«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 44
By: Thomas
Otra mañana igual de insulsa como las anteriores, casi hasta más insulsa que el resto. ¿Qué podía esperar? ¿Un maravilloso día lleno de sorpresas? ¿Qué podía llegar a cambiar en este aburrido lugar? Soñaría si es que pudiese pedir algo diferente a lo que tengo. El mismo aburrido desayuno de todas las mañanas. De tanto comerlo ya me sabía asqueroso, vomitivo.
Era el mismo programa en la televisión de todas las mañanas. El mismo aburrido informativo que me decía que este mundo seguía igual y las únicas noticias interesantes hablaban de cuántas personas habían muerto o a cuantas mujeres habían violado y matado en los últimos días. Simplemente, deprimente. Era deprimente saber que lo único llamativo que ha pasado (o, tal vez, pasará) en estas vidas es ver toda la gente que muere en otros lugares o tal vez en nuestro mismo vecindario. Realmente el mundo se estaba yendo a la mierda y tantas veces he pensado en esto que ya no se ve como algo trágico, sino como algo aburrido y eso sí que es triste.
Todo se veía tan absurdo e igual que siempre, excepto algo y ese algo era él. El niño a mi lado no era el mismo de siempre y yo podía notar eso sin importar la circunstancia en la que me encuentre. Siempre notaba sus actitudes por más pequeñas y disimuladas que intenten ser. Lo conocía mejor de lo que él puede conocerse a sí mismo, tal vez más de lo que yo me conozco a mí mismo. Conocía sus inquietudes, sus gestos, su mirada e incluso su respiración. Él era sumamente predecible y me daba cuenta al instante de lo que estaba pasando en su cabeza. Era muy fácil darse cuenta de lo que pensaba y a veces eso no significaba que fuera algo bueno. A veces deseaba no darme cuenta de algunas cosas y esta era una de esas veces.
El dejar tu alma en manos de alguien que deja a la vista sus emociones es lo peor que puedes hacer. La desventaja es que sabes que algo malo sucede, sabes que algo no anda bien pero él hará lo posible por no hacértelo saber. Sabes que quién te ama no quiere hacerte daño y eso es lo que mi pequeño intentaba cada jodido día de mi putrefacta vida. Por más absurdo que suene, me duele que esté guardando secretos. No, no es un simple deseo de ser superior, de no dejarlo tener su privacidad. No es un puto instinto dominante ni nada por el estilo, simplemente detesto que intente ocultar que algo malo le pasa. Claro, esta podía ser una gran excepción, pero no lo era. Para nada.
¿Sabes lo que significa luchar contra tus propios sentimientos? Yo sí. Lo he sabido desde el momento en que él me hizo convertir en alguien débil. Siempre me pregunté si volvería a ser el mismo luego de él. ¿En qué rayos estaba pensando? No puedo sacármelo de la cabeza.
Intento ser el mismo de antes, pero mi mente no me lo permite. Es como si una persona estuviera golpeándote y otra te extiende la mano para levantarte y seguir luchando. ¿Saben cuál es el truco? La persona que te golpea es tu mejor amigo y la que te defiende es el ser que más detestas. Bueno, algo así pasa en mi cabeza en este momento y no lo soporto. No soporto intentar olvidarme de él y que al mismo tiempo dé todo de sí mismo para ayudarme a salir adelante. No soporto que él me quiera cuando yo intento odiarlo. No lo soporto a él. No me soporto a mí mismo. Odio esta puta sensación.
—Han pasado tres días— hablé, rompiendo el completo silencio entre los dos. Él no alzó la cabeza ni siquiera para verme, al parecer ni siquiera me había escuchado—. Te di tres días— Fue allí exactamente cuando sus atrofiados pensamientos de dispersaron solo para prestarme una pizca de atención. Él alzó la mirada lentamente. Estaba perdido. Su atención no estaba en mí y aquello me molestaba.
—Ah, sí…— dijo casi en un susurro desinteresado— ¿Qué pasa?— Me enfurecía horriblemente que se encontrara así de distraído.
—¿A caso estás escuchándome? ¿Quieres que saque mi arma y te enseñe en dónde tienes que poner la puta atención cuando te estoy hablando?— no reaccionaba. Estaba más lento de lo normal. Estaba triste. Se convertía en una especie de robot tras cada palabra. Si hubiese sido otra persona, estoy seguro de que le hubiera hundido un balazo en plena frente. Pero no.
Tenía que ser él. Tenía que ser Bill, actuando como un completo imbécil y yo sin saber por qué.
—Lo lamento, ¿qué necesita?— tenía suerte de que ese día no estaba del peor humor, le hubiera hecho tragar el platón de cereales entero. Solo me calmé con un suspiro, así como él siempre lo hacía.
—Han pasado tres jodidos días desde que te pedí que pensaras en lo que querías hacer. Tienes que darme una respuesta ahora. No por la noche ni por la puta tarde. Quiero saber qué decidiste— él solo calló por un momento, pero no parecía muy interesado por mi propuesta. No supe si molestarme o abrazarlo como todo desquiciado.
—Ah… eso. Sí, no me iré a ninguna parte— Joder… este niño estaba más loco de lo que pensaba. Aun así, lo respondió lenta y tranquilamente, como si no significara nada. El día en que se lo dije, reaccionó como una puta cabra, llorando y gritando como una niña. Hoy no era esa misma persona, estaba tranquilo, distraído con otros pensamientos que no supe leer con claridad—. Me quedaré aquí— terminó de decir, con calma.
—Entonces te vas a quedar aquí— asintió, mirando fijo hacia ningún lugar—, ¿y si yo no quiero que te quedes?— logré llamar su atención esta vez y casi por completo— ¿Y si te digo que quiero que te largues ahora mismo?— su nuez se movió, tragó saliva y suspiró.
—Sáqueme de aquí, entonces— definitivamente este no era mi pequeño—. No iré a ninguna parte y debió prevenir que esa sería mi respuesta. Yo prometo lo que cumplo y prometí que no me iría a ninguna parte— ¿aquello había sido un golpe para mí? Tal vez lo fue, lo sentí como un fuerte pinchazo en medio del pecho.
—Creí que serías más inteligente, pero ya que estás aquí, puedo seguir teniendo un sirviente de más. Eso es positivo para mí. Para ti, tal vez no lo suficiente— su mirada volvió a perderse.
No hubo respuesta y eso ya estaba comenzando a joderme por demás. Esperaba sus típicas rabietas de niño loco, pero ni siquiera eso recibí esta vez— ¿Se puede saber que mierda te pasa?
—Estoy algo cansado, es todo— «es todo». Esas palabras nunca significaban algo bueno. Algo le estaba pasando y, por más que deseara que no me importe, me importaba.
No había nada que quisiera más que detestarlo, pero ni siquiera podía odiarlo lo suficiente como para no fallar en el intento. Mis múltiples métodos para hacer que él se aleje eran inútiles ante su pequeña mente. Romper todos y cada uno de sus sentimientos fue inútil, incluso golpearlo era inútil. Él seguía aquí, torturando mis pensamientos de mil maneras y sin darse cuenta de ninguna de ellas. Era sumamente inocente y me amaba, no había duda de ello.
El hecho de que estuviera enamorado de mí no significa que tenga que estar encadenado a mí toda la vida. Él merecía ser feliz y yo no podía cumplir sus deseos. Yo ya no podía hacer nada por él.
La única razón por la que le di tiempo para pensar fue para memorizar sus actitudes, sus risas escondidas, su rostro… su precioso rostro y esa ternura con la que siempre me ha tratado.
Estaba convencido de que funcionaría esta vez. Estaba convencido de que se alejaría de mí y ese sería el momento para irme de este mundo. No soy nada sin él, ¿a quién quiero engañar?
No soy nada sin mi pequeño, pero yo quiero que él sea algo sin mí y no llegará a nada mientras esté aquí, intentando hacer feliz a un jodido paralítico.
Él es lo único que me hace sentir vivo y lo estoy matando poco a poco. A veces deseo un último abrazo, pero ya no quiero darle esperanzas. Quiero que me olvide, que me abandone.
Ya me he rendido, pero soy un cobarde. No puedo alejarlo de mí, necesito que él se aleje.
Necesito que él se vaya por sus propios medios, necesito que me abandone. Lo merezco y él lo merece más que yo.
Él ha sido algo nuevo en mi vida y no pensé que llegaría a significar tanto para mí desde entonces. ¿Cómo deshacerme de lo único que me importa? ¿Cómo hacer que deje de quererme? Ya lo he intentado todo y sigue de pie. Luce tan débil y diminuto ante este mundo, pero es un guerrero. Simplemente, la persona más valiente que he podido conocer. Si yo fuera él, estoy seguro de que no habría podido mantenerme en pie. Estoy orgulloso de él y de todo lo que ha hecho por mí, pero ya no hay nada más que pueda hacer. Lo único que deseo es que salga de esta casa y logre cada meta que se proponga. Eso es todo lo que deseo.
—Ya he terminado. Puedes llevarte esto a la cocina y decirle a Lindemann que me ayude a bajar— él se levantó inmediatamente y tomó en silencio la bandeja en mi falta. Tenía enormes ganas de darle un beso, quería abrazarlo, pero no. No debía. Debía lograr que él se fuera por su cuenta y eso solo empeoraría las cosas—. Hazme un favor, dile a Kate que venga antes, necesito darme un baño.
—¿Kate?— se detuvo para dedicarme una mirada— P… pero soy yo quien Siempre lo ayuda con eso. ¿Por qué Kate?— Era el momento, debería romper cada una de sus esperanzas.
—Kate lo hará a partir de ahora, ya no te necesito para eso— él guardó silencio y bajó la mirada sin siquiera discutir—. ¿Qué esperas? Ya lárgate de aquí.
No dijo una sola palabra más. Solo se alejó y salió de la habitación. Aún seguía obedeciéndome, creyendo que era lo mejor para mí. Hubiera deseado que eligiera largarse para no tener que lidiar conmigo un día más. Como antes dije, él no lo merecía.
Mi dulce pequeño no necesita otra carga en su vida, necesita vivir. ¿Cómo abandonarlo?
¿Cómo permitir que lo único que he amado me abandone? Hubiera preferido morir antes que tener que verlo así, sacrificándose por hacer feliz a un imbécil. No di mi vida por él para verlo llorar, no di mi vida por él para verlo ser infeliz, todo lo que quiero es saber que estará en un lugar mejor. Todo lo que quiero es saber que he partido de este mundo, haciendo feliz a la única persona que me ha hecho feliz. Ese es él, el único ser que pudo hacerme sonreír de verdad. La única persona a la cuál le daría todo de mí, incluso lo que no tengo. Sé que haría todo lo que fuera posible por darle lo que desea, aunque aquello sea algo imposible. Por él, haría que lo imposible fuera posible. Por él, daría cada respiro, cada latido de mi corazón. Por él amaría, por él he amado y por él aún amo. Por él es que puedo querer realmente. Él es todo lo que necesitaré siempre, pero yo no seré nunca lo que necesita. No así.
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—Llamaron hoy del trabajo, dijeron que tienen nuevos clientes. Quieren tres mil por las tres chicas nuevas. Al parecer es un buen negocio, las tres son bonitas. Mira, no creo que esto sea ético, deberías dejar este negocio. Es algo sucio y no es… no es lo que Bill querría. Ni siquiera creo que sea lo que tú quieres para tu vida, ¿sabes?
—No empieces, ¿sí? Eso lo juzgaré yo mismo, no necesito comentarios de un imbécil moralista— le arrebaté el sobre de las manos a Lindemann y comencé a revisar las fotografías, al parecer estaban en lo cierto al decir que las tres eran muy bonitas—. Sí, la verdad es que son muy bonitas, ¿edades? ¿Te dieron sus datos?
—Es increíble que tengamos que hablar de esto— gruñó—. Todas fueron sacadas del lado este. Esta es Grace, diecinueve años. Dijeron que no tienes que preocuparse por nada, no es nadie importante. Al parecer vivía sola, es extranjera. Cuando la llevaron insultó de un millón maneras y en una lengua irreconocible. Dudo que sea de por aquí, hasta ahora nadie entiende nada de lo que dice. Dijeron que solo llora y grita como un demonio.
—Eso es bueno, nadie reclamará por ella. Pudo haber sido una estudiante de intercambio o una simple turista. Diles que se encarguen de saber de dónde es, si estudiaba y en dónde. No queremos problemas con clientes internacionales tampoco. Si en verdad es extranjera debe tener contactos con alguna escuela o amigos, no creo que haya viajado sola con diecinueve años— le di una calada a mi cigarrillo y dejé la fotografía de lado— ¿Sabes si llevaba documentos?
—No encontraron nada en su cartera. Dijeron que salía de un bar y la asaltaron, pero nada más que eso. Probablemente le hayan robado al intentar salir a beber unas copas, la chica seguramente estaba ebria. Les diré que te avisen en cuanto tengan más información.
—¿Qué más tienes?
—¿No crees que en verdad deberías parar con esto? Tienes suficiente dinero para vivir una vida de lujos, como todo el mundo. Ya fue suficiente de toda esta mierda. Estas chicas tienen familia, amigos y que las encierres para entregarlas por dinero es inútil.
—Prostituirlas, no temas decirlo. Mira, si quisiera saber qué hacer con mi vida, te lo estaría preguntando, ¿no es así? Tu opinión no es válida aquí, ni tampoco será escuchada. Deja de gastar aliento en tonterías. Vamos, muéstrame qué más hay— Lindemann tomó una de las fotos, suspirando pesadamente. Me la entregó. Era una preciosa rubia, piel blanca y unos ojos azules preciosos, vidriosos de tanto llorar.— ¿Quién es?
—Belleza puramente alemana. Erika Fischer, nacida en Hamburgo, veinte años. Encontraron su identificación en su cartera y su licencia de conducir. Tiene fotos con sus padres, su pareja y sus perros y su teléfono celular.
—¿Dónde la hallaron? ¿Te lo dijeron?
—En su auto, con su novia. Fue un dos por uno. Trajeron a las dos. La chica de la siguiente foto, es su pareja. Salieron del cine y las encontraron cerca de una hamburguesería. Seguramente planeaban cenar juntas— hubiera jurado que casi sentí pena por ellas. Sus miradas me recordaron a Bill. Asustadas, solas, usadas…— En serio, debes parar con esto.
—Diez mil.
—¿Qué?
—Diles que son diez mil por las tres. De ninguna manera vendería semejantes mujeres por solo tres mil. Creo que esta puede valer un poco más que las otras dos— señalé a la muchacha rubia—. Estoy seguro de que pagarán mucho más por obtenerla, tomando en cuenta que puede entender el idioma y tiene todos sus documentos.
—¿Es una broma, verdad? ¡Joder, estoy hablando en serio! ¿Sabes lo que estás haciendo? Estás arruinando la vida de estas jóvenes.
—Que novedad, Lindemann— dije, sarcásticamente—. Como estás un poco sensible hoy, creo que yo mismo me comunicaré con los muchachos— tomé mi teléfono.
—¿Sabes qué es lo que más me avergüenza de estar aquí?— alcé la mirada, solo para que él supiera lo mucho que aquello me importaba—. Que sigo tratándote como si en serio valieras la pena. Sigo tratándote como una buena persona.
—No soy una buena persona, soy tu amigo, ¿o no?— no tuve escrúpulos al reírme en su cara—. No todos somos buenas personas, Lindemann, es hora de que entiendas eso. Este mundo no está lleno de buenas personas, solo de seres humanos y los seres humanos podemos ser una mierda y no arrepentirnos de ello. Eso ya deberías saberlo, incluso deberías tenerlo más claro que yo.
—Tú no eres un ser humano, eres un maldito monstruo. Tu problema es que necesitas arruinar la vida de los demás para sentirte mejor contigo mismo. Eso es despreciable, ¿sabes? Tú eres despreciable y el hacerle daño a alguien más no te va a convertir en una mejor persona, ni tampoco hará que tu vida sea mejor.
—Luego de años de tortura, de matar, de prostituir muchachas y muchas otras cosas más… tengo una gran mansión, millones y estoy satisfecho.
—¿Cómo puede ser que seas tan insensible? Las personas se equivocan al llamarte monstruo, eres incluso peor que eso.
—Vaya, has hecho otro gran hallazgo. Lindemann, eres realmente un genio. En verdad, no sé cómo se me pudo haber olvidado ese gran detalle que está a la vista de todo el mundo. Si no eres una mierda, no triunfas en este mudo, ¿acaso no has pensado en ello? Soy un monstruo y aun así he sido más afortunado que tú en esta vida, ¿y sabes por qué? Porque soy una mierda con cada maldita persona. Así es como se llega a la cima.
—Es por eso que estás en una jodida silla de ruedas, sin poder hacer nada por ti mismo— encendí otro cigarrillo y dejé escapar el humo con tranquilidad.
—Y rodeado de millones. Sí. Lo tengo todo y tú… tú lo único que tienes es un empleo, obedeciendo a un jefe que detestas. Un auto que debes conducir a dónde yo lo diga porque si no te mueres de hambre. A pesar de saber que puedes joderme más que cualquiera decidí recibirte aquí y tratarte mejor que a cualquier otro empleado, ¿sabes por qué? Porque soy una mierda— él guardó silencio solo un momento, pero conociéndolo no tardaría en devolvérmela.
—Es increíble que sigas pensando así. Creí que serías diferente luego de todo lo que has sufrido. Creí que habías cambiado, creí que serías diferente pero… no. Creo que nada te hará cambiar, ¿verdad?
—En verdad, Lindemann, no puedo creer cuan inteligente eres. ¿Qué mierda es lo que esperas de mí? ¿Qué sea una buena persona? ¿Qué le sonría al mundo? ¡Sigo vivo porque he sido una mierda con todos! No ganas nada con buenas acciones y ese tipo de estupideces en las que crees. Ya ha sido suficiente de tus estupideces, vete a rezar a otra parte, ¿quieres?
—¡Es increíble que haya hecho todo lo que hice solo por ti! ¡Ni siquiera debí haberme esforzado por ayudarte! ¡No te mereces lo que tienes! ¡No te mereces tener a Bill aquí!— Oh sí, aquello había llegado a mis oídos más rápido que cualquier otra cosa que haya podido decir.
Supo exactamente qué herida tocar para luego abrirla más y más. Aun así, fingí que aquello no había golpeado en mi mente— ¿Me oíste? Bill no merece estar aquí, tú no te mereces a alguien como él.
—¡Bill! ¡Oh joder, Bill! ¿Cómo pude olvidarlo? Sí, eso es, hazme un favor y dile a Bill que me traiga un café y algo para comer. Estoy hambriento. Sabía que algo estaba olvidando— Lindemann se paró de golpe, haciendo un estruendoso ruido al golpear sus manos contra mi escritorio— ¿Qué quieres? Sabes en dónde está la puerta, ¿no querrás que te guíe hasta ella?
—¿Cuándo lo dejarás en paz? ¿No te parece que ya lo has molestado demasiado estos últimos meses?— Alcé la mirada lentamente. Me desagradaba horrores que hablara así y más si se trataba de Bill. Cualquiera que quisiera usar ese nombre no solo merecía mi atención. Corría el riesgo de ganarse mi odio, en cualquier sentido. No me importaba si fuera Lindemann, cualquiera se merecía mi desprecio cuando se trataba de mi pequeño—. Bill no es tu juguete, ¿sabías eso? Él no es un objeto que puedes mover de aquí para allá.
—¿Disculpa? ¿Y a ti desde cuándo te importa eso?— él guardó silencio por un momento y amagó con salir de mi oficina, pero no lo hizo. Se dio la vuelta y volvió a mi escritorio para luego sentarse frente a éste. La charla continuaba, más bien, él quería continuarla. Yo solo quería que cerrara el hocico si no quería ganar su boleto a la tumba.
—Bill me importa más de lo que crees. Es un muchacho maravilloso y lo aprecio. El que tú no puedas hacerlo es algo diferente. Ese muchacho es bueno y si no sabes apreciarlo, lo vas a perder— alcé una ceja, intentando aparentar lo poco que aquello me importaba. Solo aparentarlo, en realidad era horrible de oír que perdería a mi pequeño. Me jodía que esta fuera una realidad muy cercana, pero lamentablemente así lo era—. Ya lo has perdido, de hecho— exacto. Había encontrado la herida y no solo la volvía abrir, creaba unas nuevas y aún más dolorosas.
—¿Lo he perdido?— me quedé mirándolo. Él suspiró y posó sus manos sobre el escritorio, dispuesto a seguir hablando. Quería hablar, pero no encontraba las palabras. Ese era Lindemann, queriendo que las malas noticias sonaran como una patética excusa disfrazada con agradables palabras—. Explica de una puta vez lo que quisiste decir con eso— dije, impaciente.
—Escucha, hace bastante tiempo Bill ha dejado de pensar en ti de modo romántico, ¿sabes? Bill y yo hemos pasado más tiempo juntos de lo que ustedes dos juntos y algo hay entre nosotros dos ahora, algo bueno. Logramos tener algo más que una simple amistad. Bill y yo estamos enamorados— me quedé sin palabras. Miré a un lado y solo asentí, hubiese deseado que se callara la boca allí nada más, quizás así lo hubiese odiado menos. Quizás hubiese creído que era una mentira—. Amo a Bill, amo a Bill más de lo que tú puedes amarlo y él me a ama a mí. Te ha olvidado por completo y es hora de que lo dejes ir, ¿no crees? Si lo que querías era fastidiarlo, lo lograste. Te ha olvidado y es hora de que te detengas antes de que decida odiarte también.
Había algo creciendo dentro de mí. Algo que no creía desde hace mucho tiempo, casi olvidaba como se sentía. Era un enorme vacío en el pecho, puntadas horribles torturándome junto a un espantoso tornado que se llevaba cada parte de mí. Sentía un pitido en el oído. Un pitido agudo que me hizo doler la cabeza en un instante. Fue como aquella vez en la que él se fue con Downey. Recordé mi impotencia ese día al no haber podido ir tras él y detenerlo. Esta vez sentí impotencia por no poder hacer desaparecer a la persona que tenía frente a mí. Quería matarlo por saber que tenía razón. Quería matarlo por haber destruido lo poco bueno que quedaba de mí. Bill no me amaba, ya no había nada que perder.
—¿Y cuál es el problema?— Miré hacia la nada. Fingí que no me importaba en lo absoluto, pero la verdad es que la ira me estaba comiendo por dentro, lentamente, como un asqueroso parásito—. Yo no siento nada por él de todas formas, no me importa en lo más mínimo lo que tú hagas con Bill. Puedes follártelo cuándo lo desees. Aprovéchalo.
—Ya hemos tenido relaciones también, varias veces. El problema es que tiene miedo. Aún te tiene miedo y no quería escapar por miedo a que vayas detrás de él. Ese muchacho ya no quiere nada contigo, está asustado y no te ama. Nunca lo hizo. Así que, en algún momento me lo llevaré lejos de esta casa, lejos de este mundo y lejos de ti— Cada jodida palabra volvía el tornado más y más grande, cada palabra arrasaba conmigo, con lo poco que quedaba en mí.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué te lo llevarás de esta casa llena de guardias armados?
—Él querrá venir conmigo. Ya me lo ha pedido, pero está asustado y teme que tú vayas a reaccionar como siempre, haciendo algo de lo que luego te puedas arrepentir— hubiera jurado que si tuviera mi arma a mano le disparaba en la frente. Mi mente formaba solo una palabra para definir mis pensamientos: «muerte» y la palabra quedaba perfecta para Lindemann.
—¿Sabes algo? No te lo vas a llevar. No se irá a ningún lado y sospecho que tú tampoco lo harás. ¿A dónde irían? ¿A tu viejo departamento lleno de cucarachas? Sin dudas es la vida que Bill desea o la que él merece— esta vez él se quedó pensando, yo solo estaba ahorrando tiempo.
—¿Qué importa a dónde iremos? Lo que quieres es fastidiarnos, ¿no es verdad? ¿Por qué mierdas quieres que Bill siga aquí?
—Solo es un tonto capricho. Quiero que él me diga que quiere irse. Eso es todo. Si obtengo esas palabras de su boca, puede irse contigo o quién mierda quiera. Es eso lo que he estado buscando estos últimos meses, ¿no es verdad? Quiero que él me lo diga.
—¿Por qué es tan necesario?
—Porque aún sigue siendo mío. No por acostarse contigo significa que lo he perdido. Mientras esté aquí, seguirá mis reglas y es mío. Yo lo encontré, ahora es mío. Se irá cuando me lo pida. Yo no lo detendré, ni tampoco los detendré si quieren follar. Eso no me importa.
—Creí que lo tomarías de otra forma. Generalmente, actúas impulsivamente y haces lo posible por destruirnos la vida, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?— me reí por dentro, me reí de él y del destino que le esperaba.
—Nunca he destruido la vida de nadie. Cada quién busca su propia desgracia y él se la buscó cuando decidió quedarse en esta casa y tú la encontraste cuando decidiste ayudarme. No es mi culpa que las «buenas personas» crean que todo en esta vida tiene recompensa. Yo no pienso así y lo lamento por quien crea lo contrario. Lo lamento por ti y lo lamento por él.
—Realmente Bill hizo lo correcto al alejarse de ti. Eres realmente un monstruo. Aún después de todo lo que has hecho pretendes que él se doblegue ante ti y te diga lo que quiere hacer. Es hora de que lo dejes en paz. Ríndete de una puta vez, Thomas, lo perdiste para siempre.
—No lo he perdido, él sigue aquí. Creo que es hora de que tú te largues a decirle que quiero comer algo en este jodido momento. Ya ha sido suficiente sermón por un día. Lárgate de aquí, no quiero oír tus absurdos parloteos otra vez. Recuerda que el dinero que tienes sale de mi bolsillo y tal vez ya no lo haga nunca más. Obedece.
—Me das lástima, Thomas. Me das verdadera lástima— él se levantó, completamente convertido en otra persona. Cuando se enojaba se volvía alguien totalmente diferente a lo que yo creía que era. Casi parecido a mí, pero no tanto. En el fondo no era malo, solo era un gran idiota y acababa de cometer el peor error de su vida y ese error no era haberse acostado con Bill, su error fue el haberme echado en cara mi única razón para querer verlo muerto—. Te aseguro que lo vas a lamentar— amenazó antes de salir de mi oficina.
—Qué alegría me da saberlo, Lindemann. Sabré a qué debo enfrentarme— dije con sarcasmo—. Recuerda decirle a Bill que traiga algo de comer junto con mi café, ¿sí?— cerró la puerta fuertemente. Dejándome atrás, con mis pensamientos tan destructivos como sus palabras.
Detrás de ese jodido portazo pude poner mi mente en blanco por un segundo. Solo por un segundo en el que creí que debía ignorar lo que acababa de oír. ¿Pero cómo ignorar lo que él había hecho? No podía ni siquiera imaginármelo. Él, en brazos de otra persona. Eso era lo que yo quería pero… ¿Lindemann? ¡Él no puede ni siquiera mantenerse a sí mismo! ¿Cómo es que eso sucedió? Bill no lo haría, Bill no sería capaz de hacer algo así, ¿o sí? ¿Y si mis maltratos habían logrado su cometido y él ya no me amaba como siempre me dijo que lo hizo? ¿Y si esta vez lo perdí definitivamente? ¡Joder! ¿¡Qué mierda importaba!? ¡Se había acostado con alguien más! ¡Amaba a alguien más! No podía evitar sentirme como me siento ahora. Estoy furioso. De todas las putas personas en el mundo debía ser Lindemann, debía ser en quién puse toda mi maldita confianza. ¿¡Por qué tenía que ser él!? ¿¡Por qué no fue otro!? Pero lo que más me enojaba era todo lo que dijo. Todo era mentira. Su rostro, sus juegos, sus ganas de ayudarme… era una gran mentira. ¡Podría solo haberse ido de aquí! ¡No, joder, no lo hizo! ¡Se quedó aquí para hacerme sentir una mierda justo ahora!
Él se lo ha buscado. Él podía irse por las buenas, pero se irá por las malas. No le daré la oportunidad de verme la cara una vez más. Se ha terminado. Si lo que quieres es una vida en la que pretende hacerme sentir así, entonces le demostraré que su vida puede ser aún peor de lo que yo lo he hecho. Es hora de ponerle un maldito fin a esto. Es hora de demostrarle que existe un peor lugar. Esta será mi última venganza y él ha sido el afortunado merecedor de ella.
Casi con las manos temblorosas agarré mi teléfono y marqué a Phil. Phil era un viejo amigo con el cual no me comunicaba desde que hice desaparecer a Downey. Era hora de volver a pedir sus servicios. Así que me llevé el teléfono al oído, sintiéndome impaciente por el jodido pitido que no dejaba de sonar en mi cabeza.
—¡Amo, que sorpresa!— no tardó en escucharse su ronca voz a causa del tabaco y el alcohol que consumía a diario— ¡Hace mucho tiempo que no nos comunicábamos! Ya casi creía que no me ibas a volver a llamar— reía, como un viejo compañero—, ¿qué asunto es?
—Bueno, lo he vuelto a hacer, debo admitir que tus servicios son más confiables de lo que muchos creen— respondí, casi fríamente—. Necesito uno de tus muchachos para esta noche. Tengo un trabajo con un par de plagas. No creo que lleve mucho tiempo.
—¿De quién se trata esta vez?— tragué saliva. Abrí la boca para responder, pero las palabras no salieron. Algo dentro de mí aún resistía y no supe lo que era, pero aquello no quería dejarme hablar— ¿Sigues ahí, Thomas?
—La personas que menos te imaginas— respondí de golpe, tragando saliva y suspirando fuertemente— Necesito que te encargues de Lindemann. Lo quiero muerto esta misma noche y pagaré un poco extra si hacen un favor más. No hay que matar a nadie, pero necesito que alguien se encargue de Bill también— esta vez fue Phil quien se quedó sin palabras.
Simplemente no respondía, enmudeció tanto quede no ser por los gritos al otro lado del teléfono hubiera jurado que la llamada se había cortado por completo— ¿Sigues ahí, Phil?
—¿No es una broma? Lindemann y el muchacho ese… Mira, generalmente, yo hago mi trabajo de esta manera: pido nombre, ubicación y hora de la muerte y esta es la primera vez que voy a preguntarle esto a alguien, ¿estás seguro de lo que acabas de decirme? ¡Has matado a Downey por proteger a ese engendro! ¿En verdad quieres que nos encarguemos de él? ¿Y Lindemann? ¿Por qué querrías muerto a Lindemann?— más preguntas que me negaría a responder por temor a arrepentirme.
—¿Parezco estar bromeando? Escucha, solo dile a tu empleado que venga hoy a las nueve.
Nadie sospechará nada, yo me encargaré de que se los lleve de aquí inconscientes. Bueno, solo a Lindemann, el otro irá cuerdo. Quiero asegurarme de que vea cómo y en dónde va a morir Lindemann. En cuanto a Bill, quiero que lo lleven a Greezah y lo liberen allí, pueden hacer lo que quieran con él, solo asegúrense de largarlo con vida. Quiero que esa rata sufra antes de morir, ¿comprendes? Solo eso.
—¿En Greezah? Thomas, no sé si soltarlo allí sea la mejor opción, ni siquiera sé si es seguro conducir allí por las noches. Lo asesinarán. Son las calles más peligrosas de la ciudad, no sobrevivirá ni dos días.
—Será más fácil para ustedes, no tendrán que matarlo. Solo libérenlo allí y a Lindemann mátenlo, hagan con su cadáver lo que les apetezca. Espero que cumplas, la paga será buena, como siempre lo ha sido, si hacen lo que les digo tal vez les dé un poco más— Luego de esto, me quedé esperando una respuesta por su parte, pero él no respondía. Simplemente enmudeció y era la primera vez que lo hacía. Generalmente se reía y cumplía con lo pedido, pero esta vez no era así.
—Esto es sumamente extraño, Thomas, pero un trabajo es un trabajo y no puedo ni quiero rechazarlo. Escucha, solo tengo a un hombre disponible para hoy. Es inexperto, pero ya ha trabajado varias veces conmigo. Si es que lo decides…
—Envíalo — respondí, interrumpiéndole—. Yo me encargo de Lindemann, dile específicamente que quiero que Bill vea el momento en que Lindemann muere. Quiero que lo vea todo y luego que se lo lleve al peor de los lugares. Que se asegure de que no vea el camino de vuelta. Es todo lo que pido. Nueve treinta, en casa.
—Esta noche lo enviaré. Ten buen día, Thomas— corté la llamada al instante.
Me dirigí a la caja fuerte para contar y separar el dinero que le pagaría a este tipo por hacer el trabajo que yo, ni en un millón de años podría. Ni siquiera aunque quisiera y eso no significa que en este preciso momento no deseaba matarlos yo con mis propias manos.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.
No estoy soportando😭😭