Notas de Cosette: Estuve trabajando en este One Shot por mucho tiempo. Quería hacer una fic, pero no tendría mucho más que decir como para alargarlo. Tal vez podría hacer una mini fic pero, por ahora, esto me pareció suficiente.

El Lemon no es demasiado extenso, porque prefería que fuera simple, dulce.

Espero que lo disfruten (:

Con amore.

Cosette.

(One-Shot de Cossete)

«Roleplay»

Cuando algo te dice que ya sos todo lo que quisiste ser, no se puede explicar la sensación de orgullo que te llena hasta el alma. Nunca se te va a ir de la cabeza la entrega de un premio, de un honor. Y estos no siempre tienen forma de trofeo, medalla o disco de oro; a veces son algo mucho más grandes y representan algo más importante que tener un «video del año». En el momento que logras crear una revolución, un fenómeno mundial que nada tiene que ver con tu trabajo (músico, en mi caso), podés empezar a llamarte a vos mismo ÍCONO.

Yo destacaba, era importante, era VIP. Era la cara de marcas de ropa, modelo, cantante, compositor, productor, diseñador, actor y doblador de voz. Y después llegué a prestarle atención a otra cosa: yo era la cara de miles de Bill diferentes, creados por personas distintas con sus propios inconscientes, sus propios deseos, su manera de verme, de querer que fuera… los FanFic sobre nuestra banda abundaban en exceso, y en nuestras vacaciones de los tour pude divertirme leyendo algunos. Obviamente no me presenté como Bill Kaulitz, eso sería ridículo y no me creerían. Solo leí, sin comentarios.

Mis fans, como suponía, eran muy creativas. Leí varias bodas con chicas que yo no conocía, vidas alternativas, maneras de pensar diferentes. Yo estaba soltero, solo en este mundo; en el de mis fans, estaba con ellas o con alguien más, a veces con tríos (o más). No supe si sentirme alegre con eso, o miserable. Alegre por no ser como algunos de esos Bill’s, triste por seguir soltero a mis veinticinco años.

Algunas de las fan fic eran entretenidas, otras no me hicieron avanzar del primer párrafo. No me detuve solo a las historias en alemán, sino también a las escritas en inglés y, con el google translate, leí algunas de fans de otros idiomas. No era lo mejor de hacer, pero tenía curiosidad… y estaba aburrido. Tom se había ido por una semana, por algo de unas publicidades en Estados Unidos, y yo no tenía ganas de salir, así que estaba solo con los perros en Los Ángeles. En unos días debía viajar a Berlín, también por una entrevista y un photoshoot.

Una noche me topé con algo que me trajo recuerdos. Una palabra, esa que era tan tabú, tan prohibida, más aun para mí. Twincest. Hacía años que quería leer sobre eso, y no me animaba. Tom y yo no nos separábamos nunca, y era imposible que yo estuviera solo. Tal vez sí estoy solo, pero siempre podrían llamarme, y Tom estaba a una habitación de distancia. Ahora, era el momento perfecto.

Antes de leer una de las fics marcadas como Twincest, miré con atención una imagen que complementaba a la historia. Era un Photoshop nuestro, en el que Tom me abrazaba por la espalda, besando mi cuello. Se veía muy real, y eso me daba algo de impresión. Tuve curiosidad y no pude evitarlo: tipeé la palabra en google e hice click en «buscar». Primero aparecieron imágenes nuestras, o dibujos. Puse «imágenes» y uno de los dibujos me dio tanta impresión que cerré la pantalla y me tapé la boca con las dos manos. Seguramente estaba ruborizado hasta las raíces de mi pelo, pero no quise ni mirarme al espejo. Miré a mi alrededor, casi esperando ver a alguien detrás mío con cara de sorpresa o de repulsión por estar buscando ese tipo de cosas.

Me levanté y me dirigí a la cocina para prepararme un café. Encendí la máquina y cerré los ojos. Me vendría bien algo de alcohol, pero no me convenía. Recordé una vez que, estando solos en la casa (siendo más jóvenes), Tom y yo habíamos robado del mini bar de Gordon distintas bebidas y terminamos en mi cama, con la ropa hecha girones por toda la habitación. Él era consciente de lo que hacía, yo no. Era raro, pero cuando bebía no me emborrachaba, pero sí dejaba de pensar en general. Era más impulsivo y no pensaba en las razones. Ese día deje de pensar que Tom era mi gemelo y lo vi como el chico que me gustaba.

Estaba agitado… mucho. Esa… ese dibujo me había volteado; había quedado sorprendido, shoqueado, pero no asqueado. Era mi hermano, no podía tenerle asco, además, éramos gemelos y la sexualidad es siempre íntima… no lastimábamos a nadie porque, aunque fuera incesto, no nos casaríamos ni seríamos pareja. La atracción sexual era normal, más si fuimos tan unidos después de tanto tiempo… es la naturaleza humana. Nuestro primer beso fue entre nosotros porque éramos jóvenes, inexpertos. Nos teníamos confianza, nunca nos miramos con vergüenza por algo raro que pensáramos, que soñáramos. Pensé que había superado todo esto, que estaba fuera de mi cabeza. El enamoramiento y la sexualidad están separados, definitivamente, y esa etapa de inseguridad sexual ya había quedado atrás… bueno, al menos para Tom.

Escuché mi celular, e inmediatamente supe quién era. Corrí a atender; en ese momento, escuchar su voz sería lo mejor… ¿o lo peor?

Atendí.

¡Bill! — Me dio un escalofrío al escuchar su tono de voz. La imagen de la computadora me volvió a la cabeza y le di movimiento y sonido sin querer, haciendo que el Bill de mi cabeza gimiera y susurrara cosas por el ritmo de su Tom… cosas imparables de la imaginación.

— Tom… — Oh, Tom

¿Estás bien?

— Sí, solo… — «Sí, tan bien, Tom…» Seguía agitado, y no tenía excusa para eso. — Yo solo… — El Tom del dibujo aumento la velocidad…

¿Bill, estás…?

— ¿Qué? — Me toqué con la mano que tenía libre, apretando, esperando que me calmara pero, obviamente, dió el efecto contrario.

Perdón, Bill, pensé que te había pasado algo malo…

— Estoy bien. — Me tapé la boca con la mano. Él pensaba que yo me estaba… bueno, estaba casi haciéndolo.

Dejo que termines lo que tenés entre manos…

— ¡Tom! — Me ofendí, aunque sí estaba apretando las piernas y, sin darme cuenta, me apoyaba contra el borde de la mesa.

Bill, por favor. No podés avergonzarte por eso. Nos conocemos bien, podemos hacer cualquier cosa…

Eso me sonó a indirecta y, en ese momento, no había otra forma de entenderlo para mí.

— ¿Cualquier cosa? — Cada vez sostenía mi celular con más fuerza. — Oh, Tom…

Bill, tengo que irme, ¿Sí? — No, no, no cortes, ¡No! — Nos vemos en unos días.

— Te extraño…

Yo también. — Podía imaginarme su sonrisa. — Divertite… — Sugirió, con su voz tan juguetona. Cortó. Sí, me iba a divertir. Dejé el celular sobre la mesada y apoyé ambas palmas sobre esta. Me aclaré la garganta, respiré muy profundamente y…

— ¡Au! – Un líquido muy caliente tocó mis dedos de la mano izquierda, quemándome las yemas. Era la cafetera, que hacía más café del que la taza alcanzaba a contener y se estaba derramando sobre la mesada y mis dedos. — Sheisse! – Grité. Tomé la taza y puse otra, aunque el desastre ya estaba hecho. El café se escurría por la mesada hasta el piso; ahora iba a estar todo pegajoso. Tomé un trapo, tratando de absorber el líquido, pero era tanto.

Me puse a limpiar la mesada y pensé solo en eso. En ese tiempo, me calmé un poco, y la concentración en otra cosa me trajo a la realidad. Pero, cuando me arrodillé y me puse en cuatro para limpiar el piso… Oh, Tom, sí.

Mi imaginación, mis recuerdos.

Volví a la habitación casi corriendo con el celular en la mano, sosteniéndome el pantalón, y tomé la notebook aun cerrada y me arrojé a la cama, dejando mi teléfono en la mesa de luz. Me saqué los pantalones casi de dos tirones y me metí bajo las sábanas. Volví a tomar aire y abrí la pantalla.

Oohh…

Estaba tan bien dibujada, cada curva en su lugar, cada trazo bien marcado. Lo que expresaba mi cara era tan… excitante. La saliva me caía de la comisura de mis labios entreabiertos, mis ojos en blanco y la cabeza caída hacia atrás, dejándome llevar por el ritmo, fuera el que fuera, del Tom del dibujo, quién con su cara de orgasmo (sí, conocía esa cara) se encorvaba sobre mí.

Mis tatuajes, mi pelo, mis uñas, mis piercing… todo eso le daba tal autenticidad a la imagen que era traumante… o, excitante. Busqué más, mientras me volvía a poner duro bajo el leve movimiento de mis dedos sobre el bóxer. En algunas solo nos besábamos, en otras nos mirábamos. Había muchas reales, en las que solo estábamos juntos o, por cosas de la perspectiva, pareciera que estamos coqueteando. Mientras más investigaba, más me excitaba… y encontré una que era, obviamente, un montaje, pero…. ¡argh! ¡Necesitaba eso!

Gemí cuando mis dedos se deslizaron por dentro del bóxer y masajearon con lentitud mis zonas más sensibles, dándome pequeñas corrientes eléctricas a todo mi cuerpo. Solo masajeé los costados con el pulgar, relajando la respiración, hasta llegar a la punta. Recorrí mi pecho con la otra mano, mi estómago, mi cintura, recordando como mi hermano hacía lo mismo, apretando con la yema de los dedos. Siempre lo hacía y surtía su efecto en mí. Hacía años no me lo hacía para terminar conmigo en la cama, sino para llamar mi atención. Volví mi mano hasta mi cuello, llegando hasta mis labios y mordisqueé uno de mis dedos. Fetiche. La concentración de calor y placer se apoderaba de mi cuerpo y, poco a poco, de mi mente, mi lucidez. Me acomodé, y bajé mis bóxers, hasta que me colgaron del tobillo izquierdo debajo de la sábana. Pude tomar mejor mi erección y deslizar la mano desde la base a la punta, arriba, abajo, fuerte, rápido… Oh, oh, ah… ¡aah! Mordisqué mis dedos, los lamí y besé a la vez. Recorrí la palma de mi mano hasta mi muñeca y succioné mi piel, hasta que quedó colorada.

Lleve la cabeza hacia atrás y cerré los ojos mientras gemía con el principio de mi orgasmo, bajando la mano hasta mi cintura y apreté como Tom hacía… — ¡oh, Tom! – Jadeé hasta que la sensación se fue. Suspiré, cansado y tan satisfecho, curvando la espalda, para luego dejarme caer sobre las almohadas. Casi al instante, mi celular sonó y, como siempre, adiviné quién era. No pude evitar sonreír cuando leí el mensaje.

¡Ese es mi chico!, decía. Si él supiera que acababa de masturbarme con él en mi cabeza, suspirando su nombre…

Me levanté, con media sonrisa en la cara, me puse los bóxers de nuevo y fui a bañarme.

Seguí viendo imágenes y leyendo twincest, con la misma emoción, varias horas. Estaba a punto de irme a dormir, ya cansado, y antes de cerrar todo entré a una última página que llamó mi atención.

K Twincest Role Play:

Join the experience.

Leí y leí; todas las descripciones estaban en inglés y alemán. En síntesis, decía que en una casa de dos pisos, en medio de Berlín, se organizaban reuniones Twincest, como Role Play. Por lo que tenía entendido, Rol Play era un juego en el que se tomaba un personaje y se lo desarrollaba. Así que, gente normal, mis fans se dedicaban a vestirse como yo o mi hermano y se juntaban para… tocarse. Dios mío, que… raro. Bizarro. Era… perfecto.

La página principal decía: juego de rol twincest, basado exclusivamente en los gemelos Kaulitz, debajo la corta explicación y, finalmente, un pequeño recuadro en el que pedía el e—mail para más información. Me mordí el labio y abrí otra pestaña en el explorador. Me hice otra cuenta de mail; no quería que conectaran el mío con esto, fuera lo que fuera, pero la curiosidad era devastadora.

Ingresé el mail y entré a mi cuenta. Me llegó un email con las reglas del club.

Reglas principales:

Elegir un seudónimo y alter ego, basándose en los gemelos Kaulitz. El nombre puede referirse a ellos y/o a la banda o no, pero las características estéticas del gemelo elegido deben ser respetadas.

Máscara y alter ego real totalmente exclusivas del integrante. No se pedirán datos reales para ingresar a este rol play; cada uno es responsable de sus datos personales.

Se puede cambiar de gemelo, pero nunca en una misma noche ni si se es parte de una  pareja VIP.

Las parejas VIP no son inalterables, pero sí determinan la reacción del B/T de cada una de ellas ante tan situación. (La administración no se hace responsable de infidelidades)

Para ser pareja VIP, debe haber acuerdo de ambas partes (sean dos o más), y ya no podrán cambiarse de gemelo mientras permanezcan en relación.

Las parejas pueden ser tanto Twincest como Egoincest (Bill con Bill, Tom con Tom), o incluso orgincest (varios Tom, varios Bill)

No se permiten anti twincest, ni nada que se le parezca.

Tampoco la discriminación. Bill y Tom Kaulitz no son perfectos, sus rol play tampoco.  

No importa tu sexo, color, etnia. Sí edad (16 años como mínimo)

Pueden ingresarse juguetes sexuales o similares, pero pueden obtener algunos en la casa. Todos los elementos estarán (O deben estar, en caso de ser propios) en estado presentable e higiénico.

No se permiten violaciones, ni violencia (a menos que la pareja sea masoquista). Las parejas deben estar de acuerdo con lo que van a llevarse acabo.

Debido a que muchos integrantes son menores de edad, en público solo se puede llegar a beso o toqueteo debajo de la ropa. Para llegar más haya, hay habitaciones especiales. Las reglas para entrar a ellas serán explicadas por los encargados al final de cada escalera que lleva a ellas.

Para entrar a esta experiencia, se enviará un mail con la fecha de encuentro, la hora y la contraseña para dar en la puerta. El nombre de usuario y el nombre al presentarse en esta deben ser exactamente iguales.

Ir a la página y elegir un nombre de usuario/alias.

Dios, no podía ser que estuviera pensando en… sí, estaba pensando en eso.

Hice click en ese link y otra ventana se abrió. La pregunta: ¿Quién sos? aparecía en blanco sobre un fondo negro y, debajo, un espacio para completar. Tipeé. Humanoide estaba usado, Alien también… maldita sea, yo era el puto creador de todo eso y no podría usarlo. ¿Qué nombre podría usar? Me preguntarían quién era y no sabría que responder. GuessWho. Eso me gustaba. Lo tipeé. Estaba usado. La puta madre. Pensá, pensá.

¿Who are you?

Nobody.

Lo tipeé. Estaba libre.

Berlín. Ya había cumplido con mi agenda y ahora, a unas pocas cuadras, se encontraba mi posible diversión. Me había hospedado en un hotel cercano a esa extraña casa para poder escaparme sin que nadie me viera. Era muy entrada la noche, así que podría escaparme, intentando no ser visto, en mi auto. Tenía todo el plan. Saldría unos minutos antes de la hora de encuentro del hotel y, al llegar, daría la contraseña y mi nombre. Me sonrojaría con la contraseña, definitivamente…

Me escapé, de alguna forma lo hice y esperaba no haber sido visto. Por suerte, era invierno. Me había tapado la cara con una bufanda y tenía mi famoso gorro cubriendo mi cabeza. La máscara negra estaba a mi lado, en el asiento del acompañante, junto con una peluca negra, que representaba mi viejo peinado liso.

Di vuelta en una esquina y reconocí la casa que había visto en la foto enviada a mi mail falso. Parecía una casa antigua, algo destruida con un amplio y hermoso jardín (o eso se mostraba en la foto). Estaba a mitad de cuadra, de la mano del frente. Los alrededores parecían abandonados y se escuchaba música fuerte, que seguramente provenían de ahí. Sabía lo que debía hacer; pasar por la reja como si nada y, cruzar el jardín y en la puerta de entrada, dar dos golpes fuertes, seguidos, esperar un segundo, y dar un golpe más. No podía hablar con nadie si me dirigían la palabra, ni hablarle a nadie, una vez que cruzaba la reja. Ya habían pasado veinte minutos de la hora de encuentro así que, supuse, que no sería el primero en entrar y que, al menos, habría bastante gente. Miré a mí alrededor antes de bajar; había figuras altas y delgadas, también con las caras cubiertas, pero nada se distinguía bien. Todo era tan misterioso, sombrío, casi sigo de largo pero era tan obvio que iba a entrar, pues ya me había estacionado a una cuadra de distancia.

Tenía miedo de ser reconocido, intentarían tocarme, me agarrarían entre muchos, me… violarían. La idea ya no era tan atractiva, y empezaba a retractarme.

Saqué mi pequeño espejo del bolsillo y comprobé mi maquillaje. Me parecía tanto a Bill Kaulitz, eso era malo. Tomé la red y escondí bien mi pelo debajo de ella, luego me puse la peluca por arriba. Con un par de clips, lo aseguré. Suspiré, siendo aun tan parecido a mí mismo, más aun estando maquillado. Con el espray terminé de moldearlo, haciendo uno de mis viejos peinados. Quería que no se me viera la cara, que no estuviera tan despejada, solo para despistar. Si tenía suerte, todos se emborrachaban en seguida y nadie se daba cuenta de nada. Agarré la máscara y la aseguré detrás de mi cabeza, tapando las tiras con mi pelo falso, acomodando también su apoyo en mi nariz. Tenía grandes agujeros para los ojos, por lo que no molestaba ni era incómoda. Casi se adaptaba a la forma de mi cara.

Con respecto al resto de mi atuendo, tenía las zapatillas, un chupín negro con un cinturón plateado, una remera de manga larga del mismo color, y una campera blanca, con el cierre en diagonal. Cadenas, algún que otro colgante y anillo… simple. Dejé la bufanda en el auto.

Bajé, puse la alarma, guardé las llaves en el bolsillo y caminé. No llevaba bolso ni celular, solo algo de dinero por cualquier duda y el espejo. Seguía sin entender como arriesgaba mi seguridad haciendo esto, caminando solo de noche siendo una de las personas más amada y odiada de Alemania. Se sentía bien caminar tranquilamente por la calle, pero si alguien me reconocía, tendría muchos problemas… más si sabían a dónde iba. Nadie sabía dónde estaba en realidad, ni siquiera mi hermano. Debería haberlo llamado antes, avisarle que saldría, que estaría en una «fiesta», al menos. No debía conocer el lugar, no me haría preguntas raras ni nada. Ya era muy tarde para volverse atrás…

Llegué a la casa y entré, evitando mirar a alguna de esas figuras que la rodeaban. Había visto pasar a algunos, dejando algo de espacio entre ellos, pero no parecían hacer fila, así que me mandé de una. Nadie me dijo nada, y esperaba que todo se mantuviera así. Crucé la mitad del jardín y escuché risas. En varios puntos del jardín, se veían más figuras, acurrucadas o recostadas en el pasto. Busqué en la oscuridad y vi, bajo la poca luz que había, alguien quién me era familiar: mi hermano. Sentí la adrenalina correr por un segundo, solo cosa de instinto. Temía ser encontrado, y ver a alguien que me resultaba familiar era el toque para hacerme sentir vergüenza. Continué mi camino, sin mirar; aunque no se percataron de mí. Ese Tom, recostado sobre alguien a quién besaba debajo de un árbol, tenía la atención en otro lado y no podía ver bien su cara, solo notaba sus labios yendo y viniendo entre otros, los de su… Bill. Este tenía una camisa negra, abierta hasta la mitad del pecho, y los colgantes en su cuello, apoyados en el pasto, de costado. Las manos de ambos recorrían la espalda, las piernas, el pecho y la cara del otro, bruscamente. Él libero su hombro de la camisa y lo besó, mientras mi doble se revolvía debajo de él. La forma en que se tocaban, me daba más ganas de entrar ya y encontrar a alguien como… como ese Tom.

¿Qué estaba haciendo? No podía alejar mi mente de esa pregunta. Mi corazón latía a mil por minuto, y el cuerpo me temblaba. Llegué a la puerta, y golpeé como era debido. Unos segundos después, la puerta se entreabrió. Unos ojos aparecieron, escondidos, y me miraron de pies a cabeza.

— Who are you?

Nobody.

— What can you say about love and sex? — Pensé en la contraseña, esa que debía memorizar y decir con lentitud y claridad.

— Love hurts, and sometimes sex too. But in different parts of the body.

— Welcome, new one. — La puerta se abrió por completo y me dejaron pasar. Entré, temeroso, a un lugar que parecía totalmente oscuro. ¿Y si tenía que pasar algún tipo de iniciación? ¿Una prueba de que no era antitwincest, policía, algo raro? Ahora sí estaba aterrado.

— Do you speak german? — Alguien apareció frente a mí y, por el color de los ojos y su voz, era quién me había abierto. No tenía máscara, pero sí mucho maquillaje. Su estilo era similar al mío, pero no nos parecíamos de cara. Era… extraño.

— Ja. — Y me habló en alemán, con un buen acento.

— Por una formalidad, hablamos en inglés. — Me explicó. — No solo vienen alemanes a este lugar, así que es mejor que sepas ambos idiomas.

— Ok, no hay problema.

— Adelante. — Corrió una cortina negra y la luz se hizo visible. En ese momento tocaron a la puerta. — Vamos, que tengo que seguir trabajando…

— Ja, sorry. — Ya había mezclado los dos idiomas, eso significaba que estaba nervioso. Comprobé que mi máscara estuviera en su lugar, que no se corriera, e hice lo mismo con mi peluca. Todo estaba en orden, podría entrar y no ser detectado. Con suerte, nadie me preguntaba mi nombre, ni ninguna otra cosa personal, y no necesitaba inventar ninguna historia. Si pasaba, tenía mi excusa: no revelo mi identidad.

Pasé a través de la cortina y miré a mí alrededor: grupos y grupos de personas vestidas como yo y como Tom se mezclaban o juntaban en grupos, hablando, riendo, todas con máscaras de distintos colores, otros sin ellas.

¿Ahora qué hacía? ¿Saludar a alguien y meterme en una orgía? No pasaría mucho tiempo solo, pensé, pero cuando vi que todos estaban ocupados con alguien, o varios, me di cuenta que no me integraría si me quedaba retraído. Todos estaban en su propia burbuja, y nadie se fijaría en mí; a diferencia del resto de mi vida, esta vez yo no destacaba. Era un Bill entre muchos, aunque fuera el único “Bill”, en realidad.

Miré el interior de la casa. Tenía una decoración antigua, todo con colores entre crema, dorado, blanco y negros. Era todo muy hermoso y se veía bien cuidado. El ambiente era cálido, y ya empezaba a tener algo de calor. Había una gran chimenea encendida. Se podía ver desde la planta baja todos los otros pisos, que estaban llenos de puertas. Parecía una taberna, nada más y nada menos… o un burdel. Me pareció ver, en el centro de la “pista de baile”, que era más bien casi un comedor, tres o cuatro caños… me sentía como esa vez que Tom y yo “sin saber”, nos habíamos metido a un show de striptease, para escuchar a Samy Deluxe.

Encontré una barra de bebidas después de dar algunas vueltas con la cabeza gacha y me dirigí a ella, sentándome en el primer lugar vacío que había, al lado de la ventana que daba al frente de la casa. Era uno de los pocos sentado, y el único solo. Replanteé de nuevo la idea de estar ahí. Nada se veía muy interesante, y tampoco estaba tan lleno. Había muchos Bill’s, algunos muy apegados a mi estilo (de distintos años) y otros más personales, con peinados de otros colores y formas. Tom no había cambiado demasiado como para ver mucha variedad de estilos. Pocos twins a penas se tocaban o se besaban, el resto conversaban o bailaban. No era tanto como me lo imaginaba. Pedí un trago, el que fuera, y agradecí haber traído mucho dinero porque, sino habría sido una noche más larga de lo que en realidad fue.

Nadie me prestaba atención, o eso creí, y yo tampoco a ellos. Hasta que volví la vista a la ventana. Podía ver de nuevo a la pareja que había visto al entrar. Esta vez estaban parados, parecía que discutían, quién sabe porqué. El Bill sí que estaba enojado; movía los brazos hacia todos lados, se movía de un lado a otro, se notaba que insultaba, y su Tom solo lo miraba con los brazos cruzados… igual que Tom. Mi Tom.

Era imposible no pensar en él con todos esos dobles a mí alrededor pero, ninguno de ellos era él. Estaba ahí por un capricho, que nunca sería cumplido porque Tom no volvería a tocarme, él me había superado, yo no a él…

A pesar de todo, no me fui. Seguí sentado, sin mirar a nadie, tomando trago tras trago. Cada vez me sentía más deprimido y extrañaba más a mi hermano. Prefería estar abrazándolo ahora, o hablando con él, que estar ahí. Pedí un cigarrillo al barman y lo prendí una vez que lo tuve en mis dedos. Lo probé varias veces, dejando escapar el aire lentamente, mientras seguía pensando en mis posibilidades de terminar en una habitación.

Uno o dos Tom’s me hablaron, pero no les presté mucha atención. Tenía la idea de que… no funcionaría. Y estaba convencido de que algo mejor iba a llegar a mis manos. Estos se fueron, no ofendidos pero sí decepcionados. Pronto, estaban con otro.

No podía creer que estuviera descartando, estando en un lugar en el que todos eran copias, ninguno real, en donde era nuevo. Después de todo, yo sabía dónde me había metido, tenía que dejar de lado la timidez.

Se apagaron las luces completamente y fuertes risas se empezaron a escuchar y volví la cabeza al lugar de procedencia. Woow. Sí que había cambiado todo. La gente se veía solo por luces de disco. Gran parte de la gente estaba semidesnuda, muchas parejas ya no estaban o se las veía subir las escaleras besándose desesperadamente, casi arrastrándose o corriendo. Y la diversión principal era un Bill, el mismo que estaba afuera, bailando alrededor de un caño, casi peleando con otros Tom’s, quienes le sacaban la ropa. Bill se reía, y se tambaleaba por tantos tirones. No estaba peleando, solo era zarandeado por tres hombres diferentes…. y le encantaba. Empezó a bailar una vez descamisado y se notaba que era conocido y, definitivamente, entregado. Estaba borracho.

Eso fue demasiado. Ver esa patética representación de mi mismo en frente al público fue demasiado vergonzoso. Y yo estaba mareado, algo confundido también. Mucho alcohol.

A pesar de estar tan de acuerdo con la ropa que se usaba (al menos del lado de los Bill’s), me sentía tan separado de ellos, tan intruso. ¿Qué hacía yo en este lugar? Miré a mí alrededor de nuevo, con el vaso aun en mi mano, que temblaba. Y me congelé en la visión de dos personas (no podría decir si eran hombres o mujeres), uno vestido como yo, otro como Tom, besándose tan desesperadamente, tan… deliciosamente, y recordé la razón por la que me encontraba sentado en ese lugar. Yo quiero, pensaba, yo quiero. Lo deseo, pero…

Era traumante, en realidad, verme a «mi mismo» besándome con Tom, mi hermano mayor, ese con el que pasé todo desde que tengo memoria… Debía huir de allí, no pertenecía a este lugar… o, tal vez, yo pertenecía enteramente a ese lugar, más que ninguno de estos farsantes. Dejé el vaso, el dinero y me dispuse a irme; llegué hasta la puerta, después de algunos empujones y pedidos de disculpa que no fueron aceptados ni rechazados, solo ignorados, igual que los empujones. Todos tenían algo mejor de que ocuparse y un empujón no los afectaría. Di un último vistazo. No quería irme, no me había sacado las ganas, pero ya no podría hacer más. Me quedé allí, contemplando la extraña escena cruzado de brazos. Necesitaba volver a casa, a mi habitación de hotel y buscar las fotos twincest de nuevo, con un rico baño…

— Hey. — Escuché en mi oído. Me giré para encontrarme a un Tom a mi lado, sonriendo, con su cara tapada por una máscara negra, simple y una bandana del mismo color. — ¿Por qué tan nervioso? ¿Primera vez? – Era el mismo que había visto afuera. Asentí, no quería usar mi voz. No había pensado en eso, ¿y si alguien la reconocía? — Si sabés como llevarte bien con los Tom’s y no te metés en las relaciones VIP, vas a estar bien.

Sonreí, sin saber qué decir. Yo sabía las reglas, las había leído varias veces, pero estar acostumbrado a ellas, a comportarse sin necesidad de pensar que estaba infringiendo alguna sin darme cuenta, era más difícil de lograr. Él estaba cómodo, acostumbrado al ambiente.

— ¿Vendrías al bar conmigo? — Algo en sus ojos me decía que él ya había tomado. Lo miré con atención. ¿Querría algo conmigo o solo era amable? Fuera cual fuera, si me quedaba quieto en el lugar no iba a avanzar nada y no quería seguir inmóvil, siendo observado como el «nuevo». Ahora que había conseguido una conversación con alguien que sí me interesaba, no podría negarme. Ya no tenía excusa para irme o no adaptarme, todo dependía de mi humor, de mi personalidad. En ese momento tomé una decisión. No iba a irme sin haber pasado por alguna de esas habitaciones del segundo piso… preferentemente, con él.

Asentí. Él sonrió y, con un gesto de la cabeza, me dijo que lo siguiera. Caminé detrás de él de vuelta a la barra, terminando lo que me quedaba del cigarrillo, mirando a mi alrededor como varios Bill y Tom’s se besaban, se tocaban o hablaban extremadamente cerca; incluso algún Bill con otro, y un Tom o más mirando con la punta de la lengua en el piercing del labio inferior. Hasta esas cosas copiaban.

— Vos sos… — Preguntó, una vez que llegamos a la mesa, y se sentó.

Nobody. — Lo miré, como desafiando que insistiera en la pregunta. Me senté a su lado, con las rodillas hacia afuera, apoyando el codo en la barra.

— Interesante. — Aprobó con la cabeza.

— ¿Vos?

Guess who. – Ah, con que él era quién había robado mi nombre. Cosas del destino, supongo.

— Iba a usar ese nombre… — Miré al suelo y luego enfoqué su vista. — Pero alguien ya lo tenía.

— Supongo que yo. — Sonrió. — Raro que tuviéramos la misma idea.

— El mundo es muy pequeño…

— Tal vez… además, somos gemelos. — Noté que guiñaba un ojo debajo de esa máscara.

Gemelos… — Repetí, pensando en Tom.

Él se aclaró la garganta, incómodo. Pidió un Daiquiri, luego me preguntó qué quería yo.

— Lo mismo. — Apagué lo que quedaba del cigarrillo en un cenicero, girándome enteramente hacia la mesada, apoyando un codo y acariciando el cabello de mi nuca. El barman, vestido como Tom, se puso a preparar nuestras bebidas y mi acompañante se giró hacia mí. Había algo en su mirada, en su forma de moverse… pero todos los hip hoperos eran iguales. Me miraba de pies a cabeza, con curiosidad.

— Sos muy parecido al Bill real…

— ¿Qué sabés de él? — Malditos fans, se creían que era un libro abierto para ellos, que no tenía secretos, que era predecible.

— Mucho…

— ¿En serio? — Chasqueé la lengua. — ¿Lo conocés? — Bajó la mirada, y asintió. Puff, mentirosos. Seguro me diría que me llevaría a conocerlo si me acostaba con él. Cosas de hombres para levantarse a quién quisieran. Podría sacarme la máscara y mostrar que era Bill Kaulitz, ¿quién no querría tocarme entonces? — ¿Cómo es él?

— Escultural. En todo sentido. — Eso me gustó. Y él me gustaba. Tenía algo… ese algo que lo hacía perfecto. Necesitaba emborracharlo, para que no me reconociera si debía sacarme la máscara, al menos hacer que se mareara. Ya tenía alcohol en mi organismo y mirar a mí alrededor me demostraba que la vergüenza podría esperar afuera, no tenía nada que perder.

— Entonces, según vos, yo soy… — Me acerqué a él, inclinándome hasta su oído, girando las piernas para chocarlas contra las suyas. — escultural.

Sus ojos se posaron en los míos y se relamió al ver mi predisposición. — Eso parece.

Aun se escuchaban los gritos del Striptease Bill desde el centro del salón. Guess who dirigió la mirada hacia allí, con el seño fruncido e hice lo mismo. Estaba rodeado por Tom’s, y varios Bill’s lloraban a un costado. Ese chico se estaba llevando el jackpot, pero muy pronto…

— Va a tener el culo del tamaño de un cráter. — Dijo, mi lado y lo observé, sorprendido. Estaba a punto de decir eso. — Mañana no va a poder caminar… y nadie lo va a respetar. — Palabra por palabra. Volvió la mirada a la barra y dejó caer los brazos sobre ella. Y me di cuenta…

— ¿Ustedes son VIP?

— Éramos. Acabamos de cortar… — Acomodó su banda de la cabeza y tomó un largo sorbo de su bebida. — Eso lo destruyó. — Rió sarcástico. Las risas de su ex se escuchaban por sobre la música, aunque ya no estaba tan alta. ¿Era mi impresión o se escuchaban golpes y gemidos en varios sectores de la casa?

— Fuera de esto, ¿ustedes…?

— ¡No! — negó fuertemente con la cabeza. — No sé nada de su vida real, él no sabe nada de la mía. No pregunto ni respondo sobre AE.

— ¿AE?

— Alter ego… El verdadero vos, no Bill Kaulitz.

— No Bill K… ¡Oh! Sí. — Asentí. Yo «no era» Bill Kaulitz. — Entiendo. ¿No preguntás nada?

— No. — Tomó un sorbo de Daiquiri. Era perfecto. — Sos muy nuevo, más de lo que pensaba. — Volvió a prestarme atención, curioso, dejando su vaso vacío a un costado. — ¿Cómo llegaste hasta acá?

— ¿No que no hacías preguntas? — Reí al haberlo atrapado, y él me siguió.

— Tenés razón, perdón.

— Está bien… — Jugué con la pajilla de mi bebida, pasándola por los labios y la punta de la lengua mientras miraba la fila de botellas en el otro lado de la barra, arriba de un estante largo. Funcionó. — Tomó un mechón de mi pelo falso, corriéndolo de mi cara.

— Supongo que no estás acompañado…

— Supones bien, sos la tercera persona que me habla, contando al barman y al chico de la puerta… – El asintió.

— Que pena que ambos estemos solos… — Siguió jugando con mi pelo, enredándolo en su dedo.

— ¿Pena? – Sonreí.

— O tal vez no… — Acarició mi mejilla con el dorso de la mano, mirándome fijamente. — Destino, tal vez.

— ¿Vos pensás?

— Justo hoy rompí con Billy BabyDoll. — Solté una carcajada. — Lo sé, el nombre es… — Miró hacia arriba y sacudió la cabeza.

— ¿Te sorprende haber roto con él hoy?

— No sé. — Siguió con sus manos en mi peluca, distraídamente. — Me lo veía venir.

— ¿Por qué rompieron?

Bufó y lo señaló con la cabeza. — Miralo, ¿Qué te parece que hacía? — Me volví hacia donde señalaba. Billy BabyDoll estaba… en el medio de tres Tom’s. A uno lo rodeaba con una pierna (y este besaba su torso desnudo), a otro lo «masajeaba» con su pie y, al tercero, lo besaba.

— Veo.

— ¿Vos sos como él? — preguntó de pronto. Pensé muy bien la respuesta para poder decírselo todo de una. Él acababa de salir de una mala relación y estaba buscando algo… aun no sabía que, pero sentía en el fondo del estómago que era, principalmente, un Touch and Go, de ahí nadie sabía que podía pasar. Tenía que ser delicado, pero directo; elegante, pero provocativo.

— Solo con quién me merezca. No me rebajo a cualquier rastudo con remera grande. — A él le gustó eso porque notaba que, para mí, él no era ningún rastudo con remera grande. Sacó la punta de su lengua y la apoyó en el piercing del labio… esos labios tan parecidos a los originales. Tenía que tocarlos. Miré al frente, aun coqueteando con mi bebida.

— Tenés clase, dignidad… — Alcé la frente.— Me gusta eso.

— ¿En serio? — Te atrapé. Asintió.

— ¿Sabés lo que se hace en este lugar? — Sonreí. — ¿En los cuartos de ahí arriba? — Miro hacia las escaleras y yo volví a sonreír. Sentí su mano sobre mi pierna y sus ojos en mi perfil. Se encorvaba sobre mí, y yo esperaba muy derecho en mi silla. Cada vez estábamos más cerca, de alguna forma que no llegaba a comprender. — Supongo que me entendés.

— Supongamos que sí. — Volví la vista a él, con la lengua apoyada en la pajilla y lo tuve a un centímetro de mis labios. — y que estoy de acuerdo. — Apretó la parte interna de mi pierna cuando nuestras bocas entraron en contacto y una rica sensación me corrió por el cuerpo. Esa zona era sensible para un hombre, él lo sabía bien. Así supe perfectamente que quería él de mí, y yo no podía estar más de acuerdo. Se lo demostré apoyando los brazos en sus hombros, cruzando las muñecas detrás de su cabeza e inclinando la cabeza por más profundidad. Más animado, comprobando mi predisposición a llegar con él hasta el final, se inclinó sobre mí y, tomándome de la cintura, abrió más los labios dejando pasar su lengua entre mis dientes. La recibí con placer, enrollándola con la mía al ritmo de nuestros labios. Me aprisionó sobre la mesada, apoyando un brazo sobre esta, detrás de mí. En cualquier otro momento de mi vida me abría apartado, algo avergonzado, y abría estado así toda la noche, pero las circunstancias cambian. Este lugar era mágico, y te arrastraba. Tal vez solo era el ambiente creado por todas esas personas más que el lugar en sí. Tom siguió besándome.

Ya era oficialmente parte del K Twincest Rol Play.

Me llevó a una de las escaleras, la más cercana, y nos pusimos al final de lo que parecía una fila. Por suerte, esta iba rápido y subíamos de escalón en cuestión de segundos. No podíamos aguantarnos, por supuesto, y él recorrió mi cuello con los labios mientras yo, con los ojos cerrados y un vaso en la mano, ronroneaba bajo su contacto rodeando sus hombros. La música se había vuelto estruendosa, las luces un poco más opacas pero igual de coloridas. En ese instante, noté que veía las cosas desde un punto de vista diferente. Dejándome llevar y ya estando dentro de la acción, por inocente que fuera (en relación con el resto), todo era más justificable.

Me reí y temblé cuando Guess mordisqueó mi piel, abriendo mis ojos. Había una pareja que nos miraba desde abajo, susurrando entre ellos. Por suerte, no vieron que había notado su curiosidad y, con disimulo, tapé mi cara con mi pelo una vez más. Mi acompañante la había puesto detrás de mi oreja y yo, olvidando que debía mantenerme en secreto, lo había dejado. Por mucho que las luces despistaran, yo era Bill Kaulitz y eso cualquiera podría descifrarlo con solo mirarme con atención.

Llegamos al último escalón y vi que un chico al lado de una pequeña mesa esperaba sentado, con papeles y lapiceras, como si fuera un pequeño escritorio. La escalera se separaba del pasillo con una cuerda.

Mi Tom se dirigió a este cuando fue su turno.

— Quiero mi cuarto, TK. — Él alzó la mirada y me miró. Frunció el ceño y se dirigió a Guess.

— ¿Estás engañando a BabyDoll?

— Rompimos… ya podés cogértelo sin miedo.

— No sé a qué te referís… — Se mostró nervioso, bajando la mirada y dando un paso hacia atrás. Sabía muy bien.

— Sí, sí, me chupa. — Guess sacudió la cabeza, restándole importancia al asunto. — Ahora, quiero mi habitación.

— No puedo dártela.

— ¿Qué?

— Si ya no son VIP, ya no es tu habitación. — Anotó un par de cosas en sus papeles.

Resopló y me soltó, cruzándose de brazos.

— Entonces dame una común.

— Espérame un segundo, tengo gente más desesperada que vos. — En ese momento, levantó una llave en el aire, saco la cuerda y dijo «dieciséis», cuando pasó un hip hopero besando apasionadamente a un muñeco de pelo negro que colgaba de sus brazos y rodeada su cintura con una pierna. Este tomó la llave sin detenerse y siguió su camino hasta llegar a la puerta. Ambos desaparecieron a través de ella.

— ¿Y eso que tiene que ver?

— Mientras más cuartos tenga libre, mejor. Mientras menos haga cada pareja en cada cuarto, menos tiempo la usan, más tiempo para otros. – Hablaba distraídamente mientras seguía con sus papeles. — Hubieras venido antes.

— ¿Y vas a dejar mi habitación libre? ¿Me estás cargando?

— Seguramente tendremos otra pareja VIP.

— Mi ex no sería tu VIP, porque está disfrutando con…

— Esperaremos… — Tomé a Guess de la remera y tiré de él, evitando más conflictos.

— ¿Qué?

— Vení. — Me alejé un poco, hasta que quedé apoyado contra la pared, haciendo señas con un dedo para que se acercara. — tenemos que esperar igual por una pieza, aprovechemos el tiempo fuera de ella…

Sonrió, entendiendo lo que le decía y se acercó más, tomando mi cintura con la mano izquierda.

— Primero, decime… — Su mano derecha se apoyó contra la pared en la que me encontraba, al lado mío, y su cara se mantuvo frente a mí todo el tiempo, como si fuera a besarme en cualquier momento. — ¿Es virgen? — Esperé a entender la pregunta, mientras su mano pasaba de mi cintura a la parte baja de mi espalda. — Me refiero a tu culo…

— Oh. — Negué con la cabeza. Si estuviera pensando claramente, le abría dicho que eso era cosa mía, pero no pude evitarlo. Además, en ese lugar debía ser una pregunta normal, incluso necesaria, considerando que decía mucho de las posibilidades que tenían en las habitaciones. Yo me veía desesperado… y el parecía dispuesto a disfrutar de esa desesperación. Acababa de romper con su VIP, estaba frágil, dolido, herido…

Pegó su cuerpo al mío y me acorraló completamente contra la pared, tomándome de los muslos y el trasero, besándome. Con la rodilla separó mis piernas y subí una hasta su cadera, la cuál acarició todo lo que pudo, levantándome un poco del piso, dejándome en la punta de un pié. Era unos centímetros más alto que él, pero eso no le impedía apoderarse de mi boca y mi lengua, con la pasión que yo deseaba desde hacía años… y más desde hacía algunos minutos, cuando lo vi con ese Bill. Yo lo deseaba a él.

Apretándole de la nuca, mantuve el beso constante, interminable, y con mi pierna le permitía apoyarme con fuerza.

— Me caes bien. — Dijo, a penas separándonos, tomando mi trasero con una mano.

— ¿Solo eso? — Sonreí y apreté el bulto en sus pantalones con una mano. Suspiró.

— Está bien… — Mordió mi labio. — Me encantás.

— Mucho mejor. — Apreté. El me apoyó más fuerte, acorralándome.

— No quiero que nadie te toque…

— Entonces soltame… — Reí en sus labios. Sonrió.

— Me refiero a otro que no sea yo.

— Bueno… — Dije, jugando con una de sus rastas.— Nadie me conoce acá, así qué…

— Así que sos solo…

— ¡Guess! – Un grito surgió de la escalera, y todas las parejas se dieron vuelta hacia el lugar de procedencia. Entre algunos empujones apareció Billy BabyDoll, más borracho que antes, tambaleándose de un lado a otro con los ojos medio caídos, al igual que sus pantalones, con dos botones sueltos deslizándose por sus caderas. – ¡Hijo de puta, me estás metiendo los cuernos!, ¡A dos metros de mí! No tenés vergüenza…

— Miren quién habla de “falta de vergüenza”. – Guess se alejó de mí y estiró los brazos hacia él, con cautela. – Se viene a este lugar a follar y disfrutarlo, no a emborracharse y olvidarlo.

— ¿Te olvidas de nuestras noches, Guess? – Empezó a lloriquear.

— Vos me dejaste a mí.

— ¡Y no parecés afectado!

— Vos menos.

— ¡Pero vos sos el abandonado!

— ¿Parezco abandonado? – Por alguna razón supe que se refería a mí. Él estaba de espaldas, pero sentía miles de ojos en mí. Era casi el centro del problema, y eso me molestaba. Era nuevo y me iban a comparar con ese Bill… yo quería pasar desapercibido. Y la situación empeoró.

— Oh, sí. – Caminó hacia mí, pero Tom se mantuvo entre nosotros. – Una nueva copia mía.

— No sos el verdadero Bill Kaulitz, BabyDoll.

— Él tampoco… ¿qué tiene él que yo no tenga?

— Dignidad. – Repitió, como me había dicho a mí.

— ¿No tengo dignidad?

— Mírate a un espejo. – Y empezó a llorar. El chico que controlaba se alejó y lo tomó por los hombros.

— Cálmate. – Leí sus labios. Lo llevó con él y trató de calmarlo. Pronto se estaban besando. Me parecía tan horrible que se aprovecharan de él. Estaba evidentemente borracho y no sabía lo que hacía.

Guess me tomó de la mano, tiró de mí y me pidió disculpas. Sorpresivamente, todos volvieron a sus asuntos, como si estuvieran acostumbrados a cosas como esas. Mi Tom se plantó frente al escritorio una vez más y tomó a TK del borde de la remera, atrayéndolo a su cara y cortando el beso.

— Me das un cuarto o te rompo la nariz por haber sido el amante de mi ex novio.

Él abrió muy grandes los ojos y buscó algo bajo el escritorio. Sacó una llave y se la dio. Guess miró el número y sonrío.

— Que bien… me diste mi habitación.

— ¿Y nosotros? – Saltó BabyDoll, ofendido.

— Nos encontraré una nueva. – Susurró, arreglándose la ropa.

— Aww, se ha formado una pareja. – Se burló mi acompañante. Me tomó del brazo y me hizo pasar al pasillo, sacando la cuerda. Se escucharon quejas por habernos dejado pasar antes que a ellos, pero los ignoré.

No había mucha gente de ese lado, estaban todos del otro lado de las puertas, y fue inevitable para mi fácil imaginación formar situaciones detrás de ellas. Orgías, masturbaciones, orgasmos, ¿qué más? Todo en un pasillo, y estaba a punto de ser parte de eso…

— ¿Puedo acompañarlos? – Vociferó Billy desde lo lejos.

— Ignoralo. – Susurró a mi oído.

Con una mano tomé su mandíbula y guié sus labios a mi boca, comiéndola entera y con pasión, exigiéndole más. El respondió, acorralándome otra vez contra la pared y alzándome de las piernas. Me llevó hasta una de las puertas y me deslicé al piso sobre ella, hasta que la abrió y sentí irme hacia atrás al ya no tener un apoyo. Ingresé a la habitación, tambaleando, casi cayendo, si no fuera por el sostén de Guess. Cerró la puerta dándole la espalda, puso el cerrojo, y lo impacté contra ella, siendo yo esta vez quién lo encarcelaba en mis brazos.

No tuve mucho tiempo para prestarle atención a la habitación, aunque no tenía mucho. Un espejo y una cómoda, además de la cama y un armario, en el que debían encontrarse los juguetes sexuales y otras cosas.

Lo besé con más desesperación que antes, refregando el cuerpo entero sobre él. Lo ansiaba de una manera casi inentendible, con unas ganas de las que no me creía posible. Por suerte, no era el único; mi falso Tom no esperó un segundo para deshacerse de mi ropa, tirándo del borde de mi remera hacia arriba, hasta que liberó mi cabeza y mis brazos de ella con dificultad, gracias a los colgantes y pulseras que tenía. Algunos cayeron al piso, haciendo un sonido fuerte de tintineo. Miré hacia el piso, tratando de ver dónde había caído para luego recogerlos… si es que no me olvidaba de ellos.

Le saqué la bandana y la remera, a la vez que me empujaba a una gran cama con cubrecama dorado que descansaba detrás de nosotros, frente a la puerta. Caí de espaldas y él se arrojó a mis pantalones, luego de acomodarse la máscara, desabrochándolos y me los sacó de un solo tirón. Sacó mis zapatillas, el único obstáculo que tenía, y arrojó todo al piso. Lo atraje con las piernas, rodeando las suyas y yo hice lo propio con su pantalón, con él revolviendo los dedos en mi peluca negra. No era tan grande y permitía notar el bulto que crecía debajo de ellos. Y lo vi…

Un lunar… uno que conocía bien en su pierna.

Tom.

En vez de aterrarme, sorprenderme, ofenderme porque mi hermano estaba en estas fiestas desde hacía mucho, o porque follaba a chicos parecidos a mí y no a mí, pegué los labios a su estómago y lo besé con fuerza, sintiendo su agarre detrás de mi cabeza. Tom me había besado… de nuevo. Mis ganas se iban a cumplir completamente. No iba a arruinarlo, ya no me importaba nada.

Bajé sus bóxers y suspiré. Lo extrañaba.

Tomé su miembro con ambas manos y las hice girar en direcciones diferentes, jugando con el pulgar, apretando la punta. Los gemidos que reconocí al instante surgieron desde sus pulmones y noté a mis propios bóxer apretando; reemplacé mi mano izquierda por mi lengua y la bajé por mi estómago, debajo del borde de estos. Con la misma intensidad, lo recorrí con los labios y me toqueteé a mi mismo, emocionado al poder hacer eso de nuevo.

‘Te mostraré en lo que estuve pensando, Tom. Todo eso con lo que me torturé por años al no poder cumplirlo, quiero que hoy se haga realidad.’

Con un tirón de mi pelo, me apartó pero no saqué mi mano izquierda de su lugar. Se inclinó y me hizo tenderme en la gran cama.

— Te me hacés tan conocido, Nobody. – Dijo, acomodándose sobre mí cuerpo semidesnudo.

— ¿En serio? – Reí entre sus labios. — ¿Qué te hace pensar eso?

— Solo… dejame hacer un experimento.

— Ok. – Tomó mi mano y la llevó a sus labios. Oh, oh… besó mi mano, mis dedos, sentía la humedad de su lengua y sus labios sobre la piel. Se iba a dar cuenta… Bajó los besos por la palma hasta cerca de la muñeca y concentró todo ahí, apretando mis dedos con su mano. Abrió los ojos y me miró, esperando mi reacción; yo, con la boca entreabierta, jadeando, me parecía hacerme cada vez más pequeño, apretando las piernas y abrazándome el cuerpo con el brazo libre, encogiendo los hombros debajo de su torso. Él se reacomodó, apoyándose sobre las rodillas y apoyó su otra mano en mi cintura, mientras su lengua recorría mi muñeca… y apretó. – ¡Ah, Tom! — Dejé escapar un gritito y pegué un pequeño salto hacia a un costado, a causa del espasmo que me provocó.

— Bill. – Suspiró. – Lo sabía. — Esos eran nuestros contactos íntimos, aquellos que solo nosotros conocíamos… De pronto me encontraba aun más acorralado que antes, siendo besado y tocado con pasión y deseo. — Bill, mi Bill… — Me encantó escucharlo llamarme “Su Bill”. Me hacía sentir tan deseado por la persona que yo deseaba a su vez. – Extrañaba tanto esto, creí… que no volvería a tocarte jamás.

— Oh, Tom…

— Cuanto te escuché gemir por el teléfono la semana pasada… — Pego su frente a la mía, dejando suaves besos entre palabras. — Sabiendo que te tocabas, yo solo… me enloquecí. Eso era lo más íntimo que habíamos tenido en años y ahora… — No soltó mis labios una vez dicho eso, y yo solo quería gritar de éxtasis y felicidad. Me sacó la máscara que ya no me ocultaba y la arrojó lejos; yo hice lo mismo. Apreció mi cara con su mirada, acompañándola con una mano. Su contacto y la reunión de nuestros ojos dieron un fuerte ambiente de intimidad que no podría ser borrado jamás.

— ¿No te diste cuenta antes que era yo? – pregunté, distraído.

— Todos son tan parecidos… pero vos me atrajiste como ningún otro. Sos único, Bill, y eso no es fácil de dejar pasar.

Me sacó el boxer unos minutos después y, con algo de lubricante (había un frasco en la mesa de luz) exploró mi cuerpo con dos dedos, o tal vez tres. Tocamos, besamos, abrazamos, acariciamos y mordimos hasta que levantó mis piernas en el aire y me penetró de golpe y yo me quedé sin aire. No tardé mucho en acostumbrarme y pude responder a los estímulos que recibía sin dolor alguno. Con un pie en el suelo y la otra rodilla flexionada sobre la cama, él me sostenía de los muslos y yo, estirado a lo largo de la cama con los brazos inertes cerca de mi cabeza, rebotaba con cada embestida que me partía deliciosamente al medio. Pero para mí no era suficiente.

Me levanté sobre los codos y lo tomé de un brazo para que cayera sobre mí, sin salir de mi interior. Se sostuvo con sus manos a mis costados, con la cara al mismo nivel de la mía, y bajó lentamente a besarme. Atrapé sus labios y lentamente moví la cadera, indicándole que siguiera. Obedeció.

Giramos sobre el colchón que seguía rechinando con cada salto, y quedé ubicado sobre él. Inmediatamente, sosteniéndome con las manos en su estómago, hice que entrara y saliera de mí, aumentando progresivamente el ritmo y la fuerza. Su frente brillaba por el sudor y sus manos resbalaban de mi cintura. Cada vez que yo bajaba, él subía la cadera un poco más para llegar al punto más profundo de mi cuerpo, impulsándose con los pies en el suelo.

Llegó un momento en el que mi cuerpo no soportó un segundo más toda la lujuria que me llenaba el cuerpo, y tuve el mejor orgasmo en años, desde ese día en el que terminamos enredados en las sábanas de seda de un hotel, susurrando el nombre del otro con miedo de ser escuchados por otros y arruinar nuestra carrera.

Fui en busca de un reemplazo a ese burdel de copias y, en vez de eso, hallé lo que buscaba. No era amor, era lujuria, la más deliciosa de las lujurias. Y eso, en esta etapa tan solitaria de mi vida, era lo mejor que me había pasado en años. No estaba enamorado de mi hermano, y él no de mí, pero un orgasmo era más fuerte que nada cuando el amor se ha ido de la vida de dos personas; dos personas que son íntimas hasta el último detalle, pueden confiarse el secreto más grande que puede guardarse.

Todo murió en esa habitación.

F I N

Nota final: Perdón, pero me gustan los finales tristes u.u Este no es precisamente “triste”, pero Bill y Tom no terminan juntos, ni se enamoran, ni empiezan una relación. No creo que pudiera hacerlo más dulce que esto 😛

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «Roleplay»
  1. Idyyavws Usbsievshwhs yo simplemente estoy muriendo , la putamadre :V no se si este fic es nuevo o es un viejito que lo trajeron para este día pero lo ame la ptm cossete me has matado , desde hace mucho que un one shot no calaba tanto en mi kagduwvshs aún no lo supero alv , es que no me puedo explicar , en realidad creo que nunca me pasó esto con un one shot ,esta hermoso me hubiera encantando que estuviera en español neutro en vez de dialecto argentino pero lo amé de todas formas me encanto y ahora “el final” me dejaste muerta con el final la ptm no supero el one shot ya lo lei unas tres veces alm :3 y el final me sigue chicando dime al menos que se volvieron vip :v amaría una continuación ahgsshgsgwhshshs estoy muriendo

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