«Gusto Di Vino» One-Shot de Shugaresugaru

—¡Eh, Tom, date prisa!

El rubio cabello de Bill se movía cadenciosamente con el viento, en una danza armoniosa con los altos campos de trigo que los rodeaban, igual que un ondulante mar dorado.

El sol de la tarde incendiaba el firmamento, y alargaba las sombras de todo aquello cuanto tocaba.

Tom parpadeó y sacudió a medias la cabeza. Se había eclipsado mirando a Bill, que con el sol a sus espaldas, parecía resplandecer con su increíble melena suave y tan dorada como el atardecer que los rodeaba.

Unas cuantas vacas pastaban perezosamente, diseminadas por el campo, ajenas a todo excepto a su comida verde, aunque de repente miraban al par de siluetas que, montadas en caballos, se movían sin objetivo fijo.

Tom sonrió, embobado y alegre. Habían ido al campo a revisar las recién plantadas semillas de uva, y después de terminar el trabajo, Bill había guiado a su caballo dentro de un esponjoso y verde campo sembrado, y a carcajada suelta galopaba seguro sobre Queso, mientras Tom, montado en Velvet, su caballo, permanecía inmóvil observándolo.

La tarde era de caramelo fundido, cálida y especiada, y la brisa húmeda estaba perfumada de incienso y clavo.

Tom ya estaba casi totalmente acostumbrado a montar y lo hacía tan bien como Bill, pero Velvet, el hermoso caballo negro que Tom compró, y de cuya sedosa y brillante piel venía su nombre, era un pequeño testarudo.

—Bill, deja de correr por todos lados— le advirtió, sonriendo— te vas a caer.

—¿Bromeas?— rió— no sería posible que me cayera— pero al final, detuvo el caballo dando un tirón muy leve a las riendas, ya que Velvet comenzaba a mostrarse nervioso.

—Estamos estropeando estos sembrados ¿lo sabes? — comentó Tom, sonriendo a medias, mientras Bill miraba el estropicio que los cascos de su caballo habían creado.

—Mierda, mi padre me matará cuando deba pagar horas extras para arreglar esto.

Tom se carcajeó, luego entrecerró los ojos y suspiró, sintiéndose pleno y a gusto.

—Tu padre probablemente ni se entere que has sido tu… y si se entera, seguramente terminemos pagándolo nosotros ¿para eso trabajamos eh?

Bill entonces sonrió, y luego de colocar su caballo junto al de Tom, lo besó, juntando al principio sus labios en un leve roce, pero Tom lo tomó suavemente de la barbilla, acomodando su rostro de líneas perfectas para que sus bocas encajaran a la perfección. Se besaron largamente, dándose leves mordidas juguetonas y ahogando risas con la humedad de sus besos.

—Hay que volver — dijo Tom, sonriendo de lado, alternando las palabras con besos rápidos a los labios de Bill.

—Si… hum… Si… Tom… — Bill estaba pletórico, su sonrisa era contagiosa. A Tom le parecía que cuando Bill sonreía, todo sonreía con él, todo lo que lo rodeaba, como si un pequeño universo estuviera girando siempre a su alrededor, tan sólo esperando su mirada para comenzar brillar.

Regresaron lentamente, su casa no estaba lejos, y no apresuraron el paso. Al cabalgar, Bill miraba a Tom a ratos, sintiéndose a veces algo inseguro a lo rápido que Tom parecía haberse adaptado a esta nueva vida, y aunque aún del todo no lo entendía, aprovechaba cada segundo.

Pero Tom parecía haber nacido para vivir ahora como vivía. No echaba nada de menos de su vida anterior. Por supuesto que hablaba a menudo con sus padres, quienes lo habían visitado en varias ocasiones, fascinados con el lugar, con la pequeña casa de Tom, con el adorable hermano pequeño de Bill y con la enorme fábrica de vino.

Por supuesto que hablaba a menudo con sus padres, quienes lo habían visitado en varias ocasiones, fascinados con el lugar, con la pequeña casa de Tom, con el adorable hermano pequeño de Bill y con la enorme fábrica de vino

También mantenía contacto con sus amigos, y todo iba de maravilla.

Quizá Bill no lo entendía, pero Tom estaba feliz con la plenitud que había en su vida.

Al llegar a la casa, dejaron los caballos pastando en el jardín y entraron entre risas y bromas, para quitarse la ropa de montar.

La casa estaba tranquila y silenciosa, el sol desparramaba sus últimos rayos oblicuos, que entraban casi horizontalmente por las ventanas, creando un juego de luz y sombra que se volvía hipnotizante.

La pareja que se encargaba del aseo de la casa ya se había retirado, pero, siempre atentos, dejaron puesta la mesa para la cena, y un verdadero festín de comida: sopa cremosa de champiñones, pato con cerezas silvestres y un platón de fruta horneada, con especias y Canela.

Tom sacó una botella de cabernet syrah y merlot de crianza, recién producido en la fábrica.

Ambos preferían vinos más maduros, pero era difícil resistirse al sabor intenso de los vinos del priorato.

Pero las alarmas de Bill, desconfiado como un gato, se encendieron. Rápidamente buscó en su mente, y concluyó que aquella no era una fecha especial, era un jueves como cualquier otro, sin embargo la cena era muy diferente a lo habitual, que casi siempre constaba en algo sencillo y ligero, y no descorchaban muchas botellas de vino, irónicamente.

Cuando Tom volvió, Bill estaba ansioso, desconfiado. Tom leyó en la miel de sus ojos su desconcierto, y la sonrisa que le curvaba los labios y empequeñecía sus ojos se esfumó.

— ¿Bill, que sucede? — miró la mesa, y luego a su inseguro y perfecto rubio, que de pie, lo miraba sin casi respirar — ¿No te agrada?

—Me encanta— susurró Bill, aflojando un poco la tensión que crispaba sus facciones— ¿pero, celebramos algo?

Tom entonces volvió a sonreír de manera amplia, y los latidos de Bill se dispararon. Le fascinaba verle sonreír mostrando su dentadura filosa y ver las arruguitas que se formaban alrededor de sus ojos, le fascinaba verle respirar, era algo casi irreal y utópico. Maldijo a su inseguridad.

Maldijo a su inseguridad

—Bueno…— Tom quitó el corcho de la botella Camins del Priorat, un tinto joven, pero mágico, desde el diseño de la botella hasta el fresco y aterciopelado sabor que se perdía en las profundidades de la garganta —te tengo una noticia, vida mía…

El corazón de Bill ya iba a mas de doscientos. Observó atentamente el líquido rojizo llenar dos copas, y tomó cuidadosamente la que Tom le ofreció.

— Entonces… ¿que noticia?— preguntó, casi tartamudeando.

—Quiero brindar, empezando por ti, porque me has hechizado desde el primer momento en que te vi— al oírlo, el rubio se ruborizó hasta las puntas de los dedos de los pies— porque venir aquí es lo mejor que he hecho en mi vida, y porque este vino, de magnifico sabor, está nominado para los premios Decanter*.

— ¡¿Bromeas?! — gritó Bill, lanzándose a los brazos de Tom. Aquello era increíble y maravilloso. No cualquiera podía lograr aquello. Ni siquiera era sencillo conseguir entradas para los premios Decanter, y ahora, uno de sus vinos, su favorito a decir verdad, a pesar de ser extremadamente joven, estaba nominado. No lo creía. Y frente a él estaba Tom, desbordante de orgullo y felicidad, rodeándolo con sus fuertes manos, cálidas y suaves. Era difícil resistirse, era imposible.

Le besó sin importar si en ese momento la casa se derrumbaba a su alrededor, y se perdió en el sabor dulzón, fresco y empalagoso de la boca de Tom, quien sin perder ni un segundo, lo reclamó con el ímpetu de siempre. Las copas se hicieron añicos, como muchas otras antes de esas, y tampoco les importó.

La mente de Bill solo podía estar atenta a Tom y a sus besos, fieros y húmedos, a sus manos, que recorrían su cuerpo igual que un experto aprecia una obra de arte.

Pronto hubo prendas de montar esparcidas por todo el corredor que conectaba la cocina con las habitaciones, y el rastro terminaba en la enorme habitación principal.

Tom tenía el cabello alborotado y solamente los pantalones para montar puestos, desabrochados y arrugados; en realidad era incómodo y le apretaba, pero no tenía mucho espacio en su mente para pensar en sus incomodidades, ya que Bill, el chico que lo había eclipsado desde el primer momento, estaba recostado sobre la cama, debajo de él, inmóvil entre la presa de sus brazos y rodillas, y en un gesto digno de una estrella porno, presa de un repentino bochorno, se había tapado el rostro con ambas manos.

A Tom le entró la risa floja al verlo, tan infantil como un crío y tan provocador como para morirse de gusto, y eso es precisamente lo que hacía; lejos de retirarle las manos, se dedicó a apreciar los planos marmóreos de su delgado torso, que subía y bajaba rápidamente, agitado por la respiración. Tom besó el suave arco que marcaba el inicio de las costillas de Bill, y sonrió cuando sintió el salto de su corazón golpeteando enloquecido contra la piel que estaba recorriendo con la punta de la lengua.

—Oh Tom… vamos…— gimoteó Bill lastimeramente, haciendo sonreír al aludido, quien mordisqueó suavemente la piel ardiente que se estiraba más abajo del ombligo y le obligó a tener las piernas abiertas cuando el rubio hizo amago de cerrarlas.

—Vamos cariño, no vas a cortarte ahora…— murmuró, aun en su recorrido por aquel sendero secreto, y que solo él conocía a la perfección. No podía ni pensar en otra cosa; la piel de Bill, húmeda, tensa, ardiente y perfumada en el mismo centro de su cuerpo enviaba calor en oleadas, atrayente como la miel y el licor. Tom sintió que le quemaba la lengua en cuanto la rodeó, incandescente como el sol.

Bill arqueó el cuerpo en un arco casi obsceno en cuanto lo sintió, incitando a Tom a viajar mas deprisa, y más profundo. Sus ojos vidriosos y semi cerrados estaban fijos en la nada, y la boca abierta, mostrado unos caninos mas afilados de lo normal, hacían imposible resistirse a hacerlo disfrutar.

Y Bill disfrutaba, tanto como Tom, quien aprovechando la intensa humedad que inundaba al rubio, comenzó a acariciar esa zona tan escondida y apretada en donde dentro poco iba a perderse; y Bill, preso en gruesas espirales de placer que le estremecían la columna y hacían vibrar sus largas piernas, se dejó ir al sentir unos dedos intrusos hurgando dentro de su cuerpo, se dejó ir derramando su semilla como si de lechosa lava se tratase; no había más en la vida que ese momento, con Tom, su amante, besándolo y lamiendo la marea blanca como si fuera el néctar del fruto mas irresistible que existiera.

Se dejó hacer sin rechistar, siendo vagamente consciente de que Tom se acomodaba entre sus piernas, y poco a poco se introducía en el, aprovechándose del derramado sol que se escurría perezosamente entre sus piernas, y el rubio entonces apretó las mandíbulas y los ojos al mismo tiempo, sintiendo como era profanado más y más profundo, tanto que pensó que su cuerpo iba a partirse en dos, y no podía negarlo, le fascinaba…

Finalmente se detuvo, incrustado hasta el núcleo de su anatomía, y entonces se dedicó a contemplar a Tom que estaba alzado sobre el, con su estampa de Dios griego, el cabello largo y oscuro alborotado entre su trabajado torso y su marcada espalda; tenia el entrecejo fruncido y los ojos cerrados en una mueca de éxtasis que le volvía loco rematado, y cuando Tom, desde las oscuras penumbras de las alturas le obsequió una sonrisa seductora, el corazón de Bill se detuvo por un instante, anticipando ese delicioso e íntimo momento, el éxtasis que solo ellos conocían.

El sudor de ambos recorría sus cuerpos en luminosos senderos que arrancaban brillos desvelados y ardientes; y cuando Bill devolvió aquella maliciosa sonrisa, dándole entrada a Tom al jardín del edén que era su cuerpo, segundos después, la primera leve acometida lo hizo casi delirar de placer y de dolor, de desesperación y algo de ansiedad por las sensaciones que bullían por su cuerpo. No fue algo muy duradero, ninguno era capaz de soportar tanto placer y tanta plenitud, y cuando Tom bufaba y jadeaba en cada embestida que daba, a Bill se le escapaba la cordura con mayor rapidez, no había manera de resistirse o prolongarlo, y en uno de sus sonoros gemidos, sintió como Tom se derramaba dentro de el, igual que ardiente y salada espuma de mar que como bálsamo, lo empezaba a adormilar, y en medio de ese sopor tranquilo y caliente, a Bill se le cruzó una idea de lo más banal por la mente: tendrían que volver a calentar la cena.

&

El elegante auto blanco de Tom recorría las angostas carreteras con mucha velocidad y pericia. Decidieron a último minuto llevar el BMW en lugar del Jeep, ya que era mas rápido y de cualquier forma Bill no deseaba conducir.

Bien sujeto al asiento del copiloto por su cinturón de seguridad, su mente, preocupada y ansiosa divagaba mientras miraba los arbustos, los árboles y el campo volverse un borrón verde a medida que se alejaban a toda velocidad de Priorat. Podía sentir la mirada de Tom sobre él cada pocos segundos aunque sus manos fueran unidas sobre la palanca de la transmisión automática del auto.

Tom también estaba algo preocupado, ademas de fascinado por la criatura que estaba sentada a su lado. A pesar de los dos años que tenían juntos, aún no estaba del todo acostumbrado y constantemente debía tragarse la baba que se le formaba al mirar a Bill, tan perfecto con su melena larga que caía armoniosamente sobre sus hombros, cubiertos por una fina chaqueta negra con detalles dorados que resaltaba aun mas el dorado de sus cabellos y la larga linea de sus pestañas. Pero la preocupación seguía ahí fingiéndose ausente, pero empañando la tranquilidad que flotaba tensa en el ambiente.

Deberían llegar a la ciudad en poco más de una hora, e iban a hospedarse durante dos noches en el apartamento de Tom, que seguía en el mismo sitio, con muebles nuevos y del que sus padres se ocupaban de su funcionalidad, para cuando Tom viniera de visita.

— ¿Bill?— tanteó Tom, haciendo que Bill parpadeara y soltara el aire que había estado reteniendo— ¿estas bien?

— Eh, si yo, estaba pensando….

— ¿Y en que pensaba mi amor?— preguntó, mirando al frente, pero sonriendo de lado, haciendo que Bill pusiera cara de idiota.

—En nada.., — quiso desechar, pero Tom, perceptivo como el sólo, ya sabía que ideas rondaban la mente de su inseguro y perfecto rubio.

— Oh vamos — le besó la mano, galante como siempre, y sonriendo mas pronunciadamente cuando captó la expresión de asombro y bochorno de los ocupantes del auto que se emparejó con el suyo por unos segundos — puedo alardear de conocerte un poco— añadió, riendo ahora al ver que Bill inflaba los mofletes como niño pequeño al verse descubierto— y no quiero que dudes, de nada… por favor— pidió, pero no obtuvo respuesta de su compañero, caprichoso como un niño. Y es que en esos momentos, el elegante auto deportivo se incorporó al denso fluir de vehículos de las avenidas principales de la ciudad, atestadas de personas, de negocios, de edificios altos y elegantes, y mareas enormes de autos que avanzaban igual de lento que la sangre coagulada en las arterias del tráfico de la tarde.

Bill miraba atento por las ventanillas cerradas, admirando los escaparates de ropa, de muebles lujosos, de zapaterías, de galerías de arte y toda clase de negocios por donde pasaban, mientras Tom se desesperaba con el tráfico, pues estaba ya acostumbrado a la tranquilidad de las calles del pequeño Priorat.

Por supuesto que ya habían estado en la ciudad en ocasiones pasadas, pero tan solo iban y volvían en un día, no habían tenido que quedarse, ya que los padres de Tom, preferían ir a visitarlos, que recibirlos de visita; ansiaban escapar del barullo de la ciudad cada que podían.

Llegaron al apartamento ya entrada la noche. Tom rebuscó las llaves en su bolsillo y al abrir un leve aroma húmedo y acre le atacó las fosas nasales. Tenía mucho tiempo que no estaba ahí, y no pudo evitar sentir cierta nostalgia, y también algo de emoción al llevar a su amado ahí, a los vestigios de lo que fuera su antigua vida.

Bill en cambio entró, curioso como gato y atento a cada detalle, y le gustó lo que vio. El apartamento era amplio, y con un estilo muy minimalista. Los sofás del salon eran blancos, ya que los bellos sofás color turquesa que Tom amaba, ahora decoraban su casa de Priorat.

Había una pequeña mesa rectangular hecha de cristal en medio de una cocina moderna con gabinetes color negro y una parilla sencilla de vitroceramica estaba cubierta por un cristal templado. Una cafetera estaba apagada sobre la encimera, junto a un horno de microondas y eso era todo. Sencillo y elegante. Bill siguió a Tom por el pasillo blanco, y entraron a una habitacion grande, con una gran cama al centro, burós negros, lamparas de cristal y una pantalla empotrada en la pared.

—¿Y, que opinas?— preguntó Tom, rodeándolo desde atrás y besando su nuca, aspirando el maravilloso aroma de su cabello— ¿te gusta?

—Me encanta…— suspiró Bill, no muy seguro de referirse al estilo del apartamento; tenía la piel erizada por la excitación; pero no deseaba mucha presión, y Tom lo entendió. — tus padres lo conservan en excelente estado…

—Si bueno, en realidad es de ellos, no mío, yo prefiero las casas de campo — añadió, besándole las manos — esa si es toda mía.

Al escucharlo, Bill sonrió, ya más confiado, y se permitió explorar un poco mientras Tom se hacía cargo del equipaje.

Tenía cierta curiosidad en ver las similitudes y diferencias entre la casa y el departamento de Tom.

El cuarto de baño de la habitación principal era tan simple como el resto de la casa: todo en blanco, ducha, bañera, lavabo, todo contrastado con decoraciones oscuras, desde los tapetes hasta los adornos.

En su casa en cambio abundaban los colores dorados, arena, bermellón, madera y champaña, había mucho más color en todo, y esa diferencia le gustó.

—¿Interrumpo? — cuestionó Tom al entrar en el baño, viendo como Bill se sacaba el rostro con una esponjosa toalla Blanca.

—Sólo entre a refrescarme — sonrió, luciendo esa sonrisa perfecta que Tom adoraba.

—¿Tienes hambre? Podemos ordenar algo de comida rápida.

A Bill le brillaron los ojos, si algo amaba en la vida más que a Tom, eran las papas fritas.

—¿Papas fritas?— su sonrisa era igual de deslumbrante que sus ojos.

—Lo que tú desees — consintió Tom, con otra sonrisa igual de deslumbrante.

&

—Entonces cuéntame… ¿cómo es eso de los premios Decanter?

Tom lo miró, frunciendo el ceño en una divertida mueca.

Eran las nueve de la mañana, y aún recostados desnudos bajo las mantas, conversaban luego de despertar de su soporoso sueño, húmedo y cálido, igual que todas las mañanas.

—¿No sabes como se otorgan los premios decanter? — cuestionó Tom, extrañado.

—No, el licenciado agrónomo, biólogo, agrícola, enólogo y etcétera eres tú ¿recuerdas?— comentó, al momento de llevarse las manos a la melena para alisarla —hasta que llegaste tú, yo solo era un humilde productor de uvas.

—Humilde — masculló Tom, entre risitas bajas — jamás has sido humilde, señorito Kaulitz, pero te explicaré antes de que me saques los ojos usando solo tu mirada — añadió al ver la cómica expresión de enfado de Bill — en realidad se debe enviar con tiempo él o los vinos que se quieren premiar, nosotros únicamente enviamos uno, Camins del Priorat.

—Es mi favorito— canturreó Bill recordando el exquisito sabor del vino.

—El mío también — coincidió Tom, luciendo

pensativo — y ya sabes que he probado muchos vinos, pero ese es especial.

—¿Has ido alguna vez a esos premios?

Tom lo miró de reojo, atrapado. Bill siempre hacía preguntas que lograban dejarlo acorralado.

—Pues… sí, nunca como productor directo, claro está, mi padre ha enviado muchos vinos que han ganado distintivos de oro y de plata, pero es mi primera vez con un vino propio y será una increíble satisfacción ver nuestros nombres ahí…

Bill se quedó callado por un momento, procesando aquella valiosa información.

—¿Y fuiste solo? Quiero decir, solo con tus padres..

—¿Es importante que lo sepas?

—Si, quiero saberlo todo de ti.

—Si lo deseas así… — respondió, encogiendo los hombros— he ido a dos premiaciones, una vez con Gustav y Georg y la otra con una señorita, aquella dama que me engañó.

Los expresivos ojos de Bill centelleaban, brillando en ellos una oleada de desencanto y el aguijón de los celos, logró apenas controlarse cuando Tom suspiró.

—¿Es aquella pareja de la que me habías hablado?— tanteó el rubio.

—Si, es la misma… en realidad no he tenido parejas serias, hasta que te encontré…

Bill sabía que debería sentirse halagado, pero los celos seguían carcomiendo su torturada mente.

—¿Y con ella… fue serio?

—Si… se puede decir que si— para Tom, hablar de su rompimiento antes de conocer a Bill era algo neutral, pues estaba ya superado y él idolatraba a su rubio amante, pero era difícil luchar contra las inseguridades de aquel fantástico chico — estábamos comprometidos.

—¿Ibas a casarte incluso?— parecía escandalizado — ¿con sortijas, traje, vestido y todo el asunto?

—Si, y hubiera sido el peor error de mi vida, ya que me comprometí más por la presión familiar que por amor verdadero…

—Presión familiar… ¿De tu familia?

Tom negó suavemente con la cabeza.

—La familia de ella Bill, ansiaban que el matrimonio fuera enseguida, para asegurar su propio bienestar económico, mis padres tampoco estaban contentos con ese compromiso — Bill chasqueó la lengua, disgustado, asqueado al saber que estuvieron a punto de atrapar a su adorado Tom con un matrimonio por interés — de cualquier manera en esos días ni ella ni yo estábamos centrados, como ahora ¿entiendes? Yo no quería seguir siempre a la sombra de mi padre, el lo sabía, así que cuando descubrí la traición de ella, mi padre estaba ya en contacto con el tuyo, y un mes después me envió a Priorat a conseguir ese contrato, y entonces… te conocí y encontré mi camino… encontré mi destino…

—Oh Tom… — Bill se arrastró sobre la cama hasta quedar acurrucado entre los brazos de su amado, que le curaba las heridas como un bálsamo sagrado — te amo..

—Y yo a ti Bill — respondió Tom, envolviendolo entre sus brazos.

Pasaron un rato mas acurrucados, hasta que el hambre les obligó a levantarse y salir a buscar algo de comida.

Encontraron un fresco restaurante al aire libre cerca del departamento, con mesas y sombrillas blancas, en donde se respiraba la promesa de un suculento desayuno. Y mientras esperaban su orden, Tom hacía lo que más disfrutaba, admiraba a Bill, que a su vez estaba perdido en la nada.

A Tom le fascinaba que Bill se sujetase el cabello con gomas elásticas, ya que cada pocos minutos se quitaba la goma para liberar y alisar los dorados mechones, para su propio deleite.

Después de algunos minutos fueron servidos, y ambos devoraron la comida en tiempo récord, ya que se les estaba haciendo algo tarde, de modo que volvieron de prisa al apartamento, y después de ducharse y ponerse presentables y elegantes, ambos iban ya en el auto camino a la cena de los galardones, en donde anunciarían cuales vinos eran los mejores.

Los nervios estaban a flor de piel, en la piel de ambos.

Al llegar al lugar, dejaron el auto con el ballet y se tomaron de las manos para entrar.

Bill estaba nervioso y Tom le dio un reconfortante apretón.

—Brillas como el sol — le susurró al oído, aspirando su delicado y fresco aroma.

Ambos estaban elegantemente ataviados, Bill portaba una chaqueta negra con orillas en color escarlata con las mangas rematadas en brazaletes plateados, combinando con los pantalones de lino tambien en color escarlata y altas botas negras, llevaba el increíble cabello rubio suelto, bajando por sus hombros y su sola imagen resplandecía; y Tom vestido casi totalmente de negro,con detalles en color blanco en la chaqueta, lucía elegante, oscuro y sensual. Eran una obra de arte al caminar, al sonreír y saludar y posar para los fotografos que los retrataban.

Las manos de Bill sudaban, que tenso estaba. Miraba hacia las cámaras con el rostro serio, mientras Tom parecía muy cómodo y acostumbrado a ese caótico ambiente; sonreía y saludaba a medio mundo al avanzar, y jamás le soltó la mano, a pesar de la marea de flashes que se concentraban ahí, en su mano unida a la de aquel misterioso chico que acaparaba fotos y miradas.

Llovían preguntas de varias personas que se les ponían de frente, pero Tom, decidido a esquivar cualquier conversación, sólo sonrió hasta que entraron en el enorme salón donde sería el evento.

Había mesas por doquier, cubiertas de finos manteles y exquisitas vajillas; la iluminación era tenue, en colores neón que iban del rosa brillante al morado, azul y rojo paulatinamente en cada columna, y todo aquel espectáculo visual era dominado por un imponente escenario con un podio y muchos reflectores que lo alumbraban, y desde luego, había botellas de vino en cada rincón y lugar disponible. El corazon de Bill repicaba cada que veía una botella de la cosecha de su fábrica adornando el lugar.

El corazon de Bill repicaba cada que veía una botella de la cosecha de su fábrica adornando el lugar

—¿Te gusta? — preguntó Tom cerca del oído de Bill, quien asintió.

—Es muy bonito y elegante — respondió, mirando a su alrededor con algo de asombro. La alfombra sobre la que caminaban era suave y mullida, y del techo colgaban enormes lámparas llenas de bombillas que iluminaban todo con su tenue resplandor ambarino— pero lo que mas me gusta es que estoy aqui contigo — ronroneó cerca del oido de Tom, sintiendo como la mano que le abrazaba por la cintura se ponía mas caliente al escucharlo.

Encontraron su mesa unos pasos mas adelante, y Bill esbozó una enorme y genuina sonrisa de sorpresa al ver que las personas que los esperaban eran los padres de Tom, ambos desbordantes de orgullo, y Georg y Gustav, los mejores amigos de Tom.

—¡Ohh, pensaba que ibamos a estar solos!— exclamó Bill, aun sonriendo contagiosamente, — quiero decir, es genial que esten todos aquí.

Ambos saludaron a todos afectuosamente, y pronto quedaron sentados en medio de los invitados.

—No podíamos perdernos este momento— dijo el padre de Tom, que ya había empezado a marear a todos con el penetrante aroma de su loción— y es una pena que tu padre tuviera que salir de viaje, Bill.

—Si señor Trümper —la sonrisa desapareció — en verdad me hace falta, pero era un viaje impostergable el que debía hacer.

—¿Y en donde se quedó Zacky?— intervino la madre de Tom, luciendo preocupada. Ella adoraba al hermanito de ocho años de Bill, y aunque ya había superado el hecho de que jamás sería abuela, su alma aun añoraba tener algún nieto.

—Se quedó en casa, con su nana— dijo Bill, sonriendo—no hay de que preocuparse, seguro ni va a notar nuestra ausencia ahora que ya puede montar, apenas sale el sol, y el ya esta encima de chocolate.

Todos sonrieron al escucharlo, y Georg y Gustav intercambiaron un guiño sospechoso y cargado de buen humor, en tanto que Tom aprobaba el vino que el mesero acababa de descorchar; indiscutiblemente fue un Camins del Priorat.

Todos miraban en silencio como el mesero dejaba caer el aterciopelado líquido rojo en las copas, tan oscuro y denso como la sangre justo antes de coagularse. Cuando todos tuvieron una copa en la mano, el señor Trümper levantó la suya y propuso un brindis:

—Me gustaría brindar, por este maravilloso y joven vino que nos ha traído a todos a esta maravillosa noche, con la mejor compañía que pueda existir, y de la cual esperamos grandes cosas — y el sonido musical de las copas al chocar alabó sus palabras.

—Oye, Tom— habló Gustav, luego de darle un sorbo al vino, asombrado por el gloriosamente aterciopelado sabor de la bebida— esto tiene un sabor maravilloso— dijo, impactado, ya que el no había tenido la oportunidad ni la ocasión para probar ese vino.

—Ya confiesa tu secreto— tronó Georg, entrecerrando los ojos—¿como lograste que este vino tan joven nos haya traído aqui?

Al escucharlos, Tom sonrió, y abrazando a Bill, respondió simplemente:

—Priorat, el secreto esta allá —Bill asintió, guiñando seductoramente un ojo hacia los amigos de su amado, dejándolos momentaneamente pasmados.

—Oh vamos ¿no puedes ser mas ambiguo? — se quejó el de los ojos verdes.

—No es ambiguedad— Tom rió — es simple Geo, solo en Priorat se logra esto. —levantó la brillante copa para que todos la vieran— Este vino esta hecho con uvas tempranillo y malbec, que crecen milagrosamente en tierra mas bien dura y agreste, las primeras le otorgan el sabor suave y afrutado, así como el color rubí intenso, y las segundas concentran y potencian el sabor, dándole ese toque de terciopelo que se desliza por la lengua y baja danzando por la garganta— todos menos Bill lo escuchaban embobados, incluso el padre de Tom estaba sumamente interesado— pero eso no es todo— una chispa de astucia relampagueó en los ojos de Tom— lo añejamos en barricas de roble y cerezo, las cuales se guardan en las bodegas, hechas con madera de fresnos y acacias, y como todos sabemos, el oxígeno se filtra a través de los poros de la madera de las barricas, el vino respira, es un ser vivo, y esta enriquecido por cuatro diferentes tipos de madera, eso le otorga en parte este increíble sabor.

—Pues vaya…— Georg se había quedado mudo al ver su mejor amigo hablar de manera tan profesional y tan conocedora de su ambiente.

—Pero Tom — el señor Trümper estaba sorprendido— ¿usan madera de cerezo? ¿Donde la consiguen?

—Hay muchas cosas de Priorat que no todos saben— intervino Bill, sonriendo marcadamente — hay una gran cantidad de esos arboles escondidos en las montañas, si usted quiere, lo podemos llevar allá cuando nos visiten.

—Por supuesto que si, no lo dudes Bill— aceptó el señor Trümper hecho unas pascuas.

Siguieron platicando de la crianza de los vinos, del funcionamiento de las fábricas y de más temas que cambiaban aleatoriamene, cuando Georg, que estaba sentando entre la señora Trümper y Tom; llamó la atención del segundo al susurrarle al oído:

—Oh por Dios, Tom — el tono era preocupado— ¿esa que está allá, cerca del escenario no es Harper?

Tom sintió algo desagradable retorcerse dentro de el, como si de repente su estómago hubiera decidido viajar hasta sus pies llevándose el corazón consigo. Siguió la línea de la verde mirada de su amigo, y estupefacto reconoció que varias mesas mas allá, cerca del podio iluminado estaba su ex prometida, mirándolo con insistencia, sonriéndole de manera maliciosa al captar su mirada.

Tom dejó de mirar en el acto, desconcertado, mirando entonces a Bill que reía hacia Gustav mientras cuchicheaban alguna cosa graciosa.

—Van a tener que disculparme un momento, por favor — dijo Tom de manera encantadora. Se levantó y le dio una mirada tranquilizadora a Bill, cuyos ojos estaban serios y preocupados.

Logró disimular su turbación de una forma asombrosa y fue directo con los organizadores del evento. El los conocía perfectamente y quería saber como demonios había llegado Harper a los premios. Ella no poseía conocimientos sobre el vino ni sobre nada de ese tema, ni conocidos ni nada por el estilo y su más grande preocupación era que aquella mujer llegase a cruzarse con Bill.

—Hola Peter — saludó Tom al llegar al lado del escenario, donde Peter y su equipo discutían asuntos relacionados al evento.

—¡Hey Tom! — respondió amistoso, dedicándole toda su atención — no había tenido la oportunidad de ir a saludarte tío, y felicitarte, he visto que uno de tus vinos esta nominado a los premios platino, caray majo, a ver si te pasas los secretos ¿eh?

—Si claro, pero deja la palabrería para otro momento y dime que demonios hace Harper aquí. — demandó, serio y hasta algo molesto.

—Harper… — Peter se puso nervioso en el acto, pero muy poco a decir verdad, de modo que el sabía que tarde o temprano Tom le iba a retar por la presencia de la chica — bueno ella, me pidió hace unas semanas un lugar aquí, Tom.

—Pero ¿para qué? — tronó, ahora bastante molesto.

—Para verte a ti, desea hablar contigo, dice que está arrepentida y …

—Y nada — Tom cortó la cháchara de Peter de una manera tajante — no me interesa nada de su arrepentimiento ni lo que quiera decirme, ella me engañó ¿si recuerdas? Yo mismo la encontré en los brazos de aquel insensato vizconde, que solo tiene el título rancio de su familia, pero como ella seguramente notó que el tipo no tenía en donde caerse muerto, ahora quiere verme y expresar su aflicción.

—Vamos Tom; no creo que ella sea así — dijo amablemente, Tom rodó los ojos.

—No sabes nada Peter, es más, puedo apostarte lo que quieras, a que intentaste acercarte a ella y te rechazó, porque vamos, la tía esta como un tren, se cae a pedazos de tanta belleza, pero es una belleza vacía, que no vale la pena — y al ver el tono ceniciento que había adquirido la piel de Peter, Tom supo que tenía razón, pero no se detuvo, estaba colérico — solo te advierto Peter, si llego a tener algún problema por qué ella esté aquí, olvídate de todas nuestras relaciones de negocios, no solo conmigo, sino con todo TrumperExperts.

— Vamos Tom ¿qué problemas podrías tener? — replicó Peter, ahora si bastante más nervioso, mientras miraba preocupado a la chica, sentada varias mesas más allá.

Tom no respondió, pero su mirada se clavó directamente en Bill, que aun sentado con su familia y amigos, seguía conversando animado con Georg y Gustav, riendo de vez en cuando, fulgurando con luz propia. Tom se descubrió sonriendo al mirarlo, y Peter había seguido la línea de su mirada, descubriendo el motivo de la preocupación y el cabreo de Tom.

—Ya veo…— comentó, pensativo — y ¿no vas a presentarme a tu socio, el rubio y perfecto Bill Kaulitz? — inquirió, ganándose una mirada asesina por parte de Tom.

—No, no necesitas conocerlo — declaró, terminante, destilando tanta posesividad, que realmente resultaba incómodo presenciarlo — ¿Como sabes su nombre?

—Es tu socio Tom; se habló mucho de la fusión de ambas empresas, y tanto tu fama como la de él les precede, por mucho que te pese, haciendo a un lado toda la atención que el chico llama. Tendrás que aprender a compartir — añadió, juguetón.

Tom refunfuñó algo ininteligible, y mandó a Peter al infierno. No iba a conseguir nada ahí así que decidió volver con Bill y transformarse en su sombra para evitar problemas.

Pero grande fue su zozobra y su sorpresa, puesto que al llegar a su mesa, descubrió que Bill no estaba ahí.

—¿En donde esta Bill?— custionó en general a todos los presentes, mientras su padre, riendo, bajaba la copa casi vacía.

—Tranquilo hijo, solo fue a usar el cuarto de baño.

Tom asintió, pero no estaba nada tranquilo, y quizá por inercia volvió el rostro para buscar a Harper, descubriendo que ella tampoco estaba en el sitio donde la había visto.

—Demonios— susurró, lleno de aprehensión y recelo. Algo iba mal, saldría mal y el lo presentía.

Sin pensarlo se dirigió a toda prisa hacia donde estaban los servicios, pero Bill tampoco estaba ahí.

El joven Kaulitz, sin saber que era buscado con desesperación por Tom, después de usar el servicio, notó una pequeña y encantadora terraza que estaba medio escondida entre dos columnas, de pisos brillantes y bellamente iluminada en tonos ambarinos, desde donde se podía apreciar un jardín con un estanque quieto, macizos de flores salpicando el paisaje, sicomoros y papiros perfectamente recortados, y una fuente que chapoteaba alegremente.

—Lindo ¿no? — comentó una musical voz de mujer.

Bill no la miró, y tampoco le sobresaltó su presencia. Respondió sin apartar la vista del paisaje.

—Muy bello— su tono era amable y respetuoso, y la sonrisa que esbozó, bastó para que la chica lo contemplara, embobada. Sus ojos, su nariz y su perfil, eran perfectos. El era irresistible. —igual de linda que esta noche, muy cálida — dijo, ahora volviendo el rostro para mirar de frente a su nueva acompañante, pero ella desvió la vista enseguida, nerviosa, impresionada por el aspecto del chico rubio.

Desde luego que sabía quién era el, y había pensado que no tendría oportunidad de verle de cerca y llevar a cabo sus planes, por eso en cuanto lo vio solo, decidió ir a conocerlo, pero ahora se sentía cortada y angustiada.

Aunque no estaba cien por ciento segura, sabía que Tom sentía algo especial por este muchacho, y ahora que lo tenía de frente en una noche fragante como aquella, entendía un poco más de la locura de Tom por el.

Ella pasó mucho tiempo sin pensar en Tom, al principio no le importó que él la descubriera engañandolo, porque ¿qué era un simple biólogo agrónomo al lado de un vizconde? Absolutamente nada, aunque el biólogo fuese extremadamente atractivo.

Por algún tiempo ella vivió deslumbrada, soñando con volverse una vizcondesa, o incluso en condesa, eran tan pocos los títulos nobiliarios que había en la actualidad… y estando con Tom jamás conseguiría nada, finalmente dependía del trabajo en las empresas de su padre quien le daba todo, y eso no le llamaba la atención así que lo borró de su mente; hasta que descubrió que su elegante enamorado en realidad no tenía casi nada de dinero, tan solo su título heredado y nada más.

La oleada de desencanto la abrumó por unos meses, y decidida, terminó todo con el vizconde y comenzó a buscar a Tom, resuelta a conseguir su perdón… y su dinero aunque fuera de su familia.

Y tras muy poco de buscar, descubrió que Tom se había marchado a un pueblo del cual ni recordaba el nombre, pero lo interesante de todo el asunto era que su antiguo amante, se había asociado con una gran compañía de terratenientes y ahora era socio de una enorme fábrica de vino, y por consiguiente, dueño de una pequeña fortuna que crecía a pasos agigantados.

Se propuso reconquistarlo sin demora, pero entonces, cuando ella seguía investigando el misterioso paradero de su expareja, surgió el nombre de ese joven que estaba ahora con ella, y se sintió confundida.

Se cuestionaba si debía reconquistar a Tom, o intentar conquistar al increíblemente guapo Bill Kaulitz.

No estaba muy segura de cuál era la relación de Tom con Bill, si eran solo socios, amigos o quizá algo más, aunque ella recordaba que a Tom le gustaban las mujeres.

—Soy Bill, Kaulitz — se presentó, caballeroso y atento, mientras estiraba su larga mano.

—Harper, Terramont — respondió ella haciendo marcadas pausas, estrechando su mano con firme suavidad, pero no pudo terminar de presentarse; su voz la había abandonado, y se sentía fascinada por Bill. Le sonrió, tímida y coqueta, mientras el sonreía en respuesta. ¿Debía decirle quién era ella y que es lo que deseaba?

Pero no pudo hacer ni una ni otra cosa, ya que fueron interrumpidos en ese momento.

—¡Bill, por Dios al fin te encuentro! ¿En dónde estabas?— exclamó Tom, llegando hacia ellos a gran velocidad, casi derrapando en el claro piso de cristal, ignorando por completo a la silueta femenina que empezaba a echar humo por la furia al ver a Tom darle totalmente la espalda, como si no existiera.

Tom suspiró, agradecido y le tomó de las manos, sintiéndose más tranquilo, hasta que reparó en la persona que estaba con Bill.

—Cielos Tom — dijo Bill al tenerlo de frente y luciendo tan preocupado — solo fui al baño y después encontré esta bella terraza, y esta amable señorita estaba haciéndome compañía.

Y por fin Tom pudo voltear a ver quién era la acompañante de Bill, y su alma se hundió como el plomo frío. Frente a ellos estaba Harper, luciendo enfadada, altiva e insolente.

—Hola Tom— saludó ella, destilando veneno. Era evidente que se conocían, y ante eso, Bill frunció el ceño —¡cuanto tiempo!

—¿Se conocen?— inquirió Bill, extrañado ante el repentino descubrimiento, porque no podía ser posible que aquella hermosa chica fuera….

—Harper— murmuró Tom, inundado por el fastidio —¿que haces aquí…?

—Ha sido un verdadero placer conocer al asombrosamente guapo Bill Kaulitz— dijo, haciendo énfasis con ironía en su nombre.

—No veo para que quisieras conocerlo— declaró Tom, tajante — aunque debo admitir que estar con él sí que es un placer.

Bill no comprendía del todo, pero empezaba a hacerse una idea, sobre todo al ver a Tom elevarse en toda su estatura, como un gorila furioso a punto de golpearse el pecho.

—Es intrigante— continuó Harper impasible— deseaba conocer a la persona que logró hacer que te olvidases completamente de mi…

La ira de Tom se acentuó, y si sus ojos hubieran sido navajas, Harper estaría desangrandose en el piso. Ni siquiera se volteó a mirar a Bill. Sabía que aunque no tenia motivos poderosos para sentirse mal, su perpetua inseguridad le estaba jugando una mala pasada; de modo que se sorprendió al escuchar hablar a su rubio tan caprichoso.

—Oh, claro, ya lo veo, tu eres la interesada ex prometida de Tom— dijo, destilando aun mas veneno que la chica, mientras la boca de Harper se iba literalmente al suelo — Tom te había olvidado mucho antes de conocerme querida, no creas otra cosa, y es que… ¿quien podría querer algo con alguien tan frívola e infiel como tu?

—¿Pero quien te has creído que eres para hablarme así?— trinó la rubia y ofendida muchacha.

—Bill Kaulitz— sonrió, al responder— dueño de la mitad del consorcio Gusto Di Vino, dueño del corazón de Tom, y dueño de una fortuna que se multiplica cada día, tanto gusto, Harper Terramont— dijo, cínico. Sus ojos se volvieron tan afilados y cortantes, que la chica desvió la mirada, furiosa.

—Tom— sollozó de repente— ¿como puedes permitir que me hable así?

—Nadie te pidió que vinieras Harper, ni mucho menos que te acercaras a Bill de esa forma tan escatólogica solo para fastidiar este momento, comprende de una vez, lo nuestro terminó hace mucho tiempo.

Tom se esforzaba por ser educado y caballeroso, aunque la furia lo siguiera consumiendo. Podía entender un poco la frustación de Harper al saber lo que ella había perdido y el esfuerzo que suponía para su orgullo efectuar aquella maniobra. Esperaba que ella no cayera aun más profundo con sus palabras.

—El no podrá darte nunca lo que yo— atacó sin piedad, haciendo que Bill se tensara de repente, dando como resultado que la furia de Tom creciera más — aquello que tus padres, y sobre todo tu madre anhela.

—Ya basta— interrumpió Tom, levantando una mano. Sentía un poco de lástima al ver las lágrimas correr por el mentón de la muchacha. No deseaba que ella siguiera dando aquel patético espectáculo y por otro lado, necesitaba alejar a Bill de ahí, el no tenía fama de ser paciente.

—¿Que es lo que tratas de decir?— inquirió Bill, acercando repentinamente su fiero rostro al de ella. El suave cabello rubio resbaló desde su espalda, deslizandose suavemente sobre sus hombros hasta colgar desde su pecho y alborotó el fresco y varonil aroma de su perfume combinado con loción para despues del afeitado y jabón. La chica tuvo que sacudir la cabeza para reacomodar sus ideas.

Tom puso una mano sobre el ardiente pecho de Bill, para calmarlo y detenerlo.

—Se que ahora Tom es tuyo— dijo, haciendo un gran esfuerzo por centrarse en su coraje— pero no podrás darle ciertas cosas… como un hijo que herede su talento…

—¿En eso basas tu argumento para recuperarlo?— se mofó Bill, sin saber de donde sacaba tanta seguridad para hablar así — hijos puede tener los que deseé.

Y al escucharlo, Tom abrió mucho los ojos, asombrado ante una posibilidad que jamás habría imaginado, de no ser porque acababa de escucharlo de los labios de Bill.

—Eso es antinatural— escupió Harper, con cara de asco.

—No, no lo es— intervino Tom, con las fuerzas renovadas — antinatural es el ridículo que estas haciendo, por favor, lo mejor es que salgas de aquí…

—¡Son unos enfermos! — chilló furiosa — no se como se me pudo ocurrir tratar de recuperarte Tom, estás dañado y tú novio pervertido está peor que tú, como una cabra — acusó, sorbiendo por la nariz de manera tan acuosa que Bill ahogó un gesto de asco.

—Ya ándate querida, no sigas haciendo esto, por tu bien — añadió Bill, sintiéndose más divertido que ofendido por las acusaciones de la muchacha.

Ambos permanecieron serios mientras la veían marchar indignada, empujando a los invitados y reporteros hasta que salió del lugar.

—Vaya que está chiflada — silbó Bill, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón mientras Tom se daba la vuelta para encararlo.

—¿Es cierto lo que acabas de decir? — cuestionó, ruborizado.

—¿Que? — Bill sonrió, mostrando su destellante dentadura. Se sentía descolocado.— que ella es patética, que es interesada, que es frívola…

—No… ya sabes, sobre los… bebés…

—¿Quieres un bebé, Tom?— la sonrisa del rubio se hizo mucho más pronunciada.

—Eh… ¿pues yo? … somos hombres… no podemos… ¿o si?— agregó, sintiéndose como si tuviera cinco años y estuviera aprendiendo como escribir su nombre en una pizarra.

—Ah por Dios, no me vengas con eso, hay muchos métodos — dijo Bill, agitando una mano elegantemente — lo que quiero saber es si tu deseas tener un bebé… conmigo obviamente — repuso.

Tom no sabía ni que responder, no porque no quisiera, sino porque jamás se le habría ocurrido esa posibilidad, y ahora las ilusiones y las esperanzas y los planes hacían una marea en su interior.

—Nada me gustaría más en este mundo— dijo al fin, inseguro. ¿Es que Bill enserio estaba preguntando eso así, tan pancho? El era inseguro… pero estaba tranquilo y confiado, teniendo en cuenta el encuentro que acababan de tener.

—Hablemos de esto luego ¿si?— pidió Bill, luciendo serio de repente— creo que escucho algo en los alto parlantes, deberíamos volver ya.

—Si, claro— respondió el castaño y ambos volvieron a las mesas, en donde todos estaban atentos a las palabras que decía desde el podio una presentadora de lindo cabello negro.

Todos escucharon atentos a muchos vinos ganar insignias, mientras la cena se desarrollaba espléndida y elegante. Bill y Tom estaban alegres y achispados por el vino, riendo de algún chiste que escucharon en su mesa cuando escucharon algo que les llamó la atención.

—Ahora toca el turno…— la presentadora se peleaba cómicamente con un pequeño documento blanco que no quería salir del sobre que sostenía— el turno de un vino joven y lleno de vida, criado en un lugar que nadie creería, de un modo que nadie creería, y que es justamente eso, lo que lo hace tan especial— dijo, al tener el papel en la mano por fin.

—Creo que habla de nosotros— cuchicheó Bill, emocionado.

—Creo que si— coincidió Tom apretandole la mano.

—Este vino, suave y afrutado es uno de los mas jóvenes de la historia en estar nominados, que es de por si ya un gran honor— continuó la chica— y además, ha resultado ganador de una ¡Insignia Platino!— terminó, sonriendo de manera destellante al mostrar una botella del Camins del Priorat adornada con moño dorado colgando del gollete, y con una etiqueta plateada debajo del nombre adornado con un discreto dibujo de unos cerezos.

Los aplausos estallaron por todo el recinto, vítores, gritos y silbidos se concentraban en la mesa de Bill y Tom mientras éstos se levantaban y agradecían al momento de subir al escenario.

Tom se sentía como en un trance, estaba levemente mareado, y miraba a su alrededor como en cámara lenta, a sus padres sonriendo emocionados, aplaudiendo y festejando; sus sonrisas de orgullo jamás se borrarían de su memoria, tambien miraba a sus amigos gritando y silbando, felices por él, y a su lado a Bill, con su perfección ondulando en el ambiente. Su suave cabello rubio fulguraba, su perfil sonriente igual a una perfecta escultura griega resplandecía, los ojos oscuros, brillantes y atentos, refulgiendo en aquel mar de luz y calor, y Tom pensaba en que tan solo un par de años antes no tenía ni un plan ni un futuro fijo mas que seguir sin pena ni gloria los pasos de su padre. Y ahora recibía en sus manos una botella de un vino creado por el, marcado por una insignia platino. Ni siquiera su padre tenía en su haber una insignia como aquella.

Cuando el clamor se apagó un poco, Tom se aclaró la garganta y se acomodó detras del micrófono.

—Hay mucho que agradecer esta noche —comenzó— a la primera persona que he de mencionar es a ti papá— dijo, levantando la botella hacia él, mientras el señor Trümper sonreía tanto que parecía que su mandíbula se le iba a desencajar— te agradezco por hacerme viajar, a ese lejano lugar de ensueño llamado Priorat, la cuna de este éxito. Yo no quería ir, he de reconocer— dijo ahora mirando a Bill, quien sonreía discreto — y admito que en cuanto puse un pie en ese lugar, supe que nunca me iría. Hay personas que nunca encuentran su plan, o su destino en este mundo, pero yo lo encontré rápidamente, escondido en un lugar como sacado de un cuento de hadas, con paisajes tan surrealistas como no hay dos, en interminables campos sembrados de uvas, con olor a agujas de pino y agua de lluvia, en la compañía de un pequeño niño alegre y maravilloso, en su padre, y sobre todo en la existencia de su increíble hermano, sin cuya presencia este sueño no se habría realizado— en ese momento, Tom sostuvo la botella en lo alto, y después la puso sobre las manos de Bill— esto es por ti, Bill Kaulitz. Mi compañero — aquella palabra entrañaba muchos más significados de lo que nadie podría imaginar, y ellos lo sabían; Bill se ruborizó totalmente, pero no dejó de sonreír, de pronto, solo tenía sentidos para Tom, como si los centenares de personas allí reunidas hubieran desaparecido — tu has sabido como llevarnos a los dos hasta aquí, solo con tu existencia, siempre serás mi sueño, mi anhelo hecho realidad. Te amo y quiero pasar el tiempo que me quede de vida a tu lado. Y así seguiré, creando vinos y cantando tu nombre, cortito y sincero latiendo en mi pecho, punzándome lento el amor que te tengo.— concluyó, haciendo que el caos se desatara en el lugar.

Una marea de flashes de camaras los cegó por un momento, en conjunto con el retumbar de los aplausos y los festejos, mas que por el premio, por la valentía, el misterio y el enigma que se escondía en la declaración de amor que muchos en el lugar no se habían esperado.

Tom rodeó la cintura de Bill con un brazo y le besó tiernamente en los labios.

Se escucharon algunas exclamaciones de sorpresa y de desconcierto, pero a nadie le importaba demasiado. Aquella era una noche de éxito, de amor y de familia, una noche hecha para festejar.

&

2 años después.

El otoño en Priorat era un dorado y fragante paraíso. Las cigarras entonaban su eterna canción monótona y plañidera, los árboles estaban mudando su follaje y todo parecía entrar en una calma tranquila y soñolienta.

Los negocios cerraban sus puertas mas temprano, mientras que los habitantes del pequeño pueblo se empezaban a preparar para la temporada navideña.

La tarde era tranquila y pacífica en el número trece de la cerrada del rosal silvestre.

La tarde era tranquila y pacífica en el número trece de la cerrada del rosal silvestre

—¡Tom, ya es tarde!— anunció Bill, parado en el umbral de la puerta. Estaba ansioso, ese día, al fin después de mucho tiempo debían ir a recoger a Zac, quien estaba llegando del internado en Vermont a donde su padre lo había enviado a cursar su educación primaria. Había estado lejos por casi dos años, y Bill se moría de ganas de por verlo.

Finalmente Tom hizo su aparición por el pasillo principal de la casa, sonriendo ampliamente.

—Lo siento, pero Lucía se ensució su abrigo nuevo— y sonrió mas pronunciadamente.

Tom llevaba entre sus brazos a una pequeña niña de un año, risueña y alegre, toda balbuceos y risas, que masticaba sin cesar una mordedera de plástico color rosa. Le estaban saliendo los dos pequeños dientes frontales, que laceraban sus encías, y trataba de aplacar la picazón mordiendo todo lo que tuviera a su alcance.

—Oh, pobre de mi beba— se lamentó el rubio, tomándola del abrazo de Tom y acunándola entre sus brazos — ya pronto va a pasar.

Acomodaron a la pequeña en su asiento especial para bebés, asegurado a la parte trasera del BMW blanco y partieron rumbo al colegio en donde llegaría brevemente el pequeño hermano de Bill.

—Me muero por verlo— el rubio apenas contenía la emoción —y el se muere por conocer a Lucía en persona.

—Ya lo imagino, yo también tengo muchas de verlo, y mañana, que vendrán mis padres y estaremos en la casa de tu papá, la pasaremos muy bien.

—Claro que si— coincidió Bill, y apoyando la cabeza contra el respaldo suspiró, satisfecho con su vida, y sobre todo, por el pequeño tesoro que viajaba detrás de él.

Después de aquella fiesta, en donde habían ganado una codiciada insignia platino, la calidad de los productos que fabricaba Gusto Di Vino se había elevado aun más, y había cada vez más demanda de sus productos, de modo que añadieron un departamento de comida gourmet que se acompañaba específicamente con vino, y con ese éxito, surgió en ambos socios la esperanza, después de lo que Bill le dijera a Harper, la ex prometida de Tom.

Ambos acordaron en que querían tener un hijo.

Pero ¿como hacerlo? ambos eran hombres, por lo que procrear entre ellos era totalmente imposible.

Pero quedaban varias opciones.

Ambos rechazaron una adopción, por los interminables trámites que conllevaría, de modo que tras pensarlo un par de semanas, se decidieron por un vientre de alquiler.

Los ajustes fueron difíciles al principio. Ambos se sentían aprehensivos mientras comenzaban a buscar información, y les sorprendió lo fácil que encontraron varias clínicas en la ciudad que tenían ese tipo de método.

Agendaron una cita, charlaron con varios médicos y tras algunas visitas, encontraron a una linda chica que resultó ser la indicada para ayudarlos a crear su propia familia.

Cuatro óvulos fueron fertilizados, dos con ADN de cada uno, y de los cuatro que fueron implantados, solo uno resultó en un embarazo.

Bill y Tom estaban felices, emocionados y asustados; los asaltaban las dudas.

—¿Y si ella se echa para atrás?— cuestionaba Bill, con los ojos mas tristones y preocupados que Tom había visto desde que lo conocía — ¿o si algo le pasa al bebé, si no nace bien?

—Vamos cariño, no pienses eso, todo saldrá bien, el bebé va a nacer bien, será saludable y lo tendremos con nosotros, ya lo verás.

Ninguno quiso conocer el género del bebé, quisieron disfrutar todo como antes, con sorpresas; y tal como Tom lo dijo, los nueve meses pasaron tranquilamente, sin contratiempos; y mientras esperaban se divertían yendo en extensas excursiones para comprar ropa de bebé y preparando una de las habitaciones de la casa para cuando llegara el pequeño.

—Yo pienso que va a ser un niño — decía Bill mientras colgaba un cuadro de mamá la oca con marco de arce. La cuna y el tocador eran amarillos, y las cortinas estaban hechas de delicado encaje blanco.

—Yo creo que va a ser una niña — respondió Tom, que acomodaba la ropa recién comprada en el armario. Su tono era de preocupación, pues ya se veía convirtiéndose en un asesino en serie cuando el bebé aún ni había nacido.

Y nuevamente la razón estuvo del lado de Tom.

Fueron llamados un domingo de mayo al filo de la media noche; y pronto estuvieron en el hospital, nerviosos y preocupados mientras el bebé hacía su llegada triunfal.

Ninguno de los dos olvidaría después las palabras del obstetra al salir con el informe a la sala de espera :

Es una niña.

Emocionados ambos la fueron a ver a los cuneros. Y ahí estaba.

Era una gema de piel clara, con vivaces ojos oscuros y manos inquietas que no dejaban de moverse. Desde el primer momento los absorbió y se volvió su adoración.

—No podría dejarla en manos de nadie más — decía la dulce muchacha que había dado a luz a Lucía hacía un día, mientras en su cama de hospital, la acunaba entre sus brazos —es tan perfecta.

—Ella lo es— coincidió Bill, todo ojos brillantes que no se despegaban del rostro perfecto de la bebé. Ni él ni Tom la habían sostenido aún.

—Se que en ningún lugar va a estar mejor que con ustedes porque, rayos, vivirá en un lugar hermoso, con unos papás tan apuestos…— añadió, roja de bochorno.

—Será la más amada, te lo aseguro— la sonrisa de Tom era algo ansiosa, pero muy cálida.

Después de esa última conversación, la chica entregó a la bebé, colocándola muy cuidadosamente, en los brazos de Bill; despidiéndose después con promesas de recibir fotografías de la bebé conforme fuera creciendo

Un año después, Lucía seguía creciendo, fuerte, hermosa y muy amada.

Ni Bill ni Tom quisieron hacer una prueba de ADN. Ambos la rechazaron; puesto que los dos eran los papás de la pequeña. Y encontrarle algún parecido era casi imposible.

Lucía no era tan rubia como Bill, ni tan castaña como Tom. Su cabello tenía un tono castaño claro, casi rojizo, y sus ojos eran tan oscuros como los de Bill, y los de Tom. Su rostro era un óvalo perfecto, de boca pequeña y húmeda, mejillas rellenas y nariz respingada.

La madre de Tom afirmaba que la niña era idéntica a su hijo cuando éste era pequeño, mientras que el padre de Bill decía encontrar mucho parecido entre Zac y su nieta.

Empero todos la amaban con locura.

Tras diez minutos de trayecto, el BMW se estacionó frente a la puerta del colegio, atestada de jóvenes estudiantes.

Tom bajó a Lucía del auto, envolviéndola en una frazada morada tachonada de búhos de colores, mientras que Bill bajaba corriendo, buscando a su hermano con ojos ansiosos.

—¡Bill!— el grito anhelante y feliz resonó por todo el estacionamiento, y Tom miró, con los ojos llenos de dulzura, como su rubio compañero corría unos cuantos metros para envolver en un abrazo apretado a su único hermano. La escena le provocó deseos de llorar. Gracias a Zacky, había conocido a Bill, gracias a él y a su increíblemente cálido espíritu.

El pequeño Zacky, de casi diez años que estaba mas alto y delgado de como lo recordaba, se asió a su hermano mayor con una fuerza inusitada, siendo correspondido con la misma fuerza. Para ambos, aquella había sido una separación, prolongada y dolorosa aunque necesaria, por lo tanto el reencuentro fue muy emotivo.

—¡Hola Zac!— saludó Tom, uniéndose a ellos después de un par de minutos

—¡Hola Tom!— saludó el pequeño, abrazándose a Tom, quien le rodeó los delgados hombros con un brazo —oh… ¿ella es Lucía?— preguntó, con los ojos encendidos, mientras tomaba las inquietas manos de la bebé —¿puedo sostenerla?

—Claro— le respondió, y puso a la pequeña entre sus brazos. Zac era un niño responsable, y fue muy cuidadoso al sostener a Lucía junto a él.

—Hola bebé, tenía muchas ganas de conocerte— le dijo, mientras el pequeño grupo comenzaba a caminar rumbo al auto. El niño abrazando a la pequeña, y los adultos cargando las maletas, mientras el atardecer se dibujaba tan dorado como el sol que moría en el horizonte, con promesa de un hermoso despertar— seré el mejor tío del mundo, ya lo verás…

FIN

Muchas gracias por leer. Están invitados a comentar.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

3 comentario en “Gusto Di Vino”
  1. «Gusto Di Vino» es uno de mis fics favoritos, por la forma tan linda de narración y por la ternura del mismo, por tanto esperaba con ansias poder leer este one-shot desde que me contaste que habría uno. Y no me has decepcionado, la historia está bien narrada y sigue con la ternura de la primera temporada. Esta información adicional llena mi corazón, al saber que los chicos no sólo prosperaron económicamente con su fusión empresarial, sino que su relación de pareja floreció, así como la familia que formaron, agregando a la pequeña bebé.
    No sabes como necesitaba leer algo así de tierno. Sin duda me has alegrado el día. MUAK.
    Gracias por seguir viva y activa en el fandom
    (MizukyChan)

  2. La vida fue muy buena con ellos, tuvieron éxito no solo en lo laboral, sino también en lo personal, formaron su pequeña y perfecta familia con la llegada de Lucia.
    Me encanto 😊

  3. MARAVILLOSO!!!
    Este capítulo complementario está buenísimo 🙂😘
    Es lindo saber que los chicos son tan felices que lograron formar una bellísima familia. La declaración de Tom me gustó bastante 😍❤❤❤❤
    Gracias Mil por este hermoso capítulo 💐💐💐🙂👍

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