Notas: Un fic raro, lo sé. Me surgió viniendo a casa en coche, pensando en un capítulo de “Entre fantasmas” que me encantó cuando lo vi. Si alguien ha visto la serie, seguro que sabe de cual hablo… ¿quién no lloró cuando Andrea murió?
One-Shot TWC /TOLL de lyra
«Never Alone»
Una noche más. Bill Kaulitz se preparó la cena. Calentó un plato de sopa en el micro ondas y mientras esperaba se hizo un bocadillo de jamón y queso. Colocó todo en una bandeja y fue al salón. Ocupó la única butaca que había y se sentó frente al televisor. Pero no lo encendió, ceno en silencio…como llevaba haciéndolo 21 años.
Vivía solo y no conocía a nadie. No tenía ningún amigo y tampoco lo necesitaba. Nadie en su sano juicio querría ser amigo de una persona con un don como el suyo. Podía ver espíritus, y hablar con ellos.
Todo empezó cuando cumplió los 7 años, sus padres se divorciaron y achacaron sus visiones a una manera de llamar la atención para que no se separasen. Pero no funcionó, su padre se fue de casa y él y su hermano gemelo Tom se quedaron a vivir con su madre.
Pero las cosas no fueron bien desde el principio, Bill seguía con sus visiones y pesadillas y Simone Kaulitz le buscó ayuda especializada, llegando incluso a ingresarle durante una temporada que Bill pasó bajo el efecto de sedantes y calmantes.
Tener esas visiones, como él llamaba le levantaba fuertes dolores de cabeza que las aspirinas no calmaban. Y cuando en el hospital no pudieron o quisieron seguir cuidando de él, regresó a casa y decidió que la única manera de poder sobrevivir sería mentir a todo el mundo.
—¿Qué tal estas, Bill?—le preguntaba su madre todas las mañanas.
—Muy bien, mami—respondía Bill con una sonrisa forzada.
—¿Ninguna visión hoy?—preguntaba Simone preocupada.
—Ninguna, mami—mentía Bill con tristeza.
Porque ahí estaban, gente que moría y acudían a él para que se pusiera en contacto con sus familiares y les dijeran que estaban bien. Pero Bill no lo hacía, los ignoraba. Era solo un niño de 7 años, ¿quién le iba a creer?
Había estado a punto de pasar su vida recluido en una institución mental si seguía diciendo que veía esas cosas horribles que en verdad veía, así que a pesar de su corta edad tomó la decisión de mentir y olvidar que tenía un don.
Y así día tras día, año tras año y cuando cumplió los 18 se fue de casa. Pero no se fue solo, su hermano Tom le acompañaba. Era el único con quien podía hablar de lo que le pasaba, el único que le escuchaba y apoyaba. Y cuando tuvieron el suficiente dinero ahorrado se mudaron a Berlín y ocuparon un pequeño apartamento los dos solos.
Pero las cosas no mejoraron, Bill seguía con sus visiones aunque ya eran más escasas. Pero no podía andar por la calle sin ver ni oír a nadie que a gritos desesperados le pedía que le ayudara.
Empezó a no salir de casa, y poco a poco se recluyó en ella. Tom estaba muy preocupado, quería ayudarlo pero no sabía como. Y Bill no quería hablar de médicos nunca más, tenía miedo de que le encerraran de nuevo.
Tom lo sabía y le prometió que nunca lo permitiría. Cuidaría de él, desde que era niño se le dio bien cantar y componer y empezó a ser famoso. En menos de 6 meses se mudaron a un ático en el centro de Berlín que Tom compró. El viaje fue horrible para Bill, pero una vez descansando en su nueva habitación pudo calmarse y empezar una nueva vida.
Pero…el trabajo de Tom le reclamaba y poco a poco tuvo que empezar a viajar. Y no quería dejarle solo.
—Vente, por favor—suplicó Tom por enésima vez—Es Nueva York, la ciudad de los rascacielos.
—Tom, no insistas por favor—pidió Bill suspirando—Sabes que…sabes que no puedo.
Y Tom no insistía. Odiaba dejarle solo pero Bill siempre le prometía que estaría bien y cuando él regresaba de viaje lo comprobaba con sus propios ojos. Gracias a él no le faltaba de nada a su hermano pequeño, pagaba a una persona para que todos los días le hiciera la compra que Bill le mandaba via e_mail y siempre se la dejaba a la puerta de casa. Llamaba y se iba, nunca se quedaba.
Para no levantar sospechas, Tom contó que su hermano sufría de agorafobia y le era imposible salir de casa. Y gracias a su mentira Bill era cuidado y atendido cuando él no podía.
Como esa noche, Tom estaba sumergido en una gira que le llevaba por toda Alemania. No era la primera vez que pasaban separados un par de meses, pero desde la primera noche que Bill pasaba solo ya le extrañaba, a pesar de que le llamaba cada 2 ó 3 horas más o menos, y siempre chateaban antes de irse a la cama.
Bill pasaba todo el tiempo metido en casa, para no variar. Gracias a Tom contaba con todo tipo de comodidades como un televisor de última generación, un reproductor de dvd y un ordenador con acceso a Internet. Gracias a el estaba en contacto con el mundo exterior, hacia la compra y gracias a la insistencia de Tom volvió a retomar los lazos con su madre, a la que no veía desde hacía 3 años.
Hablaban vía e_mail, pero nunca tocaban cierto tema. Simone Kaulitz siempre se las apañaba para hablarle de los éxitos de su hermano, o de la última visita que le hizo cuando pudo escaparse del último concierto que dio cerca de casa y presentarle la chica con la que estaba saliendo.
Pero Bill sabía que a esa chica la sucedería otra. Su hermano era un rompecorazones y no aguantaba más de una semana con la misma mujer en la cama. Por suerte para él, nunca las llevaba a casa.
—Es más tuya que mía—le había dicho Tom una vez.
—Tú la has pagado y es tuya—apuntó Bill.
—La puse a tu nombre desde el primer día—explicó Tom.
Bill le escuchaba sin saber que decir, no hallaba las palabras para agradecerle todo lo que hacía por él. Pero no hacia falta, Tom era su hermano mayor y le quería mucho. Y era muy considerado con él, no llevaba nunca a nadie a casa, ya fuera la chica con la que estuviera saliendo en esos momentos o uno de sus mejores amigos con los que había formado ese grupo que tanta fama había alcanzado.
Georg y Gustav eran unos años mayores que ellos, pero Tom congenió con ellos desde el primer momento. Les había hablado de Bill y su “problema”, y lo entendieron a la perfección.
Bill los había conocido por Internet, hablaba con ellos cuando se metían en la habitación de Tom y aprovechaba que estaba chateando con él antes de irse a la cama. Les cayó muy bien…pero no lo suficiente para conocerlos en persona. A pesar de que últimamente su don se había atrofiado, como él solía decir, se veía incapaz de salir de casa ni siquiera para ir a por el correo o el pan.
Suspiró resignado, esa noche no se sentía bien. Le estaba empezando a doler la cabeza y no le apetecía cenar. Dejó a un lado la sopa a medio tomar y se fue al baño. Guardaba en el armarito un bote de aspirinas, y se tomó una con un sorbo de agua.
Cuando regresó al salón…se llevó una mano al cuello al ver una sombra…
—Bill, soy yo.
Tom le miraba de pie donde estaba. Sonreía con esfuerzo.
—¿Y la gira?—preguntó Bill sin entender.
—Hemos hecho un parón—explicó Tom—Necesitábamos descansar.
—¿Y Georg y Gustav?—preguntó Bill.
—Cada uno se ha ido a su casa a ver a sus familias—contestó Tom—Yo he cogio el coche y…tú eres mi familia, así que he venido a verte.
—Ya, mamá no…
El sonido del móvil le interrumpió y lo miró sonar y vibrar sobre la mesa.
—No lo cojas, por favor—pidió Tom.
Bill asintió y dejó que sonara. Permanecieron en silencio hasta que la persona que llamaba se cansó y colgó.
—¿Estás bien?—preguntó Tom.
—La cabeza, ya sabes—murmuró Bill.
—Lo sé—susurró Tom.
Nuevamente se quedaron en silencio sin saber que decirse, solo se miraban fijamente. Y nuevamente el móvil de Bill volvió a sonar en la silenciosa habitación.
—Tom, es mamá—murmuró Bill tras mirar la pantalla.
—Lo siento mucho Bill—dijo Tom rompiendo a llorar.
—No es culpa tuya, Tom—lloró Bill a su vez mientras que cogía el móvil en sus temblorosas manos.
—Prometí no dejarte nunca—dijo Tom entre sollozos.
—Y no me dejarás—susurró Bill sonriendo—Espera que hable con mamá, luego…tendremos todo el tiempo para hablar.
Tom asintió y se alejó dos pasos. Se dirigió a la ventana y dio la espalda a su hermano para que hablase con su madre.
—Hola mamá—saludó Bill con un hilo de voz—Lo…lo sé…mamá, cálmate por favor.
Tom cerró los ojos tratando de retener así las lágrimas que resbalaba por sus mejillas, tratando de no escuchar la conversación que Bill estaba manteniendo con su madre. No hacía falta que escuchara, sabía lo que le estaba diciendo.
Había perdido el control del coche. Se había empeñado en cogerlo a pesar de que estaba lloviendo, tenía dos días libres y los quería pasar con Bill. El asfalto estaba húmedo y su coche se salió en una curva estrellándose contra un árbol.
Murió en el acto, cerró los ojos y apenas sintió dolor. Su último pensamiento fue para su hermano, y cuando abrió los ojos de nuevo…estaba en el salón de su ático de Berlín. Sobre una mesa baja había una bandeja con la cena que apenas había probado Bill, cuando le vio entrar por la puerta no hizo falta que dijera nada, Bill había presentido su presencia y sobraban las palabras.
Al día siguiente las noticias no hablaban de otra cosa que no fuera del trágico accidente que se llevó una promesa tan joven. Tom Kaulitz había hallado la muerte con solo 21 años. Dejaba una desconsolada madre y un hermano cuya enfermedad le impidió estar en su funeral.
Nadie lo esperó, ni lo que descubrieron cuando se leyó la última voluntad del joven. Se lo dejaba todo a su hermano, el ático en el que vivía, todo el dinero que había ganado con el grupo que había formado. Y no solo eso, en una caja fuerte se hallaron dos libretas repletas de canciones que Tom había escrito en las largas temporadas que pasaba lejos de Bill.
Todas eran dedicadas a él, hablaban del amor que sentía hacia su hermano pequeño y cuanto lo echaba de menos.
Sus grandes amigos, Georg y Gustav…a ellos les permitió que cantasen sus canciones, dando a Bill la parte que le correspondería a él. Les pidió que cuidasen de su hermano pequeño, que nunca les faltara nada y estuvieran allí para todo lo que necesitara.
Al igual que él lo estaba. Su espíritu nunca abandonó a Bill, hablaban todas las noches llegando incluso a sonreír.
Y por una vez en su vida, Bill agradeció tener ese don. Gracias a el podía hablar con la única persona a la que amaba con toda su alma.
Gracias a ese don…Tom estaba allí, y él no iba a estar solo nunca más…
F I N
Gracias por leer, está escrito un poco a la carrera, tenía la idea en mi cabeza y costó sacarla (escribir la trama, vamos) y no dar demasiadas pistas en la última conversación de Bill y Tom hasta el final, cuando Tom deja que la madre de Bill le cuente lo que ha pasado, aunque Bill ya lo sabía desde que lo vio de pie en mitad del salón…y fijo que más de una lo supo también…
Aquí os dejo el enlace de un video que hice en su momento y mientras escribía el fic me acorde de esa preciosa canción y decidí coger el mismo título para el fic.
