sabes quién es? ¡Exacto! ¡Tú! Él no dejará de ser lo que es por nada en el mundo y sabemos lo hijo de puta que es.
—¿Quieres bajar la voz? Va a oírte y luego se descargará matándome a palos, como siempre— No me di cuenta de cómo había sonado aquello… sí, muy estúpido, ahora puedo pensarlo dos veces. Matarme a palos, estando en una silla de ruedas. Eso hubiera sido cruel decirlo frente a él y es cruel estar recordándolo en este momento.
—No dijiste eso.
—No, no lo dije— Serví la sopa para mi amo en un plato hondo y lo cubrí, lo dejé listo en la mesa para llevárselo junto a sus medicinas correspondientes—. En serio, ya no quiero que estés detrás de mí. Eso es fastidioso, ¿sabes?
—Estoy muy feliz de que estés de vuelta en casa, lamento ponerme tan feliz por eso— Genial, ahora Lindemann me hacía sentir culpable.
—Lo lamento, ¿sí?
—Siento que te vas a volver loco cargando todo esto sobre tus hombros. Suficiente has tenido con todo lo que viviste dentro de ese lugar, ¿seguro que podrás con esto?
—Claro que puedo. Me he hecho cargo de mi amo durante un año y medio, esta vez no será la excepción. Sé que debo esforzarme un poco más, pero no será difícil. Puedo hacerlo— tomé la bandeja con una mano y con la otra tomé una muleta solo para apoyarme— Encárgate de no hacerlo enojar con tus palabras fuera de lugar, Lindemann, ¿sí?— él rió y yo me alejé de la cocina.
Lindemann decía que no podía caminar correctamente, pero yo había encontrado la manera de hacer varias cosas a la vez y si de mi amo se tratara hacía cien cosas con una sola mano. No me importaba nada más que hacer que él estuviera cómodo. Claro, esto no sería nada fácil.
Él, en estos momentos, estaba hecho una furia. Estaba triste y decepcionado y si había algo que aprendí en este tiempo es que no existía nada peor que ver a mi amo sintiéndose «inútil».
Así decía él que se sentía luego de volver a casa sin haber conseguido «mercancía nueva». Malditos términos que usaba para referirse a cosas que yo no quería escuchar.
Dejé la bandeja en la mesa de cristal y destapé el plato de sopa. Acerqué su silla (que, por cierto, era jodidamente pesada) a la mesa y dejé ordenadas sus píldoras por cómo debía tomarlas. Me fui a la cocina y volví rápidamente con un vaso con agua que dejé junto a su plato.
—Enciente la tele y trae mi computadora— ordenó. Obedecí inmediatamente. En menos de un minuto ya había cumplido sus caprichos. Él perdió todo contacto con la realidad cuando comenzó a usar su laptop.
—¿Amo?— logré atraer su atención por un momento— Sus medicinas, debe tomarlas cada cuatro horas— bajó la mirada nuevamente y guardó silencio por un momento.
—Eso es algo de lo que tú te encargarás. No tengo que recordar cada cuanto debo tomar esas pastillas, tú sí. Ese es tu trabajo a partir de ahora— Más responsabilidades. Esto sí iba a estar difícil, pero todo sea por él—. Ahora vete, quiero trabajar.
—Estaré en la cocina si necesita algo.
—Lárgate— y, finalmente, me retiré sin decirle ni una palabra.
Comprendía que estuviera tan molesto, pero… ¿pero qué? ¿Qué rayos estoy justificando esta vez? ¡Maldita sea si todo esto es por mi culpa, de nuevo! Creo que ya es hora de dejar de intentar defender lo indefendible y reconocer que he sido un imbécil y que por eso estoy de la manera en la que estoy. Él tampoco es un santo y ha cometido los mismos, (tal vez muchos más), errores de los que yo cometí (o cometeré), pero tampoco se merece estar postrado en esa silla de ruedas. No, claro que no se lo merece y menos ahora que comenzábamos a estar tan bien el uno con el otro.
¡Joder! ¿Quién rayos me manda a meterme en esto? Esto no era lo mismo que cuidar a mi hermana pequeña o a mi madre cuando estaba enferma con una tonta gripe o un resfriado.
Esto era mucho más que solo una enfermedad curable en dos días. Estaba comenzando a comprender que esto ya no era un juego, esto era la cruda realidad que él tanto remarcaba.
Cualquier problema que fuera suyo también era mío y, aunque sé que podría no ser así, yo no quiero que sea diferente. Me propuse hacerlo feliz y si debo lamerle los zapatos y dejar que me trate mal para que se sienta mejor consigo mismo… oh… maldita sea y como me arrepentiré de esto, pero que así sea.
Regresé a la cocina y dejé la comida de Zeus y Parker junto a la lavaplatos. Los dos cachorros comían apurados, como si nadie los hubiera atendido en días, pero yo sé que Lindemann se había encargado de ellos y, por fin después de mucho tiempo, Kate movió el culo del sillón para dejar la casa impecable y supuse que ella también se había encargado de los cachorritos.
Creo que Lindemann había estado llenándole la cabeza o algo por el estilo porque, simplemente, Kate ya no era la misma perra despreciable que yo recordaba al salir de aquí.
Claro que no, de hecho hasta era amable, pero no debes darle la mano porque te comerá el brazo. Oh, claro que la conocía. Me preguntaba cómo reaccionaría mi amo ahora que todo ha cambiado. La última vez que él le levantó la mano yo la defendí y no hace falta mencionar lo que pasó después. Después de todo, ella ha estado aquí más tiempo que yo y tal vez sabe lidiar con él y si es que sabe cómo lidiar con mi amo yo estaré más que jodido. Él estará más tiempo con ella que conmigo y no me va a necesitar.
¡No seas idiota, Bill, concéntrate, por amor de Dios! Él te necesita, ¿no lo entiendes? Necesita de ti ahora más que nunca, no puedes preocuparte porque se le ocurra poner sus ojos en alguien más, ¿eso que importa? Preocúpate por convencerlo de hacer la rehabilitación, eso es mucho más importante. Cuando él esté de pie nuevamente, todo volverá a ser como antes y él volverá a amarte como antes. Todo será como antes y ya no tendrás que preocuparte por nada ni por nadie. Todo va a mejorar más pronto de lo que te imaginas.
Suspiré y me senté junto a los cachorros. Parker se me acercó y lo acaricié, soltando el más largo de los suspiros. El pequeño cachorro se subió a mis piernas y se instaló allí.
—Esta es la vida que me toca, Parker. Ojalá supieras lo jodido que es estar encerrado en un lugar como este. El despertar junto a una persona que aún no has terminado de conocer.
Despertar todas las mañanas junto a un loco que un día es Dios y al otro día es el mismo diablo. Ojalá comprendieras lo imbécil que me siento de no pensar lo correcto en el momento correcto. Permito que las malas personas no paguen por lo que deben y que las buenas reciban el peor de los castigos, ¿y sabes por qué sucede eso? Porque soy un idiota. Cometo error tras error y no tengo la puta capacidad mental para detenerme a pensar en lo que hago— Acaricié la cabeza de Parker y él me miró, sacando la lengua—. ¿Sabes por qué otras cosas soy un idiota? Porque estoy hablando con un perro sobre mis problemas, como si fueses a responderme… o a entenderme, siquiera. Creo que ya me estoy volviendo loco.
—¿No lo estabas ya?— Kate entró a la cocina, siempre con ese paso elegante y femenino que la caracterizaba—. Deberías levantarte del suelo, no lo he limpiado aún y tus perros orinan todo lo que pisan y tu trasero está sobre su porquería.
—Se supone que debes sacarlos afuera para hacer sus necesidades, ¿Till no te explicó cómo debías cuidar de ellos?— Ella se dio la vuelta, con la mano apoyada a la cintura y una expresión de superioridad.
—Primero: Los perros no son de mi maldita propiedad. No tengo por qué cuidarlos y si lo hice fue para hacerle un favor a Lindemann. Segundo: Nunca he tenido un perro, no sé cómo cuidarlos y creo que Lindemann tampoco, así que solo los saqué una vez al día. Tercero: El único que puede decirme lo que debo hacer es Thomas, no tú. Mi amo no me ha ordenado nada desde que llegó y sé lo que debo hacer. Entre mis tareas, no está el cuidar a tus perros.
—Maldita sea, Kate, solo te pregunté si Till te había dicho cómo cuidarlos. No te pedí que me contaras la historia de tu vida— Zeus corrió hasta mí e intentó sentarse en mis piernas, pero no había mucho lugar para los dos— ¡Muchachos, no!— Decidí ser justo y quitar a Parker.
—¿Él se recuperará de lo que sucedió?— Preguntó ella, con una seriedad increíble— ¿Volverá a caminar?— me levanté del suelo y sacudí mi pantalón mientras pensaba en una respuesta que no sonara cruel—. Él es el amo, no puede estar en esa silla de ruedas toda su vida. Se volverá loco.
—El médico dijo que había una posibilidad de que vuelva a caminar. Tendría que hacer una rehabilitación, pero sería un largo proceso que puede decepcionarlo. Es mucho tiempo y temo que su paciencia sea poca. Yo no puedo meterme en su cabeza y jugar con su mente para convencerlo de ello, no puedo hacer más que apoyarlo y obedecerlo… como siempre ha sido.
—Tú eres el único que puede convencerlo de hacer algo que no quiere. Till me contó que él se enamoró de ti. No quiero admitirlo porque tú me caes como la misma mierda y si pudiera elegir tu manera de morir sería aplastado por un camión.
—Eso es tierno. Me han deseado cosas mucho peores.
—Pero que yo sea quien maneje ese camión— giré la mirada y me crucé de brazos—. A lo que voy es que… Thomas es feliz contigo y eso es todo. Yo no he podido lograr todo lo que tú lograste en menos de dos años. Yo tendría que estar en tu lugar, él tendría que ser mi hombre pero creo que no funciona. Creo que le gustan más los penes— rió levemente y se acercó a la puerta. Ambos lo observamos tomar su sopa mientras usaba la laptop sin prestar atención a nada ni a nadie más—. Él es el hombre al que todos le temen, ¿ahora a quién podría asustar?
Está en una silla de ruedas y depende de ti, alguien más débil, para poder hacer todo. Ese no es el amo que yo conocí. Yo conocí a un monstruo que destroza todo lo que tocaba. Ahora solo veo… veo a un hombre frágil. Veo a alguien que ya no tiene ni una sola esperanza por seguir adelante.
—Eso no es cierto.
—Dos años no son suficientes para conocerlo, Bill. Ese hombre es el misterio más grande que he conocido, ¿y sabes qué es lo peor?— cruzamos miradas—. Lo peor es que nunca sabremos cómo funciona su cabeza porque ni él lo sabe— me dio una palmada en el hombro—. Mejor saca a tus perros a hacer sus necesidades o se enfadará aunque no creo que vaya a hacerte mucho daño. Estando en una silla de ruedas ya no es más que un hombre común.
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Solo un día, un día en esa silla de ruedas y él podía recostarse solo en la cama. Ni siquiera me dijo que lo ayudara, él solo me dijo: «No seas idiota, no estoy muerto. Aléjate, yo puedo hacerlo solo». ¿Cómo tomé eso? Pues como un: «Aún no me he dado por vencido, si puedo hacer esto solo puedo hacer mucho más». Bueno, yo preferí tomarlo de esa forma antes que deprimirme por unas tontas palabras que, en su estado, era más que comprensibles.
Él se acomodó con mi ayuda. Coloqué almohadas en su espalda y él encendió la tele. Comenzó a hacer zapping en los canales, como si yo no existiera. Ni siquiera me miraba. Me molestaba que no me mirara y me molestaba el saber que debía acostumbrarme a eso.
Terminé de acomodar los cobertores para que no pasara frío y le entregué su medicamento antes de dormir. Él lo tomó sin mirarme y se lo tragó junto a un poco de agua. Me entregó el vaso y lo dejé en su mesa de luz. Supuse que ya era hora de retirarme, pero ¿cómo me despedía de él? Si lo tocaba estaba muerto y no sé si deseaba estar muerto ahora.
—¿Necesita algo más, amo?— él apagó el televisor ante mis palabras y dejó el control remoto a un lado. Estiró su cabeza hacia atrás y suspiró, devastado.
—Estoy dolorido, pequeño— ¿alguna vez han sentido que ves a alguien que quieres llorar y tu corazón se convierte en una pasita pequeña y arrugada? Bueno, él no estaba llorando, pero sí estaba sufriendo y aquello me rompía el alma—. Me duele cada jodida parte de mi cuerpo que aún puedo sentir.
—Le traeré un analgésico para que pueda descansar tranquilo. Solo deme un momento.
—No necesito un puto analgésico— me miró—. Necesito que te quedes aquí y no te vayas a ningún lado. Si sales de esta habitación estaré jodidamente decepcionado y no sé si quiero sentir decepción ahora.
—Me quedaré todo el tiempo que usted desee. No iré a ningún lado— palmeó dos veces a su lado de la cama y allí fui a sentarme. Era la primera vez que estaba de acuerdo con Kate en algo. Era la primera vez que lo veía tan débil.
—Ya no tengo mis piernas— él apoyó su cabeza en mi hombro y yo lo abracé, intenté contenerlo. Acaricié sus cabellos con lentitud, quería que notara que yo estaba ahí—. Sé que esto me va a matar. Si esa bala no lo hizo, el destino se encargará de mandarme a la mierda. Debí saber que iba a pasar por algo como esto antes de irme a la maldita tumba.
—Usted no irá a ningún lado. Se quedará aquí conmigo y yo cuidaré de usted y haré que se mejore. Yo me encargaré de todo.
—Eres un idiota, pequeño. Un idiota que vuela en fantasías. Tienes casi diecinueve años y aún crees en cuentos de hadas. Pequeño, los cuentos de hadas se convierten en relatos de horror cuando me ves por primera vez. Lo sabes, lo sabemos. Tus ojos están abiertos y tu mente espera lo peor en todo momento. Yo sé que intentas ser fuerte ahora, pero estás asustado.
—No le temo a nada.
—Me temes a mí. Aún temes que yo te haga daño, ¿no es verdad?— se formó un momento de silencio en el que acaricié su rostro y dejé un beso en su frente.
—No temo que usted me haga daño, temo que se haga daño a sí mismo. Temo estar a punto de perderlo y no poder hacer algo al respecto. Si usted puede hacer que los cuentos de horror se hagan realidad, yo me encargaré de hacer que los cuentos de hadas también lo sean.
—Lo diré una vez más, Bill: Eres un idiota— el tacto áspero de su mano tomó la mía casi con brusquedad y la apretó, alejándola de su rostro—. La única manera de vivir un cuento de hadas será alejándote del villano. Los buenos ganan, los malos pierden y yo ya he perdido.
—Aún no.
—Tienes razón. Debo retractarme. No perderé todo hasta que me abandones, en ese momento estaré acabado por completo y los buenos ganarán.
—Prefiero que los malos ganen siempre a tener que sacrificar su compañía. ¿Eso me convierte en otro más de los villanos?
—Eso te convierte en un imbécil enamorado de alguien que no vale ni la mitad que tú. Por última vez: eres un idiota, pequeño.
—No me importaría admitirlo— él alzó la mirada—. Estoy orgulloso de ser un idiota y no me importa vivir en un cuento de horror, mientras que usted sea el villano.
—Entonces no has leído muchos cuentos de horror, pequeño— esta vez, él acarició mi rostro—. Yo merezco esto y tú mereces ser feliz.
—¿Dice que merezco ser feliz? ¿Qué le hace pensar que no lo soy ahora?— esta vez él fue quien guardó silencio absoluto por un momento y luego sonrió… sonrió exactamente como a mí me encantaba que sonriera. Esa sonrisa que me enamoraba en un instante. Este era mi amo. El hombre del cual yo me enamoré.
—No te merezco, pequeño, pero me alegra que estés aquí aunque no sé cuánto tiempo pueda aguantar. Estoy pagando por mis errores— volvió a bajar la mirada y tomó mi mano una vez más—. No me importa morir en esa silla de ruedas. Prefiero que la vida me torture como a nadie. Prefiero que el karma se encargue de destrozar cada parte de mí, que me quite todo lo que tengo. No me importa perder mi fortuna, ni mi salud o mi maldito orgullo, pero que nada ni nadie toque a mi pequeño.
Continúa…
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No estoy llorando😭