Notas: Fic basado en una leyenda popular de España de Gustavo Adolfo Bequer. Algunos trozos del fic son parte de esa leyenda, los he querido dejar para que sepáis como es la historia, y el resto lo he añadido por mi cuenta.
One-Shot TWC/TOLL de lyra
«El monte de las ánimas»
Habían salido a dar un paseo por el bosque y no se dieron cuenta de que se había hecho de noche con mucha rapidez. Ante sus ojos solo se extendían árboles y más árboles, pero miraron a su derecha y vieron unas ruinas antiguas.
No iban solos, como de costumbre sus amigos Georg y Gustav les acompañaban, impuestos más bien por el padre de Bill. Hasta el día de su boda, no debían pasar ni una noche a solas, por muchas ganas que tuviera Tom, pero respetaba y amaba mucho a su prometido y no le quedaba más remedio que esperar…
—Es mejor que demos la vuelta, se está haciendo de noche y es el día de Todos los Santos, y estamos en el Monte de las Ánimas—dijo Georg mirando con miedo a ambos lados.
—Aún es pronto—se quejó Bill.
—Georg tiene razón, amor mío—intervino Tom mirándole—Si fuera otro día haríamos noche aquí, pero hoy no…y menos estando cerca de la capilla…
—¡Esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?—rió Bill.
—No, cariño. Ignoras lo que sucede en este bosque porque hace años que no vienes a el. Aceleremos el paso y mientras te lo contamos por el camino—dijo Tom cogiéndole de la mano y tirando de él.
Georg y Gustav también empezaron a caminar con más rapidez, mientras que Tom contaba una historia que se sabían de memoria.
«Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez.
Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche».
&
Terminó su relato justo cuando llegaban al extremo del puente que daba paso a la ciudad por aquel lado. Caminaron ya más despacio hasta la casa del padre de Bill, en la que Tom y sus amigos se alojaban.
Estaban cenando y enseguida les pusieron un plato a cada uno. En la chimenea había un gran fuego y reunido en torno a él la familia conversaba mientras tomaban una copa de vino.
Bill y Tom parecían ajenos a la conversación. Bill estaba perdido en sus pensamientos, luciendo una dulce sonrisa en sus labios de los que Tom no quitaba los ojos de encima, suspirando sin poder evitarlo.
Ambos guardaban silencio, al día siguiente Tom partiría por unos asuntos y pasarían unos meses antes de volver a verse y comenzar entonces con los preparativos de su enlace.
—¿Estás bien? Te noto distraído—preguntó Tom, al escuchar suspirar a Bill varias veces.
—Tengo un mal presentimiento, como si no te volver a ver—susurró Bill mirándole con miedo.
—No pienses en esas cosas, solo estaremos unos meses separados. Luego, nada ni nadie me impedirá estar a tu lado.
Tras decir esas palabras, Tom se apresuró a coger la mano de su amado y se la llevó a los labios, besándole en la palma y haciéndole de nuevo suspirar.
—No quiero esperar más—susurró Bill mirándole con firmeza.
Tom alzó una ceja y le vio asentir en silencio. Él tampoco quería, ni podía esperar. Sin soltar su mano giró en su asiento y observó el salón. Todos estaban ajenos a su conversación, los padres de Bill charlaban al lado del fuego y sus amigos comían un segundo plato muy animados.
Nadie se daría cuenta si se escapaban al dormitorio de su amado…
Mordiéndose los labios para no reír alto, Tom se puso en pie y tiró con suavidad de Bill. Salieron por la puerta y una vez en el pasillo corrieron escaleras arriba sin soltar sus manos y riendo por lo bajo.
Llegaron al dormitorio de Bill y entraron en el uniendo sus labios. Cerraron la puerta tras ellos y comenzaron a desnudarse el uno al otro. Estaban hambrientos, y tenían miedo. De que los pillaran, de lo que iban a hacer ambos por primera vez…
Una vez desnudos del todo, Tom dio un paso atrás y observó la desnudez de su amado. Tenía la piel pálida y muy suave, como pudo comprobar cuando llevó una mano a su cintura y se la acarició con suavidad.
Sonrió al escuchar un gemido entre cortado, y cogiéndole de nuevo de la mano le llevó hasta la gran cama. Retiró hacia atrás las sábanas y se metió él primero, ayudándole a acostarse a su lado.
Cubrió sus cuerpos y se inclinó sobre su amado, tomando de nuevo sus labios mientras se tumbaba con suavidad sobre su cuerpo. Bill le quiso ayudar. Separó sus piernas y le dejó recostarse sobre su estómago, haciendo que sus miembros coincidieran y se frotaran con firmeza.
Sin dejar de frotarse, Tom abandonó los labios de su amado y bajó por su dulce cuello sin dejar de besárselo. Siguió por su agitado pecho y no se detuvo hasta llegar más abajo.
Se entretuvo en su vientre, pasando la lengua por el, haciéndole estremecer y que sus caderas se alzaran hambrientas. Coló las manos bajo ellas y se las alzó más, rozando su entrada con su erección ya formada. Jugueteó hasta que ele escuchó gemir de placer, entonces entró en su cuerpo poco a poco.
Empezó a embestirle con suavidad primero, hasta que el cuerpo de Bill se acopló a su miembro. Sonrió cuando alzó más las caderas, pidiéndole en silencio que siguiera…y así lo hizo. Se abrazó a su cuerpo con fuerza y aceleró el ritmo de las embestidas, bajando una mano cuando empezó a sentir los espasmos del orgasmo.
La llevó a su miembro y comenzó a masajearlo hasta que con un grito de satisfacción terminaron a la vez, derramándose él en su interior.
—Oh….mi dulce Tom….—susurró Bill con los ojos abiertos.
Tom levantó la cara y le besó en los labios de nuevo, al mismo tiempo que salía de su cuerpo. Se acostó a su lado y le atrajo a sus brazos, dejándole descansar sobre su pecho agitado.
—No sé porque hemos esperado tanto—dijo Tom riendo por lo alto.
—A partir de nuestra boda, compartiremos cama todas las noches y nadie nos impedirá…compartir algo más—rió a su vez Bill.
Tom bajó la cara y le besó en la frente suspirando. Tenía que irse de su lado, nadie debía saber lo que había pasado. Comenzó a separarse cuando le sintió adormecido en sus brazos. Le dejó solo en la cama con cuidado y se vistió con las ropas que en un arranque de pasión tiró por el suelo de la habitación.
—No quiero que te vayas—susurró Bill con los ojos cerrados.
Suspiró por lo bajo y se sentó en el borde de la cama, quitándole de la cara un mechón de su pelo tan largo.
—Piensa que en unos meses, nuestras vidas serán una sola. Nos casaremos y estaremos juntos hasta el fin de nuestros días—dijo Tom con una amplia sonrisa.
Pero eso no le bastaba a Bill. No quería volver a separarse de su amado. Separó los labios para recibir un beso suyo y le cogió con firmeza una mano.
—Quiero que tengas algo mío hasta que nos volvamos a ver—dijo logrando sonreír.
—Cualquier cosa que me des, la guardaré como oro en paño—dijo Tom con firmeza.
—Quiero que tengas mi cadena de plata, esa la que llevo una estrella colgada—empezó a decir Bill llevándose la mano que tenía libre al cuello.
Pero sus dedos solo palparon su desnuda piel.
—Se me ha perdido—susurró haciendo un infantil puchero.
—Dime donde y la encontraré—se ofreció Tom al momento.
—No sé…a lo mejor la perdí esta tarde mientras paseábamos por el monte.
—¡El monte de las Ánimas!—repitió Tom en un susurro—Según la leyenda, esta noche estará lleno de ánimas, pero si me doy prisa estaré de vuelta antes de que hayas empezado a echarme de menos.
—¡Qué locura! Ir ahora y con el frío que hace—dijo Bill negando con la cabeza—Y siendo la noche de difuntos, en un monte llenos de lobos…
Pero Tom no se dio por vencido. Se inclinó y le besó de nuevo, quedándose muy cerca, respirando su cálido aliento.
—No tardaré, te lo prometo—susurró contra sus labios.
—Te…te quiero…—solo pudo suspirar Bill.
Le vio levantarse de la cama y se cubrió hasta arriba con la sábana. Tom se le quedó mirando sonriendo, como su largo pelo negro se extendía sobre la almohada, pensando que parecía un ángel desterrado del cielo. Una imagen que nunca jamás olvidaría…aunque fuera la última vez que viera a su amado con vida…
Le dijo adiós con la mano y desapareció por la puerta, dejándole muy solo.
Se dio la vuelta en la cama y cerró los ojos con fuerza. Esperaría a que regresara, hasta entonces no podría conciliar el sueño. Pero pasada una hora los ojos se le cerraban y su mente le jugó una mala pasada.
“Habrá tenido miedo”—escuchó una horrible voz en su interior.
Pero Bill no la creyó. No, su Tom era muy valiente. En esos momentos estaría buscando la joya que había perdido, sabía que era muy especial para él y no pararía hasta dar con ella.
Cerró los ojos con fuerza y cayó en un profundo sueño, inquieto….nervioso….
&
Dieron las doce en el gran reloj que había en la sala de estar. Bill escuchó entre sueños sus campanadas desde su habitación, lentas, sordas….muy tristes….
Abrió los ojos, le había parecido escuchar su nombre pronunciado entre campanada y campanada, pero muy lejano, y por una voz ahogada y llena de dolor.
—Será el viento—se dijo.
Se puso la mano sobre el corazón y procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. La puerta de su habitación chirriaba como si quisiera abrirse de un momento a otro.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador.
Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sentían, estremecimientos involuntarios que anunciaban la presencia de algo que no se veía y cuya aproximación se notaba no obstante en la oscuridad.
Bill, inmóvil y tembloroso, se incorporó en la cama y se quedó escuchando con atención. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, se volvía a escuchar: nada, silencio.
—¡Bah! —exclamó, volviendo a recostar su cabeza sobre la almohada—¿Soy yo tan miedoso como esa gente que se crees que en el monte hay ánimas gritando y llorando?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano. Pronto volvió a incorporarse más pálido, más inquieto, más aterrado…
Ya no era una ilusión, unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra. El rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió la cortina que cubría su ventana.
Bill lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que le cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba las ventanas; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Bill. Al fin se hizo de día y abrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Echó a atrás las ropas de su cama y se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su tembloroso cuerpo. Sus ojos se desencajaron y sus mejillas perdieron su color.
Sobre la mesilla vio su cadena de plata con su estrella de cinco puntas colgada…con sangre en ella….la misma cadena que Tom salió a buscar la noche anterior.
Cuando Georg y Gustav corrieron a comunicarle de la muerte de Tom, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, le encontraron sobre la cama recostado, inmóvil y con los ojos abiertos. En ellos solo había un pánico inmenso, su boca estaba entreabierta y sus labios era una mueca de miedo.
Estaba muerto….
&
Se cuenta que tras este trágico suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles.
Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a un joven hermoso de cabellos largos y negros, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas llorando alrededor de la tumba de su amado Tom.
F I N
FELIZ HALLOWEENNNN!!
