Notas de la autora: Hi! e_é

No estoy muy acostumbrada a poner drama en mis fan fics, pero bueno, un día bastante sensible unido a un inusual golpe de inspiración dio lugar a este pequeño one-shot >w< espero que guste y de antemano muchísimas gracias por leer <33!

«Háblame» 

(One-Shot de Miss Lujuria)

«Deja que vuelva a escuchar tu voz…»

Su cálida mano se deslizó lenta y suavemente por la pálida mejilla de su hermano, sacándole un profundo suspiro. Bill sonrió, agradeciendo internamente esa caricia. Pero eso no lo logró disminuir su tristeza, y el ahora ex cantante tampoco se las ingenió demasiado bien para disimularlo. No tenía fuerzas para fingir estar bien, aunque de todas formas sabía que con Tom no podía tener secretos. La gran conexión que compartían se lo impedía, le gustase o no.

Esa mano descendió con cuidado por su largo y elegante cuello, palpando cada milímetro de piel que quedaba expuesta a sus caricias, sintiendo como el fino vello de la zona se erizaba bajo las yemas de sus dedos.

Y entonces sucedió lo inevitable. El moreno no tardó en rechazar ese contacto, estirando por completo el cuello. Tom frunció el ceño, pero no se quejó. Bill tenía sus razones para hacer lo que hacía y él no era quien para reclamárselo. Desde esa delicada operación que había sufrido su gemelo varios meses atrás rechazaba cualquier tipo de caricia que fuera dirigida hacia esa zona, cerca de su maltrecha garganta.

— Bill…— llamó, preocupado, posando su profunda mirada avellana en la contraria—. ¿Estás bien? —preguntó, aunque en el fondo sabía perfectamente la respuesta a esa pregunta.

El más pequeño asintió con la cabeza, esbozando una dulce sonrisa en un intento de no preocupar a su gemelo. Pero Tom no era tonto, sabía perfectamente que Bill le estaba mintiendo. Podía notar a distancia la oscura capa negra que cubría su mirada, haciéndola ver apagada, triste y sombría.

— ¿Hasta cuando, Bill? —preguntó repentinamente el castaño, alzando una ceja sin despegar la vista del delgado cuerpo del menor.

Bill arrugó la nariz. No entendía a qué se refería su gemelo, aunque tuviera una ligera idea de lo que estaba tratando de decir.

— ¿Cuándo piensas volver a hablar?

Bill se encogió de hombros. La respuesta a esa pregunta la conocían ambos: Nunca. Porque sabía que por mucho que se esforzara no volvería a escuchar su voz. Ya lo había intentado más de una vez y no había conseguido más que desesperarse a él mismo y de paso a su gemelo.

En todos los informes médicos que se habían hecho después de ese fatídico día constaba que ya estaba totalmente recuperado. El mismo Bill sabía que su voz seguía siendo la misma de siempre, la misma que le había hecho llegar a donde ahora estaba. Pero por alguna razón se sentía incapaz de hablar. Sabía que su único problema se encontraba en su mente, que era el mismo miedo el que le enmudecía… Pero no podía evitarlo. Lo intentaba con todas sus fuerzas, pero nada le servía. Tanto su hermano como el resto del mundo estaban obligados a conformarse con verle fuera del hospital. Mientras pudiera comunicarse con gestos no habría problemas.

— Bill… vamos… sabes que puedes hacerlo…—insistió Tom, clavando su intensa mirada en la contraria, la cual el menor empezó a desviar en todas las direcciones opuestas a él—. ¿De qué tienes miedo?

Bill palideció de repente. ¿Miedo? Si, claro que lo tenía. Miedo de no volver a ser lo que era, desde el mismo momento en el que ingresó en el hospital.

Tras esa complicada intervención quirúrgica se había visto obligado a guardar reposo durante una temporada. Durante todo ese tiempo había recibido montones de cartas deseando su vuelta a los escenarios, palabras de cariño y ánimo que le ayudaban a aguantar pacientemente en esa estrecha camilla hasta que llegara el día en el que le dieran definitivamente de alta. Cuando por fin se vio con las suficientes fuerzas para levantarse Bill sintió que se le saltaban las lágrimas de la emoción. Estaba sano y salvo y por fin podría retomar los conciertos. Pero esa idea se desvaneció por completo cuando se dio cuenta de que no salía ningún sonido de sus labios.

A pesar de la ayuda de los especialistas, de su madre, amigos, conocidos, fan’s y del propio Tom no notó ningún cambio en meses. De vez en cuando parecía capaz de hacer algún sonido por débil que fuera, pero la cosa nunca pasaba de ahí. Eso le estresaba de sobre manera, ver que todos sus esfuerzos por recuperarse estaban siendo inútiles. Lo que más le dolía era ver como su hermano se desvivía por él día tras día, cumpliéndole todos sus caprichos, cuidándole, mimándole… Como si se tratara de un niño pequeño en lugar de un adolescente. Sabía que a Tom no le importaba sacrificarse por él, que todo el cariño que le daba era sincero. Pero aun así se sentía mal. Porque estaba arrastrando con él a la persona que más le importaba. Y tenía miedo, miedo de decidir su destino por los dos.

Definitivamente no quería hacer daño a Tom, pero no podía obligar al mayor a alejarse de él. Y tampoco quería hacerlo. Le necesitaba, quizás más que nunca. Estaba siendo egoísta, lo sabía, pero si Tom no se quejaba no iba a hacerlo él primero.

— Algún día tendrás que hablar… Lo sabes.

El castaño sostuvo el cabizbajo rostro de Bill entre sus manos, acariciando sus mejillas con sus pulgares. Los labios de Bill se movieron levemente, murmurando una silenciosa frase que el castaño entendió a la perfección.

“No me presiones” Repitió Tom en voz alta. “hago lo que puedo”

El castaño suspiró con resignación, sorprendido al notar la increíble facilidad con la que era capaz de entender a su gemelo sin necesidad de cruzar una sola palabra con él. Había aprendido a hacerlo desde hacía un par de semanas gracias a la necesidad que sentía de comunicarse con Bill.

— No lo hago, Billa… solo digo que podrías poner algo de tu parte…

Los labios de Bill formaron un infantil puchero que hizo reír ligeramente a Tom.

— No te enfades… Estoy intentando ayudarte…—murmuró el de rastas, juntando juguetonamente su nariz con la del más alto con la esperanza de hacerle sonreír. Pero la expresión de tristeza seguía fija en su perfecto rostro. Esa sonrisa que tanto caracterizaba a Bill había desaparecido casi en su totalidad y eso le dolía, más de lo que el menor se imaginaba.

“Lo sé, Tommy… Gracias” volvió a leer los rosados y carnosos labios de Bill, viendo embobado como el menor los relamía el sentirlos resecos. Sabía que corría peligro mirando esa boca tan jodidamente comestible, pero no podía evitarlo, Parecía como si le estuviera llamando a cada movimiento que hacía, incitándole a devorarla hasta no dejar ni rastro de ella. Pero, para su mala suerte, no le quedaba de otra que controlar sus impulsos. Lo último que le faltaría a Bill sería descubrir que su propio hermano lo deseaba. Ya tenía suficiente con el mal trago que estaba pasando, no quería darle más motivos para hundirse.

Sus largos y blanquecinos dedos se pasearon distraídamente por la negra y lisa cabellera de Bill, revolviéndola con cariño. Sus rasgados ojos avellana se posaron sobre una hoja de papel en el pequeño escritorio de su gemelo, la cual tomó entre sus manos con curiosidad, apartándose momentáneamente del menor al levantarse de la mullida cama en la que estaban.

— ¿Y esto?—preguntó, curvando una media sonrisa al leer lo que parecía el estribillo de una canción—. Creí que habías dejado de escribir…—murmuró, mirando de reojo a su gemelo.

“Debería… No sirve para nada…” el menor de los Kaulitz miró tristemente la hoja de papel, sintiendo como su mirada se cristalizaba rápidamente.

— ¡Bill!—gruñó Tom, encarándole—. Sabes que eso no es verdad…—el castaño cruzó ambos brazos a la altura de su pecho, mirando con molestia a su gemelo—. Vamos, canta algo… quiero escucharte…—pidió, suavizando su voz y expresión.

Bill no pudo evitar sonreír. Tom nunca le había hablado con tanta dulzura. Sus labios se entreabrieron dispuestos a emitir algún sonido, pero no lo lograron. El silencio seguía reinando en la casa de los Kaulitz.

“No puedo… Tom…” el menor bajó la cabeza, decepcionado.

— Claro que puedes… el problema es que no quieres…

“No, Tom, no puedo… aunque lo intente ya no… no sirvo para nada”

— Basta, no digas eso…—pidió Tom, sintiendo como se le formaba un nudo en la garganta. ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué Bill se empeñaba en engañarse a sí mismo? ¿Por qué si sabía que su problema tenía solución? —. Bill, no eres ningún inútil…

“si que lo soy… Mírame, Tom, lo único que sabía hacer era cantar y ahora…”

— Ahora también, Bill… Solo necesitas tiempo, nada más…

“¿Cuánto?”

— El que sea… Yo seguiré estando aquí, ¿me oyes? Voy a seguir a tu lado hasta que todo esto acabe… lo conseguiremos, Bill… No te rindas… Tan pronto no…—las palabras del mayor parecieron tener un efecto mágico en Bill, quien no pudo evitar esbozar una amplia y tierna sonrisa. No sabía como ni por qué, pero su gemelo siempre conseguía levantarle el ánimo aun en momentos como ese.

“Tommy…”

Los fuertes brazos de Tom rodearon la delgada cintura de Bill, atrayéndolo hacia su cuerpo, transmitiéndole su calor. El menor correspondió en seguida al intenso abrazo, rodeando la espalda del mayor con sus pequeñas manos, acariciándola delicadamente de arriba abajo. Lo admitía, se sentía bien en ese momento. La sensación de tener tan cerca al de rastas era indescriptiblemente placentera. La calidez y ternura que le transmitía Tom con solo rozarlo le hacía abandonar el planeta tierra con extrema facilidad. Le hacía sentirse querido, seguro, protegido… feliz.

— Muy pronto, Bill…—susurró el castaño, dejando que su aliento acariciase suavemente la oreja derecha del menor, quien en ese momento apoyaba su pequeña cabeza en su pecho, ronroneando de vez en cuando gracias a la posición tan cómoda en la que se encontraba—. Confía en mí…

Los ojos de Bill se llenaron de lágrimas. Estaba emocionado. El mayor le estaba mostrando su lado más humano, ese lado que nadie excepto él había logrado conocer.

“Tom…” el menor apretó los labios con frustración. Desearía poder hablar para decirle al mayor todo lo que pasaba por su mente. Quería decirle todo lo que estaba empezando a despertar en él gracias a su forma tan especial de tratarle. Pero una vez más esas malditas palabras se negaban a salir de su boca.

Una de las manos del castaño se posó en la nuca del cantante, masajeándola con suavidad, sacándole placenteros suspiros mientras este seguía entretenido en acariciarle la espalda. Y, antes de darse cuenta, había dejado que sus labios se posaran levemente en la curvatura del cuello contrario, aprovechando la cercanía para aspirar el dulce aroma de la piel del menor. En ese momento se tensaron todos los músculos del cuerpo del cantante, quien presionó suavemente el fuerte pecho contrario con ambas manos, creando una pequeña distancia entre ellos.

“Tom, ¿qué haces?” El menor esperó a que el castaño mirase sus labios para “hablar”. Sabía muy bien la respuesta a esa pregunta, pero por alguna razón necesitaba escuchar la respuesta de su gemelo.

— Confía en mi, Bill…—susurró Tom, llenando de pequeños y suaves besos el rostro del más pequeño, sintiendo satisfecho como Bill iba relajándose poco a poco gracias a sus caricias.

“Siempre lo hago… Tom…” suspiró Bill.

El castaño parpadeó un par de veces. Por un momento creyó haber escuchado su nombre saliendo en forma de susurro de la boca del más pequeño, pero en seguida se convenció a si mismo de que había sido producto de su imaginación, de las ganas que tenía de recuperar al antiguo Bill. Ese Bill que gracias a su alegría y ternura se había ido ganando poco a poco un cariño mucho más allá del fraternal que siempre sintió por él. Los finos y largos dedos de Bill jugueteando con una de sus rebeldes rastas le sacaron de sus pensamientos, haciéndole centrar toda su atención en él.

— Bill…—susurró, apoyando suavemente la frente en el hombro derecho de su gemelo, desabotonando con ambas manos el estrecho pijama que cubría el perfecto cuerpo que tenía delante solamente para poder besar y admirar esa sedosa y blanquecina piel que tan bien conocía. Permaneció así por unos minutos hasta que el menor decidió adoptar una posición más cómoda, recostando al mayor de espaldas al colchón, dejando que todo el peso de su cuerpo recayera sobre su estómago.

Tom se removió levemente, pero no forcejeó, aunque no le hiciera mucha gracia tener al mayor encima suya. Podría parecer una tontería, pero le gustaba saberse siempre el dominante en ese tipo de situaciones, así que la idea de tener a Bill montando sus caderas no le seducía demasiado. Pero no iba a preocuparse por tonterías como esa. No era eso lo que tenía planeado hacer. Se había prometido tanto a si mismo como a Bill que le ayudaría a recuperar el habla y por el momento ese era su principal objetivo.

“¿Tom?”

Con pereza consiguió erguir la mitad de su cuerpo, aun con el peso del menor sobre su estómago, quedando sentado en frente suya. Sonrió al ver el desconcierto reflejado en la mirada del cantante, aprovechando la incitante cercanía de ambos rostros para presionar ligeramente sus carnosos labios contra los contrarios, cerrando los ojos con alivio al ver que el menor no hacía ningún intento por romper el contacto. Eso le gustaba. No quería imaginarse como acabaría todo si Bill decidiera rechazarlo. No sabía si era correspondido, pero al menos tenía la mitad del camino recorrido. Bill no parecía querer apartarlo de su cuerpo y eso le incitaba a ir un poco más lejos.

La juguetona lengua del de rastas se deslizó lentamente por el labio inferior del menor, pidiendo permiso para invadir esa dulce y deliciosa cavidad que tantas veces había deseado probar, imaginando antes de tiempo su sabor. Bill no se hizo de rogar y entreabrió tímidamente sus labios, jadeando en la boca contraria al verse sin aire en los pulmones incluso antes de empezar el verdadero beso. Los labios del guitarrista empezaron a moverse a un ritmo salvaje, ansioso, desesperado, tanto que Bill fue incapaz de responderle con la misma intensidad, aunque nadie podía decir que no se esforzaba en seguir sus movimientos.

Las cálidas manos de Tom se posaron suavemente sobre el plano vientre de Bill, palpándolo con las yemas de los dedos, memorizando cada milímetro de piel a su alcance, escuchando satisfecho los silenciosos pero aun así melodiosos gemidos del cantante, quien apresaba las finas sábanas que hasta hacía poco le cubrían. No tardó en quedar nuevamente a merced del mayor, quien se recostó totalmente sobre el delgado cuerpo contrario con cuidado de no aplastarlo.

Las pequeñas manos de Bill acariciaron distraídamente la espalda desnuda del de rastas, sintiendo como se erizaba el vello de la zona gracias al fuerte estremecimiento que recorrió el cuerpo contrario. Para su mala suerte Tom estaba bastante sensible últimamente gracias a la abstinencia a la que le había llevado el estrés de tener a Bill en ese estado, así que el más mínimo roce lograba hacerle ver estrellitas.

Con una delicadeza que nunca antes había sido descubierta en él tomó las delgadas muñecas del vocalista entre una de sus manos, acariciándolas suavemente con su pulgar mientras alzaba los largos brazos contrarios por encima de la negra cabellera de su gemelo, notando el ligero temblor que le provocó el saberse totalmente dominado por él. Aun así Bill no hizo intenciones de querer zafarse de su agarre, al contrario, parecía que su cuerpo se sometía a si mismo cada vez más a la voluntad del castaño y la delicadeza y al mismo tiempo maestría con la que este le tocaba hacían que el ambiente se caldease a una velocidad alarmante.

“Tom… Tom…”

Los ojos del castaño se abrieron de par en par. Quizás estuviera alucinando, pero juraría que había vuelto a escuchar al menor pronunciar su nombre.

— Bill…—gimió, acercando lentamente sus labios a los del pequeño, los cuales estaban igual o más necesitados que los suyos.

La voracidad con la que la boca del cantante se apoderó de la suya hizo que Tom se quedase en blanco por un segundo, dejándose hacer sumisamente sin atreverse a hacer el más mínimo intento por responder ese hambriento beso. Si, lo admitía, no se esperaba esa reacción, sabía que el menor le había correspondido desde el primer momento y eso le había dado cierta seguridad, pero no pensaba que la cosa fuera tan lejos, al menos no que Bill lo permitiera.

Satisfecho empezó a responder a las caricias del cantante con la misma fuerza y pasión que este, lamiendo, succionando, besando y mordisqueando esos rosados labios hasta el cansancio, probando el metálico pero al mismo tiempo dulce sabor de la sangre de Bill, quien jadeó excitado al sentir los afilados dientes de Tom enterrándose en su piel. No pudo evitar zafarse suavemente del agarre del mayor sobre sus muñecas y rodear su largo cuello con ambos brazos, acariciando desesperadamente su nuca, jugueteando con esas rastas que en ese momento le parecían tan jodidamente sensuales, como lo era todo lo que tenía que ver con su gemelo.

Tom ronroneó contra sus labios, abandonando perezosamente los adictivos labios de su copia para guiarlos hacia ese firme y pálido pecho, inundándolo de suaves y cortos besos, atrapando de vez en cuando una pequeña porción de piel entre sus dientes, probando ese sabor que tan bien conocía, haciendo que las hasta el momento blanditas tetillas del menor se endurecieran sin si quiera tocarlas.

El mayor no pudo evitar apretar los labios con fuerza. Jamás en sus dieciocho años de vida se había sentido tan excitado como lo estaba en ese momento. Sin duda Bill no era uno más de los amantes que diariamente pasaban por su cama. Estaba seguro de que sus sentimientos por el cantante iban mucho más allá del simple deseo, aunque hubo un tiempo en el que trató de convencerse a si mismo de lo contrario por miedo a hacerse falsas ilusiones y herirlos a ambos por igual. Sin duda el cantante era una persona muy especial, más de lo que el propio Bill se imaginaba. No cualquiera era capaz de transmitirle todo ese cúmulo de sensaciones que solo experimentaba sintiéndole cerca.

Sus juguetones labios dejaron un húmedo y brillante recorrido por el tembloroso vientre el menor, quien a falta de gemidos arqueó felinamente la espalda como única respuesta a sus caricias. Sentir el cálido aliento del guitarrista contra su pelvis fue como un latigazo de placer para Bill, una fuerte y estremecedora descarga que le hizo convulsionarse desde la punta de los dedos de los pies hasta el último mechón azabache de la cabeza. No podía más, si el mayor no acortaba ya la distancia que separaba ambas pieles acabaría volviéndose loco.

“Tom… por favor…” suplicó Bill en su subconsciente.

Como si realmente hubiera podido escuchar esa incitante petición el de rastas introdujo una de sus inquietas manos en el interior del pantalón del menor, frotando la sensible zona bajo su palma en busca de ese centro de placer que empezaba a palpitar y erguirse dolorosamente entre las largas y bien formadas piernas de Bill. Maldijo entre dientes al encontrarse con el obstáculo de la ajustada y elástica tela de boxer, el cual arrancó de un tirón del cuerpo contrario al igual que los pequeños pantalones, sacando un mudo grito de sorpresa de los labios de Bill, quien no se imaginaba hasta que punto llegaba la desesperación de su hermano por tocarlo.

— Tranquilo…—murmuró el mayor al ver como su gemelo tensaba todas sus extremidades.

Bill respiró hondo, tratando de relajarse con mucho esfuerzo. Era la primera vez que alguien le tocaba de esa forma tan íntima y el que fuera precisamente su hermano el que lo hacía le ponía doblemente nervioso.

La tierna imagen de un Bill cubriendo su ardiente rostro con ambas manos hizo a Tom sonreír como un bobalicón. Si en algún momento había tenido la intención de echarse para atrás esta acababa de esfumarse definitivamente. El mayor sonrió con picardía al ver la forma tan ansiosa con la que el cantante mordisqueaba su labio inferior, dándole a entender lo necesitado que estaba de sus caricias. No le hizo esperar más e inclinó la cabeza hacia delante con rapidez, engullendo completamente el erecto miembro del menor, haciendo que este apretase nuevamente las sábanas entre sus manos con tanta fuerza que sus nudillos adoptaron un color enfermizamente blanco. Sin darle tiempo ni a reaccionar ni a respirar empezó a succionar ese pedazo de carne caliente con avidez, dejando que su experta lengua se paseara tranquilamente por toda su longitud como si se tratase del mejor de los dulces, aunque, en el fondo, eso era para Tom.

En ese momento Bill era líquido sobre la desordenada cama. Empezaba a entender por qué las múltiples amantes de su hermano gritaban de una forma tan exagerada cada vez que pasaban una noche con él. Le avergonzaba admitirlo, pero su gemelo tenía bien merecida su buena reputación en la cama. Demasiado bien.

“Tommy…”

Las inquietas caderas del mayor resguardaron cálidamente las contrarias, contoneándose sensualmente, provocando intensos roces entre ambas pieles que no hacía más que aumentar la desesperación de Bill y la suya propia al verse incapaz de dejarse de rodeos y atacar de una vez por todas ese rosado y estrecho orificio entre las redonditas nalgas del cantante. Sostuvo firmemente las temblorosas rodillas de Bill cuando este cerró sus piernas en un acto reflejo al darse cuenta de que las ardientes caricias de su gemelo iban descendiendo cada vez más, acercándose a esa zona tan erógena y peligrosamente sensible que tan necesitada estaba de atención.

— Relájate, Bill…—susurró Tom contra la caliente piel contraria, haciendo que los pequeños dedos de Bill se contrajeran involuntariamente gracias a un fuerte escalofrío que azotó el delgado cuerpo bajo el suyo.

El menor no pudo hacer más que asentir con un tímido cabeceo, volviendo a exponer nuevamente todos sus atributos frente al mayor, quien relamió lascivamente su labio inferior al contemplar mejor el “paisaje”. Una de las manos del de rastas comenzó a acunar los suaves testículos del menor con delicadeza, sacándoles un largo suspiro de satisfacción a ambos que pareció propagarse por toda la habitación, excitando aun más si cabía a los chicos. El leve pero aun así electrizante roce del frío piercing del mayor contra su entrada hizo que el más pequeño pusiera los ojos en blanco durante unos segundos, disfrutando de esa desconocida pero al mismo tiempo placentera sensación que le producía el contraste del gélido metal contra su cálida piel.

Y, sin que ninguno de los dos tuviese a penas tiempo de asimilarlo, menos aun de imaginarlo, pasó. Un sonoro y ronco gemido salió de entre los jadeantes labios de Bill, haciendo zumbar los oídos del de rastas.

— ¡Tom!

El aludido se quedó totalmente paralizado, mirando fijamente a su gemelo sin lograr procesar lo que acababa de escuchar. ¿Realmente Bill había pronunciado su nombre?

— Otra vez…—pidió, incrédulo, poniéndose torpemente a la altura de Bill sin poder salir de su asombro—. Háblame, Bill…

— Tom… yo…—balbuceó Bill.

No podía, por más que lo intentara la sorpresa le impedía articular una sola palabra coherente. El cantante permaneció unos cuantos segundos en silencio, clavando su desconcertada mirada castaña en la contraria, sintiendo como se le saltaban las lágrimas de la pura emoción que le causaba el saber que realmente había vuelto a escuchar su voz, que esa vez no había sido un simple sueño o un producto de su imaginación. Había llamado a Tom, no estaba loco ni mucho menos sordo. Realmente lo había hecho, había logrado romper esa fuerte barrera forjada por su propio miedo después de tantos meses de angustia y sufrimiento.

— Tommy…—sollozó, aun en estado de shock, sintiendo como era acunado entre los fuertes brazos del mayor, quien abrazó de forma protectora la delgada cintura contraria como si la vida le fuera en ello.

— Te dije… que confiaras en mí… Billa…—murmuró el de rastas contra los humedecidos labios contrarios, probando el salado sabor de las lágrimas del menor, en las cuales saltaba a la vista que ya no había rastro de tristeza, más bien de alegría y de esperanza, dos palabras que parecían haberse borrado desde hacía mucho tiempo del diccionario del vocalista.

— ¿qué? —Bill frunció el ceño con confusión, aclarando levemente su ahora reestablecida garganta, retirando todo rastro de agua de su rostro con ambas manos—. ¿De qué estás hablando, Tom? —inquirió, extrañado. No entendía a qué se había referido exactamente el castaño.

— Digamos que acabas de experimentar sin saberlo una de mis peculiares terapias…—murmuró Tom con diversión, conteniendo la risa al ver la cara hecha un poema que le había dejado a su gemelo tras asimilar completamente sus palabras.

— ¿Experimentar? ¿Terapias? —una perfecta “o” se formó irremediablemente en los labios de Bill—. ¿Eso quiere decir que todo esto ha sido una men…?

— No—le silenció Tom, mirando a su gemelo con una seriedad nunca antes vista en él—. En ningún momento he dicho que lo fuera… mas bien creo que…. Esa es la única verdad de mi vida…—confesó en un a penas audible susurro, sonriendo dulcemente mientras guiaba sus suaves manos a las mejillas aun coloradas de Bill, posándolas con suavidad sobre su tersa piel, sintiendo como esta le transmitía rápidamente su calor.

— Tom…—murmuró Bill, correspondiendo la tierna sonrisa del mayor al tiempo que tomaba una de las manos que lo acariciaban entre las propias, besando su dorso con cariño—. Gracias…

El mayor se limitó a sonreír ampliamente. En realidad nunca estuvo seguro al cien por cien de que ese perverso plan trazado por el mismo diese resultado, pero le alegraba saber que gracias a él había obtenido lo que más deseaba por sobre todas las cosas: La felicidad de su hermano.

— Bueno… ya que estamos…—susurró el mayor de repente, acercando peligrosamente sus labios al níveo cuello de Bill, presionándolos levemente contra la zona—. ¿Acabamos lo que hemos empezado?

— ¿Hemos? —Bill sonrió con diversión, rodeando la ancha espalda contraria con ambos brazos, acariciándola de arriba abajo con las yemas de sus dedos—. Querrás decir que tú lo has empezado…—le corrigió, besando repetida y cariñosamente uno de sus hombros, escuchando la divertida risilla de su gemelo contra su erizada piel.

— Oh, está bien, entonces… ¿qué tal si acabamos los dos y así estamos en paz?—murmuró, restregando cariñosamente la punta de su respingona nariz contra la sensible zona, sacando un largo suspiro de los labios entreabiertos del cantante.

Bill sonrió, recostándose sumisamente sobre las mullidas almohadas. Esa idea le gustaba, sin duda. Ya sabía perfectamente como darle las gracias a su Tom por haberle hecho probar una de sus efectivas “terapias”. Y esa idea le hizo sonreír pícaramente. La próxima vez que necesitase ayuda de ese tipo, ya sabía a quien recurrir.

F I N

Hasta aquí llegamos, espero que gustara y no recibir ningún tomatazo que me pille desprevenida xD Küsses y abrazos!

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «Háblame»

Responder a Mitsubishi Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!