«Sólo abrázame» Fic Toll de Bethy

Epílogo

La puerta se cerró frente a ojos de uno y espaldas del otro. Tom decidió salir, salir de ahí sabiendo que Bill hablaba muy en serio.

Estaba decidido. Ya no había marcha atrás. Todo fue escrito, la historia llegó a su fin.

Mientras Tom y su acompañante se detenían frente a la puerta, alguien con el corazón destrozado, desgarrado e incluso pisoteado corría en medio del llanto a su habitación.

Esther quiso consolarlo, pero… ¿De que servía? Puede que él le tuviera confianza y cariño, pero este dolor, este en especial no podía ser aminorado. No podía hacer nada para apaciguar su pena. Miró con tristeza el camino que había tomado Bill, jugó con sus manos nerviosa, respiraba con dificultad, le dolía la situación, pero no quería caer en llanto. Tenía que demostrar coraje, esforzarse para que Bill lo superara poco a poco. No ayudaba en nada sí se mostraba herida.

En nada.

Regresó a la cocina para preparar algún bocadillo, sólo por sí al Señor se le antojaba uno. Eso esperaba. Mientras la cocina era ocupada, en la entrada principal frente al vehículo de Ria, Tom miraba atentamente el papel.

— ¿Por qué no quieres ir a dejar eso? –reclamó la muchacha queriendo tomar el folder, cosa que Tom no permitió.

— Ria…–alzó la mirada cerrando las hojas del folder– Este papel no es el original.

— ¡¿Qué?! –exclamó Ria arrancando prácticamente el papel y lo miró. Sí era el original, ¿no? Puso los ojos en blanco, ella no sabía cómo diferenciar uno de otro, sólo sabía que las firmas eran primordiales– Lo firmó… ahí esta –señaló el garabato en sus narices– Eso es todo, vamos de una vez, carajo…

— ¿Por qué tanta insistencia? ¿Qué te urge? –se soltó del agarre alejándose unos pasos.

— Me urge casarme contigo, solo así sabré que eres mío…–acercó sus labios con dulzura– Mío, Tom…

El mencionado la empujó sin fuerzas, sólo fue para evitar el beso. ¿Cómo carajo decía eso? ¿Qué se creía? ¿Qué sólo sería de ella?

— De acuerdo…

Susurró para sí y miró la ventana que sobre salía a sus espaldas, la cortina danzaba sobre el balcón jugando con el viento, ese mismo viento era quien atravesaba la habitación acariciando en su camino un rostro maltratado por el llanto. Por el sufrimiento. Por la humillación. Por el abandono.

Bill lloraba de rodillas junto a la cama, el poco maquillaje que conservaba manchaba las sabanas arrugadas de su cama. La cama que fue testigo del encuentro recién consumado. De la reconciliación.

Aferró entre sus dedos la fina tela color carmín y tiró de ella soltando un grito desgarrador. Un grito totalmente desconsolado. Abatido.

No podía creer que fue tan estúpido, tan ingenuo, tan ciego como para no darse cuenta de que esto pasaría. Él siempre tuvo todo bajo control, nada le salía mal. Nada. ¿Por qué esta vez…fue derrotado? ¿Por qué?

— Tomy…–gimoteó sin controlar los espasmos producidos por el llanto. Abrazó un almohadón que estaba en el suelo llorando aún más. Lo perdió… Y esta vez… esta vez para siempre.

— ¡Tom! –Manoteó para poder agarrarlo– ¿Por ese marica? ¿Por ese puto maricón quieres dejarme? –protestó abriendo los brazos enfurecida.

— ¡No le digas así!

— Es que eso es: un ma-ri-con –silabeó sin retractarse de sus palabras.

El mayor cerró los ojos contando hasta diez— Vuelve a llamarle así y no respondo…

— ¡Por una mierda! Acéptalo, se dejaba partir el culo. ¿O no? Te buscaba para eso, ¿no? –Dijo muy segura– No dije nada antes, porque seguía siendo tu maldito esposo. Ahora ya no lo es y no lo soporto más –caminó en círculos tocándose la frente.

— Estas muy equivocada…

— ¿Yo? –Exageró con una mueca y estalló a carcajadas aplaudiendo divertida– Maldito maricon, esta sí no te lo permito –masculló entre dientes pasando olímpicamente por Tom directo a la casa.

— ¡Te dije que no le llamaras así! –Estalló tomándola del brazo para aventarla sobre el automóvil– ¡¿Qué coño no entiendes?! –Rodeó con sus largos dedos el cuello de la femenina– Insistes que es un maldito maricon. ¿Pues qué crees? ¡Yo me lo cogía! ¡Yo le partía el culo, como bien dices! ¡Yo soy su maldito esposo que le gusta follárselo cada vez que quiera! –apretó con más fuerza y furia. Ella le miró totalmente aterrada.

— Tom, cálmate…–pidió tomando su mano.

— ¡No! Sí tanto dices que lo es… ¡Pues adivina que! –La soltó después de un último estrujón– ¡Yo! ¡Yo también lo soy! Soy un jodido marica que está enamorado de su maricon. Así de simple—

— No Tom… tu no…–se irguió tratando de tomarle en brazos.

— Déjame… sí bien tu siempre quisiste separarme de él. Lo has hecho. Sólo te interesó mi dinero –Ria fingió indignación– Y no pongas esa cara, porque te escuché…–dijo más calmado alejándose lo más que podía de ella, Ria balbuceó un sinfín de cosas e intento abrazarle.

— No… yo te amo…–Tom bufó.

— Sí tanto me amaras, como dices. Pudiste siquiera rechazar las propuestas de tu Jefe…–reclamó mostrando la pantalla blanquecina de un celular. Una cadena de mensajes abarcaba su largo. Ria no podía defenderse. Ya estaba todo claro.

— Lárgate…–ordenó jalando de su brazo para empujarla dentro del vehículo– Tira mis cosas, sí quieres. Dónalas, quémalas, que las usen tus clientes sí quieres… No se… Pero desaparece…

— Tom…

— ¡Que te largues! –detonó sin paciencia. Ria no tuvo más opción que arrancar el motor e irse. Con lágrimas en los ojos buscó enfocar bien el camino, cosa que no sería fácil.

Tom no esperó para verificar que se había marchado, estaba seguro de que así había sido. Entró a la casa y Esther le miró sin mirar, no porque le tuviera miedo o pena. Sino porque estaba molesta, más que molesta, ofendida.

La tensión aumentó cuando escucharon un fuerte golpe en la planta superior, ambos miraron a las escaleras y Tom corrió preocupado. Subía de dos en dos los escalones para hacerlo más rápido, pero curiosamente las escaleras se extendían más y más y más. Algo le decía que se esforzara, que luchara contra la tortura.

Arribó a la puerta de su habitación y no escuchó nada. Abrió los ojos, temeroso de encontrar una cruel escena. Sujetó el picaporte girándolo lentamente.

Al entrar se encontró con una estancia vacía. Bill no estaba.

— ¿Bill? –Llamó caminando a la ventana abierta– Por favor…–rogó al viento y se asomó. Nada. Suspiró aliviado, pero no del todo.

Otro golpe seco se escuchó, pero esta vez venia del armario.

Caminó sin mucha preocupación y abrió la puerta, la luz dio contra sus ojos. Ropa, zapatos, cajas… maletas. Todo un caos ahí. Más prendas cayeron frente a sus pies y miró al frente, ahí estaba Bill bajando, sacando, escogiendo cualquier cosa que sería útil para su partida. Sí. Esta vez sí se iría. Se marcharía con la frente en alto.

— Bill… ¿Qué haces? –preguntó haciendo que el pelinegro se detuviera en seco, sus hombros temblaron por lo bajo y sorbió por la nariz.

No hubo respuesta en los próximos minutos. Tom recogía una tras otra prenda. Bill continuaba eligiendo.

— Bill…

— Lárgate…–ordenó deteniendo su labor.

— No… tengo.

— ¡Que te largues! –gritó virándose, miró con ojos furiosos a su supuesto esposo. Estaba más que furioso. Sentía como su piel ardía, como su boca quería moverse y emitir cualquier cosa con tal de alejarlo. La rabia corría por sus venas.

— No…–cerró la puerta a sus espaldas asegurándola. Tenían que arreglarlo, superarlo por el bien de ambos.

— ¡Con una mierda! –Exclamó levantándose y acercándose con dolor a Tom– Quiero que te vayas… te lo advertí. Te dije que sí cruzabas la maldita puerta… me perdías—

— Yo… amor…–antes que reprochara por aquella palabra, Tom le sujetó contra su cuerpo. Bill forcejeó una y otra vez. Le daba de puñetazos, pataleaba totalmente fuera de sí.

— ¡Suéltame!… ¡Tú te lo buscaste!… ¡Tú lo quisiste así! –Golpeó su rostro pero aun así no flaqueó– ¡Tu…me dejaste! –gimoteó volviendo a caer en llanto. Hipó sin evitarlo y cayó de rodillas al piso, no podía con esto.

— Shh…–le siseó haciendo más presión– Perdóname…

— Lo hice antes de que volvieras a… fallarme, Tom –lamentó sin fuerzas, sin voz. Sólo gemidos de dolor salían por su boca, las lágrimas corrían por sus mejillas sin dar tregua. Su rostro estaba empapado.

— Lo se…pero… no lo hice con esa intención…

— Me dejaste…–se enredó con fuerza en su cuello humedeciendo la piel del mayor– Me dejaste ahí, parado como un imbécil que creyó en su amado… Que creyó que no perdería ante una cualquiera…–sollozó y Tom le hizo mirarle.

— No quise hacerlo… solo quería terminar con todo eso…–juntó sus frentes tratando de ocultar sus lágrimas– No me iré, no te dejaré… y no te fallaré…otra vez.

— No Tom…–giró su cabeza evitando el beso. No podía confiar en él.

— Confía en mí…–rogó con voz cortada. Esto era difícil. No quería sufrir ni hacerlo sufrir una vez más– Por favor…–enfocó los labios de su amado y sin mucha resistencia se unieron acoplándose al ritmo de sus corazones. Sus latidos se sincronizaron, sus respiraciones aumentaron, sus cuerpos compartieron calor y sus bocas se fundieron recalcando que no había nadie más que encajara a la perfección como ellos.

Sólo ellos, ellos y nadie más.

— ¿Me perdonas…Bill? –Insistió jugando con sus narices, Bill asintió– ¿Puedes ponerte tu anillo…otra vez? –pidió al ver su dedo desnudo, Bill volvió a asentir.

— Sólo abrázame…

Pidió entrelazando sus manos a espaldas del mayor y hundiendo su rostro lo más que podía en el cuerpo de Tom. El mayor cerró los ojos, inhaló profundo, sosegado; suspiró acunando a su amado permitiendo que las lágrimas silenciosas corrieran por su piel.

Sonriendo por lo bajo, Tom se burló de la actitud tan estúpida e infantil que había tomado meses atrás. Quería terminar un capítulo, terminarlo para comenzar uno nuevo. Uno que no tenía número ni historia propia. Sólo quería incorporarlo desconociendo el final al que llegaría.

Final que aún no ha llegado pero se vio en manos de Playa Cristal, un final apropiado, merecido, satisfactorio, un final que concluirá con palabras y puntos insuperables.

Un final para una historia única.

F I N

Aww…! les juro que ‘shoro’ de la emoción *^* xD

Bien ya esta la última parte de esta linda, corta, pero significativa historia ^^ (No me pateen por terminarla tan pronto ._.)

Espero y dejen un comentario, critica o lo que ustedes gusten xD

por Bethy Pena

Escritora del Fandom

2 comentario en “Sólo abrázame. FIN”

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