«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 42
Maldita sea, ¿qué he hecho?
No pude preguntarme otra cosa desde lo que sucedió anoche. Simplemente me sentía un imbécil. Un idiota que no supo controlar sus impulsos y jugó al juego más jodidamente peligroso del mundo. Dejé que alguien más entrara en mi habitación sin razón alguna y dejé que esa misma persona me tocara, también sin razón alguna. ¿Cuál era mi maldito problema? ¿Qué es lo que he hecho? ¡Joder! Si tan solo él supiera lo que sucedió anoche en esta misma cama, sé que me mataría. No solo me mataría, me torturaría, pero no había peor tortura que perder su confianza y luego de esto, yo también hubiese desconfiado… pero no. Yo no soy él, yo creo en sus palabras a pesar de todo. Me ha dado vueltas la mente con sus juegos de palabras desde el primer momento y yo creí cada sílaba que salía de su sucia boca. Pero no estoy arrepentido de haberlo hecho. Sé que la desconfianza me hubiera alejado de él para siempre, pero sigo aquí, amándolo de esa misma forma en que los demás me advirtieron que no debería hacerlo. Sé que él mintió, sé que él sí me amó en algún momento, de ser así… ni siquiera… ni siquiera hubiera pensado en hacer lo que no logró.
Me encontré recostado en mi cama, sin haber podido pegar un ojo en toda la noche. Estuve horas y horas derramando lágrimas humillantes y viendo ese anillo de compromiso que, seguramente, hubiese estado encantado de recibir luego de un «sí». Sé que él mintió al decirme que no me ama. Es decir, no creo que hubiese pensado siquiera en tomarse el tiempo de comprar un anillo… no creo que él hubiese querido compartir su vida entera con un completo desconocido, pero yo soy (y fui) un completo desconocido y aun así quiso compartir todo conmigo. Quiso compartir sus sueños, su tiempo, sus sentimientos, su dolor, su todo. No es justo ni posible que se haya querido echar para atrás ahora. No es justo que haya querido abandonarme luego de todo lo que pasamos juntos.
No me imagino una vida sin él y sé que esto no me lo perdonaría. No tenía miedo de morir, tenía miedo de no poder estar allí para él, ¿pero él notaría que yo estoy aquí? Dejé de ser todo para él en el momento en que la historia se dio vuelta y esa bala fue a parar a su cuerpo.
Espero que él comprenda que yo hubiera deseado que fuese todo lo contrario. De haberlo sabido, ni siquiera hubiera aceptado la ayuda de Ronnie, me hubiese muerto en ese lugar antes de arruinar su vida. ¿Cuánto más podría soportar? Sin él, no mucho. Me hubiera muerto luego de ser golpeado, violado y humillado. ¿Qué importa cuándo no hay dolor peor que el que está sintiendo la persona que amas? ¿Qué importa cuándo te has convertido en una especie de muñeco vudú y el amor de tu vida está pasando por uno de esos momentos en los que anhela más la muerte que la vida? En definitiva, nada importa. Nada importa cuándo dejaste de ser tú para entregarte completamente a alguien y, aún peor, cuando esa persona deja de notar tu existencia lentamente. Pronto no queda nada de ti, ni siquiera el arrepentimiento de haber amado a quien no debías porque sabes que lo único que te mantiene vivo se está marchitando. No quiero imaginar un mundo sin él, quiero imaginar que él me ama tanto como yo lo amo. Quiero ser un estúpido niño crédulo todo el tiempo que sea necesario y convencer a mi estúpida mente de que aún puedo ser feliz.
Aun no comprendo por qué no puedo ser como él. Por qué no puede dejarme de importar algo o alguien en un momento o, por lo menos, fingir que todo ha terminado. Quisiera tener fuerzas para empezar una nueva etapa pero hay dos problemas. El primero es que todo de mí, hasta mi fuerza de voluntad se las ha llevado él y nunca volverá; y el segundo es que no comenzaré una nueva vida sin él. En mis planes no existe un «no» para su presencia. Lo quiero a él en todo momento y en todo lugar. Lo quiero a él y a sus berrinches, a sus tonterías, sus bromas, su sarcasmo y su perfecto modo de hacerme sentir alguien amado. Simplemente, quiero a mi amo de vuelta. Lo amo.
Me sobresalté y giré mi mirada con el corazón latiéndome a mil por hora cuando el despertador en la mesa de noche sonó abruptamente. Me senté en la cama y lo apagué, sabiendo que así comenzaba un nuevo día. Pero no era un día como los otros. Esta vez no me sentía cansado, no me sentía malhumorado ni tampoco ansioso. Estaba asustado. Tenía miedo de entrar en su habitación y que él pudiese leer mis pensamientos con solo verme. Así era él, podía leerme como un libro abierto pero no tenía compasión al romper las páginas y acomodarlas a su manera. El que él pudiese entenderme no significaba que le importara hacerme daño, simplemente lo hacía. Él escribía mi vida a su manera y yo solo me arrodillaba a besar sus pies luego de entregarle el bolígrafo.
¿Soy un imbécil? ¿Por dejar que él maneje mi vida? ¿Por amarlo sabiendo que es una persona fría? ¿Por creer que puedo hacer que cambie? ¿Por creer que sus palabras valen más que los golpes y las humillaciones? ¿Por amarlo? Claro que lo soy. ¡Maldita sea, soy el mayor imbécil que conocerán en su jodida vida! El peor, el más grande y el que se lleva el primer puesto en dicho insulto, pero prefiero que así sea a que alguien me obligue a olvidarme de lo bien que me he sentido a su lado en todo ese tiempo. Un minuto de su comprensión y sus palabras de aliento valieron más que muchas otras cosas en mi vida. Él vale más que todo lo que tengo, él vale más que yo y, si puedo soñar como una criatura en este momento, nadie más podrá tener a alguien como él. Nadie nunca tendrá el amor que yo tuve y esto no es más que la verdad.
Nadie lo amará tanto como yo y sé que él no amaría a nadie más que a mí. Él no sabía lo que era amar y yo le enseñé a hacerlo, ¿y saben qué? Él me amó solo a mí, por primera vez. Sé que él tiene un corazón porque yo se lo di. Yo le di todo lo que podía y quería dar y él me dio cosas que nadie nunca tendrá. Me dio su arma más poderosa y su debilidad más grande. Por eso no quiero abandonarlo, por eso tengo esperanzas de que él vuelve a ser el mismo de antes. La misma persona alegre que me amó así como soy. Solo pido estar a su lado y eso me basta para vivir el resto de mi vida feliz.
Apoyé mis pies en el suelo y fui directo hacia la ducha. Tomé un baño, tal vez el menos relajante de todos. Mi cuerpo no dejaba de temblar, temía no poder ponerme de pie. El solo recordar todo me hacía sentir un monstruo, el peor de todos. Lloraba y dejaba mis lágrimas perderse en la lluvia, como si nunca hubieran existido, más el dolor en mi pecho no cesaba. Me estaba derrumbando por dentro y, esta vez, no fue él quien me empujó. Fui yo quien arruinó todo. Creo que así es como se debe sentir un verdadero imbécil. Creo que así se debe sentir hacerle daño a la persona que amas, es como si hubiese herido a mi propia madre. Es como si le hubiese hecho daño a la persona que tanto intenté ayudar durante todo este tiempo. Bueno, no es como, en realidad sé que él sabrá lo que sucedió y en ese momento le habré hecho el peor de los daños.
Solo me tomó unos minutos. Al poco tiempo salí de mi habitación, vestido y dispuesto a andar con la frente en alto, aunque no lo lograría. Me dirigí a la cocina para preparar su desayuno, como todas las mañanas. Sorpresivamente, solo Kate estaba allí. Ella solía despertar un poco más tarde y ayudarme a mantener todo en completo orden. Por momentos sospeché que ella se había enterado de todo. Mi corazón latió tan fuerte que ni siquiera pude compararlo con algo. Estaba jodido de ser así. No solo estaba jodido, ¿qué estoy diciendo? ¡Estaba jodidísimo!
Ella no guardaría semejante secreto, no si la confianza de mi amo está en juego. A pesar de todas sus tiernas palabras, nunca olvidaré que ella quiso (o, tal vez, aún desea) ocupar mi lugar y yo no podía permitir eso. De ninguna maldita manera ella iba a poner sus manos sobre él de nuevo, ni él en ella. De ninguna forma podría permitir que me lo arrebatara. Sin mi amo no soy nada, sin él estoy vacío, solo y muerto. Sin él ya no habría motivos por los que luchar y yo estoy dispuesto a dar mi vida si es necesario.
—¿Qué pasa contigo?— habló ella, frunciendo el entrecejo al darse la vuelta y verme por primera vez en el día— ¡Joder! ¿Qué rayos tienes?— bueno, ya dije que mi corazón latía horriblemente rápido, pero lo que siento ahora es simplemente es inexplicable. Iba a morir en cualquier momento.
—¿Qué?— pregunté, sin atreverme a avanzar un solo paso.
Se me ocurrieron mil maneras de mentir en ese momento. Miles, tal vez millones, pero no creo que sea lo suficientemente tonta como para creer en mis palabras. Solo fingí demencia. Tenía esperanzas de que ignorara aquella situación. Lo último que faltaba era que pusiera a mi amo en mi contra.
—Te ves terrible, ¿no te viste en el maldito espejo al despertar?— fue ella quien se acercó y posó su mano en mi frente, como mi madre lo hacía— ¿Te sientes bien?— por lo menos pude calmarme, agradeciendo que no se refería a lo que yo tenía en mente.
—¿Ajá?— asentí lentamente.
—¿Sí o no?
—Sí.
—Estás demacrado. Tienes los ojos espantosamente rojos y los labios hinchados. Dime que has dormido algo anoche— moví mi cabeza positivamente—. Maldita sea, cada día estás peor, niño. Recuerdo cuando llegaste aquí, al menos tenías algo de carne en esos huesos. No mucha, pero tenías. Pareces un maldito personaje de una película de horror.
—No tienes que tirarme tanta mierda, ¿sabes? Ya entendí lo que quisiste decir y estoy bien— me alejé y comencé a preparar el desayuno. Mi amo no tardaría en despertar. Debía hacer las cosas bien esta vez y conseguir que él no me atacara con sus palabras hasta doblegarme.
—¿Puedes explicarme algo?— la miré de reojo y mis latidos aumentaron nuevamente—. Cuando desperté encontré dos vasos sobre la mesa, dos vasos sucios y casi llenos de batido de frutas ¿Anoche estuviste bebiendo batidos? ¿Con quién?
—Sí, estuve bebiendo batidos y con Lindemann.
—¿Sabes lo que se me hace casi extremadamente raro, Bill?— Maldita sea, odiaba verla a los ojos. Me sentía intimidado. Me hacía sentir un maldito criminal y no sé si quiero aguantar aquello justo ahora. Me di la vuelta y seguí preparando el desayuno, intentando actuar normalmente.
—¿Qué?— me atreví a preguntarle.
—Que tú no dejas un plato sucio ni aunque estés a punto de morir. Nunca te vas a acostar sin siquiera haber dejado la casa hecha un espejo— moví mis manos tan rápidamente a causa de los nervios que no me di cuenta. A penas presté atención de lo que estaba haciendo—. Algo ha pasado anoche y no quiero que me mientas.
—Solo fueron unos simples batidos. Estaba cansado y me fui a recostar. Tal vez Lindemann olvidó lavarlos, dijo que lo haría por mí. Es todo— ni siquiera la miré, pero podía jurar que sus ojos estaban clavados en mi nuca y casi me lastimaban como el filo de una espada a punto de decapitarme.
—Lloraste.
—Siempre lloro. Llevo una vida de mierda, amando a un tipo que me trata como a una basura, ¿pretendes que salte en las paredes de felicidad?
—Esta vez no fue por el amo.
—Siempre es por él.
—No esta vez— oí sus zapatos de tacón acercarse a mí. Me hubiese encantado salir corriendo, pero estaba ocupado en intentar lucir como un ser humano normal. Mal intento—. Si algo sucedió con Lindemann no dudes en decírselo a él, sé que no perdonaría que alguien esté acosándote bajo su mismo techo. No tienes que defender a quien te hace daño y si Lindemann lo hizo debes hablar.
—¿Cómo se te ocurre algo así?— solté una leve risa, que no quedó del todo creíble, pero insistiría hasta que ella se decida a creerme—. Kate, Till es mi amigo y solo nos sentamos a charlar, pero yo estaba demasiado cansado. Había tenido una discusión con mi amo esa tarde y necesitaba alguien con quien hablar eso es todo. Till y yo somos buenos amigos y él sería incapaz de hacerme daño de alguna forma.
—¿Eso es lo que sucedió?
—Es todo lo que sucedió. No te preocupes, todo está perfectamente. Yo sé cómo defenderme, no tienes que hacerlo por mí. Lo aprecio, pero yo sé cómo lidiar en situaciones como estas. Ya he aprendido de mis errores y sé que debo hacer— la miré y sonreí, pero ella no me creería.
—¿Seguro que es todo lo que sucedió?
—Sí, es todo.
—Si algo pasó anoche y el amo se entera lo vas a lamentar. Espero que estés diciéndome la verdad porque yo tampoco toleraré que me mientas— y por fin, mi deseo de que ella se alejara se cumplió, pero no sin antes dedicarme unas últimas palabras que me erizaron la piel—. Quiero que sepas que no te creo y dudo que él también te crea cuando ya sea demasiado tarde.
Me había dejado con el corazón en la boca, listo para escupirlo al primer respiro. No podía ni siquiera intentar disimular con ella, ¿cómo haría cuando tenga que verlo a él de frente? Lo notaría con solo cruzar miradas. Joder, ahora sí que estaba más que aterrado. Hubiera deseado no terminar nunca ese desayuno para así no tener que verlo a los ojos, pero lamentablemente terminé más rápido de lo que creía.
Junté todo en la bandeja y comencé a subir las escaleras. Mis pasos nunca habían sido tan lentos ni mis suspiros tan largos. Mi corazón se aceleraba tras cada centímetro que me acercaba a su habitación. Nunca deseé tanto que un camino fuera tan largo, pero no lo fue. En cuanto menos lo esperé ya estaba frente a la puerta. Alcé el puño y golpeé tres veces. Por primera vez deseé que me tratara mal y me dijera que me fuera.
—Adelante— oí su voz. Su maldita voz.
Suspiré e intenté mantener la calma. Entré lentamente y no lo vi a los ojos. Me acerqué y apoyé la bandeja en su falda. No me molesté en mirarlo, pensé en levantarme y salir de allí, pero no podía hacerlo si no me lo pedía. Me quedé sentado a su lado, sin decir una sola palabra. Estaba terriblemente incómodo aunque él no me dedicara una mirada. Por alguna extraña razón sentía que él estaba tan nervioso como yo. Es decir, estaba más calmado de lo normal, como pensativo.
—Mis píldoras, ¿dónde están?
—Lo lamento— me apresuré a buscarlas en su mesa de noche y se las acomodé como siempre—. Aquí están— mientras acomodaba sus píldoras, repentinamente una de sus manos rodeó mi muñeca. Me sobresalté, comencé a temblar como un cachorro asustado.
—¿Por qué no me miras?— ¡Joder!— Alza la cabeza y mírame a los ojos— Estaba jodido. Más que jodido. Obedecí sin decir una palabra y, por más que lo intentase, no podía actuar normalmente— ¿Qué tienes? — alzó su mano contraria a mi mejilla y la acarició con ternura, descolocándome como nunca antes lo había hecho— ¿Por qué estuviste llorando?
—No he estado llorando— respondí al instante, como sabiendo de antemano que aquella pregunta saldría de su boca—. Estoy cansado— agregué, excusándome.
—¿Quién soy yo?— me descolocaba aún más tras cada pregunta. Desvié mi mirada hacia cualquier otro lado, pensando en una repuesta que no me metiera en problemas.
—Mi amo— volví mi mirada a él.
—¿Y qué es lo que a tu amo le molesta más que a nada?— tragué saliva, sabiendo aquella respuesta perfectamente.
—Las mentiras…
—Exacto. Las mentiras— ambas manos tomaron mi rostro esta vez, me acarició tiernamente y suspiré—. Te daré una última oportunidad para decirme lo que quiero saber. Estoy de buen humor y no lo arruines.
—Solo… es…— Debía decírselo, debía contarle la verdad—. Me sentí mal por la manera en la que usted me trató y lloré— no pude hacerlo. Lo decepcionaría, lo perdería. Sé que me arrepentiría toda la vida si él me abandonaba—. Por eso estuve llorando.
—¿Por mi culpa?
—No…
—Por mi culpa— afirmó, interrumpiéndome—. Lo lamento— ¿a qué jugaba esta vez? Maldita sea, sus juegos. Sus estúpidas trampas de lindas palabras disfrazando un corazón podrido. No soportaba que hiciera esto conmigo—. Pequeño…— y allí me encontraba yo, cayendo en esas palabras una vez más. Él ablandaba mi corazón con una simple palabra—. ¿Me perdonas, pequeño?— cerré mis ojos con fuerza, intentando esconder inútilmente mis lágrimas— Perdóname, pequeño, por favor.
—Sí— asentí sin más que decir, sin más que hacer. Era inútil intentar no creerle, era inútil intentar escapar de sus garras. Me destrozaría en cuanto menos lo espere ¿y yo deseaba ser destruido? No, pero lo haría.
—Deja de llorar, ¿sí? Perdóname por haberte hecho sentir así, eres una niño bueno y yo he sido un monstruo— alejé mi rostro y le di la espalda. Cubrí mi rostro, sintiéndome la persona más idiota en el mundo—. Pequeño, deja de hacer eso, por favor.
—¡No!— alcé la voz, por segunda vez— ¡Usted es quién está haciendo que todo se convierta en una pesadilla! ¿¡Por qué debo ser yo el culpable!? Me odia, me quiere, me destruye y me pide disculpas para luego volver a destrozarme de una peor manera. ¿A qué rayos está jugando? ¡Estoy cansado de sus mentiras! ¿Por qué hace que todo sea tan difícil? ¿Por qué se empeña en hacerme daño de esta manera? Estoy tan cansado de vivir de esta manera, estoy tan cansado de que usted diga que me equivoco cuando todo lo que hago es intentar ayudarlo. Intento que usted sea feliz, ¿por qué hace que todo sea tan difícil para los dos?
—Tal vez porque no deberías estar aquí. Tal vez es porque quiero que te vayas por las buenas y seas feliz en otro jodido lado del mundo, donde sea. Tal vez es porque yo quiero que te largues y no encuentro la puta manera de convencerte de que me abandones sin herirte o herirme a mí mismo. Te necesito, pero también necesito que seas feliz. Te necesito lejos, haciendo una nueva vida, conociendo a otras personas, amando a otras personas. Te necesito lejos de este infierno y, sobre todo, lejos de mí. Sé que seguiré haciéndote daño si te quedas, lo que no sé es si podré detenerme. Temo hacerte más daño del que ya te he hecho.
¿Cuánto más daño puede hacerme? Ya he soportado todo. Ya he soportado todo lo que usted puso como obstáculo.
—tú eres el único obstáculo que yo tengo— apreté mis manos en puños. Lo decía tan fríamente que dolía, dolía peor que un golpe, o peor que una falsa caricia—. Tú eres lo único que me impide ser feliz, ¿es que aún no lo has comprendido?
—¿Deshacerse de mí lo haría feliz?
—Hacerte feliz es lo único que puede hacerme feliz. Soy egoísta, tú eres mío, pero no puedo odiarte lo suficiente como para darte una vida de infelicidad como la que estoy dándote. Eres miserable aquí. Teniendo una vida por delante estás a cargo de un inútil que ni siquiera sabe cuánto le queda de vida.
—Quiero cuidar de usted, quiero ayudarlo a salir adelante, ¿no lo comprende? Solo busco lo mejor para usted y en vez de permitirme ayudarlo y tener esperanzas…
—¿¡De cuáles putas esperanzas me estás hablando!?— gritó— ¡Mírame, maldita sea! ¡Mírame de una jodida vez!— giré mi cabeza. Él señalaba sus piernas— ¡Mira donde mierda estoy!
¡Estoy postrado en esta puta cama y los dos sabemos que las esperanzas no existen! ¿¡No lo entiendes!? ¡Aquí estaré lo que me queda de vida y tú no puedes hacer nada!
—¿Y si en realidad puede hacerlo? ¿Qué hay si puede levantarse y cumplir con todo lo que me prometió? ¿Por qué no lo considera? Tan solo intentarlo, no pierde nada con intentarlo. Amo, por favor— me acerqué y tomé su mano. Le hablé desde lo más profundo de mí ser, con toda la sinceridad y el amor del mundo—. Permítame ayudarlo. Tenga esperanzas. Intentémoslo, yo le prometo que nunca me iré. Estaré siempre a su lado, yo sí cumpliré lo que he prometido.
—Eres un imbécil por creer en las esperanzas. Perderé mi tiempo intentando algo que nunca lograré. Si aún queda algo de inteligencia en esa cabeza, te alejarás de mí y nunca volverás a verme— su mano acarició mi rostro, delineándolo suavemente, mirando con nostalgia como si intentara memorizar cada facción.
—Prefiero ser un imbécil.
—Eres demasiado para alguien como yo. No puedo permitir que te hagas esto a ti mismo. Tú no debes permitir que yo te haga esto, Bill.
Su dedo pulgar acarició mi labio inferior. Me observaba atentamente y no lo resistí. Me acerqué y lo besé, lo besé tiernamente, como antes, como cuando nos teníamos la confianza para todo, absolutamente todo. Abracé su cuello y él mi cintura. Me besó apasionadamente, me hizo suspirar y jadear, sediento de él. Al separarse nuestros labios, él apoyó sus dedos en mi boca y me alejó lentamente. La atmósfera se tornó incómoda de nuevo, casi triste.
—Yo lo amo.
—¿Amarme? Tú no tienes idea delo que dices, tan solo eres un niño confundido— y simplemente así, rompió mi corazón—. Yo soy un monstruo mentiroso y tú un niño ingenuo dispuesto a ser herido para obtener el cariño que nunca obtendrá. ¿Necesitas saber algo más para convencerte de que no existe nada entre nosotros?
—¿Por qué dijo que me amaba entonces? ¿Esta es su forma de hacerme daño? ¿Es eso lo que está buscando en realidad?
—tal vez— él no cambiaría—. Quiero que te largues de mi casa, eso es todo. Se ha terminado, pequeño, para siempre. Tú dejaste de significar algo para mí hace mucho y no hay manera de que eso cambie. No me arrepentiré de lo que acabo de decir. Entiéndelo.
—No puedo creerlo…
—Sabías que pasaría en algún momento. En algún momento tendrías que irte. Lo nuestro no fue lo suficientemente importante. Ya no te necesito. Fuiste una buena distracción mientras duró, pero fue suficiente.
—Eso no es verdad.
Deja de comportarte como si no supieras que este día llegaría. Las cosas no duran para siempre y ¿qué te hizo pensar que tu estadía aquí sería eterna? Se ha terminado, pequeño. Todo ha terminado y tú no tendrás que lidiar conmigo ni yo contigo. Deberías ser el muchacho más feliz del mundo. Ahora eres libre.
—¿Tengo opción?— él se quedó en silencio. Pensaba en una respuesta mientras tomaba sus medicinas— ¿Tengo la opción de quedarme o me obligará a irme?
—¿Lo estás considerando?
—No.
—Te daré tres días para pensarlo. Por mi parte, prefiero que te largues. Estaré mejor sabiendo que no volverás a pisar este lugar— me dedicó una mirada seria y dejó escapar una sonrisa que me heló la sangre—. Ya no existe ninguna razón para que estés aquí. Simplemente eres nada, ¿comprendes? Eres libre, ya no te necesito.
—¿Así de simple?
—Así de simple. Ya no puedo hacerte daño, ya no puedo follarte ni siquiera, y no necesito nada más que eso de ti. Si no hay miedo y dolor, no quiero nada más de ti. Solo quería alguien a quien golpear para desquitarme, alguien débil y ahora que no puedo hacerlo, es inútil que sigas ocupando lugar aquí.
—¿Entonces solo quería eso? ¿Eso es todo lo que fui para usted? ¿Una maldita bolsa de boxeo?— me quedé mirándolo fijo, él siguió sonriendo como si nada le importara— ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué dijo que se preocupaba por mí!?— entonces comenzó a reír— ¿¡Por qué dijo que me quería!?
—¡Crédulo! ¿¡Qué esperabas de mí!? No me digas que… en serio estabas enamorado de mí— tragué saliva entonces— ¿En serio estabas enamorado de mí? ¿En serio fuiste capaz de creer que alguien como yo podía amar? Amar es para las personas que no saben valorarse por sí mismos y, al parecer, tú eres una de ellas. En verdad me causas una gran lástima. Es todo lo que siento por ti, lástima.
—Entonces es cierto. Todo lo que he oído de usted es verdad y me negué a creerlo por tanto tiempo. Usted resultó ser un monstruo y yo no quise escuchar a quienes me advirtieron.
—Aquí me tienes y por fin, luego de tantas tonterías, abriste los ojos— tomó mi mandíbula fuertemente, casi haciéndome daño—. El pequeño ha crecido y ha comprendido que no todo en este mundo tiene su lado bueno. Yo no lo tengo y nunca lo tendré.
—Pero todo lo que ha hecho por mí…
—Necesitaba que dejaras de quejarte. Una excusa para no verte llorar mientras te follaba. A veces es aburrido que a mí me guste y a ti no, se vuelve cansador y necesitaba verte cambiado. Además, si te hacía sonreír, luego era más fácil hacerte daño. Funcionó.
—No es posible.
—Tres días— me dio una palmada en la mejilla y siguió comiendo—. Tienes tres días para pensar en qué mierda vas a hacer.
¿Qué más iba a decir? Me levanté de la cama y salí sin decir una sola palabra. Esta vez no lloré.
No estaba llorando. Sentía una rabia subir y bajar por todo mi cuerpo, agolpándose en mi mente, sin permitirme pensar en algo coherente. Tal vez él se merecía lo que hice anoche, se merecía mucho más que solo eso. Se merecía lo peor que alguien pudiera hacerle. No tenía corazón, no había nada que romper.
Continúa…
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Ya valio😭😭