«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 48

Ya van dos horas. Ojalá que la causa de que tarden tanto sea que al maldito gordo le dio un paro cardíaco y ya no tengamos que lidiar con él— habló Frieda mientras anotaba una pequeña línea en la pared, usando el barniz de sus propias uñas, arruinándolas— ¿Tú tienes esperanzas de que no te compren? — me preguntó.

—Ya no sé si debo tener esperanzas de algo. Siempre que me propongo algo, todo sale al revés. Siento que estos tipos de alguna u otra forma harán de mi vida un infierno.

—No digas eso— Hablo Aiko, mientras acariciaba mis cabellos—. No importa si te quedas, te ayudaremos a salir de aquí.

—Habla por ti, niña. No voy a dejar que me corten la cabeza solo porque es el protegido del amo— Interrumpió Gretchen con toda franqueza.

—A nadie le van a cortar la cabeza, Gretchen, cierra la puta boca. Deja de ser tan idiota solo por cinco minutos— La regañó Tom, haciendo que Aiko se calmara un poco y volviera a sonreír.

—Tienes un cabello muy bonito— Me habló con una sonrisa en el rostro—. Tu amo no se debe haber cansado de jugar con él nunca. Apuesto a que estaba enamorado de tu inmensa belleza.

—Sí, jugaba con su cabello mientras el pequeño buscaba monedas entre las sábanas— Nuevamente Gretchen agregaba comentarios fuera de lugar y, lo admito, aquel había sido demasiado gracioso y no pude contener una leve risa.

—Vaya que lo hacía…— susurré.

— ¿Y cómo era? — siguió curioseando la pequeña asiática.

— ¿Cómo era qué? — pregunté.

—Él. ¿Era un hombre atractivo? ¿Era detallista y dulce? —Frieda soltó una leve risa que fue acallada ante la mirada fugaz y cargada de rabia de Tom.

—Conmigo lo era. Me daba todo lo que deseara. A veces me sorprendía porque yo no tenía que pedirle nada. Era como si pudiera leer mi mente, sabía exactamente lo que quería y el momento exacto en el cual dármelo. A veces parecía que planeara las sorpresas exactamente como deben ser y todo era perfecto. Yo pensaba que él era perfecto, me hacía creer que realmente lo era.

— ¿Y ya no lo es? Es decir, aún lo amas y si lo amas debes creer que es la persona perfecta para ti. Además, él también te amaba.

—Aiko, es suficiente, ¿sí? — Le interrumpió Tom con toda la dulzura posible— ¿por qué no intentas dormir? Esta noche te toca atender la barra, estarás cansada.

—Quiero seguir hablando con el pequeño.

—Luego sigues hablando, estoy seguro de que no se irá— aquello sonaba espantoso, pero supuse que solo lo decía para ver la reluciente sonrisa de ella, quién se recostó a mi lado y abrazó mi torso.

Ella quedó pegada a mi espalda, como un insecto sobre el dulce. Frente a mí, Tom, sentado observando a Aiko con una sonrisa que inspiraba paz. Toda la paz del universo estaba pasando sobre mí, directo de su mirada hacia la esquelética chica detrás de mi espalda.

—Le agradas— me susurró, a lo cual sonreí. No acostumbraba a oír eso y ella era adorable—. Solo intento que no se entusiasme. Las personas con las que se entusiasma siempre… se van— comprendí exactamente lo que quiso decir y decidí no agregar nada más a eso.

—Tiene retraso mental, por eso es así. En realidad, es la mayor de todos nosotros— soltó de pronto Gretchen—. Tiene la mentalidad de una niña y por eso le cuesta comprender algunas cosas y oír comentarios fuera de lugar, tomando en cuenta que hay idiotas que la sobreprotegen demasiado y eso le impide mucho madurar.

—Cuando me trajeron aquí tenía una hija de cuatro años y Aiko me recuerda mucho a ella— Habló Tom—. Debía un poco de dinero a un vendedor de drogas. Estuve en rehabilitación dos veces y esa era la vencida, pero hubo un malentendido y me golpearon. Estos tipos me encontraron y desperté aquí, con una puñalada en el abdomen, pero vivo. A veces desearía que me hubiesen encontrado muerto, pero luego pienso en mi pequeña hija y digo: tengo suerte, la vida me ha dado otra oportunidad y tal vez puedo volver a verla.

—Estoy seguro de que podrás. Esa niña tiene un buen padre, es una pequeña con suerte— su sonrisa se expandió considerablemente.

—Intenta dejar dos niñas y a un esposo que no puede mantenerse en pie— habló Gretchen esta vez—. A mi esposo le diagnosticaron cáncer, le quedaban unos seis meses de vida. Tres días después de que lo diagnosticaran, me dirigía en mi auto para llevarlo a su primera revisión. Un grupo de tipos me acorralaron con sus autos, me golpearon y amanecí aquí. Hace cinco años que no sé nada de mi esposo. Ni siquiera sé si seguirá con vida.

— ¿Qué pasaría con tus niñas en caso de que…? Tú sabes… si él fallece— temí preguntarlo, pero a ella no pareció molestarle. Tenía la impresión de que no sería la primera vez en su vida que contaba esa historia.

—Tengo una hermana gemela, ella prometió hacerse cargo de mis niñas en caso de que algo le pase a mi esposo y a mí. Espero que ambas estén a salvo ahora. A veces pienso en todos los cumpleaños que no pasé junto a ellas, todas las navidades que me he perdido y no tienes idea de cuántas torturas como las que paso día a día aguantaría con gusto si me prometieran que puedo abrazarlas una vez más.

— ¿Esto es una especie de ritual? Cuando Aiko llegó también lo hicimos— Habló Frieda esta vez—. Es como si nos viéramos obligado a contarle nuestra historia al nuevo del grupo, como si fuera un alumno nuevo de la escuela. Avísenme si esto seguirá pasando, tengo que armar un buen borrador y escribir un libro con todo esto cuando salga de aquí.

— ¿Y qué escribirás sobre ti en ese libro? — Pregunté.

— ¿Si quiera sabes escribir, Frieda cariño? – soltó Gretchen de pronto, con toda ironía. A lo que Frieda respondió alzando el dedo medio.

—Sé escribir, trabajé en una editorial dos años, pero mi material no era lo suficientemente vistoso. Creo que a la gente le gustará saber que tendré testimonios reales. Ya lo tengo todo planeado. Comenzaré todo desde el final, luego al principio y el libro va a finalizar diciendo: conocí a Bill Kaulitz, el famoso huérfano del amo.

— ¿Piensas escribir de mí en tu novela? Solo tú sabes lo que sufriste aquí adentro, ¿por qué no hablar sobre ello y hacer que se vea más crudo?

— ¿Entonces cómo terminaría la historia? ¿Sobreviví? – Gretchen y Tom se miraron para luego compartir una sonrisa—. Prometo que todos van a conocer tu nombre muy pronto, debemos ponernos en contacto cuando salgamos de aquí.

—Definitivamente lo haremos— Sonreí ampliamente—. Saldremos de aquí, no importa cuánto tardemos. Saldremos sanos y salvos y seremos muy felices.

—Y yo comeré mi gran pastel de chocolate— se oyó la tierna voz de Aiko, quién al parecer permanecía despierta, atenta a nuestras palabras.

Compartimos una leve risa todos juntos. Ya hasta había una gran confianza entre los cinco. A pesar de saber en la circunstancia horribles en las que estábamos, compartimos algo más allá de lo especial. Sus historias de vida eran impactantes y el conocerlos mejor solo me hizo llegar a una conclusión: el mundo está jodido, completamente. Las buenas personas terminan siendo víctimas de un cruel entorno que deshace sus débiles amas tan lentamente que pueden sentir e dolor como una navaja rasgándoles la piel con suma lentitud. Pueden ver la brutalidad con la cual el resto los tortura, así como alguien ve su propia sangre derramándose poco a poco en un suelo de blanco color. Era inexplicable el hecho de que tuvieran esperanzas. Pero, aunque sea en lo más profundo de su ser, las había y yo respetaba y admiraba eso.

Mientras las personas que se destrozan el alma por lograr que su vida sea mejor para los seres que aman, los imbéciles que solo buscan destrucción terminan arrasando con todos sus esfuerzos. A veces pareciera que los monstruos iban a dominar el mundo y ellos simplemente deben rendirse y dejar que todo sea a la voluntad de los destructores. Las cosas no tenían que ser así.

Yo no era nadie para decir lo que ellos se merecían, no tenía ningún derecho a decidir por sus destinos, pero estaba seguro de que no se merecían estar encerrados y puedo afirmarlo luego de haber visto a parte más vulnerable de sus almas. Tal vez, este no sería el fina para ellos, pero si llegase a serlo, sé que no se lo merecían.

Nuestra animada charla fue interrumpida por el tosco golpe cuando la puerta se abrió. Todos y cada uno de ellos comenzaron a retroceder. Yo fui el único que se quedó dónde estaba, esperando que un milagro entrara por esa puerta. Que ingenuo fui…

—Veo que ya te has conocido con el resto del grupo, eso es bueno— Era William y detrás de él, su hermano idéntico y el maldito viejo gordo—. Bienvenido a tu nuevo hogar, pequeño— Él se acercó y se inclinó hasta quedar a mi altura, con una asquerosa sonrisa plasmada en su rostro—. Gracias a ti, ganaremos muchísimo dinero. Aquí hay gente a la que le importa vengarse de tu amo y tú harás eso posible para todos y cada uno de ellos— Tomó un mechón de mi cabello con su mano—. Tu amo tenía razón al llamarte «ángel», posees algo que nadie más tiene y es esa mirada pura que nadie ha podido cambiar, ni siquiera él con todo lo que te ha hecho. Eres un tesoro para cualquiera, pero aquí no te van a tratar como a uno. Bienvenido al infierno, pequeño ángel caído.

—Púdrete— Le solté en el rostro antes de escupirle—. Inmunda basura, tú deberías estar encerrado aquí— con toda tranquilidad e incluso con una sonrisa en el rostro, se limpió los restos de saliva de la cara con un pañuelo que sacó de su bolsillo.

—Solo por eso, yo mismo me encargaré de que sufras el doble. Tienes suerte de que esté de buen humor, sino yo mismo me encargaría de eso en este mismo momento— lentamente se levantó y me dio la espalda para seguir su camino.

—No tienes ni la mitad de los huevos que se necesita— Solté junto a la rabia que se había atorado en mi garganta—. Cobarde, patético y débil. La mierda que hacer con estas personas son actos de un cobarde malnacido y eso es lo que eres.

—Cállate— oí un susurro detrás de mí, pero no supe de quién provenía. No me giré en ningún momento, me encargué de fijar mi mirada en su nuca hasta que se dio la vuelta y nuestros ojos se cruzaron.

— ¿No tengo el valor para hacerte sufrir? ¿Eso es lo que quieres decir? — el otro hermano esbozó una sonrisa por primera vez—. Pequeño…

—No me llames así— lo interrumpí.

— ¡Te llamaremos como se nos dé la puta gana! — Alzó la voz como nunca desde que lo había conocido, pero inmediatamente suspiró y logró calmarse. Se arregló la corbata y acarició su frente para volver a sonreír—. Nosotros somos tus amos ahora, es a nosotros a quienes debes obedecer. El juego es simple, aquí nadie te amará lo suficiente como para desear que no sufras. Nadie aquí te aprecia, nadie aquí daría nada por ti. Nadie aquí te quiere. Todos planeamos hacerte daño, tanto daño que al final del día terminarás llorando, lamiendo nuestros pies hasta que ruegues por perdón. Aquí no existe la misericordia, aquí no importa más que los billetes con los cuales llenarás nuestros bolsillos— y nuevamente se acercó, esta vez con una expresión mucho más seria e intimidante—. Eres nuestra puta ahora, pequeño.

La cólera invadió cada parte de mi ser, cada pequeño músculo en mi cuerpo reaccionó. Me puse de pie a una velocidad casi inhumana y me abalancé sobre él. Le di un puñetazo en la cara y, al verlo caer al suelo, aproveché mi oportunidad y salté sobre su cuerpo como un maldito león hambriento hacia su presa. Lo golpeé dos o tres veces hasta que él pudo reaccionar. Mis nudillos quedaron impregnados con su sangre, pero él no iba a quedarse quieto.

Su incalculable ego y su orgullo me recordaban a mi amo, cada cosa mala que veía en los demás me recordaba a él. Sus insultos, sus crueles burlas, la manera en la que me humillaba, todo me recordaba a él. Todo lo malo de estas personas hacían que su rostro se hiciera presente en mi mente.

Él logró separarme con un empujón y al estar su cuerpo sobre el mío alzó su puño en alto, iba directo a mi rostro. Pude notar en sus ojos la misma furia que él, no podía dejar de pensar en él ni un solo segundo y aquello me irritaba aún más.

— ¡No! – Antes de que pudiera acercar su mano, el gordo lo detuvo con su ronca voz haciéndose presente por toda la habitación—. Ten paciencia, es su primer día aquí. Queremos dar una buena impresión a los clientes, a nadie le gustan los ángeles con ojos morados.

Pagarán más por él si se encuentra en buen estado, hermano— aquello hizo que William bajara su puño y se pusiera de pie para luego repetir la misma acción de minutos atrás, pretendiendo que todo se encontraba bien.

—Tienes razón, gordo— habló este mientras limpiaba la sangre de su nariz con el mismo pañuelo—. Has que este bastardo pague por su ineptitud. Uno intenta explicar con serenidad y estos niños creen que la ignorancia se cura con violencia. Me pregunto quién le habrá enseñado semejante cosa, ¿no?

—Aquí le enseñaremos todo lo que no ha aprendido. Si se resigna a aprender, tenemos otros planes para él. No te preocupes, William, sabremos lidiar con esta situación— el hermano silencioso se retiró de la habitación y detrás de él, el tipo gordo. William se quedó observándome un momento, con una sonrisa espeluznante que me descolocó por un momento.

—Solo para que lo sepas, él nunca te amo. Él no ama a nadie más que a sí mismo y si te dejó ir fue porque se aburrió de follarte tanto. Aquí eres tan inútil como cualquiera, nadie hará preferencias porque seas una cara bonita. Suerte, pequeño, rómpete una pierna— luego de esas hirientes palabras, cruzó la puerta para no volver a cruzar su mirada conmigo nunca más.

—Mis respetos— oí una de las voces y giré mi mirada—. Eso fue impresionante, pequeño, lo admito— Era Gretchen, quién se había quedado boquiabierta— Tienes huevos. Realmente los tienes. Nadie que conozca se atrevería a darle un puñetazo en la cara a este tipo. Si yo fuera tu amo, te habría dejado ir sabiendo que puedes defenderte.

—Él cree que no puedo defenderme, por eso me dejó ir— le discutí—. Esa fue la idea, principalmente— dejé escapar con todo desgano, para luego reflexionar conmigo mismo sobre las palabras oídas anteriormente.

«Él no me ama, solo se ama a sí mismo». Estaba comenzando a creer, por primera vez, luego de dos largos años, que eso era cierto y solo pude preguntarme: ¿Por qué no creí a quienes me lo habían advertido?

Continúa… 

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